Glu glu glu glu glu glucosa :: Pasado :: Privado :: +18
#11
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA


………………………………………….

Calor…
Su cuerpo ardía…
Y su mente se perdía en las sensaciones…

Sintió sus manos, grandes y ásperas, en la cintura. Sintió los golpecitos del elástico de su panty, esos detalles la… iban calentando más y más. Él sabía jugar, él quería jugar, y ella iba a disfrutar del momento de liberación consensuada que… en retrospectiva nunca había tenia. No… su vida misma estuvo a merced de la sexualidad, deseos y ordenes de otros, nunca de sus gustos, de su… propio placer. Hasta ahora, porque ese hombre le entregaría más que un simple revolcón en el medio de la selva de Samba, aunque él no lo supiera, le estaba dando la emancipación de un cuerpo cautivo, le estaba permitiendo vivir y sentir, a su propio ritmo, a su solo goce… a un nuevo mundo de regodeo y satisfacción. ¿Así se sentirían las puras y virginales muchachas que entregaban su primera vez a algún cachondo enamorado? Esa primera vez que marca el camino para siempre...

La nalgada, tan cruda y salvaje. La hizo gemir, ella no oculto nada. Estaba excitada y ese golpe la prendió más, porque auguraba un buen desarrollo lujurioso. No quería que se contuviera, no quería que fingiera, quería que lo disfrutara como ella pensaba hacerlo, como ella lo estaba haciendo. Sus órdenes, con la voz rasposa por la calentura, la hizo sentir poderosa, cuando lo dejo de tocar y lo vio, supo que su travesura previa había dado resultado, él quería lo mismo que ella… él la deseaba, y ella también.

Las palabras, había aprendido a pasar de ellas, porque sus amos buscaban siempre someterla, humillarla o endulzarla con estupideces; la mayoría de las veces, la tomaban por loca, la preferían callada y dispuesta, solo querían su cuerpo; usarlo, maniatarlo, llenarlo de sus asquerosos líquidos. No podía negarlo, la primera vez deseo estar muerta, las veces siguientes intento quitarse la vida… pero siempre le negaron esa salida, ella, por su raza única y especial, se convirtió rápidamente en un valioso activo dentro del mercado de la prostitución de lujo. Llegados a un punto de no retorno, a saberse prisionera en cuerpo, se refugio en su mente, dónde solo ella tenia cabida. Tal vez para el mundo exterior, sus divagaciones fueran producto de poca materia gris, o  locura, pero nada más alejado de la realidad, porque esa parte de su cuerpo siempre se mantuvo intacta, su único y gran tesoro; porque los grillos en su cabeza, girando a miles de revoluciones, la hacían ser libre; la llevaban lejos de la realidad cruel que la rodeaba.

Pero no era el caso esa noche, en ese claro, nada tenia que ver con un pasado no tan distante, un pasado que iba volviéndose un recuerdo amargo pero que la llevo hasta Ashveil, hasta Hyakinthos… hasta sus nuevos nakamas. Entonces, que él… ese hombre desgarbado, nada guapo pero tremendamente sexual le dijera zorra pervertida, la hizo sonreír, una sonrisa de Monalisa: enigmática, seductora y etérea. Le fascino que la llamará así, porque justo así se sentía… porque quería ser toda una zorra pervertida que lo llevara al cielo y lo arrastrara al infierno de los deseos carnales.

…me gusta que me llames amo.

Su comentario se perdió entre la seda de su deseo. Le hubiese dicho “amo” nuevamente, pero su boca estaba ocupada comiéndose su gran polla. Él era alto, y ese pensamiento de antes sobre la L no se aplicaba a su mástil duro, caliente y delicioso. Cuando con sus manos apartado su cabello celeste y comenzó a estimularla en el cuello y luego en la cabeza para mayor profundidad oral… no pudo mas que dejarse llevar, abrir aun más su boca, a la que ya de por si le costaba tenerlo dentro, y continuar jugando con su lengua, la saliva, y parte de su garganta. Con sus manos continúo jugando con el tronco, con la diestra molesto la bolsa debajo de su pene. ¡Ella estaba demasiado caliente! Su cuerpo empezó a retorcerse, sentirlo en su boca, y luego como la dominaba por llevarlo más profundo la… la hizo explotar, desde los dedos de sus pies cerrándose, sus ojos totalmente idos, su boca babeando, sus pezones erectos, todo en ella cosquilleaba, y el encuentro apenas comenzaba. No aguanto más, tuvo que regresar su mano a darse placer a sí misma.

Al sentir un tirón en su cabello, gimió… como pudo considerando la piruleta que se estaba saboreando. Con la presión en la cabeza, él comenzó a moverse, o más bien sus caderas se movían, ahora llegaba aun mas profundo dentro de su boca. ¿Era difícil? Si, pero no imposible, además, había algo…  adictivo en su sabor… ¿sería el licor, la caña de azúcar, o la desinhibición? Golpeaba con ritmo, el sonido de su encuentro sexual retumbaba en aquel claro. La humedad de su miembro, la humedad de la boca de María, todo estaba danzando junto por un objetivo en común: la liberación… pero nunca llego, aquel liquido que estaba dispuesta a saborear y tragarse con provocación frente a él, como la golosa zorra en que la convirtió, pero nunca llego…

Con su mano libero su boca, a lo que María al verse privada de su Piruleta intento darle un ultimo lametón, en aquella ranura que nunca dejo salir el semen. Lo miro con deseo y añoranza por un breve segundo, luego subió su mirada al pelimorado… al que vería con reprocharle por quitarle su nueva comida favorita, quizás él pudo ver el berrinche en su mirada, pero no tuvo tiempo de nada. Él la lamió, limpiando su baba llena de su leve esencia. Cuando la empujo, no con suavidad pero tampoco con brusquedad, ella solo lo miro atenta; estaba a su merced, totalmente excitada por cada toque, por cada expectativa… su mano no fue suficiente para darse placer, aunque todo el escenario hizo tener un leve orgasmo como preámbulo para lo que vendría.

Te voy a dar un consejo...

Los ojos ámbar lo miraban con atención, llenos de excitación, mientras mordía su labio inferior aguantando las ganas de saltarle nuevamente encima. El desatar de su bandana, esos movimientos varoniles acompañada de su voz rasposa por el deseo, la acariciaban con delicadeza y mantenían su temperatura por sobre el nivel normal. Lo siguiente que dijo volvió a perderse, su mente estaba ida, el sentido del tacto tomo el control. Cuando él la toco subiendo por sus brazos y sujetándole las muñecas para dejarla totalmente expuesta, y eso la hizo excitarse aun más.

Atada.
Excitada.
Dispuesta.

¿Qué estaba esperando?

No se resistió, se quedó ahí totalmente vulnerable a él, con la expectativa de su dulce y picante venganza. Y así fue, primero su brasier, liberando sus tensos senos que deseaban atención, como todas las otras partes de su cuerpo. Cuando sus grandes manos sujetaron sus montículos, los gemidos empezaron a escapar su boca, suaves, sugerentes, provocativos. No fue delicado, ella no esperaba eso de él… le dio justo la rudeza que buscaba, nada de princesa, sino lujuriosa descontrolada. Pero, los gemidos no solo se debían a ese estimulado, sino a como su polla se frotaba mas abajo, fomentando partes mucho mas sensibles.

Te vuelvo a doblar la apuesta. Te apuesto a que no puedes aguantar las ganas de que te la meta ya…

Él seguía tocándola, él tenía el control, y eso la hizo… volver a sentir electricidad por todo su cuerpo, con cada pellizco, con cada maldita palabra obscena sentia que su cuerpo erupcionaba hacia quien sabe dónde, y eso le maravilloso al punto de solo dejarse llevar, atormentar, torturar. ¡Quería más! ¡Quería que siguiera! ¡Lo quería dentro de ella YA! Algo le susurro, ella solo intento acercar su cara a la suya… lo quería más cerca, más y más. Los besos en su cuello, lo dejo hacer lo que quisiera — … am-amo haaa… aaaah — apenas pudo suprimir el gemido mezclado con un grito cuando el masculino le mordió el cuello. La mujer desinhibida dentro de ella quiso pedirle que lo hiciera de nuevo, que lo hiciera en sus senos, que lo hiciera donde quisiera, que la mordiera, que la marcara… eso la hizo volver a electrificarse.

Cuando sus manos empezaron a contornearla, tocarla y reconocerla, ella se movió a su ritmo, intentando que nunca se despegaran de su cuerpo. Tan caliente, tan áspero, tan… masculino, quería que la siguiera tocando por el resto de la noche, que la volviera a lamer, besar, morder, que la obligara a llevárselo a la boca y… darle lo que estimulo con tanto esmero y le fue negado. Se iba a vengar, aunque eso sería un premio para ambos… porque ella lo iba a… dejar seco.

Arranco su panty, y sin resistencia la semi sirena lo dejo abrirle las piernas. ¿Ella se vería tan húmeda como se sentía? ¡Porque se sentía como si nunca hubiera salido del riachuelo! Con la primera lamina, su cuerpo se arqueo — … haaa… aaaah a-amo — apenas pudo musitar, su cuerpo, antes electrificado, ahora estaba en una hoguera siendo quemado por miles de sensaciones, sensaciones que se permitió explorar, reconocer y aceptar. Antes, meses atrás, su único anhelo era la rapidez del asunto… que la dejaran en paz rápido, pero ahora, con él… quería ser torturada por todo el tiempo que fuera posible.

Mordió su labio inferior.
Mal habito de Hyakinthos.
Un suave hilo de sangre.

Ese leve dolor le dio un poco de claridad, sumado a que él se alejó. Ella solo pudo verlo de reojo, poniéndose su panty en la cabeza… justo como ella hizo con su short, que no sabia la verdad donde había quedado. Iba a soltarle un comentario, por suerte no la dejo, porque él volvió a posicionarse sobre ella… y estaba vez… le dio lo que tanto buscaba: su pene — … haaa… aaaah — sentirlo en la entrada la hizo gemir, aquello si era una tortura… grande, caliente y totalmente erecto — … haaa… aaaah… haaa… aaaah — salían de su boca sin control, su cuerpo se arqueo ante el visitante esperando, le costó acogerlo, pero no se intimido. Entre su excitación, y con su vista aguda, pudo ver una sonrisa genuina en sus ojos…, al parecer no era la única disfrutando del momento, y eso la sedujo aun más, porque odiaba pensar… que alguien se pudiera sentir como lo hizo ella por años, apresada en un juego nada divertido.

Ignorando las manos en su cadera, que quería imponerle un ritmo… María, se dejó llevar, usando sus piernas lo rodeo con fuerza, dándole vía libre para que la embistiera como el semental en celo que le demostró ser hasta ese momento. La glu glu glu glu glucosa se convirtió en pla plac plac plac placer… puro y carnal y ella se dejó ir, instándolo a ir más y mas profundo, con sus piernas, pero no fue suficiente y menos cuando el volvió a atormentar uno de sus senos con sus largos dedos. Sin dejarse someter más, y con su fuerza, o quizás no estaba del todo atado, se liberó de las ataduras de la bandana: liberando sus manos para unirse al manoseo.

— … haaa… aaaah… aa-aamo — lo llamo dentro de su excitación y con sus manos tomo su sus mejillas, y lo atrajo hasta ella, quería besarlo… sus labios se unieron, sus dientes chocaron, sus lenguas bailaron entre el sabor de ambos, entre sus líquidos llenos de sexo sucio y la sangre de su labio roto, el que se mordió ella anteriormente. Él la embestía por debajo, ella lo embestía por arriba. Un trato justo, si se lo preguntaban. Cuando se separó en busca de aire, pego su frente a la suya, quedando sus ojos ámbar sobre los violetas, llenos de emociones pero una sobresalía: fogosidad — … aa-amo… mira en lo que… me has convertido… en una sucia zorra… adicta a ti… — decía poco a poco, no por seducirlo sino porque su misma intensidad no se lo permitía, y más aun con cada nuevo empuje a su vientre, cada caricia cruda, cada… estimulo la estaba haciendo perder la cabeza, bueno, su cabeza iba y venida entre el placer y la realidad ¡Se sentía taaaaan bien! No había finalizado y ya quería repetirlo, es más… no quería que acabara, no aun… y con ese pensamiento... tomo de nuevo el control

— … aa-amo…— se alejo del beso, se inclino hacia atrás, alejando sus pieles, y lo caliente de ambos, poniendo una distancia que se sintió fría… y equivocada, mientras una sonrisa encantadora se apoderaba de sus labios porque, aunque sus torsos se despegaron aun seguían unidos abajo. Ahí, expuesta ante la luz de la luna, y a ese desconocido tan atractivo, mostrándole sin pudor su cuerpo desnudo, y sus senos niveos y llenos, le pregunto — … ¿co… como te… llamas? — salió entre gemidos, lo miró directamente a los ojos, una pregunta sencilla pero importante para ella, mientras relamía sus propios labios pero no espero respuesta, porque no estaban en la labor de seguir esperando, por lo menos no ella… se encontraba en su límite — … quiero saber… el nombre… que gritaré… cuando… me… rompas… y… quemes… por dentro… haz que… me pierda… en ti… — intento darle forma a sus ideas, él nunca entendería las cadenas que iba arrancando de ella, la liberación carnal y del alma que estaba a punto de suceder, por eso era indispensable, como un deseo egoísta entre la nube de su pasión saber su nombre. Su cuerpo se tensó hacia atrás, haciendo que su pene también hiciera el arco con ella… saliéndose de su vagina.

Odio la perdida, pero se recompuso, más allá de una idea, era solo instinto, lo empujo, con mucha más fuerza que antes, haciéndolo caer contra las piedras, y ella se subió encima, tomando el grueso, duro y húmedo pene, y se empalo nuevamente. Encima de él, no espero nada más, comenzó a montarlo, como una amazona con su largo cabello celeste enmarcando su cuerpo desnudo, sus ojos perdidos al placer, y sus manos (uñas) clavándose en el pecho del hombre, dejando marcas más profundas que el jugueteo de antes…, se acabaron los previos ella quería venirse, ella iba a llenarse con su esperado semen, y eso estaba haciendo, subiendo bajando, ordeñándolo sin pudor ni vergüenza — … hasta que… me dejes… inservible para este mundo... pero… viva por fin —  intento finalizar su comentario anterior, su voz a gemidos salió de sus labios… estaba cerca, demasiado cerca.

Una caricia…
Un beso…
Un soplo…
Una sucia palabra…

Y la haría venir… como nunca en su vida lo había hecho.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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#12
Musiquita


Si tuviera que describir aquel momento con una sola palabra sería fuego, un fuego que ardía con una intensidad lo suficientemente fuerte como para arrasar la selva de nuestro alrededor. Pues no era solo yo, por alguna razón esta perfecta desconocida respondía con una fiereza inaudita a cada estímulo. Sus piernas envolvían mi cintura no dejándome escapatoria, forzándome a penetrarla más y más duro cada vez. 

Sus gemidos, acompasados de la percusión que producían nuestros cuerpos al chocar sonaban como una pieza armónica en mi cabeza haciéndome dar incluso más de mi, queriendo follar hasta que ninguno de los dos pueda más y acabemos los dos exhaustos, hasta derramar hasta la última gota de mi esencia en su interior. 

Pensé que sería una tarea sencilla, que la chica ya estaría perdida, tratando de soportar el tamaño de mi miembro sin romperse por dentro. Por eso, en cuanto con una fuerza visceral desgarró mi bandana que mantenía sus muñecas unidas me sorprendí, pero no tuve tiempo para procesarlo. Pues agarró mis mejillas y con incluso una mayor pasión que la última vez besó mis labios, haciendo que me viniera a la cabeza aquel pensamiento que pronuncié en voz alta hacía ya un rato, una teoría que ahora comprobaba en mis carnes y podía corroborar, pues si besaba así… Era obvio que iba a follar como una verdadera ninfómana.

No podía parar, su sabor, el roce de su piel, los leves y dulces gemidos que salían de su boca. Todo en ella era tan adictivo, tan único que lo único que tenía en mi cabeza era un ruego, un ruego para que este momento no acabase nunca. En cuanto se separó pasé mi lengua a unos centímetros de sus labios pero sin llegar a rozarlos, con una sonrisa de pervertido y mis ojos casi idos, clavados en los suyos soltó una frase que me hizo prenderme mucho más, pidiéndome que la mirara, que ahora era una “zorrita” adicta a mi. 

¿Como esperaba que reaccionara a eso? Mi mano que descansaba en su cadera ascendió a su pecho, ahora agarrando ambos, moviéndolos en círculos lentamente, ejerciendo bastante presión sobre estos, tratándolos con la misma brusquedad con la que le había tratado todo este tiempo. -Claro que le eres… Eres mi puta zorra… -Solté antes de lanzarme a su cuello como un depredador hambriento de aquella jungla que devoraba a su presa, clavando mis colmillos en su carne, procurando no hacerle sangre o alguna herida importante pues pese a querer marcarla, para que recordara este encuentro durante unos días no quería hacerle daño, no demasiado, aunque con todo el placer que estaba sintiendo no me podía controlar lo suficiente.

Una vez quedé satisfecho volví a incorporándome, aún apretando sus senos con ambas manos, y mi cintura unida a la suya. Contemplé con orgullo todos y cada uno de los moretones que había podido hacerle alrededor de su cuello como muestra de la pasión del momento, la brutalidad de estos contrastando con su nívea y delicada piel, pareciendo muescas y jirones, pequeñas roturas y desgarros de aquella inocencia que la caracterizaba al inicio, como si a cada embestida, cada caricia y cada mordisco desvelaran una pasión insaciable, un incendio que no podría extinguirse y… en esta situación ya no me importaba arder junto a ella. 

En ese preciso momento, solo con la luna y un águila pervertida preguntó por mi nombre. ¿Realmente era el momento, no podía esperar a que termináramos? Pero cuando sus gemidos le permitieron continuar me convenció. El hecho de que quisiera gritar mi nombre cuando se corriera, como una fan pidiendo otra canción. -Ik… Iggy… El nombre de tu amo… es Iggy… -Le contesté deslizando mis manos desde sus tetas, pasando pos las marcas de su cuello hasta llegar a sus mejillas, agarrando su cabeza con fuerza para que me mirara atentamente a los ojos, cargados de locura, pasión y lujuria, a la vez que soltaba mis siguientes palabras. -¿Acaso… no estás ya perdida…? No creo que vayas a olvidar… esto en mucho tiempo… 

Pero no era solo ella, a mi también me costaría borrar de mi mente este recuerdo. Estaba desbordado de placer, casi a punto de llenarla. Pero casi como una dulce venganza, por no dejarle terminar en su boca, su cuerpo respondió con un espasmo a una de mis embestidas haciendo que mi polla saliera de su apretada y húmeda cavidad. Supuse que era normal, que ella simplemente no podía soportarlo más. No podía estar más equivocado.

Quise meterla de nuevo para continuar con mi insaciable sed de volver a estar conectado a ella y sentir su calor. No obstante fue ella la que actuó primero. De un empujón, me hizo caer sobre mi espalda de nuevo, pero con una mayor fuerza con la que lo hizo cuando me impuso el reto de no poder tocarla. Pero esta vez sin juegos o apuestas de por medio. Sin esperar, se empaló sobre mi pene y comenzó a subir y bajar sin darme tregua, sin un solo segundo para procesar el cambio de posición, pues ella volvía a tener el control. 

El ritmo era salvaje e incontenible, me ordeñaba sin piedad, sus uñas marcaban mi piel como… Si, ahora el depredador era ella, y yo su presa de la cual se quería alimentar. Seguía hablando, gimiendo y deleitándose completamente perdida, sus pechos rebotando, siguiendo el ritmo de sus frenéticos movimientos. Era tan… Jodidamente placentero que era muy fácil dejarse llevar, dejar que terminara así el trabajo, dejar… ¿qué ella ganara? Nah, Iggy no era una persona que se rindiera fácil. 

Volví a levantarme, con mi espalda erguida, tomando a la semisirena con una mano de su cintura ayudándole a coordinar un poco mejor nuestros movimientos, y la otra… Simplemente se deslizó por su espalda aplicando una fuerza imposible de controlar en esta situación, mis dedos descendieron desde su nuca hasta el final, arrancando y destrozando algunas de sus escamas en el proceso y tras terminarlo, agarré su cuello rápidamente con esta misma mano. Simplemente lo contorneé acariciando las marcas producidas por nuestra pasión. Apreté un poco, lo suficiente para sentir sus puso acelerado pero sin llegar a estrangularla. -Vamos… a jugar… a un último juego… -Logré decir a trompicones, pues estaba cerca de darle lo que buscaba.

-Solo podrás correrte cuando cuente hasta tres… -Susurré acercándome a su oído, sabiendo que con esto volvía a tenerla bajo mi merced. -Uno… -La mano que sostenía su cintura la apreté con más fuerza, comenzando a controlar el ritmo, forzándola a subir y bajar más rápido, a un ritmo brutal y salvaje. -Dos…-Está vez fui yo quien mordió su labio inferior, saboreando su sangre, deleitándome con ello, y tal vez haciendo su herida un poco más grande. La mano que sostenía su cuello se movió a su cintura también, obligando a reducir sus movimientos casi en seco, pues ahora era yo quien comenzaba a embestirla desde abajo. Solo mi cadera se movía mientras anclaba su cuerpo, forzándole a recibir mi grueso en su totalidad a un ritmo que no sabía si iba a ser capaz de aguantar. Pude notar la excitación en sus ojos, y estaba seguro que también ella la podía ver en los míos, los dos estábamos al límite.

-¡TRES! -Solté rápidamente su labio, y comencé a reducir el ritmo pues, como si fuera una explosión contenida, una gran cantidad de semen salió despedida al interior de la chica llenándola por completo. El viscoso y caliente líquido comenzó a desbordarse, miré sus ojos de color ámbar, quería ver su expresión de placer en primer plano mientras los dos llegábamos al límite, de aquel fortuito encuentro. 

Tardé un rato en volver en mi mismo, pues trataba de recuperar el aliento, abrazando el sudado cuerpo de la artífice de este genial orgasmo. Posiblemente… Uno de los polvos más top de mi vida… -Confesé en voz baja, disfrutando del momento íntimo tras hacerlo. Tomé algo de distancia, aún sentado en las rocas y ella sobre mis piernas. Me quité sus bragas de la cabeza y se las coloqué a MM sobre la suya, soltando una carcajada al verla. -Te devuelvo tu corona princesita zorra… Dije finalmente metiéndome con ella, satisfecho, pero con mi mente aún pensando en la sacudida y la intensidad de hace unos instantes, algo triste por que hubiese terminado y con tal vez ganas de repetirlo algún día.
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