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El murmullo de los ignorados [Presente Relativo - T1] [Priv. Barald]
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04-01-2026, 07:46 AM
(Última modificación: 04-01-2026, 07:52 AM por Hyákinthos.)
Sorbet Sur
Día 6 de primavera, año 17
6:00 p.m.
"No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solo suciedad y miseria."**
Los primeros días de primavera aún arrastran el viento frío del pasado invierno y, esta tarde, sobre el Reino de Sorbet, en la región más al Sur, el cielo triste, encapotado de nubes ansiosas por soltar su llanto sobre el reino, refleja el descontento de las pobres almas que tienen la desdicha de habitar en esa zona.
Lo que en un inicio comenzó con una pequeña incomodidad, con un par de aprovechados que asaltaban aquí y allá, valiéndose de la oscuridad de los callejones, evolucionó hasta alcanzar el ambiente hostil en el que ahora cada persona, desde el más joven hasta el más viejo, se veía atrapado, pero… ¿A quién le importaba? Solo eran una zona ignorada por esta isla, por el mundo. No hay justicia para los que viven en las sombras.
Todos los días era lo mismo desde hacía meses. La extorsión de convirtió en la normalidad.
¿Por qué?
Dijeron que fue por una buena causa.
A un par de chicos se les ocurrió impartir justicia a su manera, si nadie los salvaba, ellos salvarían al resto. No dejarían que pandilleros de otras zonas asaltaran a su gente. Claro, el resto les agradeció ¿Cómo no hacerlo? Por fin alguien los defendía. Su propia gente.
Fue solo un par de veces en las que varios residentes de la zona decidieron recompensar a los chicos por su coraje.
Los berries recolectados entre varios vecinos llegaron en bolsas que les fueron entregadas directamente a ambos. Nunca habían visto tanto dinero junto, fue más de lo podían manejar y, como suele ocurrir con aquellos que no saben manejar el poder, quisieron más.
Un buen día los chicos ya no fueron un par, el grupo fue de tres, luego de cuatro y, finalmente, los pobladores dejaron de contar a los chicos que se habían anexado a aquella banda que, en un inicio los protegía de amenazas externas, pero que, a medida que crecieron en número, aunque seguían pregonando lo mismo, ellos eran quienes se habían convertido en un peligro.
Todos los días era lo mismo, el recordatorio de que debían pagar tributo a quienes los protegían de pandilleros de otras zonas y; sin embargo, entre los rostros de “Los Buitres”, como empezaron a ser llamados, se podían ver las caras de algunos de los que antaño los atormentaron.
Nadie se atrevía a hacerles frente ¿Para qué? Si en estacas de madera al inicio de la calle principal de la zona estaban insertados los cráneos de los que se opusieron al “régimen” en un inicio...Habían dicho que fueron bandas rivales, que esos hombres murieron porque no contaban con la protección de Los Buitres. Nadie lo creyó, pero tampoco nadie se atrevió a contradecir la historia.
Desde ese entonces, esas cabezas se convirtieron en el recordatorio de la barbarie que alcanzaban esos chicos por un par de monedas.
Ahora es una rutina.
Las calles están vacías, todos prefieren permanecer en sus casas, incluso los niños, excepto por los desafortunados que deben salir de la seguridad de sus cuatro paredes para ganarse el pan de cada día y, son ellos quienes ahora van llegando poco a poco. La tarde trae consigo el éxodo de trabajadores desde las zonas más prosperas de la isla.
Agachan la cabeza cuando llegan al inicio de la calle en la que, en una esquina, hay una mesa en la que dos chicos están sentados como si fueran los guardias de seguridad de un edificio, uno de ellos anota nombres en una lista y otro cuenta las monedas acumuladas en un pequeño cofre de madera, mientras que otros dos muchachos están de pie a los lados de esa misma mesa. Los cuatro llevan dos pistolas en su cinturón, según ellos, por simple precaución, lo cierto es que es una amenaza silenciosa para todo aquel que quiera pasarse de listo y correr a su casa sin pagar el tributo diario.
Pero esos cuatro no son los únicos, dos más están a los lados de la entrada de la calle, deteniendo a todo el desdichado que llegue de su jornada. ¿Su trabajo? Enviarlos con los de la mesa para que paguen su cuota diaria y, a su vez, otros cuatro están sentados sobre cajas dispuestas a los lados de la calle, ellos simplemente existen, vigilan, informan, se encargan de que todo esté en orden y, de vez en cuando, acompañan a alguno que otro ciudadano hasta sus casas, según ellos para demostrar que el objetivo inicial no se ha perdido, es su forma de decir que aún los “cuidan”. Gran mentira.
Una mujer pasó con la cabeza agachada, sus 50 berries diarios fueron depositados en el cofre y, los que le seguían en la fila la miraron con lástima, sabían que acababa de tener a su primer hijo, sabían que ese dinero le servía más a ella que a ellos, pero nadie debía intervenir… ¿no es así?
No. La paciencia tiene un límite.
—¿Acaso no les da vergüenza? —Un hombre de mediana edad pasó al frente, sosteniendo en sus manos un cuchillo viejo y gritándole de frente a uno de los hombres que estaba parado en la entrada de la calle.
—Tú —. Señaló al que estaba en la mesa contando el dinero. —La conoces desde que son niños, fueron a la escuela juntos ¿No es verdad? —Se giró de nuevo para ver al chico frente a él directamente a los ojos —¿Hasta cuando seguirán con esto? No nos están protegiendo de nada…ustedes…
La frase no acabó, un puñetazo fue a parar directo a la cara del hombre. No fue de parte del que estaba frente a él, si no del que estaba a un lado, quien se había mantenido mirando sin intervenir hasta ahora, pero… ¿Si los seguían insultando no sería una muestra de debilidad?
—¡Ya cállate, viejo! ¿Quieres que te recordemos que les pasa a aquellos que pierden nuestra protección? —El chico señaló los cráneos en las estacas, creyó que sería suficiente para apaciguar al hombre, pero el viejo se levantó más rápido de lo que el chico pudo reaccionar para evitar por completo el cuchillo que rozó su mejilla, provocando que un hilo de sangre saliera de la nueva herida.
Contenido Oculto
—Pero… ¿Qué mierda? —El chico tardó en limpiarse la sangre la misma cantidad de tiempo que dos de sus compañeros, de los que estaban sentados sobre las cajas, tardaron en llegar a un lado del hombre que se atrevía a desafiarlos. Lo tomaron de los brazos con fuerza y el de la herida en la cara le pateó la mano para quitarle el cuchillo. —¿Acaso quieres terminar como tus amigos de las estacas? Sabes que si pierdes nuestra protección eso es lo que te pasará.
El de la herida lo tomó del cabello, no esperaba una respuesta, solo quería que la amenaza quedara implícita, pero, en ese instante, la mujer a la que el sujeto antes había defendido decidió ponerse los pantalones también.
Su bolso terminó golpeando la cabeza del que sostenía el cabello del hombre…tal vez creyó que nada le ocurriría, pero un golpe de otro de los hombres llegó directo a la boca de su estómago justo antes de que él que estaba en la mesa, el que escribía los nombres, se levantara de su silla para poner orden.
—¿Acaso no aprenden? ¿Por qué llegan a estos extremos? ¡Piénsenlo! El dinero de su contribución los mantiene seguros ¿Alguien más piensa en abandonar esa protección cómo han hecho estos dos? —En ese momento se quitó una de las pistolas de su cinturón y apuntó hacia el hombre que primero les había levantado la voz. —Porque hoy no tengo la paciencia para dejar pasar este tipo de cosas.
Léeme, por favor, yo importo
05-01-2026, 06:35 AM
(Última modificación: 05-01-2026, 06:35 AM por Barald Kane.)
Este mundo en el que vivimos es cruel, despiadado. La vida no perdona la debilidad igual que aquel que llega al poder no quiere desprenderse de el. Hay varias preguntas que puedo formular tras un sin fin de situaciones por este nuestro mundo; ¿cuál es la línea que separa las personas buenas de las malas? ¿quién dicta aquello que esta bien y que esta mal? estaba cansado de verlo, la ley del más fuerte siempre es la que prevalece al igual que lo haría en un reino primitivo donde el depredador más despiadado siempre será aquel que encabece la cima de la pirámide pero ¿realmente ha de ser el más despiadado? siempre se dijo que el leon era el rey de la selva pero ¿por que? el leon a priori es un felino muy fuerte, pero hay animales mucho más fuertes que el, en cambio ... el leon se proclama como el rey debido a su presencia, capaz de imbuir el miedo con simplemente enseñar los colmillos o tener el coraje suficiente como para morir peleando y es por eso que todos saben que, el leon, a pesar de no ser el más fuerte, es el más temido de todos, proclamándose el autentico rey de la sabana. Barald siempre pensó que el mundo era injusto y que ser fuerte le permitiría doblegarse a sus anchas, pero sin poder estaría sometido a vivir lo que el destino le hubiera predestinado sin tener opción a cambiarlo. Negado a tener que vivir sometido ante nadie, decidió obtener el poder que le permitiera ser libre; el sabía que sus habilidades no le iban a permitir proclamarse como el más fuerte de todos, sin embargo, si podía llegar a estar arriba de la pirámide y proclamarse rey así como lo hacía el Leon, por coraje y actitud, sin llegar a ser el más poderoso de todos pero si el más respetado. Exhalaba una gran cantidad de humo de su boca, su traje ajustado e impoluto de color negro le daba un aire elegante a la par que interesante, no era común ver a alguien con esas telas por una zona tan pobre. Dejaba ver en ambos laterales sus armas predilectas preparadas para machetear a sus enemigos. Caminaba por las calles de la zona sur de sorbet con la tranquilidad que siempre le solía acompañar, con ambas manos dentro de los bolsillos de su gabardina, dejando ver un colgante alrededor de su cuello con un pequeño detalle de oro guardando en su interior su bien más preciado. Llegó a una de las calles céntricas, donde pudo ver varios palos con calaveras ¿aquello indicaba peligro? hacia algún tiempo que no bajaba a la zona sur y se había perdido todo cuanto allí ocurría debido a que estaba más pendiente de otros asuntos como el de que su familia ahora le este buscando, un contratiempo más en la vida de un joven espadachín que ahora se planteaba la vida de manera diferente. No había nadie en las calles ¿dónde están los niños jugando? parecía como si la vida de aquella zona de la ciudad se hubiera agotado. Pudo observar mientras caminaba por la calle pelea entre un anciano y aquellos hombres que allí se proclamaban como la seguridad del barrio ¿protección? ¿dinero? decidido a enterarse de lo que ocurría intentó escuchar lo que decían desde la media distancia, estando un poco alejado de anciano y la mujer, enterándose más o menos de la situación y haciendo un análisis optimo de la misma. Barald no era el tipo de persona que se meten donde no le llaman pero aquello estaba siendo despreciable hasta para el mismo ¿por que las autoridades no hacen nada al respecto? esta banda de subnormales esta campando a sus anchas atemorizando con amenazas y extorsiones a la población del barrio por un puñado de berries. Se acercó al hombre que ahora manejaba un arma apuntando al anciano como si estuviera caminando tranquilamente por el parque. - Eh, pedazo de mierda.- Dijo para ahora llamar la atención del mismo. - Esta gente no necesita pagar ningún tipo de protección porque la única amenaza que hay por aquí sois vosotros. - Dijo para inmediatamente desenvainar su katana y lanzar un katanazo rápido con su mano izquierda directo a su brazo, cortando el mismo allí mismo antes de que disparara a aquel hombre. Tras aquello se lanzo directamente a por los que tenían sujeto al anciano, dando tres cortes uno a cada uno, dejándolos fuera de combate en un abrir y cerrar de ojos, dejando ahora libre al anciano. Sus habilidades con la espada habían mejorado mucho, tanto que ahora era capaz de lidiar con aquellos hombres tranquilamente sin llegar a despeinarse y por ultimo colocar su katana cerca del cuello del ultimo hombre que tenia cerca, el que había golpeado a la mujer. - ¿No crees que es hora de acabar con esta farsa y poneros a trabajar en vez de robarle su dinero a toda esta gente honrada? - Dijo en un tono serio y tranquilo mientras le aparecía su tic en el ojo derecho. - ¿Quién esta al mando de todo esto? Decirle que venga si no quereis que acabe con vosotros. - Pregunto mientras miraba sin gestos de duda, empuñando su arma y tocando con el acero ded su katana el cuello del quinto hombre.
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14-01-2026, 03:14 AM
Nadie lo vio venir.
O tal vez sí.
Sus pasos fueron como murmullos arrastrados por el viento.
Algunos en la fila de desafortunados vieron de reojo a un tipo con ropas caras o, bueno, ropas que a ellos les parecían caras, pero nadie le prestó atención en realidad… ¿Para qué molestarse en pedir ayuda al desconocido? Uno solo no podría hacer nada contra los pandilleros, por más que un par de armas colgaran en su cintura y, aunque pudiera, seguro los ignoraría. Todos lo hacen.
Agacharon la cabeza, eso también siempre lo hacían. Nadie se arriesgaría a salvar al viejo, tampoco a la muchacha. No había caso. Los pandilleros lo sabían.
Por eso cuando un tajo cortante llegó de la aparente nada, ni los ciudadanos ni los pandilleros pudieron reaccionar. Aquel con la mano cortada, ni siquiera pudo gritar de inmediato. La sangre salpicó la mesa, el cofre con berries, los papeles con los nombres de los “contribuyentes” y, entonces, un grito llegó. Desgarrador, como debía ser.
Su compañero de mesa se apresuró a sostener el brazo sangrante y, uno de los que estaba parado a su lado, buscó el resto del miembro que tan limpiamente había sido desprendido de su cuerpo.
Los que estaban más “lejos” tampoco pudieron reaccionar cuando las fugaces hojas afiladas de las armas del desconocido “salvador” cortaron su piel, sus tendones ¿Quién podía pelear sin si quiera poder sostener un arma? ¿Cómo escapar si los pies no funcionan?
Más gritos se escucharon. Cuatro de diez hombres habían sido inmovilizados, sacados de combate con una facilidad que el resto no pudo creer. No estaban listos para que alguien se opusiera. No alguien que pudiera hacerles frente.
Una katana en el cuello del sujeto que había golpeado a la mujer fue suficiente para que se deshiciera de cualquier intención de pelear, mientras tanto, el viejo que en un inicio había decidido levantar la voz, hizo un esfuerzo por recuperar el pequeño cuchillo que antes le habían quitado a la fuerza. Su mano dolía por la patada, pero algo de esperanza se asomó en su corazón cuando vio que alguien, sea quien sea, los defendía de esa manera.
—Gracias —. Una voz llorosa y opacada por los lamentos de los bandidos se dejó escuchar en medio del caos. La mujer, aun inclinada por el golpe en su estómago, no se atrevió si quiera a alzar la cabeza para ver a quien la había ayudado, pero, de corazón, agradeció que alguien interviniera en la barbarie.
¿Y el resto?
Nadie más en la fila se atrevía a moverse. Sus respiraciones estaban contenidas y sus ojos abiertos de par en par, fijos en la escena frente a sus ojos. Nadie ayudaría, el miedo los gobernaba. ¿Qué importa si alguien interviene? De todos modos, Los Buitres son más y ahora que el hombre de buenas ropas se ha revelado, no lo dejarán escapar. Siempre es así.
—Adelante, córtame el cuello si te atreves —. Palabras, solo palabras, el hombre respiraba agitado y un sudor frío bajaba desde su sien. Podía hacerse el interesante, pero el miedo a morir estaba ahí. —Somos más…No se quien seas, tampoco me importa, pero no saldrás de aquí en una pieza si te atreves a meterte en nuestro asuntos —. Sin embargo, a pesar del miedo estaba seguro de algo, nadie se mete con ellos y sale airoso. Son unas ratas, sí, pero unas que se apoyan, que trabajan juntos, por eso han logrado tanto en tan poco tiempo.
—Y no creas que necesitamos aquí a nuestro líder para encargarnos de ti —. Los cincos que quedaban activos espabilaron en el momento justo, uno de ellos habló mientras recargaba su arma para después dar un disparo de advertencia que pasó rozando los pies del recién llegado. —¡Suéltalo! El próximo disparo irá directo a tu pie si no lo haces —. No estaba en los planes de los sujetos preguntar quien era el recién llegado, tampoco de donde venía o por qué le importaba lo que hicieran o no con las personas de ese pequeño poblado de mala muerte ¿Para qué? Si de todos modos se iban a encargar de él.
Contenido Oculto
—O, mejor aún, en la cabeza de uno de los que intentabas ayudar —. A diferencia del que dio el disparo de advertencia, otros dos de los hombres que quedaban en el callejón se colocaron uno a cada lado del anciano y de la mujer, respectivamente, apuntando con sus armas directo hacia ellos. —No nos gustaría hacer esto, pero no podemos tolerar la falta de disciplina de nuestros contribuyentes. El orden se rompería y cualquiera podría venir a hacerles daño.
—Tu no pareces de por aquí, así que no entenderías lo que sucede en este lugar…nadie de fuera lo entiende —dijo el que apuntaba con su arma a la cabeza de la mujer. —Vete antes de que las cosas empeoren, nosotros lidiaremos con los ciudadanos, ellos saben que somos su única protección.
Las palabras de los sujetos parecían ser la ley, pues las personas que estaban cerca no se atrevían a contradecirlos. Nadie, absolutamente nadie, se movió. Todos parecían demasiado temblorosos para oponerse; sin embargo, de fondo, en la fila, se escuchó un simple “gracias”, seguido de un “es inútil, está perdido” y otros murmullos más que pregonaban cosas como “pobre muchacho” o “rezaré por su alma”.
—¿Y bien? ¿Qué esperas para soltarlo?
Léeme, por favor, yo importo
14-01-2026, 09:28 PM
Lejos de titubear mantenía el acero de su katana listo para hacer su trabajo en el cuello de aquel pobre insensato. Con ropajes oscuros como la noche y con guantes de la mejor seda del South Blue era sin lugar a dudas un verdadero machetero listo para cortar todo aquello que llegara a estar a metro y medio de el. Su arma; tan afilada como su instinto era como una extremidad más de su cuerpo y una vez más hacia alarde de ello. Sus ojos, rojos como la sangre se encendían aun más en el fragor de la batalla ¿era un asesino? naturalmente, ni si quiera pestañeaba al cortar un brazo o al ensartar a uno de sus enemigos como si fuera una brocheta de pollo porque evidentemente es un pirata ¿o es que pensabais que era una hermanita de la caridad? igualmente no se consideraba mal tipo y a pesar de haber quitado alguna que otra vida no solía matar por que si, aunque no iba a dudarlo si lo veía necesario. Apretaba con firmeza su katana contra el cuello de aquel tipo, escuchando el simple gracias de la mujer que aun no podía levantar la cabeza de lo asustada que estaba debido a la situación que estaba viviendo. Esta puta banda de matados que robaban a la clase pobre de la ciudad esta mañana cuando se levantaron a cepillarse los dientes y a mirarse en el espejo pensaron que hoy sería un gran día pero estaban completamente equivocados, fíjate si estaban equivocados que uno ya había perdido un brazo bajo aquellos nubarrones que acompañaban la brisa de la nueva primavera. Notaba la respiración agitada de aquel hombre que ahora decía unas valientes palabras a pesar de notar sudores frios. - Hueles a mierda. - Esas tres palabras fueron las que el muchacho soltó nada más el hombre comenzó a hablar, hablando por encima de el, sus palabras escondían la mierda que se había hecho en los pantalones al sentir el acero apretándole cada vez más y más, lo que le corto hasta el habla debido a la fuerza con la que Barald apretaba su cuello con la katana, incrustándola de tal manera que ya había empezado a derramar algo de sangre. Observó al valiente que decidió alzar el tono por encima del resto. - Ah vale ya entiendo ¿tu eres el lider cuando no esta el líder no? - Barald le estaba prestando atención, tanta que pudo ver perfectamente como alzaba su pistola para disparar a lo que agarró con su mano libre la cabeza del tipo que tenía la katana colocada en el cuello y le lanzó en la dirección del disparo. Con un movimiento había provocado que aquel tipo recibiera una bala que ni si quiera iba a darle, tan solo era una advertencia y ahora, se había convertido en una bala que provocaba la muerte de su compañero el que se cagaba en los calzoncillos. - ¿No os enseñaron que con las armas no se juega? - Los otros valientes apuntaban a la mujer y al anciano intentando amedrentar al espadachín ¿por que la tenían con ellos? pobrecillos, eran personas normales trabajadoras no merecían vivir este tipo de situaciones. - Eso de amedrentar a la gente con un arma lo inventé yo no me anden jodiendo - Dijo tras escuchar las palabras de aquellos hombres que se creían muy duros por apuntar a una señora y a un anciano. Inmediatamente dio un salto para acortar la distancia en la dirección en la que ellos estaban, acercándose primero a por el de la mujer, y luego correría a a por el del anciano cortándoles a ambos el brazo con el que sujetaban el arma sin que estos tuvieran ni si quiera tiempo de reaccionar con un corte limpio de su arma. ![]() - Y tu-
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15-01-2026, 08:08 AM
Caos.
Inevitable caos.
Y, para los que piensan que tienen al toro agarrado por los cuernos, el caos suele ser desconcertante.
Las voces de los inocentes pasaron de simples murmullos a comentarios más elevados, a exclamaciones de asombro y alguno que otro grito que ya no pudo ser contenido por los que ahora, en lugar de estar formados en una fila para entrar a su propia calle, se dispersaron poco a poco, alejándose de la acción, algunos aprovechando de escapar considerando que los bandidos estaban un poco, por no decir “muy”, ocupados.
Todo fue demasiado rápido para que los hombres armados pudieran seguirle el juego al recién llegado y, por primera vez, en mucho tiempo, supieron que estaban perdidos. Alguien si supo cómo hacerles frente.
Y, luego de la demostración de poder, solo reinó un silencio que solo era interrumpido por las quejas de quienes de estar en la cima ahora pasaban a arrastrarse por el suelo, mientras que, los habitantes de aquella calle de mala muerte solo observaban atónitos al nuevo hombre que se proclamaba el líder de la calle.
¿Debían ir por el dinero y repartirlo como él decía?
Algunos tragaron saliva sin atreverse a acercarse aún, medían la distancia y miraban ansiosos hacia los lados, como si esperaran que la calma que acababa de imponer el muchacho pelinegro se rompiera de un momento a otro; sin embargo, para romper la tensión o, quizá para aumentarla más, fue la mujer del inicio la que se acercó a la mesa en donde estaba el chico, con pasos gráciles que sorteaban a los criminales en el piso.
—No tenemos como agradecerte por lo que has hecho...La verdad, creo que puedo hablar por todos cuando digo que, aunque quisiéramos darte algo material a cambio, por ahora, lo único que podemos darte es una advertencia —Los ojos de la muchacha, opacos como los de alguien que se ha cansado de vivir, se atrevieron a alzarse para mirar a las irises rojas de su “salvador”. —Vete, vete rápido, por favor…ellos no se van a quedar de brazos cruzados después de lo que pasó aquí —. Aunque ella habló en voz baja, la calle había quedado tan callada que sus palabras podían ser escuchadas por cualquiera que estuviera relativamente cerca.
—Le has dado un poco tarde el aviso —. A la voz, casi infantil, la acompañó el “flash” de una cámara que apuntaba directo hacia donde estaba el espadachín —. Ahora él sabrá quién fue el responsable de esto —. Un chico de no más de 15 años salió por una ventana, con una cámara colgada de su cuello y una sonrisa de oreja a oreja.
—Espero que estés contento —. El muchachito saltó hacia las cajas que estaban apiladas en la calle y con un movimiento ágil se deslizó hasta quedar al otro lado de la calle, desapareciendo por los callejones, mientras que, en la entrada de aquella desafortunada avenida, del edificio viejo que recibía a los lugareños, salieron nueve muchachos más. Ninguno se veía especialmente contento.
Uno chasqueó la lengua y, den den mushi en mano, miró de reojo a su compañero que salió corriendo con la cámara y decidió ir tras él, todo esto mientras hablaba con alguien del otro lado de la línea. Atrás de él fue otro muchachito que se veía mucho más joven que los dos primeros, solo quería retirarse del conflicto antes de que empeorara.
Entonces, cuando la distracción de segundos de los chicos corriendo hubo pasado, los que quedaron decidieron actuar antes de que los ánimos se enfriaran, antes de que fuera el pelinegro quien decidiera atacarlos primero.
La mujer que hizo antes la advertencia reprimió un grito y se apartó con rapidez cuando vio como uno de los hombres se lanzaba directamente hacia el chico que los había ayudado. Portaba un puñal en su mano que no temió en arrojar desde la distancia, probando suerte a ver si le daba al muchacho, mientras que, otro de los hombres se abalanzó también a la mesa para intentar recuperar los berries que el chico le había prometido a los afectados.
Los cinco que quedaban y que, por ahora, decidían no intervenir activamente en el conflicto, se acercaron para rodear la mesa. No podían dejar escapar a quién se había atrevido a burlarse de ellos. Quizá sus compañeros fueron débiles para enfrentarlo o, simplemente, los tomaron desprevenidos, pero ellos, desde las sombras, habían visto como el muchacho actuaba, eso debía servir de algo ¿O no?
—¡No dejen que escape! —Gritó el que parecía más viejo y que permanecía más alejado del círculo que el resto. —Nadie de afuera se mete en los asuntos de nuestra calle y se va como si nada y recuperen ese dinero ¡Debemos entregarlo hoy o saben lo que pasará!
Léeme, por favor, yo importo
15-01-2026, 11:25 AM
El espadachín se proclamaba vencedor y digno merecedor de la conquista de este distrito de Sorbet; aun con el baul del dinero en la mano en alto observaba a la multitud que parecía aun asustada ¿era por su tremenda agresividad a la hora de hacer frente a aquellos tipos? Conocía muy bien el mundo en el que vivían, era tal su entendimiento del raciocinio humano de la época que comprendía a la perfección como hacerse con el control de las situaciones peligrosas como esas. La única manera de combatir a los dominantes era dominarlos, la ley del más fuerte, esa que aplica a todo ser vivo que respire ya sea en tierra firme o en las profundidades del océano. De nada sirve revelarse con palabras si tus actos no tienen fuerza ni poder, es por eso que blandir su arma le volvió a dar de nuevo una victoria aplastante frente a aquellos que osaban amedrentar, extorsionar y controlar a la clase trabajadora de esa parte de la ciudad ¿era un salvador? a mi manera de verlo no lo era, tan solo un mago de la oportunidad. Escuchaba jadeos y quejas por parte de sus enemigos ahora tendidos en el suelo, el hombre que había recibido el disparo yacía en el suelo sin poder usar su cuerpo pues ya su alma se había volatilizado, pasando quien sabe si a un new pj lvl 1 o a los confines del inframundo. Lejos de sentir que todo había acabado vio los rostros de los lugareños allí presentes, algunos parecían asombrados, otros aun tenían la mirada llena de miedo y incertidumbre, en cambio Barald mostraba un rostro casi inexpresivo. Su conquista del territorio no era más que para darle la libertad a toda la clase trabajadora por puro gusto, sin ningún interés mas haya de hacer el bien una vez en semana así como un medico te aconsejaba comer 5 veces al día una dieta saludable y dormir 8 horas. - Ah claro es eso ... - Volvió a dejar el baúl encima de la mesa para acto seguido volver a dar una gran calada a su cigarro, exhalando el humo justo cuando la mujer empezó a acercarse a el. Comprendía la situación mucho antes de que la chica llegara a abrir la boca, esto no había acabado aquí. Los lugareños no se sentían seguros a tomar el dinero, ni si quiera a decir nada mas haya de comentarios entre algunos de ellos, la única valiente fue la mujer que agradeció sus actos y lo advirtió del peligro. - Dahahahahahaha - El chico cambio su rostro inexpresivo por uno de verdadera emoción, soltando su carcajada característica para ahora dar lugar a ciertas palabras. Dio un pequeño salto hasta sentarse sobre la mesa, colocando ambos brazos apoyados sobre sus piernas con la katana en su mano izquierda. - En este territorio yo soy el nuevo rey, si alguien quiere pelear por el trono le concederé su deseo. - Esas fueron las palabras del muchacho al escuchar las advertencias de la mujer. Lejos de mostrarse preocupado se mostraba seguro, tan seguro que iba a hacer frente a cualquier amenaza. ¿Un niño fotógrafo? Lejos de poder hacer demasiado Barald fue fotografiado por el chiquillo que ahora saltaba y empezaba a huir del lugar. Barald no actuaba tan agresivo con un crio por lo que simplemente decidió dejarle marchar con su foto a sabiendas de que ahora, cualquiera de su banda podría reconocerle gracias a su imagen. Igual dejo marchar a los dos que corrían junto a el, al que mantenía la conversación por el Den-Den y al que no quería pelea, se iba a centrar en los que venían hacia el. Aun sentado, la mujer gritó asustada y alertó al chico, que vio como el primero en acercarse le lanzó el cuchillo y lejos de ponerse nervioso apuntó directamente con su arma al cuchillo, golpeándolo como si fuera una pelota de beisbol y lanzándolo directamente al cuello de aquel hombre. - Ya os dije que las armas no son un juego - Musitó mientras giraba su rostro con total tranquilidad fijándose en el que ahora venía a intentar recuperar el botín, Barald propino dos cortes rápidos, uno en el pecho y otro en las piernas sin dejar que el mismo si quiera pudiera ver sus movimientos, estaba bastante por encima del nivel de aquellos hombres, ni si quiera le suponían ningún esfuerzo. El tipo cayó arrastrándose tras recibir los cortes en plena carrera, quedando frente al cuerpo muerto de su compañero, pudiendo verle la cara de cerca. Inmediatamente Barald se lanzó contra los 5 que intentaban rodearle mucho antes de que pudieran ni tan si quiera pestañear y comenzó a lanzar cortes por todas partes con su katana, de esa manera dejó a los cinco restantes fuera de combate. Ahora con los cuerpos tendidos en el suelo tras un sin fin de cortes, decidió limpiar el acero de su espada en la ropa de uno de ellos. Se giró para hablar con la mujer que era la que más cerca de el estaba. - No necesito que me agradezcan nada. Revelaos, recuperar vuestro dinero y luchar por vuestras vidas, aprovechen su oportunidad. - Dijo el muchacho para ahora volverse a girar, esta vez mirando hacia el callejón, caminando para seguir los pasos del muchacho fotógrafo y los otros dos, dejando atrás el baul del dinero para que los lugareños lo tomaran, si es que se atrevían ahora al volver a ver una demostración de poder. ¿Qué le tendrían preparado ahora a nuestro querido protagonista? nos vemos en el siguiente episodio.
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(Última modificación: 18-01-2026, 03:03 AM por Hyákinthos.)
Tranquilidad.
Por una vez desde que comenzó todo el dilema de la extorsión, los residentes de la calle se sintieron ¿Aliviados? Sí, era la mejor palabra para describir la tranquilidad que inundó sus cuerpos cuando vieron la valentía de aquel extraño.
¿Por qué lo hacía?
Ni siquiera los conocía y, aun así, se atrevió a más de lo que ellos se atrevieron en tantos meses.
Podían admitirlo, aunque con vergüenza, habían sido unos cobardes, habían esperado a que alguien más viniera a salvarlos en lugar de ser, ellos mismos, quienes buscaran una solución, pero ¿Podían culparlos? Vivir con miedo es terrible, sentir una bota sobre tu cuello cada vez que intentas levantarte, debe ser agotador, pero ahora…ahora tal vez tenían un poco de esperanza, tal vez, en algunos, se había encendido el ánimo de defenderse.
Ver al chico pelinegro derrotar a los otros sujetos que, cobardemente, lo atacaron en grupo, además de sus palabras de ánimo, incitándolos a una “revolución” los hizo erguirse, levantar la cabeza, gritar un “Sí” al unísono. Ya no se quedarían quietos ante la injusticia, si nadie venía a rescatarlos, ellos mismos lo harían o, al menos, lo intentarían...a ver hasta cuando durarían sus ánimos.
Algunos de los que estaban en la fila empezaron a moverse para acercarse a los hombres que Barald derrotó y, ahora que estaban indefensos, inmóviles, les arrebataron las armas que tenían y, entre varios, poco a poco inmovilizaron y amarraron a los que estaban menos heridos. No podían arriesgarse a que escaparan, aunque dudaban mucho que pudieran moverse con normalidad después de lo que pasó.
No solo eso, el viejo del inicio, el que levantó la voz ante el abuso, se acercó a la mesa, ahora sin tanto miedo y tomó la lista en donde estaban escritos los nombres de los “contribuyentes”, mientras que, otro sujeto, tomó el baúl con dinero. No se dijeron nada el uno al otro, pero ambos sabían que debían pasar por las casas de quienes estaban en la lista y hacerles un favor: devolverles lo que por derecho era suyo. Es lo menos que podían hacer.
—Espera —. Sin embargo, no era suficiente, no importaba que el muchacho que los había ayudado dijera que no necesitaban agradecimientos, como mínimo podían entregarle algo de información, algo que lo ayudara con Los Buitres, pues, a pesar de que había acabado con casi todos, aun quedaban los más peligrosos de la banda, por eso, la misma mujer de antes, volvió a alzar su voz antes de que el pelinegro desapareciera del todo por la calle. —El final de la calle lleva a un puerto viejo, ahí tienen un barco, tal vez se dirigen a ese lugar.
La voz se dejó escuchar en toda la calle, haciendo eco y, por supuesto, dando una ubicación bastante exacta, solo quedaba en el hombre si seguir o no aquella indicación.
***
Al final de la calle, saliendo entre un par de edificios viejos, los dos chicos que decidieron seguir al de la cámara, se escabulleron entre tanques de basura hasta que fueron a parar a la escalera colgante de un balandro que parecía estar a punto de zarpar hacia quien sabe dónde, pues sus amarras habían sido soltadas recientemente y las olas empezaban a mover al barco.
—Creí que no llegarían, ya nos íbamos, incluso ya entregué la foto de ese tipo —. El silencio de la calle permitía que la voz del chico de la cámara, quien ya estaba en el barco, se escuchara con claridad. —El jefe dice que, por ahora, dejemos las cosas así…que luego nos encargaremos del de la cicatriz, hemos llamado mucho la atención…es mejor atacar cuando todo vuelva a la...jmmm...normalidad —. Los otros chicos asintieron ante las palabras del “fotógrafo” quien terminó por recostarse a la barandilla del barco mientras miraba la calle que dejaban atrás y levantaba su mano para saludar, con una sonrisa complacida en su rostro, a la figura del responsable de que ahora estuvieran huyendo.
El chico parecía casi retarlo, pues sus ojos brillantes y su sonrisa burlona mostraban cualquier cosa menos miedo o culpa, a diferencia de sus otros compañeros, quienes habían desaparecido de la vista de cualquiera que mirara desde el puerto. Tal vez, podría decirse que ese saludo era la forma del chico de expresar que, más temprano que tarde, se volverían a encontrar.
Mientras tanto, al menos las personas de esa calle podían descansar en paz por unos días, pues alguien le había abierto la puerta a algo más allá de la miseria de su día a día.
Léeme, por favor, yo importo
19-01-2026, 06:23 PM
Y una vez más, el león se hacía con el respeto de la extensa fauna de este nuestro mundo. Allí donde el valiente y el fuerte prevalecía ante la cobardía y la tiranía de aquellos que se proclamaban como los mas fuertes de todo el reino animal. Buitres, así como su nombre indicaba, no eran más que carroñeros que salieron corriendo cuando vieron a un jaguar rápido con instinto depredador de felino invadir su territorio ¿cuál era el verdadero objetivo del muchacho con sus actos? realmente no tenía ninguno, tan solo se había envuelto en aquella situación al ver aquella injusticia ¿por que la marina no había intervenido en aquello? bueno, es de saber común entre la gente que la marina solo aparece cuando menos la necesitan. ¿Quién dictamina que esta bien o que esta mal en este mundo? El pelinegro tenía corazón, tan grande era que sin realmente desearlo había ayudado a toda esa gente sin pedir nada a cambio. Ahora proclamándose el rey del territorio echando a esos tipos se dirigió a perseguirlos, no sin antes escuchar las nuevas palabras de la mujer que ahora, lejos de sentirse asustada decidió informar al muchacho del posible paradero de aquellos hombres. Con un semblante serio el muchacho decidió girarse para prestarla la atención que merecía una vez más. Barald siempre permanecía tranquilo y nada parecía afectarlo ni sorprenderlo, incluso su manera de hablar era tranquila y pausada, relajada. Introdujo la mano en su bolsillo tras escuchar las indicaciones de aquella mujer para antes de marcharse mirarla y decirla unas palabras. ![]() - Gracias por la información, me encargare personalmente de que no vuelvan por aquí. - Tras aquellas palabras el muchacho no dudo en dar media vuelta y proseguir su camino hasta el puerto. Una vez llegó allí pudo observar como aquellos tres tipejos ya embarcaban, el pequeño fotógrafo lo saludaba mientras se marchaban, burlándose de el al estar escapando delante de sus narices. Decidió quedar allí quieto, no corío detrás del barco ni tampoco lo persiguió, podía haber saltado para llegar a subir, pero creo que no hubiera llegado hasta la embarcación y habría caído al agua. Allí quieto decidió hablarles - Pequeño enanin ya nos vemos, recuerda enseñarle la foto a tu amo, la proxima vez si quieres me haces un album. - Dijo el muchacho refiriéndose al chavalín que se burlaba de el mientras el barco avanzaba. Barald lo siguió con la mirada, no iban a ir muy lejos. Sabia perfectamente que esto no acabaría aqui.
Off
![]() ✓ Aventura T1: Completada Recompensas Narrador (Hyákinthos) — Puntos Mugiwara: 6 — Puntos de Rol: 10 — Berries: 15.000 Recompensas User (Barald Kane) — Puntos Mugiwara: 5 — Reputación: 25 — Atributos: - — Berries: 10.000 |
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