Otra cara de la moneda [Presente Absoluto T2]
#11
A pesar de que Xiang Qi creía tener todas las de ganar al atacarte por sorpresa, su propia cólera terminó jugándole en contra. Preso de su ira descontrolada, ni siquiera se dio cuenta de que había perdido los guantes durante el ataque, reduciendo considerablemente la fuerza de su golpe. El impacto fue menor de lo que el muchacho había esperado, su rabia lo había cegado y ese descuido le costó caro.

Cuando Xiang Qi por fin se alejó unos pasos, la cólera que lo consumía pareció disminuir, aunque solo fuera por un instante. En su mente, estaba convencido de haberte asestado un golpe lo suficientemente fuerte como para dejarte incapaz de reaccionar, pero no fue así en absoluto. El golpe que tú le devolviste, la frase que pronunciaste después y la idea cada vez más clara para él de que todo aquello no era más que un juego, un juego que estaba perdiendo y que la Marina terminaría ganando, comenzaron a devorarlo por dentro una vez más.

La rabia regresó con fuerza renovada, y Xiang Qi, lejos de calmarse, estaba a punto de cometer otro error. Al verte alejarte con apenas unos movimientos, el joven interpretó que estabas huyendo y, convencido de ello, se lanzó a correr hacia ti sin medir consecuencias, pero su suposición fue equivocada, porque lo que Xiang Qi estuvo ignorando todo este tiempo es que aunque individualmente cada marine es fuerte y tiene sus ventajas en una u otra cosa, lo que verdaderamente hace fuerte a un marine, es su división, su equipo, su grupo y aunque este no era precisamente el tuyo Enji, era el que mas cerca estaba.

En cuanto el joven acortó la distancia, fueron dos cuerpos quienes avanzaron de golpe desde detrás de uno de los edificios. Dos puñetazos certeros se estrellaron directamente contra su estómago, cortándole el aire y deteniendo en seco su ofensiva dejándolo en el piso tirado con absolutamente nada de aire. —Eh, novato, vinimos a echarte una mano. — La voz vino de uno de los dos que acababan de golpear a Xiang Qi. Vestía un traje con gorro blanco, claramente reconocible, y fue él quien se dirigió a ti mientras bajaba los brazos tras el impacto, el refuerzo ya estaba allí, aunque claramente no lo habías pedido y sobre todo no lo necesitabas.

—División 117, a tus servicios. — Esta vez fue la otra persona que había golpeado al joven quien habló. Se trataba de una mujer con los brazos inusualmente largos, mucho más de lo que cabría esperar en un humano común y corriente. Aquella particularidad física no pasaba desapercibida y le daba una presencia tan extraña como inquietante. —Te estuvimos observando un poco. —volvió a hablar la misma chica—. Y aunque parecía que lo tenías todo bajo control, era mejor intervenir ahora, mientras Megumi y Takako se encargan de perseguir al tirador.

División 117


Al terminar la frase, dirigió la mirada hacia los tejados. Allí podían verse al joven marine del disparo y a otra chica armada con una espada, desplazándose de techo en techo mientras cargaban con el cuerpo esposado de una mujer. —No hace falta esperar más. —comentó el hombre de la pistola al descender de un salto desde uno de los tejados, sujetando a la ahora prisionera con firmeza. Tras él cayó su compañera, también marine, empuñando una katana. A diferencia del resto, su actitud era mucho más reservada, casi introvertida, observando la escena con calma y sin decir una sola palabra.

—El crédito es todo tuyo, novato. Nosotros solo vinimos como observadores; así se relatará en el informe. — volvió a hablar el chico del traje con gorro. La arrogancia era evidente en su tono. Por su aspecto, no parecía ser mucho mayor que tú, y aun así te llamaba novato con una ligereza que rozaba la falta de respeto o quizá era simplemente un exceso de confianza, fuera como fuera, estaba claro que aquel comentario no era un gesto de cortesía, sino una forma de marcar territorio, ahora era tu decisión el qué hacer.

Xiang Qi había quedado completamente noqueado tras el doble golpe ejecutado por Tamiel y Etsuki, dejando claro que el enfrentamiento había llegado a su fin. El trabajo estaba hecho, la situación se había resuelto exactamente como tu superior te lo había pedido, pero algo más había quedado en evidencia, acababas de presenciar de primera mano qué era realmente una división y cómo funcionaba un equipo bien coordinado. Por primera vez, la idea de luchar siempre en solitario podría haber comenzado a tambalearse dentro de ti, tal vez enfrentarlo todo solo, pelear sin respaldo, no era la mejor opción después de todo. Quizá había llegado el momento de replantearte tu camino como marine, de buscar una división, de formar lazos con compañeros leales, personas que compartieran tus ideales o incluso tus mismos desintereses.

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#12
La adrenalina hervía en sus venas, como hierro fundido corriendo por todo su cuerpo. Era fina, muy fina la línea que lo separaba de la derrota. Un paso en falso. Un movimiento de más, o uno de menos, y estaría acabado. Lo sabía. Pese a su confianza, pese a su arrogancia, lo sabía, y eso le jodía. El estómago se le retorcía de la rabia de sólo pensar en perder con ese crío.

El adoquín del suelo silbó al paso de su suela. Se arrastraba, usando la fricción para ralentizar su avance y prepararse para el próximo ataque.

«En corta distancia es más rápido que yo», admitió para sus adentros. «Pero en la carrera larga le saco ventaja. Tengo que aprovecharme de esto. Alargar este juego, sacarle partido a su rabia y su frustración. Encontraré huecos, y quizá…»

Enji, después de deslizarse poco más de dos metros a la rastra, plantó la palma de su mano derecha en el suelo y se detuvo por completo. Algo había pasado. Tenía toda su atención puesta en Xiang Qi, la enteridad de sus sentidos dedicados a percibir cada movimiento, gesto y sonido que hiciera, así que, cuando las dos figuras arremetieron contra él, fue testigo, con lujo de detalle, de la maniobra. Se movieron más rápido de lo que Enji podía percibir, así que solamente vio cómo, de pronto, esas dos personas aparecían, como salidas de la mismísima nada o materializadas en un parpadeo. Lo mismo pasó con el muchacho, que recibió el golpe de lleno y cayó derrotado en un instante. Un solo movimiento y esa persona que tantos problemas le estaba causando estaba en el piso, sin aire, con los ojos blancos y la boca abierta tratando de respirar.

Aguantó en la postura de salida unos segundos, procesando lo que acababa de pasar hasta llegar a la conclusión de que ya no haría falta volver a atacar. El veneno acumulado en su mano derecha cayó al suelo. Era una masa violácea, densa y que chilló al tocar el adoquín.

Se incorporó.

—¿Novato? —replicó—. Yo no pedí…

«División 117, a tus servicios»

La mirada del marine se oscureció. No había pedido ayuda, no necesitaba ayuda y, aún así, allí estaban. La división 117 resolvió el problema en un momento.

Enji apretó los dientes, su mandíbula tensa. Estaba sudando, tenía el corazón acelerado a causa de la exigencia física del combate y empezaba a notar las primeras señales de fatiga. Mientras tanto, ellos estaban como nuevos, ni se habían despeinado.

Otros dos marines de la división aparecieron trayendo consigo a la tiradora. Se había terminado.

—El informe me importa una hectárea de verga —dijo Enji. Escupió las palabras con rabia mientras se acercaba con paso pesado al muchacho de la capucha blanca—. ¿Quién mierda se creen para meterse en mi pelea? ¿Atacan por sorpresa a un rival que no es suyo, putos cobardes?

La ira ardía en sus pupilas rojas, convertidas en lunas de sangre. En el fondo, sin embargo, sabía que ese no era el motivo. La división 117 acababa de hacerle sentir pequeño, débil e impotente, como un niño al que deben salvar sus hermanos mayores. Una sensación que sólo empeoraba al reparar en la juventud de la división.

Cazó a Xiang Qi de la camiseta y de un tirón lo levantó y se lo cargó en el hombro.

—No se vuelvan a meter en mi camino —advirtió, y se dirigió al cuartel.

En el camino, mientras atravesaba las calles del pueblo, Enji sintió miradas. Poco disimulados, los civiles susurraban entre sí cosas que el marine no llegaba a entender. Esto alimentó su paranoia.

«Creen que soy débil», se dijo y apretó el puño. «Carajo, así nunca voy a destacar. Necesito empezar a escalar en esto… o nunca los voy a encontrar»

Sus dientes querían crujir de la presión que ejercía su mandíbula. Quería crecer, subir de rango y empezar a ser importante, y no sólo otro soldado raso del montón.

Enji suspiró.

«Necesito herramientas, poder. Necesito… esclavos»

En otras palabras, necesitaba un equipo.

Off
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#13
✓
Aventura Tier 2: Completada

NARRADOR (Tensui ):

— Puntos Mugiwara: 15

— Puntos de Rol: 20

— Berries: 30.000



PARTICIPANTE 1 (Enji):

— Puntos Mugiwara: 10

— Reputación: 20 + 5 

— Berries: 20.000

STAFF DE NAKAMA NO MI
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