Cazadores siendo cazados [Presente Relativo T3]
#31
— ¡O-oye, Tontovaro! — Se preocupa al verlo salir corriendo en dirección al enemigo, pues es imposible no temer ante la inminente caída de la cueva. El dinosaurio allá dentro cada segundo que pasa se mueve más, causando destrucción donde sea que sus pisadas resuenen. Aun así, Kiyoshi no baja su rifle, teniendo desde la distancia a Taji en la mira, preparado para darle un buen disparo en caso de que sus compañeros le creen una perfecta abertura. — Nosotros debemos salir vencedores y vivos de aquí. No podemos ser los tontos que no son capaces de abrirse paso en el mundo.

Pareciera que no es Kiyoshi el único con este pensamiento, pues sus dos compañeros demuestran su valentía, el coraje y la fuerza que se necesita para seguir avanzando en esta aventura que seguramente traerá consigo mucho dolor, sufrimiento, lágrimas y sangre, pero también alegrías, crecimiento, valor, y éxito.

Tierra, piedras y mucho ruido, eso provoca la cueva que ya está a punto de ceder. No hay espacio para el error, sus compañeros deben salir ya. — ¡RÁPIDO! — Les grita, asustado, temeroso. No es de los que alce la voz por cualquier cosa, pero le aterra pensar que alguno de ellos pueda pasar a mejor vida dentro de este lugar. Si un trauma posee Kiyoshi es el tener en sus manos un paciente al que no puede salvarle la vida, siendo peor aun si se tratase de uno de los suyos.

Aquellos ojos relativamente espaciales que posee le permiten ver, entre medio de la escasa luz, a la enorme bestia llevarse la última muerte de este día. Taji, sumido en un profundo dolor mental y en todo su corazón por la partida de sus hermanos, poco y nada puede hacer para evitar ser atravesado por la prominente cola del dinosaurio. Kiyoshi, no disfrutando la escena, se lleva la mano diestra a la boca, haciendo un amago de vomitar debido a la cruda escena.

Afortunadamente, el momento de huir ya llega. Si bien pudo escapar desde el comienzo debido a la cercanía que tiene con el mundo exterior, recién es ahora que ve a sus compañeros venir sanos y salvos que mueve las piernas para huir. En cuestión de segundos, debido a su posicionamiento, ya se encuentra en el exterior, respirando al fin aire fresco. — Oigan, ¿están… — Sí, están aquí, con él, vivos. Solo suelta un suspiro de relajo, dejándose caer sobre la tierra, sentado y de piernas cruzadas. Un pequeño descanso no le viene mal a nadie, menos luego de tanta tensión y exigencia física.

Kiyoshi está exhausto.

Desliza por su rostro la mascarilla que siempre porta, permitiéndole a su boca atraer más del aire que le revitaliza, aunque sí molesta a su nariz el olor a sangre que sigue presente desde su llegada. No todo puede ser tan bueno. — Huelen horrible. — Le reclama a Eros, quien se encargo de sacar los cadáveres desde ahí dentro. De todas formas, no dice más queja, pues comprende y conoce desde su primer encuentro el gusto que tiene su capitán sobre el dar dignas sepulturas a aquellos que han visto sus vidas caer en la miseria.

— Solo no tardes demasiado. El derrumbe trajo consigo mucho ruido. No me gustaría que otro tonto dinosaurio venga a arruinarnos la existencia. — Gira su rostro hacia el compañero Mink. — ¿Podrías ayudarlo un poco, Varo? Yo, la verdad… apenas puedo moverme. — Sin importarle que el suelo esté sucio, se deja caer hacia atrás, quedando recostado y lleno de polvo. Está sufriendo calambres en los mismos calambres…

Al menos, puede seguir vivo un día más. Como pirata, eso es algo que debe agradecer.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 370 + 0 = 370
Energia: 25 + 10 = 35
Espiritu: 255 + 0 = 255
#32
Había tomado posición para poder atacar a nuestro enemigo y acabar con él. Sin embargo, una vez más el mundo tenía otros planes. La cueva a mi alrededor parecía estar ansiosa por venirse abajo. La bestia, más enfurecida aún, golpeaba sin cesar la pared, con la rabia de quien busca venganza, de quien ya nada le importan las consecuencias. Miré hacia el enemigo, el cuál se encontraba de rodillas en el suelo tras mi ataque. El animal reaccionó a su movimiento. Golpeó con una de sus patas en el suelo. La nube de polvo que se levantó ocultó el inicio de una grieta que se extendió hacia la pared. La cueva se retorció de nuevo y una nueva apertura se abrió entre la bestia y el hombre. Nuestro enemigo alzó la vista para ver cómo se acercaba el animal furioso. La presa se había convertido en el cazador. La cola de la bestia se alzó, y cayó como una sentencia. Atravesó el pecho de nuestro enemigo, el cual quedó inmóvil, su mirada, perdida. 

La bestia agitó su cola y se deshizo del cadáver. El cuerpo chocó con fuerza contra el suelo. Una enorme mancha roja cubrió las rocas, ya ensangrentadas de por sí. El cuerpo se agitaba, soltando sus últimos estertores. Sin embargo, aquel animal no parecía haberse quedado satisfecho. Se acercó, con un rugido furibundo. Sus pasos retumbaban por todos lados. Se detuvo y acercó la cabeza a su víctima. Olisqueó un par de veces sobre él y, como el niño que pisa un insecto, cerró su mandíbula sobre la cabeza del cazador. El crujido de los huesos hizo estremecerse mi cuerpo. La bestia levantó la cabeza, dejando caer los restos sin interés alguno; solo buscaba una nueva presa. Antes, había podido sentir el dolor de aquella criatura, pero ahora, al mirarla, tan solo sentía el temor por convertirme en su siguiente víctima. 
Un nuevo retumbar me hizo tomar consciencia. La bestia se interponía entre yo y la salida de la cueva, pero si no me arriesgaba a pasar junto a ella, la montaña iba a dar cuenta de mi. Dejé seguir fluyendo la electricidad por mi cuerpo. Tal vez, si era lo suficientemente rápido, la bestia no podría reaccionar a mis movimientos. Corrí. Avancé a toda velocidad. Vi un objeto, pequeño, que había caído de cuerpo de nuestro rival. Sabía que no podía detenerme, pero mi alma de ladrón me instaba a no salir de allí con las manos vacías. Me agaché para recogerlo con una de mis manos, sin detener mi paso. Lo tomé y salté para sobrepasar a la criatura. La cueva parecía haber tenido suficiente, pues a mi alrededor la roca se desprendía del techo de la cavidad. Ya podía apreciar la salida de la cueva al final del camino.

La silueta de Kiyoshi se dibujaba sobre la luz del sol. El doctor parecía haber esperado a ver que sus compañeros salían de la cueva antes de comenzar a abandonarla él también. Continué mi carrera esquivando las rocas. También pude ver la figura de Eros abandonar la caverna, aunque él no lo hacía solo; cargaba los cadáveres de dos de nuestros enemigos. Tan solo me faltaban unos metros. Cada vez el aire parecía menos viciado. El olor metálico y acre comenzaba a diluirse, dando lugar a un aroma algo más fresco. Un último esfuerzo. Tras de mi, la cueva se estremecía, pero yo ya había alcanzado la salida.

El doctor se dejó caer para sentarse en el suelo. Nos preguntó si estábamos bien, o al menos lo hizo a su manera. Deslizó su mascarilla antes de dirigirse a Eros señalando los pestilentes cadáveres que había portado con él. El capitán se levantó y dijo que iba a enterrarlos. Yo permanecía mirando el extraño den den mushi que había recogido del interior de la cueva, aquel que se había caído del cuerpo decapitado de uno de nuestros enemigos, cuando Kiyoshi me pidió si podía ser yo quién ayudase a Eros con la sepultura, pues él estaba exhausto. Un sentimiento de repulsa recorrió mi cuerpo, mi boca se torció hacia abajo, pero supuse que eso es lo que debía hacer a partir de ese momento.

—Sí, claro. Yo le echaré una mano —dije mientras terminaba de observar el den den mushi—. Yo tampoco quiero que eso ande al aire libre mucho tiempo.

Me ceñí el sombrero, agarrando desde el ala. 

—Yo te sigo, Eros. Vamos a enterrarlos. No por nada somos los piratas de la sepultura.



OFF
Emme's Codes

#33
✓
Aventura T3: Completada


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