[Pasado] Promises | Privado
#1
Dia 16 de Invierno, Año 15.

En días como aquel, dolía el doble. Su corazón agitado no lo dejaba dormir, la cabeza daba vueltas alrededor del mismo tema y terminaba sentado en el borde de la cama sin mucha opción a réplica contra su propio cuerpo, la mente imponiéndose envuelta en verdaderas dosis de dolor. Incluso en el frío invernal de Baterilla, el sudor de su cuerpo indicaba la fuerte presión que estaba transitando y las ideas escapistas que lo aprisionaban constantemente, intentando eludirse del problema, la tristeza o cualquier rastro de dolencias emocionales que pudiesen aparecer.

Y fue así, que decidido, se secó y cambió de ropa, levantándose de la cama para encaminarse a la sede marine del pueblo Banquella, dispuesto a enfrentarse a algo que no había procesado hasta la fecha.

Hasegawa Shin tuvo muchas historias a lo largo de su corta vida, y todas empezaron con el Reino Sorbet como núcleo. Un manto dorado envolviéndolo desde niño, los lujos insinuándole que sin importar donde se halle, iba a triunfar, y su clan relegándole el sueño por el cual forjaron los cimentos de sus riquezas en primer lugar, formándolo para ser el mejor marine que haya existido jamás. Así, fue trasladado a Baterilla para sus primeras misiones luego de haber perdido a toda su tripulación en un desafortunado incidente donde él lideraba, bajo la presión de que si no volvía a la acción de manera inmediata, jamás iba a ponerse el característico uniforme de nuevo, por ende siguió el consejo, de las pocas veces en su vida que le hizo caso genuinamente a algo.

Traumado, deprimido y sobre todo, alterado, todo oculto bajo la máscara de su carisma, nunca indagó sobre los piratas que casi lo matan, sobre los asesinos de sus amigos, sobre la familia que él mismo había elegido. Temía que sus ideales cambiasen, que la esperanza de encontrarse "criminales" bondadosos en el mundo muriese en conjunto con el deseo de venganza, y esa incertidumbre detenía su mundo por completo, incluso tras haber ingresado a la sala de registros y pruebas, quedándose frente a la sección de archivos donde seguramente encontraría la recapitulación de los hechos donde se vio involucrado, pues era algo que se hallaba fácilmente rebuscando entre su propio historial.

Suspiró en silencio, recordando las risas de sus amigos, el calor que se vivía en aquella división, donde todos funcionaban por y para algo, apoyándose en el vínculo que habían formado. Luego, encarnando nuevamente el momento exacto donde todas esas luces se fueron apagando, transformándose en sombras, ojos fantasma que no lo dejaban en paz. Protegía su vista cerúlea detrás de unas gafas que se reacomodó en un hilo de nerviosismo, enfrentándose a algo que lo hacía humano más allá del carácter de intocable que lo suele identificar, el ego hablando en su lugar, por eso detestaba el concepto de averiguar lo que genuinamente se sacó en claro de aquel día, era algo que lo volvía frágil.

Tanto, que ni siquiera se dio cuenta de la eventual compañía que se sumaría a la escena, manteniéndose clavado delante de esa sección de archivos.
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#2
No era mi mejor día si debo ser honesto.

Después de todo, por aquel tiempo era solo apenas un recluta en entrenamiento de la base marine de Roshwan quien hoy por falta de personal habría sido designado en la tarea de conserje para el transporte de suministros, responsabilidad del área de salubridad que originalmente había sido realizada antes de comenzarse el viaje por nuestro grupo local especializado en limpieza, siguiéndose con rigurosidad a los estándares de requerimientos, habiéndose esterilizado con meticulosidad todo el almacén o habiéndolo intentado, siendo que no fue sino hasta muchas horas después de zarpar y una vez llegados a Isla Baterilla que la unidad encontró a un polizón abordo.

Nada que representara peligro inmediato hacia nuestra unidad, desafortunadamente el riesgo era real o al menos para la estructura de nuestra embarcación siendo que nuestro polizón no era un sujeto sino una plaga escondida, un grupo de insectos germinados en el interior de los costales de harina de maíz que serían identificados a razón de su figura negruzca similar a piojos retorciéndose en reacción apenas se había intentado trasladar los costales, enorme problema que a pesar de parecer inofensivo implicaba que existía una gran posibilidad de que muchas de las provisiones trasladas también hubieran corrido el riesgo de haberse contaminado con huevecillos de la plaga.

A razón de la situación, un equipo habría sido asignado con la responsabilidad de trasladar a la sala de calderas un número aproximado a media tonelada de harina que correspondía a la base para esta temporada de invierno, otro grupo debía de trasladar el resto de provisiones a una habitación sellada especializada para su cuarentena a donde se evaluaría su estado en el transcurso de semanas mientras se contactaba un grupo químico de cuidados, siendo que por último estaba mi asignación, la tarea mas ardua y tediosa de todas las anteriores, encargarme de una esterilización completa en el almacén del barco para evitar que huevecillos también germinaran a la madera.

Limpiar todo el almacén no era una tarea razonable solo. Pero, debido a que era un aprendiz y mis funciones en cualquier otro aspecto todavía no estaban desarrolladas se me entrego una escoba para que fuera comenzando, prácticamente abandonado con excepción de un informe que había entregado mi superior directo a mi cuidado para el equipo de limpieza de esta base (distinta a la nuestra) tuviera un reporte de la situación con que trabajar, así que entre ser recadero o conserje, sin mucho más que impresionarme con la velocidad del equipo técnico en su desplazamiento llevándose todo quedaría únicamente con los rastros de almacén, mi escoba y aquella tarea.

No sabía en qué momento llegaría el equipo de limpieza especializado de Baterilla.

Pero, me daba igual. Así, simplemente me quite la camisa para usar a modo de turbante y también de mascara mientras empezaba a limpiar de forma improvisada, la mezcla de polvos, harinas, restos comestibles o similares, aplastando con el pie si encontraba algún insecto en el proceso, manteniendo un ritmo despreocupado que para mi propio gusto había empezado desde la zona norte de la habitación dirigiendo todo el desperfecto en el centro, luego comenzaría con las otras segmentaciones cardinales de la habitación pero igual teniendo apenas como un instrumento mi escoba y sin mayor idea de lo que era una esterilización de este tipo, me tomaba todo el tiempo.
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#3
Su trance fue destrozado de manera indiscriminada, no por un portazo ni mucho menos el exabrupto escandaloso de un superior envuelto en cólera, sino más bien, el sigilo de otro soldado raso enviado a dar indicaciones al resto de la base marine, dispuesto a lidiar (contra su voluntad) con las diversas personalidades que conformaban al equipo. Por ello fue silencioso, tratando de no molestar a un joven Hasegawa, aunque al final haya fracasado en su intención considerando lo concentrado que estaba el albino en primer lugar.

Se acomodó, hizo el saludo formal pertinente y acto seguido elevó la voz, sonando todo lo firme que su temerosa personalidad le permitía —¡S-Soldado Hasegawa! ¡Debe presentarse en el puerto! ¡Una embarcación marine de suministros proveniente de Roshwan ha sufrido de una plaga en los alimentos transportados y requieren de toda la ayuda necesaria! —su pose recta se rompe, y procede a literalmente huir despavorido del lugar. Aunque, a los pocos segundos regresa, una vez finalizado el tremendísimo susto que se pegó Shin, —¡D-Debe presentarse en la zona del almacén del barco! —una vez transferida la información, el albino resoplaría, molesto, dejando todo lo que estaba haciendo en ese momento para comenzar a movilizarse.

—Otro día será, viejos amigos. —resultaba irónico, pues en su momento llegó a ser conocido por ser quien dejaba todo a último momento. Estaba seguro de que aquellas miradas fantasma se verían adornadas de una sonrisa nostálgica si pudiesen presenciar la espalda del marine, marchándose del lugar para cumplir con las funcionalidades establecidas.

En el camino se robó una escoba y la reposó en su hombro, caminando levemente encorvado y con absoluta desgana. Era el problema de su rol, no siempre se vería envuelto en batallas inmensamente gloriosas contra piratas peligrosos, al menos no hasta encaminar su carrera y comenzar a ascender entre los compañeros que tenía al lado, algo complejo si lo imaginaba desde su actualidad, más que dispuesto a limpiar gusanos de una embarcación contaminada.

El camino fue corto, no tardó en tener a la vista el vehículo marino culpable del problema, haciéndose paso mediante el muelle y subiendo, esperándose lo peor. No niega que se perdió un poco intentando encontrar el almacén, pero tras abrir la puerta se quedó sorprendido al ver a un tipo con el torso desnudo de tres metros limpiando todo solo, turbante adornando su cabeza y ocultándolo como el pelirrojo que era.

—Vaya, vaya, así que yo encarno a los refuerzos para este espacio... —resopló, con una cara que más bien indicaba una desgana casi totalitaria. A Shin se le daban muy bien estos quehaceres, especialmente la limpieza, pero le resultaba molesto hacerlo si no era para su propio beneficio, en sus lugares predilectos de descanso o mera convivencia. Tardó en ponerse a ello, más intrigado en su compañero que en la labor, quizás siendo ese bichito de resultar molesto de cara al resto invadiéndolo.

—Mi nombre es Hasegawa Shin, un placer. Aunque... —había elevado la mano al presentarse, posteriormente comenzó a rodear al de tres metros, observando con más detalle la elección de vestimenta, con una mirada casi que de juez. Al final, se colocó frente a él, aún sosteniendo la escoba en su hombro. —Oye, ¿eres exhibicionista? No pensé que permitieran esos fetiches en la armada. Uno pensando que se apuntó a las filas del bien y lo reciben mutantes semidesnudos para limpiar, que fastidio... —entonces le da la espalda, empezando a barrer lo que podía. Su tono va repleto de una desgana cómplice, no suena a que lo esté insultando ni metiéndose seriamente con él, sólo a broma pesada, de alguien tan soberbio que cree no hacer el mal a nadie ni con bromas fuera de la norma habitual entre gente que no se conoce de nada.

—En fin, mi exhibicionista compañero. ¿Cómo demonios fue que esto pasó? Te juro que a más lo pienso, menos se me ocurre que hayan zarpado un barco en estas condiciones desde Roshwan. —levemente más serio, le mira aún de espaldas y de perfil, indagando en la información al respecto que lo sacó de sus intenciones iniciales aquella noche invernal.
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#4
El polvo empezó a levantarse de forma inevitable. Después de todo, no podía evitarse resultara siendo un total inexperto sobre los grandes secretos del arte de barrer, pero así hice mi mejor esfuerzo trazando una dirección, sin prisa con avanzar, con un paso a la vez e inclinando la barra de madera como resultaba más cómodo con mi tiempo mientras haciendo uso de las hebras de plástico iba peinando del suelo procurando una medición pareja, inevitablemente fallando con una línea de imperfección que me obligaba a repetir el barrido con atención una o dos veces hasta haber logrado dispersar la primera capa de exceso de suciedad que iba acumulando poco a poco.

Luego de haber progresado en barrer hasta la mitad de la zona norte que cubría apenas una parte del almacén escuche antes que cualquier saludo o presentación los pasos que resonarían de forma natural en estos espacios, pero no era mi trabajo fisgonear, quería acabar de barrer cuanto antes y siendo honesto esperaba que el equipo de limpieza tardara unos 20 minutos o más en llegar, por lo qué me hice una idea de que era algún transeúnte, apostando por cualquier cadete o vigilante que le tocaba hacer guardias, por lo menos hasta que repentinamente notaria una exclamación irónica que parecía más una queja abierta que un comentario dirigido hacia mi persona.

No me costo mucho asumir que, el cadete en cuestión no parecía estar demasiado a gusto en cumplir el encargo pero siendo realistas tampoco había nada que pudiera decir que llegara a consolar su agonía así que no respondí, no con palabras, no de inmediato, limitándome en alzar ambos hombros en un gesto de conformismo que espere pudiera comprender mientras hacia una mueca que reflejaba una sonrisa a medias como signo claro de reafirmar, buscando proseguir, continuar con la tarea y regresando mi atención únicamente para la escoba mientras barría mientras prestaba atención en su nombre o sus preguntas, sin prisa de responder y sin obligación siendo justos.

-Uhm, no me gusta que la harina se quede pegada en mi pelo.- razone, sencillo, explicando que si había hecho un turbante con la parte superior del uniforme era porque durante el transcurso del viaje había acumulado bastante, cargando sacos cuando todavía eran sanos, contando las unidades junto al equipo de contabilidad y llenándome a manera no irónica del polvo blanco que casi siempre pasaba desapercibido, pero se sentía mucho con los sudores. -Ah, también había un saco con ¿coquitos?- cuestione, incapaz de recordar el nombre de la plaga que germino en los sacos pero brindando otra razon para cuidar áreas de cuero cabelludo, aunque solo por meras precauciones.
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#5
No podía ser tan jodido, ¿verdad? Nada que no saliese con un buen baño, lleno de espumas, como los que se daba todos los días antes de cada patrullaje o tarde oficinista recogiendo archivos aburridos. Al menos nunca tuvo información vinculada a que la harina es complicada de quitar si es que se moja el cabello antes, porque ahí sí podía ser un vil arte engorroso digno de torturas complejas. No se imaginaba dañando su hermoso cabello albino natural por una "misión" como esta.

Bajo esa perspectiva, podía empatizar con el sujeto. —Tienes un punto, sí. No lo voy a negar... —observando el caos en la habitación, armado con su fiel escoba, se imaginó nuevamente en esa situación, y así fue como en absoluto cuidado empezó a barrer, intentando que no se levante demasiado polvo o ensuciarse en exceso. Tendría que preparar una buena forma de higienizarse después, sino, lo pasaría fatal e incluso se plantearía dejar la marina.

La estética va ante todo, esa era su filosofía. Mentira.

Pero lo que le hizo retroceder sobre la idea y el concepto de ayudar fue el consiguiente comentario, mencionando la presencia de "coquitos" en las bolsas de alimentos. Empezaba a entender un poco mejor la idea del turbante, y aunque se había jurado por dentro no imitar las actividades del marine alto y desconocido, Shin se puso incluso más pálido de lo habitual y dio saltitos hacia atrás, como evadiéndose de la tarea asignada con el miedo como mayor baza.

—Esto... ¿seguro que no puedes solo? Tengo cosas que hacer todavía, como... dormir. —se rascó la zona cervical, simulando nerviosismo y se mantuvo de pie bajo el marco de la puerta, a punto de irse. Aunque claro, al final no lo hizo, no podría dejar solo a un compañero marine en una actividad tan engorrosa como aquella, así que tras un largo suspiro cortó el acting y se puso a barrer, tratando de seguirle el ritmo al contrario.

—Oye, cabeza de hongo, no me dijiste cómo te llamas. —el comentario suena tan infantil que difícilmente molestaría a alguien, además el conjunto de acciones en Hasegawa muestran con exclusivo detalle cuán carismático es, con todo lo bueno y negativo que eso conlleva.

—Me gusta conocer a mis compañeros. Eventualmente saldremos a desafiar a terroristas peligrosos allá afuera, cuando se dignen a darnos un trabajo real y no... esto. —refunfuñó, aunque valoraba el proceso. —En fin, ¿tienes idea de cuánto tardaremos en terminar de limpiar? —se encoge de hombros, resignándose finalmente.
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