[Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet
#11

Lamentaba haber tenido que cumplir con su parte y acabar con la vida de aquel chavalín mink, pero todo en la vida es así, cuando algo sucede simplemente hay que afrontarlo. Todo estaba correcto, sus zapatos estaban impolutos y no había manchado su traje ni con una gota de sangre. Estiro su guante de la mano izquierda, ajustándolo mejor a sus dedos para después colocarse de nuevo un cigarrillo en su boca, prendiendo el mismo y dando una calada ya al lado de Runin. Ahora se limitaría a observar el combate de su compañero que parecía ser la típica pelea de bar en el que uno da un puñetazo y da al contrario, el otro se lo devuelve y así. Aunque ya llevaba un rato que Ryota solo parecía recibir, no lo conocía bien ya que lo acababa de conocer pero notaba como que podía dar más de si, Barald lo analizó llegando a algo en claro; es ese tipo de personas que necesitan algún tipo de detonante para exprimir todo su potencial y aun no lo había experimentado pero tenía unas condiciones físicas muy optimas. A buen entendedor pocas palabras bastan pues a pesar de tener la cara hinchada de haber recibido los piñazos el se mantenía firme, no parecía ni tan si quiera cansado. Sin duda tenía una resistencia digna de admirar. Retiró el cigarrillo de su boca y exhalo el humo hacia el lado opuesto para no molestar a su nueva compañera de pelea. - Creo que acabara ganando, solo hay que esperar. - Dijo refiriéndose al combate que estaba viendo, comentándolo con Runin. - ¿Sois pareja? - Preguntó por curiosidad debido a que había notado cierta confianza entre ambos a lo que con un sutil golpe de su dedo dejaba caer la ceniza en el suelo cercano, colocando de nuevo el cigarrillo en su boca y ahora si cruzándose de brazos, expectante. Desde su posición se fijo en a aquel hombre de baja estatura que irrumpía con su presencia el combate, con un traje oscuro de diseñador hecho a medida con sedas de primera calidad, Barald entendía de esos temas y pudo notar el gran nivel económico de aquel hombre con solo mirarle los zapatos. Hizo el silencio con el disparo de su arma y dejó a la mujer gyojin tendida en el suelo muerta, eso en mi barrio lo llaman headshot! como bien dije antes, la vida no perdonaba la debilidad y al contemplar aquella situación solo confirmó aun más su teoría del mundo en la que ser el más fuerte te permite tener total libertad hasta el punto de quitar una vida así como Barald había hecho minutos antes con el pobre Bant, aquella acción fue vista ante los ojos del coliseo y de todos sus participantes, lo que dejaba una imagen clara de quien era ese tipo con un mensaje alto y claro al apretar su gatillo; ese tipo era el autentico gallo del corral.

El combate se dio por terminado dando por vencedor a Ryota y ahora si pasaban a la siguiente ronda, Barald desde su posición busco a Shiba en el público de nuevo que ahora elevaba el pulgar en señal de que estaba todo bien, a lo que Barald le respondió de la misma manera, elevando el pulgar en señal de que recibía el mensaje y de que todo estaba bien mientras su parpado derecho se movía descontrolado una vez más en aquella noche que sin duda alguna iba a ser recordada. El comentarista se armó de euforia al empezar a comentar lo sucedido otorgándole el titulo de "Filo negro" y demás apodos para el resto. Recibió a Ryota soltando una leve carcajada debido a su comentario y a su aspecto, con la cara hinchada por la pelea; a simple vista, juraría hasta que le falta un paleto. - Era tuya bro, el barbas te robo la pelea todos lo vieron. - Contestó irónicamente para después de eso retirar el cigarrillo de su boca y lanzarlo al suelo, apagando el mismo y calmando sus ansias de nicotina después de un combate que duro 3 katanazos. Después de eso, se desplazó hasta la zona médica con sus compañeros acompañados por miembros del staff del evento donde tomaría asiento sin recibir ningún tipo de tratamiento.

Sentado en una de las sillas de la zona médica, lejos de las miradas de los espectadores sujetaba su arma Nishiki mientras esperaba pacientemente a que Ryota recibiera tratamiento, Runin tampoco había recibido ningún daño por lo que probablemente solo tendría que descansar al igual que el estaba haciendo. En cuestión de minutos el jefe apareció ante ellos, mostrándose de nuevo para esta vez hablar directamente con los 3 allí presentes. A lo largo de la vida, Barald ha tenido que tratar con un sin fin de personas pero nunca había visto a nadie de ese calibre, a pesar de su baja estatura, poseía el temple y la palabra digna de aquel a quien no se puede interrumpir bajo ningún concepto, todo el mundo lo escuchaba cuando hablaba. Pudo notar como al mirarlo tras su discurso, controlaba bien las apuestas en su coliseo, por sus palabras era muy posible que conociera su primera apuesta a través de Shiba, la cual ya debería de estar cobrando. Sus palabras generaron desconfianza en los pagos del coliseo puesto que nunca nada es tan bonito como parece y aquella incitación al juego ... ese tipo parecía muy seguro de que no iba a perder dinero con los allí presentes, puesto que como el mismo había dicho, esperaba que apostaran por ellos mismos. Sin decir palabra se quedó inmerso en sus pensamientos sin soltar su arma aun recostado en aquella silla, pensando en que realmente, todo esto podría ser una encerrona y que todo se fuera a la mierda ¿podría salir de allí con vida? sin duda si, confiaba en si mismo de tal manera que ese pensamiento no le atormentaba, pero si que entendía algo con solo ver a ese hombre y escucharle hablar, era de esos tipos que se niegan a perder y que no era de fiar, eso le hacía desconfiar de su plan genial de ser el caballo ganador.
 
Igualmente no tenía muchas más opciones que seguir adelante puesto que ya se había envuelto en todo esto y con una muerte a sus espaldas, pensaba continuar hasta el final e ir improvisando a medida que consiga más información de como funcionan las cosas por aquí, aunque sin duda, se arriesgaría con la nueva apuesta. Tras la salida en escena del jefe supremo del lugar lo observó desde el asiento, viendo como el mismo se paraba a hablar con sus hombres, pudiendo escuchar algo lo cual le dio una pequeña pista de lo que estaba por venir, aunque solo fuera una suposición - Estupidos y muertos ...- Repitió para si mismo para evitar olvidar aquel detalle. Barald pensó que aquellas palabras iban referentes a ellos 3, pues analizando la situación, estaba muy seguro de que apostaran a favor de ellos mismos y a nadie le gusta perder dinero, mucho menos a el, Barald dedujo que se venía encima un combate intenso y no como el anterior que no había llegado a ser ni un calentamiento para el. decidió ir a hablar con el organizador justo después de que Ryota lo hiciera para así pedir la hoja de apuestas y colocar su apuesta, depositando los 30000 berries y con ello dejando eso totalmente atado ¿había apostado por si mismo? ¿por uno de sus compañeros? ¿perdería el combate a posta habiendo apostado a que pierde el siguiente combate? solo el organizador conocía su nueva apuesta. Tras aquello volvió al mismo lugar que antes y fue dirigido junto a sus compañeros de nuevo por la galería de luchadores hasta el escenario donde tendría lugar el combate, no miraba a ninguno de sus posibles contrincantes, solo caminaba tranquilo mirando al frente con su mano izquierda apoyada en la empuñadura de una de sus katanas, esperando a que diera comienzo todo de una vez, confiaba en sus habilidades como bien sabéis pero ... también confiaba en sus compañeros, Ryota era duro de pelotas aguantaba hostias como panes con una sonrisa en la cara y Runin ... Runin era sin duda el arma letal de este equipo, había matado a un hombre de un puñetazo tenía tremenda potencia, no había visto una mujer así de dura desde que conoció a Lan.


Off
[Imagen: FIRMA.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 865 + 0 = 865
Energia: 667 + 113 = 780
Espiritu: 177 + 0 = 177
#12


Inconsciencia.
Fallecimiento.
Persistencia.

El fragor de la lid resuena en el campo de batalla: la agitación de respiraciones descoordinadas, las frentes perladas fruto del devenir del embate y la armonía de los raudos golpes que componen una melodía visceral al resonar sobre piel y huesos. Todo ello conforma una sinfonía orquestada por quienes avanzan guiados por el pundonor, la avaricia o el desenfreno. ¿Acaso los motivos resultan significativos cuando las acciones resuenan más alto que cualquier vocablo?

¿Quién terminará recostado sobre la estela de piedra? ¿Acaso alguno se desvanecerá vencido por el dolor y la debilidad, o culminará convertido en el segundo recordatorio de la inclemencia que impregnada en ese ambiente carente de piedad y saturado de codicia? Barald hace acto de presencia en una fonía inflexible que recorre la mente de la fémina. ¿Cómo juzgar la teñida espada de alguien cuando su flecha anheló asestar en el corazón de las entidades de su pasado? Tal vez aún continúa deseándolo, solo que esta vez empuña armas diferentes y se empapa de una noción de la vida que a veces se disuelve, carente de forma.

—No lo pongo en duda, cariño. Ryota ganará. —El fulgor de los guantes se han desvanecido y los brazos permanecen cruzados, la mirada chocolate absorta en cada acometida, en los labios que emiten palabras que no llegan a sus oídos, en heridas que deberán limpiar para que no se vuelvan permanentes, en cuestiones que arrebatan sonrisas cómplices.



—¿Interesado en mi soltería, cariño? Prefiero las preguntas y propuestas más osadas, fufufu.

Eleva los hombros mientras una leve se desliza por su garganta. De reojo nota algunas cosas que antes no ha notado, como el hecho de parecer medir lo mismo; la forma en la que desvía el tabaco para no irrumpir en su entorno vital; la imperturbabilidad de su voz. La sangre que corre figurativamente por las manos del azabache se vuelve inocua por un par de segundos.

—Los conceptos mundanos no aplican entre Ryota y yo, va más allá de eso. —Pronuncia con inesperada calma mas el entorno entre ellos parece íntimo, como si estuviera intentando mantener un secreto aún a la luz de todos. A pesar de ello no existe rastro de vacilación o timidez, no aparenta nerviosismo o vergüenza, ni siquiera burla o mentira.



—Somos todo lo que queremos ser.

Signifique lo que signifique ello.



¿Cuánto falta para que Ryota dé el golpe de gracia? ¿Para que su sonrisa triunfe en el centro de la arena? ¿Para que el marcador se vuelva un 3 a 0? Las respuestas se derrumban acalladas ante sinuosos pasos de charol que resuenan en interminables ecos. La parsimonia del premeditado andar capaz de interrumpir combates y mermar voluntades roba la atención de cada combatiente y espectador.

¿La mujer que segundos antes actuaba aguerrida, soberbia y salvaje, de repente se torna mustia al disculparte y… La barbarie del sonido seco cambia la totalidad del panorama, del pensamiento, incluso de sus expresiones. La oscura mirada pasa del castaño al fresco cadáver de quien había sido su contrincante y, después, se detiene en el personaje que ha decidido inmiscuirse.

Cada semblante y enunciado emitido por el hombre hacen hervir la sangre de la fémina. Las uñas resbalan por la piel de los brazos en un intento de evitar mostrar el alcance de su cólera. El silencio se transformó en murmullos y los murmullos en debates, aplausos, ruidos y apuestas.

Amazona Carmesí

¿Están conscientes de lo que puede llegar a significar ese título? ¿De lo que puede provocar? ¿De lo que infiere? La espalda se endereza, los brazos caen sueltos a sus costados, el mentón se eleva y los pasos siguen indicaciones de los miembros del staff a quienes observa con repulsión y arrebato. Si los espectadores desean ver correr sangre, Runin no tiene problemas en dar un verdadero espectáculo, en buscar un nuevo objetivo al que llamen “Saco de Boxeo”. Han encendido a quien no debe mantener su pecha prendida, porque odia quedarse sentada sin hacer nada, no, es hora de ponerse en movimiento.

El adolorido rostro de Ryota al fin hace acto de presencia ante ellos. Runin se detiene lo suficiente como para no perder detalle de él, de sus palabras, de su risa y la ironía de Barald. ¿Intenta mentirle? ¿A ella? La diestra de la fémina asciende, parece estar a punto de dar una vigorosa cachetada; al final la mejilla del castaño siente una palmada sin fuerza impregnada. —¿Qué te dije sobre proteger tu rostro, cariño? —Emite, como acto reflejo sostiene la mejilla en un jalón.



—A ti te hubiera dado un golpe aún más fuerte, fufufu, así que creiste bien.

Si él podía evadir, ella también lo haría, aunque cada intento por controlarse se note en su encendida mirada y en cada poro del cuerpo de la amazona que emite coraje.

Las piernas se cruzan al sentarse sobre una butaca a la espera de reponer fuerzas y vigilar el proceso de sanación de su compañero. Barald parece más fresco que una lechuga, imperturbable, influenciable, aún cuando la presencia del “Sr. Alexander” los iluminase con su absoluta presencia.

La figura de la fémina se remueve tan solo para enderezar su postura, demostrando prestar atención, observando con fijeza a aquel que mueve los hilos. Ligera es la sonrisa que enmarca la expresión de quien no pierde detalle, de quien presiona los labios entre sí antes de separarlos y humedecerlos con la punta de su lengua. Han pasado la primera barrera haciéndose con el derecho de apostar sobre su cabeza o la de otros.



—No te preocupes, cariño, no será la última vez que me veas.

Pronuncia en un tono casi meloso al verlo retirarse; la sonrisa ladeada rápidamente se torna en una expresión de fastidio que no demora en esconder tras una fachada de rosas rojas y acostumbrada coquetería. Al menos hasta ponerse de pie y caminar en la dirección opuesta. Mascullando inentendiblemente, como si rumiara o mascara algo invisible, siendo acallada por la manera en la que muerde su labio inferior o por los sonoros pasos.



—Estúpido patitas de moncajete… —Busca con la mirada algún organizador. —Inspector de zócalos. —Se ha alejado de sus compañeros momentáneamente. —Albañil de hormigueros… —Es ahora cuando comienza el verdadero juego.

Menea el rostro, arregla las oscuras hebras azabaches ante el fluctuante movimiento. La expresión y vocablos cambian abruptamente. La postura olvida toda alegoría a la batalla, la mirada brilla y los labios se remojan con saliva. El organizador más lejano le observa fijamente y ella hace lo propio, acercándose del todo.



—Cariño. ¿Me ayudas con una hoja para mis apuestas?

Recompuesta observa de arriba hacia abajo al hombre. —Por favor. —Suena amena, dulce, y obtiene un esfero para empezar a escribir. —Creo que así está bien. —Menciona al entregar 130.000 berries junto a la pequeña hoja, se inclina más de lo debido.

—Mantén a salvo mi dinero, cariño —Pide mostrando una ligera sonrisa personal. —Creo que hoy iremos por apuestas seguras. Sabes cuál, ¿No? —Meneando su cabello se aleja del hombre. —Espero que todos ustedes tengan los ojos sobre mi, cariño, acaban de encontrarse con una campeona.

Contenido Oculto


Contorneando su cadera se acerca a sus compañeros. Ajusta los guantes, golpea el dorso entre sí formando una “x” cuando la incandescencia de la luz vuelve a emitirse frente a ellos. —Espero hayan apostado bien esta noche, guapos. —La expresión gustosa de antes cambia a una más encendida, casi brutal.



—Porque voy con todo.

OFF ROL
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1557 + 0 = 1557
Energia: 1280 + 96 = 1376
Espiritu: 228 + 0 = 228
#13
Mientras la arena se preparaba para el siguiente enfrentamiento, el verdadero movimiento no estaba en el foso, sino en los márgenes. Hojas de apuestas pasaron de mano en mano, algunas firmadas con nombres que minutos antes habían estado manchados de sangre. No solo el público jugaba aquella noche; los propios combatientes habían decidido entrar en el juego, apostando por su fuerza, su resistencia… y su supervivencia. En Sorbet, poner el cuerpo no era suficiente: había que poner dinero, orgullo y reputación sobre la mesa. La organización tomó nota de cada cifra sin levantar la vista, satisfecha. Cuanto más alto era el riesgo, mejor funcionaba el espectáculo.

El suelo había sido limpiado con una rapidez asombrosa, pero no lo suficiente bien como para borrar del todo lo ocurrido minutos antes. Algunas marcas más oscuras seguían visibles sobre la piedra pulida, rastros que no necesitaban explicación. El público se acomodó en los palcos, las conversaciones se apagaron poco a poco y las apuestas comenzaron a moverse con mayor decisión. Aquello ya no era una prueba. Era un combate de verdad.
Desde uno de los accesos laterales, una pesada compuerta metálica se abrió con un crujido grave.
Un semigigante de casi nueve metros, ancho como un muro, avanzó hacia el centro del foso con pasos lentos y torpes. Cada apoyo hacía vibrar la arena, levantando pequeñas nubes de polvo. Vestía de forma descuidada, sin protección real más allá de su propio cuerpo, y arrastraba apoyado sobre el hombro un kanabo descomunal, lleno de protuberancias, demasiado grande incluso para alguien de su tamaño.
Su rostro era simple, casi infantil. Los ojos pequeños, la boca ligeramente abierta, la expresión distraída. Cuando habló su voz resultó sorprendentemente ridícula, aguda y mal modulada para un cuerpo tan monstruoso.
- ¿Ya… ya podemos pegar? -preguntó, rascándose la cabeza con el mango del arma.
Algunos sectores del público rieron. Otros lo hicieron con cautela.
El error fue inmediato.
Una segunda figura emergió del mismo acceso con pasos firmes y decididos.
Más baja que Tornillo, pero no menos imponente. Una semi-oni de casi ocho metros, musculatura marcada y postura agresiva. Su pecho permanecía descubierto, apenas cubierto por vendas tensas que contrastaban con la piel curtida por combates pasados. En cada mano llevaba una katana, hojas largas y cuidadas, que no parecían pensadas para lucirse, sino para cortar.
Su mirada recorrió los palcos con una sonrisa peligrosa cuando escuchó las risas.
- ¿Os hace gracia? -gruñó, mostrando los dientes - ¡A ver si salís alguno a reíros aquí de mi cuchicuchi, hijos de puta!
La sonrisa se transformó en algo más oscuro cuando giró la cabeza hacia Tornillo. La diferencia fue clara. Donde antes había violencia contenida, ahora había devoción absoluta. Se acercó a él, apoyó una mano enorme en su brazo y le habló en un tono casi cariñoso.
-No les hagas caso, mi tornillito. Ahora nos dejan jugar.
Tornillo asintió con entusiasmo torpe.
- oh...Vale.
La reacción fue inmediata. El público se tensó. Algunas apuestas se reajustaron con rapidez. La dinámica estaba clara incluso antes de que nadie la explicara: él era la fuerza bruta, ella era el colmillo. Y cualquiera que se atreviera a reírse de uno, tendría que enfrentarse a los dos.
Ambos avanzaron juntos hasta el centro de la arena.
El kanabo golpeó la piedra con un sonido seco cuando Tornillo lo apoyó a su lado. Las katanas de Tuerca reflejaron la luz cálida de las lámparas al cruzarlas brevemente frente a su cuerpo, en un gesto que no era ceremonial, sino posesivo.
Allí se detuvieron.

-¡Atención, damas y caballeros! -la voz del comentarista resonó con un entusiasmo que ya no disimulaba- Desde los circuitos más brutales de este Blue, llegan dos nombres que no conocen la retirada ni la contención.
Hizo una pausa, dejando que las figuras gigantes ocuparan toda la atención.
-¡Tornillo, El Muro! Y a su lado… ¡Tuerca, la Bestia! ¡Estos tortolitos no han perdido ni un solo combate, lo único que les interesa es la destrucción y el amor, lo tienen todo!

Tornillo inclinó la cabeza al ver a los tres combatientes frente a él. Sus ojos recorrieron a Barald, se detuvieron un segundo más en la hoja que llevaba al cinto… y luego pasaron de largo sin interés alguno. Cuando miró a Ryota, parpadeó un par de veces, confuso, como si no terminara de entender qué hacía algo tan pequeño allí.
-¿Ese… es el saco? -preguntó en voz alta, señalándolo sin malicia, genuinamente curioso.
Algunos murmullos se escaparon desde los palcos.
Fue entonces cuando Tuerca dio un paso al frente.
Sus katanas descendieron un poco, lo justo para que la amenaza resultara evidente. Sus ojos se clavaron directamente en Runin, recorriéndola sin pudor, de arriba abajo, con una mueca entre desdén y advertencia.
- ¡Ni lo intentes Zorra asquerosa -escupió- Sé que estás aquí para quitarme a mi tornillito, pero te pienso destrozar!
Tuerca dio un paso más al frente, las hojas de sus katanas rozando la piedra con un sonido agudo, casi desagradable. La tensión se podía cortar; el aire parecía haberse vuelto más denso bajo el peso de aquellas dos figuras descomunales.
Tornillo, al verla avanzar, soltó una carcajada torpe y apoyó con fuerza el kanabo en el suelo. El impacto retumbó por toda la arena, levantando una vibración seca que recorrió el foso de lado a lado.
-Jejeje… -rió- Me gusta cuando se enfada.
Desde los palcos, el murmullo se apagó del todo. Las apuestas se detuvieron. Nadie quería perderse el primer golpe.
Una campana resonó, profunda y metálica.
El combate había comenzado.

INFO
#14

La suave caricia de Runin, transformada en una muestra de su doloroso afecto, junto a las irónicas palabras de Barald, quedaron como un recuerdo lejano en la memoria del castaño, mientras caminaba junto a ellos de regreso hacia la gran arena.

Los vocablos de la morena se hicieron notar desde su lado derecho, tan enérgica y capaz que harían sentir confiado hasta el más asustadizo de los hombres, aun sabiendo al tipo de lugar al que se dirigían. “Cuento con eso.” Ryota lo sentía, no existía otra persona hasta ese momento en quien pudiera confiar plenamente. Solo ella tenía tal capacidad, pues la conocía desde mucho antes y sabía a la perfección de que era capaz.

Su belleza solo era comparable con lo demoledor de sus golpes y es que su propio cuerpo sufría constantemente el abuso de tal temperamento.

“También cuento contigo, bro, ganemos un buen dinero esta noche.” Se dirigió a Barald, quien estaba a su lado izquierdo.

El hombre de negro no necesitaba de confianza, demostró ser un arma letal desde un principio. Una pena por el pobre mink pero una muestra de que en una situación difícil, tendría todo para salir adelante. “Aunque, quien debe demostrar algo ahora parece que seré yo y puedo prometerles que…” No pudo terminar sus palabras cuando salieron a la gran arena, siendo recibidos por el metálico sonido de una compuerta abriéndose.

Dos seres de alturas desproporcionadas para simples humanos aparecieron tras la compuerta lateral, como si de dos entes de pesadilla se tratara.



“¿Les van a faltar manos… para pelarme la riata…?”

Terminó las palabras que dejó a medias, aunque el tono variaba entre duda y sorpresa.

Con su mirada puesta en sus oponentes y al mismo tiempo en que caminaba junto a sus compañeros buscando llegar a una distancia prudente de esos monstruos, sintió una ligera sensación de alarma. No solo tenían un tamaño y proporciones a tomar en consideración, también portaban armas dignas de aplastar una pequeña choza. “Yo digo que trata de compensar algo…” Bromeó con los suyos, pues era la mejor forma para relajarse. “Aunque si tiene una novia humana, de todas formas, sería gigante...” Trato de aligerar el ambiente entre comentarios cómicos en medio de su caminata.

Al menos fue así hasta que se detuvieron cuando los cinco llegaron a situarse en la mitad de la arena, a una distancia de apenas tres metros, frente a frente.

La mirada de Ryota se encontró casi en un ángulo de 90 grados, buscando la amabilidad de sus oponentes para ver más allá de sus pechos.

- ¿Ya… ya podemos pegar? –

Fueron las primeras palabras que soltó el varón, en definitiva, no daba aires de ser el más listo de la clase. O al menos, esa fue la impresión que tuvo Ryota cuando parte de la arena se rió de él. “Tranqui man, esto está lleno de haters” Fue lo que quiso decir en rescate del pobre gigantón, de no ser porque el otro titán lo defendió casi al instante.

“Parece que sí calza grande.” Musito con semblante relajado, en conclusión a las palabras que dijo apenas lo vio. Después de todo, puedo notar que eran pareja.

En ese momento, la exagerada arma de quien había sido llamado (Tornillito) golpeó la piedra con todo el peso de su brazo. Aquel sonido no era cualquier cosa, y mucho menos lo era la postura que adoptó la mujer de las katanas gigantes. Ryota comprendió entonces que no solo eran grandes, sino también fuertes.

La voz del comentarista invadió la arena para presentar a los dos tortolitos: Tornillo, el Muro, y Tuerca, la Bestia. Sin lugar a dudas, nombres bastante pobres, pero apodos que aun así daban gala de sus capacidades. “Así que solo les interesa el amor…” Pensó Ryota, notando con ello, la mirada que ahora Tornillo posaba sobre él con curiosidad.

Parecía subestimarlo con su pregunta, pero lejos de molestarse por ello, solo sonrió.



“Keke, por favor sé delicado conmigo.”

Exclamo en tono condescendiente, siendo muy diferente a lo que cualquier guerrero a punto de batirse a duelo haría.

La amenaza de Tuerca cayó sobre la morena de manera repentina, ocasionando que la mirada ambarina del chico se posara sobre ella. Parecía ser del tipo de mujer celosa que no permitía competencia, algo bastante desilusionante, pero que dio una idea al castaño. “Ey, ey, ey pequeña, no digas eso, eres perfecta, nadie te quitará a tu hombre.” Interfirió, posándose en medio de Runin y Tuerca, justo frente a Runin y Barald dándoles la espalda, justo cuando Tornillo también intervino con su arma.

Entonces, la diestra del castaño se deslizó hacia su espalda mientras hacía gala de su encantadora frase, realizando dos señas simples y fáciles de interpretar. Señaló a Barald y a Runin con el dedo índice y luego apuntó en la dirección donde se encontraba Tornillo. Después, se señaló a sí mismo con el pulgar y apuntó con el mismo pulgar hacia donde estaba Tuerca.

- Me gusta cuando se enfada -

“Kekeke tienes razón.”



“Es bastante linda.”

Lo comentó justo después de las palabras de Tornillo. Solo quienes han estado en esa posición pueden entenderlo, quizá para el gigantón era lo mismo, ese instante en el que ves la mirada de otro hombre desear lo que es tuyo y tener el descaro de insinuarse frente a ti… con tu chica.

Poco después, el silencio se apoderó del sitio, el enfrentamiento estaba por comenzar y Ryota estaba decidido a ir con todo desde el principio.

¿Por qué no fue presa del miedo al ver tales colosos alzarse frente a él? Fácil, estaba a punto de lidiar con algo que era mil veces más horrible que ellos dos. Por eso, no tenía miedo de ellos, sino de algo que sabía se mostraría en el momento que la campana les diera la apertura.

“Me habría gustado un último trago…” Dijo en voz alta antes de que el ruido metálico de la campana anunciara el inicio del encuentro, activando todos los músculos de su cuerpo.

En un instante, a ojos de los presentes en la arena, el de cabellos castaños había desaparecido. O eso al menos pareció, más solo se desplazó a una velocidad que ninguno de ellos pudo seguir con la mirada.

De repente, un dolor agudo recorrió el cuerpo de Tuerca desde el tendón de Aquiles izquierdo. Ryota, ahora transformado en una araña prehistórica de casi cincuenta centímetros de altura y uno de ancho, se había desplazado en diagonal unos cinco metros, pasando entre sus piernas para terminar clavándole violentamente los colmillos delanteros, al mismo tiempo que segregaba una potente toxina en su sistema.

Sin detenerse a perder tiempo, la araña de cabello castaño que parecía estar temblando de forma errática volvió a desplazarse a gran velocidad, ahora abriendo una brecha de 8 metros entre los dos, ubicándose a espaldas de ambos gigantes. 



“¡EH TORNILLO TE VOY A QUITAR A TU NOVIA!”

Gritó, ahora de nuevo en su forma humana mientras trataba de calmar su respiración, producto de pánico que había sentido. Su intención era llamar la atención del para nada inteligente tornillo con sus mentiras y haber sorprendido suficientemente a la pareja, para ser la distracción perfecta de aquellos que venían tras él.

¿Lo lograría? Bueno, era un experto mentiroso. Quién sabe, al menos su plan ya estaba marchando.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1452 + 0 = 1452
Energia: 1350 - 183 = 1167
Espiritu: 285 + 0 = 285
#15

El retumbar del caminar del enemigo era alarmante, podía notar la vibración a cada paso. Observó la silueta gigante de aquellos dos al abrirse las compuertas y sintió algo, lo que estaba por llegar no iba a ser como el combate anterior aquello iba a ser diferente. Espero a que se cerraran las compuertas para apreciar con sus ojos algo que nunca había visto. Jamás había conocido seres tan grandes como los que tenia delante ¿eran gigantes? había oído hablar de otras razas más haya de la más común, aunque desconocía de las mismas y sus nombres, aunque realmente, solo lo había escuchado, nunca se había informado al respecto. En su anterior combate pudo ver al joven Bant que era un Mink y a la Gyojin, pero nunca había visto algo de tamaño tan descomunal como esos dos que tenía delante. Era tal la magnitud de su tamaño que se sintió como si fuera una hormiga por un momento. Analizándolos se dio cuenta de que el grandullón era poco inteligente o al menos, esa era su impresión, al igual que la espadachína parecía ser mucho mas temperamental, mostrando su enfado por las risas del público ¿risas? valientes hijos de puta, desde el palco es muy fácil reírse pero Barald en cambio no se reía para nada, se mantenía con un rostro completamente serio, sabía que este combate no iba a tener que llevarse a la ligera, es más probablemente tuviera que llegar a romper sus límites. Sin duda alguna, iba a ser un combate duro de pelotas. Al golpe en el suelo del arma del gigante le abrió los chakras a más de uno. El instinto de peligro y de supervivencia de cualquier ser humano ante aquella situación le haría correr asustado o retirarse sin ni tan si quiera dar pie a intentar pelear pero el espadachín hoy tenía una nueva misión secundaría; superar sus límites. Lejos de estar atemorizado, su cuerpo manifestó un instinto de pelea asesino, sabía que la situación no requería de contenciones, es más, requería de superaciones. Llevaba mucho tiempo sin poder pelear de esa manera, tanto que casi lo había olvidado. - Ganar o morir ... no tenemos muchas más opciones. -

Su ansia de pelear era descomunal, tantas que si no fuera por la situación en la que se encontraba se dejaría llevar por la fragua de la batalla peleando violentamente hasta que su cuerpo no diera más de si, pero ... hoy no era el día para hacer eso, meditaría como siempre cualquier acción y barajaría las posibilidades antes de hacer nada pues ya no solo su vida corría peligro, si no que la de sus compañeros también. No conocía la fuerza de aquellos dos pero era algo obvio que eran mucho más fuertes que el tan solo con ver su tamaño. Pudo notar como el gigante clavaba su mirada en el, lejos de sentirse atemorizado le devolvió la mirada de la misma manera. Tuerca y Tornillo, recordaría sus nombres. Desvió su mirada en la espadachina, parecía ser una diestra combatiente y su rango de alcance para cortar era inmenso, sin lugar a dudas hasta para ojos de aquellos que no ven más haya de lo que tienen delante este iba a ser su combate más difícil hasta la fecha ¿se alzarían con una victoria de tal magnitud? solo Dios sabe si su destino no es morir aplastado por un Kanabo gigante o macheteados por una mujer con cuernos. Una vez se hizo el silencio observó las manos de Ryota, que daba unas indicaciones muy claras, el iria a por la semi-oni y Barald y Runin, a por el grandullón, aunque el muchacho tenía otra idea. 

[Imagen: 3WTTlfr.jpeg]
- Mugen -

Esas serían las palabras de Barald justo antes de lanzar su técnica y meterle dos katanazos, pero antes de eso; tensó los músculos de sus piernas y flexionó ligeramente las rodillas para ahora elevar ligeramente el cuello elevando levemente su mirada y dar un salto a máxima potencia para acortar la distancia con la semi oni. La mirada del joven estaba llena de decisión, su semblante serio ahora se había vuelto mucho más decidido y afilado que antes, notando como si sus dedos ahora fueran capaces de fundirse con sus armas como le enseño su maestro. El salto en línea recta más que un salto era algo como un impulso hacia adelante, como si su cuerpo fuera un proyectil más que un salto hacia arriba. Nada más dar el salto, tomo sus armas de su costado derecho y las desenvaino, colocándolas frente a el de manera vertical a modo de protección ante cualquier cosa que intentara tocarle en el transcurso de su salto, tocó el suelo con ambos pies al llegar a su objetivo, frenando su movimiento y tras eso nombraría su técnica y daría dos cortes de derecha a izquierda directamente en el interior de su pierna, buscando dar en el gemelo que esta a la altura de sus brazos., ahora quedando ahí atento a los movimientos de la oni y ambas piernas flexionadas de nuevo, tensas, preparándose para su siguiente movimiento. Había decidido no hacer caso de las indicaciones de su compañero antes de iniciar el combate por el simple hecho de que barajó la posibilidad y aunque quizás no fuera más sensato, quería posicionarse bajo ella, esa posición le daba cierta ventaja en algunos aspectos ¿aprovechar ventajas? de eso iba esta pelea, estos 3 no iban a vencer por fuerza bruta. 

Off
[Imagen: FIRMA.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 865 + 0 = 865
Energia: 780 - 113 = 667
Espiritu: 177 + 0 = 177
#16

Ridículo.

La mirada se eleva metro por metro al observar el panorama frente a sus oscuros orbes. ¿Los cuentos de ficción que leía para su hermano menor empezaban a tomar forma? Por acto reflejo la fémina se detiene tan solo un segundo antes de continuar el caminar junto a sus compañeros, expulsa aire de sus pulmones en medio de vanos intentos por aguantar la risa ante los comentarios ambiguos del castaño, como si tratase de apaciguar cualquier duda recurrente, aún cuando el pecho empieza a latir en descontrol. Inconscientemente gira el brazo izquierdo una vez.

—Que ilustrativo te volviste de repente, fufufufu. —Emite respirando profundamente, gira el brazo izquierdo por segunda vez, como si intentase eliminar algún nudo atorado en su hombro o cuello, casi parece incómoda. Su mirada se centra en el gigante de estrafalario cabello amarillento, enormes músculos, descomunal arma y aguda, muy aguda voz. Sin darse cuenta vuelve a reír, se obliga a contenerse apretando sus labios entre sí, aunque la expresión divertida no se desvanece. Alguien está consumiendo más de una sustancia.

Los pasos al fin se detienen cuando se encuentran a metros de distancia. El suelo tiembla y ella flexiona las piernas muy ligeramente para no dejarse llevar por el movimiento.

El presentador eleva la voz incentivando al público en un intento de cambiar cualquier apuesta que se encuentre en juego. “Tortolitos” es la palabra que utiliza, provocando una sonrisa en la morena, si, realmente lo parecen. Tan diferentes que en cierta medida se siente familiar, en cierta medida le da algo de pesar girar por tercera vez el brazo izquierdo; al menos es así hasta que escucha los “delicados” vocablos provenientes de la enorme pelirroja.



—¡¿AH?!

La voz de la morena se eleva al instante. El amarillento brillo de sus guantes parece llenarlo todo, iluminando los orbes de la mujer. ¿Intenta iniciar una discusión contra su persona? Cualquier vestigio de empatía, estupefacción o respeto desaparece en el acto. Después de la molestia inicial, el rostro de la amazona se contorsiona en una expresión de completa burla y soberbia. Una sonrisa que dice más que cualquier palabra asoma en su rostro, altanera, atrevida, sin ápice de aprehensión. Si en algún momento ha sentido temor, este ha terminado por desaparecer.


—¡FUFUFUFU! Las bonitas, como yo, no peleamos por hombres de mierda, cariño. ¡Solo las inseguras ladran como perras por uno! —Oh si. Runin Kitay se ha enfadado, y de la manera más arrogante posible: La pelirroja se ha metido con el ego de la amazona. Quiere golpearla, anhela golpearla sin importar las dos katanas que porta, sin importar su altura, sin importar cualquier tipo de notoria diferencia. Ryota interviene y ella tuerce el gesto levantando el labio de manera inconsciente, está a punto de reclamar cuando nota los gestos escondidos de su compañero.

Oh…

Algo hace click  en su cerebro y repentinamente siente ganas de reír. Se contiene, realmente lo hace aunque su pecho vibra, esta vez de manera emocionada y contundente, el eje de su cuerpo baja, como si estuviera preparándose para algo. El apetito hacia la batalla empieza a hacer mella en sus fluctuantes emociones porque ciertamente las bonitas no pelean por hombres, pero claro que pueden pelear contra cualquier hombre que se les ponga enfrente, más si es para fastidiar a su celosa mujer.

¿Las palabras del castaño hacia la enorme mujer? En ese momento se tornan irrelevantes porque entiende lo que está en juego y sabe que Ryota lo hace de igual manera. En la nublada mente de la fémina solo hay cabida para algo: La confianza hacia su compañero y las indefendibles ganas de calentar sus puños contra sus contrincantes.



—Stellar…

La campana se escucha por la extensión del recinto cuando, sin vacilación, la fémina se desplaza rápidamente hacia el semi gigante de amarillentas hebras, quedando bajo su pierna izquierda, sorprendiéndolo en el acto al dar un paso ofensivo, rotando completamente la cadera para proyectar el puño en un golpe similar a un uppercut deformado. —¡DISTORTION! —El grito es proferido cuando el puño impacta la tibia del enemigo.

Seguido del golpe y, sin perder tiempo, la fémina busca marcar distancia entre los dos. Impulsándose en un salto largo para alejarse diez metros a espaldas del grandullón, girando hacia él para no perderlo de vista en ningún momento. Manteniendo la distancia Runin mueve el hombro derecho enérgicamente
Contenido Oculto


Sin contemplación levanta el mentón en un gesto descarado. —Vamos, grandullón… —Aún si Barald ha decidido no hacer equipo contra el semi gigante, ella no desistirá porque la cobardía jamás podrá recorrer sus venas y porque no desea que el hombre se desvíe queriendo atacar a sus compañeros de equipo. —¡VEN Y PELEA CONTRA MI!


OFF ROL
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1557 + 0 = 1557
Energia: 1376 - 135 = 1241
Espiritu: 228 + 0 = 228
#17
Durante una fracción de segundo, Tuerca perdió de vista al pequeño.
No fue un fallo suyo. Simplemente desapareció.
Sus ojos, entrenados para seguir a sus enemigos, no fueron capaces de seguir el movimiento del gran insecto. Barald venía hacia ella en un salto directo, el cuerpo proyectado como un arma, las hojas aún envainadas. Era grande para los estándares humanos, pero lento para los suyos. Demasiado visible. Demasiado recto.
Tuerca gruñó.
No esperó a que aterrizara.
Giró el torso con violencia y lanzó un corte instintivo, un movimiento natural, casi automático, pensado para interceptar, no para rematar. El acero describió un arco amplio, buscando romper el impulso, obligarlo a retroceder, recordarle de inmediato que aquel espacio le pertenecía.
Fue entonces cuando algo la mordió.
Un dolor súbito, profundo, bajo. No en el pecho, no en los brazos… en la pierna.
La sensación fue distinta a cualquier herida que hubiera recibido antes. No era solo el impacto, ni el desgarro. Era algo que se filtraba, que avanzaba bajo la piel como un calor espeso, robándole claridad al movimiento. El suelo pareció inclinarse apenas un instante. Nada grave. Nada definitivo. Pero suficiente como para que su cuerpo reaccionara un paso después de lo habitual.
- ¿Qué has hecho…? Maldito bicho... ¿Como has...?
El gruñido se le atragantó en la garganta.
Su mirada descendió apenas lo justo para comprender que el ataque no había venido de frente.
Al mismo tiempo que el mordisco terminaba de suceder, otra imagen se estampó en su visión periférica.
Tornillo.
El impacto llegó como un latigazo emocional antes incluso de procesarlo del todo. El cuerpo enorme de su pareja sacudiéndose hacia atrás, el kanabo descendiendo de forma torpe, el equilibrio roto por un puñetazo brutal que no debería haber entrado así.

El golpe llegó antes de que Tornillo entendiera nada.
Fue como si el mundo le diera una bofetada gigantesca en la pierna. El impacto le recorrió el cuerpo entero y le arrancó un gruñido grave mientras el kanabo se hundía un poco más en la arena al apoyarlo para no caer.
El suelo tembló. No por él. Por lo que había pasado.
Parpadeó varias veces, sacudiendo la cabeza como un perro mojado. Algo no estaba bien. La pierna le hormigueaba, el cuerpo no respondía igual, y la cabeza… la cabeza iba lenta. Muy lenta.
Entonces escuchó una voz.
Aguda. Pequeña. Molesta.
"¡EH TORNILLO TE VOY A QUITAR A TU NOVIA!"
Tardó un segundo en procesarlo.
Luego otro.
Luego frunció el ceño.
- ¿Eh…? -giró la cabeza buscando de dónde venía- ¿Qué dices tú…?
Localizó al hombrecito. El pequeño. El que hablaba demasiado.
Los ojos de Tornillo se entrecerraron y el gesto torpe se torció en algo parecido al enfado. No entendía del todo qué estaba pasando, pero eso sí lo entendía.
- No… -gruñó, clavando el kanabo con fuerza en el suelo- Eso no...
El cuerpo no se movió aún. No porque no quisiera… sino porque todavía estaba como espeso, como si el golpe le hubiera dejado el pensamiento atrapado en barro.
Pero sabía una cosa.
Ese tipo le había hablado mal, y eso no se perdona.


- ¡TORNILLITO!
El nombre salió cargado de furia y pánico a Tuerca.
La arena se estrechó a su alrededor. El ruido del público desapareció. Solo existía él. Y la figura que lo había golpeado.
El veneno seguía ahí, enturbiando sus respuestas motoras, pero la rabia empujó su cuerpo hacia delante sin dudarlo. Las katanas se tensaron en sus manos, el músculo rugiendo, dispuesta a lanzarse sobre quien hubiera osado tocarlo.
Un paso.
Dos.
La distancia seguía siendo demasiada.
No hizo caso de los dos que le habían atacado, ahora mismo solo importaba una cosa, destruir a la pequeña zorra que había atacado a su amado, así que avanzó con toda su rabia hacia ella. 
Tuerca clavó los pies en la piedra, respirando con violencia, los colmillos apretados, la mirada incendiada.
Ahora lo sabía.
No era un combate limpio.
No era un duelo de fuerza.
Era una cacería, y alguien había osado morder primero.


INFO
#18

Una vez iniciado el combate, cada uno de los tres debía moverse según su propio juicio y determinación, por lo tanto, el hecho de que Barald no hubiera seguido su sugerencia lejos de molestarle, le agradó. Significaba que era alguien lo bastante inteligente para desconfiar de un aparecido y tomar sus propias decisiones.
Gracias a esa inteligencia, con el tiempo llegaría a entender por qué era buena idea tener en cuenta las sugerencias del castaño.

Quien ya entendía perfectamente su forma de pensar era Runin. La sorpresa ofensiva del momento que demostraba no solo ser la mejor guerrera del trío, sino una importante aliada para los descabellados planes del capitán. No había tiempo para felicitar, o para reír, solo podían confiar en que la química entre ambos continuaría otorgándoles comunicarse sin necesidad de palabras.

Fue entonces cuando los ojos de Tornillo se encontraron con los de Ryota desde la lejanía, su mirada reflejó enfado y la forma en la que empuñó esa descomunal arma solo afirmó tal suposición.


Sin mediar palabra, solo una mirada desafiante destinada a avivar las brasas del rencor del semigigante, Ryota buscó acaparar por completo su atención.

Aunque, lejos de enfocarse del todo en un atolondrado gigantón, sus ojos, que se posaban sobre el panorama gracias a la distancia de donde se encontraba, consiguieron ver los pasos de tuerca atravesando el terreno y buscando de forma vengativa la anatomía de Runin.

Cuando decidió moverse, ya lo había hecho, sus piernas se desplazaron por puro instinto en un rápido pensamiento en función de mantener su plan vigente. La fisonomía de Ryota se desplazó a gran velocidad en contra de Tuerca buscando interceptarla en su imperiosa necesidad de venganza. Primero, un avance claro de 1,4 metros y luego un violento salto de 8 a 9 metros con la inercia de su carrera.

Uno, dos fueron los impactos que la dama de hebras rojas sintió de lleno en su mejilla derecha. El pirata de tupe bien peinado, acababa de impactar dos rápidos jabs en la mejilla de la mujer en su forma híbrida. Una transformación que lo convertía en criatura aracnida y humanoide, con seis brazos, otro par de ojos, abdomen aracnido apareciendo en su trasero y de aproximadamente 2,7M.

Contenido Oculto


Mas Ryota no detendría su ofensiva allí, pues al instante cambió su cuerpo nuevamente a su forma completa de araña, para desplazarse sobre la cabeza de la femina a increíble velocidad llegando hasta la parte superior. (Al igual que una araña cuando se te trepa.)



“¡O... Oye Tornillo!, ¡qu... que chin... chingona está tu vieja!, ¡me, me la voy a quedar bro!” 

Le gritó con absoluto descaro sin dejar de temblar, prolongando incluso en pleno pánico aquella expresión maquiavélica que no hacía más que evidenciar una nueva forma de reírse de las penurias del gigantón rubio. Y aunque por dentro se moría de ganas de huir, sus burlas no cesaban.

Al mismo tiempo, sus ocho ojos permanecían atentos a cada movimiento de Tuerca. Después de todo, la única forma que tenía la mujer de atacarlo era llevando las manos a la cabeza o empuñando sus espadas de alguna nueva manera, una postura que seguro resultaría incómoda y poco favorable para ella.

¿Habría conseguido ganarse el odio del semigigante? ¿la cercanía corporal influiría en algo el rencor de ese gigantón? ¿se aguantaría las ganas de hacer pis usando su akuma? ¿El alcance de su arma combinado con su ira no haría de blandiera ese kanabo sin siquiera pensar?

Tantas preguntas y solo contestadas en el próximo capítulo, la muerte de Ryota. No se lo pierdan.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1452 + 0 = 1452
Energia: 1167 - 113 = 1054
Espiritu: 285 + 0 = 285
#19

¿Cuál es el nombre de la emoción que embriaga en ese momento a la fémina de mirada chocolate? ¿Júbilo? ¿Euforia? ¿Éxtasis? Conceptos tan parecidos pero con diferentes grados de intensidad. El corazón se agita con inigualable brío, el cuerpo se siente ligero ante la perspectiva de sentirse libre aún encerrada en una fosa de concreto, la mente trabaja rápido a la expectativa de próximos movimientos, sean suyos o los del enemigo. ¿Enemigo? No es como si aquella estrafalaria pareja lo sea pero todo se torna más sencillo cuando existe una línea delimitante entre una postura y otra.

El semi gigante parece no lograr contar un 2 + 2, mucho menos situarse en tiempo y espacio. Las palabras son exhaladas con lentitud y la sonrisa de la fémina no hace más que incrementar hasta provocar incomodidad en la comisura de sus labios. “Control” Piensa y la palabra se repite como un mantra que no termina de ser discernido en su interior, no cuando nota al segundo problema de la ecuación emerger para recordarle que se trata de un combate abierto.

La dulce voz de la pelirroja resuena en el entorno, haciendo mella en la amazona; incluso entre la evidente preocupación, gritos y enfados se puede notar un rezago de ternura en ella. Lamentablemente, eso le importa poco o nada a la morena, que tuerce el gesto al notar el cambio de ofensiva en la ajena. La expresión de su nueva oponente no es solo la de quien desea aplastar un molesto insecto, sino que avanza hacia ella sin miramientos, decidida a desaparecerla de la faz de la Tierra.



—Qué perra insaciable.

Masculla, dirigiendo su atención hacia la oni, al tiempo que la intervención de su compañero se hace presente a una velocidad que impresiona a la fémina de azabaches hebras. De una forma completamente ajena al entendimiento normativo, se presenta para interceder por ella; y aunque una parte de sí grita que no intervenga en sus batallas, otra zona de su mente se ilumina en admiración por aquel que sabe cómo y cuándo actuar.
Contenido Oculto



—¡¡¡Star…

La voz se eleva al mismo tiempo que su cuerpo se desplaza hacia la pelirroja, usando los golpes y distracción de Ryota como una momentánea cortina, un recurso para abrirse paso hacia ella e impactar su propio ataque, lanzando un contundente cruzado a la altura de la tibia de la pierna izquierda de la oni. —TRIAL!!! —¿No es romántico recibir el mismo golpe que ha recibido su amado momentos antes? ¿Justo en la misma pierna? ¡Poético!

Una risa escapa antes de volver a retroceder, sin miramientos, en un salto largo, sin dejar de observar a ambas amenazas, alejándose de ambos; porque, a pesar de la euforia que recorre sus venas, Runin no es ninguna estúpida. ¿Dejarse golpear por un par de malditas katanas? ¿Arriesgarse a que su hermoso cuerpo sufra alguna herida? ¡¿Un corte?!



—Ni en un millón de putos años puedo permitirlo, cariño, fufufufufu.

Mientras ríe vuelve a girar el brazo derecho tres veces, con apremio, lista para dar el siguiente golpe mientras su mirada se enfoca en sus enemigos y en los movimientos de sus compañeros.

¿Barald estará bien? No ha podido detenerse a observar con parsimonia el estado de ninguno, lo que sí puede pensar, en alguna parte de su mente, es que después del combate debe molestar a Ryota para que le deje abrazar y analizar a su forma completa de araña. ¿Qué? ¡Es una exploradora! Alguna parte de ella sigue emocionándose por esas cosas, aunque al joven castaño le haga cero gracia.

OFF ROL
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1557 + 0 = 1557
Energia: 1241 - 103 = 1138
Espiritu: 228 + 0 = 228
#20

Todo en la mente del muchacho siempre era evaluado así como una calculadora que siempre da un resultado correcto, pero esta vez; la estupidez humana rompió su hoja de calculo y lo mando todo a la mierda. Cegado por tomar una buena posición para machetear a su antojo se vio frente al acero de la semi-oni que no dudo ni un segundo en bajarle los humos como si fuera una mosca. En medio de su salto sintió el acero en su pecho, dejándole un corte horizontal el cual le acabaría dejando marca. Su traje de alta gama se había roto al igual que su estrategia, estaba listo para atacar nada más llegara pero, aunque su mente visualizara su ataque, su cuerpo nunca llegó. Lejos de conseguir hacer algo más, solo pudo sucumbir ante la ofensiva de su enemiga. Toco el suelo con ambos pies tras recibir el daño, cambiando la expresión de su rostro al sentir el acero recorriendo su piel que le le hizo apretar los dientes y elevar la mirada cerrando su ojo izquierdo, hacía tiempo que no se veía en problemas. Ahora que su salto había sido interferido en seco por el corte, llegó a poner ambos pies en el suelo deslizando los mismos escasos centímetros haciendo fuerza con su tren inferior para mantener el equilibrio y no salir despedido hacia atrás.

[Imagen: nouhEDD.jpeg]
- Aghhh ... es... rápida. -

Esbozó un leve gruñido por el dolor, asimilando las velocidad de la semi-oni con la espada. Miro hacia abajo debido al dolor y el escozor que le provocaba su nueva herida de guerra, contaba con muchas parecidas, no era la primera vez que recibía un daño así. Descendió la mirada y pudo ver con sus ojos la magnitud de su herida al igual que vio la sangre que comenzaba a brotar del corte poco a poco, y a su vez vio su traje roto, algo que le dolió mucho más que el propio corte que ahora tenía en el pecho. Lejos de preocuparse por su estado decidió llevar ambas manos a la empuñadura de sus armas, listo para seguir con el combate pero esta vez con la cabeza más fría que antes, había comprobado de buena mano que no estaba a la altura para pelear directamente, no de aquella manera a lo que actuaria en consecuencia. En medio de la batalla pudo analizar la situación de los hechos desde aquella posición, tras el ataque de la oni se vio ignorado debido a las acciones del resto de sus compañeros, lo que le permitió ver con claridad todo cuanto sucedía a su alrededor. 

Ahora la semi-oni estaba distraída con el ataque mordisqueante de Ryo, quizás ese hubiera sido el momento para lanzarse, lo apreció tarde. La oni había recibido el mordisco de su compañero a altas velocidades transformado en algo que ni si quiera pudo ver con claridad, ¿saco de boxeo era tan rápido? al parecer en su anterior combate se había estado conteniendo, la amazona en cambio había hecho gala de sus puñetazos de nuevo, lanzándose a por el gigantón y lejos de verse atemorizada por su tamaño había seguido las indicaciones de Ryo de ir a por el. Parecían tener la suficiente conexión como para no tener que hablar en medio de un combate y entenderse a la perfección. Desde su actual posición pudo observar como el gigantón se veía impactado por su compañera por tremendo puñetazo y quedaba "atontado" apoyándose con su arma en el suelo ¿era un buen momento para atacarle de nuevo? quizás si, en cambio decidió volver a mirar a la semi-oni que ahora parecía haber centrado su atención en Runin, enfadada porque había pegado a su querido. El espadachín negro tuvo un momento de calma para tomar su decisión en el fragor de la batalla, ahora que la semi-oni le daba la espalda al ir a por Runin enfadada y el gigantón andaba medio atontado decidió aprovechar su situación. Aun notaba ese cosquilleo en sus dedos. Sabía que ese combate le iba a hacer superar los limites de su cuerpo así que decidió ir con todo esta vez, tensó todo el cuerpo mientras desenvainaba sus dos katanas, su cuerpo estaba listo para superar sus limites, aquí y ahora. 

- ¡FIUMM! -

Se lanzó directo hacia la semi-oni visualizando un salto mayor al que había hecho antes para llegar a una posición donde poder atacar a la que anteriormente le había dejado una herida en el pecho. En el transcurso de su salto Ryota ya se encontraba golpeando en la cara de aquel tipo y Runin se acercaba a la pierna izquierda dispuesta a lanzar un segundo golpe. Barald con su salto avanzó 4 metros por detrás de Tuerca en linea recta; puesto que su salto no había sido suficiente para llegar a alcanzarla con ambos pies de nuevo en el suelo echo a correr hacia su pierna derecha, la contraria a la que golpeaba Runin. Avanzando otros 4 metros corriendo hasta llegar a su objetivo dispuesto a devolverle el golpe de antes.

[Imagen: c92H1ks.jpeg]
- Nunca des la espalda a tu enemigo, ni lo des por muerto. -

Barald nunca alzaba la voz, ni gritaba, sus palabras solo podrían ser escuchadas por el mismo debido al enorme ruido del coliseo y las propias palabras de sus compañeros. Al acercarse por la espalda, la Oni ni si quiera se habría percatado de su presencia ya que no lo había mirado en ningún momento, parecía haberse olvidado de el tras su anterior ataque, más aun, porque estaba enfurecida yendo a por Runin. El único que podría haberle visto era el gigantón, pero andaba con su mirada puesta en Ryota que lo andaba provocando con robarle a la novia, andaba un poco desorientado por el golpe anterior de Runin y además, esta vez y solo por esta vez nuestro querido amigo Barald había superado sus limites físicos hasta el punto de dejar atrás el ser una piedra y conseguir llegar al nivel de un tipo que va en bicicleta, lo que le daba una oportunidad, tan solo una y esta vez, no iba a desaprovecharla. Justo al decir la palabra muerto llegó a estar a un 1 metro de distancia de la pierna de Tuerca, una distancia perfecta para atacar.

Ahora estando tan cerca de su pierna derecha sería esta vez el último en golpear. trazó un arco abierto perfecto con ambas manos de izquierda a derecha, girando el cuerpo en la misma dirección para asestar dos cortes en el gemelo de Tuerca, paralelos el uno del otro. - Mugen - nombro como no su técnica antes de impactar ya que creía firmemente en que nombrar el nombre de un ataque le hacía volverse más poderoso. Tras cortar la carne, y llenar la hoja de sus katanas de sangre, giró su rostro hacia atrás para mirar ahora al gigantón, aunque no perdía de vista el cuerpo de la semi oni debido a su extrema proximidad, quien sabe si caería al suelo ahora tras recibir tremendos ataques, en cambio no quería perder de vista al gigantón, así que clavaria su mirada en el gigante sin poder dejar de ver el cuerpo inmenso de la oni debido a su proximidad, en caso de que cayera al suelo, sería capaz de anteponerse. Barajaba aquella opción. Barald había superado sus propios limites para realizar aquel ataque, buscando devolver el dolor a su contrincante y servir a su equipo de nuevo en este combate tan abierto, no obstante pensaba aprender de sus errores anteriores, no volvería a cometer estupideces a no ser que fueran necesarias, igualmente se sentía preparado para el combate, con el cuerpo aun tenso y sus manos agarrando la empuñadura de sus dos katanas con fuerza, esto no había hecho mas que empezar ... o realmente no ¿todo acabaría pronto? quien sabe.

Off

[Imagen: FIRMA.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 865 - 212 = 653
Energia: 667 + 5 = 672
Espiritu: 177 + 0 = 177


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: