[Social] Dar cera, tomar cerveza [Pasado]
#1
Dia 15 de otoño del año 16
Isla Karate


Un nuevo día comenzaba, el sol naranja y cálido se asomaba por el horizonte entre las montañas tiñendo el agua de los arrozales de naranja claro y las nubes de color rosáceo. La quietud se respiraba en el ambiente y de lejos se escuchaban los gritos de monjes en sus dojos dando los primeros golpes de la mañana. El viento hacía crujir las ramas de los árboles, que ya empezando a secarse tras la estación del verano sus hojas caían y se dejaban arrastrar por las leves corrientes. Y dentro de toda la quietud dentro de el misticismo que podría transmitir ese paisaje. Iggy, aún de pie, como un guerrero que no se rendía por más golpes que le dieran. Tenía la mirada perdida en el horizonte, y los pies enterrados en el agua de una de las plantaciones hasta la altura de los tobillos. 

¿Había madrugado? No. ¿Estaba ahí para ejercer un entrenamiento intensivo con los mejores maestros de todo el south blue? No. Descalzo, sin pantalones, solo llevando un kimono de color morado, entreabierto y mal atado por un cinturón de color negro. Sobre su frente, su mítica bandana de leopardo y en su pecho el maquillaje dibujando un rayo de color morado. En sus manos un par de cervezas a medio terminar, llevaba toda la noche bebiendo pero aún no caía, aún se mantenía en pie. 

Miré a mi alrededor tal vez buscando mis pantalones pero eso ya daba igual ni siquiera recordaba como los había perdido, pero deseaba que fuera con una bonita y sensual cortesana. Suspiré hondo y tragué de golpe lo último que me quedaba de una de las cervezas tirando el botellín al instante sin importarme demasiado por el medio ambiente. -Que putas ganas de irme de aquí, mujeres bonitas pero poco alcohol y poca fiesta… -Me dije a mi mismo antes de salir del estado de trance en el que me hallaba, la cerveza de aquí estaba buena pero apenas pegaba pelotazo. -Vamos Travis aquí no se nos ha perdido nada, vamos a buscar a Trece y nos piramos, la gente de aquí está hecha de otra pasta diferente a la mía. -Le comenté a un águila que en cuanto escuchó mi voz se posó sobre mi hombro. Salí del arrozal, descalzo, con los pies húmedos y llenos de barro dejando mis huellas a cada paso. Mis pasos eran lentos y torpes y conforme el sol se elevaba en el cielo las calles se llenaban de vida. Mercaderes, mujeres que tapaban los ojos a sus niños al contemplar mi indecencia pública. 

Pero entre todos los transeúntes me llamó la atención alguien, un niño, iba solo y además parecía extranjero. ¿Estaría perdido? Tampoco es que fuera problema mío pero… Mierda ¿Por qué el el interruptor de la conciencia estaba enchufado ahora?
-KYAAAA. -El aguilucho graznó como si supiera lo que estaba pensando, le miré con cara de pocos amigos. Pero asentí. -Vale… Haré esto pero no te esperes que vaya a hacer algo por nadie como en dos años y medio. -Refunfuñé según avanzaba. 

Una vez me coloqué a su lado mientras caminaba solté sin muchas ganas y ni un ápice entusiasmo en mi voz.
-Oye renacuajo. ¿A dónde vas? No tienes pinta de ser de por aquí. -Le di un trago a la otra cerveza hasta terminarla y tiré el botellín hacia atrás sin tapujo alguno. 
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#2
Habría sido una larga noche, Ryan habría estado entrenando usar su capa llena de dagas durante horas en un dojo que había encontrado que usaban armas cortopunzantes y más del estilo de ninjas, el chico estaba agotado debido a que su cuerpo aun era el de un novato a pesar de todo lo que había vivido… Jamás había usado sus habilidades para pelearse con un arma como esta… Lo cual le hacía plantearse ¿Cuál era el plan de ese maldito capitán cuervo? Jamás lo había entendido del todo, ni a él… Ni a nadie. Solo los había usado a su favor para ir vengándose poco a poco, de los que le habían matado finalmente a su madre en aquel evento… Y aún más, había logrado vengarse hasta de aquellos que la dejaron en aquella helada tierra.

Un escalofrío recorrería el cuerpo del chiquillo, el mero hecho de pensar en esa situación le daba terror, al punto que su cuerpo ni si quiera podía moverse abrazándose a sí mismo para intentar olvidarlo -Ya paso… - Hablaría totalmente solo para si ignorando momentáneamente su alrededor, seria que una voz le llegaría girándose a ver a un sujeto bastante… ¿Curioso…? Parecía ser el típico borracho que en toda ciudad te pedía unas monedas, aunque debía decir que este por lo menos lucia que organizaba algún desmadre y fiestas por sus pintas… Parecía también extraño que llevaba su águila encima del hombro, por lo que simplemente con una mueca de desagrado se voltearía a verle, no por nada esa ave le había graznado.

- ¿Necesitas… Algo? - Le cuestionaría a aquel sujeto el niñato, que aparentemente parecía estar interesado en hablar con él, viendo que rápidamente este dejaba de hablar con su pájaro y de paso le insultaba al preguntarle hacia donde mierda se dirigía, una vena se marco en el chiquillo, era el colmo que un borracho estuviese cuestionándole a alguien menor el a donde ir, pero viendo más de cerca el luck de Ryan, tal vez había notado que era extranjero... No por nada esa extraña capucha junto a la bufanda que para nada combinaba con la temperatura actual estaban ahí.

-No lo soy… Y no es de tu incumbencia – Explicaría empezando a girarse, notando ahí que aquel sujeto al parecer sin tapujo lanzo su botella hacia el infinito cayendo en el dojo de mala muerte de algún miembro de la isla… Empezando a escucharse un alboroto dentro del lugar haciendo que el chiquillo mirase al borracho con cara de “mira lo que lograste” queriendo largarse de ante mano desde ya... Viendo que mas de alguien molesto estaba por el lugar.

-Mierda… ¿Dónde me metí? – Se cuestionaría llevándose una mano a la entre cejo enojado, solo él podía tener tan mala suerte desde que nació... Es así ¿no?
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#3
El sonido de los cristales fue mucho más estruendoso de lo que imaginé, me giré lentamente para saber por qué. Comencé a reír descontroladamente al ver la situación. Los gritos del interior del complejo se hicieron más notables al escuchar mi carcajada la cual no se detenía. -Nah chaval está todo controlado tú deja que me ocupe yo cuando vengan. -La cara del chaval era un poema, se notaba que no quería estar aquí y odiaba esta clase de situaciones así que trataría de hacer durar esto lo menos posible. 

Un puñado de personas comenzaron a salir del dojo cuya ventana había destrozado, me llevé la mano a la cintura para sacar mi palanca y darles una paliza, pero me quedé en blanco en cuanto recordé el hecho de que no llevaba pantalones y allí era donde solía colgarme la infertilizadora. -Joder… -Era demasiado tarde para correr tendría que sacar mi labia de músico y dote de idiomas para hacernos salir de esta.

El que parecía el jefe de dirigió directo con una cara de enfado que ni mi madre cuando me ponía a tocar “caballo homosexual de las montañas” a todo volumen a las cuatro y treinta y nueve de la madrugada. Trató de gritarme pero cuando lo tenía tan solo a unos centímetros de mi le puse el dedo índice sobre los labios para mandarle callar. El tipo era feo con ganas, calvo, con bigote y perilla mal recortados y un par de verrugas en la frente. -¡NO HABLES! -Solté dramatizando todo lo posible, cerrando los ojos y llevándome la mano a la frente. -Sé que soy demasiado guapo como para poder estar contigo, me avergüenza salir a la calle y que me vean con un cara espárrago como tú. -El tipo hizo un ademán de hablar pero volví a insistir en que callara esta vez apretándole los mofletes. -No, no insistas, si quieras te lo digo en tu idioma para que te quede más claro aion dong shu kawai kawasaki desune onichan dattebayo. 

-Hablo el mismo idioma que tú bolacho extlangelo maleducado… -Di un salto hacia atrás viendo que seguía agresivo. Y viendo que no tenía más opciones que una decidí usar el mejor truco que para engañarles. -He mila, un pájalo fondo delecha -Al decir esas palabras con un acento tan sublime que nadie podría decir que soy extranjero, Travis voló hacia delante haciendo que ellos se giren por un instante para seguir el ave con su mirada. 

En esa fracción de segundo agarré al chaval apoyándolo en mi hombro como un saco de patatas y comencé a correr dirección quién sabe dónde pero al menos algo más lejos de los monjes locos agresivos. 
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#4
-Bueno si lo tienes bien controlado… - Diría quejándose con una cara de pocos amigos digna del alumno molesto de las enseñanzas de su maestro (Y no era para poco), después de todo,  la situación era jodida, había reventado la ventana con aquel botellazo, y había gente saliendo del dojo empezando a rodearles para evitar que empezasen a escapar, Ryan por su parte encapuchado aun, empezaría a juguetear con su capucha y sus aparentes adornos los cuales debajo de la capa en realidad eran múltiples dagas, pero que de poco funcionarían, si es que no sabía pelear aun tan bien con ellas… Pero, su entrenamiento aun no estaba del todo completo como para usarlas.

-Tch… Parece que buscan pelea si o si… - Le comentaría un poco más emproblemado, preparando un par de dagas como siempre para pelear sucio en un combate… Y no por nada, estaban enfrente de varios hombres qué habrían entrenado en un dojo por años probablemente, los cuales lo mas probable serian fuertes al formar parte del Dojo Chinverguensha, el cual parecía tener el prestigio de no haber sido meado recientemente… Que se supiera... Haciendo pensar seriamente al chico en donde si quiera se habría metido ¿Serian peligrosos de verdad? Porque… Aparentemente para estar tan enojados su dojo estaba hecho trizas con anterioridad.

“¿Serán estafadores? O simplemente escogen sus nombres con pésima toma de decisiones” Se cuestionaría en sus pensamientos, viendo como ahora el sujeto montaba una escena que dejaría aún más perplejo al niño, sin evitar reír levemente cuando el imbécil se puso a decir las sandeces que comentaba aumentando aún más sus rizas cuando el dueño se quejó - ¿Si quiera ese es nuestro idioma? – Preguntaría entre carcajadas intentando parecer mas rudo de lo que era realmente, después de todo, si algo sabia desde mis años en aquella tripulación es que a veces había que lucir fuerte, no serlo -Mire señor, podrá comprender que nosotros lanzamos esa botella por accidente y que… - Diría siendo interrumpido intentando convencerlos de que su dojo de todas maneras estaba todo destruido, para evitar que terminasen por las buenas como quería el sujeto de pelos morados, diciendo un comentario extraño como distracción y empezando a correr conmigo al hombro.

-¡MIERDA!- Gritaría prácticamente siendo levantado como si nada, con todo capa y metales varios, andando a bastante velocidad como para que no fuese realmente una problemática el estas siendo perseguido por aquellos sujetos, los cuales al parecer eran bastante lentos, eso o nuestro querido borracho había tomado tanto que ahora había demostrado tener un poder oculto digno de un magnífico atleta.

¿Quién se supone que era este chico? Que lo estaba cargando, pues ahora el niño solo se dedicaba a analizarlo desde su vista con cara de pocos amigos.
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#5
La persecución se tornó frenética, según avanzaba por las calles empedradas de la pequeña aldea iba empujando transeúntes y tirando cajas de mercancías para poder ganar tiempo y que no me metieran una paliza. En el cielo, Travis cual estrella polar se iba colocando en el cielo guiándome, pues esta no era la primera vez que huía de una turba enfurecida, y sabía que era probable que al ser tantos y si conocen el terreno mejor que yo podrían tratar de rodearme y tenderme una emboscada.

-Chaval, si fuera por mí les metía una paliza ahora mismo… -Mi respiración era agitada por el esfuerzo físico que estaba realizando, no me sentía cansado, pero correr con resaca, medio desnudo y cargando un chaval no eran las mejores condiciones para hacer ejercicio. -Pero no sé dónde tengo mis pantalones, donde suelo tener colgada mi arma. 

Soné algo casual, como si fuese lo más normal del mundo no llevar los pantalones puestos. En un rápido vistazo para atrás observé que aún nos seguían. ¿Estos tipos no se iban a cansar nunca? Suspiré, y en cuanto volví a girar la cabeza, en una esquina, sin vigilancia estaba nuestra salvación. Un rickshaw, un carro algo viejo de madera con el que iba a poder cargar con el crío sin dificultad. 

Me giré para observar a mi acompañante o rehén con una cara que dejaba intuir que se me había ocurrido la peor idea del mundo. Sin dejar tiempo para pensar me acerqué al vehículo y lancé al joven al asiento de forma brusca. -Espero que no te marees porque esto va a ser movidito.

El carrera continuó mientras el griterío de los monjes del dojo ensordecía la tranquilidad De la Villa junto al traqueteo de las ruedas del carro. -Si llegamos al bosque creo que podemos perderles, ves lanzándoles cosas pequeño cascabel. -Le llamé así por el particular sonido que hacía al cargar con él, como si en su armadura escondiera piezas metálicas que chocaban entre sí con el mínimo movimiento. 

Seguí el camino que Travis me indicaba en el cielo, hasta llegar a unas escaleras, justo debajo de ellas, un arco de madera rojo daba la bienvenida a la aldea, aunque para nosotros era la salida y nuestra salvación, pues explanadas de bosque repleto de arbustos y árboles donde poder escondernos se extendían ante nuestra vista.

Pillé carrerilla, agarré con mucha más fuerza la madera clavándome astillas en las manos y con un grito ahogado di mi último sprint hacia el desnivel, para en el último momento soltarlo y sentarme con el niño atrás mientras bajaba de forma descontrolada por las escaleras, las ruedas pareciendo que sentarme iban a partir en cualquier momento, y en general parecía que iba a perder el control y salirse del recorrido. Pero aguantó, no fue hasta el último momento donde este volcó haciendo que tragara tierra y pusiera perdido el kimono morado.

Comencé a reír como un crío según me pino en pie y me sacudía el polvo mientras sacaba el dedo de en medio de mi mano derecha a los monjes que se empezaban a asomar por la escalera. -No sé cómo no se me había ocurrido tirarme con unos de esos por una cuesta aún… -Solté como si nada riéndome a carcajada pura.
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#6
El tipo era veloz y lo suficientemente fuerte como para partirles la cara a esos bastardos probablemente, por mi parte me encontraba sorprendido a pesar de que yo sabía podía correr más que el en algún punto, lo que si me sorprendió era que antes había pegado un saltito que para mí había sido muchísimo mas alto de lo que una persona normal podía pegar, parecía tener la fuerza para romper madera de alguna patada que otra. Lo cual definitivamente seria mas que lo que aquellos tipejos de segunda podrían hacer, y si eso era el resultado estando borracho, no me imaginaba sobrio.

-¡Eres fuerte! ¡Deberías poder romperles la cara! - Gritaría algo frutado, se notaba el tipejo este. tenía algo de habilidad en lo que debía hacer, pero mi cara de decepción seria evidente cuando comentaba que “No tenía ni pantalones, ni arma…” Haciendo que suspirase fuertemente, jugueteando con mi capa mostrándole que mis múltiples adornos de la ropa… No eran sino cuchillos afilados como dientes de un dragón, momento en el cual el peli morado empezaría a ojear a lo lejos un carro hecho para dos personas viendo que me iba a lanzar - ¡Ni se te ocurraAAA! – Le advertía viendo que me arroja con fuerza al lugar agarrándome como podía y viendo como alguna que otra daga rasgaba parte de la tela del asiento - ¡Qué diablos! – me giraría a ver como andando ahora nos seguían no solo los dueños de aquel mugroso local, sino el dueño de un par de locales más allá por robar su carrito de mierda -¡Bagh bastardos!- diría usando burdamente mi capa lanzando una a un poco de basura y tirando para que cayeran un montón de cajas atrás nuestro, al mismo tiempo que el bebedor de segunda me pedía que siguiera - ¡Lo hago como puedo! – Me quejaría viendo que al parecer tendría que ideármelas de nuevo, peleando con no caerme del carro.

Entonces les iría arrojando diferentes cosas que hubiera en el camino hacia afueras de aquella villa, parecía que los diferentes ciudadanos estaban por lo menos rabiosos al intentar atraparnos, por lo que al ver pasar aquella puerta roja diría -¡Vamos! Vamos al bosque pues. – medio sonriente ante la victoria seria que el extraño caería a mi asiento dándonos varios golpes cayendo varios metros mas allá del camino, siendo para mi uno que otro golpe de los varios golpes más pasajeros debido a mis habilidades… Que nos volcaríamos en mitad de la nada bajándome del vehículo volcado, suspirando con fuerza, los habíamos perdido efectivamente… Todo mientras aquel sujeto reía victorioso por contarla un día mas a lo cual simplemente sonreiría golpeándome un par de veces las mejillas ¿Acaso estaba animado? Era extraño pensarlo si a penas conocía a aquel sujeto probablemente iba a querer robarme después… Por lo cual, le preguntaría -¿Cuál es tu nombre si quiera? ¿Tanto querías huir de estos sujetos? Ni te presentaste idiota. – Diría sonriéndole, mirándolo con un tono de tanta superioridad apenas existente, por suerte para mí... No había mirado cuando ocupe mis habilidades al caer.
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#7
-Me llamo Iggy. -Fue lo primero que pude pronunciar al terminar de reírme. Era de las pocas veces que podía decir que me había divertido en esta isla, debería molestar a monjes más a menudo. Miré al chico con una sonrisa maliciosa y la cabeza ladeada, tenía una expresión algo más amable que la cara de pocos amigos que tenía cuando le conocí. Por un instante me sentí bien, como si su comodidad hiciera que algo dentro de mí se calmara. -¿Y cómo te llamas tú chaval? Al menos parece que ya no tienes cara de tener un pez espada metido en el culo durante tres días. 

Travis no tardó en volver, posándose en mi hombro, sacando pecho, como si esperase algún reconocimiento por haber distraído a nuestros perseguidores y habernos guiado por la ciudad. No obstante por mi parte le ignoré sacando mi petaca de un bolsillo interior de mi kimono y dando un largo trago al sake de su interior. Al ver que no le hacía caso Travis comenzó a picotearme la cabeza, pero ignorándole, le cedí el recipiente al muchacho. -¿Quieres? -Sabía que era menor, pero no me parecía malo ofrecerle un poco de hospitalidad, total, yo empecé a beber a los catorce años y tampoco me había quedando tan mal.

Comencé a caminar en línea recta por el sendero del bosque, con una mano extendiendo mi petaca y con la otra defendiéndome de los incesantes ataques por parte de mi mascota. -No te voy a mentir esta vez. Ahí arriba tenías cara de no haber cagado en cinco semanas. ¿Estás bien? ¿Quieres que zurré a alguien por ti? Que puedo recuperar mi arma y metérsela por el culo a cualquiera que te moleste. -Trataba de ser lo más majo posible, como tal vez el hermano mayor que yo nunca pude tener. Sabía lo que era sentirse solo en este inmenso mundo, y por alguna razón esta parte de mi salió a relucir el día de hoy.

No sabía a dónde nos dirigíamos, pero fuese lo que fuese que aquel sendero en el bosque nos separase iba a ser mejor que una turba de monjes locos con nunchakus queriéndonos abrir la cabeza. 
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#8
El evento astral era impresionante y definitivo, me encontraba de buen animo con aquel sujeto, lo cual me resultaba interesante, además de extrañarme en gran medida, solía sospechar de todos de buena gana, pero aquel borracho podría decirse que era cuanto menos amigable, a pesar de haberme metido en aquel problema, me había resultado increíblemente divertido haberlos molestados y haber tenido que escapar, haciéndome pensar que ¡Qué más da que me aumenten un poco más el Wanted! Yo confiaba en mis habilidades y en mis poderes, que por suerte no habría alcanzado a notar.

-Pfff… Vaya nombre de perro faldero te pusieron eh… - Le comentaría sonriéndole levemente bastante risueño, el nombre le pegaba, que por si fuera poco no había mejor animal para simbolizar sus extraños comportamientos erráticos y su extraña personalidad -Mi nombre es Ryan. – Le comentaría en respuesta a su pregunta, tocándome aquel cuello que tapaba mi bufanda azulada que iba en medio de la capucha, ajustándomela poco después, para ir viendo como aquella mascota que el traía se le acercaba volando a su hombro.

-Supondré que aquellos imbéciles no nos siguen ¿No? - Le preguntaría en un tono más amable y sincero, mientras aquel hombre le ofrecía al menor un trago de aquella cerveza que parecía llevar en su petaca -No gracias, no tomo… - Le respondería en un tono bastante incomodo ahora, después de todo, prefería estar siempre atento a mi entorno, la primera vez que bebi fue en aquella tripulación, un sorbo amargo como la tierra, que me dejo casi en coma seria la razón por la que ese día me pelearía con aquella chica. Así pues, viendo como este empezaba a caminar en cualquier dirección, mientras aquella ave le iba atacando constantemente para molestarlo - ¿Acaso te llevas mal con tu mascota? - Le cuestionaría levantando una ceja, completamente sorprendido de aquella extraña relación que llevaban esos dos animales del cual uno andaba a dos patas.

Y no por nada pensaría bien de él, después de todo, este volvería a comentar acerca de mi mal humor expresado, comentándome que podría romperle el culo a quien fuese y sandeces así… ¿Acaso no se enteraba que yo podía encargarme de mis propios asuntos? -Nah, por muy joven que me vea puedo solo. – Le comunicaría pensativo, no era la persona mas diestra en el uso de aquella capa, pero ya me hacia a la idea de que usos podría darle, estaba cansado aun de tanta caminata y persecución, pero por lo menos estaba bien posicionado con aquel sujeto.

- Venia de entrenar solamente y digamos que termine cansado nada más. – Le explicaría caminando por la dirección la cual sabía que podría ser peligrosa de la isla, por lo que me pararía unos segundos acercándome a un árbol, cerré los ojos y me oriente de donde estábamos viendo un par de musgos que había por ahí -Por cierto, para donde vas… Hay varios animales peligrosos, sería más útil que rodemos por otro sendero.  – Le hablaría completamente seguro de lo que decía, notando recién ahí que tal vez, estaba caminando aun para allá… Eso dependería de él.
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#9
-Chaval, ni mi nombre es de perro faldero, ni me lo pusieron. Me lo puse yo mismo. -Di un pequeño saltito y me señalé a mi mismo con el pulgar, cabeza alta y sacando pecho. -Soy Iggy Rock, terror de la Marina y de las mujeres, la mejor estrella de rock que ha nacido en este puto planeta. -Al ver que el chaval no quería bebida le di otro trago yo mismo, dejando salir un leve suspiro tras este. -¿Y esos gilipollas? Nah, no creo que nos sigan, si fuese así este chiquitín no hubiese vuelto. -Giré la cabeza hacia Travis el cual seguía picoteando y mordiendo mi frente. 

Continuamos caminado por el camino, y observando los picotazos que me estaba dando mi mascota no tardó en preguntarme si nos llevábamos bien. Obviamente lo hacíamos, después de mi hermano mi pájaro era mi mejor amigo. Ya comprendía casi hasta su idioma y él a mí. Si hacía esto era porque estaba jugando y ya está. -Lo que quiere es que le de un pedazo de comida o algo así por haberme ayudado a salir de la situación. -Me giré para mirarle y en cuanto lo hice, el ave impactó su pico justo en mi ceja, haciendo que comenzara a brotar sangre, cayendo por el lado derecho de mi cara. Al ver la situación el pájaro se asustó y voló de nuevo a mi cabeza. Respiré hondo tratando de aguantar mis ganas de estrangular al pájaro. -Es como una puta. ¿Sabes lo que es una puta, cierto? Verás, cuando un hombre y una mujer se quieren mucho… -Traté de hacerlo bonito pero no se me ocurría nada. -Bueno, que te da algo y quiere recibir algo a cambio la muy perra, y no le vale con un truco de magia. 

Parecía que aquel chico le gustaba encargarse de sus problemas el solito, y no le gustaba recibir ayuda de nadie, no podía juzgarle pues yo era igual. Un puto terco que cuando algo le pasaba tiraba para alante sin importarme las consecuencias. ¿Pero sabes qué? Si no pedía ayuda tampoco se la iba a ofrecer yo, si acababa muerto culpa mía no era. 

Parecía ser un extranjero que había venido a entrenar con los maestros de la isla como mi hermano, una pérdida de tiempo a mi parecer, pero de nuevo, cada uno perdía su tiempo como le diera la gana, yo me bastaba y me sobraba con mi palo de hierro de setenta centímetros. -Qué pereza entrenar, yo soy más de golpear sin pensar y punto, uno no tiene que pensar para pelear. Solo tienes que sentirlo, tienes que fluir con el viento. -Traté de hacer un movimiento de tai chi al pronunciar estas últimas palabras, pero en lugar de ser el viento quien guiara mi cuerpo parecía más bien que lo hacía el alcohol. 

Finalmente, comentó que el camino era peligroso, que para donde nos estábamos dirigiendo podía haber animales salvajes. -Oye chaval. ¿Como sabes tú eso? No tienes pinta de ser de aquí. ¿Qué te hace pensar que en este lugar hay algún bicho más peligroso que la anaconda que tengo aquí colgada? -Me agarré el paquete de forma bastante vulgar, en señal de burla. Me puse a su lado, justo enfrente del árbol al cual se había acercado lamiendo su tronco de abajo a arriba. Estaba horrible, sabía a madera. ¿Por qué había hecho eso? Solo un orangután en pañales lo sabía, no estaba muy convencido de sus deducciones pero decidí creerle. -Está bien supongo que no pasa nada por dar un rodeo…
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#10
El hombre parecía serio con respecto a lo que había dicho… ¿La habría cagado? Di un paso hacia atrás por un segundo, poniendo una leve mueca de incomodidad, para que mas tarde me diera una pequeña frase, de que solo él se había puesto ese nombre. Los ojos me brillarían ante la declaración que había hecho, aunque mi expresión no lo demostraba tanto, podía decirse que mis ojos ya lo decían todo, aquel sujeto a pesar de ser un perdido de la vida ¡Era bastante genial! A pesar de todo, sabía lo que él quería ¡Y por si fuera poco! Lo tomaba sin preguntarle a nadie, por lo que una vez rechace aquel trago y él iba tomando le diría -Eso sonó bastante genial sabes. – Le asentiría con una cara muchísimo mas amistosa y sincera, pero que aun se demostraba bastante incomoda ante su presencia, como gatito recién llegado a casa -Entonces lo tienes entrenado… Interesante. – Asentiría mirándolo de lejos como con miedo aun de acercarme a aquella majestuosa criatura.

Así pues, seguiríamos el camino empezando a corretear entre el bosque y aquel camino improvisado que teníamos bajos nuestros pies, por extraño que fuese me sentía como en casa a pesar de que jamás había podido tocar una tierra que no fuese altamente peligrosa… O estuviese completamente nevada. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, haciendo un gesto de frio complejo de explicar con aquella temperatura - ¿Necesitaras ayuda dándole algo de comer? – Le preguntaría Iggy levantando una ceja, aun bastante extrañado por como se comportaba el ave, recién parecía estar bien entrenada, pero ahora estaba dañando a su compañero picoteándolo, haciéndole lo que ahora podría ser una herida bastante molesta.

-Uhm… Creo necesitaras que te vea un médico si te sigue picoteando así. – Comentaría en un tono serio tal que sería difícil identificar si era broma o una realidad lo que decía, pudiendo asustar a cualquier persona de su edad si fuera necesario con aquella gravedad -Se lo que es… - Expresaría algo incomodo y un pelín sonrojado ante las declaraciones del sujeto -Pero, creo que un truco de magia si anima a cualquiera. – Le expresaría en total desacuerdo con lo que no podría ser magia para él. Siguiendo mi caminata pasando al lado suyo, intentando robarle mientras aun le seguían picoteando aquella petaca que tanto usaba, adelantándome solo para girarme mientras estaba ya oculta en mi capa -Interesante forma de ver como pelear… - Le hablaría un pelín decepcionado, después de todo, yo si creía que podía entrenar para hacerme más fuerte, es más… Debía hacerlo a como de lugar... Si quería sobrevivir.

-Pues no pareces el más entrenado… - Suspiraría, yo tampoco era que lo estuviese, pero por lo menos ahora tenia control por sobre mi cuerpo en vez de ser algo… Mas… ¡Pero, bueno! No podía distraerme en esas cosas ahora, es mas ahora empezaba a notar aquel rastro de osos cerca, entonces revisándolo sería que le avisaría al sujeto, del peligro de adelante y me contestaria tan obsceno como siempre -He estado en más islas de lo que aparento. – Le hablaría con un tono completamente molesto, si algo odiaba era que me subestimaran por ser menor… Y a menos que quisiese enfrentarse a un oso hambriento recién despertado, iba a ser como que me lo iba a agradecer después.

-Además… - Suspiraría girándome ahora si a verle, viendo como estaba ¿Lamiendo el árbol? Que rayos le había pasado por la cabeza ¿Acaso sabía que este producía mal estomacal? -¡HEY! Yo, no… Bueno… Sigamos… - Explicaría empezando a caminar, sabia que algunas cortezas eran comestibles… Pero, este era el caso contrario, por lo que ahora solo quedaba compadecerse de él.
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