Cortado a Cuchillo | Aventura T1 | Cill
#1
Día 83 de Invierno, año 16. Samba.

El sol caía de forma lenta y perezosa en Samba, estirando hasta el extremo sus últimos minutos de luz. Con su desaparición llegaba el final del día y el inicio de la noche. Una etapa distinta. Una vida completamente aparte. El telón se levantaba al esconderse el astro dorado y revelar con su ausencia a las estrellas, que, sin su luz que las opaque, podían brillar libres en un cielo despejado. La luna se elevó orgullosa para ocupar su lugar junto a ellas. Una luna incompleta, pero creciente. El círculo que la conformaba estaba cercano a la perfección. En un día o dos, cuanto mucho, el pueblo sería testigo de una luna llena plena y las leyendas volverían a susurrarse cuando un aullido lejano llenase sus corazones de pavor.

Un chispazo a ras del suelo encendió las alarmas.

A medida que la gente extranjera se internaba en Samba y se empapaba de su cultura, esta entendía, tarde o temprano, las implicaciones de su río. La división que causaba más allá de su influencia geográfica. La diferencia social.

Mientras más cerca veías el río, más oscuras eran las calles, más intensas las miradas, más largos los dedos y más profundos los bolsillos. Te miraban por encima del hombro, de reojo, y susurraban sobre ti. La sensación de que alguien te observaba, te perseguía o apuntaba hacia ti era permanente. Un lugar ideal para potenciar paranoias, perder dinero y ganarse alguna que otra cicatriz. Los barrios más pobres, inseguros y peligrosos bordeaban el río.

Y el chispazo venía de lo único que siempre debes evitar en lugares así: una ronda.

Se trataba de un grupo numeroso. Quince, quizá veinte personas agolpadas formando un anillo de tres metros de radio. La mayoría vestía de forma decente, pero su ropa, gastada y descolorida, no les favorecía. Los gruesos abrigos estaban hasta arriba de parches, remiendos y ajustes para perdurar generación a generación. El calzado estaba marcado, roto en algunos puntos y despegado en otro, dejando a la vista más de una media y más de un pulgar que las atravesaba.

—¡Vamos, dale! ¡Un toque más y lo tienes!

Un pequeño alboroto se escuchaba de dentro. Llamaba la atención, como lo haría siempre un grupo grande de personas reunidas entorno a un punto mientras gritaban, vitoreaban y agitaban el puño apretando billetes.

—¡Te puse todo mi aguinaldo encima! ¡No me dejes seco, picante!

El sonido del metal chocando acompañaba los vitores, pues dentro de la ronda había dos hombres, en sus manos llevaban cuchillos, y estaban peleando.

Uno, el más grandote de los dos hombres, descargó un tajo hacia abajo que el otro apenas logró bloquear con su navaja y desviarlo a un costado. Chispas volaron. El hombre más corpulento blandía dos gruesas cuchillas de cocina con la hoja modificada. En ella se podía ver un diseño grabado y varias piedras incrustadas, mismas que, presumiblemente, causaban el saltar de las chispas cuando chocaban contra otro acero.

—¡Estás acabado! —exclamó el grandullón mientras su rival, mucho más delgado, se hacía a un lado justo a tiempo para evitar un envite que terminó chocando contra el suelo y reventando una baldosa de piedra.

El pobre larguirucho cayó sentado y con los pies se empujó hacia atrás. Tenía terror en los ojos.

—¡Está bien, está bien! Me rindo… ¡Me rindo! ¡Por favor, sólo déjenme ir! —chilló mientras sacaba todo lo que tenía en los bolsillos y lo dejaba caer al suelo. También descartó la daga—. ¡Ayuuuudaaaa!

—Tch, cobarde.

Después de chasquear la lengua, mirando con desdén como su rival se alejaba, el grandote de poblada barba y ropa de leñador se acuclilló y levantó los pocos billetes que el larguirucho tenía en los bolsillos.

—¡¿No hay nadie aquí que aguante unos golpes contra mi, el gran Mako?! ¿En serio? ¡La apuesta está en diez mil berries! Aguanten tres embates y se llevarán el dinero —anunció, tratando de envalentonar al público, pero la mayoría se había amedrentado después de la colosal derrota que acababa de sufrir el muchacho.

Mako se incorporó y su mirada se topó con algo que llamó su atención. Algo brillante y dorado.

—Eh, tú —llamó Mako a un joven pirata que tuvo la mala suerte de pasarse por allí cerca. ¿O acaso estaba observando el espectáculo?—. Tienes un bonito arma allí. ¿Sabes usarla? —El tono de su pregunta lo ponía en duda—. ¿Por qué no vienes a demostrar lo que vales, chico? Propíname un golpe y te llevarás el jugoso premio que estoy seguro me oíste mencionar.

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NPC
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#2
El invierno siempre grácil en Samba lejos de azotar con fríos daba una extraña sensación tenplada que volvía aquel sitio todo un paraje paradisíaco para quienes disfrutaban de un clima que si bien era húmedo, siempre era benevolente. Usualmente me gustaba dar vueltas por las zonas mas adineradas... Allí siempre algún alma incauta se encontraba pero jamás iba a poder negar que la emoción que llenaba de vida mis días, iba en aumento cuanto más me saparaba de aquellas zonas me acercaba a la marginalidad, Allí el ambiente cambiabax se llenana de cierto folklore y vida que no podia negar siempre me llamaba a viva voz, juego... Bebida... Quizás algo de acción... Todo lo divertido de esta vida, donde no existen cadenas y la diversión es la divisa en común.

El atardecer se anunciaba, yo estaba tranquilo. Había sido un día a decir verdad realmente tranquilo. Yo avanzaba cigarro en boca y manos a los bolsillos. Conmigo cargaba unicamente un puñado de berries, y mi katana a mi izquierda, la compañía más fiel, además de esa cruz en mi pecho que era mas que un simple collar, era un recordatorio... Entre la viva vida y el ruido era difícil mantenerme aborto en mis pensamientos, aunque a decir verdad en mi mente había un baile interminable entre dos fuerzas que me llevaban e impulsaban a exprimir el aquí y ahora y la otra parte actuante que me hacía reflexionar un poco sobre mí y lo que me convertía... Piratas habían destruido todo lo que un día ame, sin embargo, la piratería al menos como la veía encerraba la libertad y vida emocionante, divertida que tanto deseaba, sin respuestas a nadie, y dejando que cada día valiera por si mismo una nueva página.

Mi caminata pronto se vio interrumpida, quedando en segundo plano mi abstracción, y la brisa que soplaba en mi rostro. Un cúmulo de gente estaba agolpada frente a unos metros, y claramente no iba a dejar pasar la oportunidad de saciar mi intriga y curiosidad. Haciendome paso entre choque de hombros, y hacer a un lado a algunas personas presas de la misma curiosidad llegué al frente de aquella ronda. Al ver de primeras con mis propios ojos no pude evitar sonreír, eran las cosas que confirmaban mi gusto por inmiscuirme donde no abundaba tanto dinero, pero si el movimiento de este, y todas clases de adtividades divertidas y que le añadian la emoción que tanto me gustaba.

Se podía ver un ring improvisado por todos los que estabamos de espectador, formando una ronda aceptablemente grande, de unos 6 metros, aunque la sorpresa era ver al grandulon de dos metros y medio, casi tres, allí imponiendo con su físico y su actitud atrevida y retadora. Llegué justo para ver como humillaba a un pobre tipo que había perdido desde el momento que quedó dentro de la ronda. A decir verdad no podía ocultar la sonrisa y asombro, parecía super divertido y un tipo fuerte. Lo que si me agarró de sorpresa, fue su reto hacia mí persona ~Que suerte, algo de diversión~ pensaba emocionado y animado, se veía todo un reto. Me tome un instante para pitar el cigarro una vez más y botar el humo mientras tiraba cerca de mis pies la colilla de éste, y aplastarla con el zapato.

apoyé mi mano en el mango de la katana alzando levemente mi rostro hacia el tipo y meterme en la ronda mientras lo observaba, estando a unos dos metros, y ahí quedarme sonriente. —¿Diez mil berries?— le pregunté emocionado.
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—Que lindas hachas tienes grandulón— le comenté sonriendo ampliamente —¿No te molesta si me las quedo?— le pregunté sonriente un poco burlón y con aires de seguridad. —Siempre quise unas como esas, espero no te moleste me las lleve luego de terminar esto— y le guiñé un ojo sonriente allí parado aún, sonriente, seguro... Este tipo de situaciones eran las que condimentaban mis días.

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#3
El rival señalado dio un paso dentro del círculo de peleas y Mako, instantáneamente, sonrió, satisfecho. La espesa barba apenas dejaba entrever sus labios gruesos y resecos. El brillo de la grasa era una constante en los pómulos y la frente del grandullón, preso de las primeras arrugas que acarreaban la edad. Arrojó su cuchillo hacia arriba, lo dejó girar varias veces en el aire y volvió a atraparlo a la que caía, demostrando experiencia en su uso del arma. Entendía su peso, su equilibrio y su filo como nadie.

—Tienes buen ojo, chico. Estos cuchillos llevan muchos años conmigo y, creeme, no hay nada como un buen par de cuchillos para cuidarte la espalda. —Golpeó el filo de sus armas entre sí. Las chispas volvieron a saltar, como el rascar del acero en la piedra de un mechero nuevo. Iluminaban el rostro y la barba de Mako—. Derrotame y veremos si puedes llevártelos.

La aglomeración olía a alcohol barato, tabaco y sudor, lo que convertía el centro de la ronda en un pequeño nexo de aromas desagradables. El calor de la gente y la humedad en el aire contrarrestaban los embates de la gélida brisa invernal. Una de las últimas, pues la primavera estaba al doblar la esquina y esa sería una de las últimas noches en que la nieve podría llegar a presentarse en la ciudad.

Mako sujetó firmemente sus cuchillos y los cruzó delante del pecho, con los brazos totalmente extendidos. En el punto de nexo, donde se tocaba el lomo del primer cuchillo con el filo del segundo, se formaba una cruz que apuntaba directamente al pecho del retador.

—Las cortesías aquí no existen, amigo, así que… ¡A darle!

Con su grito, la batalla empezó. Y, con su grito también, se dispararon otros muchos. Toda la ronda gritó, aulló y silbó en celebración de un nuevo encuentro, lo que camufló el silbido de las cuchillas deslizándose una sobre otra. Mako se lanzó hacia adelante. Sus musculosas piernas patearon el suelo con una intensidad escandalosa. La piedra chilló al sentir la presión de más de cien kilos encima suya.

El gigantesco hombre levantó el brazo derecho y luego lo descargó en un corte descendente dirigido al brazo izquierdo del retador. Una descarga diagonal a la altura del antebrazo y que buscaba alcanzarlo, e interrumpir su movimiento antes de que pudiera desenvainar el arma que guardaba en la cintura.

—¡Esto es “Cortado a cuchillo”, chico! ¡Piensa rápido o pierde una mano! —exclamó mientras ejecutaba el corte, con fuerza y velocidad. El metal de su cuchillo reflejó por un instante la luz de la única farola, vieja y solitaria farola, que les daba un poco de cobijo.

Todo mundo gritó al escuchar la mención del nombre que daba vida e identidad a su precario evento.

Después de ejecutar el ataque, Mako retrocedió de un salto largo que lo llevó al punto exacto de su posición inicial. Exactamente a dos metros de Cill.

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#4
Hacía rato no usaba a mi fiel compañera, Lucky Sharp... Usualmente evitaba usar la fuerza innecesariamente, sobre todo con gente que no era necesario... Pero este grandulon invitaba a poder dejar respirar el filo de mi katana una vez más y no quería dejar pasar la ocasión. Aquel sujeto de gran tamaño no solo ofrecia dinero, ofrecía acción, acción real y tenía esas hachas que tanto me gustaron... Dejar pasar la oportunidad sería un pecado. 

El agolpamiento de la morbosa gente a nuestro alrededor esperando ver sangre era solo un aliciente, sus gritos, su sed de sangre era algo que por alguna razón me resultaba patético... Crecí bajo la ley de que el que tiene sed, que beba, pero estos cobardes solo se alimentaban de ver el morbo de aquellos que si se atrevían a desafiar sus propios deseos e ir por ellos... Pero ¿Quién era para juzgarlos? Tan solo soy un simple pirata que busca encontrar la emoción cada vez que el sol sale para iluminar nuestros días, y hoy ya lo había encontrado, frente a Mako, aquel sujeto de grandes  proporciones... ~¿Será que caen tan rápido como dicen cuanto más grandes son?~ me preguntaba, sin perturbar mi tranquilidad y postura con una sonrisa en mi rostro por la emoción, observando a aquel sujero hacer su show.

En el momento que aquel rubio de grandes proporciones blandió sus filos en forma de cruz hacia mi, la invitación estaba hecha, si se presentan las armas, se usan, y si se adopta una postura de combate, no es para aparentar... Aquel movimiento fue el desencadenante... Mientras faroleaba el grandulon haciéndome la cruz con las hachas, di un salto rápido enérgico y ligero raz del suelo de tres dejándome a su lado, mientras en ese movimiento con la diestra desenvaine con violencia para ejecutar un corte rápido y preciso sobre su abdomen que lo dejaría confuso y desorientado sin saber que lo atacó siquiera, seguido de un zarpazo con mi izquierda con mis dedos como garras de un tigre, revestidos con mis hilos cortantes impactando en la misma zona.

Rápidamente ni bien acabar de lastimar a mi oponente me volví rapidamente a su espalda alejandome dos metros de él, y dejando crecer aún más esos cinco hilos de mi izquierda, siendo de diez metros cada uno, orbitando a mi alrededor y apuntando mi katana hacia el sujeto. —No deberías blandir un arma si no vas a usarla...— le dije riendo mientras sacudí la katana para limpiar la sangre del intrepido grandulon. —Menos contra alguien que si está dispuesto a usarlas...— finalicé con un gélido tono, dándole a entender, que no existen segundas oportunidades.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 819 + 0 = 819
Energia: 761 - 112 = 649
Espiritu: 120 + 0 = 120
#5
Con el cruce de sus armas como disparador, el combate dio inicio, pero nada lo prepararía para lo que llegó después. Antes de que siquiera fuera capaz de flexionar las piernas, tensar los músculos y proyectarse hacia el enemigo, este se adelantó, cerró distancias a una velocidad de la que creyó, en su exceso de confianza, jamás sería capaz de alcanzar una persona que debía pesar lo que cada una de sus piernas, y atacó a su abdomen con un rápido desenvainar de la katana.

—¡Maldito! —exclamó súbitamente al tenerlo delante, mientras, en simultáneo, levantaba el hacha que sostenía con la mano derecha.

El corte llegó, frío y certero. Rasgó la tela de su camiseta y la piel que protegía debajo. Sangre saltó al aire siguiendo la trayectoria del rápido barrido. Mako parpadeó y en el instante siguiente lo invadió el dolor, un viejo conocido que hacía ya bastante tiempo que no pasaba de visita. Abrió grandes los ojos, sorprendido, desorientado, confuso ante la súbita descarga de adrenalina que disparó su cuerpo entero. Las fibras musculares sintieron el apremio de la situación junto al genuino peligro de un filo acariciando las capas externas de la dermis. Seguido de eso, de forma inmediata, un impacto sobre la misma zona le arrancó un grave jadeo. Expulsó todo el aire de sus pulmones y con ello, un poco de sangre también.

Cuando descargó el corte preparado con la mano derecha, el objetivo, para su desgracia, ya no estaba allí.

—¿Qué…?

En el instante que el dolor lo abrumó, dejó de sentir, dejó de percibir su entorno y eso bastó para que la presa se le escapara. Como un felino escurridizo había pasado a su lado y ahora se ubicaba por detrás.

Mako se giró, arrojó el hacha que sostenía en la mano izquierda —recogida inmediatamente por uno de los hombres que componían la ronda—. y posó su mano sobre la herida abierta en su abdomen.

—¿Qué carajos fue eso? —La mirada del grandullón estaba puesta en Cill, pero sobre la figura del hombre se solapaban finas líneas blancas, fluctuantes en el aire, y que destacaban reflejando la luz de la solitaria lámpara que los velaba—. ¿Eres usuario de una fruta del diablo?

La mandíbula de Mako se apretó y sus dientes chirriaron, bullentes de rabia. El campeón invicto acababa de perder y todo mundo lo notó. El público guardaba un silencio sepulcral en el cual su voz, colérica, se elevaba por encima de los pensamientos.

—¡Esto es “Cortado a Cuchillo”, cabrón! ¡No “Ensalada de Frutas”! —exclamó mientras apretaba el cuchillo en su mano derecha.

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#6
Más allá de la imponente figura de Mako, su apariencia no había hecho justicia a su amenaza... Había sido lento, había sido confiado por demás... La ejecución había sido efectiva más no había logrado ocasionar el daño que esperaba hacerle... Todavía tenía que seguir afinando mis habilidades, a pesar de que realmente había dejado al rubio enorme en una posición totalmente desfavorable. ~Hmmm... No fue suficiente~ analizaba mientras apuntaba mi katana hacia al desgraciado que había levantado el hacha soltada por el grandulon. —Deja eso en el suelo, no quisiera cortarte las manos— le pedí amablemente riendo.

Observaba al grandote jadeando, herido, incluso confundido ante la situación inesperada. —Soy Cill Blinton, capitán de los Smokey pirates... No necesitas saber más que eso— espeté relajadamente mientras los cinco hilos ondulaban alrededor mío como aura saliendo de mis dedos. Envaine mi katana y apoyé mi diestra en el mango ajustando a esta dentro de su vaina mientras danzaban los hilos. —No necesitas morir hoy... Pero sigues blandiemdo esa hacha...— le dije tras una mirada penetrante. —Tu suerte no va a cambiar ni hoy, ni nunca... Entrega el dinero, y las hachas... Sino, dejame invitarte un cigarro antes de continuar con esto, aunque no quisiera hacerlo...— le dije con una sonrisa amable que escondía una verdad aterradora.

Los hilos danzaban impenetrables a mi alrededor mientras avance un paso hacia el sujeto y le apunte con la katana sonriente —Fue divertido, pero ya perdió la gracia... Dime ¿Prefieres que muera alguien hoy?— consulté riendo con aire amenazante. En un principio parecía una pelea justa, pero solo tras el primer instante me había dado cuenta que no había emoción en acabar con la vida de un sujeto que no podría defenderse realmente de mí. Y al final de cuentas, solo había accedido porque me interesaba el dinero apostado, y sobre todo, esas hachas que tenía, ya que seguro valdrían algo en el mercado.

Usualmente me movía el juego, la diversión, la emoción, pero ahora ya nada había luego de aquel primer cruce... No tenía ganas de matar a alguien que no era capaz de matarme a mí...
Cosas
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 819 + 0 = 819
Energia: 649 - 25 = 624
Espiritu: 120 + 0 = 120
#7
El hombre que se había atrevido a levantar el arma se fijó en Cill, lo evaluó un segundo y, tras asentir, decidió dejar el hacha en el suelo. Luego dio un paso atrás, se salió de la ronda y pareció desaparecer en la oscuridad de la noche.

—“Smokey Pirates”, que chiste…

Mako apretó el agarre sobre su hacha. El mango de madera quería quebrarse de sus monstruosas manos. Se crispó, crujió, pero no llegó a romperse. Mako se relajo antes, bajó el arma y escupió a un costado. La ronda entera dio un paso atrás a la expectativa de lo que sucedería a continuación, la mayoría de ellos sin creerse lo que acaban de ver todavía mientras los hilos seguían fluctuando alrededor del pirata.

—Tú ganaste, chico —admitió el gigante Bristol.

Numerosos miembros del evento contuvieron la respiración, sorprendidos. Uno incluso se desmayó en el momento.

—Alcanzaste mi carne con tu espada. Por mucho que me joda, las reglas son las reglas y en “Cortado a Cuchillo” las respetamos. Eres el maldito vencedor…

Tras un un gesto de la cabeza por su parte, otro miembro de la ronda pateó el hacha que se hallaba en el suelo hacia Cill. Mako arrojó la otra al centro de la ronda y las dos terminaron a escasos metros de sus pies.

—Son tuyas.

El orgulloso peleador se tapó la herida con ambas manos e hizo presión, lo que ayudó a mantener la hemorragia controlada. A su lado, otro hombrecito rebuscó en su bolsillo y terminó sacando un pequeño fajo de billetes.

—El capitán de los Smokey Pirates gana el encuentro. Cómo se especificó, eso lo hace acreedor de diez mil berries . Y, como pactó con Brazos de Tronco, también se llevará sus armas. —Mako chistó la lengua, se dió la media vuelta y caminó fuera de la ronda mientras la gente se abría para brindarle un camino que seguir—. A todos les reiteramos: nadie nunca habla de Cortado a Cuchillo. Lo que aquí sucedió, no sucedió.

El hombre se acercó y entregó el dinero a Cill.

—Felicidades, Cill Blinton. Estás invitado a la próxima edición si deseas defender tu título —dijo el hombre, cuya corta estatura no le impedía caminar con confianza. Olía a cigarro, alcohol y agua estancada. Un hombre del río según relataban sus dedos gastados—. Puedo ofrecerte buen dinero si lo que pretendes es vender las armas de Bristol, como una cortesía.

La ronda se deshacía, pues, tras ese último combate, el evento había acabado. Cill era el campeón de la noche.

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#8
Todo había comenzado más rápido de lo que creía y terminó aún más de lo que yo esperaba. Sin embargo, había sido divertido jugar un rato. No podía ocultar la sonrisa ante el enorme Mako parecía interesante y no me hubiera gustado tener que matarlo, quizás era un tipo divertido, así que eso me alivió un poco. La gente parecía sorprendida aunque no comprendía porqué ni buscaba comprenderlo.

Diría que mi mensaje había llegado fuerte y claro cuando aquel tipo que sujeto el hacha la arrojó a mis pies. El ruido del metal pesado cayendo ante mí ni su arrojador interrumpieron el momento que observaba a Mako con una sonrisa que ensañaba los dientes, no una de esas burlonas, sino una de esas "estuvo genial, que se repita". No obstante Mako no se veía ni muy contento ni animado. Arrojó también su hacha, se volteó y empezó a alejar. A sus espaldas ya, a unos cuantos metros de él le alce la voz esperando que escuchara bien. —¡Eso fue divertido Marko!— espeté alegre equivocando el nombre de su adversario sin malicia, siendo algo que a veces confundía el nombre de algunas personas, ya sea por escuchar mal, a veces por no prestar atención otras porque simplemente no tenía idea. —¡Te espero próxima— finalicé sonriente mientras envainaba mi katana y los hilos de mi mano prolijamente y de manera rápida se desvanecian ante el ojo humano.

Volteando al pequeño tomé el dinero, y no se que quería y mi rostro no ocultó la poca emoción ante la propuesta. —Puede ser... Tendría que ser una edición muy divertida— le dije con esceptividad pero de forma amable. —Y... Acepto el justo precio por las hachas— concreté finalmente el acuerdo verbal riendo en carcajadas. Hecho mi botín, encendí un cigarro, y me fuí en dirección opuesta a Mako, siendo abierto el pasillo de humanos que estaban allí aún.

~Gentes raras si las hay...~ pensé exhalando el humo de mi cigarro. Con una sonrisa, me gustaba la idea de un club de pelea por el gusto y emoción de pelear con alguien fuerte.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 819 + 0 = 819
Energia: 624 + 5 = 629
Espiritu: 120 + 0 = 120
#9
✓
Aventura TX: Completada


Recompensas Narrador (Enji)

— Puntos Mugiwara: 6

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Recompensas User (Cill)

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STAFF DE NAKAMA NO MI
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