[Auto T1] Not him, not now (+18) [P.A]
#1
Día 26 de Primavera/ Año 17
Reino de Samba

¿Cuánto tiempo pasó? ¿Una, dos, tres horas? Mi pie golpeaba el suelo a un ritmo acelerado, nervioso, mientras tenía la vista perdida en ninguna parte. Únicamente una maraña de pensamientos negativos rondaban mi mente, unos pensamientos que trataba de alejar de mi vida. Pero no podía ignorarlos cuando se trataban de él. En mi mano derecha, apretado y arrugado sostenía un trozo de papel viejo con un mensaje, uno que no podía ignorar, sabiendo que podía estar en peligro.

“Iglesia, Norte, Jungla.”

El mensaje era simple, pero conocía la caligrafía, se trataba de Trece. Era raro que no le hubiese visto en días, y siempre que nos cruzábamos estaba esquivo como si algo le pasara. No me metí, pues la mayoría de veces simplemente necesitaba su espacio, pues se cansaba de todas las tonterías que podía soltar por mi boca. Pero esto… Parecía grave. No llamé a nadie de la tripulación, pues ninguno conocía a mi hermanastro y sentía que era yo quien tenía que solucionar todo este embrollo, contarle sobre lo que había estado haciendo como la pelea contra el grillo, o el hecho de que ahora íbamos a tener nuevos amigos con los que navegar y así poder expandir el grupo que formábamos los dos. Solo tenía que aparecer…

Había llegado hace un rato a lo que podía ser el lugar indicar aquel pedazo de papel. Pues en el norte de la isla, perdida entre la maleza de la frondosa vegetación. Se alzaba una estructura de madera de planta rectangular. Madera carcomida por insectos y moho por todas partes. El techo fue sustituido por las estrellas, y apenas quedaba un ápice de lo que la edificación pudo llegar a ser. ¿Cómo la encontré en tan poco tiempo algo perdido por el paso del tiempo? La respuesta era una sola palabra. “Travis”, el tenía mucho mejor vista que yo y siguiéndole de cerca cruzando los cielos de Samba gracias a mis poderes, no tardamos en hallar esta localización.

En un inicio no hallé ninguna pista, ningún rastro de donde podría estar mi hermanastro. Solo oscuridad y silencio, únicamente interrumpido por el sonido de algún insecto pasajero. Iba a quedarme aquí, iba a esperar, no importaba cuánto tardase yo… No podía irme de esta isla sin él. Estaba sentado en el escalón que justo subía al altar con la vista puesta en la entrada, donde antaño hubo una puerta, pero ahora solo me dejaba observar la oscuridad de la jungla.

Cada segundo se hacía eterno y cada minuto interminable. La espera era tortuosa y por eso la mente comenzaba a jugarme malas pasadas, pensamientos negativos en un bucle de negatividad. -Joder Iggy, cálmate, ya verás que no es nada coño. -Me dije a mi mismo para tranquilizarme. Fue entonces, justo al terminar de hablar que mi águila, situada sobre la enorme mesa de granito a mi espalda, graznó. Giré el cuello hacia atrás, solo para ver a mi ave en una postura tensa contemplando al frente.

En cuanto lo vi, comprendí la expresión de mi mascota. Una figura encapuchada, cubierta por una túnica roja se había detenido justo antes de entrar al edificio contemplándome a mi, sin decir una sola palabra, sin hacer un mísero gesto. No supe si tranquilizarme o alterarme más, pero nadie podía conocer este lugar, tenía que ser mi hermano por lo que con una sonrisa impuesta en mi cara para autoconvencerme de que todo iba bien me levanté de golpe. -Trece, me alegra verte mamonazo. Si querías hablar podrías haberme dicho de hacerlo en un lugar más feliz y bonito. Como un burdel. -Solo di un paso, haciendo crujir la madera bajo mis pies en cuanto la figura comenzó a aplaudir de una forma lenta y sarcástica, haciendo que me detuviera en seco.

-Te ha costado Iggy… -Era una voz femenina, dulce y serena, pero cargada con un toque de malicia. No era él, ¿Entonces quién coño era? ¿Y dónde estaba Trece? ¿Y por qué sabía mi nombre? -…Pensé que no vendrías nunca. Que le dejarías aquí tirado. -Continuó, mientras yo me quedaba rígido, apretando los puños con furia congelado en el sitio. La figura avanzó comenzando a dar vueltas alrededor mía, pasando su mano alrededor de mis hombros con confianza. -Él… ¿Nunca te habló de nosotros cierto? -Rió maliciosamente, sabiendo que a cada palabra que salía por su boca yo me ponía más y más enfermo. Agarré su muñeca de golpe, apretándola con fuerza y mis ojos abiertos como platos tratando de distinguir el rostro de la mujer que se escondía tras la túnica sin éxito.

-Tienes tres segundos para explicarme de qué va todo esto. O te juro que te rompo todos los huesos del cuerpo. -Le amenacé sin un ápice de vacile en el tono que tanto me caracterizaba. Pero antes de ella responder o yo empezar con la paliza escuché algo que me hizo que se me erizara la piel, y un escalofrío me recorriera toda la columna vertebral. Fuera se escuchaban pasos. Trataban de ser sigilosos pero no había duda, no estábamos solos, además por lo que mi buen oído me dejaba apreciar no era solo una persona sino varias. Al verme dudar la figura misteriosa comenzó a reír, haciendo que se me helara la sangre y aflojara un poco el agarre aprovechando este momento para escapar, dando un paso hacia atrás.

-¿Sabes que nos diferencia a los humanos de los animales? -Comenzó a quitarse la capucha lentamente para revelarme finalmente su identidad. Se trataba de una mujer joven, de facciones finas y ojos claros. Llevaba la cabeza completamente rapada y con tatuajes de runas, muy parecidos a los de Trece en sus brazos, por todo su cráneo. Su expresión era perturbadora, una mirada perdida y una sonrisa desencajada ponían la guinda a este personaje sacado de una pesadilla. -La necesidad de alcanzar el cielo.

Vale, no era momento para tomárselo a risa pero no pude evitar resoplar casi escapándose una carcajada de mis labios. -¿Te hace gracia? -Preguntó la mujer borrando toda expresión de diversión de su faz cambiándola a un semblante mucho más serio y amenazante. -No es eso, no es que me haga gracia. ¡ES SOLO QUE ME IMPORTA UNA PUTA MIERDA! -Grité ya furioso soltando perdigones de saliva, encarándole, teniendo que inclinarme para quedar cara a cara. -Solo te lo preguntaré una vez más. ¿Dónde está mi puto hermano? Si me lo dices no tendré que partirte la cara puta enferma raquítica. Te apuesto quinientos berries a que los tipos de afuera no me duran ni treinta segundos… -Volví a vacilar, haciendo que aquella perturbadora sonrisa de la misteriosa dama volviera de golpe.

Ella se limitó a dar dos palmadas, las cuales hicieron eco a nuestro alrededor. Tras ello, los pasos de fuera se hicieron más notorios. Hice un gesto para que Travis alzara el vuelo y escapara pues podía sentirlo en mi piel, se avecinaban problemas.

Por la puerta, aparecieron otras dos figuras encapuchadas. A diferencia de la primera, las túnicas de estas eran negras, confeccionadas con un material mucho más barato. Portaban una caja de algún tipo de material metálico, de paredes finas y con remaches y grabados que parecían formar constelaciones. La mujer se echó a un lado, dejando que estos dos nuevos individuos accedieran al centro de la estancia. -Tu “hermano”. Iba a ser uno de nuestros catalizadores. Íbamos a convertir su piel en un mapa uno que nos guiara más allá de las estrellas hacia alcanzar el cielo. -Sonaba emocionada a la par que dejaban caer la estructura con un fuerte “CLONK” al suelo. -Pero decidió escaparse dejando todo incompleto. Y eso es un castigo que se paga con la muerte.

Di un paso al frente y al ver el contenido de aquel armatoste se conformaron mis peores sospechas pues el cuerpo de mi hermanastro, inerte y sin vida se encontraba en su interior. A simple vista no presentaba severas laceraciones o heridas graves, pero por el color de su piel y estado del cuerpo había tenido que ser hace pocos días. ¿Llorar? ¿Caer de rodillas y lamentarme? Quería hacerlo, quería llorar con todas mis fuerzas, ahora que lamentarme vida parecía que me sonreía un poco, con nuevos amigos y un propósito para salir de este mar, me quitaban a mi hermanastro, a la única persona que había estado a mi lado todos estos años sin importar mis vicios ni mis defectos… -Oye… -Comencé a hablar con la voz casi rota, desenfundando mi palanca y convirtiéndola en un bate de baseball con espinas gracias a mis poderes. -Me importa una mierda quienes sois, o a qué coño le rezáis. Solo se que mi hermano está muerto por vuestra culpa. Y pienso haceros pagar.

La señora con la túnica carmesí volvió a reír, casi como si no se tomara enserio mi amenaza. -¿En serio crees que..? -No le dejé si quiera terminar la frase, me lancé a por una de las figuras que hace un rato portaban la caja, levantando mi arma por encima de mi cabeza para impactar justo en el cráneo de este, tumbándolo en el suelo de un golpe. Ahora el que reía con un tono sádico y maquiavélico era yo. El segundo se lanzó hacia mi tratando de golpearme por matar a su compañero pero también, desvié su puñetazo y le impacté en la sien, haciéndole caer redondo al suelo.

-No te pongas así… Ahora el pertenece a las estrellas, a alcanzado el propósito divino. -Se notaba nerviosa, confundida. Pero para mí no era motivo para esto, ¿Qué se esperaban que pasara? ¿Que esos dos gigantones pudieran reducirme? ¿O que me pondría a llorar desconsoladamente al punto de poder doblegarme? Si Trece les había hablado de mí, no les había contado que si me haces cabrear no les iba a dejar salir con vida. -No saldrás impue de esta si no volvemos a Alabasta gente más fuerte vendrá a por ti. -No le di oportunidad de decir nada más, mi bate golpeó su carne con furia haciéndole caer al suelo. Tras ello me posicioné sobre ella, de rodillas y no me contuve.

Fue un festival de sangre y vísceras explotando, salpicando por todo el lugar. Me ensañé con el cuerpo hasta que quedó irreconocible, dejando solamente una masa de carne aplastada bajo mis pies. Me levanté, con la respiración acelerada observando la masacre que había perpetrado. No me sentía arrepentido, solo vacío por no poder traer a Trece de vuelta. Fue solo entonces, cuando solté un grito desgarrador, lleno de rabia y agonía. Pateé los muebles y trozos de madera rota de alrededor, tratando de liberar mi frustración con esto.

Deshice la técnica y mi arma tornó a su forma original, la guardé en mi cinturón y caminé hacia el motivo de mi dolor. No quería verlo pues cuando no lo tenia ante mi no parecía real, como si hubiese sido solo un mal sueño, y en cuanto volviera a la habitación de la posada él estaría ahí, con su característica forma de hablar, y su mirada perdida.

Hice una mueca de desagrado, me llevé la mano al interior de mi chaleco sacando la petaca, dando un cuantioso trago. -A tu salud hermano… -Solté a la vez que vertía el resto del contenido sobre el cuerpo sin vida de Trece, como si fuese a disfrutar aquel último trago. Travis se posó en mi hombro en silencio, había tantas preguntas y tan pocas respuestas que no lo sentía un final. Alabasta… estrellas… Su pánico al fuego. Supongo que era allí donde encontraría respuestas. -Vámonos, tenemos una isla a la que llegar. Más les vale al resto haber conseguido la suficiente pasta para el barco. Creo que este mar se nos está quedando pequeño. -Comenté al águila a la vez que sacaba un mechero de mi bolsillo, lanzándolo al interior del “ataúd” en el que yacía mi hermanastro.

No tardó en comenzar a arder gracias al efecto del alcohol. Y junto a él el resto del conjunto, no quise mirar atrás, pues si lo hacía era probable que si comenzara a llorar y como nos decía papá, los hombres no lloran.

Aclaraciones
#2
✓
Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 10 + 15 karmas

— Berries: 10.000

STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)