[T5 - Presente Absoluto] Cerezos manchados
#21
La caminata después de dejar el pueblo atrás se volvió tranquila, casi fuera de lugar después del caos. El viento helado golpeaba fuerte, pero ni Sigurd ni Ubbe parecían sentirlo. El rubio caminaba animado, dándole conversación al aire como si acabaran de salir de un bar y no de una matanza.
Sigurd le explicaba sobre un sitio de comidas que van a peso. 
Ubbe soltó una carcajada grave, un temblor de pecho que resonó por el camino helado.
- GAHAHAHAHA, eso suena a fiesta, baby, ¡vamos de una, que tengo un hambre que flipas!
Los dos caminaron hombro con hombro, ocupando todo el sendero como si la isla les quedara pequeña. La charla fluía fácil: comida, sexo, historias, planes de mierda que probablemente no cumplirían nunca. La clase de conversación ligera que solo dos buccaneers podían tener después de destrozarlo todo.
La calma se rompió cuando vieron figuras adelante. Diez hombres armados esperando en mitad del sendero, alineados como si realmente creyeran que podían cortar el paso. Ubbe entornó los ojos al ver al hombre mayor al frente, intentando sostener la mirada mientras el miedo le tensaba los hombros.
-Míralos, bro… -gruñó Ubbe por lo bajo- Diez pringaos y un abuelo nervioso. Esto huele raro, baby...
Sigurd dio un paso al frente y Ubbe retrocedió medio paso, dejándole la palabra sin tener que decirlo. Si Sigurd empezaba, él acompañaría. Pensaban igual. Querían lo mismo.
Entonces el hombre, Viruta, habló.
Su voz sonaba serena… pero el miedo se le escapaba en cada respiración. Habló de consecuencias, llamadas, favores, silencio, poder. Cháchara barata. Ubbe lo escuchó unos segundos… y luego escuchó atentamente a Sigurd. 
Cada palabra del rubio encajaba perfectamente con lo que él pensaba: desprecio total hacia las amenazas vacías, cero interés en el silencio, y una confianza absoluta en su propia fuerza. Asintió una sola vez, lento, casi satisfecho, porque Sigurd había dicho exactamente lo que él habría dicho. Una sonrisa ladeada apareció en su rostro cuando escuchó su carcajada; ese sonido le encendía la sangre, le recordaba que no estaban solos, qué juntos eran una fuerza que nadie en Drum podía manejar. Y sin necesidad de hablar aún, Ubbe dejó claro con la mirada que estaba completamente de acuerdo, y antes de añadir la guinda del pastel al discurso de su hermano, un recuerdo le inundó la mente... 


El recuerdo le golpeó como una ráfaga cálida en mitad del frío. La imagen del sendero helado se difuminó y, por un instante, Ubbe volvió a estar en la cubierta del barco que los había llevado desde Little Garden hasta Drum. Era de noche, el mar estaba en calma y el viento soplaba con una constancia tranquila. Ubbe acababa de terminar de contarle a Sigurd lo justo sobre Kal y sobre por qué llevaba ese amuleto siempre encima; no dio detalles de más, pero sí los suficientes como para que el rubio entendiera que aquello no era sólo un objeto, sino un pedazo de su alma.

Sigurd, en vez de hacer preguntas, se sentó a su lado y empezó a hablarle de algo completamente distinto: historias antiguas, nombres impronunciables, mitos que sonaban como rugidos en la oscuridad. Le contó cómo sus armas no eran simples martillos, sino símbolos de un poder heredado de seres que él describía como dioses de hielo y guerra. Había mencionado nombres como Bifröst, Vanaheim, Járngreipr… pero hubo una palabra que se quedó grabada en la mente de Ubbe como una marca al rojo.
R A G N A R O K
El fin de todo.
La caída de los dioses.
La batalla final que arrasa el mundo entero para rehacerlo desde las cenizas.
Ubbe no entendió todos los detalles —no le hacían falta—, pero la idea se quedó incrustada en él de forma visceral.
Una guerra tan grande que incluso los cielos caerían.
Una batalla tan salvaje que todo lo que existía cambiaría para siempre.
Un destino que nadie podía detener.
El tipo de guerra que dos buccaneers como ellos podían desear.


El recuerdo se desvaneció y el frío de Drum volvió a morderle los músculos. Ubbe parpadeó una vez, lento, entonces respiró hondo, hinchando el pecho como si fuera a reventarle el chaleco, y dio un paso adelante hasta colocarse junto a Sigurd, hombro con hombro, como dos montañas que habían aprendido a moverse juntas.
La sonrisa que se dibujó en su rostro tenía algo peligroso, algo antiguo. Una chispa que no nacía del presente, sino del eco de aquella palabra que le había quedado clavada desde el viaje en el barco. El brillo de sus ojos dejó claro que lo que iba a decir no era una amenaza: era una verdad.

-Viejo… -gruñó, con una voz grave que parecía salir desde las entrañas de la tierra- tú no has entendido una mierda, baby.
Ubbe levantó la barbilla, orgulloso, poderoso, sintiendo el fuego subirle por el pecho. Señaló con el pulgar a Sigurd, luego a sí mismo, marcando cada gesto con una seguridad brutal.
-No queremos silencio -escupió, avanzando medio paso, lo justo para que los guardias retrocedieran sin darse cuenta- No queremos escondernos, ni pasar desapercibidos, ni hacer las cosas por debajo de la mesa.
Sus músculos se tensaron, su sombra creció sobre Viruta como una marea negra.
-Nosotros hemos venido a poner el mundo patas arriba.
Y entonces llegó la palabra.
La que no era un adorno ni un título.
La que definía lo que eran.
La que había ardido en él desde aquella noche.
Ubbe la dejó caer como un martillazo capaz de quebrar un reino entero:
-Asi que cuando des el aviso, haz que quede claro... Somos el puto RAGNAROK.
Y no dijo nada más.
Porque nada más podía ponerse encima de eso.

INFO
#22
- Esto.... - murmuró pero no acabó la frase. Acababa con un "Ha sido mala idea" pero ya estaban las cartas jugadas. No podía hacer más, tenía todo en su contra y esas dos bestias vagaban por la isla sin bozal. A los perros nerviosos hay que darles presas para que se cansen. - Soy el señor Viruta. Me dedico a la mercadería, traigo y vendo artículos de toda la corriente de manera bidireccional. Quiero ser tarde o temprano el soberano de este lugar y para eso tengo que quitarme de encima - dijo con un aspaviento con la mano derecha - a la competencia. Mis artimañas no han resultado como quería - se sentía mejor, sabía que había arriesgado mucho al ir en busca de aquellos dos bichejos, pero aquella mano y aquel farol habían funcionado a la perfección - Así que viendo lo que habéis echo con ese inútil de Khong - dijo mientras tragaba saliva y observaba los restos que quedaban de él en Sigurd - creo que no hay nadie mejor que vosotros para el trabajo Hehehe. Por su puesto que podéis usar vuestra bandera, de echo nada sería mejor, tras eso daré aviso yo mismo de que habéis acabado con el capitan y con civiles, de seguro vuestros nombres llegarán muy lejos con eso. Seréis grandes piratas sí, digo si no lo sois ya - Entonces Viruta empezó a enumerarles su plan - En dos kilometros por este sendero, tirando hacia la costa, llegaréis al muelle comercial, allí entre barcos mercantes y civiles, hay un gran almacén, lo reconoceréis por los tonos rosados de las ventanas, hay un escudo con forma de serpiente. Ese almacén es de la familia Slyther, esos hijos de puta me están reventando los negocios. Han decidido sacarme del juego con beneficios mínimos... Una apuesta arriesgada pero que me está sacando poco a poco del negocio. Me preguntaba.... - dijo titubeando - si dos grandes piratas como vosotros no tendrías ganas de saquear ese sitio y además darle - dijo mientras con su pulgar hacía un gesto, un gesto que todo el mundo conocía, el gesto de cortar un cuello -  a todos los que os encontraseis allí, no creo que sean muy fuertes, pero por lo menos podréis masacrarlos, si os quedan energías claro, todo lo que veáis allí y es vuestro y yo por mi parte me encargaré de que se os atribuyan todos esos delitos, tengo relaciones con la marina, mis palabras serán escuchadas. ¿Qué me decís?  - dijo mientras llevaba sus manos atrás. 


Si el dúo aceptaba, tras la caminata de dos kilómetros encontrarían el almacén en aquella zona portuaria de la que hablaba el señor viruta. 

El sitio tenía la descripción que el hombre había dado y dos guardias apostados delante de su portón. Eran dos chicos de seguridad, ambos con rifles en mano y cara de pocos amigos, aunque eso sin lugar a dudas no intimidaría a nuestro par de bucaneros ¿verdad? 

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Ronda: 7 de 12
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#23
Ubbe escuchó a Viruta sin cambiar la expresión, como quien oye a un ratón que intenta negociar con dos leones. Pero esta vez no había desprecio puro; había algo distinto. El viejo estaba diciendo justo lo que ellos querían escuchar. No porque fuese listo, sino porque tenía miedo. Y el miedo, cuando lo exprimías bien, daba información útil.
Cuando terminó su explicación, Ubbe dio un paso adelante. No para intimidarlo, mas bien para que entendiera la jerarquía real de esa conversación.
-Mmh… vale, viejo… -gruñó con un tono grave, pausado- Por fin dices algo que tiene sentido, baby.
Señaló el suelo con un gesto amplio, marcando el territorio, y luego a sí mismo y a Sigurd.
-Tú quieres a esa competencia muerta. Nosotros queremos ruido. Y tú, con tus contactos… puedes hacer que el mundo entero oiga ese ruido.
Miró a Sigurd y ladeó la cabeza, esperando su reacción, dejando el espacio perfecto para que él dijera algo si quería. Luego volvió al viejo.
-Así que vamos a hacerlo simple, man, tú señalas dónde está el problema, nosotros lo rompemos, y luego te encargas de gritar nuestros nombres bien fuerte después - GAHAHAHAHAHA
Ubbe sonrió, esa sonrisa de mandíbula ancha que no sabía si metía miedo o anunciaba fiesta.
Le dio un pequeño golpecito en el pecho con un dedo, esta vez no para humillar, sino para sellar la idea.
- Pero recuerda esto, viejo… -añadió, inclinándose un poco hacia él- No somos tus mercenarios. Somos tus consecuencias.
Con eso dicho, se giró hacia Sigurd y echó a andar por el sendero.
- Venga, bro. A ver si ese almacén aguanta lo que se le viene encima - 
El camino hacia la costa era tranquilo, casi bonito, pero la energía entre los dos gigantes era cualquier cosa menos calmada. Y cuando por fin apareció el almacén: ventanas rosadas, escudo de serpiente, dos guardias tensos sujetando rifles. Ubbe frenó con una sonrisa de pura diversión.
-Míralos, bro… -comentó sin dejar de caminar hacia ellos- Dos palitroques haciendo de puerta. Va a estar divertido.

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Vitalidad: 4200 + 0 = 4200
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Espiritu: 615 + 0 = 615
#24
Outfit ---- Sigurd de Drum

Las palabras de Ubbe me dejan atónito. Pese a su combate contra decenas de marines y un capitán, mantiene ese nervio y ese ansia que tanto caracteriza a nuestra raza. He empezado llevando yo el rumbo de la negociación, pero su garra me dejan callado. A mí. Esa simbología mitológica y el paralelismo con el fin del mundo me imprimen una sonrisa orgullosa que me confirma, una vez más, que he tenido mucha suerte al haberme encontrado un tipazo como él.
El hombrecillo se hace llamar a si mismo Señor Viruta, mercader influyente y futuro regente de la zona. Al menos eso pretende. Pero como a todo buen gobernador, le salen rebeldes por todas partes, así que quiere mandarnos al matadero para encargarnos de sus asuntos personales. Sin embargo, la recompensa es bien jugosa. Que un tipo con tanto caché vaya gritando al mundo lo temibles que somos, es un buen escaparate.
Yo no tengo nada que decir, es el propio Buccaneer del sur el que ha tomado las riendas. Le deja claro al tipejo que vamos a hacerlo, pero no por estar bajo sus órdenes, sino por la diversión que produce una buena batalla y el anuncio que nos va a proporcionar. Yo me limito a estar un paso por detrás de él, atento y fascinado por esa tenacidad naciente. Cuando me dice de avanzar, ahí sí que suelto una última coletilla al comerciante antes de dejarlo atrás. -Ya has oído a mi hermanito, viejo. Y recuerda que las consecuencias siempre vuelven si las descuidas, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL!!!-

Avanzamos por el sendero sin mucha preocupación. Sabemos dónde vamos y más o menos lo que vamos a enfrentar. Un hombre armado es una amenaza para un humano. Pero necesitas más que un ejército de ellos para hacer frente a un Bucanero. Imagínate a dos. Por el camino, aprovecho el momento distendido para charlar un poco y comentarle a Ubbe sobre sus palabras de antes. -Oye, eso que decías del Ragnarok...- hago una pequeña pausa mientras me rasco la barba. -Ha estado increíble tío, me ha molado un montón.- suelto amistoso, mientras le doy un golpe de puño inocente en el hombro. -Creo que deberíamos de montar un buen grupo de guerreros tan increíbles como nosotros y llamarlos por ese nombre... ¿Que te parece?, ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!-

No tardamos en alcanzar el pueblo mercante, y con él, el almacén con el escudo de las serpientes. Ubbe es el primero en darse cuenta de la presencia de vigilancia armada, pero no me sorprende si ellos han sabido de nosotros primero, pues vamos de frente y sin ocultarnos. De perdidos al río, no hemos venido a hacer las cosas de forma sutil o silenciosa. Somos la tribu más fuerte del mundo, no es nuestro estilo. Con un gesto de muñeca rápido, clavo el hacha en el suelo con fuerza, dejándola incrustada en el pavimento, inamovible para cualquier ser diminuto. Esa es la primera señal de alarma que deberían de detectar los vigilantes si tienen insisto de supervivencia, pero ahí va un segundo intento. -Hola chicos, ¿qué tal están?- saludo desarmado con la mano izquierda mientras nos acercamos como montañas imparables. -Venimos a matar a vuestros jefes, así que podéis iros a casa o acabar como ellos.- sonrío con amabilidad, como si la muerte de una familia entera fuera algo común, algo anodino en nuestra vida. La decisión está en sus manos. Pueden disparar y morir o pueden ser atropellados por Ubbe mientras yo derribo la puerta de un plumazo. No habrá otra oportunidad.
Sigurd saluda antes de matar


En efecto, cajita feliz
#25
Viruta miró el paso de los dos buccaneros acompañado de sus hombres.

- Consecuencias - la palabra caló en él. Acto seguido chistó y se dio la vuelta - Estos putos piratas. Saquean mercaderes, hunden barcos, el mundo es peor por ellos. Consecuencias... - Volvió a repetir mientras se iba alejando - Arabasta... ¿Quién era el capitan en Arabasta? - Se fue preguntando mientras se marchaba hacia su mansión.  

Por otro lado, el camino para nuestros protagonistas se dio tranquilo avanzaron con facilidad hasta su objetivo y su legada no pasó inadvertida, los dos gorilas armados vieron como llegaban y sin inmutarse lo más minimo, como si estuvieran acostumbrados a los piratas esperaron pacientemente a ver que pasaba. 

Pero el ragnarok había llegado y nada ni nadie podía evitar las fauces del destino, las amenazas cayeron como los mazos de un juez y entonces el miedo tuvo sonido.

- Marchaos - dijo uno de los guardias - Antes de que sea demasiado tarde - Ni siquiera movió su arma para intentar intimidarlos, sabía que contra los brutos lo bruto sería peor. 

Pero no podía negar que aquel par de individuos estaban desprendiendo aura, su corazón redoblaba nervioso, pero él, se mantuvo quieto ¿Puedes jugarte la vida por unas miseras monedas? Era una pregunta con una respuesta incómoda. 

Los Den Den visuales a los lados de los portones estaban retrasmitiendo todo a la sala de seguridad, así pues en cuanto empezasen las hostilidades aquello no tardaría nada en convertirse en una zona de guerra. Quizá los dos de seguridad esta mañana al despertarse no esperaban que aquel día se convirtiese en el día de su muerte, pero lo que si estaba seguro es que de un momento para otro El Ragnarok traería el caos al lugar y todo el que cometiera el error de meterse en su camino se convertiría en pasto para las llamas. 

Contenido Oculto



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#26
Ubbe escuchó las palabras de los guardias y, durante un segundo, se quedó mirándolos en silencio. Luego soltó una carcajada grave, profunda, de esas que nacen del pecho.
- GAHAHAHAHA…
Se encogió de hombros con absoluta indiferencia, como si lo que acababan de decirle no mereciera ni respuesta. Sin prisas, dio un paso al frente y se acercó directamente al guardia de la derecha. No levantó los puños, no adoptó postura. Simplemente alargó el brazo, le agarró la cabeza con una mano enorme y, con un giro seco de muñeca, lo lanzó lejos del portón como si fuera un saco de basura.
El cuerpo salió despedido por los aires y desapareció fuera de escena con un golpe sordo.
Ubbe se sacudió la mano como quien se quita polvo y entonces reparó en algo más. Giró la cabeza despacio y localizó los Den Den visuales colocados junto a la entrada. Uno de ellos lo estaba enfocando de lleno. Ubbe se quedó mirándolo unos segundos… y sonrió.
Infló el pecho, tensó los brazos y empezó a marcar músculo sin ningún pudor, girándose un poco de perfil, levantando el brazo, flexionando el bíceps con exageración, chasqueando los dedos como si estuviera posando para un público invisible.
-Yeah… -murmuró con una sonrisa chulesca- Grabad bien, baby, que estos músculos no se ven todos los días...
Terminó la pose, bajó los brazos y se giró hacia Sigurd, esperando que su hermano hiciera lo propio con el otro guardia. Ubbe dio un par de pasos hacia el portón, colocándose a su lado, enorme, sólido, preparado.
-¿Listo, bro? -dijo sin apartar la vista de la puerta-
Ubbe apoyó una mano en el metal del portón, esperando a Sigurd para abrirlo juntos.

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#27
Parece que el impacto visual de que aparezcan dos monstruos titánicos con músculos esculpidos por dioses, cargando armas que triplican su tamaño, no es suficiente para estos valerosos guardias de seguridad que deciden mantener la posición y amenazarnos de vuelta antes que salvar la vida.

Tienen el instinto de supervivencia tan atrofiado que no vale la pena ni insistir. Es tan cómica la situación que Ubbe empieza a descojonarse y su risa excéntrica se me contagia rápido. -¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- Nos reímos brevemente, son retroceder, al contrario, seguimos avanzando. Mi compañero se encarga del guardia de la derecha como quien carga con un saco de patatas, pero mandándolo a volar varias cuadras allá. Sin duda tendrá un aterrizaje forzoso.
Yo me lo tomo como algo más personal. Al igual que él, estiro el brazo contra el guardia de la izquierda, agarrando todo su torso y brazos abusando de la descomunal diferencia de tamaños. Lo alzo a varios metros del suelo, hasta elevarlo a la altura de mi cara. Desde ahí, meto su cabeza en mi boca y clavando mis dientes en su cuello, separo el cuerpo en dos partes como quien descorcha una botella de vino. Dejo caer el cuerpo al suelo, inherente, mientras lo piso como si fuera un insecto. Escupo la cabeza a un lateral, como quien escupe el hueso de una aceituna. -Ale, aparcao'- susurro mientras veo a mi hermano posar frente a una cámara. Es presumido el cabrón. Pero solo los putos amos pueden ser presumidos y que les quede bien. Y él es el puto amo.
Ambos colocamos las manos sobre el portón, dispuestos a tumbar aquel obstáculo abajo. Con el brazo contrario, cargamos el siguiente ataque. Su pregunta se hace notar mientras ambos miramos la estructura. La respuesta no tarda en llegar. -¡Al Valhalla con estos hijos de puta!- sonrío con ansiedad, con ese fuego interior y las ganas de empezar una masacre.
Ambos golpeamos con todo. El impacto es atronador, relámpago y trueno. Pese lo macizo de la puerta, sale volando varios metros al interior, arrollando con todo a su paso. Un haz de luz nos ensombrece, dándonos un aspecto aterrador e imponente mientras entramos. Dos colosos invasores con ganas de guerra.
-¡¡¡LA MUERTE LLAMA A LA PUERTA, HA LLEGADO EL RAGNAROK!!!-
Ambos entramos con decisión y coraje, preparados para todo. Observamos en pocos segundos el lugar y no hay tiempo para presentaciones. Nos disponemos a la lucha tan pronto vemos al primer objetivo. Y no solo eso, sino que cualquier maquinaria o mercancía será pasto de la destrucción y las llamas. No somos matones, maleantes o piratas vulgares. Somos el fin de los tiempos de todo aquello que se interpone en nuestro paso. El cataclismo ancestral. El jodido Ragnarok.

En efecto, cajita feliz
#28
La decisión había sido tomada, lo que había empezado en un bar iba a terminar en un almacén. La salitre del mar cercano se posaba a los presentes con su pegajosa presencia. 

El primero de los guardias gozó de una muerte tranquila, el lanzamiento de Ubbe le hizo rebotar 3 veces en el suelo sus huesos se partieron con sonidos guturales y crujidos mientras su grito se perdía en la distancia, el segundo, tubo un suerte peor, pues su fin llegó entre las mueles de Sigurd quién partió el cuerpo a la mitad con su dentadura y una fuerza descomunal. 

Pero esto... No terminaba aquí. 

Los dos tras acabar con los guardias rompieron el silencio con el que el portón observó la escena y cuando la puerta se abrió... 

Un estruendo retumbó en el lugar y una luz roja invadió la escena mientras parpadeaba, el sonido era estruendoso e interrumpido, era el sonido de una alarma. 

La sala que se encontraron en el interior no era otra que un almacén común, como el exterior dejaba intuir era una nave de techo triangular y cadenas que pendían de él. En el lado izquierdo había estanterías llenas de cajas y mercancías, en el derecho todo era maquinaria, cintas que se movían con vapor para transportar los paquetes, algunos rodillos que aplanaban papeles, ganchos que llegaban al final de las cintas para levantar las cargas pesadas mediante poleas y mecanismos. Todo parecía tranquilo si no fuera por la alarma. Hasta qué...

El sitio se convirtió en un hormiguero, el traqueteo de decenas de pisadas por un instante hasta pareció opacar el sonido incansable de la alarma. Al fondo del edificio una escalera daba a un portón, por la izquierda otro, por la derecha otro, todos desde distintos puntos. 

De ellos emergieron una aluvión de personas, eran los trabajadores de la fábrica, los agentes de seguridad, todos contratados por la familia regente del negocio. 

De un momento para otro Sigrud y Ubbe fueron arrollados por las hordas de currantes contra los que se iban a encontrar, 400 personas inocentes que verían el final de sus días en el mismo lugar que habían sido esclavizados por un sueldo.


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Bélico
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#29
Ubbe dio un paso dentro del almacén justo cuando la alarma estalló. La luz roja bañó su piel oscura y recorrió sus músculos tensos, haciéndolo parecer todavía más grande. El sonido era constante, agresivo, y pronto quedó acompañado por otro: el traqueteo de decenas de pisadas que se multiplicaban desde todos los accesos. Cuando las puertas laterales y del fondo se abrieron y la gente empezó a salir en avalancha, trabajadores, vigilantes, cuerpos mal armados y peor preparados, Ubbe frunció el ceño con fastidio. No había duda, ni miedo, ni vacilación. Solo una constatación seca.
-Baby… -gruñó por encima del estruendo, girando apenas la cabeza hacia Sigurd- Esto es un poco bullshit, ¿no?, tanta hostia para estos losers... Bueno, hay trabajo que hacer bro..
No esperó respuesta. Abrió los brazos y flexionó las piernas, bajando el centro de gravedad como una muralla viva, y cuando la marea humana chocó contra él, fue como golpear una roca en mitad del mar. Los primeros cuerpos rebotaron, otros cayeron al suelo y quedaron aplastados por los que venían detrás. Ubbe rugió, un sonido grave que atravesó la alarma, y empezó a moverse.
El primer golpe fue amplio, brutal, sin buscar precisión. Su brazo se hundió en la multitud y, al retirarlo, lo hizo arrastrando un cuerpo empalado en el antebrazo, el torso abierto como si fuera tela húmeda. Lo lanzó contra otros, y el impacto los estampó contra las estanterías, huesos crujiendo y cajas reventando. Avanzó sin detenerse; cada paso era un derrumbe, cada pisotón convertía pies y piernas en pulpa irreconocible. Agarró a dos por la cabeza, uno en cada mano, y los estampó entre sí con un golpe seco y húmedo que dejó ambos cuerpos sin cráneo, desplomándose como sacos vacíos.
Un puño descendió desde arriba y atravesó un pecho de lado a lado; Ubbe sintió el estallido del corazón bajo los nudillos y sacó el brazo mientras la sangre salía a presión, manchándole el chaleco y el torso. Sonrió sádico por la situación. Giró sobre sí mismo y barrió a varios con un codazo que partió columnas vertebrales y lanzó cuerpos contra las cintas transportadoras. La maquinaria empezó a hacer su parte: rodillos atrapando brazos, cintas arrastrando cuerpos aún vivos, poleas levantando peso muerto mezclado con gritos ahogados. Ubbe agarró a uno por la pierna y lo utilizó como una maza improvisada, golpeando a otros hasta que el cuerpo se deshizo y salió despedido en trozos.
La horda no retrocedía; simplemente seguía viniendo. Ubbe gastaba energía a un ritmo brutal, los músculos ardiendo, las venas marcadas como cuerdas tensadas al límite. Cada golpe era fuerza pura, sin técnica ni contención, una sucesión de aplastamientos y desgarros que convertían el suelo en un charco espeso. Un grupo se le colgó encima intentando tirarlo; Ubbe dejó que se aferraran… y luego saltó. Al caer, aplastó a varios bajo su peso, el suelo tembló y los cuerpos quedaron convertidos en una masa irreconocible de carne y hueso.
Se incorporó cubierto de sangre, respirando hondo, vapor saliendo de la boca mientras seguía avanzando, abriéndose paso a puñetazos. A su alrededor, el almacén se transformaba en un infierno mecánico de metal retorcido, gritos y sangre, y aun así la marea seguía empujando.
- ¡VENID MOTHERFUCKERS! ¡VENID TODOS! 
Y continuó, golpe tras golpe, cuerpo tras cuerpo, triturando la horda como una fuerza imparable, mientras la destrucción crecía a cada paso y todavía quedaba mucha carne por romper. Esperaba que su hermano de armas se lo estuviera pasando tan bien como el. No es culpa de la montaña que el viento choque contra ella, es simplemente algo natural que el viento se estrelle y se deshaga en distintas corrientes. Ubbe no había elegido matar a esa gente, era culpa de los demás haberse enfrentado a esa fuerza de la naturaleza que los dos bucaneros suponían.  

INFO
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Vitalidad: 4200 + 0 = 4200
Energia: 1385 - 1000 = 385
Espiritu: 615 + 0 = 615
#30
Entramos sin miedo a las consecuencias, como debe de ser. Las puertas caen y nada nos frena. Una vez dentro, nada más dar el primer paso, se activa una especie de pitido agudo molesto y unas luces rojizas por toda la estancia. Un sistema de alarma bastante estúpido frente a la llegada de dos titanes como nosotros, pero bueno, viendo la mierda de seguridad que tenían en la entrada, esta basura no me extraña en lo absoluto, solo me molesta. 
Todos los presentes se percatan de nuestra llegada. Cientos de trabajadores que no imaginaban que al ir al curro se encontrarían con un final agónico y doloroso. Pueden huir. Escapar mientras los desgraciados de las primeras filas colapsan ante nuestra fuerza y destruimos el edificio. Pero deciden no valorar sus vidas y se lanzan en una carga suicida. Mala elección.
Ubbe me mira algo molesto. Supongo que también le incordia tanto estruendo o tal vez no está acostumbrado a tanto público. Me habla en su idioma sureño y se lanza contra la masa informe de futuras víctimas. Yo no me puedo quedar atrás, he de demostrarle como se provoca una buena masacre. -Como me vuelvas a llamar así, te arranco la cabeza, ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- le grito riendo mientras veo como embiste a los enemigos. Que empiece la guerra 

El sureño parece estar pasándoselo genial, con su fuerza bruta y encajado cañonazos uno tras otros. La sangre de la tribu más poderosa corre por sus venas, y eso le convierte en un amante de las batallas, en una criatura sobrenatural. ¿Y que mejor momento para demostrarle que nuestra raza no tiene límites? Doy un par de pasos atrás mientras la marabunta infinita se entretiene con mi hermano de otra madre, saliendo del edificio. Miro los cimientos y la estructura del almacén, fuerte y resistente para los humanos. Frágil como una hoja para los Buccaneer.
Desenvaino mis martillos gemelos a la velocidad del rayo para golpearlos contra las paredes del almacén, clavando los martillos gemelos entre los ladrillos, al igual que en su momento se los incrusté al capitán de la Marina que ahora descansa en mi cinturón. El impacto es aterrador, provocando un temblor extremo que sacude la integridad del edificio. Pero la cosa no acaba ahí, no es suficiente. 
Nada me puede detener. No hay fuerza que pueda sostenerme ni dolor que pueda frenarme. Flexiono las rodillas tanto como puedo y pego un salto tan alto como puedo. El cráter que dejo bajo mis pies, a la entrada del lugar, es una señal de lo que se avecina... El colapso. Me elevo por encima del edificio varios metros. Observo por unos segundos antes de caer el tejado del mismo, tan sencillo, lo típico de las construcciones portuarias. En el punto más alto, alzo ambos brazos al cielo, cada uno con su martillo de guerra preparado para destruir. -¡¡¡A CHUPARLA CABRONES, PIENSO MANDAROS A TODOS AL HELHEIM!!!- pego un rugido de batalla aterrador y vigoroso. Estoy completamente extasiado por la violencia del momento, en un furor letal y macabro. Solo imaginar el miedo y la duda en sus ojos, el olor de la muerte en el ambiente que está por llegar, como ninguno de sus intentos conseguirá salvarlos de la que se les viene encima. Hoy es el día en el que demuestro que no soy el carnicero de una isla, sino la Pesadilla del Paraíso, el que le da sentido al sobrenombre de Cementerio de Piratas. 
-¡¡¡AAAAAGGHHHHH!!!-
El descenso es fulminante. Descargo toda mi fuerza en un movimiento doble devastador contra el techo. Todo se hunde ante lo imposible de mi fuerza, la verdadera fuerza. El edifico no resiste y la estructura falla, colapsando sobre si misma en peñascos y escombros sobre todos aquellos que se encuentras debajo. Un derrumbamiento total del almacén. El final del problema. El Ragnarok.

Me alzo victorioso sobre los grandes pedazos de metal y ladrillo. La polvareda es inmensa, pero puedo oler la devastación. Me encanta. Sin duda, el señor Viruta estará orgulloso de nuestra proeza. Más le vale anunciarnos bien o el siguiente edificio se lo tiraré encima personalmente. Ubbe, pobre, también ha sido enterrado vivo, seguro que no se lo esperaba. -¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- me río solo, pensando en ello. La imagen es impactante para todos los testigos, la de un monstruo de 7 metros que ha hundido un edificio sin complicaciones. Solo ante toda la muerte y desolación. -¡Vamos nenaza, deja de echarte la siesta y vámonos, JARUL JUL JUL JUL...!- ya solo queda que salga de ahí abajo, rematar algún que otro superviviente y marcharnos como leyendas.

Tiembla, Musashi, ángel de metal. Porque el siguiente en caer... Serás tú.

En efecto, cajita feliz
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Salto de foro:


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