[Pasado] Waiting for This Moment | [Privado] [+18]
#11
Su cuerpo se elevó. La mano había dejado de sujetar su intimidad, ahora solo observaba al contrario, viendo un rostro dolido. Ambos brazos ahora a los lados de su rostro. No alejó su mirada de él en ningún instante, solo lo observó por algunos segundos más, desvariando quizás, o expulsando lo que tenía en su pecho. Maldijo una vez más no saber cómo ayudarlo, cómo no saber siquiera cómo hacerlo entrar en razón. Dejó escapar el aire en sus pulmones, acomodando sus antebrazos por encima del rostro ajeno, para poder sentir el nuevo perfume con el que había llegado, aquella nueva fragancia pero que, de todos modos, seguía recordándole a él.

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—¿Mantenerme a salvo? ¿A mí?

No sabía si reírse o qué pensar. Esa misma fue la sensación que él mismo tuvo cuando el contrario quería quedarse a su lado. —Tezca… — Su voz, grave, profunda y seria, se mantuvo firme, sin alejar su mirada de él. —Siempre he vivido prendiendo de un hilo. No sé si mañana moriré, o quizás ahora entren por una de las ventanas y me peguen un tiro… Pero lo que te aseguro es que no será por tu culpa, sino por la línea que elegí vivir. — Elevó su mano, acariciando la mejilla ajena, de nuevo, en una posición de protección. No salir de sus brazos… No sabía si alguien más le había dicho eso antes. No le molestaba tanto, su lado posesivo parecía calmarse ante esas palabras. —No tienes que alejarte de mis brazos. Sé cuidarme bien y solo.

Al fin, llegó. La motivación que lo había llevado a esa situación. Sintió las venas de su propio cuello marcarse al apretar su propia mandíbula. Ah, ese condenado subnormal… Ahora necesitaba saber quién era, cómo se atrevía a hacer decaer a ese hombre que se había visto tan impresionante en su primer encuentro. Podía incluso sentir cómo su nuca se apretaba, quizás incluso su cabello húmedo, que ahora estaría humedeciendo la mano del contrario. —Tezca… — Repitió su nombre. No le importó si le dolía, solo tomó un lado de su mejilla, casi obligándolo a mirarlo directamente.

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—Tezca, mírame.

Esperaría, lo miraría directamente a los ojos, en una expresión cargada de comprensión. No podía alejar sus ojos. Por un momento, se sintió comprendido. Extrañamente comprendido. —¿Tienes idea de la cantidad de hombres y mujeres que he tenido que enterrar por ser el único superviviente? ¿Tienes idea de a cuántos he visto morir sin poder hacer nada? ¿O incluso obligarme a venderlos a cambio de mi jefe, o mi clan? Si tú dices que abrazas a la muerte, creo que a mí me respira en la nuca a diario. — Maldición, no solía verse emocional, pero tampoco sabía cómo más manejar la situación. No había comprendido la sensación de apoyo, ni la había ofrecido a nadie, algo que seguía y seguiría maldiciendo. —Dime quién es. — Porque no dudaba que iba a arrancarle la cabeza, hacerlo suplicar, aunque fuera en secreto. Lo mataría, lo enterraría vivo… ¿O quizás debía lanzarle ácido a puntos específicos de su cuerpo? No importaba, solo quería hacerle pagar por hacer sentir así a su propiedad. —Porque está claro que no sabe lo que es la mala suerte, la mala vida, y la muerte real. — Sus dedos acariciaron la mejilla ajena, sin apartar su mirada del contrario. —Porque si realmente siguiera tu ejemplo, no estarías en mi casa, ni en mi cama, ni mucho menos respirando delante de mí. ¿Crees que me gusta la idea de que no pueda verte y algún enemigo vaya tras tu cabeza? ¿Crees que me hace gracia imaginar cómo te usan para llegar a mí? ¿O siquiera imaginar que serás otro de los que matarán delante de mí por querer lo que tengo? Si fuera así, no te habría vuelto a ver después de la primera noche. — Como siempre había hecho, como siempre hacía. Cosas que nunca parecían cambiar. —¿O quieres que sea yo quien desaparezca de tu vida para siempre? Podría hacerlo mañana mismo, y no sabrías más de mi existencia. Si estoy vivo o muerto, si me han capturado o si sigo en pie. Así que olvida a ese imbécil. Sé fiel a mí, mírame a mí, obsérvame sobrevivir a mí. Nadie más cumpliría su palabra más que yo, y sé que lo sabes. Nunca te culparía de tus errores, igual que tú no lo haces con los míos.
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#12
Solo pude mirarlo cuando lo demandaba, no pude evitar sentirme abrazado por sus palabras, querido por sus acciones. Sabía que el hombre frente a mí era más fuerte pero una parte de mi solo quería evitar el sufrimiento, ese sufrimiento que siempre viene cuando menos lo esperas. No sentía miedo, sentir miedo de lo inevitable es una estupidez: Solo quería ser más listo que yo, que el, que la vida. Quería existir en un espacio donde no sentiría nada, ni siquiera mi presencia. Solo al hombre encima mío.
 
Me rehusaba a decirle el nombre de mi cliente: No me gustaba que se terminaran relacionando entre ellos por las buenas o malas razones pues es verdad que uso una diferente estrategia según quien me contrate y el motivo de mi contratación. —No puedo. Aunque ya no sea mi cliente, lo fue, así que no puedo divulgar su información ¿me entiendes? — Podría ser un hijo de puta, un traicionero sin remedio y un aprovechado: Pero conocía y respetaba mis relaciones laborales. Sus ejemplo me causaban cierta molestia en el estómago, mirándolo con los ojos ligeramente entrecerrados ¿No podía callarse? ¿Por qué decía tantas tonterías? Y en un arranque entre sus honestas palabras, soltándolo de la nuca para finalmente escupir. —¿Crees que eso no lo sé? ¡Es por fidelidad a este que este conflicto me carcome! Si fueras cualquier otro ni siquiera me inmutaría… pero todavía no se que pasa contigo… conmigo. Solo sé que quiero que estés a salvo, no dudo que seas hábil o fuerte; Solo… solo…— Sentía que no podía decirlo, gruñendo en frustración antes de demostrarlo de la mejor forma que sé.
 
Me incliné a su cuello, dejando un par de húmedos besos para finalizar con una marca sobre su manzana, lamiendo esta al final, casi saboreándola. — Solo olvídalo… ya se me pasará. — Murmuré sobre su cuello, dejando una nueva mordida en el costado. — Lamento ese… Triste espectáculo, Jin. — Y esta era mi forma de agradecerlo, besándolo con deseo al atraer su mentón hacia abajo, era sensual, demostrando la adoración que tenía por el acariciando su mejilla y con cierta desesperación llevando mi mano a mi propia intimidad para tocarme; Necesitaba distraerme de esto, distraerlo.
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#13
Apretó su mandíbula. En su cuello se marcaban las venas de la ira incluso cuando su expresión mantenía la absoluta y completa calma. Si era necesario ir e indagar a espaldas de Tezca, lo haría. Movería cielo, mar y tierra con tal de dar con el sujeto que se atrevió a hacer ver al rubio de ese modo. Sin embargo, su mano seguía acariciando su mejilla, con cuidado, con dulzura.

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—Lo entiendo…

¿Qué más podía decir? Deseaba obligarlo, pero hacerlo solo le haría mostrar lo débil que era frente a él. Investigaría, si era necesario actuaría a sus espaldas. Lo haría… Estaba viéndolo todavía lamentarse, divagar entre palabras, alejarlo y no le gustaba. Esta vez fue a la misma mano que tanto había aferrado su nuca, cruzando sus dedos con los ajenos. Su calma era sorprendentemente contagiosa, incluso cuando por dentro solo deseaba dejarlo todo allí e ir directamente a por ese condenado perro insensato. —¿No lo recuerdas? Me hiciste prometer que no moriría.

Sus palabras se arrastraron en un tono suave, casi en un susurro, aferrándose a su mano, buscando los ojos que todavía parecían evitarlo. La mirada se volvió calmada, quizás demasiada para la situación que parecía darse pero, las palabras que pronunciaría ahora, sonaron firmes.

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—Y yo nunca rompo mis promesas.

Su lengua volvía a brindarle la energía que parecía estar perdiendo en su cuerpo, pero la situación… no sentía que hubiera terminado. Todavía no había escuchado la confirmación. —Escúchame antes de que me arrepienta, Tezca. — esto ya no era solo una petición, era una mezcla de súplica y una clara orden. Cerró los ojos, descendiendo su cuerpo hasta el cuello ajeno, pegándose a él, respirando, inhalando su aroma. Sus manos descendieron, terminando de desabrochar los dos últimos botones que todavía quedaban en la hermosa camisa blanca que había traído. Tan elegante, tan hermoso, tan único… Sus palabras ahora se parecían ahogar entre la tela blanca del contrario y el hombro, pero eran claras como el agua.

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—Quédate a mi lado.

No tenía nada de lo que disculparse, era lo que quería decir, pero no sintió que fuera el momento. Solo quiso hacerlo sentir bien, hacerlo olvidar. Acercó lentamente sus labios a los ajenos, en un aire más sincero, buscando el beso, descendiendo su mano por el pecho contrario, encontrándose con la mano que parecía estar trabajando, pegando de nuevo su miembro contra el contrario.
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#14
Sabía que era un hombre de palabra, nunca dudé de ello; sin embargo, también entendía que muchas cosas no dependían de la voluntad de una persona, sino de las circunstancias que la rodeaban. La vida, al final, no era más que una ruleta cruel de desgracias y emociones, girando sin descanso, arrastrándote de un extremo a otro hasta que ya no tienes fuerzas para hacerla girar una vez más. Y aun así, en medio de ese caos impredecible, existían instantes excepcionales, pequeños milagros casi imperceptibles. En este preciso momento, contra todo pronóstico, la ruleta se había detenido a mi favor y la suerte, caprichosa y efímera, había decidido sonreírme.

Iba a aprovechar cada segundo de esta.
“Quédate a mi lado”
 
Esas palabras se registraron en mi cerebro con una claridad casi dolorosa, aturdiendo el sufrimiento como lo haría una droga lenta y efectiva. Todo lo demás se desdibujó: el entorno, el tiempo, incluso mis propias dudas. Solo existía el hombre frente a mí y aquello que emanaba de él: su cariño, su cercanía, el peso silencioso de sus sentimientos envolviéndome sin pedir permiso.
 
Algo se quebró en mi interior. ¿Fue mi orgullo? ¿Mi soberbia, esa máscara que tantas veces había usado para no mostrar grietas? No supe identificarlo con precisión, solo sentí el crujido íntimo de algo cediendo, dejando paso a una verdad incómoda y honesta. Y, aun así, no fue una caída: fue una plenitud. Una vez más me sentí lleno, vulnerable, casi suplicante ante una necesidad que ya no podía negar.
 
Lo quería. Lo necesitaba. Y, por supuesto, había certezas que no requerían ser dichas en voz alta: no me iría de su lado. Permanecería ahí, firme en esa decisión silenciosa, del mismo modo en que guardaría esas palabras dentro de mí, sin confesarlas, como un secreto que ardía pero que también me mantenía vivo. —Déjame ayudarte también…— Con el peso del secreto de mi propio silencio, junté su intimidad con la mía, moviendo mi cadera esperando apresurar el roce, alejándolo un poco para que me mirara a los ojos: Exactamente como quería.
 
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Le sonreí ligeramente, acariciando su labio inferior con delicadeza mientras el calor se asentaba en mis mejillas: No quería alejarlo, ni siquiera podría atreverme a ellos ahora, aunque mi vida dependiera de ello. —Yo… te aprecio, Jin — Costó tanto y fue tan crudo que nunca esperé que esas palabras pudieran nacer de mi: Saliendo casi como un instinto, un suspiro mientras sentía mi voluntad flaquear ante la desesperación exhalando un gemido, esperando con entusiasmo que tomara el control de la situación.
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#15
No hubo respuesta, tampoco sintió que fuera necesaria. Sus gestos estaban hablando por él y, por un lado, sintió cierto alivio, y algo de duda. ¿Realmente habían surtido efecto sus palabras? ¿Realmente había sido suficiente? No sentía que fuera así. De repente, se había sentido un inútil por no saber hacer más por él, por no saber acercarse a su corazón de una mejor forma.

Sintió al fin el roce, cómo su propia dureza recuperaba la firmeza que por la situación había perdido. Sus ojos se cerraron por algunos segundos, para luego volver a abrirse, con la respiración agitada. Pudo encontrarse con la mirada. ESA mirada. Sí, allí estaba, el rostro que había deseado conseguir desde que lo sintió extraño. Su mirada se suavizó, pese al calor que le estaba generando entre sus piernas. Y no era solo eso. Sintió sus dedos sobre sus labios, él respirando agitado, el vaho saliendo de entre sus labios.

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Sus ojos no podían apartarse de ese rostro, esa sonrisa, ni siquiera el tono carmesí que parecía estar tomando… Quiso ser suave esa noche, demostrarle que también podía ser…

—Yo… te aprecio, Jin 

Sus ojos se abrieron de par en par. Ah, mierda, maldición. Condenado sea su infortunio, condenadas las palabras que parecía saber pronunciar. ¿Qué era eso? ¿Qué significaba? Solo sintió su pecho doler, palpitar más rápido de lo que debería. Incluso su propio miembro se sacudió. Acercó sus labios al contrario, cerrando los ojos. Lo quería sentir mejor, desde sus palabras hasta su respiración y, desde su respiración hasta su cuerpo. Todo. No sabía cómo responder a esas palabras, nunca se había visto en una situación como esa, ni en una recepción tan clara por su propia parte. Maldición. Maldita sea. Mierda…

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Las sensaciones fueron intensas. No respondió, no con las palabras, solo con los gestos. Sus manos ahora descendieron, aprovechando que el contrario lo estaba estimulando. Ahh, lo quería, necesitaba estar dentro de él, tenerlo como suyo. Marcarlo. Sus dientes mordisquearon con aire juguetón el labio inferior ajeno, tomando ambos de sus muslos, abriéndolos incluso más, elevando sus rodillas a la altura de su torso. Su respiración era casi animal ahora, como una bestia preparada para devorar a su presa. Desvió la mirada, con el rojo cargado en sus mejillas. ¿Por qué se sonrojaba? ¿Por qué sentía esa explosión de emociones? Maldita sea, hasta se sentía avergonzado... Nunca antes le había pasado con nadie en una cama. Desvió su mirada tímidamente, pese al hambre insaciable que parecía poseer.

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—No puedo más…

No, no podía. Su respiración agitada, el jadeo, los temblores. Las manos apretaban sus piernas, casi marcando su hermosa piel. No le importaba. Solo descendió, sus besos bajando, ahora alcanzando él el miembro ajeno. Lo que iba a iniciar, lo haría esta vez sin interrupciones. No permitió que hubiera una sola queja, si es que intentaba hablar. Su boca se abrió automáticamente, su lengua extrayéndose del falo, introduciéndolo directamente en su boca. Para colmo, no esperó a uno solo, sino dos de sus dedos se introducían en la entrada del contrario, moviéndose veloces, firmes, sin cuidado alguno, explorando el interior de la entrada del hombre.

“Yo también te aprecio… Maldita sea. No te vayas. Sé mío. Solo sé mío, Tezca.”

Esos pensamientos lo golpeaban a la vez que el movimiento se volvía brusco, animal, sin cuidado, regalándole en silencio esas palabras con sus propios gestos.
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#16
No había más que esto. Era el fin o el inicio de algo; Tan diferente en el sentir que ni siquiera podría aprenderme un patrón y en el intrusivo beso aprendí a demostrar sin ninguna máscara la crudeza del cariño que sentía por el hombre… Aunque tal vez cariño era muy corto. Eso también lo comprendí en ese beso.  Sus dientes se marcaron en mis labios en un delicioso extasis, en un apasionado marcaje; recordé que hice lo mismo la vez pasada pero con cierta fuerza extra ¿Su verdadero cariño era así de suave o solo era delicado por la naturaleza de mi actual estado mental? Tal vez un poco de ambos o incluso estaba completamente equivocado. No importaba, solo anhelaba sentirlo en lo más profundo de mi ser… porque ya se había adueñado de mi mente, tenía que tomar todo lo demás.

Lo dejé hacerse de mí como le complaciera, soltando un airoso quejido al sentir mis muslos contra mi pecho, mirándolo con cierta curiosidad y completa confianza, acariciando lo que me dejara tocar de su rostro, pasando nuevamente a su cicatriz como había sido obsesión antes. — Eres tan fuerte… De verdad, eres tan fuerte… ¿me entiendes? Tan bonito que podría morir…— ¿Qué tontería con voz rota acababa de decir? Me sentía drogado entre el calor de su tacto y el calor de mi piel, sentía que mis neuronas morían para solo dejar sentimientos desordenados sin filtro algunos y una sonrisita de alguien “tal vez” hipnotizado.

Y oh que sabía que el hombre no podía más, yo tampoco podía quedarme así pero con cierta molestia parecía alejarse, hasta que finalmente sentí su cálida y húmeda lengua sobre mi miembro y lo único que pudo salir de mis labios fue un agudo gemido en forma de su nombre mientras me cubría el rostro con ambas manos. —¡Jin!— Solo pude hacer eso con el nombre del hombre que me hacía ver estrellas, rodándolo fuera de la boca y saboreandolo como el me saboreaba ¿estábamos a mano? No, estaba muy lejos de eso.

Entonces su intromisión en mi trasero, mordí mi labio inferior para evitar volver a gemir, bajando las manos a mi trasero para abrirlo, intentando incitarlo a que se atreviera a ser más asertivo. El ya sabía lo que me gustaba. — yo… quiero sentirte, de verdad sentirte…— Esperaba que me entendiera, pero sabría que esta vez tendría que ser mucho más específico aunque me causara vergüenza. —Por favor, no te pongas protección esta vez…— Murmuré en un ligero suspiró, arqueando la espalda y el sabía que hablaba en serio. Totalmente en serio.
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#17
Sus dedos sobre su rostro, la atención que tan solo él le brindaba a su cicatriz, el tacto cálido, único que lo encendía en ese mismo instante. Sus ojos se abrieron, muy despacio, a la vez que los dedos exploraban de nuevo su cicatriz. Se sentía extraño, no habituaba a sentir semejante atención a esa zona. Es más, sus palabras, suaves, roncas, únicas parecían surtir efecto en él, cargándose todavía más en el anhelo de sentirlo. Sus dedos exploraron su rostro, acariciando su mejilla, sus caderas moviéndose al ritmo que parecía guiarlo el contrario. Sintió ganas terribles de poseerle en ese instante, sin dudarlo, agarrarlo y penetrarlo de golpe. Sus ojos se abrieron ante su respiración agitada. No, no quería hablar pero, sus palabras… lo hicieron escapar una media sonrisa. ¿Por qué? ¿Cómo era posible que sintiera el alivio y su pecho palpitar como si fueran uno? No recordaba esa sensación antes. Maldición… era adictivo, único.

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—Ni siquiera por mi belleza deseo tu muerte…

Sus palabras se arrastraban en un tono suave, casi delicado, extraño viniendo de alguien como él, tan firme y rudo, tan fuerte e impotente. Era tan atrayente como único, cuanto más hablaba, más se derretía en su cuerpo. Incluso cuando sus labios rozaban su miembro, su lengua jugaba con ella, escuchar sus gemidos hacían que sus propios oídos lo disfrutaran. Sus labios se movían, su cabeza, buscando brindarle placer, quizás torturarlo un poco antes de la penetración, prepararlo bien para evitar dañarlo. No cuidaba a nadie… ¿por qué a él sí?

No esperaba que abriera sus glúteos frente a él, se estaba entregando a él al completo. Sus dedos quisieron acelerar y… allí estaba, una petición que había escuchado miles de veces de otros acompañantes nocturnos. Femeninos y masculinos. Ellas por un intento de embarazo, ellos por un mayor placer, o incluso por quizás destruirle la vida. Sus labios se alejaron del miembro. “No”. Eso era lo que debía decir, como siempre hacía, como lo había hecho con todos. ¿Por qué entonces sus labios regresaban a los labios ajenos y su mano ya sostenía con firmeza su propia erección? Ahh… no podía… lo necesitaba. Era irresistible… Sus ojos se cerraron, dejándose llevar por el momento. Mierda… No podía controlarlo, tenía preservativos justo al lado de su cama, pero el glande ya estaba preparado en la entrada del contrario. Sus labios ascendieron hasta el pecho. Mierda, lo necesitaba, no podía esperar. Su mano ahora apretó más su miembro hacia la entrada del contrario, los labios abriéndose para morder el mentón ajeno.

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—No hagas que me arrepienta…

Apenas lo susurró, sus labios fueron a los ajenos, sellándolos, entrando en su interior sin ningún cuidado. Maldición, quería ir lento, pero se sentía tan bien. La primera vez que sentía la piel de nadie en su propio miembro. Era tan… único, diferente… Sentía todavía más que incluso aquella protección. Sí, era su primera vez sin protección. Tuvo que apoyar ambos brazos a los lados del rostro ajeno, separar sus labios y morder su labio inferior. Sus ojos se cerraban, el rojo inundaba su rostro. Mierda, mierda… Se sentía tan jodidamente bien.

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—Estás… tan apretado…

Apenas susurró dichas palabras, temblando, con todo el miembro completamente en el interior del contrario. ¿Le habría dolido? No lo llegó ni a pensar cuando comenzó a moverse, era terriblemente adictivo, no podía frenar, se sentía tan bien, tan único… Ahh, maldita sea. Sus caderas golpearon sin cuidado, penetrándolo de forma errática. Tenía que controlarse, pero no podía. Sus labios descendieron, su lengua prestando ahora atención al pecho ajeno, alcanzando el botón que mordió suavemente, estirándolo, sus ojos elevándose buscando la expresión del contrario.
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#18
cualquier otra cosa, con la silenciosa esperanza de que no notara lo mucho que esas palabras me habían agradado. Aun así, el eco de su voz permanecía en mi mente, repitiéndose con insistencia, como el vaivén de las olas contra la orilla. Traté de recomponerme, de borrar la sonrisa traicionera que amenazaba con quedarse en mis labios, pero era inútil: algo en ese simple comentario había logrado tocarme más hondo de lo que estaba dispuesto a admitir.
 
La forma en la que jugaba conmigo, sentir sus labios sobre mi intimidad fue algo efímero entre el placer: Escuchando su hablar antes que mordiera mi mentón… ¿Había aceptado? Ni siquiera yo hubier aceptado en cualquier otro tipo de situación, pero era él, la hambruna de consumirlo. Consumirnos podía más que nuestro maldito sentido común. Podía mucho más que mi orgullo y por eso estaba tan complacido de esas condicionantes palabras, sobre todo porque sabía que no se arrepentiría.
 
Mis manos subieron a su espalda para abrazarlo cuando sentí sus labios sobre los míos y entonces, intromisión en mí, Sentí como la piel se estiraba para que pudiera entrar; El roce directo, mierda, su calor se sentía mucho peor y lo único que podía hacer era clavar mis uñas en su espalda ante la presión, el dolor y sobretodo el placer. No terminaba de acostumbrarme a su tamaño, temblando ligeramente mientras lo abrazaba con fuerza. Lo noté desesperado, al igual que yo, estando casi seguro que ni me escucharía a este punto. Solté un par de lagrimas que vinieron de improvisto como la vez pasada, mierda, otra vez los sentimientos me superaban, expresándome al acercar mi cadera contra su piel, esperando que el roce entre ambos cuerpos pudiera aliviarme.
 
El sentir sus labios contra mi rosado botón no ayudó, arqueando la espalda esperando sentirlo mucho más, siendo mucho más agresivo. Lo necesitaba e intentando formular alguna oración entre los jadeos que soltaba. —¡J..Jin ¡ — Gemí, tomando aire para poder murmurar. —Es injusto…yo… Sabes que soy sensible…ah… ¿Me entien— Fui interrumpido por mi propio placer, gimiendo mientras acariciaba las rojas marcas de rasguños sobre su espalda.
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#19
Le costaba respirar casi. Podía sentir cómo el cuerpo del rubio se estremecía entre sus brazos, cómo incluso cuando su lengua probaba su pezón, el interior lo apretaba más, creando un efecto cascada en sus dientes, mordiéndolo inconscientemente algo más fuerte. Maldición... No podía parar, no podía... Sencillamente se estaba volviendo loco. ¿Cómo diablos no había encontrado antes a ese hombre? ¿Cómo diantres había sido capaz de pasar esos días sin él? Una de sus manos se elevó ante la arqueada espalda del contrario, atrayéndolo más hacia sí mismo. Solo quería ser uno con él, fundirse con su cuerpo, no le importaba de qué forma ni por qué... Solo lo deseaba con toda su alma. Es más, los gemidos, sus palabras, pese a ser mínimas, solo lo incitaban a buscar más, apretando la cadera de modo que sus propias uñas también apretaba uno de los glúteos. 

Apretó los dientes, su frente pegándose con el pecho ajeno, emitiendo un gimoteo que lo hizo temblar violentamente. ¿Motivo? Las mismas uñas que ahora pasaban por su espalda, por parte del tatuaje y que dejaban un recorrido con sus dedos. Sus ojos se entreabrieron por el placer, elevando su mirada hacia el contrario, buscando su mirada... Pero solo se encontró con eso. Condenado imbécil que osó realizar semejante acto. Oh, la ironía, que ahora estaban sus propios dientes marcados y, aún así, solo veía la marca con la que había entrado, aquella que ese maldito se atrevió a aceptar. Lejos de toda lógica, no culpaba a Tezca, sino al que solo aceptó. ¿No debería ser lo mismo por su parte? ¿No aceptar sentirlo tan cerca, carne con carne? Ah, no, eso no, era distinto. Tezca era SUYO. 

Sus labios volvieron a ascender, no le importaba, no veía su rostro, probablemente ni siquiera a sí mismo, solo sus dientes se clavaron, ahora con una fuerza nada controlada, ante la misma marca que él había fortalecido, una que no estaba dispuesto a borrar. Quería dejarlo claro, no solo a sí mismo o al propio rubio, sino a cualquiera que se atreviera a mirarlo que tenía a alguien, que le pertenecía a alguien, y ese alguien no era más que él. 

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—Haahh... Tezca...

Su voz salía ronca, temblando. Sus caderas solo se aceleraban, abriéndose paso todavía más en el interior. La mandíbula se apretaba, sus ojos cerrados solo se centraban en hacerlo olvidar, sentirlo bien, seguro, único. Eso es lo que era. No había nadie más como él. Los dedos que atraían su espalda hasta su pecho ahora se elevaban lentamente hasta su nuca, del mismo modo que los dientes finalmente se separaban de esa marca que solo sangraba por sus propios dientes. ¿Arrepentido? No, de hecho acababa de comenzar apenas, solo que esta vez relajó el movimiento de sus caderas... O lo intentó, solo para encontrarse el movimiento ajeno. Maldición. Condenado fuera la situación... No quería ver de nuevo esas lágrimas... No excepto por él. ¿Por qué diablos se estaba viendo tan exquisito? ¿Tan sensual? Sus ojos solo se podían enfocar en él. Sus labios, lentamente, ascendieron por su rostro, su lengua lamiendo las lágrimas que rodaban por sus mejillas. Sus caderas, sin embargo, no cesaban. No podía parar, se sentía endiabladamente bien, más de lo que hubiera sentido jamás antes. ¿Era por ser Tezca, o sencillamente por ser su primera vez sin protección? No quería ni pensar en ello... No, no debía. Su lengua frenó, sus ojos buscando la mirada ajena. Su mirada, ahora mucho más suave, leve, cargada de cuidado, una mirada que si se viera a sí mismo ni siquiera se reconocería. Estaba cerca de sus labios, jadeando, pero calmado... 

[Imagen: yw8BkMX.png]
—¿Te... duele...? 

Qué pregunta tan estúpida. Solo era sexo... solo sexo, nada más, ¿Verdad? ¿VERDAD? ¿Por qué se preocupaba por él? No lo había hecho con nadie más. No había formulado esa pregunta a nadie más. Sus manos apretaron con más firmeza, su gemido escapando de entre sus labios, silenciándose para besar los ajenos. No podía parar, maldita sea, no podía. Quería seguir escuchando su nombre de sus labios, una y otra vez. Por un momento, incluso olvidó que estaba en su casa, en su cama... De hecho, todo a su alrededor parecía lejano... menos él.
[Imagen: bTjgVIr.png]
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#20
Lograba sentirme ciertamente abrumado. Jin lograba estimular muchos sentidos a la vez dejándome perplejo mientras me sostenía con fuerza a él, soltando algunos gemidos y mordiendo mi propio labio para evitar más de los necesarios ¿Era esto de lo que me había perdido al usar protección por tanto tiempo? No, no creía que ese fuera el caso; La verdad es que se sentía a la par de especial que la última y primera vez que estuvimos juntos. Era porque se trataba de él. Notaba su deseo y correspondía con igual intensidad, seguía sin poder evitar las lágrimas mientras me provocaba aún más con aquella mano sobre mi trasero; estremeciéndome casi de inmediato.


Podía notar lo obsesivo que estaba siendo con esa marca, casi a la par de lo que yo lo era con su cicatriz, subí una de mis manos a su cuello tentándome a repetir acciones pasadas y ahorcar, pero limitándome a acariciar este suavemente mientras dejaba que me castigara por dejar que me hicieran una marca tan visible, ladeé la cabeza esperando dejar más espacio para su comodidad.


Cerré los ojos mientras sentía su lengua sobre mis mejillas, abriéndolos nuevamente cuando se detuvo con cierta sorpresa ante su delicadeza, acariciando su mejilla suavemente mientras me perdía en sus ojos. — Estoy bien…— murmuré  sobre sus labios cuando fui interrumpido por su beso: mi lengua invadiendo su cavidad mientras intentaba acercarlo más, temblando.


Sentía que estaba cerca, los espasmos provocando que fuera más difícil tener control de mi mismo, separándome de sus labios para mirarlo con desesperación —Jin… No te detengas; voy a… estoy…— Intenté silenciar mi orgasmo con cierta vergüenza mientras sentía el blanquecino líquido entre nuestros cuerpos, escondiéndome en su hombro mientras mordía mi labio inferior sintiendo mi cara arder en rojo. Era pronto. Mucho más pronto de lo que esperaba pero a este punto ni siquiera contenerme era opción.
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