[Aventura T4][Presente Absoluto](+18) Construir destruyendo un pasado
#21
La batalla continúa, no parece haber llegado a su final, ni mucho menos. Uno de mis enemigos ha sido abatido, sí, pero el otro, aunque bajo supresión de fuego, todavía presenta pelea y la mayor amenaza aún está por colapsar sobre vosotros.

El enorme Buccaneer corre a vuestra posición con la ira de un dios antiguo, sin freno ni deseos de conciliación, solo sangre para aquellos que han atacado a sus alumnos. Con cada paso se siente más la presión y el peligro, pues cuando lo estás por perder todo, las fuerzas de flaqueza salen a flote. Eros, nuevo capitán de este grupo tan peculiar, decide no dejarse llevar por los nervios ni la urgencia del momento. Con cabeza y estrategia, decide no renunciar a su transformación ni pasar a otro estilo de combate. Hacerlo lo dejaría en desventaja y ha de conseguir que los enemigos bailen a su compás, no al revés. Si ya le había funcionado con el pelilargo, con este no sería distinto.
Pero la presión mental no trabaja de la misma manera para todos los integrantes del grupo. El dúo de tiradores parece tener bajo presión al peleador más fornido, pero viendo la llegada de una montaña de músculos en movimiento, Varo no soporta el temor y deja de disparar para fugarse tan rápido como puede. Su piel electrificada, característica de su raza, le ayudan a huir a toda velocidad, dejando una estela tras de sí y escapando del peligro. Pero dejando completamente vendido a su compañero, Maeda. 
El médico, con la vista perdida en diferentes puntos y analizando las acciones de sus nakamas, pierde de vista al foco de la acción, que pese a ser un titán, se mueve a velocidades sobrehumanas. El cielo se nubla para él, eclipsado completamente por una sombra que brinda muerte y destrucción para los que son suprimidos por la misma. Desde las alturas, el mastodóntico pirata aterriza con ambas piernas sobre respectivos hombros de su objetivo, clavando ambos talones simultáneamente. -¡¡¡MEDIO AÑO DE MEMORIAS DEL PASADO!!!- ruge con fuerza mientras ejecuta ese ataque demoledor, que entierra al tirador en el suelo y lo deja en una desventaja terrible, con el gigante encima.

La situación se ha vuelto en contra de los protagonistas de un segundo a otro, pero aún así, no hay clemencia por parte de los legítimos dueños del barco. -¡ATIKOT, RECOGE A SETSU Y HUID DE AQUÍ!- ordena el capitán, que hace que su alumno recupere fuerzas y se lance a por su compañero desangrado. Confia en que su maestro se encargue de dar una lección a estos cobardes que han huido tan rápido como han visto el peligro acercarse.

Datos de interés
#22
Las hojas y las ramas a mi alrededor se agitaron cuando vi saltar al gigante. Tal vez no lo hicieron más que mi cuerpo al ver a aquella masa gigante de carne moverse con tanta agilidad. Mi respiración, la cuál se había mantenido agitada hasta aquel momento, se pausó, como si intentase dar un instante de calma a toda esa situación. Como si fuera consciente de que  debía frenar mi pulso, que debía poner un lastre a mis instintos huidizos. Mis ansias de escabullirme se fueron disipando y vi en lo más profundo de mi un ligero brillo. Una luz que cogía más y más fuerza, iluminando la caverna de oscuros pensamientos en que se había convertido mi cabeza. Era como una antorcha que sirve de guía en mitad de una noche sin luna. Era el sentimiento de compañerismo que había desarrollado con mis nuevos compañeros, mis nuevos amigos.

El temblor de mis piernas desapareció y supe al instante que debía reaccionar. El gigante se encontraba de pie sobre Maeda, sus pies como dos columnas erguidos sobre los hombros del doctor. Entonces, reaccioné. No podía permitir que me volviesen a arrebatar a mis compañeros. El mundo me había demostrado que era feroz y el mar se había encargado de reforzar ese pensamiento. En este mundo, no era fácil conseguir buenas compañías. Sin embargo, si que era fácil perderlas. Y más aún, si no hacías nada por conservarlas.

Mis piernas se activaron como un pistón. Un destello y ya estaba en movimiento. Ya había decidido cómo actuar. No me podía permitir seguir siendo el cobarde que había sido hasta ahora. Debía ser capaz de enfrentar los retos que se me planteasen, aunque se tratasen de montañas de músculos en busca de sacos con los que descargar su ira. Tal vez, este mundo estuviese lleno de hombres duros y situaciones peligrosas, pero tenía que encontrar una manera de enfrentar todo lo que se me pusiese por delante, de superarme a mi mismo y conseguir ser alguien fuerte y temido.

Corrí hacia Kiyoshi, hacia la espalda de nuestro enemigo. Debía ser rápido, por ello corría como un relámpago. Sin embargo, esta no era una situación en la que pudiese actuar sin medir las consecuencias de mis actos, sin medir cuán lejos podía llegar sin que ni yo ni mis amigos saliésemos heridos. Era crucial ser veloz, sí, pero también lo era actuar con precisión; ser un buen tirador me ayudaría con aquello. Medí mi carrera sin perder la referencia del agujero que había abierto Eros en el suelo al entrar bajo tierra. Salté, en el ángulo preciso para elevarme y alejarme del suelo, de Kiyoshi. Medí con precisión la distancia que me separaba de mi enemigo, hasta que mi cuerpo y su cintura se encontraban a 25 metros, hasta haber dejado el agujero de Eros lejos de mi radio de acción, y en ese momento, actué.

—Maldición Sekhmet

Sentí una sensación repulsiva abandonar mi cuerpo y extenderse hacia todas partes. No era la primera vez que usaba mi técnica aquel día, pero sabía que, si pretendía salir de allí con vida, debía hacer enfermar a aquella bestia que nos había atacado. Caí al suelo sin perder de vista ni al gigante ni a nuestros anteriores enemigos. Iba a librarme de aquella situación, iba a conseguir el éxito y lo iba a hacer junto a mis compañeros.

—Vamos, Eros. Enséñale que los piratas de la Sepultura no somos ninguna broma.



INFO
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 1196 - 417 = 779
Espiritu: 144 + 0 = 144
#23
Eros escuchó desde su posición el grito de guerra del maestro de los dos a la par que gritaba el nombre de su habilidad en voz alta. Entonces sintió el impacto del cuerpo de su compañero contra la arena, o lo que él asumió era así, al aterrizar el gigante. Sintiendo una furia en su pecho mucho mayor que el tamaño que ahora portaba Eros avanzó bajo tierra a toda velocidad en dirección al maestro. Todo sucedió en un momento, tenía una noción de la posición de los mismos gracias a las vibraciones de la tierra y su olfato. Entendía instintivamente la trayectoria del enemigo, y hasta podría decir teniendo en cuenta el movimiento de las piezas en el tablero recientemente que la víctima de la violencia del artista marcial no sería otro que Kiyoshi.

Sus garras nadaron por debajo de la tierra con fluidez para ponerse en posición.

– “Vamos Eros…”


Fue todo lo que escuchó retumbando en el agujero que él mismo había cavado, la voz de Varo indicando una estrategia, un plan. Instantáneamente saltó desde abajo de la tierra, en un ángulo diagonal, rompiendo el terreno con su cuerpo al emerger. El salto fue rápido y certero dirigido a la espalda del combatiente. ¿Tenían derecho a salvarse? Irrelevante, para Eros si alguien vivía o moría solamente determinaba que tipo de cliente suyo sería; si contratista, o cliente.

La sepultura no perdonaría, y haría todo por seguir los cortejos fúnebres.

En el aire tras haber usado el impulso de sus patas para emerger en una emboscada a la espalda de Kiroku, todo sucedió en un instante tirando sus patas delanteras hacia atrás a la vez que preparaba sus garras. Primero la derecha descargó un zarpazo ascendente con las garras hacia la espalda del maestro, y la izquierda ya estaba avanzando cual estocada para apuñalarlo. La segunda y la primera elegía prácticamente al unísono.

Sabía que el enemigo era feroz, usando su aterrizaje para trepar hasta la cabeza del mismo decidido a ganar su atención a la vez que las cuatro patas se aferraban al cráneo del enemigo.


Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1867 + 0 = 1867
Energia: 1128 - 320 = 808
Espiritu: 390 + 0 = 390
#24
Fuego. Aquel elemento es lo que puede verse en los ojos de un Kiyoshi más vivo que nunca. Un hombre que ante la más mínima muestra de inferioridad se venía abajo, jamás confiando en sus capacidades y en las posibilidades que podía tener para enfrentar la adversidad y así alzarse con la victoria. Y es que de nada sirve lamentarse por la repentina ausencia de sus compañeros, pues desde que aterrizó en Whisky Peaks se prometió ser, o al menos intentar, un hombre fuerte, uno en el que puedan confiar todos los demás.

Uno en el que pueda confiar él mismo.

El movimiento de Kiroku es tan rápido que, cuando Kiyoshi ya ha tomado su posición antes mencionada —a cuatro metros del mar—, siente aquellos sucios pies impactar fuertemente contra sus hombros. ¿Qué diablos se cree este tipo, descalzo, tocándolo? ¿Es que no sabe que está frente al hombre más sucio que ha pisado este planeta? Vaya tipo desagradable.

Las piernas de Kiyoshi se doblan y todo su cuerpo comienza a caer debido al impacto. Pero este hombre al que se enfrentan no es aquel que ya se habría dejado derribar y derrotar, entregándole su vida al destino. Claro que no.

Kiyoshi, a pesar de sentirse mareado, que la cabeza le da vueltas y que incluso a sus ojos le cueste enfocar las imágenes que suceden a su alrededor —debido al efecto de confusión—, aprieta con todas sus fuerzas los dientes debajo de esa mascarilla que le hace parecer tan misterioso. Los músculos de todo su cuerpo se tensan y ejercen cada pizca de fuerza que pueda haber escondida dentro de su figura. Y es que por mucho que Kiroku quiera aplastarlo y crear una ataúd con su forma ahí en la arena, para así darle una sepultura digna como lo haría el capitán Eros, sus planes no acontecen como él lo piensa.

— No… no caeré… — Parece que no respira, que su rostro se pone morado, pero solo es un humilde médico intentando superar sus límites para poder sentirse orgulloso de su persona. — Porque yo también soy fuerte… — En sus hombros, Kiroku se da el lujo de darle instrucciones a su compañero, confiado en que Kiyoshi ha sido aplastado contundentemente por él.

Por mucho que los hombros le duelan una infinidad producto del golpe, sintiendo casi que podrían romperse sus huesos, ambas manos se han mantenido firmes en su rifle. Dedos sudados producto de todo lo que ocurre, del esfuerzo sobrehumano que realiza su cuerpo y, aprovechando que el enemigo se encuentra aún sobre sus hombros, solo gira levemente el arma hacia arriba, apuntando hacia el trasero del rival.

Y Kiyoshi no lo sabe, pero los movimientos de sus compañeros ya han entrado en acción.

Justo luego de ellos, es que la bala sale disparada rodeada de esa linda e inofensiva burbujita. Y aquí es donde se viene. — ¡PORQUE YO TAMBIÉN SOY UN PIRATA! — El proyectil sale expulsado desde el cañón del arma a una velocidad impresionante, impactando directamente en la zona trasera de Kiroku.

Tras disparar, siendo el tercero en la veloz secuencia de ofensivas en contra del enemigo, Kiyoshi intenta dar un pequeño saltito hacia atrás de dos metros, queriendo también quitarse al sucio hombre de encima, para luego correr siete metros hacia su izquierda, buscando distancia de Kiroku. Recién ahora es que vislumbra a Eros en la espalda aquella. — Sabía que no me dejarías solo, tonto.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1183 - 936 = 247
Energia: 865 - 324 = 541
Espiritu: 255 + 0 = 255
#25
Los vientos no soplan a favor de los recién formados piratas de la Sepultura. El grupo está repleto de jóvenes promesas de la piratería con un poder latente inmenso, pero todavía quedan asperezas que limar. 

El ataque de Kiroku es abrumador. La potencia descomunal de sus músculos se fusiona con la ligereza de un artista marcial de la más alta categoría, de aquel que ha dominado su cuerpo hasta límites insospechados. En una combinación letal, descarga toda su frustración sobre el pobre médico de la banda, que sucumbe ante la monstruosidad del movimiento. Los compañeros tan solo son testigos de la fatalidad de sus acciones previas, pues ambas, tanto correr como ocultarse, dejaron al más frágil completamente expuesto a merced del pirata terrible.

Las consecuencias no tardan en llegar, por suerte. Varo, envalentonado por fin, decide dejarse de actos cobardes y se lanza al ruedo con tal de proteger a su nuevo aliado. Su velocidad es crítica, dejando destellos fugaces a su paso en una estela chispeante. Analítico y preciso, toma la distancia máxima en un salto vigoroso que lo eleva lo suficiente como para lanzar su ataque estrella, ese aterrador efecto que causa a sus enemigos y que daña más allá de lo evidente.
Al mismo tiempo, Eros, autoproclamado capitán del grupo, hace honor a su título y no duda un instante en acometer contra el titán, por mucho que eso suponga su propia muerte. Detectando el peligro en la tierra, gracias a sus poderes únicos, atraviesa el terreno para salir disparado como una bala por la espalda del enemigo. Se lanza con la misma agresividad y estrategia con la que lo hizo contra el pupilo de su actual adversario, Setsu pelos largos. El impacto es ineludible para el maestro, que no espera un ataque por la espalda, aunque es insuficiente para doblegarlo al dolor. Pero Eros no se corta aquí, su intención es ejecutar su ya más que entrenado combo, sin embargo...

Varo, víctima de un poder que todavía no puede controlar, descarga su maldición antes de saber que su aliado va a saltar, pero cuando esta es ejecutada, ya no hay vuelta atrás. Invisible al ojo humano, los virus recorren el espacio que separa a sus objetivos e invaden los cuerpos del titán y del hombre-topo. La sensación es terrorífica, con un dolor virulento que ataca el interior del cuerpo sin tregua. El sepulturero sufre tanto esto que pierde el sentido y se destransforma, incapaz de sostener su forma completa en combate. El coloso, aunque malherido, parece resistir con temple de hierro. Este le lanza una mirada asesina al hurón, que empieza su descenso.

Quién no desaprovecha la ocasión que le han brindado sus compañeros es el médico y principal víctima del ataque furtivo de Kiroku. La distracción es suficiente para lanzar un disparo sorpresa cargado con el curioso poder del tirador. El proyectil conecta, pero lejos de doblegar al temible adversario, este solo enciende más su ira y le confirma dos cosas. La primera, es que estáis dispuestos a luchar hasta el final a pesar de la superioridad física que enfrentáis. Y la segunda, que vuestros ataques, aunque efectivos, no son lo suficientemente crudos como para hacer flaquear su voluntad inquebrantable.

Sin perder de vista al mink, sabiendo que uno de sus rivales está en horas bajas y el otro retorciéndose de dolor por el poder de su propio compañero, este avanza veloz para luego  saltar en diagonal buscando un choque directo contra el mamífero en descenso. -¡CABEZAZO ATÓMICO!- grita en su acometida mientras extiende su cuerpo como si fuera un proyectil humano hasta impactar de lleno en el abdomen de Varo. 

Mientras tanto, dentro del barco, una mujer abre los ojos y escucha un ruido que ya conoce bien, por desgracia. Su cuerpo apenas responde al movimiento y tensar las articulaciones se sienten como mil cuchillos clavándose en la piel. Pero no puede rendirse al dolor, no sabiendo que ahí fuera, sus hermanos se están jugando la vida contra dios sabe qué. Es momento de detener esta locura aunque eso signifique su propia muerte. El viaje, el jugar a ser piratas... Acaba aquí.

Datos de interés
#26
"Cuando la caja de Pandora se abrió, todos los males del mundo fueron liberados."


La maldición de la diosa de la guerra era una enfermedad nunca antes sufrida por parte del sepulturero, y rápidamente comprendió la potencia de las habilidades sobrenaturales de su compañero que siempre había podido ver cómo un espectador y el resultado no fue grato. Su cuerpo entero sintió el impacto de la enfermedad siendo lanzado un metro hacia atrás, cayendo con una rodilla hincada en el suelo a un metro del maestro que ahora parecía enfocado en un ascenso vertiginoso para vengarse de Varo. La vista volvió a Eros de repente, lo que implicaba que había vuelto a su forma humana. Miró sus manos enguantadas, todo estaba pasando en un segundo eterno que parecía suficiente para distorsionar su percepción del espacio tiempo. Su mirada temblorosa se levantó y el pitido que recorría sus oídos seguía igual de intenso, sentía como si hubiese sido arrollado por un barco a toda velocidad.

Tosió, sangre manaba de sus pulmones ¿Esto era la virulencia que impía sentenciaba la vida de sus enemigos? Su mirada se movió hacia Kiyoshi, moviéndose a la par que las manos se levantaban con la guardia en alto y la mirada en Kiroku avanzando sin darle la espalda hacia la posición de su compañero. Para muchos podía ser irónico que Eros se acercase en su estado de vago aturdimiento para preocuparse por su compañero, pero eso era lo único en lo que el capitán podía pensar pues así como Kiroku para él lo más importante era su gente y nada más.

Estaban luchando por la supervivencia, adaptándose a las normas de esa jungla: Matar o ser matado, la supervivencia del más apto. No estaba orgulloso de que lo estaba haciendo, pero siempre haría lo que fuese suficiente por el bienestar de los que estaban bajo su cuidado.

Tenía que aprovechar que Varo estaba siendo el foco principal del ataque del artista marcial en ese momento, aprovechar ese momento para respirar y volverse una pared que protegiese a sus aliados así su propio cuerpo fuese el que recibiese los embates de la furia ciega del buccaneer. Para Kiyoshi solo hubo su mejor intento de una sonrisa, mostrando sus dientes ensangrentados como un mensaje esperanzador para su médico de pie a dos metros de él.

Volviendo a su forma completa listo para seguir el combate


Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1867 - 576 = 1291
Energia: 808 - 14 = 794
Espiritu: 390 + 0 = 390
#27
En una batalla, las cosas pasas muy rápido, demasiado. Tanto que a veces nuestros ojos creen haber visto algo que no sucedía. Tanto, que nuestros cuerpos reaccionan casi por instinto, sin saber muy bien hacia donde. La velocidad a la que trascurre una batalla es tal, que no queda ni un instante para disfrutar del paisaje que nos rodea, de la idílica playa en la que se podría disfrutar de un día de sol y bebidas dentro de un coco. No, eso ya no es para nosotros. Nosotros debemos estar preparados para la batalla. Listos para enfrentar la siguiente montaña a escalar, el próximo obstáculo que superar, un «penúltimo» enemigo al que enfrentarnos.

Y tan rápido como suceden las cosas en la batalla, vi salir a Eros de su escondite. Saltó hacia la espalda de aquel gigante barbudo que nos había atacado, el mismo que seguía de pie sobre los hombros de Kiyoshi. El capitán, convertido en un pequeño topo, saltó hasta su espalda tras la señal que le di con anterioridad. Pude ver cómo llevaba ambos brazo hacia atrás, como el percutor de una escopeta que retrocede para coger impulso antes de la detonación. Sus puños salieron despedidos para impactar casi a la vez en la espalda de nuestro nuevo rival, resultando en dos golpes devastadores. Pero, tal y cómo estábamos acostumbrados, el viento no podía soplar siempre a nuestro favor. No se bien si se vio afectado por mi técnica anterior, o si se debió a algo que nuestro enemigo hizo, pero pude ver cómo Eros sufrió algún tipo de daño. Perdió su transformación. Cayó al suelo como una piedra. Se miró los guantes y, aturdido, se levantó para cubrir a Kiyoshi.

El doctor no desaprovechó la apertura. Disparó su rifle hacia la parte baja de la espalda del gigante. Su ataque sin duda me hubiese hecho doblegarme, pero nuestro enemigo lo encajó como si un insecto hubiese chocado contra él y continuó hacia su nuevo objetivo. Se había girado hacia mi y avanzaba a toda velocidad. Era rápido, pero podía apreciarse que sus movimientos ya no eran tan ágiles como antes. Seguramente debido al efecto de mi akuma no mi. Corrió raudo y saltó. Saltó hacia mi, o más bien, hacia la posición que había tenido hacía unos instantes, en el aire. Su cuerpo había adoptado una nueva postura, sus brazos pegados al torso. Parecía más bien algún tipo de proyectil que un hombre, si es que existiese algún cañón capaz de manejar un obús de aquel tamaño. Golpeó en el aire con una fiereza que me hizo estremecerme al pensar que me hubiese impactado.

Cargué uno de mis cartuchos de munición explosiva y disparé al gigante que aún se hallaba en el aire. A su cuerpo, pues no pretendía que mi disparo errase. Un estallido, seguido de una deflagración. La mitad del gigante se había visto envuelto en llamas. Corrí hacia la posición en donde se encontraban mis compañeros, manteniéndome a unos 3 metros de ellos, algo más alejados del barco. Por mis piernas ya no corría la electricidad, pues preferí ahorrar energía por el momento. 

—Doctor, ¿qué tal te encuentras? —dije sin apartar la mirada de nuestro enemigo—. Toma esto, tú le das mejor uso que yo —continué mientras lanzaba hacia su posición mi botiquín.

Debíamos acabar con nuestro enemigo y para ello, necesitábamos de cada uno de nuestros miembros.



INFO
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 779 + 13 = 792
Espiritu: 144 + 0 = 144
#28
Relajo, eso es lo primero que viene a su cuerpo cuando la masa de músculos abandona sus hombros que, hasta el momento, utilizó de alfombra para sus sucios y malolientes pies. Su movimiento fue efectivo y, desde su nueva ubicación, aprecia el panorama. No le gusta ver el estado en que se encuentra su capitán, pero realmente el médico está en un peor estado.
Maldición, ¿qué hacemos? — Para peor, Varo es tachado como el nuevo objetivo del enemigo. Y bueno, tampoco vamos a negar que Kiyoshi está algo molesto por haber sido abandonado de tal forma segundos antes.

Aun así, no quiere malas consecuencias para ninguno de sus compañeros.

— No te sobreesfuerces. — Se apresura en decirle a Eros, quien ya se encuentra frente a él como si un escudo se tratase. El pelinegro lo agradece, mas no ya no disfruta como antaño el ver que otros buscan arriesgar su integridad física para garantizar su seguridad.

¿Cómo derrotar a tan glorioso rival? Se ha demostrado que las ofensivas de los piratas de la Sepultura, si bien la afectan, no causan en él todo el impacto que les gustaría. Este pensamiento hace que los dedos de Kiyoshi presionen con más fuerza su arma.

La llegada de Varoganchin a su lado provoca tranquilidad, pues se le ve en un buen estado. El compañero Mink no tarda en arrojar lo que viene ser un equipo médico que Kiyoshi, obligando a soltar con la mano derecha su rifle, sosteniéndolo solo con la izquierda y debido apoyar el cañón en el piso, para así recibirlo con la mano libre.

No duda ni un instante en comenzar a utilizar con maestría, pero no con toda la velocidad que el gustaría. Necesita poder recuperarse un poco para así ser un mejor apoyo para el resto de sus compañeros. Ser una carga es algo que decidió dejar en el pasado, así que utiliza su cerebro para intentar buscar una solución para este conflicto.

— Debemos tomar el barco. — Una instrucción clara y concisa, y dicha con un tono de voz bajo. Nadie debe olvidar cuál es el verdadero objetivo de este paseo que han salido dar a la costa, buscar provisiones. Lamentablemente, tomar comida o lo que sea sin que Kiroku lo impida es imposible, por lo que intentar llevarse todo el transporte puede ser un buen plan. Aun así, depende del esfuerzo de todos, no solo de uno.

Por el momento, Kiyoshi termina de aplicarse el botiquín, sintiéndose un poco mejor y agarrando su segundo aire para lo que queda de contienda. — No decaigas, no decaigas. Confía, confía…

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 247 + 500 = 747
Energia: 541 + 110 = 651
Espiritu: 255 + 0 = 255
#29
¿Puede que el Buccaneer haya calculado mal las cosas?¿Puede la experiencia transformarse en arrogancia o tan solo es un mal cálculo por el estrés del momento? Sea cual sea la razón, el cabezazo queda en un ángulo demasiado elevado y falla a la hora de atacar al hurón, que ya va unos pasos adelantado a su siguiente movimiento.

Eros, afectado por un poder aterrador, siente un dolor indescriptible que jamás ha experimentado antes. Algo más allá de lo físico, del dolor mundano. Es algo interno, que ha penetrado su piel y daña sus entrañas. Pero a pesar de perder el control, lucha con una voluntad heroica para no abandonar a sus camaradas ante la afrenta del gigante, transformándose de nuevo y siendo un paladín para el médico.
Por su parte, Eros, es mucho más veloz y tenaz. Juega con la estrategia del propio adversario y raudo, carga una segunda bala especial que no tarda en disparar. El proyectil cruza el viento en mitad de la caída del titán y conecta. El impacto genera una explosión que envuelve al Buccaneer en fuego y humo y genera un estallido ensordecedor. La cosa no termina ahí, pues como una centella, se reúne con sus compañeros para salvaguardar a Maeda y confrontar junto a Eros la batalla.
El estado de Maeda es mucho más estable. Ha sufrido un golpe que su cuerpo va a recordar por mucho tiempo, pero ha sabido recomponerse y sus compañeros han sabido ganar tiempo suficiente para curar sus heridas y seguir con la batalla. Sus conocimientos médicos le han servido para sanar de forma momentánea y estabilizar la situación crítica.

Pero el imbatible guerrero no cede. Se desploma tras la explosión, malherido, aunque todavía dispuesto a luchar, a darlo todo. Ha analizado el combate lo suficiente como para entender como funcionan sus enemigos. No es el más listo, no, pero sí un veterano. Ha sido testigo de la velocidad del mink, inalcanzable, pero frágil. No puede con él, pero su poder afecta a sus compañeros. Si están juntos, será fácil pelear. El hombre topo tiene un espíritu combativo envidiable. Aún así, le falta madurez combativa, nivel, físico. En el mano a mano, puede derrotarlo. El médico es un verdadero peligro. Inteligente y versátil. Pero estando ya malerhido, no va a ser un desafío alcanzarlo una vez más y darle muerte. Es el momento. La verdad cruda del mar alcanza a los nuevos Piratas Sepultura. Kyroku aparece entre el humo y la remisicencia del explosivo, en una guardia tradicional de kárate 
-Este es mi ataque final... ¡ATENTOS!-
...
...
-¡¡¡BASTA!!!-

Una voz suena desde lo alto del barco, antes de que nadie se mueva. Es una voz femenina, aguda. Sin embargo, se siente cansada, enferma. Su aspecto es joven y esbelto, de cabellos oscuros y piel blanca. Pero por encima de todas las cosas, resulta por toda la dermis visible unas ronchas rojizas con pústulas verdosas que indican una infección terrible. Aún así, se presenta con un carácter indomable que frena a Kiroku y a Atikot, que carga a Setsu. -¡Por favor, maestro, ya vale de violencia...!- grita como si fuera una suplica. -Mira a donde nos ha llevado esta espiral de destrucción...- parece que va a tropezar, a desfallecer de agotamiento, pero se apoya en un slaiete del barco. -No podemos perder a Setsu... Nuestro viaje acaba aquí, dejemos que se lleven el barco. -
El titán pierde la postura. No parece haber tensión en su cuerpo. Parece resignado, frustrado por la situación. Este no es el destino que buscaba cuando se lanzó al mar. Cabizbajo, con el rostro sombreado, mira el suelo con tristeza. -Tsch...- chasquea la lengua mientras cierra los puños con fuerza. Tanta, que de sus manos empiezan a brotar hilos de sangre.

Info
#30
El último ataque del Buccaneer estaba por ser efectuado, Kiyoshi y Varo estaban en una posición que le permitiría adelantarse al ataque por ellos. Así tuviese que sacrificar su integridad contra el artista marcial, el topo no moriría sin dar batalla hasta el final sintiendo la adrenalina del combate a través de su cuerpo pese al dolor que hormigueaba aún. El mundo poco a poco iba dejando de girar a su alrededor, y aquel pitido agudo en su oído desaparecía. — Es, o no es —Exclamó el topo con una intención clara, iba a esperar el momento preciso para avanzar con una embestida para atacar al artista marcial de frente así tuviese todas las de perder en un enfrentamiento frontal y directo, en parte debido a sus 100 gramos de peso pero ese escenario hipotético fue interrumpido por algo más.

Un aroma de mujer.

No volteó la cabeza, pero podía sentir que era otra persona acercándose desde la zona del barco ¿Más enemigos? No. Escuchó la desesperación en su tono de voz, las súplicas, sus palabras de ruego a su maestro que pedían detener la carnicería para ambos lados. Por respeto, Eros volvió a su forma humana y, aunque magullado, mantuvo la mirada relativamente gacha en pleno silencio.

¿En qué se habían convertido? La desesperación los había llevado a tocar fondo en tantos sentidos que, a día de hoy, difícilmente podían reconocer la virtud en las actitudes extremistas que estaban ejecutando para con los demás. Inspiró, cerró los ojos y suspiró realizando una reverencia con la cabeza frente al artista marcial que los estaba intentando asesinar segundos atrás. — Sólo queremos el barco —Aclaró el capitán, sí, esto era un asalto. Lamentablemente, y por mucho que les pesase, era la supervivencia del más acto a la que se habían tenido que habituar en Little Garden.

— Tomen esto —Eros tomó su bolso con berries, un simbolismo, una compensación, una forma de traer algo de equidad al asalto descarado; de hacer que se sienta como un intercambio. Con cuidado, tomó la mano de la mujer y suavemente lo depositó en su palma. — Perdón...—Susurró.


Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]


Salto de foro:


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