[Aventura T4][Presente Absoluto](+18) Construir destruyendo un pasado
#1
Día 40 de Invierno del año 16 

Las cosas se están poniendo extremadamente duras en Little Garden. La reapertura de los Cabos Gemelos y el nuevo surgimiento de piratas en busca de gloria y fortuna están causando estragos nunca antes registrados. Los cazadores de recompensas y los soldados de la Marina, dos bandos con mentalidades enfrentadas, están tomando medidas tan desesperadas como la de unir fuerzas para intentar frenar esa oleada de crimen absoluto, pues el fin justifica los medios. Por otro lado, los piratas se comportan como un pez que se muerde la cola, buscando la oportunidad de destruirse los unos a los otros por beneficio propio, ya sea para conseguir algo o eliminar competencia.
Este ecosistema tan hostil solo está provocando una evolución salvaje y aumento de poder sin precedentes, con una generación de potencial ilimitado para aquellos que se encuentren en la cima de la cadena alimenticia. Y que mejor lugar para asentar el trono de más de uno que en una isla llena de criaturas salvajes y donde todo te quiere comer .
Es temprano. El Sol casi se encuentra en lo más alto del firmamento y eso significa que es hora de comer. Nuestros protagonistas han vivido una aventura interminable y aún les está pasando factura. Este nuevo grupo, construido de fragmentos rotos de otras tripulaciones, se dispone a juntarse para sobrevivir en tierra de nadie. Pasean por la costa, solo ellos saben el porqué, de qué hablan o que se les pasa por la cabeza en estos momentos.
La brisa del mar trae vientos suaves y frescos, de esos agradables cuando se juntan con el calor del astro rey. El mar está en calma, con un oleaje tranquilo, ajeno a lo que está sucediendo en varios rincones de la isla. No hay civilización, solo una playa infinita de arena fina que se filtra por los zapatos. Y enfrentando al mar azul, una jungla terrorífica con una vegetación tan densa que ni permite distinguir que hay más allá de unos metros de vista. El verde oprime al resto de colores. Y quizás eso es incluso una buena señal.

Camináis durante un rato. Las tripas rugen y el hambre apremia. Los sentimientos están a flor de piel tras tanto vivido, y eso puede llevar a problemas, así que hay que hacer algo. Hay que comer. Podríais plantar un campamento improvisado, aquí, en la costa. Si alguien lleva algo encima, puede compartirlo con el resto. O tal vez que el más débil y apetitoso sea el plato principal. Otra opción sería jugársela y adentrarse en la isla. Cazar o ser cazado, matar algún animalillo que no sea venenoso y echarse algo a la boca. Pocas opciones tenéis, pero...
¿Aquello que es? Los tres sois capaces de vislumbrar una silueta con forma de barco en la distancia. ¿Es real o una ilusión por el calor y el hambre? Solo hay una manera de comprobarlo, aunque ninguno es capaz de recordar que eso estuviera ahí antes. Puede ser un barco enemigo, uno aliado o una jugarreta de vuestra mente. En dos de tres opciones hay comida así que... ¿Que te queda por perder cuando ya no tienes nada?
Mientras tanto, en un barco recién llegado a Little Garden


Datos
#2
Eros caminaba al frente para variar poniendo su cuerpo cómo escudo ante todo mal, siguiendo al explorador Mink y al médico de pocas pulgas a través de uno de los costados de la jungla inhóspita con un cansancio que ya empezaba a cobrarles factura en el día 14 que llevaban varados en Little Garden. Eros no estaba usando su característica camiseta de algodón portando consigo su bandolera de cuerpo. Sus manos estaban rodeadas por sus guantes, que ya habían fungido la de buenos compañeros en ésa isla. Su frente mostraba algunas perlas de sudor, no tanto por el calor como por la exhaustiva campaña por la jungla que estaban llevando así como por la humedad pero, a medida que el sol se ponía en lo alto, Eros sabía que el calor podría ser un problema a futuro debido a su escasa resistencia a éste. Pese a tratar de tener mesura y ser un hombre centrado, el hambre ya le estaba comenzando a jugar malas pasadas, lamentándose en silencio por su falta un ataúd donde dormir, tablas que clavar o un techo que los ampare de las condiciones climáticas más que cuantas cuevas podían conseguir o campamentos improvisados iban montando.

Su mirada entonces se giró hacia sus compañeros justo cuando su estómago rugió con tanta fuerza que uno pensaría que se trataba de una criatura más de la jungla. Frunció el ceño, y su rostro pronto se suavizó en angustia a la par que sentía, por su desesperación, un aroma peculiar: Era la sopa de su padre, un caldo con verduras trozadas y especias que no probaba desde que éste había fallecido. Su comida favorita, espesa, nutritiva y caliente; casi que podía sentirla en la boca... Pero lo cierto era que hace días que se alimentaban a base de frutos secos, fruta caída de los árboles, bichos grandes y algún que otro animal desprevenido que lograban cazar. Entonces inspiró. — Si me muero tienen permiso de comerme —Exclamó en voz alta, quizás delirando o quizás poniendo la protección de su grupo por encima de todo; aunque cierto era que no sabía si al carne de topo sería tan nutritiva, o rica si iban al caso.

Nuevamente llevó su mirada al frente, y paró. Se detuvo teniendo que usar ambas manos para refregar sus ojos con ahínco pues no daba crédito a lo que veía. Tan encallado, tan sólito, tan goleta. Una goleta, en la costa, no parecía estar en mal estado a la distancia pero la vista de Eros no era lo suficientemente afilada, lo cierto era que definitivamente no parecía un naufragio ¿Era acaso un espejismo? ¿Su desesperación ya lo estaba llevando a ese punto? Levantó el brazo para que se detuviesen, y señaló a la dirección del barco. — ¿Ven lo mismo que yo? —Inquirió con curiosidad tratando de buscar algún tipo de confirmación en ellos. Entonces procuró alejarse de la intemperie, comenzando a moverse hasta la frondosa maleza de la jungla para poder observar como un cazador al acecho.

En caso de acercarse, lo mejor sería hacerlo sin ser vistos porque por lo que habían percibido desde su llegada allí: Todo podía ser hostil, pero ellos también podrían llegar a serlo.


Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
#3
Atributos Personaje


La situación es horrible, no puede más. ¿Por qué nadie le dijo que ser pirata sería tan complejo? No hay día en que no maldiga dentro de su mente a la mujer lagarto y al cocinero por convencerlo de lanzarse al mar por una vida de aventuras. Ya ni siquiera está con ellos, por lo que pudo simplemente retirarse y buscar transporte que lo lleve de vuelta hacia los Blues —ni siquiera sabe si eso es posible—. En un principio estuvo motivado, sobre todo tras encontrar nuevos compañeros y una nueva motivación para sí mismo en cuanto a seguir adelante. Sin embargo, los momentos de crisis son capaces de derrumbar la fortaleza mental y mostrar lo peor de los seres vivos.

— Tonto Eros, tengo hambre… — ¿Cuántas veces lo ha repetido ya desde que caminan por la playa? De seguro ambos compañeros que andan con él ya están algo cansados de escucharlo. — Tonto Varo, estoy cansado… — Estamos hablando de un tipo cuya resistencia física siempre ha sido su mayor debilidad. Y como si eso fuera poco, el tipo tiene asma, por lo que cuando se cansa mucho, tose como si el mundo se fuera a acabar. Menos mal siempre usa mascarilla y así evitar disparar todos los gérmenes hacia los otros dos.

El doctor más enfermo del mundo, pero literal. Quién lo diría.

Su estómago ruge casi tanto como el del hombre topo. Siempre estuvo acostumbrado a buena comida en casa. En su anterior grupo, a Uker le gustaba cocinar. ¿Cómo es que aquí no se aseguraron de dar con un cocinero experto? Tal vez deban anotar eso en la lista de prioridades. Bueno, a estas alturas, tampoco es que tenga dónde escribir.

— Me encargaré de desinfectarte antes de comerte, así que no te preocupes. Solo asegúrate de dejar un ataúd preparado para guardar tus huesos. — Pero que no piense que Kiyoshi rezará por su alma o algo por el estilo. Es un científico, no cree en otras cosas.

Así es como se desempeña esta mañana bajo el sol. Tres tipos sufriendo de hambre y cansancio, siendo uno más pesado con el tema que los otros. En cuanto a la ropa, atrás quedó la chaqueta formal y todo eso. Aparte de su pantalón, solo lleva puesta arriba una camisa de manga corta a la cual él mismo le cortó las mangas, pues cuando eran largas se le llenaban de polvo todo el tiempo y era realmente asqueroso. Lo que sí, anda con guantes blancos. Para anda tocará algo sucio con las manos desnudas. Hay límites.

Para terminar, en la espalda cuelga su rifle cargado, sostenido por una correa que trae desde el principio. Siendo pirata, atrás quedaron las épocas en que usaba un bolso enorme para que pase medianamente desapercibida. Ahora, supuestamente, a nadie debería importarle que ande con un rifle de tal envergadura para todos lados… O eso le dijeron, vaya a saber uno. Han pasado meses desde que se hizo pirata, pero sigue sin ser un experto en el tema.

Afortunadamente, dan con un oasis en el desierto, o eso es lo que parece. — No, estoy seguro que veo algo mejor. — Responde a Eros mientras, misteriosamente, el cansancio de antes —y que lo tuvo siempre caminando tres metros por detrás del resto por lo lento que tenía— desaparece. Sus pies muestran gran velocidad al acelerar y sobrepasar a sus compañeros para tomar la delantera. Normalmente es un tipo precavido, no iría de frente, pero hoy estamos viendo a un Kiyoshi desesperado, un Kiyoshi que hará cualquier cosa con eliminar el hambre que tiene.

— Si algo aprendí del tonto de Owen es que cuando ves algo que puede salvarte, debes ir directamente a ello. — Aunque el pelirrojo tiene más pinta de ir simplemente hacia el frente debido a la nula capacidad intelectual que posee, y que Kiyoshi se ha encargado de remarcarle en más de una ocasión. Pero ahora se le olvida. Necesita una excusa o justificación para no esconderse con Eros e ir hacia el barco que parece estar pronto a llegar.

Desconoce cuándo tardará en acercarse lo suficiente, pero sin importarle absolutamente nada, comienza a levantar los brazos y hacer señas con los mismos, siendo un hombre desamparado que simplemente pide ayuda. ¿Será esta la mejor decisión? Solo el destino lo dirá.




OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#4
Un día más avanzando por esta terrible isla que parece sacada de mis libros de historia. Un terreno por el que parece que no ha pasado el tiempo. Hartos de caminar entre ramas y hojas, decidimos abandonar a selva para caminar por la costa. Arrastraba los pies por la arena, fina, que pretendía colarse por cada resquicio que había entre el cuero de mis botas. Salimos en busca de un poco de aire, pues la selva es tan tupida que, si te adentras lo más mínimo en ella, parece que ni el propio viento sea capaz de correr entre los árboles. Sin embargo, la isla nos tenía preparada un nuevo castigo. El sol caía sobre nosotros como el mazo de un juez dictaminando sentencia, implacable. Mi pelaje estaba más preparado para climas más fríos. Abrí un botón más de mi camisa, tal vez era el tercero ya, y le di una nueva vuelta a las mangas de mi camisa, mientras deseaba que, si salíamos con vida de aquella isla, nuestro próximo destino fuese algo más fresco.

El clima no era la única de nuestras preocupaciones. Hacía ya un par de semanas que habíamos naufragado en esta isla, pero lo salvaje del entorno convertía en ardua hasta la tarea más sencilla. Si queríamos recolectar algo de fruta de la copa de algún árbol, nos veíamos obligados a trepar una cantidad absurda de metros y rezar porque el racimo de plátanos rebotase el algunas ramas en lugar de estamparse contra el suelo. La caza era algo mucho más peligroso, pues los lagartos, gigantes y salvajes, eran unas presas que estaban acostumbrados a estar en la otra parte de la cacería. El hambre era quien guiaba mis pasos. Continuaba avanzando tras Eros, confiando en su liderazgo y en que tanto su hambre como el nuestro nos guiase hasta nuestro ansiado premio.

Kiyoshi continuaba con sus provocaciones hacia el carpintero y hacia mi. No se si ese era su verdadero «yo» que aprovechaba la falta de energía para salir al exterior, o que el hambre y el cansancio hablaban en su nombre.

—Yo también estoy cansado, doctor —dije obviando su insulto, que por lo poco que le conocía, ya empezaba a ver que era habitual en él—. Te apuesto 1000 berries a que hoy tampoco cenamos.

Oí un par de rugidos que podían confundirse con los de alguna fiera, de no ser porque mi estómago se quejaba tanto como el de mis compañeros. No se si fue un humor particular de Eros o un ofrecimiento sincero, pero Eros nos dijo que si moría podríamos usarlo de alimento. Solo pensarlo mi estómago volvió a rugir, aunque esta vez no de hambre.

—Gracias por el ofrecimiento —dije tras escuchar cómo el doctor aceptaba sin tapujos—, pero los mink no comemos animales con pelaje. No podría comerme a un topo.

Seguía pensando en la repulsiva imagen mental de Kiyoshi rebañando uno de los huesos de Eros antes de lanzarlo a su ataúd, cuando vi que el capitán se detenía y miraba al frente. Más allá, se levantaba ante nosotros la silueta de un barco, lo suficientemente grande como para permitirnos abandonar la isla y, mejor aún, como para traer una buena cantidad de provisiones.
—Espero que no sea fruto del sol. Y que tampoco sean enemigos —dije a la vez que parpadeaba un par de veces fuertemente para asegurarme de que no era algo de mi vista.

Seguí a Eros en su carrera hacia la espesura, una cobertura natural que nos protegería de la vista de los tripulantes del barco en caso de que fueran hostiles, como todo en esta isla. Salté detrás de la primera línea de vegetación, procurando quedar oculto tras esta. Miré hacia dentro de la selva para asegurarme de que no había ningún animal dispuesto a emboscarnos y tras haberme asegurado me giré de nuevo hacia la playa. Abrí el cerrojo de mi rifle e introduje una de mis balas. Cerré y apunté hacia el barco; si algún enemigo salía de él, quería tenerlo en mi mira. Entonces fue cuando lo vi. Posiblemente movido por el hambre, Kiyoshi se había lanzado en busca del barco. Observé perplejo al doctor, cómo agitaba los brazos enviando señales a los tripulantes del barco. 

—¿Qué hace? ¿Está loco? —comenté hacia Eros perplejo—. ¿O es que acaso piensa servirnos de carnada?

Sea como fuese, no había vuelta atrás. Parece que íbamos a entrar en contacto con los habitantes de aquel barco. SOlo esperaba que fuesen amistosos.



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#5
Los ánimos del grupo están por los suelos. Bajo tierra, se podría decir. Ya son demasiados días recorriendo la isla y sobreviviendo con lo que uno puede cazar. Ya no se habla de anécdotas del pasado o sobre lo increíbles que son por derrotar a formidables adversarios hasta llegar a esa isla desierta, sino que el tema de conversación se ha enturbiado lo suficiente como para hablar de canibalismo o lo sabrosa que puede ser o no la carne de topo. La prioridad es comer. Comer y encontrar la manera de salir de aquel lugar hostil.
Para fortuna de nuestros protagonistas, el destino vuelve a llamar a la puerta y encuentran en uno de sus paseos lo que parece ser un barco en la distancia. Es grande, lo suficiente como para sacarlos de allí y llevarlos como mínimo a un lugar con civilización. Es nuevo, no parece haber sufrido daños durante su descenso de la Reverse mountain y está repostado a escasos metros de vosotros. 
Eros y Varo lo tienen claro, ya han aprendido de experiencias anteriores y prefieren tomar roles más pasivos y analíticos. Cuando son conscientes de la embarcación, se adentran sutilmente en la maleza de la jungla para observar y plantear una posible estrategia de ataque o directamente evadir el problema escondidos. Sin embargo, Kiyoshi, el médico del equipo, debe de tener la salud mental completamente atrofiada. Ya sea por agotamiento o por la genuina ausencia del sentido de la supervivencia, este avanza sin rodeos agitando los brazos y revelando su ubicación.
Mientras tanto, en un barco a punto de sufrir un abordaje

Maeda avanza varios metros antes de recibir una respuesta, pero el que busca, encuentra. A una distancia prudencial de 20 metros, el tirador observa a dos individuos asomarse hasta la barandilla de la amura de babor. Uno de ellos, el más alto, con pelos largos y oscuros. Su rostro es bellísimo, casi angelical, como si fuera una mujer. Pero dibuja una sonrisa perversa que parece esconder una maldad terrorífica. El chaparro tiene unas pintas más toscas. El pelo corto ondulado, hombros más anchos y cara de pocos amigos. Con un simple vistazo sientes que no eres bienvenido.
Setsu, luchador danzante

Atikot, luchador fornido

Antes de iniciar cualquier tipo de negociación, el hermoso pero con aura malévola, flexiona las rodillas y pega un gigantesco salto. Cruza el aire de forma elegante, con varias piruetas y tirabuzones antes de aterrizar a 10 metros por detrás del médico. Al mismo tiempo, el compañero se deja caer como un ancla hasta alcanzar el suelo en un impacto poderoso que deja un pequeño cráter en la arena. Ambos rodean a Maeda desde diferentes ángulos, uno sonriente y el otro completamente serio. Este último empieza la negociación. -Pistolero, deja el rifle en el suelo y vuelve por donde has venido. -su voz es grave, intimidante. Pero al mismo tiempo no sientes intenciones de empezar un conflicto. -No hay nada para tí aquí. Ni vamos a negociar nada. Lárgate.- es crudo, pero al mismo tiempo honesto. No hay segundas oportunidades, es una decisión que lo cambia todo.
El grupo de los matorrales se encuentra a 20 metros de Kiyoshi y a 10 del pelinegro en un ángulo de 45 grados por la izquierda. No han sido detectados y tanto el médico como el peleador os dan la espalda, a diferencia del que parece guiar la conversación que si os podría ver. En una situación tan tensa, el sigilo es complicado, y solo un maestro en este arte puede moverse por la maleza sin ser detectado.

Las cartas están sobre la mesa, piratas. ¿Qué haréis?¿Cómo vais a enfrentar este desafío? El destino os pertenece, solo vosotros podéis manejarlo.
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#6
Realmente Kiyoshi está desesperado. El hambre y el cansancio le impiden comportarse como normalmente haría. Por mucho que sea un pirata, hace no tanto tiempo era un doctor que podía permitirse la buena vida. Nunca estar falto de un plato caliente a la hora del almuerzo, o de un chocolate a media tarde que calme sus ansias. En esta isla no hay nada de eso, solo sufrimiento. ¿Es que acaso el Grand Line no podía empezar con un lugar más paradisiaco? Feliz trabajaría de doctor unos días para conseguir dinero y tomarse un buen jugo de limón o algo similar —nada de alcohol, por favor—.

El barco se detiene en la costa y ante sus ojos aparecen dos figuras. ¿Serán estos los bondadosos salvadores de su hambruna? Tal parece ser que no, sobre todo ante la sonrisa de uno de ellos. No es que Kiyoshi tenga especial sospecha hacia él, sino que al ser un tipo que nunca sonríe, alguien que lo haga demasiado ya de por sí le causa mala espina. Debería conocerlo antes para ver si esa impresión se confirma o se desmiente.

— Odio a los tipos como él. — Aquellos que presumen de su gran capacidad física, refiriéndose al tipo del salto alto y las volteretas. Kiyoshi es de los hombres que no tienen semejantes aptitudes. No es fuerte, no es rápido, no es ágil. Es un médico con un rifle, y ya.

Al verse rodeado, entiende que de buenas a primeras no podrá pedirles ayuda. Aun así, para no ser un maleducado —pues es un tipo que viene de buena familia— y darle la espalda a uno de los dos, realiza un pequeño giro con los pies en los que el segundo hombre desciende sobre la arena. Un movimiento sutil por parte de Kiyoshi, quien ahora quede con su cuerpo perfilado hacia la selva y no hacia el mar, permitiendo así que sus brazos apunten hacia los costados, y más o menos en línea recta se encuentre cada uno de los recién llegados.

— ¿Mi arma? ¿Acaso ustedes son tontos? Esta isla está llena de animales gigantes. — Gratuitamente les entrega información acerca de Little Garden, doblando el cuello hacia el lado en que está el tipo con el que intercambia diálogos (Setsu). Aun así, y con una gran calma, estira los brazos para tomar el rifle que está a sus espaldas y lo lleva al frente. Los enemigos, si podemos llamarles así desde ya, podrán notar de inmediato que el pelinegro no sujeta el arma como si fuese a disparar, sino que lo sostiene con las palmas apuntando hacia arriba, casi como si quisiera soltarlo y dejarlo caer. Lo que sí, la mano izquierda está bajo la zona donde se encuentra el gatillo y la derecha por debajo de la cantonera. La boquilla apunta hacia Setsu.

La arena bajo sus pies se encuentra levemente húmeda, probablemente a que subió la marea hace no mucho. O quizás ya pasaron personas por aquí, pues recordemos que los Piratas de la Sepultura no fueron los únicos en viajar a esta isla. Sin ir muy lejos, conocidos como Gwendolyn y Owen también deben estar por la zona.
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— Soy un médico, uso este arma para defenderme. Necesito algo de comida, nada más. Estoy dispuesto a ofrecer mis servicios en caso de que los requieran. Soy consiente de que el viaje hasta aquí no es sencillo. — Curioso que se trate de un médico cuando ellos tienen a alguien enfermo en su barco. Por supuesto que Kiyoshi esto no lo sabe, pero las coincidencias existen. Desde el principio de su travesía como pirata, siempre fue ofreciendo sus servicios profesionales a cambio de algo. Pasó con la tripulación de los Olvidados, también en la pelea en los Cabos Gemelos. Seguramente en Whisky Peaks ocurrió algo similar.

Si bien no anda con su equipo para tratar heridas o similar, seguramente Eros, quien como acostumbra, debe andar cerca o debajo tierra, ande trayendo algo consigo que le sirva para trabajar. Ese es el pensamiento de Kiyoshi.

La pregunta es, ¿esto le interesará a los dos peleadores o tomarán como una ofensa el que no haya soltado el arma? Al menos Kiyoshi fue sincero —como siempre— al decir que no la soltará y que la usa para defenderse.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#7
La sorpresa no fue poca cuando Kiyoshi en vez de tomar la opción más precavida decidió ponerle el pecho a la situación, pero claro estaba eso lo dejaría en una situación cuanto menos compleja. La llegada de los guerreros desde el barco automáticamente hizo que Eros percibiese las capacidades físicas de los mismos, al menos de uno de ellos que era ágil y bastante. Exigían el rifle de Kiyoshi, el se había opuesto, no planeaban negociar y el estaba rodeado. Eros le entró una mirada a Varo, una mirada llena de determinación y sin moverse del lugar cambió a su forma completa para usar ambas garras cómo mejor sabía, cavando un hueco por debajo del arbusto donde estaba oculto.

Con cuidado viajó dentro de la la tierra nadando en el subterráneo para moverse en una arremetida rápida hasta el punto ciego de Setsu, expectante. Eros no era una persona agresiva por naturaleza, ni mucho menos, pero su instinto protector y la naturaleza cruda del Grand Line podían romper a una personas tras sufrir tantas perdidas en tan poco tiempo. El sepulturero preparó sus patas traseras, inspirando profundamente.

¿Atacar o no atacar? La violencia aun no había escalado, pero Kiyoshi estaba en una pésima posición. Eran dos contra uno, les acababa de insultar, se resistía a ser desarmado. Si no actuaba de manera preventiva, el médico sería herido. No podía permitirlo. Por la espalda Eros arremetió con violencia saliendo de la tierra en dirección de impacto contra el okama. El ataque vino desde su flanco izquierdo empezando a un metro de su espalda, pero no golpeo con una de sus patas sino con las dos para impactar directamente contra la cabeza del oponente, más precisamente contra su yugular izquierda golpeando como dos afiladas espadas que buscaban la decapitación sin tregua.

— Si quieren pelea, métanse conmigo. Las manos de un médico son para cuidar la vida, respeten —Habló el topo, algo raro en él al momento de combatir aterrizando a cincuenta centímetros de distancia de la posición. Era el hambre, la desesperación, la necesidad de supervivencia, el proteger a Kiyoshi. En su cabeza todo iba a ir a peor si no actuaba de buenas a primeras, y así la situación degenerase en su contra, él estaba dispuesto a flagelarse por ellos.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1867 + 0 = 1867
Energia: 1460 - 310 = 1150
Espiritu: 390 + 0 = 390
#8
No tardaron en aparecer un par de individuos sobre la cubierta del barco al que había acudido Kiyoshi. El doctor, guiado por el hambre, había subestimado la situación, y es que en este nuevo mar, parece que todo es mucho más salvaje, todo es hostil. Dos hombres asoman sobre la borda del barco: uno alto y espigado, de cabello largo y rasgos suaves; el otro, más bajo, robusto y de cabello más largo. Lo que si comparten los dos sujetos es su actitud, que deja claro que sus intenciones no son amistosas. Con un movimiento veloz, el enemigo de figura más estilizada salta y, tras varias piruetas, como si se tratase de algún tipo de bailarín, aterriza a diez metros a la espalda del doctor. Su elegante maniobra contrasta con la de su compañero, que se deja caer como una roca entre Kiyoshi y el barco, a otros diez metros.

El fornido le pide a Kiyoshi que les entregue el arma sin mostrar un ápice de amabilidad en su tono. El médico se niega a entregársela y la mantiene frente a él con un gesto que deja claro sus pocas intenciones de disparar. Además, en un gesto que le honra, ofrece sus servicios si fuese necesario a cambio de algo de comida. La situación era tensa, pues ambos hombres habían rodeado a Kiyoshi. En ese momento, miré hacia Eros. Él no me habló, al menos no con palabras. Pero sus ojos si que entregaron el mensaje. No podíamos abandonar al doctor, y la duda podía ser letal para nuestro compañero. Asentí ligeramente mientras Eros tomaba la forma completa de su fruta. Un pequeño topo, no más largo que alguno de mis libros, que rápido comenzó a introducirse bajo tierra. Su mirada me había dejado claro lo que había que hacer. Ya no había hueco para la confianza en los extraños. En un mundo tan salvaje, el que se queda mirando tiene todas las papeletas para salir herido.

Tan pronto como Eros comenzó a sumergirse en el terreno, me desplacé tan rápido como me era posible para mantener el sigilo, siempre a cubierto por la vegetación. Avanzo todo lo que me permiten mis piernas, hasta estar a la altura de la perpendicular que se dibuja desde el hombre fornido y la vegetación. En ese momento, salto en diagonal, buscando el lateral del enemigo, hasta situarme a 24 metros de él y manteniendo a Kiyoshi a 30 metros a mis 3 y el enemigo más delgado a 40 metros a mis 4. En el momento en el que mis pies tocan el suelo, hablo.

—Maldición Sekhmet

No ha lugar a más palabras. Debemos aprovechar la iniciativa, o de lo contrario perderemos el factor sorpresa. Noto como la enfermedad sale de mis adentros y se propaga a toda velocidad hasta el enemigo. Veo como es afectado y como su cuerpo se estremece por las lesiones. Levanto mi arma y apunto hacia su cabeza, esperando cualquier movimiento que haga para disparar. Noto mi respiración acelerada y no puedo creerme lo que estoy haciendo. Noto la adrenalina correr por mi cuerpo, pues bien sabe que estoy en peligro, que es una situación de amenaza, pero me prometí a mi mismo no ser más un cobarde, y vaya si voy a luchar contra ello.

—Piensa bien lo que haces. Mi amigo no está solo

Al fin encontré gente con la que viajar. Y no estoy dispuesto a dejar que les ocurra nada.



INFO
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 1574 - 200 = 1374
Espiritu: 144 + 0 = 144
#9
La desesperación y la necesidad os han traído a esta situación. Maeda, alejado del grupo, es recibido de forma imperativa por dos peleadores dispuestos a todo por evitar que se acerque más. Uno parece más razonable, sin embargo, el de cabellos largos no tiene pinta de tener mucho remordimiento si acaba con su vida. El momento es crítico y la experiencia y el saber hacer en estas situaciones es vital.
El médico, viéndose superado en número o tal vez empujado por su carácter pacífico, decide dar un paso al lado para mantenerse al margen del conflicto y tener a ambos peleadores dentro de su rango de visión. Aún así, se niega a tirar el arma. Esto hace fruncir el ceño del luchador más robusto, aunque las palabras de Kiyoshi no solo tienen sentido, sino que se ofrecen a algo que ellos necesitan. Parece que todo puede terminar en un trato de beneficio mutuo, pero el conjunto escondido en los arbustos ya ha tomado cartas en el asunto.

Mientras la charla se está dando, Eros utiliza el poder de su fruta del diablo para convertirse en un diminuto topo y moverse por el subsuelo arenoso mientras que Varo, ágil y sigiloso como el buen hurón que es, se desplaza por la maleza sin ser detectado. Una vez tiene a tiro a su oponente sin afectar a los demás, salta de su escondrijo para flanquear a Atikot y lanza un ataque coordinado junto al usuario Zoan, atacando por la espalda a ambos contendientes.
El sepulturero sale de debajo del suelo en un salto a traición por el punto muerto del más tétrico de los piratas. Se alza un par de metros del suelo, muchos para él en su forma diminuta, pero los suficientes para alcanzar el cuello del objetivo y descargar un zarpazo en el mismo. Sus garras se clavan como si fueran una navaja, con brutalidad y violencia explícita. Apenas suelta un suspiro agudo mientras de su garganta empieza a brotar un pequeño reguero de sangre y sale despedido unos metros.
Por su lado, el mink decide activar el temible poder latente que guarda en su interior. Una onda invisible emerge de su cuerpo y se propaga a su alrededor con la promesa de la muerte. Cuando alcanza a su objetivo, este se ve sorprendido y le planta cara con la guardia en alto, pero un dolor inmenso le recorre las entrañas. En su cara se dibuja el miedo mientras baja las manos hasta el estómago y se dobla víctima del dolor. -¡AAAAGGGHH!- grita aterrado y superado por algo que desconoce. No entiende que sucede, pero si lo padece. 
El desconcierto y la confusión se apoderan de ambos peleadores, que han sido emboscados de forma súbita y ahora se encuentran contra las cuerdas y al borde de la muerte. Pero no pueden rendirse, deben de proteger a Karla. O hacer tiempo suficiente para que llegue el capitán y derroten a estos cobardes. 
Haciendo de tripas corazón, nunca mejor dicho, Atikot flexiona las rodillas y se lanza de cabeza como un misil. Sus brazos van pegados al cuerpo y su cabeza por delante, tan firme como puede. -¡Cabezazo Atómico!- grita mientras vuela hasta impactar de lleno en el explorador peludo. Luego aterriza apoyando manos y pies en el suelo y dispuesto a seguir con el combate.
El compañero, al mismo tiempo, también busca el contraataque contra el topo. Este se había alejado del suelo, pero ha perdido mucho tiempo recuperándose del dolor. Sin embargo, ya sabes lo que dicen, si derrotas al que cura, todos quedan expuestos a no recibir soporte. Así que... ¿para que perder tiempo enfrentando a un ser tan diminuto si el tirador es una presa más asequible? Setsu pega otro salto elegante, pero esta vez más dirigido, en concreto contra el rostro de Kiyoshi. -¡Patada Nuclear!- ruge mientras da una veloz cabriola en el aire y descarga un paradón con la zurda que apunta al cuello. Con soltura y agilidad prodigiosas, no se retira, sino que presiona la pierna que ha hecho contacto para ponerse firme y elevarse apoyándose con el pie en el hombro. Da un pequeño brinco y coloca ambos pies en sendos hombros de Maeda, manteniendo el equilibrio cortando distancias con el tirador y salvándose de un segundo intento de ataque a traición por parte del socavador.
Mientras tanto, en un lugar de la jungla


Datos de interés
#10
Quién sabe, quizás en un universo alterno, Kiyoshi pudo conseguir comida mediante la vía civilizada. Sus compañeros han decidido, impulsados por su espíritu protector para con su amigo —qué tierno suena eso—, pelear para que los tres puedan alzarse mínimo un día más como sobrevivientes en Little Garden. Es curioso cuanto menos que el médico fue el primero en dar la cara, pero el último en mostrar actitudes hostiles.

Ambos piratas de la Sepultura que permanecieron escondidos hasta ahora, tomaron la ventaja del posicionamiento y el sigilo para tomar por sorpresa a los dueños del barco. — Supongo que no puedo desentenderme del asunto. — Por mucho que haya optado por ofrecer un intercambio con sus conocimientos médicos, cosa que siempre hace, si los suyos han decidido iniciar o responder a un conflicto, no hay forma de que Kiyoshi los deje solos. Ya lo dijimos, desde el asunto en los Cabos Gemelos, ha seguido su travesía con la intención de convertirse en un hombre valiente y fuerte.

Y podemos empezar ahora a ver si esa determinación latente dentro suyo podrá servir en el mundo pirata.

Centrándose en el enemigo más cercano a su posición, Setsu, quien además es la víctima de Eros. Kiyoshi rápidamente decide pasar a la ofensiva. Para empezar, burbujas salen desde ambos pies, las cuales ya estaban preparándose desde segundos antes como medida de resguardo luego de ser obligado mediante palabras a soltar el arma. Dos burbujas viajan hacia Setsu, buscando impactarse en su cuerpo. Estas no generan daño, mas sí le provocarán un leve y repentino cansancio. También en dirección a Atikot sale un par de burbujas pero, lamentablemente, debido a la gran distancia, no llegan hasta él.

Sin embargo, este ataque de burbujitas no es lo único que hace. Pues al momento luego de que las burbujas salen disparadas, Kiyoshi posiciona el dedo índice en el gatillo de su rifle. Recordemos la forma en que tenía sujeta su arma, teniendo la mano justo en la zona, y eso fue especialmente para que su dedo puede ponerse en posición para disparar.

El disparo, cuya bala se ve rodeada también por una simpática burbuja, ocurre luego de que Setsu es empujado dos metros hacia Kiyoshi, quedando a ocho, producto del ataque de Eros. Y, durante el tiempo en que el enemigo se recompone, la bale sale disparada hacia su hombro derecho, provocándole un dolor que seguramente habría querido evitar. Y como si eso fuera poco, el cansancio nuevamente atacará repentinamente a su cuerpo, siendo originado por el poder del diablo que posee Kiyoshi.

— Remata, topo. — Le indica con palabras precisas a su compañero, pues nuevamente el enemigo ha debido caer producto de la ofensiva del médico.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1183 + 0 = 1183
Energia: 1299 - 454 = 845
Espiritu: 255 + 0 = 255


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