Ryan
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
13
28
26
18
28
38
53
33
0
90
Día 26 de otoño, cercanias del pueblo:
Ryan habría pasado un par de días metido en el bosque selvático desde el encuentro con aquel chico guapo, ya acostumbrado a las criaturas selváticas de la isla (Las cuales a solían ignorarle fuertemente ahora), logrando encontrar diversidad de plantas extrañas del lugar, todo debido a la ayuda de un boticario de aquel lugar que habría logrado encantar con sus habilidades, después de todo eran habilidades que ya tenía aprendidas por culpa de aquella tripulación ¿Siempre debía serle útil a la gente para poder sobrevivir? ¡Evidentemente! Era cosa de dejar de ser útil a las personas para que estes se olviden de ti, o simplemente te desechen de las peores maneras posibles…
-Hasta las hojas suelen ser de esa manera. – Se hablaría para sí, mientras caminaba por un sendero perdido de la mano de dios, mientras empezaba a escuchar gritos a lo lejos ¿Habría alguien en problemas? ¿O acaso habría una pelea en medio de la selva? Era difícil dilucidarlo estando donde estaba, por lo que empecé a caminar totalmente atento de lo que pasaba hacia el lugar del bullicio ¿Acaso quería ayudarlos? Naaah… Solo quería observas lo que pasaba ¿Verdad? Si es que era un animal salvaje habría sido molestado por el resto, siendo solo un tigre lo que podría ser una amenaza para cualquier persona… Es que, se lo habrían buscado sí o sí… Por lo que era completamente capas de dejarlos solos como el hombre libre que soy… O eso quiero creer.
Por lo que, caminando hacia allá con un apuro bastante bajo, sería que me llevaría una sorpresa, eran un gran grupo de personas jugando en lo que algunos podrían considerar una cancha en pleno bosque, para otros podría ser simplemente un baldío donde habrían cortado la gran mayoría del follaje, excepto una extraña flor azulada en medio de aquella tremenda partida de aquel juego que se estaban pegando, pues la pelota iba y venía… Pero, como por decreto divino parecía que aquellos pies que iban de un lado a otro no aplastarían aquella hermosa creación de dios, lo que hacía preguntarme ¿Por qué estaba tan fascinado con aquella cosa? ¿Acaso era su hermosa apariencia lo que me gustaba? Pues no… Era simplemente que no había visto en todos estos días de jungla una igual a esa vegetación, por lo que sin pensarlo empecé a caminar hacia ella, sin mucho que decir…
Ahí en medio de la cancha seria que el partido se pararía al verme entrar, mas no así la pelota que saldría volando en mi dirección apuntando con toda su fuerza hacia mi cabeza, en donde tan embobado por aquella flor según muchos, ignoraría… Acercándome como oveja perdida del rebaño, convencido de arrancar tan bella adquisición que me habría encontrado, mientras un grito se escuchaba de fondo.
-¡Cuidado! -
Mei Blackclaw
Fuerza
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C. de Haki
C. de Akuma
Uno de los pequeños paraísos tropicales en los Blues, eso era Centaurea. Frondoso y verde con el esperado clima tropical, con lo que debía ser de la arquitectura más única que se pudiese ver dentro de los Blues. Podría ser un lugar relativamente peligroso gracias a su fauna y flora exótica, así como Mei estaba muy segura de que más gente de la que admitían debía morirse al caerse de las casas en los árboles, pero no era un mal lugar. Atractivo para aventureros y gente curiosa, definitivamente una gran parada en ese mar.
La joven se encontraba hospedándose en una de dichas casas -Probablemente una de las pocas con el techo lo suficientemente alto como para que ella pudiese entrar cómodamente-, el hogar de una vieja curandera que ya la había recibido a ella y a su padre desde su primer año dando vueltas juntos por el South Blue, como una simple parada temporal en camino al Reino Samba. Faltaba tiempo para el invierno, por lo que la Mink se estaba tomando con bastante calma su estadía en Centaurea, casi como unas pequeñas vacaciones antes de seguir camino. Casi, porque claro, de alguna forma tenía que pagar su estadía con la señora y su familia, por no decir su alimento. Ya era una vista común, la de la enorme liebre entrando a la selva y volviendo con cosas, generalmente plantas medicinales y ocasionalmente uno que otro animal que le fuese posible moler a golpes. Nada del otro mundo, pero sus servicios definitivamente se agradecían.
Hoy era uno de los pocos días libres que tenía, que había dejado bien llenas las despensas de sus anfitriones la mañana anterior y no la necesitaban ocupando espacio en la casa de forma innecesaria. La selva le daba a Mei una buena chance de simplemente dar un poco de rienda suelta a sus instintos, dejarse llevar por la naturaleza y correr por lo salvaje a toda velocidad. Su mañana había sido darse ese lujo, saltar y rebotar en árboles y estirar bien los músculos, y tal vez quedar un tanto muy pasada de revoluciones con el ese asunto. Era natural, la afinidad por sus instintos que su padre le había cultivado tendía a tener ese efecto cuando no la controlaba tanto, pero tampoco era exactamente un problema. Había terminado su larga carrera metiéndose a un río a descansar, lavarse el sudor y la mugre y las hojas aplastadas del cuerpo, el perfecto momento para desconectar un poco… Por breve que sería.
- ¿Hu? -Escucharía apenas, solo apenas, los gritos de emoción y ruidos de pies corriendo. Nada demasiado preocupante, no a esa distancia donde realmente no podía distinguir el tono o la urgencia de los gritos. Se volvió preocupante al escuchar un “¡Cuidado!”, justo después de una larga pausa silenciosa, motivación suficiente para salir del agua y correr a ver que pasaba. Apenas alcanzando a recoger su ropa, que colgaba de una rama cercaba, Mei echaría a correr en dirección del ruido. Sería así como el partido se vería nuevamente interrumpido de forma… Bueno, debatible si sería aterrador o no- ¡¿Están todos bien?! -A ojos de los presentes, de las plantas emergería una enorme liebre antropomórfica, con todo su pelaje mojado y aplastado. Sus orejas estarían atadas casi como una cola de caballo, vestida en nada más que un brasier y unas bragas igual de lamentablemente húmedas, su ropa de verdad ahora en sus manos.
Su decisión sería algo más bien instintivo, nada muy pensado, tanto por tener todos sus instintos en guardia como su general predisposición a actuar sin pensar. Un salto, cruzar distancias simplemente haciendo uso de sus poderosas piernas e impresionante altura. Como animal abalanzándose a su presa, terminaría Mei básicamente tacleando al muchacho que estaba por recibir el pelotazo. No lo levantaría porque no podía, pero quedaría ella medio arrodillada a su alrededor, sus pechos medio aplastados contra el pobre chico que había corrido con la suerte de ser salvado del pelotazo por la Mink. Pelotazo que bueno, le daría a ella, pero le importaría un poco nada.
- ¡Ah, llegué a tiempo! ¿Estás bien? ¿No te aplasté mucho, no, no? ¡Wa, perdón, te estoy mojando entero! -Una pequeña lluvia de preguntas, la Mink claramente preocupada y un poco agitada aún, mirando a Ryan con toda la dulzura que una hermana mayor mostraría por un hermanito. Porque así era Mei, con la necesidad innata de proteger a todas las pequeñas personas a su alrededor.
Ryan
Fuerza
Resistencia
Destreza
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Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
13
28
26
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28
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53
33
0
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Seria con aquel grito que los árboles y altos matorrales de la jungla mandarían a volar diversas aves dignas de estudio para muchos, simplemente hermosas para otros los cuales atraerían el mal augurio de una bestia… Una bestia mas alta que los grandes matorrales que median alrededor de un metro cincuenta, debía ser algo bastante parecido a un gigante ¡Ya sabes! De esos de leyenda que al parecer eran realidad (que además conocía ya de lejos), tal cual podría ser aquella flor si es que la había visto bien… Por lo cual, quede completamente perplejo cuando una coneja de alrededor de cuatro metros saltaría de aquel follaje, asustando a varios jugadores que empezarían a correr, mientras yo simplemente daría un paso para atrás del pequeño gran susto que me estaban dando, al saltar sobre mi como una montaña cayendo sobre la ciudad en un gran terremoto.
Así pues, la coneja saltaría sobre mí, haciéndome que la fuerza de tal impacto muchos pensasen que el golpe me habría roto un par de huesos o simplemente dislocado alguna extremidad, mientras muchos se quejaban del dolor seria que diría -Aplastaste la flor que quería arrancar… - Expresaría sin ninguna pisca de dolor, por lo que muchos simplemente suspirarían de alivio, o de celos, después de todo, al parecer varios de aquellos hombres aunque admiraban a aquella mujer, también estaban celosos de mi posición... Otros por otro lado, gritarían - ¡Una mujer conejo! ¡Y es gigante! - hablaría uno de los menores de aquel grupo que parecía jugar ahora mejor visto ¿Quemados? ¿Handball? O ambos… Era complejo de definir, pero que se notaban que eran bastantes diversos de rasgos, aunque demostraban ser de la misma tribu de la zona.
-Si… ¿Podría salir de encima de mí… Señora coneja? – Le expresaría viendo que apenas sentía parte de mi cuerpo y que más encima ya los jugadores estaban aglomerados como cerdos, cerca de mí que era lo peor, con lo cual, si la mujer llegaba levantarse por fin, verían probablemente mi cuerpo rearmándose desde múltiples arboles y un multiverso de esencias florales que traían mis varios pétalos, lo cual asustaría a varios de los múltiples hombres alrededor… Los cuales me sorprenderían al verme como bobos en cuanto ella se fuese para atrás, y que era lo peor… Nadie gritaría monstruo al estar cerca mío... Sino que parecerían mirarme como quien veía una especie de celebridad… Haciéndome decir un poco incomodo y sonrojado (Tanto por haber sido aplastado por las tetas de la coneja, como por aquellas miradas) Lo siguiente – No quería interrumpir su partido de… Lo que sea que jugasen. – asentiría caminando hacia la pobre flor que había sido brutalmente pulverizada por el impacto, simplemente suspirando.
¿Qué pasaría ahora? ¿Nos lincharían por parar el partido? O simplemente nos seguirían mirando como si fuésemos su nuevo dios… Supongo que deberíamos esperar para averiguarlo.
Mei Blackclaw
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
A decir verdad, Mei había saltado a la acción sin tener realmente un plan. Arroyar a la gente cuando la intención era salvarlas no era precisamente la mejor forma de aproximar el tema, a más de uno le había roto un par de huesos por abalanzarse sin demasiado cuidado. A decir verdad, la Mink ni siquiera había considerando su diferencia de tamaño y peso con el muchacho, y si muy bien lo de aplastarlo como tal tampoco sucedió, el tacle era otra historia. Le tomó un par de segundos a la gigante realmente procesar lo que acababa de hacer, porque claro, vergüenza tenía más bien poca y remordimiento por sus acciones menos, pero si era lo suficientemente lista como para darse cuenta de… Bueno, no solo el daño que podría haber causado tratando de ayudar, sino como podría llegar a reaccionar la gente ante una muchacha bonita semidesnuda poniéndoles las tetas encima. Su pelaje ocultaría su rubor, apenas, y no dudaría en apartarse relativamente rápido del chico.
- Ah, lo siento, lo siento, no quería… ¡Solo es que vi la pelota! ¡Iba derecho a tu cabeza y te veías tan frágil que me asusté y salté antes de pensar! ¡Perdón por lo de la flor y-y por… L-lo otro, si! -Su larga disculpa empezaría sin que ella realmente se diese cuenta, mirando a los lados e intentando no darle demasiadas vueltas. Que fallaba en eso, porque generalmente poco le importa que la gente le viese las tetas, pero era distinto cuando había contacto físico y menos involucrado. Sería un poco a una velocidad absurda que Mei se pondría su ropa, que quedaría igual de mojada que el resto de su pelaje, pero era mejor que seguir paseándose en bragas frente a una multitud. Sería al abotonarse al short que, finalmente, notó todo el circo de raíces y pétalos. Mei se quedó quieta como piedra, observando el maravilloso espectáculo. Ella no era quien para asombrarse, que los Minks fuera del Grand Line no eran precisamente comunes y normales, pero aun así…
- ¡Ay joder, taclee a un espíritu del bosque! ¡POR FAVOR NO ME MALDIGAS, FUE UN ACCIDENTE, LO JURO! -Si aviso alguno, Mei se tiró de rodilla al piso, abriendo sus ojos grandes como platos en su mejor imitación de un perrito triste. Se arrastró sobre sus dichas rodillas un poco, acercándose nuevamente a Ryan. Lo gracioso era que, aún estando arrodillada, Mei seguía teniendo que mirar hacia abajo- ¡ME DISCULPO POR LA PLANTA, NO LA VI, PERDÓN, PERDÓN! ¡BUAAAH, NO ME MALDIGAAAAAS! -Y es que muchas historias le había contado su padre sobre espíritus naturales tomando ofensa ante las más pequeñas cosas, al punto de que le tenía terror a la idea. No era precisamente religiosa o supersticiosa, pero compartía las creencias de dicho padre, y allí estaba el asunto de tenerle respeto a los espíritus, no lo cuestionaba demasiado.
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