[Presente absoluto] SUNNY SIDE UP!
#1
 
30 de primera, Año 17
 
01:46
 
El hombre estaba frustrado.
 
Ya era su tercer intento en el casino, y no es que se hubiera quedado dos días enteros atrapado allí, claro que no. Era peor que eso: como un adicto consciente de su propia debilidad, había regresado día tras día, convencido de que esta vez la suerte tendría que ceder. Pero la condenada seguía sin responderle como esperaba, burlándose de él con luces parpadeantes y fichas que desaparecían demasiado rápido.
 
—Ah… no puedo más —murmuró, pasándose una mano por el cabello — Tiene truco, no hay otra explicación para tanta pérdida, ¿me entiendes? — Habló consigo mismo mientras se quitaba los lentes, presionándose el puente de la nariz en un gesto cargado de cansancio. Permaneció de pie unos segundos, observando las mesas como si alguna fuera a confesarle su secreto, hasta que finalmente tomó la decisión del día. Salir del casino. Había sido demasiado por dos noches seguidas, demasiado ruido, demasiadas falsas promesas disfrazadas de probabilidades.
 
Al salir, el cambio fue inmediato. El frío nocturno le caló hasta los huesos, haciéndolo encogerse sobre sí mismo mientras avanzaba a paso apresurado hacia su camarote. Sus ropas veraniegas no ofrecían demasiada protección, y cada ráfaga de viento parecía recordarle lo mal que había calculado todo: el clima, la suerte, el tiempo invertido.
 
Llegó por fin a su destino y cerró la puerta tras de sí, apoyando un instante la frente contra la madera, exhalando con pesadez. El espacio era acomodado, nada del otro mundo: una cama prolijamente hecha, una pequeña mesa, iluminación cálida y silenciosa. Aun así, había sido su refugio, su pequeño rincón de descanso en esos días marcados por la obsesión y la necedad.
 
El rubio se dejó caer sobre la cama sin demasiada ceremonia, mirando al techo con expresión vacía, aburrido y agotado a partes iguales. Pensó en el dinero perdido, en las horas desperdiciadas, en la absurda esperanza de que mañana sería distinto… hasta que algo llamó su atención.
 
A un costado, casi olvidado, había un menú cuidadosamente colocado.
 
¿Servicio al cuarto?
 
Entrecerró los ojos, incorporándose un poco para tomarlo entre sus manos. No pudo evitar soltar una risa baja, incrédula. ¿Cómo era posible que no lo hubiera visto antes? Tal vez, pensó, no todo estaba perdido. A veces la suerte no se encontraba en una mesa de apuestas, sino en las pequeñas comodidades que uno ignoraba por estar mirando en la dirección equivocada.
 
Y pidió algunos… bocadillos, por supuesto. ¿Por qué los desaprovecharía? Si ya había perdido suficiente esa noche, al menos podía permitirse ganar algo tan simple como una cena decente. Recorrió el menú con más atención de la que había prestado a cualquier mesa del casino, eligiendo sin demasiada culpa: algo salado, algo dulce, y una bebida que prometía ayudarlo a relajarse. Confirmó el pedido y dejó el menú a un lado, sintiendo por primera vez en horas que no tenía prisa alguna.
 
La espera se le hizo más larga de lo que esperaba. El cansancio empezó a pesarle en los párpados mientras el silencio del camarote se imponía, apenas interrumpido por el suave zumbido del barco. Se acomodó mejor en la cama, quitándose los zapatos y aflojando la ropa, convencido de que solo cerraría los ojos un momento.
 
El golpe suave en la puerta lo sacó de los brazos tentadores dell sueño. Recogió el pedido, agradeció con una sonrisa cansada y regresó a la cama con la bandeja entre las manos. El aroma era reconfortante, casi suficiente para levantarle el ánimo. Tomó uno de los bocadillos y le dio la primera mordida con auténtico hambre…
 
Y fue entonces cuando su cuerpo decidió rendirse.
 
Masticó apenas, apoyando la cabeza contra la almohada, y tuvo que detenerse antes de continuar. El cansancio lo alcanzó sin pedir permiso, arrastrándolo a una siesta ligera, improvisada, con el bocadillo a medio comer aún cerca y el pensamiento difuso de que, por una vez, no le importaba perder el control del tiempo. El casino podía esperar; esa noche, incluso la mala suerte parecía haberse quedado del otro lado de la puerta.

Karmas
  Responder
#2
Now playing: Asura by King Gnu
 
09:34
 
“Ah, qué buena noche de sueño, carajo” pensó el hombre al incorporarse con un estiramiento perezoso, sintiendo cómo el cuerpo, por fin, dejaba atrás el cansancio acumulado. Sus ojos recorrieron el camarote hasta detenerse en la bandeja olvidada sobre la mesa. La comida de la noche anterior lo observaba de vuelta, marchita, fría y nada apetecible. Hizo una mueca de claro desagrado; no había duda alguna: eso ya no se lo iba a comer. Había placeres que no merecían ser rescatados del pasado.
 
Se pasó una mano por el rostro, respiró hondo y tomó la decisión que parecía marcar el verdadero inicio del día. Era hora de un baño. Un baño largo, caliente, capaz de borrar no solo el sueño, sino también la frustración del casino, las pérdidas y esa insistencia absurda en tentar a la suerte. Se dirigió a la ducha con pasos tranquilos, dejando que el vapor envolviera el pequeño espacio. El agua cayó sobre su piel como una especie de absolución silenciosa, llevándose consigo el olor a cansancio y las malas decisiones. Allí, bajo el chorro constante, el mundo se redujo a sensaciones simples: calor, respiración, presente.
 
Cuando salió, ya vestido y con el cabello aún ligeramente húmedo, algo había cambiado. No era nada visible, pero se sentía distinto. Más ligero. Como si ese hombre que había apostado una y otra vez en el casino se hubiera quedado atrapado en la noche anterior.
 
Ahora era otro.
Un nombre nuevo, al menos por hoy.
Un hombre que no perdió nada en el casino de un crucero… porque simplemente aún no había vuelto a entrar.
 
 
El hombre salió del camarote con la maleta en mano, bien cerrada y ligera, pues sabía que pronto aparcarían. El vaivén del crucero ya no le resultaba tan hipnótico como la noche anterior; ahora había una expectativa distinta en el aire, algo cercano a la promesa de tierra firme. Caminó con paso decidido, con la intención clara de bajar a la isla y conseguir algo de comer apenas pudiera, aunque ese plan duró poco.
 
En cuanto preguntó, lo mandaron directamente al restaurante. Sin rodeos, sin opciones. Aparentemente el protocolo era más fuerte que su improvisación matutina, así que, sin remedio, terminó siguiendo las indicaciones. Se sentó, tomó la carta y la leyó con calma, agradeciendo en silencio que al menos el lugar fuera cómodo y que el olor a café fresco hiciera justicia a la hora. Tras un momento, optó por algo sencillo, algo que no pudiera fallar.
 
—Tostadas francesas, por favor. Y ni se le ocurra  quemarlas o que sepan mucho a huevo, ¿me entiendes? —añadió con una sonrisa ladeada. —Eso sí sería una tragedia. — Su tono era juguetón, casi coqueto, de esos que rozaban la confianza excesiva y que incluso podían llegar a molestar a alguien. Pero el hombre no lo creyó así; para él era solo una forma ligera de existir, una manera de recordarse que la noche ya había quedado atrás.
 
Comió con tranquilidad, saboreando cada bocado como si fuera parte de un ritual de despedida. Cuando terminó, el murmullo del restaurante comenzó a mezclarse con la impaciencia colectiva: maletas rodando, conversaciones expectantes, miradas constantes hacia las salidas. La hora se acercaba. Finalmente, esperó el anuncio. Y cuando la voz resonó por los altavoces confirmando el arribo, con su travesía llegando a su fin, pudo decirlo sin ironía ni cansancio: había llegado.
 
Había llegado, al fin, al reino de Sorbet.
 
Karmas
  Responder
#3
✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)