[Autonarrada T1] Su agradable vecino, el hombre araña
#1
Que tal? Soy su amigable vecino el hombre araña y este es el capítulo 2 de cómo aprendí a controlar mis superpoderes.

En el capítulo anterior busqué ayuda de un sabio maestro en isla karate para dominar mi miedo a las arañas. Spoiler, no domine una mierda y me seguía meando encima cuando las veía; pero al menos, me permitió dejar de tener pesadillas.

Gracias, dónde quiera que estés viejito.

Aprendí con eso que no importa si me aterran o no, el hecho de que yo fuera una, no significaba que era un monstruo y por lo tanto, debía enfrentar ese poder para algún día usarlo a mi beneficio.



73 de Invierno Año 16
22:00 horas


Una noche estrellada adornaba el firmamento sobre la capital de Sorbet. Los sofisticados edificios de la zona norte brillaban bajo el alumbrado público, mientras algunas personas transitaban por las calles, regresando a sus hogares tras un duro día de trabajo.

Cada habitante de la isla cargaba con sus propias preocupaciones, afanes cotidianos que consumían la mayor parte de su atención y dejaban poco espacio para reflexionar sobre la desigualdad que marcaba a Sorbet. ¿A quién le importaba si el sur permanecía desprotegido o si el norte gozaba de privilegios excesivos? Todos, sin excepción, debían lidiar con sus propios problemas. Así, el desinterés y la prisa se habían vuelto pan de cada día en aquella zona de la ciudad, como ocurría en casi todas las capitales.

Entre esos ciudadanos, una ancianita de pequeña estatura apuraba el paso para llegar a casa. El dinero en su bolso tintineaba al ritmo de sus pasos y las joyas que portaba reflejaban destellos fugaces, convirtiéndola en un blanco evidente para cualquier amigo de lo ajeno que rondara por la zona.

Dos sombras comenzaron a seguirla sin que ella se percatara. El apuro la llevó a tomar una mala decisión.

“Oh cortaré camino para llegar pronto con mis niños” murmuró con ternura.

Se refería a sus gatos, cinco persas de distintos nombres que la aguardaban en casa para cenar, su única compañía.

El problema fue el solitario callejón por el que decidió adentrarse… y las perturbadoras sombras que la siguieron. Como era de esperarse, estas se adelantaron para cerrarle el paso.

Eran dos jóvenes imbéciles, ladrones de poca monta, de aspecto maltrecho y miradas amenazantes. Sus intenciones quedaban claras en la forma en que observaban las joyas de la mujer, enfocados únicamente en el botín que creían fácil de arrebatar.

“Oh no… alguien, ¡alguien que me ayude por favor!” Grito la mujer con voz entrecortada por el miedo. Nadie escucharía su súplica; o al menos eso creyeron los maleantes cuando avanzaron algunos pasos hacia ella para tomar a la fuerza lo que creían merecer.

¡Hey… Bros!, ¡que… que creen… que… que hacen…! Una voz entrecortada resonó desde la espalda de los maleantes, quienes se giraron al unísono, no sin antes, agarrar a la pobre viejecita para que no escapara.

Por desgracia para los tres, aquello que apareció ante sus ojos los dejó completamente paralizados por el miedo. Se trataba de una visión fuera de este mundo, un ente de casi tres metros de altura, dotado con seis brazos y un enorme abdomen arácnido que emergia desde la parte inferior de su torso. Vestía prendas de estilo irbano que contrastaban con su anatomía antinatural, y su rostro estaba cubierto por un antifaz rojo improvisado, claramente recortado de una media velada, con seis agujeros a la altura de los ojos, si, seis.

“¡AHHHHHHHHHHHHH! ¡UN MONSTRUOOOO!”


Gritaron tanto los maleantes como la anciana de inmediato con lágrimas en sus ojos, aún sin poder moverse debido al flaqueo de sus piernas.

“Hey!, ¿Co…cómo que mo…monstruo?” Habló la criatura de piel obscura por un pelaje que recordaba al de los arácnidos más grandes.

“¡AHHHH Y HABLAAAA!” Volvieron a gritar los tres, ganándo con ello el enojo de la criatura.

¡Ya es…está bu… bueno! Gritó con esfuerzo ante el tartamudeo de sus palabras, pues si cuerpo parecía encontrarse temblando, incluso sus piernas se veían erráticas como si tratara de contener la sed de sangre que poseía. Eso, o se estaba cagando de miedo. ¡Tam… también ten…tengo sen…sentimientos! Grito enojado, asustando aún más a los criminales y la anciana.

“¡Por favor no nos hagas nada monstruo! ¡Haremos lo que nos pidas por favor! ¡Ten piedad y no nos comas!” Expresaron los tres, arrodillándose frente a la criatura de manera suplicante y olvidando que hace unos segundos eran protagonistas de un robo.

“¡No me los voy a co…comer idi…idiotas! ¡So…solo ví…vine por la vi…vieja!” Los gritos generaron que las súplicas se ahogaran en sus gargantas y a continuación, los dos malhechores se miraron entre sí. Sin dudarlo, agarraron a la viejita y la empujaron hacia la criatura, como si la ofrecieran a un dios de la destrucción, un sacrificio que estaban dispuestos a entregar para salvar sus propios pellejos.

“Por favor gran maestro, tome este tributo y perdonenos la vida, no sabíamos que está era también su lacaya” Expresaron de manera solemne, al tiempo que la ancianita no paraba de gritar y pedir clemencia. “Debe ser una bruja que jugó con fuerzas demoníacas, ganándose su respeto…” opinó el otro con tal seguridad, que cualquiera que llegase a escuchar, podría creer que las estupideces dichas poseían algún tipo de sentido.

Cansado de la tontería, la criatura que no paraba de temblar como Chihuahua, suspiro y le propinó a ambos un fuerte golpe con dos de sus puños mientras los otros 4 brazos se cruzaban frente a su pecho. Ya es bastante difícil mantener esta forma sin dejar de temblar o tartamudear y tengo que lidiar con estas tonterías… Pensó un tanto desanimado, mientras escarbaba en los bolsillos de los idiotas el dinero que tuvieran.

Para ese momento, la ancianita se mantuvo inmóvil como una estatua, observando la escena. Así pudo ver en la criatura, con la media velada en el rostro, a un ente de justicia, a alguien que ayudaba a los desamparados y que era injustamente juzgado solo por su apariencia. “Oh, lo lamento mucho, no entendía que solo querías ayudarme…” Comentó apenada, tratando de enmendar el error que cometió sacando de su bolso un fajo de berrys el cual extendió al hombre arácnido. “Para que vayas donde un buen médico, eso que te pasa no es normal…” Acompañó con una expresión amable, tras llamarlo indirectamente enfermo.


Esa fue la expresión que Ryota habría puesto de encontrarse en su forma humana y no tener una media velada cubriendo el impactante rostro de su transformación híbrida.

Pasados unos cuantos minutos, el castaño dio un gran salto que lo situó en la punta de uno de los tejados, desde donde previamente había podido observar toda la escena. Como un verdadero caballero de la noche, se quedó en el borde del edificio contemplando la ciudad, mientras temblaba a causa del pavor que le provocaba estar en esa forma.

Ahhh, que refrescante es hacer cosas buenas, creo que esa anciana me dió una buena idea. Pensaba patear a algunos ladrones y quedarme con sus ganancias del día. Pero podría sacar ventaja de esto. Pensó, para luego saltar nuevamente hacia otro tejado y seguir patrullando en la noche. Aunque ahora un tintineo característico del dinero lo acompañaba, quizás debido al bolso aferrado a él, dónde cargaba el dinero y joyas de la ancianita.

“¡MALDITO LADRON! ¡PUTO MONSTRUO DE MIERDA! ¡YO FUI AMABLE CONTIGOOO!” Gritaba la ancianita desde el callejón, amarrada junto a los otros dos maleantes con tela de araña que les impedía moverse.

Fue así como el híbrido entre araña y humano utilizó los poderes de su fruta, tratando de pensar más en el dinero que podría ganar, en vez del terror que sentía por esos arácnidos. Buscaba que su transformación no solo significara un miedo adherido a su cuerpo, sino también una oportunidad. Una para hacer el bien… el bien para sí mismo, al ganar grandes cantidades de dinero agarrandolo de los bolsillos de ladrones tontos que se desmayaban al verlo.

Esa noche sintió sentimientos encontrados, por un lado le aterraba estar transformado; más disfrutaba mucho como los berrys caían en la bolsa que robó de aquella anciana. Era como si cada berry que caía en el bolso, fuera literalmente una razón para vencer su miedo algún día y que esa desagradable sensación que lo obligaba a temblar o tartamudear desaparecieran para darle total capacidad de sus poderes.

Tanto fue su esfuerzo que entrada la madrugada poseía una vasta cantidad de dinero, al menos unos cincuenta mil berrys mal contados entre joyas y billetes estaban almacenados en la majestuosa bolsa.

Ahora solo le quedaba regresar al hotel donde se hospedaba junto con Runin y el botín. Sin embargo, sus intenciones se vieron detenidas cuando, saltando entre los tejados, se dio cuenta de que había terminado llegando a las zonas más al sur, aquellas que limitaban con la parte más empobrecida de la ciudad.

Sabía que allí no conseguiría nada, así que daría la vuelta para saltar de regreso. Pero fue entonces cuando, desde las alturas, divisó a un trío de pequeños durmiendo en la calle, arropados apenas con periódicos arrugados. Trató de apartar la mirada, no era su asunto. Sabía perfectamente que la ciudad era así y que él solo era un hombre luchando contra sus propios demonios. No tenía ninguna responsabilidad con nadie.

Además, era probable que si les daba la bolsa, esos niños terminaran muertos por algún ladrón que llevara su codicia al extremo. Sí, lo mejor que podía hacer por ellos era quedarse con el dinero y no involucrarse. Ellos estarían bien; los niños siempre encontraban su camino. No iba a ayudar a cuanto huérfano se cruzara en su camino, porque era un pirata, no una especie de antihéroe de tercera.

“Katerin, tengo frío… ¿papá va a volver alguna vez con nosotros?” La voz llegó hasta los agudos oídos del híbrido pese a la distancia, deteniendo nuevamente su intento de escape. “Samy, èl, él está… de viaje, solo abrazame y trata de dormir un poco.” Respondió la voz de quien sería la mayor. Una pequeña niña de cabellos rizados que abrazaba a los dos pequeños, cubriendo sus cuerpos con el suyo para mantenerlos calientes en medio de la fría noche.

”Bu…bueno la vi…vida es su…dura mo…morro.” Expresó Ryota, peinando sus cabellos hacia atrás, para luego aferrarse a su bolsa y continuar en un estado pensativo. El no era alguien que colocaría el bienestar de otros sobre el suyo, era un hombre egoísta que solo veía por sus propios deseos y ambiciones, ¿un pirata no?.

“De Acuerdo, tirarme una moneda, si sale cara me llevo todo, si sale cruz, les doy la mayor parte a esos críos.” sacó la moneda del bolso para lanzarla al cielo y verla girar en el aire, hasta finalmente caer a su mano con el veredicto. Una apuesta que evidenciaba la clase de persona que realmente era en el fondo de su corazón.

Justo en la madrugada del día 74, los niños inexplicablemente despertaron en la iglesia Austro junto con un morral que poseía cuarenta mil berrys en dinero y joyas. Aparte de una nota que ponía.

“Cuide de estos niños por favor, deje dinero para su alimentación y cuidado un tiempo, cortesía de su agradable vecino, el hombre araña.”

Los pequeños serían gratamente recibidos y a la distancia, entre los ciudadanos de la zona sur que se levantaban a trabajar, Ryota observa son media sonrisa mientras inflaba una bomba de mascar.



“El morral estaba muy pesado, de todas formas.”

Musitó para luego abandonar la escena, manteniendo el dinero restante y una sensación grata en el corazón.

Karmas


Akuma


Explicación
[Imagen: ELRAliP.png]
#2
✓
Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Berries: 10.000 berries

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 15

STAFF DE NAKAMA NO MI


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