El sol estaba comenzando a bajar de su cenit, los trabajadores de los campos de caña de azúcar y los campos donde pastaba el ganado salían de sus refugios donde habían dejado de trabajar para almorzar los que podían darse ese lujo mientras que los menos afortunados habían seguido trabajando bajo el sol primaveral que hacia sudar a todos por igual, estuvieran bajo su ardiente mirada o resguardados en la sombra, para ser uno de los primeros días de la primavera en aquella zona rural se sentía con una fuerza que hacia olvidar el "fresco" recuerdo del invierno que había pasado hace tan solo un par de días.
El viento arrastraba la humedad del rio en toda la región, el suelo no era lodoso pero cualquier ser humano que pesase más de 30 kilogramos fácilmente dejaba su huella en el suelo salvaje por fuera de los caminos creados en la región por el constante andar de la gente. Más apartados del área laboral, a tan solo una hora estaban la pequeña plaza comercial donde se reunían los comerciantes locales.
No muy lejos en dirección contraria se veía la entrada al bosque, no era tan denso como la selva Anazoma, pero era suficientemente denso para que la gente no entrase por miedo a perderse o peor aún, encontrarse con la gente que habitaba aquel lugar excluidos de la pequeña comunidad rural que formaba la aldea clave para la historia de esta ocasión, un pueblo sin nombre real más allá de "Pueblo de Paso" o "Punto de recolección oeste" para los proveedores que recolectaban mercancía de ese lugar para llevarla a otras regiones más céntricas del reino para su venta.
Las nubes eran pocas pero ocasionalmente alguna resguardaba a los trabajadores del sol y permitía a la gente del área comercial respirar entre sus tragos de bebida y aire caliente para refrescar su existencia mientras seguían trabajando una vez más por unas pocas berrie que ahora corrían el riesgo de ser robadas por la banda conocida como las "ratas" que aparecían, robaban y se llevaban comida, bebida y dinero en asaltos relámpago antes de regresar a su guarida.
Los habitantes locales estaban aparentemente tranquilos, sin embargo había cierta tensión en el aire, una ansiedad no palpable pero presente para quien fuera suficientemente observador, habían mandado a llamar un Cazador de recompensas para que se hiciera cargo del problema de Ratas, pero aún parecía no haber noticias de él o ella, en el centro de la plaza comercial había un muchacho de piel curtida por el sol y salitre que estaba dispuesto a recibirlo en caso de que necesitase instrucciones en lugar de ir a buscar a "Las ratas" a su guarida en el bosque que cualquier habitante del pueblo podría indicar fácilmente la dirección general de la misma al este del poblado.
El calor fue lo primero que me irritó, no por sorpresa, había leído lo suficiente sobre Samba como para anticiparlo, sino por la insolencia con la que la primavera se presentaba, como si tuviera derecho a invadir mi espacio personal desde el primer día. Ajusté el cuello de mi chaqueta clara con un gesto preciso y, casi por reflejo, saqué mi reloj de bolsillo dorado. La hora era correcta, pero el clima era excesivo.
Avancé por el camino principal del llamado Pueblo de Paso con pasos cortos y seguros valga la redundancia, mi bastón marcaba el ritmo sobre la tierra endurecida y a mi alrededor, el paisaje rural se desplegaba con una crudeza casi honesta por si sola, campos de caña, ganado lento y trabajadores sudorosos que, por desgracia, no parecían tener la decencia de mantenerse a distancia, mi nariz se arrugó apenas.
—Oh Primavera—murmuré —Qué estación tan optimista para gente tan poco preparada. — Noté las miradas, siempre las notaba, algunas eran de curiosidad, otras de incredulidad, la mayoría de desconcierto. Un tontatta elegante caminando solo, perfumado, sin escolta visible, en una aldea olvidada por el reino, era lógico que no supieran qué hacer conmigo, pero yo sí lo sabía.
Me detuve en el borde de la pequeña plaza comercial. No era más que un conjunto de puestos de madera, toldos gastados y mercancía básica, pero aun así se notaba el nerviosismo, conversaciones cortadas, manos que se cerraban sobre bolsas de berris, ojos que miraban hacia el este con demasiada frecuencia, no hacía falta ser brillante para deducirlo.
—Las "ratas" —dije en voz baja, con desdén —Qué nombre tan apropiado.— Avancé un poco más hasta situarme en una posición elevada, una caja de transporte olvidada desde donde pudiera observar sin ser rodeado. Volví a consultar el reloj y por suerte para el pueblo aún tenía tiempo antes de que mi paciencia empezara a cobrar intereses. Fue entonces cuando lo vi, el muchacho de piel curtida, postura recta y mirada expectante. No intentaba ocultar que estaba esperando a alguien, a mí, evidentemente, entonces bajé de la caja con cuidado y caminé hacia él, asegurándome de que cada paso transmitiera control porque el tamaño no tiene nada que ver con el control.
—Tú —dije, sin levantar la voz —Deja de mirar al horizonte como si esperasesque el problema se resolviera solo. — El joven parpadeó, sorprendido, y bajó la vista hasta encontrarme.
—¿Eres? —empezó, y claro ya eso me irritaba.
—Sí —interrumpi —Soy lo que pidieron y antes de que hagas alguna pregunta innecesaria, te ahorraré el esfuerzo, si, soy cazador de recompensas, soy caro en comparación con vuestros estándares y no tolero pérdidas de tiempo. — Crucé los brazos y mi cola se acomodó sola detrás de mí. —Explícame la situación —ordené —Pero hazlo bien, cuántos son, qué roban, cada cuánto lo hacen y, sobre todo, qué tan incompetentes han sido al lidiar con ellos.— El muchacho dudó un instante, luego habló.
El joven curtido pero voluntarioso observo con curiosidad al Tonttata que había venido proclamando ser el cazador de recompensas por al cual le pagarían si lograba resolver el problema que el pueblo estaba teniendo con "Las ratas" a nivel local y sin embargo no le gustaba nada ni el tono de voz ni como se dirigía a él, aquello molestaba el muchacho lo suficiente para demorar un momento en responder pero no suficiente para faltase el respeto de ninguna forma que el supiera -Hola señor Cazador, veo que hace preguntas, sígame y le iré explicando mientras andamos.- dijo el joven mientras emprendía camino al este del pueblo.
-No sabemos exactamente cuántos son, según a quien le preguntes son veinte, treinta o solo una docena liderados por alguien astuto.- comentó mientras se aseguraba de mantener un paso rápido para que pronto llegasen al borde del pueblo -No hemos querido confrontarlos directamente porque o atacan por sorpresa o son una docena rodeándote cuando estas solo para asaltarte y luego desaparecen corriendo entre la espesura.- explicó el muchacho mientras gesticulaba para denotar las tácticas y técnicas que los testigos habían explicado hasta el momento.
La forma de operar de las ratas era más una guerra de guerrillas que un asalto brutal contra el pueblo y por eso también era que se salían con la suya -Hasta ahora solo un hombre que se resintió recibió una paliza, al resto nos han dejado marchar con un empujón o un buen golpe para tumbarnos en lo que huían para que no reportásemos con suficiente tiempo para atraparlos.-
El joven de rasco la nuca, recordando el dolor de cuando a él le había tocado ser víctima de la táctica de las ratas -Roban principalmente comida, alcohol y dinero, pero si llevas un cargamento de barriles ya una vez se han robado las bestias de carga y la carreta entera, al poco tiempo volvió a aparecer cerca del pueblo, con parte de la mercancía. Creo que no quieren dar ningún golpe fuerte para evitar atraer a nadie importante.- agrego de forma subjetiva basada en la charla del pueblo más que en hechos o interacciones directas con los bandidos.
-
Llegaron al borde del pueblo o al menos al último dúo de casas suficientemente cercanas entre ellas para delimitar algo que pudiera llamarse frontera en aquel pequeño Pueblo de Paso -Normalmente roban una vez a la semana o cada dos semanas si la última vez se han llevado buen botín, ahora hace solo tres días desde su último ataque al pueblo han vaciado la mitad de las despensas del Señor Shortfall, así que deberían tener para dos semanas de alcohol y una de comida.- explico mientras le ofrecía ayudar al Tontatta al techo de una de las casas cercanas usándolo de elevador
-Desde aquí casi que se puede ver, pero con altura seguramente pueda notar un pequeño hilo de humo al este, sospechamos que esa es su base, uno de los recolectores una vez dijo que una cabra había huido en esa dirección y escucho ruidos de celebración pero sonaba peligroso de todas formas y regresó a toda prisa.- aclaró mientras señalaba en la dirección.
Ya eran aproximadamente las tres de la tarde, quedaban cinco horas de sol y aproximadamente otras tres de viaje hasta la base de las ratas. -Probablemente se adueñaron de una cueva o hicieron un escondrijo en las raíces de un árbol gigante, pero estamos bastante seguros que con el tiempo que llevan allí debe haber un claro artificial por todo el desastre y tiempo que viven allí.- explico el muchacho mientras veía en la dirección con desprecio por las dificultades que aquel grupo de malvivientes estaba causando a él y a su pueblo.
No me gustó su tono, ni su forma de mirarme, ni esa pausa deliberada antes de responder, como si estuviera evaluando si yo merecía o no su cooperación. Lo noté, por supuesto, siempre noto ese tipo de cosas, la gente cree que por ser pequeño uno pasa por alto esas cosas, es un error común y a veces un error caro. Aun así, no dije nada. No por cortesía, sino porque había aceptado seguirlo, y porque un cazador de recompensas que empieza una misión discutiendo con su contacto local suele terminar perdiendo tiempo o información útil. Así que caminé a su lado, bastón en mano, escuchando.
—Ajá, veinte, treinta, doce —murmuré mientras avanzábamos hacia el este —Me encanta cuando un enemigo viene con números opcionales, muy profesional todo. — El joven iba rápido, como si quisiera demostrar algo. Yo no tuve problemas en seguirle el paso, mis piernas eran cortas, sí, pero entrenadas, y además el terreno no presentaba dificultad real, tierra firme, humedad justa, huellas claras para quien supiera mirar y yo sabía.
Mientras hablaba de emboscadas, de ataques por sorpresa y retiradas rápidas, fui asentando mentalmente el perfil del grupo, cobardes organizados, no desesperados, eso último era importante, el miedo hace cometer errores, la comodidad los retrasa y las ratas parecían bastante cómodas. —Una paliza —repetí cuando lo mencionó —Una sola, que interesante. — No era compasión lo que sentí, sino confirmación. Si hubieran querido causar terror real, habría muertos. Si hubieran querido poder, habrían tomado el pueblo por completo, pero no, robaban, empujaban, desaparecían, esta gente eran parásitos, no conquistadores.
Cuando se rascó la nuca, noté la rigidez de su gesto, había sido golpeado. No gravemente, pero lo suficiente para recordarlo cada vez que alguien mencionara a las ratas, bien. La motivación personal suele volver a la gente más habladora y más imprudente. Llegamos al borde del pueblo, dos casas. Una frontera simbólica, débil, como todo allí. Acepté su ayuda para subir al techo sin protestar, no era orgullo lo que me definía, sino eficiencia, desde arriba, el mundo se ordenó mejor, campos atrás, bosque adelante y humo, fino, constante y mal escondido. —Ahí están —dije, sin necesidad de que señalara —Y si creen que nadie los ve, ya cometieron su primer error. — Miré el sol, según yo eran como las tres de la tarde, puede que mas, puede que menos, pero tiempo suficiente para llegar, observar y elegir el momento de actuar. Me giré hacia el joven, que parecía expectante, cargado de rencor contenido.
—Escúchame bien —le dije, con calma peligrosa —No necesito que vengas conmigo, ni que intentes ser valiente ahora. Tu valor sirve más vivo y aquí, manteniendo a la gente tranquila. — Bajé del techo con un salto corto y limpio.
—Dices que tienen comida para una semana y alcohol para dos. Eso significa ruido, descuido y celebraciones, nadie vigila correctamente cuando cree haber ganado tiempo. — Ajusté el agarre de mi bastón, mis hachas seguían bien sujetas en mi espalda, para mi todo estaba en orden, pero para ellos probablemente no. —No voy a ir directo —continué —No soy un toro. Voy a observar, separar y capturar. El líder, si existe, caerá primero. El resto correrá, siempre lo hacen cuando atacan en grupo solo basta con cortar la cabeza para que el cuerpo se derrumbe. — Di unos pasos hacia el bosque y me detuve, girando solo la cabeza. —Y cuando vuelva —añadí —no quiero oír historias exageradas sobre lo peligroso que fue todo, quiero una recompensa clara, acordada, y silencio. El miedo se cura cuando deja de contarse. — Sin esperar respuesta, entré entre los árboles, ña humedad aumentó, el aire se volvió más denso y sonreí.
Cajita Gruñona
Resumen
Lazaro escucha lo que el chico tiene que decir y explica que irá a por ellos pero primero irá a revisar, porque con comida y bebida para un tiempo, lo normal es que no esten tan atentos a la vigilancia.
El joven de pelo negro y ojos marrones miró una vez más al Tonttata mientras terminaba de oír tanto sus comentarios como sus órdenes, una parte de él quería ir junto al pequeño cazador de recompensas para hacer algo, sin embargo entendía que poco podría hacer, especialmente cuando un cazador planeaba moverse en sigilo y medir a su objetivo, el aldeano sonrió con tristeza y resentimiento pero acepto lo que le habían dicho -Entendido Señor Cazador, me aseguraré de que se haga como usted pidió.- con un tono levemente solemne afirmo aquello ultimo antes de saludar al cazador y darse la vuelta para emprender el camino de regreso al centro del pueblo.
Ante el cazador de recompensas se formaba un bosque complicado de transitar a más se apartaba del poblado, o al menos difícil de transitar para un grupo de personas normales como los aldeanos o un escuadrón de marines que no estaban entrenados para moverse por aquel terreno, pero alguien con la agilidad, fuerza y destreza del protagonista de esta historia podría optar libremente entre recorrer los caminos naturales que forman los animales que vagan por allí.
Otra opción para el ágil y fuerte cazador era simplemente subir a las ramas en lo alto para tener la ventaja de saltar entre árbol y árbol asegurándose evitar parte de las complicaciones del terreno, era ligero así que la tierra aunque se volvía algo más húmeda y lodosa, no era suficiente para que se hundiera profundamente bajos su peso al menos no en un paso o dos, pero lo suficiente para que incluso un Tonttata dejase huellas al andar por allí y se ensuciase si decidía ir solo por la tierra.
La variedad de opciones podrían hacer que fácilmente alguien se perdiera intentando llegar al lugar destinado, especialmente si no sabían orientarse, pero el cazador allí presente era un navegante, un hombre capaz de entender cómo moverse y mantener el rumbo de forma correcta con las estrellas y el movimiento del sol.
El viaje sería más o menos agotador dependiendo que clase de camino fuera a utilizar, pero eso estaba completamente a disposición de los esfuerzos y determinación del intrépido cazador que tenía el control de aquella cacería de aquel momento en adelante.
Off
El camino a recorrer es variado y complicado pero con tu oficio y atributos tienes muy buenas chances de llegar a destino, lo que falta es saber que camino elijes, cada uno tendrá ventajas y desventajas para cuando te acerques a la guarida de "Las Ratas".
-Elecciones- A) Usar los senderos de animales: -40 de Energía, Tienes garantizado llegar en sigilo al perímetro enemigo. Se realizara una tirada de dado con Altas chances de perderte consumiendo más energía (x4 al consumo de energía) pudiendo ocurrir hasta 3 veces. B) Saltando por las ramas: -180 de Energía. Se realiza una tirada de Bajas chance para ver si logras evitar ser visto al momento de llegar al perímetro enemigo. C) Por tierra firme de forma directa: -80 de Energía, Tienes garantizado llegar en sigilo al perímetro enemigo pero te llenas los zapatos y la ropa de lodo. D) Combinando B y C: -125 de Energía. Llegas al perímetro enemigo con Muy bajas chance de que te detecten. E) Combinando A,B y C: -60 de Energía. Tienes que tirar por una reducida chance Media de perderte un poco (Consumo x2 de energía) hasta 2 veces, te llenas los zapatos de lodo y ensucias tu ropa pero llegas en sigilo al perímetro enemigo.
En caso de que tomes una de las opciones que requiere tirar un dado d8 en el servidor de discord, en el canal de #off etiquetándome.
La posibilidad de afrontar las consecuencias son las siguientes:
Muy bajo es sacando 1 en el dado.
Bajo es sacando un 2 o menos en el dado.
Medio es sacando un 3 o menos en el dado.
Alto es sacando un 4 o menos en el dado.
El campamento de "las ratas" era como habían sospechado los habitantes, un enorme con tres huecos visibles donde podían entrar las personas, frente al mismo había un claro de aproximadamente doce (12) metros diámetro lleno de basura, cajas, lonas y gente en torno a un fuego donde un enorme caldero parecía estar siempre ardiendo para mantener un guisado siempre listo en caso de que le diera hambre a alguien.
A simple vista era un desastre, pero observando los detalles era posible notar que sobre el árbol recostado sobre la entrada había un vigía en una posición privilegiada para observar cualquier amenaza que se acercase a ellos.
Las lonas y telas que fungían como camas para la mayoría de los individuos que estaban a la intemperie estaban posicionadas dando la espalda al fuego y con madera y telas como almohadas para que los que allí descansaban estuvieran prácticamente sentados y vigilantes cuando no durmieran, una vigilancia cómoda y natural incluso cuando no era su trabajo.
El perímetro estaba sucio con mugre, eso era cierto, algunas cajas por aquí y por allá, pero habían con el tiempo limpiado todos los troncos y lugares donde una persona de más de un metro pudiera llegar a usar para acercárseles sigilosamente.
El grupo de personas que bebían, charlaban o dormitaban en aquel momento estaba compuesto por unas 18 personas incluyendo al "vigía" que estaba recostado sobre la entrada al árbol desde donde se podían escuchar ruidos de charal y celebración, solo basados en sonido era difícil saber cuántas personas habría allí dentro pero como mínimo serían tres personas más. La distribución de espacios demostraba que quien lideraba aquella operación cuanto menos entendía de posicionamiento y no era tan tonto como su subordinados que claramente eran todos muchachos jóvenes, adolescentes o jóvenes adultos que no tenían experiencia en el mundo real al parecer, pero se conformaban con el alcohol y la comida que allí les daban o esa impresión le darían a quien no los conociera individualmente.
Por fuera de los doce (12) metro de diámetro que abarcaba el perímetro central del campamento había otros seis (6) metros de arboleda reducida, arboles esparcidos o cortados cada cierta distancia, se veía que planeaban expandir su espacio común, pero por el momento seguía habiendo arboles más que suficientes para cubrir la presencia de algún intrépido Tonttata que no tuviera la mala suerte de ser visto cayendo de un árbol o algo por el estilo.
No esperé a que el muchacho se alejara del todo para internarme en el bosque. No por desconfianza, aunque siempre la hay, sino porque el tiempo es un recurso que solo los pobres se permiten desperdiciar y yo no soy pobre, no en lo que importaba. El bosque me recibió con ese silencio engañoso que solo tienen los lugares donde alguien cree controlar el territorio. Árboles altos, raíces traicioneras, humedad suficiente para incomodar pero no para frenar, para mi era perfecto, demasiado perfecto.
Avancé primero por tierra firme, midiendo cada paso, evitando los claros más obvios. El lodo intentó besar mis botas, solo lo intentó, porque no se lo permití más de lo estrictamente necesario, una mancha podía tolerarse, pero una humillación de este sucio lugar, no. Cuando el terreno empezó a delatarme más de la cuenta, subí. Las ramas eran firmes, viejas, acostumbradas a cargar peso. Salté de una a otra con cuidado calculado, sin prisa y sin espectáculo, no soy un mero acróbata de circo, soy cazador, el equilibrio entre tierra y altura me permitió avanzar rápido sin dejar un rastro digno de ser seguido algo que, por supuesto, ellos no sabrían aprovechar aunque lo encontraran.
Mientras avanzaba, confirmé algo importante, no me había perdido. Ni una sola vez, sonreí y entonces el olor llegó antes que la visión, comida grasosa, alcohol barato y humo constante, supe de inmediato lo que era, exceso, el exceso siempre habla, me detuve cuando la vegetación comenzó a abrirse, agazapado en una rama que me ofrecía vista directa al claro y entonces los vi. Dieciocho al menos, contados con calma. Uno sobre el árbol caído, mal sentado, demasiado relajado para llamarse vigía. El resto, desordenados en apariencia, pero no idiotas. Habían limpiado los accesos obvios, creando líneas de visión, dispuesto sus cuerpos de forma que despertaran mirando al fuego, no parecían brillantes, pero alguien entre ellos sí lo había sido.
Incliné la cabeza, observando los tres huecos del tronco gigante, entradas múltiples, es una muy mala idea si eres paranoico, buena si quieres rutas de escape y me di cuenta de algo interesante, el caldero, en estos casos siempre caliente, siempre listo y tenia razón, eso hablaba de permanencia, no de paso. Nadie que se queda demasiado tiempo en un mismo sitio está preparado para cuando vienen a buscarlo. Me acomodé mejor, sin mover una hoja más de lo necesario. Mi respiración era lenta, controlada, no había sudor en mi frente porque no lo permito, y mis armas seguían en su lugar, todo estaba, aceptablemente limpio.
—Bien —murmuré para mí mismo —Veamos quién cree ser el cerebro aquí.—El que parecía ser el vigía bostezó, un bostezo largo, confiado, casi ofensivo, lo anoté mentalmente, esa rata de ahí es mas perezoso que muchos otros. Recorrí con la mirada a los jóvenes alrededor del fuego, se escuchaban risas fuertes, podía ver gestos amplios, cuerpos relajados. Ninguno miraba realmente al bosque, miraban a través de él, como si fuera solo un decorado, como si no pudiera devolver la mirada. Me permití una pequeña satisfacción, no una sonrisa completa, eso sería infantil, pero sí ese gesto interno de quien ya ha ganado la mitad del enfrentamiento antes de empezar.
No iba a atacar aún, no por el momento, no así. Primero necesitaba confirmar quién mandaba, quién entraba y salía del tronco, quién daba órdenes aunque no alzara la voz, las ratas siempre siguen a una más gorda y yo no voy a perder el tiempo y mis fuerzas cazando a todas a la vez cuando puedo cortar la cabeza y dejar que el cuerpo huya solo, entonces me quedé allí, inmóvil, contando tiempos, memorizando rutinas, el sol aún tenía horas antes de caer y yo, paciencia de sobra, después de todo, ellos no sabían que ya estaban siendo observados por algo peor que un escuadrón de los tontos de la marina.
Cajita Gruñona
Resumen
Al final de cuentas me interno en el bosque y elijo la opción D haciendo un gasto de 125 de energía para moverme tanto por tierra como por las ramas de los arboles aprovechando el tamaño y agilidad de mi raza tontatta, al llegar observo el panorama, me acomodo en una rama a mirar a cada uno de los presentes aun sin saber quien es el líder, no me lanzo al ataque sino que me quedo observando que pasará y a ver si el líder sale y puedo identificarlo de algún modo.
El paciente cazador de recompensas estaba recolectando toda la información que veía posible durante el tiempo que no era detectado, obteniendo un mapeado prácticamente perfecto del terreno y los individuos que estaban fuera del árbol, una tarea larga y que requería de la disciplina de un hombre como el mismísimo Lázaro Esvendim A. Montege que ahora deambulaba entre las sombras alrededor del nido de ratas.
Tras aproximadamente dos horas el sol comenzó a bajar poniéndose naranja, varios de los que habían estado de fiesta o emborrachándose se acostaron dejando a un nuevo vigia en el puesto del anterior y al resto que se ocuparan en caso de que "ocurriese algo", pero durante esas dos horas que había estado espiando el intrépido cazador, había logrado recolectar más información relevante, el vigilante actual era un pirata buscado Jorge Arbusto, conocido por meterse entre la maleza y atacar a traición a gente más débil que él, jamás participando de una pelea justa, su wanted era relativamente bajo.
Sin contarlo al actual vigía, estaban también dos figuras más de interés para nuestro cazador que habían sido mencionados a lo largo de la velada y al parecer, junto al vigía, eran las tres figuras de autoridad en aquel campamento, Margarita Tachera una mujer vil y ruin que con machete "tachaba" una cruz en sus víctimas independientemente de que las dejara con vida, era conocida por ser una sádica mujer que se regocijaba en el sufrimiento de los que creía inferiores a ella misma, se sabe que era una mujer noble caída en desgracia y huida, pero en su tiempo de gloria ató a gente solo para dejarlo morir de hambre para su gusto personal.
Finalmente el último individuo de interés era Jeremy Mooreya un ex miembro de la marina que había desertado luego de que lo atraparan malversando fondos, aceptando sobornos y contratando piratas para que "apaciguaran" el pueblo que él debería cuidar, manteniéndolos intimidados para que dieran dinero y además no solicitaran ayuda de la marina, sin embargo todo se descubrió cuando un grupo de niños "revoltosos" fueron asesinados por los piratas que él había contratado y el pueblo se alzó llamando la atención de la marina, haciéndolo huir del lugar y desertando, por lo que comentan las ratas parece ser el líder y tener alguna relación con Margarita pues ambos estaban a cargo del mismo lugar y parecen llevar un tiempo juntos antes de instalar esta operación. Se comenta también entre los miembros de las Ratas que esto es algo temporal y realmente planea conseguir el control sobre varios pueblos de Samba antes de fortificarse y tomar control de alguna aldea o incluso la isla.
Actualmente están en un periodo de bonanza, enfocándose en recolectar “recursos” y gente para los planes de Mooreya. Diversos miembros siguen despiertos y por más de que claramente todos los miembros de “las ratas” que no sean parte de los tres al mando, son jóvenes sin preparación y aun así, están lentamente aprendiendo a moverse con naturalidad de forma táctica o llevar armas siempre con ellos, probablemente algo inculcado en ellos directamente por las ordenes de Mooreya.
Sin embargo aún estaban faltos de disciplina, más de la mitad estaban durmiendo la siesta o demasiado aletargados para actuar en caso de que alguien los intentase confrontar.
Off
Puedes entrar al mapa desde cualquier punto que desees pues haz tenido tiempo de sobra para seleccionar tu punto de entrada con tiempo de sobra.
Los guardias activos forman una horda de nivel 1 y el Vigía es un NPC en caso de que quieras enfrentarlos.
También puedes elegir retirarte con la información recabada y realizar un ataque en otra ocasión.
Cada cuadrado en el mapa es de un metro.
Bélico en caso de ser necesario
*Horda Rango 1
*Formada por 8 personas.
*Tienen 80 PV (10PV cada miembro). Si llega a 0PV serán derrotados.
*Dañan el 50% de su PV total por turno. Su velocidad de movimiento/ataque es 10 puntos.
Descripción: Un arma de hoja larga y afilada, con un solo filo o doble filo. Las espadas tienen diversas formas y se utilizan tanto para cortar como para apuñalar en combate.
Dos horas completas viendo cómo un grupo de inútiles se turnaba entre beber, reír como focas con retraso y fingir que vigilaban un campamento que, francamente, parecía más un basurero con aspiraciones que una guarida criminal, fue tedioso, sí, pero no inútil. Yo no pierdo el tiempo, prefiero invertirlo. Desde mi posición elevada, una rama perfectamente cómoda, aunque indigna de alguien de mi categoría, pude confirmar lo evidente y lo importante. Lo evidente; la mayoría de las ¨Ratas¨ no son más que jóvenes idiotas con demasiado alcohol en sangre y muy pocas neuronas funcionando al mismo tiempo. Se levantaban para mear sin avisar, discutían por porciones de guiso como si fuera alta cocina y dejaban armas apoyadas contra cajas mal cerradas. Un empujón bien dado y la mitad de ellos se haría daño solo por caerse encima unos de otros.
Lo importante, en cambio, requería ojos entrenados, tres, mínimo tres individuos destacaban claramente del resto, el primero era el supuesto vigía. Digo “supuesto” porque su disciplina era una broma, pero aun así era el único que no bebía sin parar. Observaba el perímetro de forma intermitente, corregía la postura de otros con gestos secos y, lo más relevante, era el único que llevaba algo parecido a una ruta fija de patrullaje visual. No era bueno, pero sabía que debía parecerlo.
La segunda era Margarita Tachera, apreté el bastón con fuerza al reconocerla del relato que había escuchado tiempo atrás en otro puerto, no porque me sorprendiera verla allí, sino porque encajaba demasiado bien. La forma en que reía, cómo se acercaba a los más borrachos para “jugar” con el machete, cómo tocaba la hoja como si fuera una joya, esa mujer no robaba por necesidad. Robaba por placer, el tipo de persona que necesita que otros sufran para recordar que alguna vez fue alguien importante. —Una mujer noble caída en desgracia —murmuré con desdén —Bah. La caída no te volvió monstruo, solo te quitó el disfraz.— Atar gente para dejarlos morir de hambre, marcar cuerpos con cruces como si fueran ganado defectuoso. No era solo una criminal, era un mensaje mal escrito con sangre, capturarla no era una cuestión de recompensa, era una obligación moral y una advertencia para cualquiera que creyera que la crueldad quedaba impune si te escondías lo suficiente.
Y luego estaba él. Jeremy Mooreya. Exmarine, desertor, corrupto hasta la médula. Cuando lo vi, entendí por qué el campamento estaba tan bien distribuido. por qué había vigilancia real, aunque mediocre, por qué no daban golpes grandes. Ese hombre sabía exactamente cuánto crimen podía cometer sin atraer una flota, sabía cómo funciona la Marina porque fue parte de ella y decidió venderla por monedas y miedo, contratar piratas para “apaciguar” un pueblo. Dejar que niños murieran porque era más fácil que perder el control, ese tipo de hombre no huye por cobardía, huye porque cree que el mundo le debe algo. —A ti te van a querer vivo —pensé, con una sonrisa fría.
Tres objetivos, tres destinos distintos, pero antes había que limpiar la mesa. Los cabos sueltos siempre son los que joden una cacería. Los gritos inesperados, el borracho que despierta en el peor momento, el idiota que corre sin saber a dónde y alerta a todo el campamento, no podía permitírmelo, no aquí. Me deslicé fuera de la rama con cuidado, dejando que mi peso cayera justo donde el suelo estaba más firme. No hice ni un ruido innecesario, el barro apenas se quejó bajo mis botas. El hacha ya estaba en mi mano, no tuve que pensar en sacarla, era una extensión más de mi cuerpo, fría, familiar, honesta.
Ocho idiotas que no hacían nada, dormidos, medio inconscientes, borrachos hasta el punto de no distinguir un sueño de una pesadilla, para ellos daba igual estar vivos o muertos. Para mí también. El primero estaba recostado contra una caja, la boca abierta, roncando como si el mundo le debiera descanso. Me acerqué por detrás y, sin ceremonia, giré el hacha en un movimiento corto y seco. No hubo sangre volando ni espectáculo. Solo un cuerpo que dejó de ser un problema, lo acomodé en el suelo con cuidado, casi con educación mientras el silencio seguia intacto.
El segundo y el tercero estaban juntos, compartiendo una lona mugrienta. Uno murmuraba incoherencias, el otro se rió en sueños, no me detuve a escuchar qué decían, un paso, un giro de muñeca, dos impactos precisos. El hacha no necesitó fuerza bruta, solo dirección, dos respiraciones menos en el campamento. El cuarto despertó lo justo para entender que algo iba mal, sus ojos se abrieron, la boca intentó formar una palabra, pero no llegó hacerlo, el mango del hacha le cerró la tráquea y la hoja hizo el resto. Murió con sorpresa en la cara, siempre es así con los estúpidos. El quinto estaba dormido con una botella en mano, cabeza caída hacia atrás. Dudé un segundo si estaba despierto, pero no lo estaba aunque realmente no importaba, bastó un golpe lateral, rápido y el sonido fue opaco, casi decepcionante.
Para cuando llegué al sexto ya sentía el ritmo, no era adrenalina, era mas bien una rutina. El tipo estaba tirado boca abajo, bastó con pisarle la espalda para inmovilizarlo y acabar con el asunto. El séptimo intentó incorporarse al escuchar algo, tal vez su cuerpo supo antes que su mente, pero tropezó con su propia manta mientras que el octavo ni siquiera tuvo esa oportunidad, ocho cuerpos significaban ocho problemas menos. Me tomé un segundo para respirar y mirar alrededor, nadie había gritado, nadie había corrido. El fuego seguía crepitando, el guiso burbujeaba como si nada hubiera pasado, el campamento seguía vivo pero ahora cojo, aunque era cuestión de minutos o segundos para que alguien lo notase.
Off
Gasto 100 de energia para acabar con la Horda de rango 1 y me preparo para cualquier cosa que venga.
Los guardias que no estaban profundamente dormidos habían empezado a caer uno a uno con rapidez mientras los del centro de la fogata descansaban con tranquilidad sin saber que el final se aproximaba ellos, el cazador de recompensas supo moverse sigilosamente y evitar que estallara un conflicto a gran escala levantando a todo el resto de los miembros de la "banda de ratas" aquello garantizaba que al menos no habría inconvenientes mayores en caso de que se diera la alerta por algún motivo.
El motivo para que se diera la alerta en aquel momento era uno solo, el vigía, Jorge Arbusto, sin embargo el mismo estaría aparentemente tranquilo cuando se levantaría de su puesto para saltar a una de las entradas de la guarida -Haraganes, voy a mear, cuidado con los gatos.- gritó mientras caminaba dando la espalda a esa puerta dirigiéndose al límite del claro que rodeaba la base para hacer sus necesidades sin mayor miramiento al respecto.
Por un momento el campamento estaba indefenso pues ya casi la mitad de sus "ratas" estaban fuera de combate de manera permanente y la mayoría se encontraban profundamente en los brazos de Morfeo, Jorge estaba en un área aislada y los líderes del grupo en el interior de la base, a efectos prácticos todas las "ratas" estaban fuera de combate y por lo mismo listas para ser atadas o acomodadas para ser llevadas por las fuerzas del hombre una vez que el Tonttata hubiera hecho huir a los líderes del grupo o los derrotase, sin importar cual fuera el resultado de eso último, este nido de ratas estaba provisionalmente neutralizado. Incluso en caso de que los bandidos se despertasen eran propensos por igual a huir o como a no entender la clase de situación en la que estaban. La el cielo era más violeta que naranja solo quedaba alrededor de media hora de luz antes de que la oscuridad se adueñara por completo del bosque y sus alrededores.
Con la caída del sol terminaba la cacería de "ratas" y empezaba la de las verdaderas mentes pensantes e individuos peligrosos que había en aquel lugar.
Off
El nido de ratas ha quedado neutralizado sin causar mayores inconvenientes. Quedan 3 NPCs con nombre para que les des Caza, pero eso será en otra aventura en caso de que quieras que sigamos con está narrativa a historia.
Doy por finalizada la parte 1 de “Otro nido de Ratas”, Lázaro espero que hayas disfrutado de esta primera aventura de T1 en la que pudiste encontrar el nido y recolectar toda la información posible del mismo.
Revelaré el NPC que puse el turno anterior para que veas con lo que hubieras tenido que lidiar (además de la horda lvl1) en caso de que hubieras querido venir directamente al choque sin investigar nada.