Grand Line| Día 32 de Invierno | Año 16 Isla Little Garden | Costas.
El día 32 de Invierno del año 16, tras un incidente en los Cabos Gemelos y una historia tan extraña como difícil de explicar, los Piratas Pepperoni arribaron a Little Garden. Una isla detenida en el tiempo, donde criaturas prehistóricas caminan como si el mundo jamás hubiera avanzado y la vegetación misma parece diseñada para matar a cualquiera que se descuide un solo instante. Un lugar que, por sí solo, debería bastar para hacer que cualquier pirata de poco valor saliera corriendo de la isla con el rabo entre las piernas, como un niño asustado. Desde semanas atrás, el gremio de cazadores Crux se encontraba en la isla, aguardando la llegada de aquellos dichosos piratas. Sin embargo, con el paso del tiempo, incluso ellos comenzaron a creer que una tormenta los había engullido en alta mar o que algún rey marino los había devorado sin dejar rastro. Por ese motivo, mientras los miembros más novatos se internaban en la jungla para poner a prueba sus habilidades enfrentándose a las bestias locales, los veteranos cometieron un error imperdonable, se quedaron en la costa bebiendo. Bebieron hasta perder toda prudencia, hasta que la vigilancia se volvió inexistente y fue entonces cuando los Piratas Pepperoni los emboscaron. Hubo disparos, golpes y cortes. Un auténtico baño de sangre. Los más jóvenes no se enteraron de nada, su tarea era permanecer en lo profundo de la jungla, entrenando con las bestias locales, y no abandonar su puesto hasta que un superior fuera a buscarlos. Mientras tanto, en medio del caos, un Den Den Mushi quedó abierto. El caracol transmitió fragmentos del audio, gritos, detonaciones, órdenes desesperadas directamente a la Marina. La respuesta no tardó en llegar y fue clara, cualquier marine presente en Little Garden debía intervenir y, en caso de no poder hacerlo, recuperar los cuerpos del gremio de cazadores Crux. Aquí es donde entras tú, Moja. Eres uno de los marines que escucha el mensaje retransmitido a través de su Den Den Mushi, fragmentos confusos, disparos, gritos, silencio, poco después, llegan las coordenadas exactas del campamento del gremio Crux. Ahora tienes una elección frente a ti, puedes salir a buscarlos, adentrarte en una isla que ya de por sí es un infierno y averiguar qué ocurrió o puedes ignorarlo, seguir con tu día como cualquier otro marine destinado en Little Garden y dejar que el asunto se enfríe, pero la justicia no es algo que te resulte ajeno y sabes, además, que fue la Marina quien envió a los cazadores a esta isla en primer lugar. La pregunta es simple, pero sus consecuencias no lo serán ¿qué harás en esta situación?
Infobox
Resumen
Una entrada sencilla, te narro lo que pasó brevemente, un grupo de piratas emboscaron a unos cazadores que al parecer se pasaron de copas, probablemente hubo muertos y claramente hay personas desaparecidas, la marina envia un mensaje a traves de den den mushi indicando a cualquier marine en las instancias ayudar al gremio Crux.
[spoiler= Indicaciones] Tienes libertad narrativa para narrar o tu llegada al sitio de las coordenadas o hacer cualquier otra cosa. Tomaremos turnos de 48 horas, si veo que es posible postear antes pues posteare antes. Y poco mas, diviertete con esta aventura.
Moja continuaba con los arreglos del Royal Quiver en la playa de Little Garden, todavía con la mente ocupada por los acontecimientos sucedidos en los Cabos Gemelos. El sol caía con fuerza sobre la arena y el sonido constante del mar marcaba un ritmo casi hipnótico, cuando de pronto el silencio fue interrumpido por el inconfundible croar metálico de su Den Den Mushi.
Al descolgarlo, la expresión de Moja se tornó seria. La transmisión era inquietante: fragmentos inconexos, voces entrecortadas que apenas lograban articular palabras, el eco lejano de disparos, gritos ahogados, y luego… silencio. Un silencio denso, opresivo. Apenas unos segundos después, el caracol volvió a emitir un último sonido, proyectando sobre la superficie una serie de coordenadas exactas. Correspondían al campamento del gremio Crux.
Moja anotó con cuidado las coordenadas y las marcó sobre un plano extendido en la mesa de navegación del barco. Sus orejas se movieron con atención mientras evaluaba la situación. El resto de la tripulación se encontraba repartida: algunos en patrulla, otros ocupados con sus tareas diarias. No podía estar seguro de si aquel mensaje era una petición de auxilio desesperada… o una trampa cuidadosamente preparada.
Antes de alertar a los demás, necesitaba respuestas.
Sin perder tiempo, se ajustó los guantes de combate, sintiendo cómo la tensión recorría su cuerpo. Acto seguido, abandonó la seguridad de la playa y se adentró en la jungla densa y primitiva de Little Garden. Se desplazaba con agilidad felina, saltando entre raíces gigantes y esquivando la maleza con movimientos silenciosos y precisos, fundiéndose con el entorno como un depredador al acecho.
No era un experto en orientación, pero los años en la academia le habían enseñado lo suficiente como para leer mapas, calcular distancias y reconocer puntos de referencia. Con el plano grabado en su memoria y las coordenadas bien claras, avanzó con determinación, consciente de que cada paso lo acercaba a una verdad que podía cambiarlo todo.
Resumen
Moja escucha el den den mushi, se equipa y sale camino al campamento del gremio Crux.
Para un marine preparado como tú, encontrar lo que busca no resulta difícil y eso, en sí mismo, es lo más inquietante. Siguiendo las coordenadas, alcanzaste el destino sin mayores contratiempos, aunque no sin antes cruzarte con algunas de las especies que reinan en esta tierra indómita. Criaturas que en cualquier otra isla serían raras, casi imposibles de ver, pero que en Little Garden caminan, rugen y cazan como si el tiempo nunca hubiera avanzado.
Campamento
El campamento que habían levantado los miembros del gremio de cazadores Crux no era poca cosa. Quizás no se trataba de un palacio, pero era lo suficientemente sólido como para vivir allí con cierta comodidad durante varios días. Claro está, siempre y cuando se ignorara un pequeño detalle, que cualquier dinosaurio o criatura prehistórica de la isla podía devorarte en un parpadeo. Sin embargo, lo más extraño de todo era que el campamento estaba completamente vacío. No había personas. Solo uno que otro dinosaurio menor o animal carroñero rondando los alrededores, devorando la carne que había quedado tirada sobre el suelo. Restos de un posible ataque o de una huida desesperada a toda velocidad. Eso es algo que queda a tu criterio, lo que Moja podría imaginar que ocurrió aquí antes de siquiera poner un pie en el lugar. Carne aún comestible en el suelo. Asientos volcados. Ropa abandonada, armas, sangre. La escena parecía haber sido orquestada por una criatura feroz e inteligente o, quizá, por el más asqueroso de los animales, la gente, los piratas, para ser exactos. Observes donde observes, el panorama se repite. Cada tienda de campaña cuenta la misma historia de caos y abandono y a unos pocos metros del campamento, destaca algo más un triceratops encerrado en una jaula, puedes acercarte e intentar liberarlo o ignorarlo por completo y centrarte en buscar pistas que indiquen hacia dónde pudieron haber ido los cazadores del gremio Crux.
Triceratops
El silencio que envuelve el campamento no es natural, no es el silencio tranquilo de un lugar abandonado, sino uno pesado, cargado de ecos recientes. El viento mueve las lonas de las tiendas rasgadas, haciendo que crujan como si alguien aún caminara entre ellas, y el olor metálico de la sangre se mezcla con el de la vegetación húmeda y la carne expuesta. Las huellas en el barro cuentan historias inconclusas, botas arrastradas, pasos irregulares, marcas profundas que solo algo grande o algo que luchó con desesperación pudo haber dejado. No hay signos claros de un combate prolongado, más bien, todo apunta a un ataque rápido, violento y organizado, seguido de una retirada igual de caótica. Si los cazadores huyeron, no lo hicieron con calma. Si fueron capturados, opusieron resistencia, pero no la suficiente.
Desde la espesura de la jungla, algo observa. No se mueve, no ataca, pero está ahí, oculto entre hojas gigantes y sombras prehistóricas, tu por tu raza, por tu especie puedes presentir que algo grande te vigila, Little Garden nunca es un escenario pasivo, la isla misma parece evaluar cada paso que das, cada decisión que tomas. El triceratops encerrado resopla con fuerza, golpeando ocasionalmente los barrotes de la jaula, como si sintiera que no estás solo o como si reconociera en ti una posible salida a su encierro. Al mismo tiempo, encuentras rastros que se internan en la jungla, pisadas humanas mezcladas con marcas de arrastre y profundas hendiduras en la tierra. Sea lo que sea que ocurrió aquí, no terminó en este campamento.
Infobox
Resumen
Es sencillo, te narro como se ve el entorno, lo que podrias encontrar, ademas tienes una imagen de referencia, del mismo modo te planteo la situación de liberar un animal cautivo o simplemente seguir investigando lo que ha sucedido.
Indicaciones
Esta es la ronda 2/8.
Puedes narrar como gustes la llegada al campamento y todo lo que ves
Puedes hacer cualquier cosa tanto con el dino encerrado como con la presencia que sientes
Moja se detuvo antes de dar el último paso que lo habría expuesto por completo al campamento. Permaneció inmóvil, casi fundido con la vegetación, mientras sus sentidos se desplegaban uno a uno. El aire estaba cargado de olores superpuestos: sangre reciente, carne abierta, metal oxidado, miedo. Miedo humano. Aquello le erizó el pelaje del cuello. No era un lugar muerto; era un lugar que había sido abandonado demasiado deprisa.
Avanzó con cuidado, cada pisada calculada, evitando ramas secas y zonas de barro profundo. Para cualquiera, el campamento habría parecido simplemente vacío. Para Moja, en cambio, cada objeto fuera de lugar gritaba lo mismo: algo salió mal… y muy rápido. Un arma caída sin sangre en el filo, una cantimplora abierta junto a una huella arrastrada, una tienda rasgada desde dentro. Nadie había tenido tiempo de pensar, solo de reaccionar.
Entonces lo sintió.
No fue un sonido. Ni un olor concreto. Fue una presión invisible, una sensación primitiva que le recorrió la espalda como un escalofrío. Moja levantó lentamente la cabeza, sus orejas se orientaron hacia la espesura de la jungla.
Algo estaba allí. Observando.
No atacaba. No se movía. Pero estaba presente.
Little Garden no concedía testigos inocentes.
Moja no giró bruscamente ni mostró nerviosismo. Sabía que, en una isla así, cualquier gesto impulsivo podía interpretarse como debilidad. Se limitó a seguir avanzando, aunque ahora cada músculo de su cuerpo estaba preparado para reaccionar. Sentía esa mirada clavada en él desde algún punto entre las hojas gigantes y las sombras prehistóricas. Grande. Antiguo. Inteligente… o al menos lo suficiente como para esperar.
El campamento en sí confirmó sus peores sospechas. Carne aún comestible esparcida por el suelo, pequeños carroñeros que se dispersaban al notar su presencia. Asientos volcados, cofres abiertos, armas abandonadas como si hubieran perdido todo valor en un instante. La sangre no formaba charcos de batalla, sino rastros, líneas de movimiento desesperado.
*No fue una cacería…* pensó. *Fue una irrupción.*
Se agachó para examinar las huellas. Botas humanas mezcladas con marcas profundas en la tierra, como si algo pesado hubiera sido arrastrado… o hubiera arrastrado a alguien. No había signos claros de defensa organizada. El gremio Crux no era inexperto; si no lucharon, fue porque no pudieron.
Un resoplido potente rompió el silencio.
Moja giró lentamente y fijó la mirada en la jaula situada a un extremo del campamento. El triceratops golpeaba los barrotes con frustración, resoplando con violencia, como si también percibiera aquella presencia invisible. Sus ojos, grandes y oscuros, se clavaron en Moja con una mezcla de miedo y expectativa.
-Así que tú también lo sientes…- murmuró.
Se acercó despacio, manteniendo siempre una distancia prudente. La jaula estaba dañada, la cerradura deformada, como si alguien hubiera intentado abrirla con prisas o sin las herramientas adecuadas. Moja ajustó sus guantes de combate, sintiendo el peso familiar del metal y la seguridad que le otorgaban.
Antes de golpear, volvió a sentirlo.
Esa mirada.
Desde la jungla, algo evaluaba la escena: al felino, al dinosaurio, al campamento. Moja no sabía si era una criatura de la isla o algo peor… alguien que esperaba ver qué decisión tomaba.
-No me gusta ser observado- dijo en voz baja, sin apartar la vista de la jaula.
Golpeó.
El primer impacto resonó con fuerza, doblando el metal ya debilitado. El segundo terminó de arrancar la puerta. El triceratops lanzó un bramido que sacudió el aire, dio un paso adelante… y se detuvo. Moja sostuvo la mirada del animal, firme, sin agresividad, pero sin miedo.
-Vete- ordenó con calma. -Vive.-
La bestia dudó apenas un segundo antes de salir de la jaula, sacudiendo la tierra con cada paso. Pasó junto a Moja, lo olfateó brevemente y, con otro bramido, se internó en la jungla, rompiendo árboles y helechos a su paso.
El silencio volvió, pero ya no era el mismo.
Moja exhaló despacio, recomponiéndose. Sabía que liberar al dinosaurio no había pasado desapercibido. Quienquiera o lo que fuera que observaba, ahora sabía que él estaba allí y que no pensaba marcharse.
Volvió al suelo, a las huellas. Las siguió con la mirada hasta perderse entre la vegetación espesa. Pisadas humanas, arrastre, marcas profundas… todas apuntaban hacia el corazón de la isla.
Moja se incorporó, estiró ligeramente el cuello y orientó sus sentidos hacia la jungla.
*Sigan corriendo* pensó. *Yo los alcanzaré.*
Con movimientos silenciosos, se internó entre las sombras verdes de Little Garden, avanzando con la cautela de un depredador que sabe que, esta vez, no es el único cazador.
Resumen
Moja llega al campamento y nota la presencia que lo está observando, se acerca a la jaula del dinosaurio, lo libera y acto seguido se dispone a seguir las huellas.
El dinosaurio pareció comprender el gesto. A pesar de ser una bestia que bien podría haberte causado serios problemas, optó por retroceder unos pasos tras ser liberado, resoplando con fuerza antes de internarse entre la vegetación. No hubo rugido de desafío ni amenaza alguna; solo el sonido de su pesado cuerpo alejándose, como una forma primitiva pero clara de agradecimiento. Mientras tanto, la presencia seguía ahí. Invisible, oculta en algún punto entre la maleza, acompañando cada uno de tus movimientos. No se percibía hostilidad en ella, ni intención de atacar. Era más bien una vigilancia constante, silenciosa, como si algo o alguien se limitara a observarte mientras avanzabas entre las plantas gigantes y el entramado salvaje de Little Garden.
Todo lo que habías visto en el campamento regresaba una y otra vez a tu mente. Al final de cuentas, eres un marine; un investigador por naturaleza. No eres solo puños y garras, se supone que eres de los que buscan respuestas, de los que reconstruyen lo ocurrido a partir de los restos que otros dejan atrás. Las huellas que examinaste, pisadas desordenadas de quienes corrían mezcladas con marcas claras de cuerpos arrastrados no encajaban con nada que hubieras visto antes. Como explorador, reconoces los patrones habituales de la naturaleza, y aquello no calzaba con ninguno de ellos. No era el caos de una estampida animal ni el rastro limpio de un depredador siguiendo su presa. Fuera lo que fuera lo que ocurrió aquí, tuvo intención y esa certeza es, quizás, lo que termina empujándote a seguir ese mismo camino, internándote en la jungla en busca de los cazadores del gremio Crux.
Sin embargo, a pocos pasos de ti, un grupo de lémures prehistóricos bloquea el camino. No parecen en absoluto amistosos. Sus movimientos delatan algo más que simple instinto animal; hay inteligencia en la forma en que se organizan. Algunos empuñan lanzas rudimentarias y palos afilados, mientras otros se limitan a mostrar los colmillos, emitiendo chillidos graves y amenazantes, dejando ver largas garras preparadas para saltar. La escena es tensa. No es un obstáculo menor ni una amenaza que pueda ignorarse sin más. Sabes que rodearlos implicaría perder la pista que has seguido hasta ahora, pero atravesar ese punto supone enfrentarte a criaturas que no solo atacan en grupo, sino que parecen capaces de coordinarse, sea cual sea tu decisión, tendrá consecuencias.
Lemures Prehistoricos
La forma en que los lémures prehistóricos se mueven deja claro que no estás ante simples bestias territoriales. No cargan de inmediato, no chillan sin sentido, se desplazan con cautela, intercambiando miradas rápidas y emitiendo sonidos breves, casi como señales. Uno de ellos golpea suavemente el suelo con la punta de su lanza, no como advertencia, sino como medición, probando la distancia entre ambos. Otros se abren ligeramente, cerrando el paso sin necesidad de rodearte por completo, marcando un límite invisible que resulta tan claro como cualquier muralla, cada gesto refuerza la sensación de que entienden el valor del terreno que ocupan, que saben que ese sendero conduce a algo importante y aunque no muestran una agresividad inmediata, su postura indica que no permitirán el paso con facilidad, no por ahora.
La jungla a tu alrededor parece contener la respiración. Las hojas altas se mecen apenas con el viento, y los sonidos habituales de Little Garden se atenúan, como si incluso las criaturas más grandes esperaran a ver qué ocurre. Desde tu posición, puedes notar que las huellas que sigues continúan justo más allá del grupo, pisadas humanas mezcladas con marcas profundas que se internan en la maleza, confirmando que ese es el camino correcto. Retroceder significaría perder tiempo, quizá perder por completo el rastro, pero avanzar sin medir consecuencias podría desencadenar algo innecesario, los lémures no atacan, pero observan cada movimiento con atención calculada, conscientes de tu presencia y de tu peso como intruso en su territorio. La decisión aún no se ha tomado, pero el momento se acerca, y sea cual sea el curso que elijas, este encuentro ya ha dejado claro que la isla no permitirá avanzar sin antes poner a prueba tu juicio.
Infobox
Resúmen
Tras haber llegado al campamento y haber observado e intuido lo que pasó, y tras liberar al dinosaurio es cierto que sigues el camino que puedes observar, tienes todas las de ganar pues eres explorador lo que te facilita el rastreo en este tipo de entornos, sin embargo, te topas con un grupo de Lemures Prehistoricos que aproximadamente son del tamaño de un humano promedio y que algunos portan lanzas rudimentarias y palos afilados, puedes pelear con ellos o simplemente intentar rodearlos, o como mejor te parezca
Bélico
Horda Rango 3
Horda Rango 3
Formada por 30 personas.
Tienen 300 PV (10PV cada miembro).Si llega a 0PV serán derrotados.
Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 30 puntos.
Se pueden derrotar de una sola vez a cambio de 300 energía.
Tienes libertad narrativa para rolear como los derrotas si usas los 300 de energia.
Instrucciones
Hola Moja, disculpa la tardanza, espero que ahora podamos ponernos al dia y terminar esto rapido para que liberes este presente y continues en tus grandiosas aventuras por Little Garden. A lo que vinimos:
Frente a ti tienes una Horda de Rango 3, es decir 30 individuos, en este caso Lemures Prehistoricos que te han pausado el camino, estan justo por donde debes pasar para continuar con el rastro que llevas rato siguiendo, tienes la total posibilidad de derrotarlos a tu modos uno a uno, o simplemente derrotarlos a todos usando 300 de energia, y narrar libremente como se da la situación al hacer el gasto de la energia, posteriormente podras cruzar y continuar tu aventura de lo mas normal.
Mientras Moja avanzaba siguiendo el rastro, la jungla comenzó a cambiar a su alrededor. El sonido constante de insectos y criaturas lejanas se fue apagando poco a poco, sustituido por un murmullo inquietante, agudo y repetitivo. Se detuvo en seco, levantando ligeramente una mano.
Entonces los vio.
Desde lo alto de los árboles, entre lianas gruesas y troncos retorcidos, una treintena de lémures prehistóricos emergieron como sombras vivas. Eran más grandes que cualquier espécimen común, con ojos brillantes e inteligentes, colmillos cortos pero afilados, y cuerpos nerviosos cargados de tensión. Portaban lanzas rudimentarias, palos endurecidos al fuego y puntas de piedra afilada. No eran simples animales: cazaban en grupo.
Moja no necesitó más para entenderlo. Aquello no era una emboscada improvisada, era un territorio defendido.
*Genial…* pensó. *Justo lo que faltaba.*
Los lémures comenzaron a rodearlo, chillando y golpeando sus armas contra los troncos, tratando de intimidarlo. Algunos descendieron al suelo, otros permanecieron en las ramas, listos para lanzarse desde arriba. Si Moja quería seguir el rastro, no había negociación posible.
Sus músculos se tensaron.
El primer lémur atacó sin previo aviso, lanzándose desde un árbol con la lanza por delante. Moja reaccionó al instante, su cuerpo se movió con agilidad felina, girando sobre un pie y dejando que el arma pasara rozando su hombro. En el mismo movimiento, extendió la mano.
En el aire apareció una flecha geométrica de color blanco, vibrando con energía pura. Moja la pisó como si fuera un escalón y se impulsó hacia arriba, desafiando la gravedad. El lémur atacante cayó al suelo antes siquiera de entender qué había ocurrido, inconsciente tras un golpe seco en la nuca.
El resto chilló con furia.
Desde distintos ángulos, lanzas y piedras volaron hacia él. Moja creó múltiples flechas vectoriales a su alrededor, usándolas como plataformas móviles. Saltaba de una a otra con precisión milimétrica, cambiando de dirección en pleno aire, esquivando ataques imposibles de evitar para cualquier humano común.
-Demasiado lentos.-
Una flecha se materializó bajo su pie y lo catapultó hacia adelante. En pleno salto, creó otras dos frente a él, que giraron bruscamente y salieron disparadas como proyectiles. Atravesaron el aire con un zumbido cortante, impactando contra dos lémures que caían desde los árboles, lanzándolos violentamente contra los troncos.
Moja aterrizó rodando, sin perder impulso. Un lémur intentó atacarlo por la espalda con un palo afilado, pero Moja lo percibió antes incluso de oírlo. Se agachó, giró sobre sí mismo y creó una flecha corta y compacta, con la que golpeó al enemigo en el pecho como si fuera un martillo invisible, dejándolo sin aliento.
Los lémures comenzaron a atacar en masa.
Moja sonrió, mostrando los colmillos. Esta vez, extendió ambos brazos. Multiples flechas vectoriales surgieron a su alrededor, formando una red dinámica en constante movimiento. Algunas se clavaban en el suelo, otras flotaban, otras giraban sobre sí mismas cargadas de energía. Moja se movía entre ellas como si fueran una extensión natural de su cuerpo, usándolas para impulsarse, girar, caer desde ángulos imposibles.
Cada movimiento era letal y preciso.
Un salto, una flecha bajo el pie.
Un giro, una flecha lanzada al cuello.
Un aterrizaje, un golpe directo con energía vectorial que enviaba al enemigo varios metros atrás.
En cuestión de un par de minutos, los chillidos se transformaron en silencio interrumpido solo por cuerpos cayendo y ramas rompiéndose. Los últimos lémures intentaron huir, pero Moja no se lo permitió. Dos flechas largas se dispararon en diagonal, cortándoles el paso, y un último impulso lo llevó hasta ellos. Un barrido limpio, rápido, sin crueldad innecesaria.
Cuando todo terminó, treinta cuerpos yacían inmóviles entre la vegetación destrozada. Moja permaneció quieto unos segundos, respirando con calma, escuchando. Nada más se movía. La presencia que había sentido antes… seguía allí, más distante ahora, como si evaluara el resultado del enfrentamiento.
Las flechas vectoriales se disiparon en el aire, desvaneciéndose como líneas de luz borradas por el viento. Moja bajó la mirada hacia el rastro en el suelo. Seguía ahí. Más profundo. Más urgente.
-No me detendrán con animales- murmuró mientras retomaba la marcha. -Quien sea que esté detrás de esto… tendrá que mostrarse.-
Y sin mirar atrás, volvió a internarse en la jungla, dejando atrás el silencio absoluto que solo sigue a una cacería perfecta.
Resumen
Moja se encuentra con los lémures y haciendo uso de su fruta consigue acabar con ellos. Acto seguido se dispone a seguir el rastro.
Bélico
Gasto los 300 de energía en acabar con la horda de lémures y recupero 10 puntos equivalentes a mi regeneración.
Akuma
Aro Aro no mi
Paramecia
3
La Aro Aro No Mi es una fruta del diablo tipo paramecia que permite al usuario crear y controlar flechas vectoriales.
Especificaciones
La Aro Aro no mi otorga al usuario la capacidad de crear, a partir de prendas de ropa que el usuario porte, tiras con forma de flechas vectoriales que puede manipular a su antojo en una distancia relacionada de su Control de Akuma. Estas flechas, pueden ser usadas de diversas maneras, ya sea para atacar directamente con ellas, para formar objetos con ellas o bien para acelerar proyectiles o movimientos en la dirección en la que apunten las flechas. Por tanto, se trata de una fruta versátil cuyo máximo potencial es solo alcanzable de manera absoluta mediante el uso de técnicas. Se obtendrá control sobre la fruta al llegar a los 60 Puntos de Control de Akuma, desde este momento el usuario podrá crear flechas vectoriales de 2 metros de longitud de punta a cola con 25 de Vitalidad y por un coste de 15 de energía por flecha. Se pueden manipular hasta 2 flechas a la vez y, si se quisiera controlar una tercera, la primera desaparecería y así sucesivamente. Se necesitará extender y mover ambas manos hacia la zona a la que se quiere mover las flechas para poder manejarlas en todo momento. En este nivel, y una vez por turno, el usuario podrá usar las trayectorias de las flechas para acelerar sus desplazamientos o las velocidades de sus ataques en 10 puntos a cambio de 30 puntos de energía adicionales.
Al llegar a 180 Puntos de Control de Akuma, las flechas pasarán a tener una longitud de 6 metros, con 40 de Vitalidad cada una y un coste de 9 de energía por flecha. Se pueden manipular hasta 4 flechas a la vez y, si se quisiera controlar una quinta, la primera desaparecería y así sucesivamente. Se necesitará extender y mover una mano hacia la zona a la que se quiere mover las flechas para poder manejarlas en todo momento. En este nivel, y una vez por turno, el usuario podrá usar las trayectorias de las flechas para acelerar sus desplazamientos o las velocidades de sus ataques en 20 puntos a cambio de 60 puntos de energía adicionales.
Al llegar a 240 Puntos de Control de Akuma, las flechas pasarán a tener una longitud de 12 metros, con 60 de Vitalidad y un coste de 6 de energía por flecha. Se pueden manipular hasta 8 flechas a la vez y, si se quisiera controlar una novena, el primero desaparecería y así sucesivamente. Se podrán manejar telequinéticamente en todo momento.En este nivel, y una vez por turno, el usuario podrá usar las trayectorias de las flechas para acelerar sus desplazamientos o las velocidades de sus ataques en 30 puntos a cambio de 90 puntos de energía adicionales.
Las flechas se desplazan a una velocidad igual al 60% del Control de Akuma del usuario, y las puede controlarlas hasta a 1 metro de distancia por cada 6 puntos de Control de Akuma.
Control de Akuma: — 60 Control de Akuma: Permite crear y controlar flechas extendiendo y moviendo ambas manos. Aumenta en 10 puntos las velocidades del usuario si se sigue la trayectoria de las flechas. — 180 Control de Akuma: Permite crear y controlar flechas extendiendo y moviendo una mano. Aumenta en 20 puntos las velocidades del usuario si se sigue la trayectoria de las flechas. — 240 Control de Akuma: Permite crear y controlar flechas telequinéticamente. Aumenta en 30 puntos las velocidades del usuario si se sigue la trayectoria de las flechas.
Ventajas:
• Cada flecha que impacte en su objetivo, pasivamente, realizan un daño directo y perforante de 5 PV .
• Al actuar como objetos físicos y gracias a su maleabilidad, mediante el uso de técnicas, es posible formar objetos tangibles mediante las flechas.
Debilidades:
• Las habituales en las akuma no mi.
• Para verse beneficiado de la aceleración vectorial que proporcionan las flechas, se ha de recorrer la misma dirección que marcan estas, lo que puede hacer previsible el movimiento.
• Estando completamente desnudo, es imposible hacer uso de la fruta.
Los lémures no parecieron representar un verdadero problema para el marine. De hecho, fue algo digno de ver. Hasta ese momento, había sido capaz de imponerse a cada una de las bestias salvajes que Little Garden puso en su camino, y aquellas criaturas prehistóricas no fueron la excepción. No supusieron más que una pérdida de tiempo, un obstáculo menor en una isla que ya exigía demasiado de por sí. Para un mink acostumbrado a moverse entre peligros reales, aquello fue poco más que una distracción innecesaria una que, muy probablemente, no le sentó nada bien. Superado aquel inconveniente, el rastro vuelve a presentarse con claridad entre la maleza aplastada y el barro removido. Las huellas reaparecen, más profundas y desordenadas que antes, señal de que quienes las dejaron avanzaron con prisa y sin cuidado por ocultarse. El tiempo perdido no ha borrado la historia que el terreno sigue contando, pero sí ha permitido que la jungla empiece a reclamar lo suyo: ramas quebradas que ahora cuelgan sobre el sendero, hojas enormes que cubren marcas importantes y el eco distante de criaturas que recuerdan que Little Garden no se queda quieta esperando. El camino se vuelve más estrecho, más incómodo, y aunque la dirección parece evidente, no resulta tan simple de seguir como antes. Cada desvío posible plantea dudas, cada sombra proyectada por los árboles gigantes distorsiona la percepción de la distancia, y la sensación de estar siendo observado no desaparece. La persecución continúa, pero ya no es una carrera limpia ni directa, es un avance tenso, donde el entorno se interpone constantemente y obliga a medir cada paso, recordando que en esta isla incluso seguir un rastro puede convertirse en un desafío. No todo en Little Garden pasa desapercibido. La alteración del entorno, los cuerpos inmóviles de los lémures y el olor persistente de sangre no tardan en atraer la atención de algo más grande. Mucho más grande. Entre la espesura, ramas gruesas se arquean lentamente, hojas gigantes se desprenden y caen al suelo con un peso que no corresponde al viento. Algo se desplaza entre los árboles con una calma inquietante, como si no tuviera prisa alguna por mostrarse. La presencia se revela poco a poco. Una silueta colosal emerge desde la jungla, erguida, cubierta de un espeso pelaje oscuro marcado por cicatrices antiguas. Un Gigantopithecus. Sus ojos recorren la escena con atención sorprendentemente lúcida, deteniéndose en los restos del enfrentamiento, en las armas rotas, en los cuerpos de los lémures que yacen donde antes había tensión y vida, no ruge, no golpea el suelo, solo observa y evalúa. Resulta evidente que no se trata de una criatura cualquiera. La postura, la forma en que inclina la cabeza y el modo en que examina el terreno sugieren comprensión, reconoce la violencia, reconoce la diferencia entre cazador y presa, y parece medir el tipo de fuerza que fue necesaria para provocar una masacre así en tan poco tiempo. La jungla misma guarda silencio a su alrededor, como si incluso las criaturas más primitivas entendieran que este no es un momento para llamar la atención. El Gigantopithecus da un paso más cerca del claro, sin intención aparente de atacar, pero dejando clara su autoridad sobre el lugar. La escena ha cambiado. El rastro continúa, la persecución sigue abierta, pero ahora hay una nueva variable en juego, una bestia ancestral que ha visto las consecuencias del paso del marine por su territorio. En Little Garden, la fuerza rara vez pasa desapercibida y esta isla nunca deja las cosas sin respuesta. La respuesta no tarda en llegar. El Gigantopithecus deja caer su peso hacia adelante y el suelo vibra cuando su enorme pie impacta con fuerza, marcando el inicio de la embestida. No hay rugido previo ni advertencia clara solo una explosión de movimiento que rompe la calma artificial del claro. Un brazo colosal se abate contra el entorno, arrancando un árbol de raíz y lanzándolo como si no fuera más que un objeto improvisado, obligando al espacio a deformarse bajo la violencia repentina. La jungla responde de inmediato, ramas quebrándose, hojas desgarradas y el aire cargándose de polvo y fragmentos de madera. La autoridad que antes imponía con su presencia ahora se manifiesta de la única forma que la jungla realmente entiende. El Gigantopithecus se detiene apenas un instante, el suficiente para tensar todo su cuerpo. Luego descarga el golpe. Su puño, enorme como un bloque de roca viva, atraviesa el aire con un estruendo seco y conecta de lleno el cuerpo de Moja, liberando una fuerza brutal que revienta el suelo y lanza fragmentos de tierra, madera y hojas en todas direcciones. El impacto no es limpio ni elegante, es pura violencia primitiva concentrada en un solo movimiento. El claro se sacude como si hubiera recibido el golpe de una criatura mitológica, y el eco del choque resuena entre los árboles gigantes, ahogando cualquier otro sonido de la jungla por un breve pero estremecedor momento.
Infobox
Resumen
Moja supera sin dificultad a los lémures prehistóricos de Little Garden, viéndolos como un simple estorbo frente a peligros mayores. Tras el combate, retoma el rastro entre la jungla alterada, aunque el entorno se vuelve más hostil y la sensación de vigilancia aumenta. La violencia no pasa desapercibida, el olor a sangre y los cuerpos atraen a un Gigantopithecus colosal, que observa la escena con una inteligencia inquietante, evaluando la masacre y la fuerza implicada. Su sola presencia impone silencio y autoridad, pero la calma se rompe cuando la bestia embiste de forma repentina, arrancando árboles y desatando una violencia primitiva que culmina en un golpe devastador contra Moja, sacudiendo todo el claro.
Bélico
Ofensivo
En este caso ya comenzamos a utilizar lo que es un mapa para mucha mas facilidad debido a que el bélico comienza. De forma repentina logras sentir al animal pero este tras ver los daños ocasionados y que venciste a los lémures entonces procede atacarte. Se mueve a una velocidad de 100 de Agilidad y te ataca con la técnica Motto Chikara O III
Motto Chikara O III (Más potencia)
Cuerpo a Cuerpo
5
Información
Requisitos: Cuerpo a Cuerpo 3 | 110 Fuerza
Daño: 125 + 2 x Fuerza
Coste: 157 de energía
Efecto:
---
Enfriamiento:
Dos turnos
Tensando rápidamente tus músculos realizas un único impacto en el que proyectas más fuerza que en tus movimientos habituales, incrementando el daño del mismo.
Código: mottochikara003
Misma que hace un daño igual a = 125 + 2 x Fuerza = 125+ 165*2= 455 Al no poseer armas por ser un animal el daño seria exactamente ese, a lo cual le restamos tu resistencia pasiva que seria 100, entonces el daño que le entra a Moja tras este ataque es de 355.
Esto rompe tu quinto umbral, el cual dice lo siguiente:
Cita:
Quinto umbral: Ocurre cuando recibes un daño 5 veces mayor a tu voluntad. Además de lo especificado en el umbral anterior, también se cortarán las transformaciones fruto de las Akuma no Mi.
Moja retomó el rastro sin mirar atrás, dejando los cuerpos inertes de los treinta lémures esparcidos entre la vegetación destrozada. Sin embargo, aquella demostración de fuerza no pasó desapercibida. En Little Garden, la violencia siempre atraía algo mayor.
El suelo comenzó a vibrar.
Moja se detuvo al instante, sus orejas se irguieron y su cuerpo adoptó una postura baja y alerta. Un crujido profundo, acompañado del quiebre de árboles centenarios, se abrió paso entre la espesura. Entonces apareció.
Un Gigantopithecus emergió de la jungla como una montaña viviente. Su silueta colosal eclipsaba la luz, sus brazos eran gruesos como troncos y su mirada, oscura e inteligente, se clavó en Moja con una calma inquietante. No atacó de inmediato. Lo observó. Evaluó su tamaño, su postura, la tensión en sus músculos. Era una criatura que medía a sus presas antes de aplastarlas.
El silencio duró apenas un parpadeo.
Con un rugido grave, el Gigantopithecus se lanzó hacia adelante. El aire se comprimió cuando su enorme brazo descendió en un puñetazo brutal. Moja apenas tuvo tiempo de reaccionar. El impacto lo alcanzó de lleno y lo envió varios metros atrás, atravesando la maleza antes de caer pesadamente contra el suelo.
Durante unos segundos, todo fue ruido y confusión.
La visión de Moja se nubló, un pitido sordo le llenó los oídos y el mundo giró de forma violenta. Tres segundos eternos en los que su cuerpo tardó en responder, mientras la sombra del coloso se acercaba de nuevo.
-Tsk…- gruñó, apretando los dientes.
Con un esfuerzo brutal, Moja rodó sobre sí mismo y se incorporó justo a tiempo. Sus piernas se afirmaron en el suelo y su mirada se volvió afilada. No había espacio para el error.
-Aro Aro Cross.- murmuró
Dos pares de flechas vectoriales surgieron de su cuerpo, cruzándose en el aire con un zumbido cortante. Las estructuras geométricas impactaron de lleno contra el torso del Gigantopithecus.
Pero Moja no se detuvo ahí.
Aprovechando el instante en que las flechas volaban, impulsó su cuerpo con un vector bajo los pies y apareció al costado del coloso en un destello de velocidad. Giró la cintura y descargó un puñetazo seco, reforzado por sus guantes de combate, directamente contra el costado del Gigantopithecus. El impacto resonó como un trueno ahogado, haciendo que la enorme criatura torciera el torso con un rugido furioso.
Moja cayó de nuevo al suelo con ligereza, retrocediendo varios metros de un salto ágil. Creó una flecha vectorial para ganar distancia, interponiendo espacio entre ambos mientras adoptaba una postura defensiva.
Respiró hondo, manteniendo la guardia alta.
El Gigantopithecus se enderezó lentamente, sacudiéndose, claramente herido… pero lejos de estar acabado. Sus ojos volvieron a fijarse en Moja, esta vez cargados de una ira más pura y peligrosa.
-Bien…- pensó Moja, tensando los músculos. -Ahora sí empezó de verdad.-
Resumen
Moja recibe el golpe del dinosaurio, responde con 2 ataques, una técnica doble de su fruta y un golpe blanco. Acto seguido retrocede unos metros tomando distancia con el dinosaurio.
Bélico
Recibo los 355 de daño, ya que no lo veo venir por la diferencia de su ataque y mis reflejos.
Utilizo una técnica doble esta requiere 30 de CA como tengo 150 puedo utilizarla como técnica doble. Al tener más de 21puntos de diferencia entre mi CA y los Reflejos del dinosaurio la técnica impacta. Siendo el daño de (150 x 1.8) + 20 = 290 a lo que restándole su defensa pasiva se queda en 190 PV y al ser técnica doble dan un total de 380 PV de daño que recibe.
Aro Aro Cross
Propio
1
Información
Requisitos: 30 Control de Akuma
Daño: 20 + 1,8xControl de Akuma
Coste: 42 de energía
Efecto:
Daño perforante.
Enfriamiento:
Un turno
Moja proyecta, hasta 10 metros de distancia, dos flechas vectoriales hacia su enemigo, una por mano, que terminan por cruzarse en el momento en el que alcanza a su objetivo, impactando en el mismo punto y ensartándole.
Código: aroarocross001
Al ser técnicas duales el daño cuenta individual de cada una, solo superando el primer umbral:
Primer umbral: Ocurre cuando recibes un daño mayor a tu voluntad. Se verán interrumpidas las acciones que requieran de una concentración.
Utilizando mi propia técnica de cobertura me pongo a un costado y le doy un puñetazo con mis guantes T2 lo que viene siendo (77 x 1.3) + 40 = 140, a lo cual restándole 100 de defensa pasiva solo recibe 40 PV de daño.
Guantes
Objetos bélicos
2
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 1000
Daño: 40
Escalado: 0,3 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 30000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en los nudillos de las manos para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
guantes002
Lo que nos da una suma total entre las técnicas y el puñetazo de 420 PV.
Gasto de energía:
Técnica doble: 42 x 2 = 84
La creación de 2 flechas, una para moverme hacia el dinosaurio y la otra para alejarme de el: 6 x 2 = 12
Total = 96 de energía.
Fruta
Aro Aro no mi
Paramecia
3
La Aro Aro No Mi es una fruta del diablo tipo paramecia que permite al usuario crear y controlar flechas vectoriales.
Especificaciones
La Aro Aro no mi otorga al usuario la capacidad de crear, a partir de prendas de ropa que el usuario porte, tiras con forma de flechas vectoriales que puede manipular a su antojo en una distancia relacionada de su Control de Akuma. Estas flechas, pueden ser usadas de diversas maneras, ya sea para atacar directamente con ellas, para formar objetos con ellas o bien para acelerar proyectiles o movimientos en la dirección en la que apunten las flechas. Por tanto, se trata de una fruta versátil cuyo máximo potencial es solo alcanzable de manera absoluta mediante el uso de técnicas. Se obtendrá control sobre la fruta al llegar a los 60 Puntos de Control de Akuma, desde este momento el usuario podrá crear flechas vectoriales de 2 metros de longitud de punta a cola con 25 de Vitalidad y por un coste de 15 de energía por flecha. Se pueden manipular hasta 2 flechas a la vez y, si se quisiera controlar una tercera, la primera desaparecería y así sucesivamente. Se necesitará extender y mover ambas manos hacia la zona a la que se quiere mover las flechas para poder manejarlas en todo momento. En este nivel, y una vez por turno, el usuario podrá usar las trayectorias de las flechas para acelerar sus desplazamientos o las velocidades de sus ataques en 10 puntos a cambio de 30 puntos de energía adicionales.
Al llegar a 180 Puntos de Control de Akuma, las flechas pasarán a tener una longitud de 6 metros, con 40 de Vitalidad cada una y un coste de 9 de energía por flecha. Se pueden manipular hasta 4 flechas a la vez y, si se quisiera controlar una quinta, la primera desaparecería y así sucesivamente. Se necesitará extender y mover una mano hacia la zona a la que se quiere mover las flechas para poder manejarlas en todo momento. En este nivel, y una vez por turno, el usuario podrá usar las trayectorias de las flechas para acelerar sus desplazamientos o las velocidades de sus ataques en 20 puntos a cambio de 60 puntos de energía adicionales.
Al llegar a 240 Puntos de Control de Akuma, las flechas pasarán a tener una longitud de 12 metros, con 60 de Vitalidad y un coste de 6 de energía por flecha. Se pueden manipular hasta 8 flechas a la vez y, si se quisiera controlar una novena, el primero desaparecería y así sucesivamente. Se podrán manejar telequinéticamente en todo momento.En este nivel, y una vez por turno, el usuario podrá usar las trayectorias de las flechas para acelerar sus desplazamientos o las velocidades de sus ataques en 30 puntos a cambio de 90 puntos de energía adicionales.
Las flechas se desplazan a una velocidad igual al 60% del Control de Akuma del usuario, y las puede controlarlas hasta a 1 metro de distancia por cada 6 puntos de Control de Akuma.
Control de Akuma: — 60 Control de Akuma: Permite crear y controlar flechas extendiendo y moviendo ambas manos. Aumenta en 10 puntos las velocidades del usuario si se sigue la trayectoria de las flechas. — 180 Control de Akuma: Permite crear y controlar flechas extendiendo y moviendo una mano. Aumenta en 20 puntos las velocidades del usuario si se sigue la trayectoria de las flechas. — 240 Control de Akuma: Permite crear y controlar flechas telequinéticamente. Aumenta en 30 puntos las velocidades del usuario si se sigue la trayectoria de las flechas.
Ventajas:
• Cada flecha que impacte en su objetivo, pasivamente, realizan un daño directo y perforante de 5 PV .
• Al actuar como objetos físicos y gracias a su maleabilidad, mediante el uso de técnicas, es posible formar objetos tangibles mediante las flechas.
Debilidades:
• Las habituales en las akuma no mi.
• Para verse beneficiado de la aceleración vectorial que proporcionan las flechas, se ha de recorrer la misma dirección que marcan estas, lo que puede hacer previsible el movimiento.
• Estando completamente desnudo, es imposible hacer uso de la fruta.
La administración confirma que, de manera excepcional y tras haberlo discutido previamente, se aprueba el ingreso tardío de Kibai a la aventura. Esta autorización se concede bajo el entendido de que el narrador está de acuerdo y con la condición de que la aventura se extienda a 12 posts, garantizando así que todos los participantes —incluyendo Kibai— puedan cumplir con el mínimo de 8 posts exigido por el Tier.
El impacto de las flechas vectoriales no pasó inadvertido. El Gigantopithecus retrocedió apenas medio paso, lo justo para que la tierra crujiera bajo su peso, y su rugido resonó con una violencia distinta a la de antes. Ya no era una advertencia territorial ni una respuesta instintiva: era dolor, sorpresa y rabia. La criatura llevó una de sus enormes manos al costado herido, palpando la zona con torpeza, como si intentara comprender qué clase de fuerza había osado dañarlo de esa manera. El entorno reaccionó de inmediato, las aves que aún permanecían ocultas huyeron en estampida, y el suelo comenzó a resquebrajarse bajo los pasos del coloso al reafirmar su postura. Árboles cercanos se inclinaron peligrosamente, algunos cediendo por completo, creando un terreno irregular y traicionero, la jungla ya no era solo un escenario, se estaba convirtiendo en un obstáculo activo, cerrando espacios, reduciendo líneas claras de movimiento y haciendo que cada metro ganado o perdido importara más de lo habitual. El Gigantopithecus no se lanzó de inmediato. Esta vez, avanzó despacio, con los hombros encorvados y los brazos abiertos, como si buscara encerrar el área. Su mirada no se apartó de Moja ni un solo segundo, siguiendo cada desplazamiento, cada cambio de postura. La inteligencia que antes se intuía ahora era evidente, estaba aprendiendo, ajustando su enfoque, entendiendo que no enfrentaba a una presa común. Cada paso hacía temblar el suelo, marcando un ritmo pesado, constante, diseñado para presionar tanto el cuerpo como la mente, aunque no era lo único que se podía percatar, ya que se escuchaban los pasos veloces de alguien más que parecía correr hacia la dirección donde se efectuaba la pelea. El rastro de los cazadores Crux seguía ahí, perdiéndose entre la maleza más allá del claro, pero ahora compartía protagonismo con una amenaza que no podía ser ignorada sin consecuencias. Little Garden había dejado clara su postura para con aquellos que no pertenecían a la isla, avanzar tendría un precio, y la isla estaba dispuesta a cobrárselo a través de una de sus criaturas más antiguas. El enfrentamiento no había terminado, apenas había cambiado de forma sin embargo aquella figura que, aunque aún no visible, podía escucharse hizo que tanto Moja como el gigantesco animal prehistórico permanecieran el uno al otro mirándose fijamente, ¿era un enemigo de la selva o un aliado? El sonido volvió a escucharse, más cerca esta vez. No era el crujir torpe de una bestia cualquiera ni el desplazamiento caótico de un animal asustado. Era un ritmo irregular, pesado en algunos momentos, casi imperceptible en otros, como si quien se acercara supiera exactamente cuándo moverse y cuándo detenerse. La vegetación reaccionaba a su paso, hojas que se apartaban, ramas que cedían con cuidado, sin la violencia que había acompañado al avance del Gigantopithecus, aquello no encajaba con un depredador común, ni con una presa. El aire mismo pareció tensarse, incluso el Gigantopithecus, que hasta hacía unos instantes dominaba el claro con su sola presencia, modificó su postura de forma sutil. Sus hombros se elevaron, su respiración se volvió más profunda, y sus ojos se desviaron por primera vez hacia la jungla que rodeaba el claro. No retrocedió, pero tampoco avanzó, esperó. Sea lo que sea que se aproxima, ha logrado algo poco común en Little Garden, interrumpir un enfrentamiento en curso y cuando incluso una criatura ancestral duda, queda claro que la isla aún no ha mostrado todas sus cartas.
Infobox
[spoiler= Resumen] Para dar entrada a Kibai esta ronda no hubo ataque por parte del animal pues puede sentir la presencia de otro ser fuerte que se acerca, asi que ninguno de los tres puede atacar en esta ronda.