Pulse in Flora - Pasado Social
#1
Con ropa de alguien más que le queda grande, con la ayuda de una mujer caída del cielo, así llegó una vez a donde están los demás. Se apretó el brazo con suavidad, sintiendo lo frío que está, frío para detener a la sangre, pero incluso de esa manera es inevitable.

Lo primero que hizo al llegar fue decir el nombre de Owen, para luego buscar al Doctor. Seguro no han esperado que eso ocurriese, que llegara con un brazo lastimado y aunque la herida no es muy profunda, están las marcas de que alguien ha intentado darle un mordisco.

La mujer se despidió, es un adiós incómodo, como si hubiese dejado a la niña que se perdió y ya está. Problema de otro, una persona con nombre y apellido: Kiyoshi Maeda. No dudó en llorar fuerte cuando se encontró con el doctor, esperando que el mismo le tienda algún pañuelo para limpiarse los mocos, esos que ha aguantado todo el camino, porque no soltó ni una pizca de tristeza hasta ese instante. Como la calma antes de la tormenta.

—No pensé que me pasaría eso — en realidad si no se hubiese interpuesto entre la presa y el cazador, seguramente las cosas serían distintas. Pero ha intentar en vano, tanto como para salir perdiendo en todos los casos. Su ropa, su piel y su templanza, todo se ha desvanecido, aunque seguro la última vuelva cuando ya se sienta mejor.

Siguió las instrucciones del doctor, mostrándole la piel, no pudo ver lo que ha ocurrido — Me duele mucho — el frío siguió presente y no supo cómo subir la temperatura de su cuerpo, es una reacción que el cuerpo hizo de manera inconsciente — Nunca… nunca me había lastimado así — su mano se paseó por su rostro, antes que el líquido que cae se congele al contacto — Por suerte encontré ayuda.

No dijo qué ha pasado, simplemente se sentó finalmente, notando como las piernas no dan más. Simplemente descansó, porque el cuerpo ha dejado de reaccionar bien, debe ser la pérdida de tanta sangre o que finalmente puede dejarse descansar, está a salvo — Doc, alguien murió. No pude salvarlo — ¿Y qué podría hacer ella? ¿Qué se supone que debería haber hecho, ciega y sin conocimiento médico? Es un milagro lo que busca, aunque esa palabra no es ajena a ella.

Se quedó quieta, obediente como siempre, aun así ésta vez existió el silencio. Uno incómodo, no es ese que se acompaña con la marea, sino más bien el que les recuerda que están solos a su suerte.

—¿Qué se supone que haces cuando pasa esto?— ¿Qué se hace cuando todo lo que se puede ofrecer no es suficiente? — Alguna vez… ha tenido que dejar morir a alguien, porque… porque no había otra opción.

Un último resoplido al papel para limpiarse la nariz fue lo único que hizo.

—Debe ser duro ser doctor... como tú.

Más si se vive de la desgracia ajena ¿No?
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#2
Un pequeño campamento improvisado es lo que se montó en la zona luego de haberse asegurado de que no hay demasiados peligros cerca. Quien menos se ha movido de su ubicación es Kiyoshi, quien por mucho que se encuentre en una selva, todavía tiene en mente de que debe estar todo perfectamente limpio, así que le dedica horas a la limpieza. Hasta la tierra en el piso parece limpia, pero realmente le somete a un gran esfuerzo.

— Qué silencio… — Lo que no es normal en el último tiempo. Siempre fue un tipo solitario, escondido en su estudio y su trabajo. Lanzarse al mar lo ha obligado sumirse en un mundo totalmente nuevo. Pero, aunque todo sea diferente, hay algo que se mantiene intacto: su rol como médico.

Desde una distancia prudente es capaz de escuchar los pasos que se acercan, por lo que no tarda en tomar su rifle y ponerse de pie. Consiente es de que, en caso de no ver a un aliado, deberá disparar sin dudar. Para su sorpresa, es capaz de distinguir a la persona que viene en esta dirección, y no sola. — Espera, esa es… — Sí, se trata de Gwen, y está herida. En tiempo récord suelta su arma y toma su equipo médico, olvidándose totalmente de la desconocida que la acompaña, pues esta no tarda en irse cuando ve que alguien ha salido a recibirlos.

— No llores, tonta, ya estás a salvo. — Lo primero que le da al recibirla es el pañuelo desechable que él mismo se encarga de situarlo en su nariz para que ella luego lo tome y termine de usar. — Solo por hoy obviaré que hayas venido toda sucia. — Pues es evidente que la prioridad es su estado de salud.

Con cuidado la guía hasta un gran tronco que está tirado en el piso y usan como asiento. Acto seguido, él mismo le toma el brazo para estirarlo y así tomarse unos segundos para observar la herida. Concluye en que no es en extremo grave, pero que si la deja así mucho tiempo, podría empeorar de una manera que no le gustaría a ninguno. — Me aseguraré de dejarte como nueva, que si alguno de los otros tontos te ven así, les dará un ataque. — Y no es que a Kiyoshi no le importa verla en este estado tan deplorable, sino que tiene la experiencia de tratar a tantos heridos, que es capaz de centrarse en lo que debe.

Lo que sí toma por sorpresa al médico es lo fría que ella tiene la piel, provocando incomodidad en esas manos que la sostienen. Sabida es la debilidad que posee por las bajas temperaturas, así que le es imposible que las manos no le tiemblen un poco. Para combatir esto es que enguanta ambas.

Para empezar, utiliza un paño de los que siempre trae consigo para presionar sobre la herida y así detener el sangrado, evitando que ella deba usar su frío para combatirlo. — Sé que duele, aguanta. — Porque debe ser fuerte, todos los que llegaron a esta isla tienen la obligación de serlo. Lamentablemente, Gwen no es la excepción.

Una vez deja de sangrar, toma el frasco con alcohol antiséptico cuyo olor la muchacha debe recordar a la perfección. Sin embargo, aquí no hay usos raros ni horarios específicos de uso. Lo utiliza para empezar a limpiar la herida, pues no debe dejar que haya piedritas, suciedad ni nada que pueda infectarla y agrandar este sufrimiento que ella palidece.

En medio de la labor, de pronto, Kiyoshi se detiene. Pareciera que Gwen lo ha congelado, o que un poder misterios lo ha convertido en una estatua. Sin querer, la mano zurda que ayuda a mantener el brazo ajeno en alto, aprieta un poco; una acción involuntaria. Dura un segundo, luego suelta. — Sí, me ha tocado vivirlo. — Su tono de voz ya no parece tan seguro como siempre, se le oye dubitativo, como si ocultase algo que no quiere dejar salir por el dolor que le trae.

— Yo… no lo sé... — Pues ese es el mayor trauma que tiene en su vida y uno al que se ha enfrentado varias veces. Tener entre sus brazos a una persona cuya vida se está esfumando sin que él pudiera hacer nada es la peor experiencia de su vida, y una que le obliga a flaquear y perder el control de sus emociones. — Controla el frío. Vas a congelarme hasta el alma, tonta. — Evidentemente busca cambiar el tema, no desea descontrolarse en su labor y provocarle más dolor a su paciente del que ya debe estar soportando en medio de la curación.

Es la primera vez que reconoce abiertamente ante ella que no tiene una respuesta. A diferencia de siempre, no se esfuerza en buscarla.

— Cuéntame qué sucedió. Así sabré si debo regañarte luego.
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#3
¿Congelar un alma acabaría con ella o la haría permanecer más tiempo con ella?

—Me cuesta mucho usar la fruta — o más bien controlarla, porque el frío sube y baja, pero se mantiene. Es una reacción del cuerpo, aun así ya no lastima, no provoca daño como en antaño, cuando lastimó a Owen — O controlarla, soy un peligro como estoy — usó un pañuelo para limpiarse la nariz una vez más, sintiendo como el dolor sigue, pero la compañía parece calmar un dolor que no es físico, pero que se encontró ahí.

Es el temor de que no haya vuelta atrás, pero ya le ha dicho que puede sanarla, por lo tanto no hizo nada más que intentar ayudar. Es ayudar para que puedan hacerlo con ella, aunque no llega del todo, porque su curiosidad se sintió truncada. No es la respuesta que esperó, por eso seguramente separó los labios, como si quisiera decir algo importante, pero nada ocurrió. No hay sonido desde sus labios.

—Había un sonido en la selva — tomó aire con suavidad, como si el mismo se hubiese escapado de solo recordarlo — Un llanto, es un sonido curioso. Era triste — porque es fácil reconocer un lamento, incluso si no existen palabras, la sensación aprieta el pecho y tensa al cuerpo — Así que lo seguí. Era una madre y su hijo — no se vio en la necesidad de expresar que no era un humano, porque la vida aunque no es igual, sigue mereciendo respeto ¡Más si la misma se aferra a la vida! — Pude tocar la herida al entender lo que ocurría — su mano mostró la sangre seca, esa que se ha pegado a la piel, pero que un baño sacará, uno con ayuda de alguien más, que seguro no dejará que nadie más la acompañe. — Y le metí tela, como me dijiste que lo hiciera si llegaba a ocurrir. Para ayudar con el sangrado.

Su mano tocó la ropa de Mérida, esa que le ha dado para compensar, una que le queda grande — Usé mis ropas, por eso no las traigo — un bufido salió de sus labios, no porque haya perdido algo importante, sino porque parece una tontería, una mala idea, pero es lo único que ha tenido a mano — Y luego de eso, apareció algo y nos atacó. Por suerte alguien pudo escuchar todo y me ayudó — se rió de manera tonta, es un gesto que mezcló el dulzor de una buena noticia, con un final amargo.

Sus hombros subieron, para luego bajar, no es resignación, es frustración, porque ¿Qué se supone que debería hacer en ese caso? ¿Dejar las cosas como estaban? — Todo lo que hice fue en vano — finalmente la temperatura comenzó a volver, en una sensación calurosa que quizás no sea del agrado de muchos — La madre murió, y a saber qué pase con su hijo, seguro la chica que encontré hace algo. Parecía más preparada que yo… para todo.

Vivir, pelear y lidiar con la muerte. No es simplemente pedir por un descanso eterno, es alejar al fin sin importar lo que cueste.

—Me dijo también que no usara mi falta de visión para no hacer cosas, que gente de la Marina podía pelear sin ver, pero no entiendo… — la frustración llevó a apretar la mano buena — Por qué tenemos que pelear, por qué esa parece ser una buena respuesta en los peores momentos.

…

—Kiyoshi

Por primera vez lo llamó por su nombre, en una seriedad nostálgica que apareció en su rostro.

—¿Tu también crees que no hay otra forma?

Que no es la verdadera solución, pero es la mejor respuesta.
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#4
Dolor, uno más intenso, no mucho más del actual, pero sí para causar una reacción en Gwendolyn. Presión intencional ejerce al limpiar su herida tras escuchar cierto comentario, a modo de castigo. Como un experto en el área de la salud, entiende hasta qué punto puede hacerlo o no, siempre priorizando que su salud mejorará. Ahora mismo, eso es lo único que quiere. Sin embargo, no todo tiene que ver con dolor físico, pues el mental puede ser aún más importante que cuidar. Y lamentablemente, en este apartado, Kiyoshi no es el mejor.

— ¿En qué momento pasaste de ser la niña protectora de animales a ser un peligro? — Delicadeza es lo que retoma al limpiar, también en el soporte que hace para su brazo con la mano zurda. — No sabía que habían cambiado a la tonta Gwendolyn por otra. No eres un peligro, no vuelvas a decirlo. — Exige con un tono severo, crudo. Para no hacer más mención al frío que desprende el cuerpo ajeno, Kiyoshi simplemente se enfoca y resiste ese leve hielo que le causa malestar.

La labor que tiene como médico de este grupo es siempre hacer todo lo posible por ellos, aun a costa propia. Nadie lo sacará de esa idea, da igual el argumento.

— No fuiste tonta y recordaste las instrucciones que les di en Whisky Peaks. — Hecho que fue consumado por idea propia de la muchacha ciega, quien tuvo la proactividad de obligar al resto a aprender lo mínimo de un área que les sería de utilidad ahora y siempre. — Pero como considero que eres menos tonta que el resto, seré más exigente contigo y te corregiré. — Básicamente, no se conformará con lo mínimo. De ella espera más que eso. — Usa guantes antes de tocar heridas, sobre todo en entornos tan salvajes como este. Una pequeña infección que agarres y, sin todo el equipo adecuado, podríamos tenerte en graves problemas.

Mientras sigue escuchando, la herida ya se encuentra limpia, no expulsa más grande como cuando llegó. Aun así, el malestar debe seguir, pero debería pasar pronto.

Para terminar este primer tratado de la herida, toma una venda que tiene el maletín y con cuidado comienza a rodear el brazo, teniendo cuidado de presionar lo justo y necesario. — Gwen, te contaré un secreto. — Suelta un profundo suspiro, dando unas palmaditas en el brazo al terminar de vendarlo, ayudándola también a descenderlo para que apoye la mano en el asiento. La idea es que no haga fuerza con el mismo ni se sobreesfuerce. Con Kiyoshi presente, él mismo se asegurará de que la paciente cumpla a cabalidad con eso.

— Soy un cobarde cuando tengo entre mis manos un paciente al que no puedo salvar. Entro en shock y soy incapaz de moverme. — Y espera, de todo corazón, que ninguno de sus compañeros lo vea de esa forma tan lamentable algún día. — Ver la cara de ellos, al borde de la muerte, buscando calma y esperanza en mí, mientras solo les transmito caos, es realmente horrible. — ¿A qué quiere llegar con ello? — Si le ayudaste hasta el final, significa que tuvo esperanza hasta el último respiro porque tú estabas ahí con ella. No fue en vano.

Procede a comenzar a guardar su equipo médico, no sin antes higienizar todo para que esté todo listo para la próxima vez que lo requiera. — Dicen que los tontos solo se curan muriéndose. — Me pregunto de dónde habrá sacado esa frase. — No somos unos bárbaros, Gwendolyn, pero hay ocasiones en donde es tu vida o la del otro. Cuando no queda otra alternativa, no te das cuenta de lo que hiciste hasta que ves tus manos llenas de sangre. — Habla desde la experiencia propia, siendo un episodio traumante el primer día en que dio muerte a enemigos, inspirado por la furia que ellos le dieran fin a uno de los suyos.

— ¿Atacarías hasta la muerte a alguien que estuviese a punto de matar al tonto de Owen? ¿O buscarías una alternativa distinta cuando no sabes si funcionará?

Desearía callarse y no tratar estos temas, pero ha hablado lo suficiente con ella como para saber que pedirle silencio y dejarla con todo guardado dentro de sí no servirá de nada, sino que le hará peor.

— Al final, seremos presas de nuestros impulsos, no de nuestra razón, por mucho que nos moleste.
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#5
Es lo ideal, ideal es tener guantes, ideal es que no ocurriera nada, que todos se encontrasen a salvo. Pero nada de eso ha ocurrido, ha tocado la herida con las manos sucias, se ha empapado en el líquido carmesí, en un baño que ha producido ella también con la mordida.

Se volteó al hombre al escuchar que le contará un secreto, no hizo nada más que sorber con la nariz ligeramente, mientras espera que llegue la declaración, una que le sorprendió, pero que… la hizo sentirse identificada en partes iguales. Porque ella también sufre de la cobardía, esa que hace temblar, que congela al cuerpo y le quita el aliento.

Sus labios se curvaron para abajo en un gesto de pena, incluso si sus palabras son una caricia suave a la preocupación para calmarla. — Es verdad — porque lo ha pensado, de estar ahí ¿No habría sido peor? El ver a un ser amado devorado, el término de dos vidas ¡Y quizás qué otras cosas más!

Una risa se escapó de sus labios, es larga a pesar de todo al escuchar la cura de los tontos. Porque en ese momento le pareció increíblemente cierta. Habría seguido con el buen humor cuando es una pregunta aquello que la sorprendió. Se volteó al médico lentamente y abrió los ojos ligeramente, aunque no es necesario el gesto, es un segundo antes de cerrarlos una ves más.

—Huh.

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—Si tuviese que matar por Owen lo haría sin dudarlo. No importa quién sea.

Las palabras no salen animadas, arrastran algo que seguro no ha visto nunca. Es lúgubre, como si supiera que no tuviese que decirlo, pero el mentir es peor — Es mi familia, después de todo — como lo será eventualmente los miembros de la tripulación, por lo tanto no hizo nada más que entender a lo que se refiere — Comprendo a lo que te refieres — su mano, esa del brazo que está lastimado se abrió y cerró —  Es solo que crecí en un sitio distinto, creyendo cosas que siento que no son realidad en el exterior.

Es una burbuja de mentiras y un amor que no existe. El paraíso ideal en donde creció, aunque cada vez más, demuestra que solo ha sido abrir un agujero para tapar otro — Ser presa de nuestros impulsos a veces no suena tan malo, así no nos congelaríamos del miedo y haríamos lo que sentimos correcto ¿No? — se acomodó la ropa ligeramente, esperando que el cansancio tarde en llegar, porque sintió que Kiyoshi es la persona adecuada para hablar de lo que desea.

—No quiero vivir sintiendo que pude hacer más — un trago de aire fue lo que dió, como si lo necesitara más que el agua siquiera, incluso si su boca se siente seca — Me imagino que tú tampoco… ahora que lo pienso, ¿Estás buscando algo Doctor? En un principio pensé que eras un hombre que buscaba una vida pacífica, pero si estás aquí, pareciera que en realidad estás buscando otra cosa.

Aun así ¿Qué es?

—¿Qué haría a un hombre prudente zarpar en un mar de tontos?
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#6
Un pequeño relajo llega a sus hombros al oírla reír. Sin embargo, en cuestión de segundos siente una ligera incomodidad en todo el cuerpo ante el siguiente comentario. Kiyoshi traga saliva y jura haberla visto separar los párpados por un momento, siendo la primera vez que presencia esto. Aun así, no se lo cree del todo. Es un hecho demasiado impactante como para aceptarlo con naturalidad. — El cansancio debe estar pasándome factura. — No hace comentario al respecto.

— Entiendo lo que sientes. Créeme, más de lo que crees. — Porque él también pasó gran parte de su vida encerrado en una burbuja y, cuando tuvo que salir de ella, el mundo resultó ser realmente aterrador y doloroso. — Eres una niña lista, Gwendolyn. No dejas de ser tonta a veces, pero tienes cerebro. — Pareciera que le es imposible a veces halagar a alguien sin incluir de alguna forma la palabra tonto. — Saca tus propias conclusiones conforme avanzas. El conocimiento que adquirimos del resto es para que nosotros aprendamos y generemos nuestra propia información. Te lo dice una vieja rata de biblioteca.

Procede a enseñar un truco bastante útil que, mientras más lo domina, más le permite ahorrar productos de limpieza. Tras tomar ambas manos de la paciencia, comienza a transmitir desde las propias una cantidad moderada de burbujas que estallan con cuidado sobre su piel. Esto genera dos efectos en ella. El primero es que le incrementa un poco el cansancio, aunque Kiyoshi se asegura de que sea algo muy aceptable. Lo otro, y para lo que verdaderamente lo hace, aquellas manos llenas de tierra o sangre ahora están perfectamente limpias.

Si Gwen pudiera ver, probablemente podría ver su reflejo en su propia piel como si ahora tuviese un espejo en el cuerpo. Eso sí, le quedarán resbaladizas durante un tiempo. — Ya estás como nueva, ¿qué te parece?

— No deberé decirle tonto tantas veces a Owen o esta niña podría matarme. Será mejor que no me confíe del todo. — De un modo u otro, la expresión que la muchacha enseñó sembró cierto temor en Kiyoshi, aunque conociéndolo, seguramente no disminuirá los tontos que usa al hablar.

Sí estará más atento, eso sin duda.

Un suspiro bastante profundo y sonoro procede a escapar de sus labios. Sus ojos muestran disgusto ante la pregunta, transmitiendo que no quiere responder a ella. Pero claro, Gwen no puede verlo.

Kiyoshi se pone bien de pie y se aleja unos metros, dándole la espalda, gesto habitual en él cuando habla cosas suyas que a veces desearía mantener en secreto. Mas si ella ha sido sincera con él, de su parte no puede ser menos. A fin de cuentas, Kiyoshi es un hombre que siempre dice la verdad, y quedarse callado cuando las palabras están en la punta de la lengua no es una de sus virtudes.

— Busco venganza, Gwen. — Se toma una pequeña pausa, suspirando de nuevo, esta vez más tranquilo. — Muerte. — Se quita los guantes y, tras unirlos con un nudo, los lanza hacia un saco de basura que él mismo controla cada día. — No puedo ser prudente cuando me quitaron a los únicos que quería. Tal como tú matarías por Owen, yo mataré por aquellos que ya no puedo ver.
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#7
—¿Qué hizo doctor? — no lo pudo ver, pero le gusta la sensación, quizás porque le ha quitado esa sensación sobre la piel, las marcas de la derrota, que son pegajosas y no se habrían salido con facilidad. Ya no se sienten, incluso el ligero aroma ha desaparecido. No lo vio, pero se siente — Me siento mejor, aunque cansada — culpó a lo ocurrido, a la pérdida de sangre, hay muchos factores a los que culpar — gracias.

Se mostró amable como siempre, es la serenidad que ha vuelto con el sonido de la naturaleza y la brisa del mar. No hizo nada más que esperar la respuesta a una pregunta que ella misma ha hecho ¡Y llega! Ahí se la encontró, no es lo que esperaba, pero una parte de ella no se alborotó, es como…

—Buscas lo mismo que Eros — el destino puede que los haya juntado, los ha hecho recorrer el mismo camino en una ocurrencia que no le pareció una casualidad — Aunque no creo que sean las mismas personas ¿O sí? ¿Lo han hablado? — a quién pueden buscar dos hombres que se relacionan con la muerte, aunque de distintas maneras. Mientras uno las aleja del final, el otro las acepta en su eterno fin.

Lo que en el pasado habría sido un reclamo, un sermón, no fue más que tomar aire y suspirar con suavidad. Es una verdad incómoda por otra, un intercambio equivalente, aunque ella es una promesa a un futuro que no quiere ¡Mientras que la de Kiyoshi es un presente! — La venganza es un camino que puede ser muy largo y doloroso  — juntó sus manos y jugueteó con ellas — Espero que luego de cumplir tus deseos, encuentres otro para cumplir o quedarás vacío.

¿Qué se hace luego de perseguir tanto un objetivo sin descanso? ¿Qué viene luego de la venganza? ¿La paz?

—Nunca he visto una estrella — se rió y aun así alzó el rostro. No hay ninguna, no se pueden ver porque el día las esconde — Pero me han hablado mucho de ellas — pareciera que la conversación ha cambiado de rumbo, como si la briza del mar hubiese trazado otra ruta.

—Dicen que hay unas que brillan muy intensamente, pero no olvides que hay más estrellas que observar. — se acomodó sobre la tierra, dejándose caer con suavidad, sintiendo el peso del sueño — Así cuando esa que llevas siguiendo por tanto tiempo se apague, puedas dejarte guiar por las demás, quién sabe, hasta encuentras una que te gusta más y hace feliz a más gente.

Se rió despacio y su respiración se acompasó con el pasar de los segundos.

—Un día quiero ver las estrellas

No sonó triste a pesar que su declaración por ahora es imposible. Sus ojos no van a funcionar por mucho que los abra.

—Y a ustedes también los quiero observar. — una idea apareció en su mente, es un juego que pareciera de una niña, pero que solo basta echarle un vistazo para saber por qué lo quiere hacer — ¿Cómo son Varo, Eros, Owen y tú? Dime doctor, qué ves.
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#8
— Fuiste limpiada por un experto, eso es todo lo que debes saber. — Porque explicar demasiado sobre sus poderes no es algo que disfrute en el ámbito medicinal. Siente a veces que es como hacer trampa, y para alguien que estudió demasiado para dedicarse a esto, no le convence del todo. Aun así, a veces es bastante útil, como ahora.

Se sorprende ante la correlación de objetivos que tienen el médico y el sepulturero que hace Gwen, siendo información desconocida para Kiyoshi hasta hora. Por mucho que lleven ya unas cuantas semanas como compañeros, no es que hayan podido hablar demasiado. Ninguno de los dos es el tipo de persona que se abre demasiado de buenas a primeras. — Desconozco qué objetivo tiene ese tonto. Cuando lo veo, me cuesta mucho saber qué piensa. Sus ojos parecen los de alguien sin alma.

Decide tomar asiento, descansando. Viendo a Gwen de pie se queda más tranquilo, pues significa que ya está mejor tanto físicamente como de ánimos. Eso significa que ha hecho una buena labor como médico de su tripulación, causando que emerja un sentimiento de orgulloso hacia sí mismo.

— Solo busco venganza para obtener paz, aunque sea difícil de creer. Normalmente todos pensamos que buscar violencia no trae calma jamás. — Y es algo que ha meditado mucho no solo durante su breve etapa como pirata, sino desde el primer día en que se enfrentó a un mundo en donde sus padres ya habían dejado atrás sus vidas. — Si luego puedo morir tranquilo, estaré bien. No es que tenga un plan a futuro luego de cumplirlo.

Desde pequeño, Kiyoshi nunca fue alguien con demasiados sueños. Solo quiso ser médico para cuidar su propia enfermedad y no darles tanto trabajo a sus padres. Pero una vez ellos se fueron, ¿qué le quedó? — He sido bastante cara dura con ustedes, Gwen. — Como siempre, es sincero. — En Samba, aconsejé a Owen con sus problemas para dormir. En Whisky Peaks, lo hice contigo. Lamentablemente ya son varios años en donde yo no logro superar aquello con mis propios consejos.

La ciega ha demostrado en cada oportunidad tener una capacidad auditiva mayor a la normal, siendo este un talento admirado y respetado por Kiyoshi. Por consiguiente, durmiera bien o mal, en este tiempo juntos en el mismo grupo ya debe haberse dado cuenta de que la mayor parte del tiempo el médico está despierto, moviéndose de un lado a otro, ya sea preparando su equipo médico o limpiando. Dormir como persona normal es algo que desconoce, por eso es normal verle con ojeras incluso.

— Bien hecho. — Valora el cambio de tema a uno más tranquilo, uno que no aflija a ninguno de los dos. Sin embargo, no explica abiertamente qué significa ese agradecimiento.

Es curioso el tema de las estrellas. Kiyoshi jamás tuvo especial fijación en ello, pero porque él lo tomaba como algo normal. Estar fuera en la noche o asomarse por la ventana, apuntar la vista y ahí están. Pero para Gwen es diferente. Lo que puede ser el pan de cada día para otros, para ella es un deseo ferviente que parece imposible de cumplir.

Kiyoshi guarda silencio, no quiere darle demasiadas esperanzas vacías por mucho de haber asegurado alguna vez que encontraría una cura. Por ahora, eso parece muy lejos.

— ¿Nosotros? — Se toma la barbilla y piensa. — Pues Eros es… un topo culiao. — No sabe cómo explicarle físicamente el cómo son todos. ¿Cómo funcionará la imaginación de una persona ciega desde el comienzo? ¿Si le nombra características, ella podrá hacerse una idea?

Decide tomar un camino alternativo.

— En Eros ves a un tipo tranquilo pero apasionado a veces. Confiable, fuerte. Te provocan ganas de seguirle para ver hasta dónde puede llegar e impregnarte de esa fortaleza.

Ahí fue el primero.

— El tonto de Owen es un tipo que te hace bajar la guardia cuando lo miras, pues parece inofensivo, pero de la nada logra que todo explote. Diría que es un talento. Aunque prefiera el silencio, cuando lo ves parece que nunca te aburrirás.

Y ahora quien menos conoce.

— El tonto de Varo es raro. Lo veo a la cara y parece un cobarde del montón del cual no te puedes fiar. Aun así, siempre lo ves cerca, preocupado, como si fuera quien más enfrenta sus miedos de todos nosotros. Todavía debo verlo más.

Eso sí, no habla sobre sí mismo. Para eso, quizás renta más que le pregunte al resto.
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#9
La descripción subió sus cejas de pura impresión, es una reacción extraña que terminó en una sonrisa, para luego avanzar a un sonido que expresó diversión — No es la respuesta que esperaba — la honestidad salió de ella, junto a una risa suave, no porque no sea divertido, sino porque ya no le queda energías para derrochar en algo así. — Pero quizás me sirve un poco, tal vez… La última vez que lo tomé siendo topo era muy pequeño, un conejo sin orejas, eso parecía — volvió a demostrar simpatía por la situación, porque lo recuerda, el haberse sorprendido por un cambio que no pudo ver, pero sí sentir. Porque es un hombre alto a su comparación ¡Y ha terminado en un ser tan pequeño!

La descripción de ellos como personas la mantuvo quieta, no es lo que esperaba, pero lo aceptó, porque siguen siendo ellos, lo que puede observar alguien que si puede hacerlo — Así que es fuerte. Me alegro que haya tomado seguridad, cuando lo conocí era alguien muy tímido e inseguro — supuso que el tiempo ha hecho cambios, nada permanece igual para siempre — Me pregunto qué lo habrá hecho cambiar tanto — no ha sido rápido, pero sí suena a que la necesidad de sobrevivir ha hecho unos retoques para que pueda continuar.

Muchas pérdidas que no se detienen, sino incrementan.

—Varo lo conocí antes de unirme a los cabaret, me salvó porque me perdí en una selva. Era desconfiado también, no recuerdo qué me dijo, pero sí tengo en la mente que le veía mucho valor a las cosas antiguas. Supongo que es un hombre que puede apreciar las cosas, incluso si para el resto ya no vale la pena o están viejas — su rostro se ladeó con suavidad y paseó su mano sobre la herida con suavidad, es un toque ligero y frío, aunque quizás no debería — Estaremos bien, creo que todo saldrá bien o ya nos habríamos hundido con el Crimsom Stage.

¿Ha sido una obra divina el que llegaran con el barco en ese estado? Porque nadie notó los problemas en el navío. — Y sobre Owen… es algo que sentí cuando vivíamos juntos en Karate, todos los días algo ocurría. Me divertí mucho cuando estábamos ahí — habló la nostalgia, quizás un poco la añoranza de volver ahí ¡Por un día! Cuando los tiempos eran tranquilos y la aventura una idea lejana, un sueño, pero de esos que aparecen cuando duerme, no esos que se anhelan.

—Estuve pensando una cosa, Doc — su mano se volvió a enfriar, es solo la zona — ¿Cree que si me enfrío lo suficiente, podría bajar la hinchazón de mi brazo? — es normal que pase, que el cuerpo lo realice — Cuando me mordió lo que nos atacó, mi cuerpo se enfrío y la sangre salió más lentamente. Creo que mi cuerpo lo hizo de manera automática, ya sabes, para salvarse — movió su mano buena, paseándose por el aire, notando como aparece algo en ella, es la humedad del aire que se congela y se muestra de manera blanca — Debe haber alguna manera de usar mi fruta para bien, que no sea solo lastimar a los demás.

Debe haber alguna forma de que el invierno prepare la primavera de los demás.

¿Pero cómo hacerlo?

—Tu conoces el cuerpo humano, eres doctor ¿No? Entonces, acepto sugerencias — un bostezo indicó que está llegando al límite, al momento en que seguro se deslizará sobre la tierra y ahí quedará, hasta un buen rato — El frío no puede ser tan malo.

En realidad, no quiero que lo sea.

Me niego a aceptarlo.
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#10
¿Realmente todo saldrá bien? Kiyoshi no lo piensa así. Por más optimista que sea, tiene bien insertado en la cabeza que se vienen peligros que en el pasado jamás imaginó. Mas no teme, no siente inseguridad. Eso quiere creer, que mentalmente es cada vez más fuerte y, acompañado del resto, podrá salir adelante contra todo pronóstico. No desanima a Gwen con sus palabras, pues sembrar dudas en sus pacientes iría en contra del tratamiento, del cuidado que tiene con cada uno de ellos que se han puesto bajo su trabajo.

— Solo asegúrate de que ese tonto pelirrojo no beba. Compartimos tragos en la isla de Samba, y cuando me di cuenta ambos estábamos excesivamente lastimados, como si una estampida de elefantes nos hubiera arrollado sin piedad alguna. — Suerte fue lo que tuvieron para poder recuperarse y partir bien hacia los temidos Cabos Gemelos en donde todo aquel que decidió lanzarse al mar enfrentó un combate de vida o muerte que, para bien o para mal, marcó un y antes y un después en sus vidas. — Y ninguno de los dos recuerda qué pasó. Es raro.

Raro solo para Kiyoshi, para el pobre Kiyoshi. Y es que hasta hoy, sigue con ese pensamiento, con esa creencia que hábilmente le transmitió Owen para ocultar la verdad de los hechos. Lo cierto es que aquel divertido hombre que tanto ama a la joven frente al médico tiene completa claridad sobre lo que ocurrió ese día. ¿Algún día revelará semejante misterio? Probablemente no.

Procede a acariciarse la barba, analizando el efecto frío que puede crear Gwen. El momento calmado de análisis se ve interrumpido ante la demostración de tal poder porque Kiyoshi, temeroso y precavido, da un paso hacia atrás y alza las manos sobre su rostro como si simulase un escudo que lo defienda de aquello que tan mal el hace. Mientras menos la joven se le acerque, mejor.

— Aún hay mucha información que desconozco acerca de las tontas frutas, Gwendolyn. Nos conceden poderes misteriosos que escapan a veces de la lógica que creía conocer. — De por sí, utilizar poderes fantásticos escapa de la normalidad. Si no fuera porque él mismo tiene una capacidad diferente a la gran mayoría de humanos, no se lo creería. — Si me apego a la norma, sería aplicar crioterapia. Disminuyendo la temperatura permite que llegue menos sangre y líquido a la zona, ayudándote con la hinchazón y el dolor.

Mas no cree que sea tan sencillo como suena, aunque esta creencia surge de su desconocimiento sobre lo que realmente puede hacer Gwendolyn con su habilidad. En tiempos pasados donde coincidieron, ella jamás demostró poseer esta fría cualidad. Por consiguiente, todo es demasiado reciente como para poder aseverar lo que le comenta. Como siempre, es responsable con sus palabras cuando la salud es la que está en juego.

— Pero no abuses… cuando el tejido se enfría demasiado, deja de sanar. Solo hazlo cuando te sientas segura de controlar ese poder.

Lamentablemente llega el momento en que las opiniones de ambos chocan, pues no siempre pueden coincidir o estar de acuerdo. Kiyoshi aborrece el frío desde niño debido a lo demasiado que le afecta en la salud. Buscarle el lado positivo es algo muy difícil para él y, de buenas a primeras, no dirá algo que ayude a Gwendolyn. Es más, hasta podría desanimarla.

— Olvídalo, el frío es horrible. — Responde seco, con mucha confianza en lo que afirma. No se le notan dudas o compasión al hablar. — Úsalo para proteger a tus cercanos, pero será molestando bastante a los que osan hacerles daño. Realmente detesto el frío, así que asegúrate de no descontrolarte cerca de mí. — Esto porque le afecta demasiado a la salud. Tose, le cuesta moverse, las energías se alejan de su cuerpo. Ser un tipo enfermizo trae muchas complicaciones, aunque es difícil de creer cuando se trata de un médico que siempre plasma confianza en lo que hace.

Hasta Kiyoshi puede ser contradictorio en su persona por cómo fue creado al momento de nacer. Hay cosas que simplemente son así y no puedes hacer nada para cambiarlas.

— Un mink que crea enfermedades y una muchacha que controla el frío. Si no fueran mis compañeros y ambos lucieran confiables, serían la personificación de mis traumas. Vaya grupo.
[Imagen: u2oxCl9.png]

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