03-01-2026, 11:29 AM
Día 5 de primavera del año 17
El Sol parece más imponente que de costumbre. Su presencia ocupa gran parte del firmamento y se siente abrasador en la piel desnuda. Como si de un presagio divino se tratara, el aire se torna caliente y las corrientes marinas parecen mansas al lado del tórrido temporal. El calor va en aumento, y eso que todavía es de madrugada. Solo yo me mantengo despierto dirigiendo a Veðrfölnir. Empiezo a sudar como un gorrino y el olor corporal se vuelve denso. Incluso la vista empieza a nublarse y los mareos me aplacan con malestar intermitente. ¿A dónde estábamos llegando?
Pasan las horas y las temperaturas no bajan. Al contrario. Empiezo a sentir como paso de ser caucásico a un tono gamba al vapor por todo el cuerpo. Por suerte para mí, la brújula empieza a marcar el mismo punto pese a cada viraje que hago, indicando que ya estamos cerca.
Y así es. A la distancia, como si de una ilusión se tratara, se dibuja una isla colosal, bañada por ondas térmicas que crean un efecto sinuoso que hacen dudar de la veracidad de lo que uno observa. Pero, ¿Que más da? ¿Es tierra a la vista? Eso hay que anunciarlo por todo lo alto. -¡¡TIERRA A LA VISTA!!- grito con fuerza para que me escuchen por todo el navío. -¡¡TODO EL MUNDO ARRIBA, QUE HAY TIERRA A LA VISTA!!- puede que todo el mundo estuviera ya despierto, pero si no es así, ahora lo están.
Con pericia y un manejo de la navegación excelente, consigo virar el rumbo lo suficiente para bordear la isla y atracar en una zona desértica abandonada, un espacio tranquilo y seguro de ojos curiosos. No hay nada más que nuestro barco, y se encuentra en una zona opuesta a la de llegada, preparando una ruta de escape más sencilla en caso de requerirla. A partir de aquí, nuestros nombres resuena con más fuerza que nunca.
El terreno es desértico, aunque en la distancia se ven grandes ciudades con edificios con un estilo arquitectónico único y con cúpulas bulbosas. Sin duda estamos frente a un lugar singular y digno de ser explorado. El clima es sofocante, más que en Whisky Peak, pero algo a lo que uno puede acostumbrarse. Tan solo hay que adaptarse, tanto a la cultura como a los ropajes. Ya robaré unos por ahí. Aunque viendo la afluencia de gente que parecía haber en el puerto principal que hemos tenido que esquivar, tiene pinta de ser un paraíso del comercio.
Me acerco a Ubbe, que parece aguantar las temperaturas con toda la naturalidad del mundo, como si no le afectaran. Al contrario, está en su elemento. -Escucha hermano. Coge tus cosas y vete tú primero.- le pongo una mano en el hombro. -Voy a quedarme con Kaiba en el barco, protegiendo el botín y a Veðrfölnir.- propongo. -Ahora mismo llevamos mucho encima y en el periódico dicen que hay una oleada de capullos con ganas de dar por culo.- doy una vuelta mientras le entrego su propio Den Den Mushi. -Vamos a mantenernos comunicados con esto y vamos haciendo turnos de dos o tres Hamiltons por día, si te parece bien.-
Es momento de explorar la inmensa Arabasta, aunque con precauciones. No dejamos de ser tan solo dos personas en el barco y el viento trae susurros de aquellos que quieren dominar las aguas a nuestra costa. No lo podemos permitir. Así que es mejor cruzar las arenas con cautela y ver que nos trae el Sol de Arabia.
Continuará...
