[Pasado] Un poco de vergüenza hay que pasar | Eros
#1
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La Isla del Karate seguía siendo un lugar que siempre estaba animado, inclusive ahora que se encontraban en otoño, el viento soplaba un poco más fresco, pero eso hacía que la gente siguiese entrenando. Elara estaba tan acostumbrada a ello, que se sorprendió por lo que veían sus ojos siempre.

Pero por eso mismo, ella no podía quedarse atrás. ¡Owen le había dicho que tenía que entrenar fuertemente! Y bueno, Elara también en la revolución tenía que cumplir un papel. Por eso, buscó un terreno desocupado, una especie de patio lleno de maleza y piedras, un poco apartado del resto. Ella sabía que no era el mejor lugar del mundo, pero por lo menos nadie la estaba usando como un saco de boxeo por ahí.

Estaba segurísima que sería un lugar provechoso para poder entrenar arduamente, algo que no le cabía ningún tipo de duda. De seguro buscaría algo interesante por hacer.

Sacó su arco-arpa y un manojo de flechas que había comprado bastante baratas en uno de los puestos del muelle. La verdad, si las veías, estas flechas eran de pésima calidad, pero eran lo suficientemente útiles para poder entrenar un poco. Y aparte, era lo único que la pobre podía costear después de estar tanto tiempo sola. No quería tener ningún tipo de inconveniente ahora que intentaba mantenerse bien dentro de todo.

Elara se posicionó para poder entrenar, tratando de ignorar que, aunque el sitio estaba vacío un poquito, había un montón (o quizás no tantas) personas que más de alguno se detenía a mirar.

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— Vamos Elara… solo enfócate… — se susurró para sí misma, como si buscara el poder darse ánimos. No quería cometer ningún error, y bueno, la cara se le colocó un poco roja por el solo hecho de sentirse observada. Pero tenía que ser fuerte.

La skypean estiró la cuerda, pero sus manos temblaron un poquito porque aún no era muy buena. Quizás cuando defendió a Owen de ese maldito mafioso, sí tuvo esa fuerza, pero ahora aún no tenía confianza en sí misma. Era difícil concentrarse cuando sentías uno que otro ojo que te miraban como si fueses algo extraño. ¡Elara no tenía la culpa! Pero tenía que intentar hacer algo para poder tranquilizarse y no cometer ningún error.

¿Qué pasaba si tiraba por error una flecha a algún desconocido? No se lo perdonaría. Por eso mismo, sus alas se agitaron nerviosas, soltando un leve aleteo, como si intentara entrar en una concentración superior. Elara tenía una vista aguda, así que al menos buscaría poder acertar ahora sí.

Sus alas seguían moviéndose, mientras que algunos quizás miraban sorprendidos, seguro que para ellos no era común ver a una Skypiean practicando puntería en medio de una isla llena de gente que solamente utilizaba los puños. Aunque claro, Elara sabía que más de alguno peleaba de una manera diferente.

¿Ella lograría pelear igual que los demás? Tenía que tener siempre  un as bajo la manga por cualquier cosa.

Soltó la primera flecha, y como era de esperarse… por la mala calidad, la misma salió haciendo un ruido raro y se clavo apenas en un poste. Eso la hizo sentirse algo avergonzada, porque pareciera que era ella la que tenía una mala postura.

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— ¡A-Ay n-no…! — se tapó la cara un poco por la vergüenza de la situación. Pero no quería estar tan expuesta a la critica de los demás. No se lo permitiría.

Quería que la tierra se la tragara por la situación. Pero no se iba permitir fallar. Elara agitó sus alitas de nuevo, tratando de estabilizarse, buscó otra flecha y la tensó nuevamente. Seguramente la mirarían de nuevo, se reían o mencionaban cosas murmurándolas. Elara apretó los dientes, tensó más la cuerda y apuntó. Esperando que, de algún modo, todo resulte bien. No quería quedar en ridículo nuevamente.
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#2
Los preparativos para salir a la Grand Line ya estaban a pedir de boca, poco más le restaba a ese carpintero más que recorrer los recovecos de la ciudad en busca de todo aquello que pudiese olvidarse. Tenía madera suficiente, su cinturón de herramientas en la cintura sin ningún punto que pudiese flaquearla. Prácticamente podía decir que hoy tenía algo que, a lo largo de su vida, bastante había escaseado: Un día libre.

El maestro de los ritos fúnebres de Baterilla no sabía a ciencia cierta qué se suponía que alguien hacía cuando no tenía nada que hacer y, como prenda personal, se dispuso a desandar las calles de la isla con cuidado de no cruzarse a nadie revoltoso en su camino pero

Los hombres propones, los mares disponen


El pirata caminaba por la isla con un andar que lo caracterizaba por tenebroso y fuera de lo terrenal, dando zancadas serenas mientras su mente estaba más bien ida de lo que tenia en frente. Una serie incesante de pensamientos inconexos caían uno tras otro a su mente en pos del viaje que estaba por emprender. Desde su combate con Owen que la cabeza le daba vueltas en más de un sentido, pero algo tenía más que claro pese a sus pocas luces: Debía volverse más fuerte para sobrevivir en la Grand Line.

A medida que perdido en sus pensamientos avanzaba por la ciudad, los edificios comenzaban a volverse menos recurrentes. Por una serie de caminos, calles y direcciones ya no hubo escaparates céntricos y la anchura de las calles era cosa del pasado pues había llegado a aquello que parecía ser un terreno amplio dedicado para los artistas marciales.

Entonces, sintió una flecha rompiendo el aire y el consecuente ruido de la misma al ensartarse contra un poste a no más de tres o cuatro menos de su ubicación.

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A diferencia de si una persona desconocida le viniese hablar, un vendedor le ofreciese algo inesperadamente o si alguien intentase seducirlo de imprevisto el hombre no se sobresaltó. Contempló la flecha por unos momentos antes de acercarse a ella, la extrajo con la zurda del poste y la observó detenidamente a escasos centímetros de sus ojos. Con uno de sus manos enguantadas sintió las astillas de la misma, la curvó ligeramente sin quebrarla para analizar su resistencia al viento, finalmente la masticó suavemente para intentar reconocer el estado de la madera antes de suspirar tras sentir el sabor de las fibras en su boca.

Sus ojos entonces giraron a la dirección por donde había sido disparada juzgando por el ángulo del postura, la flecha y el viento.

Contempló la figura de la muchacha acercándose con pasos parcos frente a ella. Silencioso se mantuvo a un par de metros de la misma, finalmente ladeando la cabeza para observarla fijamente con la flecha entre ambas manos. Hubo silencio, y finalmente quebró la flecha sin dificultad.

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Podía escucharse la respiración del mayor, ¿Estaba molesto? ¿Era hostil? Su inexpresividad no denotaba nada de lo que por su cabeza podía estar pasando. Los segundos parecían horas hasta que finalmente carraspeó, tensó los músculos de su espalda y realizó una reverencia torpe. — D-Disculpe, esta flecha es suya pero la rompí porque ya no servía y... Queria mostrarle que no están muy bien tratadas —Explicó atragantándose con sus palabras, pues claramente este hombre de apariencia funesta era alguien neta y sencillamente tímido.

Su mano temblorosa se extendió hacia la joven. — ¿Puedo ver sus flechas? —Inquirió.
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#3
Elara se quedó un poco perpleja por lo que estaba pasando ahora mismo, como el hombre por un momento analizaba la situación. ¿Acaso la había estado viendo desde hace mucho tiempo? Se asustó un poco, pero también era porque pensó que le había dado a alguien y que ahora se metería en un lío legal, pero viendo como el tipo “analizaba” era lo más extraño que ella había visto. Se asustó un poquito, mientras que sus alitas se movían rápido por puros nervios.

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— ¡Ah! ¡Lo siento! ¡No quise darle! — empezó a decir casi gritando, pero se calló de golpe cuando el hombre rompió la flecha con una mano.

Se quedó quieta viendo cómo el extraño la analizaba. El tipo se veía aterrador, como si acabara de salir de un funeral o algo por el estilo, con un aire medio darks que daba miedo... pero cuando él habló y empezó a comentar todo tímido, Elara sintió que el corazón le daba un vuelco que ella no entendió del todo muy bien, algo que para ella era bastante sorpresivo.

Se fijó mejor en él y, aunque su mente le decía "corre", sus ojos se fueron directos a su pecho. Se notaba que era un hombre de esos que trabajan duro, por lo que de una forma que a Elara la dejó sin aire. Era algo que ella no podía controlar del todo muy bien, por desgracia, más aún cuando ella estaba en una situación que no podía controlar del todo. No le gustaba para nada sentirse de ese modo.

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— Ay no... nee~ ... concéntrate Elara, no seas tonta — se regañó a sí misma, sintiendo que la cara le ardía de la vergüenza. Y más aún cuando hablaba en voz baja.

Y para el colmo, ella es súper honesta, no pudo ocultar que el tipo le estaba causando una impresión tremenda que ella no podía evitar bajo ningún motivo. Se acercó un par de pasos, temblando un poco, y sacó el resto de sus flechas baratas para dárselas como él había pedido. Ella prácticamente accedió rápidamente. ¿Qué pasaba si ella se quedaba desarmada? ¿Acaso solamente lo hizo por que lo consideraba de “buen ver”? La pobre Elara a veces era demasiado ingenua en gran parte de las cosas.

— S-sí... claro, tómelas... nee~ — dijo con la voz toda tímida, tratando de no mirar de más ese pecho tan bien formado. — Ya sé que no sirven para nada... las compré en el muelle porque estaban baratas y el vendedor me juró que eran de las buenas. Se nota que me estafaron... — mencionó casi con resignación. Debido a que ella era consiente de “eso” pero aún así accedió para poder entrenar un poco. Pero que alguien se diese cuenta, lo hacía peor aún.

Le extendió las flechas con la mano, teniendo cuidado de no tocarle los dedos para no electrocutarse de los nervios. Porque eso sería lo peor que le podía pasar ahora mismo a ella. Era una desgracia viva.

— Usted... usted sabe mucho de maderas, ¿verdad? Se nota en sus manos... y en sus forma corporal... — se tapó la boca rápido al darse cuenta de lo que acababa de soltar por culpa de su honestidad. — ¡Digo! Que se nota que trabaja mucho. Soy Elara... y gracias por no enojarse porque casi le pego un flechazo. Casi siempre la gente solo me mira las alas como si fuera algo raro… ¡Pero usted es diferente! ¡Se fijó en algo más! Así que se lo agradezco. — le brindó una reverencia, casi por instinto. Y eso la hizo estar más sonrojada por la vergüenza y la timidez que tenía. Era demasiado franca para decir las cosas, no se medía.

Se quedó ahí parada, esperaba que sus mejillas dejaran de estar tan rojas, porque sentía que se iba a derretir ahí mismo frente al hombre. — ¿Puedo saber cual es su nombre? — mencionó Elara. Con una clara intención de saber cómo este encuentro podría ser provechoso para los dos. Al menos Elara estaba intentando controlar ese nerviosismo que a veces le jugaba una muy mala pasada.
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#4
Parecía torpe, nerviosa. Le daba ternura, y a Eros le agradaban las cosas tiernas. Era bueno saber que no era la única persona tímida en los mares, pues inclusive Gwen la de dulces modos era tan extrovertida que sabía ponerlo en ridículo. — N-No se preocupe, el que se ha cruzado por un campo de tiro fui yo... Cuando los pensamientos empiezan, me distraigo —Le restaría importancia al teórico agravio, quitándose el abrigo azabache para dejarlo en el suelo donde procedió a tomar asiento sin más. Entonces tomó de uno de los bolsillos internos del mismo una funda de cuero de no más de veinte centímetros envuelta en si misma. Al desplegarla funda algún que otro cincel, y lima se hicieron a la vista, dejándolos a su lado mientras dejaba las flechas con cuidado sobre su abrigo.

Tomó una de ellas, revisó la tensión y comenzó a observarlas a contraluz asintiendo. Estaba absorto, completamente concentrado. La mente del carpintero vagaba hacia lo pragmático, lo práctico y lo inmediato. Debía reparar las flechas porque en un momento de necesidad se podrían usar para proteger la vida, para honrar a los caídos, para vengar un destino. — La madera es madera, y la madera se puede trabajar. Quizás son de mala calidad, pero no soy un mal carpintero —La voz del funebrero era firme, cuando hablaba de sus propias habilidades esgrimía la confianza que a menudo parecía desconocida por él. Era una apreciación autocrítica realista, aunque pudiese sonar vanidoso. Para el juicio efectivo, bastaba ver la prolijidad de su trabajo.

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Con un temple sereno limaba, soplaba y pulía una por una las flechas. Entonces un zumbido, una voz. Sí, recordó que estaba hablando con la muchacha. Nervioso se palmeó la frente en represalia, una palmada que resonó notoriamente. — Ah, cierto... ¿Alas? Dijo... —Recapituló encogiéndose de hombros. — Cada persona es distinta —Fue todo lo que tuvo que decir en la materia a medida que revisaba el equilibrio de cada flecha una por una, las doblaba un poco y contemplaba sus terminaciones tras lijarlas con cariño.

Entonces recapituló, soplando su flequillo para apartarlo de su rostro a la vez que levantaba la mirada hacia la muchacha una vez más. — Mi nombre es Eros —Se presentó con un ligero asentir. — Eros Focalor, es un placer... No le cobraré por encargarme de esto así que no se preocupe —Pues el que había nacido con martillo y clavos en la cuna no conocía otro estilo de vida.

¿No es la vida solo clavos sobre tablas?
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#5
Mientras lo observaba, Elara se acomodó en el suelo con una sonrisa, tratando de que sus alitas no levantaran el polvillo del suelo, buscando no estar tan incómoda en la situación presente en estos momentos. Ahora que Elara lo observó sin su abrigo, su fetiche la golpeó con fuerza (¡maldición!) ya que al ver como los músculos de él se tensaban en cada movimiento de la lima, a la pobre Elara la dejaba completamente sin aire. Pero Elara no era solo una chica tímida, sino que también era una chica de mar y de ideales bastante fuertes.

— E-Eros… nee~ ¡Es un nombre muy bonito! — intentó sonar amigable, aunque siempre lo era. Elara siempre era alguien un aura angelical bastante presente, y era bastante inocente. — …Quizás ya lo dije, pero soy Elara Vangrim, navegante… o al menos eso intento en este mundo tan… peligroso. — dijo, trató sonar interesante al igual que él, mientras que los ojos verdes de la revolucionaria hacían un escaneo rápido hacia él, para volver rápidamente a su rostro. — Me sorprende conocer a alguien que utilice sus manos para poder crear… — añadió, mientras que aún con una sonrisa, aclaró. — Yo sería incapaz de poder hacer algo así, solo soy capaz de viajar para poder buscar algo más. En el cielo, el lugar de donde vengo… es muy hermoso, pero está lleno de injusticias, y creo que el mundo necesita gente que sepa construir puentes, y no solo muros. — el ideal de aventurera, de poder conocer el mundo, se hizo bien presente en Elara. Mientras que se inclinó un poco, dejando que su curiosidad de navegante fluyera tranquilamente hacia él.

De momento, se sentía tranquila. Dejando de lado su vergüenza que sentía al momento de poder mirarlo. Al menos nada estaba resultando tan complicado, ni tan difícil. Se sentía tranquila dentro de todo.

— En el mar, la madera creo que es muy vital. Si el barco no tiene alma, las olas obviamente se lo van a tragar. — quizás estaba hablando demasiado, mientras que comenzó a mover sus alitas de nuevo, se había emocionado (era como un perrito cuando movía su colita feliz). — Ver como tratas a las flechitas… me hace pensar que serías un navegante increíble, o el mejor aliado para alguien que quiera cambiar las cosas… ne. — a Elara le daban ganas de poder cantar para acompañar el ritmo de la lija que estaba haciendo el hombre, le gustaba animar el espíritu de los demás en los viajes largos, aunque claro, Elara aún no tenía la capacidad de poder hacer algo así. Aún estaba eternamente en la isla, aún no se sentía fuerte como para poder surcar los mares, y ni mucho menos sola.
 
Se quedó mirándolo con una mezcla de admiración y desafío, siendo honesta como siempre.


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— Si quieres, puedo ayudar en algo. Como navegante, entiendo mucho sobre el viento y la resistencia... nee~. Sé que si tiro una flecha a la izquierda, esta pueda girar a la derecha… Jajaja. — exclamó con una sonrisita tranquila. Esperando no hablar de más. Pero de algún modo estaba bastante relajada en estos momentos.
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#6
Hablaba bastante, pero a Eros no le molestaba en demasía. Sacó una pequeña botella con un líquido amarillento de uno de los laterales de su cinturón de herramientas, tomó un pincel que reposaba al lado de sus cinceles. Mojó las cerdas del pincel con el mismo y comenzó a barnizar las flechas con precisión milimétrica a medida que observaba con detenimiento los detalles finos. — Debe ser bonito, venir del cielo... Tengo una amiga que quiere conocer a Dios —Entonces asumió que las personas aladas eran ángeles, y se sentía aún más motivado para que las flechas terminasen bien. La sopló con dedicación por unos momentos antes de dejarlas reposando sobre el paño de cuero junto con sus herramientas, entonces se levantó con cuidado haciendo tronar su cuello.

Meditó por unos momentos las palabras de la muchacha, finalmente negando suavemente con la cabeza. — Soy demasiado tonto para ser navegante, pero sí soy bueno para proteger... Es lo que mejor hago, o al menos lo intento —Se encogió de hombros. El era alguien que buscaba cuidar tanto a los vivos, como a los muertos despues de todo y estaba dispuesto a destruir para conseguirlo. — Se tienen que secar un rato, por que les puse algo de barniz casero para reducir su resistencia al viento... Intenté arreglar los problemas de estabilidad y equilibrio, despues calculo que dependerá de su técnica —Aclaró con su tono parsimonioso antes de rascar su mejilla mirando hacia otro lado para evitar el contacto visual.

— ¿Cómo sería un mundo justo para usted? —La pregunta había despertado la curiosidad del muchacho, quien se sacaba los guantes de trabajo de a poco para dejarlos colgando de su cinturón. Amaba ahondar en lo que iba más allá de los terrenal, quizás por su crianza tan centrada en el ciclo de la vida y la muerte siempre había sentido imperioso el plantearse donde entra la moral en un mundo efímero. — Puedo construir puentes... Ataúdes, arreglo barcos, flechas... Si, si algo se puede arreglar lo puedo intentar pero también se me da mejor romper —Más natural, instintivo.
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#7
Elara observaba como él ocupaba sus herramientas y también las guardaba, mientras que también notó que se quitaba los guantes. Elara no pudo evitarlo; sus ojos desviaron hacia sus manos, y luego, inevitablemente, subieron por sus brazos hacia su pecho. El hecho de que él se sintiera un “protector” la hacía sentir segura, pero también hacía que su fetiche gritara con fuerza, por lo que Elara decidió tranquilizarse, para no cometer ningún tipo de error o algo que hiciera sentir incómodo al hombre recién conocido.

— ¿Protector? nee~ ... Bueno, creo que el mundo necesita más de eso que de gente que solo quiera pelear — dijo ella, tratando de recuperar el aliento. Debido a que esto aún le ocasionaba algo de vergüenza, y también algo de incomodidad. Por eso, respiró profundamente para que su sonrojo de sus mejillas no sea un impedimento para ella.

Cuando Eros le preguntó sobre qué sería un mundo justo, Elara se puso un poco más seria. Sus alas se agitaron suavemente, no por nervios, sino por la pasión de sus ideales revolucionarios. Con su honradez por delante, no podía darle una respuesta vacía. Así que decidió ser lo más honesta posible. Con el fin de poder dejar en claro su manera de pensar.

— Un mundo justo... Creo que sería uno donde nadie tenga que mirar hacia abajo con miedo, ni hacia arriba con envidia. Donde no importe si naciste en el cielo o en el mar, que tengas las mismas oportunidades de ser libre. No es justo que unos tengan tanto y otros no tengan ni para un trozo de madera... nee~ — suspiró, mirando las flechas que él había barnizado con tanto esmero.

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— Por eso me gusta lo que haces. Arreglas las cosas que otros dan por perdidas. Eso también es una forma de justicia. —

Se levantó del suelo, sacudiéndose un poco el polvo de la ropa ya que al menos Elara era alguien que siempre buscaba la manera de poder estar tranquila y también cómoda, y se acercó un paso más a él, quedando a una distancia un poco más corta (¡y esperaba no incomodarlo!).

El hecho de que él evitara el contacto visual le daba ternura, pero también la animaba a ser más honesta. ¡No podía negar el hecho de que ella quería poder darse a entender! Debido a que, Elara le gustaba poder ser social con los demás.

— Dices que se te da mejor romper... pero mira estas flechas. Estaban muertas y tú les diste una oportunidad que de seguro tiene muchísimo valor. nee~. — le soltó con una gran sonrisa, mientras que escuchaba con atención lo que él también decía. — Si puedes construir puentes y ataúdes, entonces puedes construir un futuro. — soltó con una sonrisita traviesa, aunque por dentro sus mejillas estaban ardiendo — Y sobre tu amiga que quiere conocer a Dios... dile que allá arriba no hay ningún dios, solo gente que se cree superior a los demás. — Se quedó mirándolo, esta vez sin desviar la vista, desafiándolo un poquito a que él también la mirara a ella.

— ¿Y tú? Si pudieras romper algo de este mundo para que sea mejor... ¿qué sería lo primero que destruirías con esas manos tan fuertes? nee~  — quería conocer un poco, mientras que tomaba una de las flechas, mientras que la apreciaba. Realmente estaba contenta. Y su rostro lo reflejaba con una amplia sonrisa.
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#8
Parecía alegre con el resultado, o quizás era naturalmente alegre, pero Eros estaba relativamente satisfecho a medida que guardaba sus cosas una por una en el cinturón de herramientas una vez terminada la faena con las flechas. Era la primera vez que intentaba solventar un defecto de algo tan frágil, e inclusive una herramienta de combate semejante pero con saber que estaban un poco mejor que cuando él se las había topado era más que suficiente para el sepulturero. — Entonces para ti la justicia radica en la igualdad de posibilidades... ¿Verdad? —Sonaba ideal, una utopía si se quería. Por un momento él mismo se preguntó su definición de justicia, pero era un poco distinta. Su diestra rascó su mentón antes de agacharse para levantar el abrigo del suelo, lo ondeó para sacarle el polvo y nuevamente se lo puso llamando una vez más al oscuro hermetismo de su prenda cual sotana.

Negó con la cabeza cuando sus habilidades fueron elogiadas, pues para él no era tal la ocasión. — Trabajo con la carpintería desde niño, no es nada más que costumbre... Más que nada se hacer ataúdes, esculpir lápidas, cincelar alguna que otra cosa y... Barcos supongo, sí, la carpintería naval se me da bien —Asintió con la cabeza al hablar de su labor, pues era de las pocas cosas de las cuales podía hablar con certeza absoluta al menos hasta ese momento de su vida. — Yo creo que hay que ser conscientes de las diferencias... Si yo fuese igual de fuerte que todos los que conozco no podría protegerlos ¿Verdad? Y si fuese más listo quizás mis amigos tendrían que esforzarse menos para compensarlo... A nivel de derechos y libertad sí me suena necesario que todos seamos iguales ante la justicia, pero al mismo tiempo es hipócrita de mi parte decirlo siendo un pi- —Se detuvo. — Pi... Pi... Pícaro carpintero —Intentó arreglarlo, su rostro inexpresivo desvió su mirada nuevamente y tras unos segundos de silencio, levantó el pulgar felicitándose a si mismo por haber sorteado esa confesión que casi escapaba de entre sus labios.

La última pregunta no obstante lo sacó de eje, pues era la primera vez que alguien ahondaba en ello y al vociferarlo en alto lo volvía consciente. Contempló sus manos por unos momentos, cerró sus puños y meditó las mismas. — Romper algo para que el mundo sea mejor... —Era una pregunta extraña pero en cierto punto le resultaba reconfortante la idea de que por destruir todo mejorase. — Mi debilidad —Replicó rápido y certero, asintiendo con la cabeza.

— Si no fuese tímido, y si fuese tan fuerte cómo para destruir a cualquier que se cruce frente a mi... Todo sería mejor, sí —Asintió, ¿Quizás podía entrenar para ello? Esperaba que sí, pues consideraba que las personas eran tanto herramientas cómo los usuarios de las mismas, que podían mejorar con la práctica, y el esfuerzo. — ¿P-Puede probar las flechas? —Inquirió finalmente buscando desviar la conversación de él mismo, pues no era un tópico interesante para él y asumía que para todos era igual.
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#9
Elara soltó una pequeña risa cuando él se llamó a sí mismo "pícaro carpintero". Era obvio que casi mete la pata o quizás decía algo que no debía de decir, y aunque ella no era la más lista, notó ese titubeo que en su mente simplemente le hizo reír internamente.

Decidió no decir nada; al fin y al cabo, ella no era nadie para juzgarlo ni mencionar algo relacionado a eso, no quería cometer ningún error que pueda ser peligroso para ellos. Se quedó observando cómo él se ponía el abrigo, ocultando de nuevo esos brazos que ella tanto había admirado. Una parte de ella se sintió un poco triste por dejar de ver ese "paisaje", pero la respuesta de Eros sobre su debilidad la dejó pensando un poquito, debido a que al menos para ella, el poder socializar con los demás, el poder entregar más que un mensaje, era algo que le hacía pensar muchísimo. O al menos, es lo que intuía.

— ¿Tu debilidad? nee~ —repitió ella en voz bajita, ya que ese (tic) que tenía, en muchas ocasiones le hacía sentirse un poco extraña. La respuesta fue tan rápida que le llegó al corazón, o al menos eso creía… quizás también era la idolatría que le tenía, aunque recién ambos se estaban conociendo, así que tenía que estar un poco más relajada, dentro de lo posible. — Sabes... ser fuerte para destruir a otros es fácil. Pero reconocer que eres tímido y querer mejorar por tus amigos... eso te hace más fuerte que cualquier otro monstruo de esta isla. — al menos Elara quería decir algo para poder hacerlo sentir cómodo. Debía de hacerlo, aunque también estaba un poco curiosa de saber qué otras cosas podrían pasar. Todo era un completo misterio, al menos para ella…

Cuando él desvió el tema hacia las flechas, Elara comprendió que se estaba poniendo nervioso. ¡Era tan tierno! Tomó su arco, sintiendo el peso de la madera, y colocó una de las flechas reparadas. Estaba algo entusiasmada por saber qué pasaría. Al menos quería ser una digna arquera para poder demostrar sus talentos. No por nada, Eros la había ayudado. Quería hacerlo sentir orgulloso también.

— ¡Claro que sí! nee~. Vamos a ver qué tal quedaron estas bellezas... —se posicionó con elegancia, estirando la cuerda. Sus ojos verdes se afilaron, buscando un tronco lejano. — Si vuelan recto, será gracias a tus manos. ¡Mira bien! — estiró sus alas, al menos en porte y elegancia, Elara era bastante angelical en aquello. Así que quería esforzarse por eso. No quería cometer ningún error… no se lo perdonaría.

Soltó la cuerda y la flecha salió disparada con una vibración perfecta, clavándose justo en el centro del objetivo... Elara dio un saltito de alegría, pero su emoción fue demasiada; al girarse rápido para presumir su éxito, su bota se enredó con una raíz traicionera. ¡Estaba casi que se caía! Quizás con el entusiasmo que tenía ella, de poder dar lo mejor de sí misma, para que el chico pueda de algún modo ver sus logros… ¡cometió un grave error de creer que sería capaz de hacer algo diferente! Estaba realmente confundida. Pero no podía hacer mucho más.

— ¡A-ah! ¡Nee~ ! —exclamó mientras perdía el equilibrio, tambaleándose peligrosamente hacia Eros. ¡Mierda, mierda, mierda! Estaba en un grave aprieto.

En un intento desesperado por no caer, terminó sujetándose con fuerza de la solapa de su abrigo, quedando a escasos centímetros de su pecho. El silencio que siguió fue sepulcral, quizás inclusive para un fúnebre como él, era algo de todos los días, pero Elara quería enterrarse viva, ahí mismo.

Elara podía sentir el rubor en sus mejillas, debido a que no quería, y ni mucho menos se atrevía a mirarlo a el sepulturero y… pero bueno, tenía que ser fuerte, por eso mismo al levantar la vista, se dio cuenta de que lo había dejado en una posición muy comprometida (nada fuera de lo normal, simplemente Elara invadiendo por error el espacio personal del contrario).

— L-lo siento... ¡el suelo se movió solo! —balbuceó, roja como un tomate, pero sin soltarlo todavía. — Creo que como arquera… tengo mucho que aprender aún… — soltó con temor, mientras que aun con sus alas aleteando del nerviosismo, más sus piernas temblando cual jalea, se separó un poquito. Desviando ahora completamente la atención, soltó — ¿Ves? ¡Lo logré! Las flechas quedaron de maravilla. — ella aún no podía mentir, así que sus alas delataban completamente el nerviosismo que ella tenía en estos instantes.

Era horrible. Completamente horrible.
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#10
El sepulturero se mantuvo atento a las palabras de la muchacha, dejando que éstas se asentasen en sus pensamientos sin apurarse por romper el silencio. Entendía que había distintos tipo de fuerza cómo la muchacha le había comentado, pasando por su cabeza entonces todas las veces que la autocrítica había sido quizás la mas destructiva de todas en lo que a él respectaba. Para él la disciplina era un deber, un peso que cargaba consigo a todos lados. Asintió un par de veces, no necesariamente porque estuviese de acuerdo con la muchacha sino porque entendía el orden de sus propios pensamientos en respuesta, e introspectivo confirmaba cerrar los conceptos que plagaban su cabeza. — No se yo si tener autocrítica termine siendo un parámetro fundamental cuando alguien me ponga una pistola en la cabeza pero sí, tiene un punto... Hay distintos tipos de fuerza, y distintos tipos de debilidades —En eso estaba más que de acuerdo.

Apenas la skypiean tensó el curioso arco, la atención del carpintero se mantuvo fija en ella. Contempló su postura, el ritmo de su respiración y su técnica como algo que le era ajeno por la naturaleza bruta y salvaje de su estilo de combate pero que un así admiraba como alguien que sabía reconocer una buena postura de batalla. Cuando la flecha fue soltada, Eros no pudo ver el vuelo de la misma por su falta de reflejos en comparación con el avisado tiro de la muchacha y eso significaba que el resultado fue exitoso; tanto de su trabajo en las flechas, como por parte de la joven en su lanzamiento.

Un tiro perfecto, su mirada volvió a la muchacha que ahora parecía estar cayéndose hacia él. La situación pareció transcurrir en cámara lenta, ¿Estaba siendo atacado? Eros podía haberse movido y contra-atacado con sus puños sí, pero no parecía ser más que un accidente producto de la torpeza de la muchacha, moviéndose el funebrero tan solo un par de pasos hacia atrás para tener mayor alcance en sus brazos para sostener a la muchacha por los hombros deteniendo su caída en seco.

Parecía disculparse aludiendo que el suelo se movió solo ¿Un terremoto quizás? Eros se dijo a si mismo que lo habría sentido, se la notaba nerviosa ¿Quizás no solamente él era pésimo con las interacciones sociales? A Eros no le dio vergüenza la proximidad, pues un accidente lo tiene cualquiera. Simplemente ladeó la cabeza con serenidad, y finalmente negó. — No se preocupe, no me ha sido molestia ni mucho menos —Aclaró en pos de que se quedase tranquila, finalmente mirando hacia un lado y hacia el otro antes de asentir con su atención nuevamente en la muchacha. — Bueno, creo que eso es todo lo que puedo hacer por aquí... Fue un placer —Hubo una suave reverencia de su cabeza, y entonces giró sus talones dispuesto a seguir su camino, satisfecho con su deber cumplido.

Karmas Usados
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