[AVENTURA T1] Las misteriosas desapariciones de zanahorias
#1
Isla Samba – Reino Samba
01 de Primavera – Año 17
12:00PM – Medio día – Soleado




Durante las últimas semanas, uno de los tantos poblados del reino de Samba había sido escenario de una serie de acontecimientos extraños, distintos objetos de valor y alimentos desaparecían del mercado del pueblo sin dejar rastro.

Collares, puré de zanahorias, anillos, tartas de zanahoria, billeteras, jarabe de zanahoria, relojes e incluso zanahorias crudas eran, los artículos que solían esfumarse sin que nadie viera u oyera nada. Bueno, nadie… hasta que un pequeño (conocido por su fama de mentiroso al ventilar los chismes de sus padres) aseguró haber visto, en los últimos días, varias sombras alejarse del mercado en dirección a las afueras de la zona sur del poblado, cada vez que ocurrían las desapariciones.

El pequeño decía que se trataba de sombras pequeñas, del tamaño de un perro mediano, de aproximadamente cuarenta centímetros de altura. Sin embargo, la gente prefirió ignorar sus aportes, pues apenas segundos después de relatar su versión ofreció, por veinte berrys, revelar con quién su padre le era infiel a su madre.

La furiosa muchedumbre colocó carteles de aviso para que cualquiera que se encontrara en el pueblo supiera que existía una recompensa por atrapar a los culpables de las desapariciones, pues nadie creía que se tratara de entes espirituales con un gusto peculiar por la gastronomía naranja. ¿Quién podría ayudar al pobre poblado con su problema? ¿sería acaso un ente justiciero? ¿o quizás uno de los damnificados de las desapariciones.?

Fuera quien fuera el responsable, lo cierto es que la información del pequeño seguía circulando, pues la ofrecía a cualquiera que quisiera escucharla. Incluso entre los propios pobladores se comentaba que, si el niño no fuera tan mentiroso, quizá su testimonio sería una pista digna a tener en cuenta.

Pese a las desapariciones, el mercado seguía en pie, ofreciendo a habitantes y viajeros sus mejores productos… aunque sin zanahorias. Se trataba de una calle de unos diez metros de ancho y cerca de treinta metros de largo, que atravesaba parte del pueblo. A ambos lados se alineaban quioscos que vendían todo tipo de mercancías y, a sus espaldas, se alzaban casas o pequeños edificios de madera, construidos con materiales naturales.

Información


Contenido Oculto


Off Rol
[Imagen: ELRAliP.png]
#2
Al pequeño pueblo en problemas del Reino Samba llegó una mujer peculiar atraída por varios motivos al lugar, pero era fácil de identificar pues resaltaba un poco entre la multitud, una mujer de metro setenta, con orejas de conejo se acercaba a los puestos y preguntaba por lo visto, por los incidentes, en que horarios habían ocurrido y especialmente si había quedado alguna zanahoria en el mercado para comprar pues le sería de utilidad para atraer o confrontar a quien estuviera detrás de aquellos incidentes.

La mujer cubierta por un poncho que cubría hasta sus rodillas y ocultaba su figura incluso estuvo dispuesta a preguntar al niño con fama de mentiroso por más detalles pagándole 20 berries por el chismerio y otros 30 para que le guiase a la parte sur donde decía haber visto esas figuras oscuras marcharse.

El reino Samba era sin lugar a dudas uno de los lugares que Hiiragí más había aprendido a querer en sus recientes años de libertad, el clima tropical era encantador y mejor que el frio, no era poca la gente que disfrutaba de vestirse de formas escandalosas como la propia para ocasiones como bailes, fiestas o simplemente entretenimiento nocturno. La rica cultura local provista por el centro de baila y los propios habitantes que habitaban cada uno de los pueblos de Samba en torno al gran rio que separaba la isla eran también joyas ocultas de cultura y encanto, gente buena en abundancia y no tan buena si la sabias buscar, pero nada que fuera a espantar a la Humink por lo que había experimentado en todo el último tiempo que había pasado allí.

Pero el aprecio de Hiiragi por la gente de samba estaba principalmente enfocado en la gente de pueblos, la que trabajaba los campos y cuidaba a los animales más que con las altas clases que podían comprar y vender por mejores precios y con quienes no necesitaba regatear tanto.

Así pues era inevitable que si a sus largas orejas llegaban noticias de que había alguna clase de inconveniente para un humilde pueblo de Samba, ella al menos iría a investigar que pasaba, ya de paso tal vez vería de sacar algún fruto especial por su labor, pero no era la prioridad principal de aquella pequeña aventura en la que la peliblanca se embarcaba.

No fue poco el tiempo que la oji-rubí dedicaría a simplemente investigar de forma profunda los lugares de interés que podía encontrar, el detalle del pelaje en un pasillo por donde ella misma no podría pasar la obligó a dar un rodeo en torno no solo a la calle principal del mercado sino también a pasar por las calles paralelas para verificar en búsqueda de caminos formados por el uso frecuente o huellas que no fueran humanas en algún lugar donde la tierra húmeda le dejase notar algo.

Al momento de recabar la información suponía que las opciones debían ser el sur o dentro de la zona de las casas, con atención la joven decidió intentar subir a los techos ya que incluso si lo que decía el niño era cierto, las pistas parecían indicar que los callejones eran más importantes como guía, quizás combinando una vista de altura y los caminos desde las callejuelas que fueran al sur podrían permitirle detectar un lugar donde se juntasen tantas criaturas y posiblemente una pila gigante de Zanahorias o botín.

La joven se paró en lo alto de una de las pocas casas de madera que tenía la osadía de tener más de una planta para ser habitada -Se de ladrones que usan mascotas emplumadas para que vigilen en el cielo o roben por ellos cuando la gente se distrae... Esto puede ser algo similar, si nadie lo escucha o ve deben ser cosas pequeñas, pero si están robando tanto objetos de valor como lo que ellos realmente quieren, entonces seguramente estén regresando al dominio de quien les amaestro para entregar las baratijas y posesiones que como animales no aprecian a cambio de la recompensa que su entrenador seguramente les esté proveyendo.- desde las alturas observaba y comenzó a buscar siguiendo los callejones angostos algún patrón que la guiase al nido de las criaturas o la guarida de su entrenador, pues la Humink dudaba mucho que fuera a ser simplemente una coincidencia o un animal salvaje haciendo travesuras.

Una vez que recorrió suficientes veces los techos y bajo tantas veces a los callejones para confirmar más rastros de pelaje que le ayudaran a triangular el destino que buscaba, se preparó para lo peor y ajustó bien las punteras en sus patas para luchar en caso de que fuera necesario -Ojalá esto se pueda resolver simplemente negociando u ofreciendo algo de dinero o ayuda para resolver la situación que este forzando estos robos.- agregó una vez más para sí misma incapaz de quedarse callada ni siquiera cuando debía pensar.

Con el equipamiento listo, mentalmente preparada y encaminada a lo que ella creía que sería la guarida de "los bandidos" y la "mente maestra" de los crímenes cometidos, la joven intentó mantenerse en altura para vigilar si era necesario por un par de horas escondida por la ventaja de que la gente no suele mirar para arriba sin necesidad, afinando sus oídos, apuntando y moviéndolos en diferentes direcciones para intentar detectar ruidos no tanto de animales pero si de quien fuera que los organizaba en caso de que no pudiera verlos directamente desde donde estaba.

Karmas que podrían llegar a ser relevantes

Equipamento/Pasivas
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Cronología
#3

La intrépida detective de afelpadas orejas decidió tomarse el asunto como algo personal. Tal vez fuera la promesa de una recompensa, quizá la idea de un bien mayor, pero el hecho era irrefutable. Ella resolvería el caso del ladrón de zanahorias.

Con mente sagaz y reflejos dignos de su raza híbrida, la muchacha puso el mercado patas arriba, desde los callejones hasta los tejados, lo estudió todo con sumo ahínco, decidida a investigar, analizar y cuestionar con paciencia cada dato a su alcance.

Incluso accedió a pagar la ínfima suma que exigía el pequeño chismoso para obtener más información. Sus palabras fueron las mismas que ya había repetido a unos cuantos antes:

Cita:Se trataba de sombras pequeñas, del tamaño de un perro mediano, de unos cuarenta centímetros de altura, que veía desaparecer mientras se dirigían hacia la salida sur del poblado.

Además, añadió que Cynthia, la panadera, mantenía una relación con su padre a espaldas de su madre. Un dato curioso e innecesario para resolver el caso… aunque quizá de vital importancia más adelante. (No, la neta no).

Fuera como fuese, sus indagaciones la llevaron a postarse sobre los tejados, fundiéndose con el entorno. Su plan era simple, esperar el momento en que el ladrón volviera a atacar y estar lista para emboscarlo o seguirlo sin perderle el rastro, confiando en su corazonada de un maestro que secundaba las desapariciones de los objetos.

Pareció no confiar del todo en las palabras del pequeño ni en la pista de los callejones hacia la salida sur. Sin embargo, lejos de estar equivocada, pasadas dos horas pudo distinguir desde lo alto unas motas blancas que se desplazaban a gran velocidad por el suelo, provenientes del mercado y en dirección a los callejones que conducían a la salida sur.

Tendría que moverse rápido, pues los pequeños que desde tan lejos parecían simples conejitos asustadizos, se movían con gracia y envidiable agilidad. Sus pesos eran ínfimos, ni siquiera los escuchaba, pues sus patas eran tan suaves que anulaban el hecho de sonido o huellas.

De forma fugaz, llegaron hasta la salida, lugar donde la joven podría seguir persiguiéndolos siempre y cuando su astucia le permitiera desplazarse entre las ramas de los árboles en la densa selva tropical.

For Funny


La suerte la acompañará o no en la primera pisada sobre la rama a la que se propulsó, tendría que seguir su camino tras los conejos hasta que, tal como lo había sospechado, llegó a una gran madriguera a las afueras de la ciudad. Estaba oculta entre dos troncos de árboles caídos y parecía descender por un pasadizo subterráneo. El aroma a tierra húmeda inundaría sus fosas nasales si decidía descender, observando más de los cabellos blancos que notó en los callejones del pueblo y uno que otro trozo de zanahoria añejo.

Al final de aquel pasillo serpentino llegó a la madriguera.

Una caverna de considerable tamaño, de unos veinte metros de diámetro, salpicada por rocas que invadían el terreno. Más allá, la luz emitida por un musgo brillante que cubría el techo le permitió distinguir una enorme pila de zanahorias.

Si decidía acercarse un poco más, podría notar que no solo había zanahorias, sino también diversos objetos de valor que reflejaban la luz natural del musgo. Tal como había sospechado, había llegado a la guarida de quien lideraba a las decenas de conejos que se encontraban allí, concentrados devorando la gran montaña de zanahorias.

Los adorables conejitos, de no más de cuarenta centímetros de altura, vestían chaquetas negras y llevaban anteojos oscuros. Sus gestos, a diferencia de los de otros animales, resultaban rudos y contrastaban de forma casi absurda con su ternura natural. Algunos se peleaban por un par de zanahorias, mientras otros, más serios, imitaban el acto de fumar con una zanahoria en la boca, descansando despreocupadamente en el suelo.

De repente, todos los conejitos se detuvieron ante un fuerte sonido. Un gruñido profundo resonó en la madriguera y la atención de todos se desvió hacia un solo conejo: uno de pelaje negro, ojos maliciosos y chaqueta roja.

El líder.


Un siniestro, malicioso e imponente conejo negro camino erguido con un bate con pinchos como arma, mientras observo el botín con satisfacción. Todos los demás conejos parecían respetarlo y sus gruñidos sonaban imponentes, como una voz gruesa y ronca, digna de un comentarista de historias macabras, pero lo más atemorizante de dicha criatura era su tamaño… su imponente tamaño de…

Off

Todo en él dejaba claro que era el líder de la pandilla, una banda conformada por conejos salvajes de la isla. ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Cómo habían aprendido a robar? ¿Quién les confeccionó esas prendas? Nada de eso importaba ahora.

La detective tendría que tomar cartas en el asunto. Regresar ya no era una opción, pues desde el túnel que conducía a la madriguera comenzó a escucharse el choque de piedras, una clara señal de que algunos conejos se acercaban.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#4
Hiiragi Kamikiri, persistía en su búsqueda de pistas y posibilidades, aún apostada en lo alto de un tejado de madera, el clima era lo último en su lista de preocupaciones en aquellos momentos, aunque hubiera agradecido algo más para beber. Sus orejas de conejo blancas se mantenían en un ángulo rígido, captando el murmullo lejano del mercado hasta que, de pronto, el patrón cambió. Unas motas blancas, veloces y silenciosas como fantasmas, cruzaron su campo de visión desde la altura.

-Vaya, parece que el chismoso tenía razón después de todo, en el camino al sur estaba la respuesta… Tengo que charlar con esa panadera a ver que me puede contar ella, seguramente sea interesante.- comentó para sí misma con una sonrisa atrevida mientras se ajustaba el poncho de harpillera. Sin perder un segundo, la Humink se lanzó a la persecución.

El trayecto no fue sencillo. Hiiragi debía mantener la distancia para no ser detectada por sus "primos" lejanos, moviéndose con una agilidad que solo alguien de su raza y acondicionamiento físico podría emular. Al llegar a la linde de la selva tropical, la joven se propulsó hacia las ramas de los árboles más bajos. Sus botas punteras impactaron contra la madera húmeda con precisión, aunque el musgo traicionero la obligó a tensar sus piernas para no perder el equilibrio. No podía permitirse una caída; no ahora que las pequeñas sombras se movían con una gracia envidiable entre la maleza en dirección sur.

Siguió el rastro de cabellos blancos y el olor a zanahoria añeja hasta que la vegetación que se abrió para revelar una madriguera oculta entre troncos caídos. Hiiragi descendió de los árboles con sigilo o al menos tanto como ella era capaz de lograr. Sintiendo el aroma a tierra húmeda inundar sus fosas nasales mientras se adentraba en el pasadizo serpentino, a medida que avanzaba, el pelaje blanco de sus brazos, que terminaba cerca de sus codos, rozaba las paredes de la cueva, pero su ritmo cardíaco se mantenía en un ritmo alto aún por la persecución, no le molestaba, estaba acostumbrada, pero podía sentir en todo su cuerpo la sangre bombeando a alta velocidad.

Al final del túnel, la caverna se abrió en una bóveda de veinte metros iluminada por un musgo brillante. Hiiragi se agazapó tras una roca saliente, conteniendo el aliento. Lo que vio la dejó estupefacta: una montaña de zanahorias y objetos de valor custodiada por decenas de conejos que vestían chaquetas negras y anteojos oscuros. La escena era tan absurda que estuvo a no pudo evitarlo y soltó una risita, especialmente al ver a algunos imitando el acto de fumar con hortalizas en la boca, era extremadamente adorable y gracioso, si no fueran criminales y estuviera en una misión para cazarlos, la joven adoptaría uno de ellos.

Un pensamiento oscuro y malévolo curzo por su mente y se manifestó desde sus labios descuidadamente mientras se levantaba saliendo de detrás de la roca-Me pregunto si además de ser adorables tienen un sabor tan delicioso como el de la liebre o son más como el conejo.- Justo entonces, un gruñido profundo hizo que todos los conejitos se cuadraran. Desde las sombras emergió una figura de pelaje negro y chaqueta roja, caminando erguido con un bate con pinchos, era el más feo de todos ellos hasta el momento, cosa que alegraba a Hiiragi pues le haría más fácil ponerlo en custodia o dentro de un caldero, según fuera necesario.

Hiiragi agudizó la vista, pero se topó con un líder de apenas treinta y cinco centímetros. Sin embargo, la malicia en sus ojos y la autoridad con la que golpeaba el bate contra el suelo le indicaron que aquel pequeño dictador era peligroso. Escuchó el choque de piedras a sus espaldas, indicando que la salida estaba bloqueada por los refuerzos que regresaban.

Con un gesto despreocupado removió el envoltorio de tela arpillera del rifle que había mantenido oculto hasta ese momento y comenzó a hablar -Esta es la única oportunidad que les puedo dar, ríndanse ahora o tendré que derrotarlos, meterlos en un guiso a algunos e interrogar a otros. Pero si devuelven todo lo robado, incluidas las zanahorias, negociare con el pueblo para que no sea tan duro con ustedes- apunto con su rifle al techo de la cueva -Si intentan huir o luchar, no tendré piedad con ustedes.-

Off
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Cronología
#5

Nuestra intrépida (y pseudocaníbal) detective no solo logró dar con los responsables de los robos en el mercado, sino que además decidió encararlos con admirable valentía, alzando su rifle hacia el cielo para lanzar un ultimátum a los adorables, pero gavilleros conejitos.

La sorpresa adornó los rostros de todos los conejos ante el ímpetu de la humink. Se limitaron a observar su belleza solo por milésimas (aunque la preferían con más pelo) y el arma intimidante que portaba. La cual asociaron de inmediato con un enemigo, recordando a los numerosos cazadores que en el pasado habían atacado su poblado.

“¡SQUIK SQUIK SQUAKER!”

La voz igualmente determinada del conejo negro resonó en la cueva justo después de la de la mujer. Apuntó su kanabo en su dirección y, al instante, todos los conejos blancos se lanzaron al ataque, saltando con sorprendente potencia para abalanzarse sobre la joven de hebras blanquecinas.

La distancia era demasiada como para alcanzarla en tan poco tiempo, pero lograron avanzar unos cuatro metros en su dirección. Aun así, Hiiragi pudo sentir el peso de varios impactos en su espalda, los cuales, si bien no la empujaron o afectaron con gravedad; si le indicaron que los conejos que llegaban del pasillo a su espalda, no dudaron en atacar con furiosas patadas (para seres de 40 centímetros), cayendo tras su acción justo detrás de ella para continuar su acometida de no ser detenidos.

Rodeada, en medio de enemigos con alturas que no superaban la de niños del pre-jardin, la pacifista humink tendría que abrazar la violencia como única salida. Pues ninguno de los conejos dudo en atacarla tras ver el arma en sus manos.

¿Y qué haría el líder de todos ellos? Nada. Permanecería estático, observando la situación con una frialdad maquiavélica. Parecía confiar plenamente en sus hombres, o creer tenerlo todo bajo control, mientras sostenía el extravagante arma en su mano derecha, apoyada sobre él, aguardando el momento perfecto para ejecutar su siguiente movimiento… o al menos eso parecía.

Contenido Oculto


INFO
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#6
A pesar de escuchar venir pasos por su espalda, la joven de ojos rojos se había negado a dejar que su mirada se separara de la del aparente líder de aquella banda de encantadores animales, se veía diferente y vestía para dar las pintas de líder pero Hiiragi fue incapaz de entender los que decían o que reclamaban, solo pudo entender vagamente las intenciones violentas de aquellos seres y con tristeza en su corazón recibió el dolor de los golpes en su espalda, era triste tener que acabar con unas criaturas tan inteligentes como aquellas, incluso si la habían herido y estaba haciéndola enojar por el dolor pero penar por lo que habría de hacer.

-Supongo que es el trabajo que vine a hacer...- dijo para sí misma y los allí presentes antes de girar sobre su propio eje dando un amplio barrido sorpresivo azotando a los peculiares wonejos que estaban anteriormente a su espalda, con una segunda vuelta y la patada de remolino continuo apabullando a los enemigos a su espalda antes de que la oji-rubí diera un largo salto.

No era el viento el que golpeaba sus oídos, eran los chillidos y el silbido de su propio movimiento lo que la molestaba mientras se desplazaba, un único salto de seis (6) metros a su derecha e izquierda del líder quedando ella a campo abierto antes de comenzar a disparar intentando destruir y desarmar a sus conejos rivales, disparó a gran velocidad pero su precisión no era perfecta, el olor de la sangre era inevitable y el sonido de cuando alguna de aquellas encantadoras criaturas sufría una herida mortal sería recordado por la Humink, su intención era amedrentarlos y asustarlos, que huyeran y atrapar a los que había abatido con sus patadas, pero no todos sus enemigos tendrían la suerte de contar el cuento.

El corazón de Hirragi latía bombeando adrenalina por su cuerpo a gran velocidad, sus sentidos estaban realmente agudos por primera vez en ya mucho tiempo, empezó a correr otro tres (3) metros mientras seguía disparando en movimiento, disparos que no había forma de que fueran precisos para ser seguros e inofensivos contra aquellos pequeños objetivos cuando fueran a acertar, pero la peliblanca no se detuvo hasta haber recorrido aquellos tres metros totales poniéndose a medio cubierto junto a otra roca en el terreno para tener en su mira de al líder de aquellos mal guiado conejos que ahora eran víctimas de la violencia que los humanoides podían ejercer sobre ellos. -Por una parte lo lamento y por otra no lo siento... supongo que estamos demasiado lejos para que nuestros corazones conecten...- recito sintiendo su propio impulso predatorio y la satisfacción del trabajo bien realizado o el de sentir a su presa derrotaba mientras escuchaba los lastimeros sonidos a su alrededor.

-¿Te rendirás o lucharas?- Pregunto la peliblanca mientras miraba con frialdad poco habitual al conejo de pelaje opuesto al propio, le estaba dando la oportunidad de rendirse y evitar tener un destino similar al de los más desafortunados de sus camaradas.

Combate
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Cronología
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 473 - 44 = 429
Energia: 544 - 200 = 344
Espiritu: 90 + 0 = 90
#7

Así fue como dio inicio el sanguinario enfrentamiento entre la humink y sus primos lejanos en la cadena evolutiva. La mujer actuó con rapidez, derribando a los primeros conejos que osaron atacarla por la espalda. Acto seguido, se reposicionó con un poderoso salto que tomó por sorpresa a quienes corrían hacia ella, obligándolos a desviar el curso de su embestida.

Casi pudieron sentir el impacto de sus pequeños puños contra la joven de cabellos blanquecinos, pero el estruendo del arma y el inconfundible aroma a pólvora los detuvieron en seco.

Ya reubicada en campo abierto, ella inició un tiroteo, tratando de abatir a la mayor cantidad de criaturas posible, sin poner en riesgo sus vidas. Lamentablemente, las armas son armas, y varias de las balas disparadas terminaron impactando en algunos conejos, mientras que otros quedaron heridos o paralizados por el miedo, reviviendo recuerdos trágicos del pasado.

Tal fue el miedo que les dio la hazaña de la humink, que algunos de ellos simplemente decidieron escapar en sentido contrario buscando alguna grieta por donde escabullirse para preservar la vida.

Finalizada su acometida, la mujer se posicionaba ahora tres metros delante de su última ubicación, quedando aún en campo abierto y apuntando su rifle hacia quien encabezaba a los conejos, después de que todos ellos fueron abatidos, asustados o muertos.

Las palabras de la mujer cayeron en oídos sordos. Para el conejo negro, lo que estaba pasando era que una humana había irrumpido en su madriguera y acribillado a sus hermanos con un arma de fuego, sin siquiera tener la decencia de enfrentarlos con sus propias garras.

Humanos… siempre iguales. Acaparando la jungla y el bosque, creyendo que todo les pertenece. Malditos seres cuya única intención parecía ser el exterminio de todo su pueblo.



“¡SQUIK SQUAK!”

Bramó, encolerizado, mientras se disparaba a toda velocidad contra la humink. Su cuerpo no fue más que un borrón negro que desapareció y reapareció en el espacio entre ambos, recorriendo apenas tres metros en un instante con su salto.

Aún se encontraba a seis metros de la mujer, abanicando su kanabo con furia, como si ese gesto pudiera permitir que sus cortas patitas alcanzaran más lejos de lo que su propia fisionomía le permitía.

Allí estaba, gruñendo como un desquiciado, agitando el arma en el aire y sin dejar de llorar, mientras su oponente conservaba la clara ventaja de la distancia e incluso tenía tiempo para reaccionar.

Malditos humanos, algún día temerán ante el poder de los conejos y su fina estirpe.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#8
La muerte era inevitable, el dolor de aquellos que habían caído sin morir era una tragedia, el olor de la pólvora y de la sangre era algo grotesco, algo que le traía recuerdos de un pasado relativamente distante donde normalmente era su propia sangre la que se derramaba o la de los habitantes de aquel pueblo que otrora tiempo hubiera llamado hogar.


La chica conejo debería estar horrorizada, dolida o incluso en shock, pero no era el caso, una sonrisa se formó en los labios de Hiiragi mientras que sus ojos carmesí brillaban con una durmiente malevolencia que comenzaba a despertar en ella, el deseo de venganza contra quienes la habían lastimado estaba allí, pero esos conejos no eran quienes la hirieron en el pasado, ellos no la habían esclavizado, ellos o habían hecho nada para merecer un destino tan cruel y sin embargo, la peliblanca deseaba verlos sangrar, en ellos veía su propia debilidad pasada.

-Creo que ahora lo entiendo por fin...- dijo sonriendo mientras avanzaba lentamente al encuentro con su "oponente" recargando el arma -...Creo que puedo entender por primera vez a aquellos malditos infelices, a esos asquerosos malvivientes a esos pedazos de basura que nos quitaron la libertar y por años me tuvieron encerrada para que fuera uno de sus juguetes...- tras avanzar un metro y medio en línea recta rumbo a su oponente se detuvo para respirar, inhaló y apuntar con el cañón a la cabeza del conejo de pelaje negro, suspiró mientras bajaba levemente el cañón para darle en el torso a su antagonista -Me da asco... pero más asco me dan ustedes y su debilidad, su falta de fuerza para tener el control de sus vida y la falta de libertad... ustedes... si no los mato yo hoy...- dijo mientras empezaba una vez más a avanzar recargando el arma y disparando a otro de los conejos que trataban de huir.

Sus pasos eran medidos y aparentaban tranquilidad pero era claro en su respiración y como todo su cuerpo parecía vibrar de emoción que Hiiragi nunca antes había portado en su corazón ni semblante -Si no les arrebato yo su libertad, entonces otros lo harán... así es la vida... considérenlo una muestra de piedad por mi parte.- agrego como intentando explicar la situación más para sí misma que para los otros mientras seguía caminando aquellos otro metro y medio en dirección al conejo de ojos enrojecidos por las lágrimas, a cada paso había otro disparo.

Un disparo tras cada uno de aquellos pasos, cada paso que daba la sonriente Humink era más lento y meditado, como no queriendo dejar que aquella nueva emoción que había saboreado fuera a terminar, a cada paso era una recarga y un disparo a otro de los conejos que huían por su vida, tal vez sobrevivieran a las balas, pero los capturaría sin dificultad estando heridos -Creo que los presentaré tanto como evidencia como para hacer un delicioso estofado...- dijo relamiéndose los labios mientras su corazón latía a un ritmo nunca antes sentido, un misterioso ritmo que no podía creer que era capaz de encontrar una vez más, no en otro ser vivo sino dentro su propio pecho.

Off
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-Habla #BF5741- / -38A0C2 Piensa-
Cronología
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 429 + 0 = 429
Energia: 344 + 3 = 347
Espiritu: 90 + 0 = 90
#9

Los verdaderos colores de su personalidad afloraron desde lo más profundo de la humink. Sus ojos rojos adquirieron un matiz aún más sanguinario mientras sus pies se movían con inquietante naturalidad. El arma se alzó con firmeza y apuntó sin titubeos; el gatillo cedió y el disparo liberó una bala que impactó de lleno en el abdomen de Nigger Wo.

El dolor se reflejó de inmediato en sus facciones, aunque su expresión seguía cargada de furia. Su mirada vengativa permaneció fija únicamente en la mujer de hebras blanquecinas, aquella que emitía sonidos incomprensibles para un animal, la misma que había invadido su madriguera solo para acabar con él y los suyos, y que ahora los cazaba con altivez, como si no fueran más que simples presas.
Ni siquiera el rey de la selva se habría atrevido a tanto… y cuando aquello ocurrió, fue Nigger Wo quien se interpuso para salvar a los suyos.

Los depredadores siempre se confiaban cuando tenían sus dientes sobre el cuello de la presa, solían creer que eso era todo, que disfrutarían su comida y nada más ocurriría, pero eso jamás era así, en el mundo en donde solo sobreviven los fuertes, solo pierde quien cree que ganó.

Justo cuando la mujer estuvo dando los últimos pasos a escasos centímetros de completar los 2,5M y apunto a su lateral derecho, desvió la mirada del conejo negro para apuntar a otro de sus hermanos. Por instinto, las piernas del líder negro se movieron de inmediato.

De un poderoso salto, Nigger Wo se disparó como un proyectil, blandiendo su kanabō de forma horizontal y directa hacia el brazo izquierdo de la femina que, con frialdad, saboreaba el dolor de los pobres animales mientras les disparaba.

Hiiragi no tuvo tiempo de reaccionar. Solo pudo sentir cómo la contundente arma impactaba de lleno en su brazo izquierdo, obligándola a soltar el rifle, que salió despedido por los aires unos cuatro metros en la misma dirección en la que momentos antes apuntaba a los conejos blancos.

"¡SQUIK KIUKER!"

El gruñido emergió de los pulmones de Nigro Wo, cargado de orgullo y sacrificio, como si les diera un último adiós a los pocos compañeros que aún podían correr pese a sus heridas. Que huyeran. Que vivieran.
Entre lágrimas, los pocos que quedaban obedecieron el último mandato de su líder, alejándose mientras él permanecía firme. Nigro Wo alzó su kanabō una vez más y encaró a la muchacha, frente a frente, dispuesto a frenar al nuevo depredador que se alzaba frente a él como muchas otras veces hizo anteriormente.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#10
La sonrisa, normalmente pura y getil de Hiiragi se veía ligeramente torcida por aquel placer sádico que sentía al disparar a sus presas, se estaba divirtiendo de una forma distinta y única a lo que había vivid hasta aquel momento, era tan diferente que no pudo evitar confiarse, en su andar tan tranquilo tras haber confirmado que su disparo había herido al conejo negro, no se preparó ni percato que había entrado al ajena del peligroso líder de los conejos ladrones de la isla de Samba, cosa que haría pagar a la Humink de forma inesperada.

El dolor de sentir su brazo impactado por el Kanabo de su rival era algo que ella no había esperado y que la sacó de su estupor, reemplazando el éxtasis de la cacería y aplastar a los más débiles, por el dolor físico y asco emocional de como se había comportado y lo que había estado a punto de hacer, aquellas emociones negativas acompañaron el paso al frente que dio la comerciante antes de darle una poderosa patada con su puntera izquierda en la cabeza, noqueando a Nigger Wo.

Tras tomar algo de aire para recuperar el control de sí misma, Hiiragi observo la cueva y a los conejos habatidos, poco más de una docena heridos o muertos, la gran mayoría habían sido "capturados" y un pequeño grupo de aquellos adorables seres había logrado escapar.

La joven de ojos color rubí suspiro mientras acariciaba su adolorido brazo y empezaba la laboriosa tarea de reunir a todos los conejos muertos y empaquetarlos por un lado, para luego atar o meter en bolsas individuales a los que estaban vivos, asegurándose de que al menos estuvieran inconscientes para que no causaran problemas durante el viaje de regreso al pueblo.

Una vez hubo terminado de trabajar con los conejos la comerciante devenida en investigadora y ahora en violenta cazadora, empezó a reunir los objetos robados del mercado pro los conejos, selecciono los objetos más pequeños y de valor, joyas, algún reloj de oro, un colgante con esmeraldas, billetes de alta denominación, y lo metió todo en una bolsa pequeña separada que ocultaría dentro de su propia mochila.

La mayor parte de los bienes del mercado serían regresados, especialmente los de valor sentimental para sus dueños, en cuanto a las zanahorias, no llevaría todas, dejaría allí una pequeña ración para ella misma también pasar a recogerla en otro momento, con la cantidad de cosas que regresaría al pueblo y entregar a los responsables ya se había ganado mucho más de lo que planeaban pagarle y ella consideraba que se merecía un "extra" para sí misma.

Luego de un agotador viaje de regreso con todos los objetos y presas capturadas, Hiiragi fue a la plaza principal del mercado y primero que nada delato a los conejos, explicó donde se habían escondido y cuál era el líder, por si querían llevarlo al reino principal para que alguien experimentara con él o algo por el estilo, luego repartió "las cosas que se pudieron recuperar" de entre lo que habían robado, mucha gente estaba más que satisfecha por el regreso de sus bienes para vender, tal vez los vendedores de artículos de lujos estarían un poco menos felices, pero también habían recuperado parte de su mercancía así que no tenían por qué quejarse demasiado.

Como paso final entregó "todas" las zanahorias recuperadas a los locales, con la pequeña excepción de esa reserva preservada oculta en la guarida de los conejos. Satisfecha con esa parte de su labor, la Humink propuso que convirtieran todos los conejos que no habían llegado con vida al pueblo en un enorme guisado de conejo para disfrutar tanto los damnificados como los que estuvieran por el mercado, quizás descubrirían un sabor nuevo, como mínimo tenían más carne que un conejo normal así que era más que suficiente para que más de un curioso se ofreciera para ayudar con el proceso de cocción.

Felizmente la comerciante se alimentó de las presas casadas para celebrar la recompensa obtenida legítimamente como la robada pues para ella las tres cosas eran prácticamente igual de satisfactorias.
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Cronología
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 429 - 101 = 328
Energia: 347 + 0 = 347
Espiritu: 90 + 0 = 90


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