Confusión en el primer día | Presente relativo | Autonarrada T1
#1
Invierno, día 32. Año 16.

Tras el accidentado desembarco en Baterilla, Enji, junto a Ford, su fiel gato, y Ryoma, “El martillo”, un infame peleador caído en desgracia en la Isla del Karate al cual Enji había capturado unas semanas atrás, se dispusieron a recorrer la playa. El bote había quedado destruído, sus piezas regadas en la costa, pero los tres, por los pelos, lograron hacer pie en la arena. Ryoma estaba atado, sus muñecas, rodillas y tobillos fuertemente asegurados con lo que parecían ser prendas de ropa reconvertidas a sogas. Se trataba, ni más ni menos, que del uniforme de marine de Enji, el cual había descartado en favor de pasearse en ropa interior. Una cosa muy propia del caótico marine.

Enji tenía a Ryoma cargado en el hombro y Ford caminaba a su lado, dando pasos largos para que no se le hundieran las patas en la fina arena.

—¿Y? ¿Qué te parece Baterilla, Martillo? Hace un frío de cagarse, pero estamos en invierno, así que es normal. De todas formas, hace menos frío que en Karate. ¡Esta es una isla paradisíaca!

El prisionero balbuceó unas palabras, ininteligible. Enji, entonces, recordó que le había metido una media en la boca para que dejara de quejarse. Agitó la cabeza, sintiéndos tonto, y bajó a Ryoma para sacarle la mordaza.

—Ahí estás —musitó al retirar la media.

—¡HIJO DE PUTA!

Y la volvió a colocar en su lugar.

—¡Eh! ¿Qué te dije de los insultos? Mi madre es una santa, cabrón. Vuelve a mencionarla y será mi pie lo que entre en tu boca, en lugar de una simple media —advirtió, acuclillado junto al maniatado peleador de artes marciales.

Ryoma lo miró a los ojos, colérico. Ese enojó menguó al cabo de unos segundos, y, pasados cinco minutos de absoluto silencio, se resignó y bajó la mirada. Enji sonrió.

—Muy bien. A ver, probemos de nuevo… —Apartó la media, esta vez más lento, y el Martillo permaneció tranquilo. Escupió unas pelusas pero no emitió ninguna queja—. Exactamente. ¿Lo ves? Mucho más cómodo así, ¿no te parece?

—Sí, sí. —replicó Ryoma—. Al menos, estaban limpias…

—¡Claro que estaban limpias! Yo nunca uso medias, idiota.

Las palabras salieron de su boca como si se tratara de una obviedad.

Enji se puso en pie y volvió a cargar al prisionero sobre su hombro. Ford, que había sido testigo de toda la secuencia, se acercó y trepó por la pierna de Enji, luego por su espalda y terminó sentándose sobre la espalda del peleador, que miraba hacia arriba, al cielo, por la forma en que lo estaban cargando. La misma forma, exacta además, como se cargaba una pesada bolsa de patatas.

—¿Y? ¿Qué te parece la isla, amigote? —insistió—. Tiene toda la pinta de ser un gran lugar para tomarse unas vacaciones, y, hermano, de todas las personas en el mundo, creo que tu eres una de las que más vacaciones necesita. ¿Te has visto la cara? Parece que tuvieras un palo metido en el culo todo el día.

—No, no tengo un palo en el culo. Tengo a un maldito marine en la cara…

—¿Eh? De mi pequeño compañero no vas a estar hablando. Ford, arañalo.

El gato asintió y sacó sus garras, cosa que Ryoma escuchó y se puso nervioso. Enji lo notó en la forma que su cuerpo se tensó.

—¡Okey, okey! Lo siento. Dile a la bola de pelos…

—Ford —lo cortó.

—Eso, eso. Ford… dile que no lo haga.

Enji miró a Ford, Ford miró a Enji y los dos asintieron. El gato retrajo sus garras.

—¿Lo ves? Podemos llevarnos bien, Martillo. Sólo tienes que prometer que dejarás de golpear y lesionar a estudiantes de artes marciales en tu isla, cumplir con algunos meses de prisión y trabajas forzados, quizá alguna paliza…

—¡Hey!

La conversación se vio interrumpida por la aparición de dos siluetas provenientes de la isla. Enji las enfocó y se hizo visera con la mano que tenía libre para que el sol no molestase a sus ojos. Se trataba de dos personas, un hombre y una mujer. La mujer era más alta, rondando los cinco metros, mientras el hombre, apenas más alto que Enji, debía superar por muy poco los dos metros. Ella llevaba trenzas y él, una cola de caballo. Los dos rubios.

Quien había hablado era la mujer.

—¡Alto ahí! Identifiquense —dijo el sujeto, parándose con los brazos cruzados a diez metros de Enji y su grupo.

El marine aguzó la mirada y reconoció la tela blanca, lisa e impoluta, las tiras azules, las gorras…

¡Eran marines!

—¡Eh! ¿Qué tal, señor y señora “Palo en el culo”? ¡Shihaha!—Se rió de su propio chiste y dejó caer a Ryoma, que aterrizó de espaldas en el suelo—. ¿Escuchaste eso? ¡Ellos son como tú, amigo! Unos estirados con el culo…

Una mano enorme cayendo contra su cabeza lo obligó a cerrar la boca y dar un salto al costado. La mano golpeó el suelo, levantó arena y estuvo a punto de aplastar a Ryoma, que maldijo desde su impotencia.

—¡Eh! ¿Qué te pasa a ti, grandota?

—Nos informaron de que Enji, un compañero marine, llegaría a la isla en compañía de Ryoma, “El martillo”, para llevarlo preso. No sé cómo conseguiste escapar de las cadenas y amordazar así a nuestro compañero, criminal, ¡pero ni creas que toleraremos tus faltas de respeto! —expuso la fémina.

—Te recomiendo rendirte. Mi compañera, Amazonia, no es la mejor conteniendo sus golpes —dijo, más calmado, la otra parte del dúo.

Enji infló los mofletes para contener la carcajada que quería escapar.

—¿Qué? ¿En serio me están diciendo…?

—¡Ayúdenme! —interrumpió Ryoma desde el suelo—. ¡Fue su gato! Lo utilizó para liberarse y atacarme por sorpresa. Es un peleador muy hábil, ¡pero tiene una fruta del diablo y estamos junto al mar! ¡Deben noquearlo rápido, antes de que use sus habilidades!

La pareja se miró el uno al otro y luego asintieron antes de colocarse en una postura de combate combinada. Brazos y piernas de uno se solapaban con las del otro, denotando su coordinación.

—Hijo de puta… —murmuró Enji, y sonrió—. ¡Que divertido lo haces, eh!

Una sustancia viscosa empezó a brotar de su piel, emergiendo de sus poros como si se tratase de sudor. Tenía un color azulado, por momentos violáceo, y al caer a la arena emitía un pequeño vapor.

—¡Ríndete!

—¡Ayúdenme!

—¡Shihahahahaha!

—¡Miau!


—¿Cuál es el reporte oficial? ¿Amazonia? ¿Rick?

Una joven marine de lentes anotaba en su libreta, de forma rápida y precisa, los datos que se revelaban sobre el incidente a las costas de Baterilla.

—Vimos llegar a dos individuos a la isla. Uno de ellos, quien más tarde sería identificado como Ryoma, “El martillo”, estaba atado con ropas de marine, y el otro, aquí presente ahora mismo, estaba en ropa interior —dijo Amazonia.

La gigante estaba parada firme junto a la pared, la espalda recta y los labios hinchados, además de un ojo cerrado por la inflamación del párpado.

—Nos acercamos y pedimos explícitamente identificación —dijo Rick, parado a un lado de Amazonia, en la misma postura y con dos dientes menos en su perfecta dentadura. Las dos paletas faltaban—. El hombre atado con nuestro uniforme se identificó como Enji y pidió ayuda. Nosotros lo socorrimos, creyendo que se trataba del compañero de cuya llegada se nos informó más temprano el día de hoy.

—El otro sujeto, que resultó ser el verdadero Enji, jamás hizo por intentar aclarar la confusión —aclaró Amazonia mientras se relamía el labio inferior lastimado—. Y se disparó una pelea.

—Ya veo —musitó la mujer de lentes sin dejar de anotar todo en su cuaderno—. ¿Algo que agregar a su relato, Enji?

—¡Dí!

Enji, con los labios totalmente hinchados, los dos ojos cerrados a causa de múltiples moretones que le impedían abrirlos, un corte suturado sobre la ceja derecha y la mitad de la cara morada, apenas podía hablar. Su lengua se asomaba entre sus labios a causa de la inflamación. Estaba cubierto de moretones por todo el cuerpo y, en efecto, seguía en ropa interior.

—¡Edtod doz idiodaz pedan como madicas! ¡Pedeamos uda hoda hasta de diedon cuedta de de Dyoma edtaba hudendo! ¡Y di diquieda me dasdimaron mudo!

Se cruzó de brazos y Ford, parado sobre su hombro, imitó el gesto como pudo. Hacía unos minutos había desaparecido y acababa de regresar, trayendo consigo un par de gafas de sol de cristales redondos. ¿Cómo se las había colocado o quién lo había hecho? Enji no tenía idea, pero el gatito se veía bien y eso le bastaba.

—Bueno… —La joven no supo exactamente qué decir. No era su trabajo juzgar lo sucedido, sino tomar nota y dar el informe a un superior—. Por suerte, pudieron recapturar a Ryoma a solo unos kilómetros de la playa y no hubo mayores incidentes. De todas formas, este reporte será dado a una autoridad superior en rango y ellos decidirán si el incidente requiere sanción o no. Mientras tanto, por favor, vayan a la enfermería y… Enji, bienvenido al Cuartel de la Marina de Isla Baterilla. Por favor, ponte el uniforme…

Enji giró la cabeza y miró a otro lado, ofendido.

—Do.

Off
#2
✓
Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 15

— Berries: 10k

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