El largo camino a casa | Aventura T1, P. relativo | Juan
#1
Invierno, día 23. Año 16.

El reloj marca las siete pasado el mediodía. Es tarde. ¿O temprano? El sol ya se ha ocultado, pero, claro, es invierno, y lo que tiene el invierno es que hace los días más cortos. A esta misma hora, en primavera o verano, la ciudad sería un hervidero de personas, locales y pasajeras, pululando las calles y aceras de la pintoresca Baquella, cuyas paredes blancas y tejados anaranjados brindaban esa sensación de confort, pureza y tranquilidad características de un pueblo humilde y costero, que vive de la pesca y la buena predisposición de sus lugareños para cuidar de su hogar y brindarle una buena experiencia a todo visitante que pise sus suelos por primera vez.

El sol se había escondido, sin embargo, y así como la calidez del día reconfortaba, el frío de la noche, por contraste, inquietaba las almas de los distraídos. Los colores del cielo se perdieron en un abrir y cerrar de ojos. El movimiento, los pasos apurados, miradas y sonrisas desaparecieron. Se evaporaron en el aire como gotas de rocío en el volcán.

Allí te encontramos, joven marine.

Las calles del pueblo te rodean y envuelven. Suben, bajan, giran y se pierden en la noche. Una noche especialmente oscura. ¿Quién se ha robado las estrellas? En el cielo no se ve ninguna, mientras las calles, peladas de gente, conservan gotas de su luz. Farolas a cada lado del camino. Algunas apagadas por culpa del vandalismo, otras desgastadas por el tiempo y la falta de cuidados. Así, una de cada cinco farolas no funciona y el resto hace lo posible por suplir la falta de luz en esos escuetos lugares. Esas bocas de lobo.

Tac, tac.

Un sonido te inunda los oídos, Pinza Roja. El único sonido que se atreve a romper con la hegemonía del silencio. El único que se proyecta desde el fondo de la calle principal donde estás apostado, sirviendo las últimas horas de patrullaje que te corresponden obligatoriamente como soldado raso de la marina.

Desde la neblinosa oscuridad, una figura emerge. Lo primero que ves es su bastón, un instrumento de madera, largo, que golpea el adoquín del suelo generando ese sonido que percibiste primero. Lo segundo que puedes matizar es su tamaño: pequeño, especialmente al plantarse a tu lado. ¿Metro y medio, quizá? Un hombre encorvado cuyas blancas pupilas te atraviesan el alma. Por un instante, lo que demoras en deducir su ceguera, el hombre parece estar escrutandote.

El bastón termina chocando contra tu pierna.

—¿Hola? —llamó el anciano. Su delgado cabello cano cae hacia atrás, suelto. Viste una yukata marrón con un listón de tela negra como cinturón que le cubre todo el abdomen—. ¿Hay alguien…? Estoy perdido, señor.

Después de darte dos toques más, el hombre se detiene y planta el bastón en el suelo. Sus manos se entrelazan sobre el pomo curvo y con una expresión sumamente amable, mira adelante. No a ti, Juan Sebastian, sino al camino. A la nada.

Su paternal expresión, sin embargo, se ve manchada por dos cicatrices verticales que cruzan su rostro desde la frente, pasan por sobre cada uno de sus ojos y terminan al final de los pómulos.

—Mi casa… está de camino al volcán. Es la casa más cercana. ¿Será que podría guiarme? Sólo unas pocas calles, hasta que me oriente y... bueno, luego puedo continuar solo.

El camino más directo en dirección al volcán se traza hacia el norte, en una calle pequeña, mucho más pequeña y peor iluminada que la principal. También menos transitada, si cabe. Por otro lado, está la calle principal, por donde podrías avanzar hasta llegar al límite del pueblo y desde allí rodear hacia la dirección que apuntó el viejo.

Por supuesto, está en el marine decidir cómo proceder. Mientras, el viejo permanece con la mirada puesta al frente, difuminada en la oscuridad que lo había cegado permanentemente. Una oscuridad mucho más profunda que aquella que los rodea.

Contenido Oculto


Contenido Oculto

Contenido Oculto

Off
#2
El día había transcurrido con normalidad, patrullando las rutas comunes sin mayores incidentes, más allá del frío que se hacía más presente a medida que caía la tarde —Que ganas de meterme en mi cama y arroparme... ¿Cuánto quedará para que se acabe el invierno?— Ya mismo era la hora de terminar mi día de trabajo, el sol había caído completamente y la oscuridad empezaba a inundar las calles pobremente alumbradas. Ni siquiera había gente por las calles, había entonces una razón para estar patrullando ¿Si no hay nadie a quien ayudar entonces que sentido tenía estar allí?

Cuando estaba por cambiar de ubicación, un sonido procedente de la oscuridad llamó mi atención *Tac, tac*. El sonido fue producido por un bastón, que iba acompañado de un pequeño anciano que se ayudaba de él para andar. El hombre no se detuvo hasta chocar su bastón contra mi pierna, miré con detenimiento su rostro para confirmar lo que se me había pasado por la mente, efectivamente, era un hombre ciego que tenía dos enormes cicatrices en su rostro. El anciano se detuvo luego de pedir ayuda, se había perdido —Por supuesto señor. Mi nombre es Juan, soy un recluta de la Marina y estoy para lo que usted necesite— No podía imaginar lo que era una vida sin ver, hay tantas cosas increíbles que ver en este mundo... Pero eso no era algo en lo que pudiese ayudar a este señor, tenía que centrarme en hacer todo lo posible para mitigar su carga

—¿Dirección al volcán dice? No será un problema— Lo dije repleto de confianza, ciertamente sabía hacia donde estaba el volcán, aunque con la oscuridad era difícil saber que camino era el mejor. La calle principal seguro que era un camino más largo, no estaba seguro de si el anciano se encontraba en condiciones de andar todo ese recorrido. Por otro lado el camino más estrecho estaba peor iluminado, lo que podría atraer más al peligro, pero, para eso estaba yo allí ¿Verdad? Nadie tocaría al señor invidente mientras estuviese a mi lado.

—Muy bien señor, agarre mi mano. Yo le guiaré— Le dije antes de tocarle con mi mano izquierda. Una vez me dio la mano, nos adentramos en el camino hacia el norte, directos hacia el volcán ¿Qué era lo peor que podía pasar? 

 
Resumen


Karmas


off
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
#3
El anciano se quedó en silencio y estático, a la espera de una respuesta. Su postura, gesto y mirada compartían un mismo sentimiento, transmitían una misma sensación: sosiego. No había apuro en sus movimientos. Incluso su respiración era paciente, lenta y profunda. Los viejos pulmones, gastados por una vida, cuánto menos, extensa, generaban un sonido de gorgoteo al dejar entrar el aire. Cualquiera que no lo hubiera escuchado hablar hacía solo un instante podría llegar a la conclusión de que el abuelo se había quedado dormido de pie.

Tú, Juan, sin embargo, tienes la certeza de que no es así. El viejo espera tu respuesta y cuando la recibe, su semblante cambia. Hasta entonces, sin una señal evidente, había estado a la expectativa, pero con tu respuesta confirma la presencia de otra persona en el lugar. Una pequeña tensión en sus hombros se relaja.

—Oh, Juan, muchísimas gracias.

Después de recibir tu indicación, el anciano mueve su mano derecha y tantea el aire hasta dar con tu escamoso brazo. Lejos de asustarse, sus párpados se abren con curiosidad y decide rodear, cómo puede, tu extremidad y usarte de anclaje para darse equilibrio.

—Este es un brazo fuerte, mijo. ¿Eres un Gyojin? —La pregunta es directa y la curiosidad, sincera—. Es la primera vez que me topo con uno en Baquella. Dijiste que eras marine, ¿hace cuánto te asignaron aquí?

Al ritmo del taimado andar del abuelo, su camino se reanuda. Las dos figuras, anciano y marine, se internan en las oscuras calles del camino más corto hacia el hogar. Rodear podía ser la opción más segura para los civiles normales, pero Pinza Roja es un marine, una extensión de la ley, y allí donde camine se convierte automáticamente en el sendero más seguro. Después de todo, ¿quien en su sano juicio intentaría hacer nada contra el enorme Gyojin y su característica pinza?

—Me llamo Koda —dijo el anciano al cabo de unos minutos. Su mirada, nublada, se mantenía al frente, sin enfocar ningún punto en particular—. Lamento no haberme presentado antes, mijo. Es una mala costumbre adquirida con la edad. Asumo que ya todo el mundo en esta isla conoce mi nombre, ¡jojojo!

El camino pierde luz a medida que avanzan. Las farolas, cada vez más vandalizadas, empiezan a mostrar luz dos de cada tres. Después, con suerte, una de cada tres farolas permanecía encendida. A los pies se podían apreciar los cristales rotos y, en ocasiones, hasta las piedras que los habían reventado. Micro escenas del crimen. Las calles, por su parte, se vuelven cada vez más pequeñas, más angostas y precarias, consumiendo la acera hasta convertirla en un solo sendero atravesado por una docena de callejuelas.

—¡Eh!

De pronto, una voz rompe el silencio que los rodea. El tono es particular, reconocible por la forma en que la lengua parece trabarse y encharcar las palabras antes de despedirlas: un borracho. La silueta se asoma desde el callejón a su derecha, seguida de una segunda silueta, después una tercera y así, hasta que, en un parpadeo, Juan y Koda están parados frente a toda una pequeña multitud. El hedor a alcohol que despiden habla de su poca vergüenza. Visten harapos, la mayoría de ellos manchados y/o rotos. En su piel, pese a la poca luz, puedes apreciar la irritación y el enrojecimiento típicos de una larga exposición a la luz del sol.

El primero en aparecer también es quien se para al frente de la banda y encara tanto a Pinza Roja como al anciano.

—Miren nada más. Tenemos a un anciano y a su… mascota —dijo, despectivo, y escupió una masa sanguinolenta al suelo—. Y justo nosotros acabamos de quedarnos sin alcohol. ¿No les interesaría colaborar con unas monedas para la causa?

Y, como incentivo a la caridad, sacó de su bolsillo un punzón precario e improvisado. Lo que alguna vez fuera un trozo de chapa había sido afilado raspando contra una piedra hasta darle forma de punta. El resto se carcajeó mientras algunos sacaban palos de detrás de la espalda y se encaraban a Juan.

—Denos todo lo que tengan en los bolsillos.

Koda se despegó de tu brazo y siguió caminando, para sorpresa y desoriento, incluso, de los borrachos. Muchos se vieron súbitamente lúcidoz al atestiguar la escena.

—Vamos, Juan. Mi casa ya no está lejos... —dijo Koda, avanzando a paso lento pero seguro mientras el borracho lídes se le acercaba con el punzón.

Off
#4
El agarre del viejo era débil pero confiado, se sentía como si depositase toda su confianza ciegamente en mi. El amable anciano se percató de que era un gyojin, seguramente era algo obvio para alguien que está acostumbrado a sentir las cosas al tacto en vez de con la vista. —Así es señor. Un gyojin cangrejo, siempre a su servicio jeje— Dije al tiempo que me ponía algo rojo (más si cabe) Había pasado mucho tiempo entrenando la fuerza de mis brazos y ciertamente su cumplido me alegró bastante. —Fui destinado aquí en Otoño de este año, vengo del Reino de Samba, aunque allí tampoco hay muchos gyojin. No llevo mucho aquí, pero ya le he cogido mucho cariño a Baterilla, es un lugar muy agradable—. El nombre del venerable anciano era Koda, un nombre bonito sin dudas.

A medida que avanzábamos por las entrincadas calles, el escenario se iba volviendo cada vez más y más inseguro, menos luz... más olor a alcohol... No presagiaba nada bueno. La tranquila caminata se vio interrumpida por una voz que nos llamó, no era nada grave, solamente un borracho que emergió de la oscuridad. No era nada grave o eso pensaba yo, hasta que tras la figura del primer borracho salió otro, y otro, y otro... Antes de darme cuenta el callejón estaba lleno de alcohólicos que querían algo, nada bueno eso seguro.

Querían dinero para seguir su juerga, y parecían dispuestos a lo que sea para lograrlo. El punzón que el primer borracho sacó para asaltarme me sorprendió menos que el actuar de Koda, que soltó mi brazo y continúo su camino. Eso ciertamente hacía las cosas más sencillas para mí, prefería no luchar con el pobre invidente a mi lado, por su seguridad. No iba a molestarme en mediar palabras con estas basuras y, sin avisar, incrusté la cabeza de quien me hablaba contra la pared con un golpe directo de mi pinza. Seguido de esto me coloqué entre el anciano y la multitud para impedir que alguno de ellos llegase a él y me dispuse a acabar con ellos a medida que se acercaran. Traté que el recital de golpes fuese lo menos violento posible, no quería asustar al anciano con el estruendo de una violenta batalla, así que me limité a romper algún cuello con el agarre de mi pinza, asfixiar a otros cuantos y derribar al resto con golpes secos de mi pinza en sus cabezas,  todo esto mientras iba retrocediendo gradualmente hacia donde estaba el viejo, no quería que se alejara mucho de mí.

Una vez terminé con los maleantes volví al lado de Koda y continúe la conversación como si nada hubiera pasado —Entonces es usted muy conocido en el pueblo ¿verdad? ¿A qué se dedicaba señor Koda?— Ahora estaba algo más tenso y con los sentidos alerta, la calle era peligrosa y no podía permitir que le ocurriese nada al señor.

resumen


Karma


Bélico
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1289 + 0 = 1289
Energia: 1144 - 188 = 956
Espiritu: 162 + 0 = 162
#5
—¡Cangrejo come mie…!

El grotesco alarido es súbitamente cortado por el impacto de una pinza roja sobre la cabeza del borracho. Inmisericorde, Juan ataca al grupo respondiendo a sus provocaciones y poniéndose como escudo, muro y barrera que mantendría a los maleantes en un plano distinto al viejo, quien, ajeno a todo lo que sucede a su alrededor, sigue caminando.

Koda parece tener una sola velocidad, por decirlo así. Su andar es sereno, constante y campante. Primero adelanta el bastón, hace apoyo y luego mueve las piernas, dando dos pasos antes de volver a mover su bastón. La pierna izquierda se mueve más lento, más frágil, y pisa con cuidado.

—Oh, que cosas, está calle nunca la han arreglado —dijo Koda al golpear con su bastón lo que creyó que se trataba de un bache en el suelo. En realidad, era uno de los borrachos inconscientes que había caído delante suyo. Koda lo rodeó cuidadosamente—. Está llena de baches y lomadas, aunque creo que esa era nueva. No recuerdo haberme topado antes con ese bache.

El viejo se rascó la barbilla, hizo una mueca confusa y acabó por encogerse de hombros. Siguió caminando, y los próximos cuerpos inertes que fueron cayendo cerca suyo los esquivó con suma facilidad. A medida que los hombres caen desmayados, atontados e incluso paralizados, el anciano Koda los esquiva, no sin antes darles un pequeño toque con su bastón. Es peculiar la manera en que su sendero se adapta a los nuevos obstáculos que aparecen en él. Lo hace tan rápido que nunca llega a detenerse por completo y en todo momento sus pies, o su bastón, se están moviendo. Es así que Juan nunca debe aligerar su paso, pues el viejo le mantiene el ritmo durante la pelea.

—¿Oh! Bueno, como todos los ancianos por aquí. Baquella es un pueblo pequeño, todos nos conocemos entre todos… —Con un dejo de nostalgia, Koda suspira—. Fui carpintero en mis años mozos. ¿Ves este bastón? Yo mismo lo hice cuando empecé a quedarme ciego.

Dejando atrás una marabunta de cuerpos que apestan a alcohol, el dúo de anciano y marine salen poco a poco de la urbanización y, cuando Juan quiso mirar, ya se encontraban atravesando un pequeño sendero que salía de la ciudad. Koda avanzaba con confianza, se había soltado de tu brazo nada más sentir la tierra en sus sandalias. Conocía el camino.

—No falta mucho —anunció—. Espero que Miti no se haya preocupado.

Al cerrar su frase, un sonido particular se abre camino en la noche. Un ronroneo grave, seguido de un leve bufido y el crujido de ramas pequeñas cediendo a la presión de una fuerza mayor.

De entre los arbustos que flanquean el sendero, una figura emerge y te mira, Juan. Cuadrúpeda, cubierta de un pelaje corto y grueso que corona una gran melena oscura. Los ojos rasgados de pronto se fijan en ti y se achican, afilando su pupila hasta convertirla en una línea delgada. Las patas delanteras se estiran hacia adelante y las traseras se extienden. Arquea la espalda, y puedes ver detrás suya una cola que se mueve de lado a lado de forma insistente.

Parece preparado para saltar. Y, en efecto, lo hace, pero no contra ti. Tus afilados sentidos e instinto de pelea, junto a la tensión remanente del último enfrentamiento, te permite discernir el instante preciso en que el león se lanza con las patas por delante en dirección al viejo Koda. Sus pesadas huellas se dirigen al anciano a toda velocidad.

Contenido Oculto


Off
#6
El anciano esquivó hábilmente los cuerpos que yacían en el suelo, se deslizaba entre ellos como el agua que esquiva las rocas en un río para seguir su cauce, sin dudas una muestra de lo que puede ayudar la experiencia en la vida, ser ciego era una dificultad añadida, pero no le incapacitaba en lo absoluto. —Todos los señores que he conocido en el pueblo son muy amables sin duda. Carpintero... Es una bonita profesión— En mis palabras se podía percibir un aire melancólico, ver a este señor hacía que recordase a mis padres y su taller. Con la intención de no preocupar a mi escoltado, cambié rápidamente de tono y con una agradable y enérgica voz le dije —Yo soy manitas, debo decir que su bastón es un trabajo increíble señor Koda—

Koda soltó mi brazo una vez el camino cambió a uno de tierra, se veía más seguro, con más confianza. Por lo que dijo, ya quedaba poco para llegar —¿Miti? Es un nombre curioso...— Pensé. Iba a preguntar cuando de la nada un bufido llamó mi atención y, emergiendo de los matorrales, pude ver la cola de un gran felino, que no pierde el tiempo y se abalanza contra el indefenso anciano. El enorme león avanzó a toda velocidad hacia Koda, pero afortunadamente yo era ligeramente más rápido. Me coloqué entre el anciano y el felino para recibirlo, y transformado en mi forma híbrida me crucé de brazos para recibirlo. 

Un instante antes de que llegase a mi una idea fugaz pasó por mi cabeza —¡¿Miti?!— Dije por puro reflejo. Preferí no atacar a la bestia, estando yo entre el y el anciano no podría hacerle daño y confiaba plenamente en mi resistencia, por otro lado, si mi instinto era correcto y se trataba de la mascota de Koda, hacerle daño sería un gran error de mi parte. 

Resumen


Bélico


Off
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1289 + 0 = 1289
Energia: 956 - 28 = 928
Espiritu: 162 + 0 = 162
#7
El animal se abalanza sobre el anciano. Una masa de músculo de más de 150kg moviéndose a toda velocidad contra un hombre que no debía de superar los 70kg. El resultado estaba cantado y la tragedia, predestinada, pero en medio de ese sendero decidiste interponerte tú, Juan, y saltar a la acción. Tus afilados reflejos fueron suficiente para ver venir al león y colocar tu cuerpo, transformado en la forma híbrida de tu fruta, como un muro de más de ochocientos kilos que protegía al anciano.

Koda, mientras tanto, ni se mosquea. Se detuvo al percibir el sonido de pasos haciendo crujir la maleza y su mirada, desenfocada, se dirigió al orígen del ruido. También sintió la vibración en el suelo y eso lo puso en alerta. Después de todo, un gyojin de tu tamaño moviéndose a esa velocidad hacía temblar el suelo como un pequeño sismo.

—¿Sucede algo, mijo?

Los instintos te asaltan. Hilas, en un instante de máxima adrenalina, la información que tienes, lo que acabas de escuchar, y de tu boca sale un nombre. Preparado para recibir el impacto de la bestia y lidiar con sus consecuencias, te permites un segundo de duda, un brevísimo instante para probar una teoría.

El león, al escucharte, se detiene. Sus cuatro patas tocan el suelo y su mirada, afilada como una daga, se distiende. Las pupilas engordan a medida que una resolución llega a su cabeza, y la bestia, tan enorme e imponente, maulla.

«Miau»

—¿Miti? —exclama Koda.

El león se echa al suelo, panza arriba, y sus enormes patas, tan peligrosas como podían ser, empiezan a moverse en el aire, como tratando de atrapar un ovillo de lana invisible. Koda lo escucha, sonríe y se acerca, rodeando tu imponente figura. Con su bastón logra tocar al animal y, tras darle dos toquecitos más en la tripa, el abuelo se deja caer de rodillas y empieza a acariciar al enorme felino en la barriga.

—¡Miti! ¿Qué haces aquí? Deberías estar cuidando la casa —dice el anciano mientras sus manos se mueven, ágiles y expertas, por el pelaje de la bestia. El león se deja hacer. Esa imagen de bestia imponente queda sepultada en sus ronroneos.

Koda se levanta después de unos segundos, da un golpe en el suelo con su bastón y el animal se cuadra, sentado en sus cuartos traseros y con la cabeza en alto.

—Lamento si mi amigo te asustó, Juan. Parece un peligro, pero es sólo un bribón cariñoso. Tiene más mañas que pelaje, ¡jojojo! —Con la mano derecha palmeó la cabeza del animal, que cerró los ojos y bufó por lo bajo—. Mi casa no debe estar lejos si este mal aprendido está aquí. ¿Te parece que te invite un poco de té? Y te hablaré un poco más de mi oficio. Estoy curioso también de qué tipo de materiales trabajas siendo manitas.

El hogar del anciano se podía apreciar cerca del horizonte. Y, como te indicó, viendo más allá podías encontrar la montaña. El volcán. Estaban lejos, a una distancia segura, pero resultaba curiosa la forma en que la pequeña cabaña parecía alinearse con la silueta del desastre dormido. Realmente, la casa del viejo Koda no tenía pérdida.

Off
#8
Koda preguntó si ocurría algo, no tuve tiempo de responderle antes de actuar. Una vez dije el nombre el León se detuvo y sus afiladas pupilas se volvieron redondas, al mismo tiempo que emitía un adorable maullido. No era una feroz bestia sedienta de sangre,  era un gatito, un gatito de más de 100kg pero no por ello menos adorable.

Sabiendo por fin que no era una amenaza, desactivé mi transformación y pude relajarme, estirando la espalda hacia adelante y hacia atrás, como quien da por terminado un duro día de trabajo. Con un animal como ese cuidando del señor, sin dudas mi carga se había reducido considerablemente.

Cuando el anciano se acercó, su mascota se tumbó con la panza hacia arriba, jugando con sus patas. Mientras Koda lo acariciaba me acerqué a ambos y me dispuse a acariciar también a Miti—Jajaja no ha sido nada señor ¿Así que este es Miti? ¡Que buen chico! ¡¿Quien es un buen chico?! Tuuu— Mientras acariciaba su cabeza, el felino hacia fuerza con ella hacia mi mano, insistiendo para que lo hiciese con más fuerza.

El león se incorporó mientras Koda me explicaba que se trataba de su mascota —Con Miti su casa seguro que está segura jajaja— El anciano rio y seguido de ello me invitó a su casa a tomar algo, invitación que, por respeto por supuesto, no pude rechazar. 

La casa se vislumbraba en el horizonte, iluminada por un farolillo que se encontraba junto a su buzón de correos, que, seguramente por desuso, se encontraba algo abandonado. El anciano montó en el León para lo que quedaba de camino, como si de un caballo se tratase, ciertamente era un buen chico, el mejor.

Al llegar a su casa Koda me invitó a un té de menta, algo ideal para después de un día de trabajo y empezamos a hablar de nuestras profesiones, sentados junto a una chimenea, y con Miti acurrucado entre ambos, ronroneando repetidamente para hacer notar lo agusto que estaba con el calor del fuego. La casa del señor era lo que se esperaba de un curtido carpintero, desde las sillas hasta las mesas, pasando por los utensilios eran de una excelente calidad. La conversación giró entorno a la idea que tuve para hacerle un traje de buzo a Akira —Los remaches Juan, los remaches. Si te quedan sueltos entrará agua por todos lados, hay que hacer bien los remaches— Me decía mientras daba golpes con su bastón a la silla en la que yo estaba Sentado —El problema es aire señor, no puedo crear una cápsula con aire sin hacer que flote— El anciano se rascaba la barbilla, pensando en alguna solución que parecía no llegar a su cabeza  —Como trabajo sobre agua nunca me he visto con ese problema JOJOJO. Pero vigila los remaches Juan, no querrás que ese compañero tuyo se ahogue en su traje—

Al terminar la conversación me despedí, prometiendo volver a verle cuando lograse acabar aquel traje para enseñarle como lo había hecho. Koda y Miti me despidieron alegremente desde la puerta, y me fui rumbo al cuartel siguiendo el camino por el que había llegado, pero ahora con la satisfacción del trabajo bien hecho.

—Hablo—
—Habla Koda—

resumen


karmas


OFF
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
#9
✓
Aventura T1: Completada
RECOMPENSAS:

— Recompensas Narrador (Enji)

 

— Berries:15k

— Puntos Mugiwara: 6

— Puntos de Rol: 10


— Recompensas Participante (Juan Sebastian)

 

— Berries:10k

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 10

STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)