CUARTEL REGIONAL – SECTOR GOLDRICH DOCUMENTO CLASIFICADO – NIVEL DE ACCESO: AUTORIZADO
Para: División 93 De: Comando Regional de Operaciones Especiales Asunto: Orden de misión – Custodia y traslado de prisionero Estado: EJECUCIÓN INMEDIATA
Por la presente, se les notifica que la División 93, recientemente conformada y actualmente bajo observación directa del alto mando, ha sido designada como unidad responsable de la escolta y entrega de un prisionero de alto valor estratégico en la isla de Baterilla.
La misión consiste en los siguientes puntos, los cuales deberán ser cumplidos sin excepción:
Custodia absoluta del prisionero desde el momento en que este sea puesto bajo su responsabilidad en el puerto principal de Baquella, hasta su entrega formal en el puerto secundario de la isla.
El traslado deberá realizarse por vía terrestre, atravesando la jungla que rodea el volcán de Baterilla. No se autoriza desviación alguna de la ruta designada salvo fuerza mayor debidamente justificada.
El prisionero deberá llegar con vida, consciente y en condiciones estables, sin marcas visibles de abuso ni daños colaterales que puedan comprometer la transferencia.
La entrega se realizará exclusivamente a los agentes de Cipher Pol designados, quienes ya se encuentran posicionados en el punto de extracción. Ningún otro cuerpo, civil o militar, está autorizado a recibir información adicional sobre el sujeto.
Se recalca que el contenido de esta misión es confidencial. La identidad del prisionero, los motivos de su traslado y la intervención de Cipher Pol no deben ser discutidos, ni siquiera con personal de la Marina local fuera de los rangos directamente implicados. La filtración de información será considerada traición a la Marina Mundial.
Dado el terreno, se anticipan riesgos naturales, posibles interferencias externas y situaciones imprevistas. Sin embargo, el alto mando considera que esta misión es una prueba directa de la capacidad operativa, coordinación y lealtad de la División 93. El éxito o fracaso de esta operación quedará registrado permanentemente en sus expedientes.
En caso de enfrentamientos, se autoriza el uso de fuerza proporcional y decisiva para garantizar la integridad del prisionero y de la unidad. No obstante, se prioriza el cumplimiento del objetivo por encima de capturas adicionales, persecuciones secundarias o acciones heroicas innecesarias.
No habrá refuerzos. No habrá segundas oportunidades. La responsabilidad es exclusivamente suya. Cumplan la misión. El Gobierno Mundial estará observando.
ARCHIVO CONFIDENCIAL – USO RESTRINGIDO NIVEL DE SEGURIDAD: ALTO
Destinatario: Líder designado de la División 93 Entrega: Mano a mano – Lectura individual Asunto: Información clasificada sobre el prisionero bajo su custodia
Si está leyendo este documento, es porque la Marina y su propia división ha determinado que usted es el responsable directo de la unidad asignada a la presente misión. El contenido de esta carta no debe ser compartido con el resto de los integrantes de la División 93 salvo que la situación lo exija de manera crítica. La discreción será considerada parte integral de su evaluación.
El prisionero que se les ha asignado escoltar responde al nombre de: Douglas Maracai Bo Rango anterior: Sargento de la Marina Estado actual: Destituido – Prisionero de alta peligrosidad
Douglas Maracai Bo fue, durante años, un marine ejemplar a ojos del público. Su historial operativo mostraba una eficiencia sobresaliente en la captura de criminales, especialmente en operaciones de alto riesgo. Sin embargo, dicha eficiencia ocultaba una conducta que con el tiempo se volvió incompatible con la Justicia que la Marina Mundial representa.
Se le acusa formalmente de actividades extremistas, consistentes en el uso sistemático de fuerza excesiva contra prisioneros ya reducidos, ejecuciones no autorizadas y castigos ejemplares aplicados sin juicio previo. Según múltiples informes internos, Douglas justificaba sus acciones bajo una interpretación personal de la justicia, en la que todo criminal perdía automáticamente su condición de ser humano.
El punto de quiebre ocurrió durante una operación cuyo expediente permanece parcialmente sellado. En dicha misión, Douglas Maracai Bo habría actuado sin órdenes directas, enfrentándose tanto a enemigos como a aliados. El resultado fue la presunta aniquilación de una división completa de la Marina. No se hallaron supervivientes. No se hallaron testigos directos. Solo quedaron los restos del enfrentamiento y Douglas, cubierto de sangre, sin una sola herida de consideración.
Las conclusiones oficiales califican el incidente como traición a la justicia de la Marina y violación directa de los ideales del Gobierno Mundial. Desde ese momento, Douglas Maracai Bo dejó de ser un marine y pasó a ser considerado un activo extremadamente peligroso, tanto física como ideológicamente.
Advertencia importante:
El sujeto presenta una resistencia física y mental muy por encima del estándar, incluso para alguien con entrenamiento militar. Se ha observado que mantiene una actitud calmada bajo custodia, sin mostrar miedo, arrepentimiento ni hostilidad abierta. Esta conducta no debe interpretarse como sumisión. Por el contrario, los analistas consideran que Douglas actúa con plena consciencia de su entorno, evaluando constantemente a quienes lo rodean.
No se ha confirmado el uso de ninguna Akuma no Mi. Aun así, se recomienda no subestimar su capacidad de combate cuerpo a cuerpo. Los grilletes y dispositivos de restricción actuales han sido diseñados específicamente para limitar su movilidad y fuerza, pero no garantizan una neutralización total.
La decisión de transferirlo a Cipher Pol no es casual. El alto mando considera que su caso trasciende las competencias habituales de la Marina regular. Usted no ha sido informado, ni lo será, sobre el destino final del prisionero ni sobre el propósito último de su traslado.
Su deber es simple en su definición, pero crítico en su ejecución: entregar a Douglas Maracai Bo con vida.
Recuerde esto, oficial:
Douglas Maracai Bo cree firmemente que la Marina se ha corrompido, cree que él es la justicia y cree que todos los demás solo están retrasando lo inevitable, no permita que esas ideas encuentren eco en su misión.
La isla de Baterilla emergía del mar como una joya tropical discreta, rodeada por aguas cálidas y corrientes traicioneras. Desde la distancia, el primer elemento visible era el Faro de Baquella, erguido sobre un acantilado de roca clara, con su estructura blanca y su cúpula naranja brillando bajo el sol matinal. Su luz, apagada durante el día, parecía observar en silencio cada embarcación que se aproximaba, como si la isla misma evaluara a quienes osaban pisar su costa. El puerto principal del pueblo de Baquella bullía con una actividad contenida. Barcos pesqueros de madera descansaban amarrados, algunos con redes aún húmedas colgando de sus mástiles, otros siendo descargados por pescadores curtidos por el sol y la sal. El aire estaba cargado del olor a pescado fresco, madera mojada y salitre. Gaviotas sobrevolaban el muelle, disputándose restos invisibles mientras sus graznidos se mezclaban con el sonido del agua golpeando contra los pilotes. A pesar de la apariencia tranquila del pueblo, la presencia de la Marina era imposible de ignorar, soldados rasos patrullaban el muelle en parejas, con armas reglamentarias y uniformes impecables, mientras un sargento supervisaba las operaciones desde una posición elevada, observando tanto a los civiles como al mar. Más atrás, cerca del camino empedrado que conducía al interior del pueblo, se alzaba el cuartel de la Marina, una edificación sobria pero sólida, construida para resistir tanto el clima como posibles disturbios. No muy lejos del muelle, destacaba una estructura que rompía con la modestia general del pueblo, el Banco de Goldreich, un complejo de gran tamaño para una isla tan pequeña. Sus muros reforzados y su diseño funcional contrastaban con las viviendas blancas de tejados naranjas que lo rodeaban. Decenas de trabajadores entraban y salían por turnos, custodiados discretamente por personal de seguridad privada y observados, a distancia, por la Marina local. El banco era un recordatorio silencioso de que Baterilla, aunque humilde en apariencia, tenía un valor estratégico que iba más allá de la pesca. En uno de los extremos del puerto, un barco de la Marina permanecía atracado, claramente distinto a las embarcaciones civiles. Su casco limpio, su bandera ondeando con firmeza y la disciplina visible en su tripulación dejaban claro que no se trataba de una visita rutinaria. Varias cajas selladas habían sido descargadas previamente y trasladadas al cuartel, pero la atención de los oficiales no estaba puesta en la carga, sino en un único prisionero. El prisionero, custodiado por varios soldados marines, permanecía encadenado con grilletes reforzados y un dispositivo de seguridad adicional claramente diseñado para limitar sus capacidades. Su identidad no había sido anunciada públicamente, pero los rumores corrían como pólvora entre los habitantes del pueblo, algunos susurraban que se trataba de un criminal de alto valor, otros que su captura había costado demasiadas vidas como para ser un simple pirata. Lo único seguro era que su traslado no sería sencillo. La orden era clara, el prisionero debía ser entregado en el puerto secundario de la isla, al otro lado de Baterilla, donde un grupo de Cipher Pol aguardaba para hacerse cargo del traslado definitivo. Sin embargo, no existía una ruta marítima directa y segura entre ambos puntos. Las corrientes, los arrecifes y la falta de infraestructura obligaban a realizar el trayecto por tierra, atravesando la jungla que rodeaba el volcán de Baterilla. Más allá del último conjunto de casas del pueblo, el paisaje cambiaba de forma abrupta. Los caminos empedrados daban paso a senderos de tierra, flanqueados por palmeras altas y una vegetación cada vez más densa. El sonido del mar se desvanecía poco a poco, sustituido por el canto de aves tropicales, el zumbido constante de insectos y el crujir ocasional de ramas movidas por animales invisibles. La jungla parecía viva, observando cada paso que se daba en su interior. Dominando el corazón de la isla se alzaba el volcán de Baterilla, una colosal montaña de más de dos mil metros de altura. Sus laderas, cubiertas de vegetación exuberante, ocultaban antiguos ríos de lava solidificada y cavernas formadas hace siglos. Aunque oficialmente estaba catalogado como inactivo, emanaba una presencia inquietante, como un gigante dormido que jamás debía ser perturbado. En ciertos puntos del camino, el suelo se sentía cálido bajo las botas, y pequeñas columnas de vapor escapaban de grietas naturales, recordando que el volcán no estaba del todo muerto. La ruta hacia el puerto secundario no era un camino formal, sino una sucesión de senderos utilizados ocasionalmente por pescadores, exploradores y personal autorizado del banco. Puentes improvisados de madera cruzaban riachuelos ocultos bajo el follaje, y claros naturales ofrecían breves respiros antes de volver a internarse en la espesura. Era un terreno ideal para emboscadas, accidentes o encuentros inesperados. Mientras tanto, en el extremo opuesto de la isla, el puerto secundario permanecía en una tensa calma. Mucho más pequeño y menos desarrollado que el principal, consistía en un muelle de piedra y madera, con apenas unas pocas edificaciones de apoyo. Allí, varias figuras vestidas de negro aguardaban en silencio, agentes de Cipher Pol, inmóviles como estatuas, con la mirada fija en el sendero que emergía de la jungla. No hablaban, no gesticulaban, no mostraban impaciencia, su sola presencia imponía una presión invisible sobre el lugar. Todo estaba dispuesto, la escolta debía partir.
Infobox
Resumen
En este primer post no hay un resumen, lean y asuman cada una de las palabras que he narrado y actuen en post a esto, pueden narrar todos su llegada al puerto o bien narrar que por algun motivo ya estaban allí.
Información importante
Para mi es un placer poder narrarles esta aventura que podria dar continuidad a una aun mas importante de la cual Akira tiene información previa, tendran que elegir entre ustedes quien será el lider en este momento porque esa persona tiene un objetivo distinto asi como pueden leer. Diviertanse.
15-01-2026, 10:59 PM (Última modificación: 16-01-2026, 11:15 AM por Juan Sebastian.
Razón: Se me olvidó poner el inventario
)
La mañana empezó como cualquier otra, tranquila, apacible... El clima era bueno, ya olvidado el frío del invierno los rayos de sol hacían los días agradables, incluso patrullar las calles, tarea que era un suplicio frente al frío invernal, se hacía amena y llevadera. Todo apuntaba a que sería un día más en este apacible pueblo, pero cuando me dispuse a salir de mi habitación me crucé con uno de los superiores que me llevó al despacho —¿Qué he hecho ahora? Esta vez soy inocente, estoy seguro, una fregona rota, o dos... O tres... No son motivo para llevarme al despacho— Afortunadamente no fue nada grave, se limitaron a decirme "Tus órdenes" Y me dieron dos papeles antes de ordenar que me retirase pero, antes de salir me avisaron con un "Eres el líder durante la misión, no quiero fallos" —¿Líder yo?— Pensé antes de salir ¿Por qué me nombrarían líder a mi? Akira, Enji o Sigrid eran más responsables que yo... —Espera ¿Soy el menos responsable de la división?— Musité, igual era una buena oportunidad para demostrar que estaba capacitado para hacer las cosas bien.
Por lo visto mis compañeros ya estaban informados y debían estar esperando a la salida del cuartel, no me había molestado en leer las órdenes, ya lo haría cuando estuviésemos todos juntos, así no tendría que leerlo dos veces. Fui el último en llegar al punto de encuentro, para variar, —¡Buenos días a todos chicos! Tengo las órdenes— Dije mientras zarandeaba las hojas de papel de un lado a otro, y al juntarme con ellos puse mis brazos en posición de jarra y saque pecho —por lo visto he sido asignado líder para la misión—. Empezamos a andar mientras hablábamos de la misión por el camino.
La primera nota eran detalles generales sobre la misión —Custodia de un prisionero... Nunca he hecho algo como esto ¿Vosotros? Bueno, no parece algo complicado— Estaba bastante confiado en nuestras capacidades para sacar adelante esta misión, Baterilla actualmente era una isla tranquila, y nosotros destacábamos entre el resto de miembros del cuartel, éramos lo mejor de lo mejor... más o menos. —Por cierto, me han dado esto también— Y empecé a leer la segunda nota que me habían dado para que todos mis compañeros pudiesen escucharla, éramos un equipo después de todo —Archivo confidencial... Uso restringido... Usted es el responsable... Douglas Marcai Bo, Jajajajaj que nombre tan raro... Actividades extremistas... Extremadamente peligroso... Cree que él es la justicia...— Leí completamente la carta de modo que solo mis compañeros lo escucharan, después de todo eran asuntos de la Marina. Me detuve un instante en nuestra marcha hacia el puerto, al igual que mis compañeros —Espera un momento... ¿Cómo que "Archivo confidencial"? ¡La cagueeee!— Me puse de cuclillas mientras me agarraba la cabeza, ya podía sentir los golpes del sargento sobre mi cabeza si se enterase. Después del pequeño desliz me reincorporé, me limpié el polvo de lar rodillas con elegancia y tosí levemente para hacer ver la seriedad del asunto —*Cough* *Cough* Caballeros... Enji... Ustedes no han oído nada— Mi vida ahora dependía de la capacidad de mis compañeros para no contar que yo conté lo que no se podía contar.
Finalmente llegamos al puerto, donde un impoluto barco de la Marina esperaba a nuestra llegada —Ojalá tener uno así... Akira ¿Cuánto crees que costará?— Nos colocamos frente a la rampa de bajada del barco a la espera de que el prisionero bajase para poder comenzar con la operación de traslado, nada podía salir mal.
—Hablo— —Pienso—
resumen
Soy asignado líder para la misión y recibo las órdenes que leo por accidente frente a mis compañeros, tras esto llegamos al puerto para recoger al prisionero
inventario
Tsukamizaki
Creaciones propias
1
Especificaciones
Requisitos: 7 Fuerza
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 Fuerza
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 9999999
Descripción: Guantes de Juan Sebastián. Forjados principalmente en hierro, el guante izquierdo adopta la forma de gruesas garras, mientras que el derecho se adapta a la estructura de una pinza robusta. Ambos han sido diseñados para integrarse con naturalidad a sus extremidades, reforzando su estilo de combate y su peculiar anatomía.
tsukamizaki001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Brújula
Navegación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 2000
Descripción: Instrumento de navegación que se usa a bordo para determinar los puntos cardinales y poder ubicarse. Solamente funciona en los Blues.
En el ocaso del día previo al traslado, bajo la trémula luz de una vela a medio consumir, Enji vio pasar la última página del libro, lo cerró, apoyó los codos en el escritorio y dejó salir un pesado suspiro. Estaba hecho. “El abc de las toxinas” yacía frente a él, físico, y ahora también como información fresca en su cabeza. El último mes lo había dedicado a estudiar aquel libro, un texto tan antiguo como fundamental para entender las bases de la toxicología y la función que cumplen las sustancias nocivas del mundo animal y vegetal, así como los efectos que causan en el cuerpo humano. Una tarea que el médico de la base encomendó a Enji tras informarle de las peculiaridades de su fruta del diablo.
Enji, por supuesto, se negó.
—Huh, demasiadas palabras. Me duele el cerebro —masculló—. Y el culo. ¿Es que no hay un puto almohadón en toda esta base de mierda?
El aire que entraba por la ventana hacía bailar la pequeña flama anaranjada. Ford saltó sobre el escritorio. El gato estaba creciendo. La última vez que probaron, ya no entraba en el bolsillo de su chaleco ni debajo de su gorra. Estaba gordo, decía Enji, y pronto arrastraría la panza por el suelo al caminar.
Ford maulló y se sentó sobre la tapa de “El abc de las toxinas”. Demandaba atención. El último mes había luchado constantemente contra el libro para tenerla y ahora, triunfal, se sentaba sobre el cadáver de un enemigo derrotado.
Enji apoyó la mejilla en su mano izquierda y usó la derecha para acariciarle la cabeza.
—¿Por qué no pude tener la fruta del golpe? Y solo… pegarle a los imbéciles. Eso es bastante más sencillo. Además, se me da bien.
Se echó atrás en su silla y el gato saltó a su regazo, dió una vuelta siguiendo su propia cola y después se acomodó. Enji lo acarició entre las orejas y lo escuchó ronronear.
—Mañana temprano iremos a la biblioteca. Tengo que conseguir otro de estos…
Ford levantó las orejas. Otra guerra empezaba.
A la mañana siguiente, Enji se levantó temprano, se calzó el chaleco, las botas y salió de su habitación. A los pocos minutos tuvo que regresar para ponerse los pantalones. «Con razón sentía tan fresquitas las bolas», pensó mientras volvía a salir del cuarto. ¡Menudo despiste! Pegó varios saltos en una pierna mientras se terminaba de subir el pantalón, ajustó el cinturón a su abdomen, se acomodó bien el chaleco y se echó el cabello hacia atrás.
—¡Pórtate bien, Ford! —exclamó bajo el marco de la puerta y un maullido lejano contestó—. Y aléjate de las gatas de mala familia. ¡Solo quieren sacarte crías! Así son todas…
Saltó a la calle y le cegó el primer rayo del sol. Obligado a hacerse visera con una mano, extrañó el invierno, perdido hacía exactamente un mes atrás. Las cálidas temperaturas primaverales junto a su natural humedad eran una tortura. La transpiración se pegaba a la ropa y la ropa a la piel. Un asco. Aguantar con el uniforme puesto se convertía en una tarea titánica, un sinsentido, y todo… ¿Para qué? ¿Una palmada en la espalda del sargento? Lamentablemente, ese parecía ser su único camino hacia el ascenso. Cosa que se negaba en rotundo a aceptar.
Primero muerto que lame botas.
Al punto de encuentro llegó a la hora indicada después de hacer una pequeña pausa en la biblioteca local. Prueba de ello el pequeño libro de bolsillo que traía abierto en una mano.
—¿Qué pasa, my people? ¿Me extrañaron mucho? —Para variar, el chaleco había desaparecido. Enji se acercó con el torso desnudo a saludar, primero a Akira—. Rubiales —le dió una palmada en la espalda, bastante dura. Después miró a Sigridd y le guiñó un ojo—. Baby.
Después se frenó, puso los brazos en jarra y echó un vistazo al derredor. Faltaba uno.
—¡Eh, Juancho!
Vio llegar al gyojin de la división, el enorme y poderoso Pinza Roja —Juancho, para los amigos—, y se sacó el guante de la mano derecha para, al tenerlo a tiro, darle un fuerte puñetazo en el hombro. Un golpe seco que hizo eco en los alrededores por lo bruto de su impacto, pero que a Juan, con su dura coraza, no le significaba nada más que una caricia. Enji, después de varios entrenamientos que habían compartido en los últimos meses, lo sabía: se necesitaba mucho más para mellar esa coraza.
Después de terminado su saludo, se colocó el guante.
—¿Desde cuándo te dan las órdenes a tí? —replicó mientras el grupo se ponía en marcha—. ¿Ah? ¿Líder? ¡Shihahaha! Es un chiste, ¿no? —echó un vistazo al resto en busca de complicidad y luego se acercó a Juan. Mucho. Prácticamente escaló su brazo para mirarlo fijo a los ojos—. ¿Verdad que es un chiste?
Los parámetros de la misión tenían mucho de misterioso pero nada de complicado. Un traslado terrestre desde el puerto principal hasta el puerto secundario al otro lado de la isla. Lo único que complejizaba el encargo parecía ser la jungla y su entorno salvaje. Por lo demás, pensó Enji, debía ir sobre ruedas.
Lo que siguió, sin embargo, arrojó un poco más de luz sobre el asunto. Escucharon la parte confidencial, una que, en teoría, solo debía escuchar el líder de la división. Demasiado tarde se percataron de ese detalle.
—¡Shihahaha! Claro, Juancho, aquí nadie escuchó nada. ¡Shihaha! —Estalló de risa. Una carcajada estruendosa, típica para cualquiera que compartiera diez minutos al día con el marine.
El despiste de su compañero les había revelado datos, como mínimo, relevantes para el contexto de la misión. Ahora su interés por el preso que escoltarían era otro, pues estaban delante de un rebelde que se había limpiado a una división entera sin despeinarse. Ese tipo de poder y rango era a lo que Enji aspiraba. Por supuesto, obviando la parte de ser capturado y esposado.
Llegados al puerto, Enji se paró lo más cerca posible de la orilla y miró el enorme navío.
—Un ojo de la cara, eso es lo que sale… —mencionó sobre el comentario de su compañero y después se puso a mirar de un lado a otro con una ceja alzada. Buscaba algo—. Eh, ¿alguno vio dónde dejé mis pantalones?
Off
resumen
Se narra como Enji termina de leer, la noche anterior a la misión, un libro sobre venenos que le fue encomendado por uno de los médicos del cuartel.
Enji llega unos minutos antes que Juan a la zona de encuentro y desde allí parten hacia el puerto. No se puede creer que Juan vaya a ser el líder y se ríe de su despiste al leer en voz alta la parte confidencial del comunicado.
Posicionamiento
Lo narrado. Dejo la cosa un poco ambigua para no condicionar a mis compañeros. La única aclaración es que Enji se encuentra al borde del muelle, mirando la embarcación.
Atributos Personaje
Estadísticas de Enji:
100 FUE
100 RES
30 DES
30 PRE
130 AGI
76 REF
36 INT
83 VOL
0 CH
180 CA
Vitalidad: 794 / 1784
Energía: 842 / 2037
Espirítu: 249 / 249
Nivel: 10
Inventario
Járngreipr
Creaciones propias
4
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE
Resistencia: 2000
Daño: 80
Escalado: 0,4 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 999999999
Descripción: Dos guantes que cubren desde el antebrazo hasta la mitad de la primera falange de los dedos. Fueron fabricados en goma y caucho para ser flexibles y ligeras, con incrustaciones de acero que otorgan protección, además de un agregado en la dureza de los golpes.
jarngreipr001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Brújula
Navegación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 2000
Descripción: Instrumento de navegación que se usa a bordo para determinar los puntos cardinales y poder ubicarse. Solamente funciona en los Blues.
brujula001
bélico
Golpea a Juan con un Golpe Blanco en el brazo a modo de saludo, nada más verlo.
El daño de mi golpe blanco es igual a mi fuerza ( 100 ), dado que no uso el guante. No hay mayores bonos que se apliquen.
La resistencia de Juan es de 106, así que resiste pasivamente 100 puntos de daño.
17-01-2026, 02:58 AM (Última modificación: 17-01-2026, 03:06 AM por Akira Raito.)
Los planos que tenía Akira eran más ¿simples de lo que pensaba? Si no hablábamos de edificios claro, y su primer trabajo individual con la madera había sido nada más y nada menos que el de reconstruir un puente. Los primeros días fueron más de enseñarle las propiedades de los materiales y cómo tratarlos con las herramientas. Los siguientes ya fueron los pesados, cargando tablas de un lado a otro y peleándose con los clavos… La vida marine, la vida mejor, ¿o era la vida pirata?
Aquel destrozo que hizo su amigo Juanito en el bar fue lo que hizo que los oficiales se fijaran en el rubio por bocazas, más que en su compañero de color rojo intenso y tres metros de alto, ¿tenía sentido? Ninguno, pero fue a él al que le adjudicaron el peor de los trabajos en la reconstrucción de aquel antro que olía a tabaco y tenía las paredes pegajosas llenas de mierda: estudiarse los planos.
Akira no era arquitecto ni pretendía serlo por el momento, pero las sabias palabras del superior encargado de explicarle aquellos trazos en el papel le hicieron adoptar una actitud más positiva ante el asunto—. Tú eres navegante, ¿no? Quién mejor que tu para tratar la madera de los barcos, tss —aquel reproche, sin duda, fue más que suficiente.
Estaba de vuelta al cuartel, con un lápiz en la oreja como buen albañil de obra, y un casco que le apretaba la cabeza de más debido a la gran densidad de pelo que tenía. Le faltaba la barriga cervecera, rascarse el ombligo y lanzarle un “guapa” a la primera mujer que se cruzara.
Por los pasillos le llegó el aviso de que tenía que reunirse con su división, que estaban a punto de realizar una de sus primeras misiones como grupo y que iban a estar en el punto de mira—. Prueba directa de la capacidad operativa… Interesante —leyó en la notificación oficial firmada por el teniente Gengar.
La misión se le hacía familiar, como si en una vida pasada hubiera tenido que hacer algo similar—. Traslado de un prisionero por vía terrestre… Espero que no vuelva a aparecer un chimpancé —se rio solo por un momento—. ¿Un chimpancé? ¿Por qué habré pensado eso? —el extraño pensamiento que se le cruzó al joven marine le hizo adoptar un rostro dubitativo al tiempo que se reunía con el resto de sus compañeros, pero sin darle mucha importancia, se ciñó al comunicado del teniente. Tenían un objetivo y debían alcanzarlo de manera exitosa.
—Hola chicos, ¿ya leísteis la notificación de la misión? Parece que va a ser divertido, un paseo con amigos dando una vuelta por la isla, ¿no? Si sacamos tiempo os enseño a hacer surf —saludó alegremente a Sigrid y a Juan.
—¿Cómo estamos? —respondió a Enji después de que le diera una palmada en la espalda, no le hizo mucha gracia que le llamara “Rubiales”, pero por esta vez se lo dejaría pasar. Solo Akira podía llamarse a sí mismo rubio… Su pelo era claramente de color dorado.
—¿Líder? ¡Toma ya Juan, eso es genial! ¿Significa que si rompemos cosas y le damos palizas a la gente nos ven con más respeto y autoridad? —le vaciló al crustáceo mientras hacía un gesto relajado, colocando las palmas hacia arriba a ambos lados del cuerpo y elevando ligeramente los hombros con un suspiro—. ¡Lo vas a hacer genial compañero, ya verás! —le animó justo antes de que leyera en voz alta, algo que claramente no debía haber leído en voz alta—. Tío Juan, la primera en la frente… —le pego una ligera patada con el lateral del pie en la espinilla, sin fuerza, pero a modo de toque de atención, como quien te da una palmada en el brazo o en la espalda.
—Bueno, dentro de lo malo, somos un equipo, mejor así… Nos evitamos sorpresas… —miró al resto de sus compañeros, a Enji, que cada vez tenía menos ropa, y a Sigrid, subiéndose a una caja de madera para que realmente se diera cuenta de que de verdad le estaba mirando a los ojos—. ¿No? —buscaba la aprobación los demás integrantes de la prometedora y gloriosa división 93. Esperaba de corazón que pudieran confiar los unos en los otros y no delatar a Juan—. Espera… ¿Será que es una prueba para que nos demostremos lealtad y confianza entre nosotros? —miró al cielo por un momento, la teoría tenía sentido, así que sonrió de nuevo. Pero mantuvo callado ese pensamiento, quería comprobar si había sido acertado.
Una vez en el puerto, un enorme barco con refuerzos metálicos y un casco pintado de color blanco y azul, como la bandera que representaban, la bandera de la gaviota con una llave inglesa, o al menos, eso creía Akira que llevaba el pájaro en la boca. Nunca entendió por qué, pero tampoco le importaba demasiado—. Pff, muchos berries… Vale muchos berries… Más que un ojo, un riñón —respondió a su amigo contemplando también la inmensidad del buque.
Pocos segundos después, un escuadrón de marines bien formados dejó entrever al prisionero del que se debían de hacer cargo. Marines con cara entre preocupación, asco y sorpresa, y es que, de nuevo, el sargento pervertido volvía a estar en calzoncillos. Y antes de que Sigrid se le adelantara, Akira le dio una colleja en el cogote con la palma de la mano—. Compórtate y guárdate las bolas tío, que hay niños delante —si tenía tanto calor podía esperarse a que diéramos el rodeo al volcán, pero habiendo niños en la plaza del puerto, que se fuera quedando en pelotas dejaba en muy mala posición a la Marina, y más aun teniendo en cuenta que era “sargento”.
Info.
Resumen
Akira recibe la notificación y se reúne con sus compañeros, esperando en el puerto a que les pasen el relevo del traslado del prisionero. El resto es conversación entre amigos.
Posicionamiento
Al borde del muelle, a la izquierda de Enji, le acaba de dar una colleja.
Karmas
Positivos:
• Belleza
Negativos:
• Honesto
• Charlatán
• Oloroso
• Valor sentimental
Inventario
Pendientes Solaris
Creaciones propias
1
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: 500
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 999999999
Descripción: Son unos pendientes que se conforman a partir de unas esferas lisas y brillantes de color dorado, que cuelgan de un gancho con broche metálico. La superficie pulida de las esferas atrapa la luz, dándoles una apariencia luminosa.
[Karma: Valor Sentimental]
solaris001
Guantes
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en los nudillos de las manos para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
guantes001
Punteras
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en las piernas para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
punteras001
Off
Me encanta que vuelvas a ser mi narrador Tensui, me voy a encargar de convencer a mi división de darle continuidad a la aventura porque merece muchísimo la pena, veremos hacia que lado acabamos virando. Todo puede sorprender, ¡¡vamos con todo!!
Aparentemente iba a ser un día normal tanto para Sigrid como para el recién conformado equipo de la División 93, uno de esos días que comienzan con entrenamiento, sudor y alguna que otra orden gritaba desde la distancia, pero la rutina duró poco. Apenas había terminado de organizarse cuando se le indicó que tenían una misión asignada, directa y sin rodeos, debían presentarse en el puerto de Baquella para escoltar a un prisionero hasta el otro puerto de la isla. Nada de transporte marítimo, nada de atajos cómodos, el traslado se haría por tierra, caminando y atravesando la isla de lado a lado. Para muchos aquello sonaría como una molestia innecesaria, una tarea pesada para un primer despliegue, pero Sigrid no pudo evitar sonreír al escuchar los detalles.
Era simple, claro y directo, proteger, vigilar y llegar al destino. Exactamente el tipo de misión que ponía a prueba el carácter más que la teoría, y si algo tenía de sobra la vikinga buccaner era resistencia, fuerza y una voluntad inquebrantable. Ajustó el uniforme, apoyó la alabarda sobre el hombro y lanzó una mirada animada a sus compañeros, como si aquel encargo no fuera poca cosa, sino la oportunidad perfecta para empezar a demostrar de qué estaba hecha la División 93 paso a paso, a través de toda la isla.
El último en llegar al puerto fue Juan, el mismo que había sido asignado como líder de la misión, y su sola presencia bastó para que la atmósfera cambiara un poco. Tras los saludos formales y las indicaciones iniciales, sacó una segunda carta que solo él portaba y comenzó a leerla con atención, apartándose ligeramente del grupo. Sigrid, que hasta ese momento se mantenía animada, con la alabarda apoyada en el hombro y la sonrisa intacta, no tardó en notar el cambio en su expresión; bastaron unos segundos para que aquella alegría natural se le congelara en el rostro y diera paso a una preocupación genuina. No necesitaba escuchar el contenido para entender que aquello no era información común, sino datos confidenciales sobre el prisionero, detalles que solo el líder debía conocer y que, por protocolo, no podían compartirse con el resto del equipo.
—¡No, no, no, Juaaaan!— soltó Sigrid de golpe, llevándose ambas manos a la cabeza con un gesto tan exagerado como genuino —¿¡Por qué la lees si dice claramente que no lo hagas!?— La incomodidad le cayó encima como un cubo de agua helada, borrándole cualquier resto de entusiasmo en cuestión de segundos. No tenía ni la menor idea de qué tipo de castigo o reprimenda podía caerles si alguien se enteraba de que aquella información confidencial había sido leída en voz alta, y peor aún, de que ahora no solo Juan, sino potencialmente todos los miembros de la División 93, estaban involucrados indirectamente.
Su cuerpo grande se tensó de inmediato, los hombros rígidos y la sonrisa completamente ausente, sustituida por una mueca de auténtica preocupación. No era miedo por ella sola, eso lo soportaría sin problemas, sino el peso de haber empezado una misión con un error que no dependía de la fuerza ni del valor, sino de algo mucho más delicado. La verdadera Marina, recordó de golpe, y por primera vez desde que recibió el comunicado, Sigrid sintió que la justicia también podía doler incluso antes de dar el primer paso.
—Hagamos esto bien, chicos—dijo Sigrid tras tomar una bocanada de aire, recuperando poco a poco la compostura, aunque la tensión aún se le notaba en los hombros —No quiero que se nos escape alguien así— añadió con una seriedad poco habitual en ella, mirando a cada uno de los miembros de la División 93 como si estuviera sellando un pacto silencioso. No levantó la voz ni sonrió esta vez, sus palabras no eran una amenaza ni una fanfarronada, sino una declaración honesta de responsabilidad. Si aquel prisionero era tan importante como indicaba la carta, entonces no bastaría con fuerza ni con entusiasmo, haría falta vigilancia, disciplina y confiar los unos en los otros desde ese mismo instante.
Frente a la División 93 se había desplegado un pelotón de soldados de la Marina, formados en disciplina cerrada sobre el muelle. Aquellos hombres eran los responsables de haber escoltado al prisionero desde el buque militar hasta tierra firme, manteniéndolo bajo estricta vigilancia durante todo el desembarco. En el centro del cordón, encadenado y rodeado por marines armados, se encontraba el detenido, con los grilletes reforzados reluciendo bajo la luz del día. La tensión era palpable: cada soldado mantenía la mano cerca de su arma, atento a cualquier movimiento inesperado. A partir de ese punto, la custodia del prisionero pasaría oficialmente a la División 93, unidad que, bajo el mando de Juan Sebastián, tenía la orden expresa de escoltarlo y protegerlo a toda costa durante el peligroso traslado terrestre a través de la isla, hasta el puerto secundario donde se efectuaría la entrega final. La tensión podía sentirse en el ambiente como una presión constante. A los marines del buque nunca se les informó el motivo exacto por el cual el prisionero era considerado tan peligroso; las órdenes recibidas habían sido simples, secas y sin espacio para preguntas. Vigilancia permanente, veinticuatro horas al día, durante todo el trayecto. Ninguna conversación innecesaria, ninguna relajación en la guardia. Según el reporte entregado a la tripulación del buque, el hombre era clasificado como altamente peligroso, una etiqueta suficiente para justificar el despliegue inusual de recursos y la rigidez extrema del protocolo. Aquella falta de información solo había alimentado la inquietud entre los soldados: miradas furtivas, mandíbulas tensas y silencios prolongados acompañaban cada paso del prisionero desde la cubierta hasta el muelle. Nadie quería ser el marine que bajara la guardia, ni siquiera por un segundo. Ahí estaban, la División 93 y el grupo de marines del buque, frente a frente sobre el muelle, separados apenas por unos cuantos metros de madera gastada y salpicada de sal. Entre ambos cordones, inmóvil y encadenado, se encontraba el prisionero, un hombre del que, en apariencia, nadie sabía nada más allá de la etiqueta que lo precedía. —Soy el soldado Karaunt Gloom —anunció uno de los marines, dando un paso al frente —Fui el líder del equipo de vigilancia del prisionero durante el trayecto. — Su voz era firme, aunque el cansancio se filtraba en el tono. Sin ceremonias ni formalidades adicionales, continuó. —En este momento transfiero la custodia completa del prisionero, clasificado como altamente peligroso, a la División 93, con efecto inmediato. —No hubo firmas, no hubo sellos, no hubo discursos, solo el sonido metálico de las cadenas al tensarse levemente y el intercambio de miradas entre marines que comprendían demasiado bien lo que significaba aquella entrega. De un grupo de la Marina a otro, el prisionero cambiaba de manos como un objeto incómodo, uno que nadie quería conservar más tiempo del necesario. Desde ese instante, toda la responsabilidad recaía sobre la División 93. El prisionero parecía estar completamente ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor. Nada alteraba su semblante tranquilo, casi pacífico, como si el ir y venir de marines, las armas preparadas y las órdenes secas no tuvieran ninguna importancia para él. Se dejaba mover de un lugar a otro como un objeto, sin mostrar molestia, temor ni impaciencia alguna. Esa actitud resultaba inquietante, incluso podía sembrar la duda de si un hombre así era realmente un criminal altamente peligroso. Durante todo el trayecto no había causado problemas, no intentó escapar, no provocó, no mostró signos de agresividad. Ahora, al descender del buque, la escena se repetía, pasos firmes, movimientos medidos y una cooperación absoluta con quienes lo custodiaban. No había pronunciado una sola palabra desde su captura, no había opuesto ningún tipo de resistencia y, sin embargo, aquel silencio no transmitía sumisión, sino una calma demasiado controlada, como si el prisionero no estuviera siendo trasladado, sino simplemente esperando.
Infobox
Resumen
Oficialmente el prisionero les fue entregado a ustedes, por lo que lo que sea que pase de ahora en adelante es problema suyo, todos los del buque ignoran la forma en la que se desviste Enji pues ya habían leído sus expedientes con anticipación y no les sorprende en absoluto, aunque hayan entregado al prisionero no dan la vuelta y siguen mirándolo mientras ustedes se alejan.
Indicaciones
De aquí en adelante deben comenzar a rolear como se alejan del puerto y se integran en el bosque por donde llevaran al prisionero. Recuerden no deben hacerle ni un solo rasguño al hombre, lo dice la carta, no yo.
Una vez los cuatro miembros de la división nos colocamos para recibir al prisionero uno de los marines del barco bajó con el susodicho. El pobre hombre se veía fatigado, no era de extrañar, a saber la cantidad de días que llevarían en alta mar, haciendo guardias para vigilar al prisionero, debía ser algo agotador. Como líder provisional de la división durante la operación, me presenté formalmente una vez Karaunt Gloom terminó de hacer lo propio —Juan Sebastián— Intentaba mantener una actitud seria y una postura recta en todo momento, algo que realmente no iba conmigo, pero ya la había cagado lo suficiente por ahora.
El soldado Karaunt me entregó al prisionero de forma oficial, yo agarré la cadena que lo mantenía preso con mi pinza y seguidamente le entregué la cadena a Enji, que, a falta de pantalones, siempre podía "calmarlo" con su veneno (Veneno que, por experiencia, sabía lo doloroso que podría llegar a resultar) —Si da problemas... Ya sabes—. El tipo era tranquilo, una tranquilidad que parecería sospechosa de no ser por el tiempo que suponía que llevaba encerrado, con la comida limitada y notablemente magullado me parecía normal su actitud, nadie puede dar guerra durante mucho tiempo después de todo. —Esperemos tener un traslado agradable ¿Verdad amigo?— Dije mientras miraba al hombre en custodia. Tras una pregunta que no esperaba respuesta me dirigí a mis compañeros —Bueno muchachos, ¡Andando! ¡De prisa!— Hablé como un comandante al que se le ha subido a la cabeza su rango, pero mi expresión guasona daba a entender a mis camaradas que solo les estaba tomando el pelo.
Ya con el prisionero en nuestras manos, nos pusimos en marcha por la ruta planificada —Nunca entenderé a los agentes del Cipher Pol ¿Qué necesidad tienen de atracar en la parte trasera de la isla? Siempre con secretismos y esas cosas... ¡Un agente de la justicia tiene que actuar de frente, con orgullo!— Inflaba el pecho mientras hablaba y movía los hombros exageradamente de lado a lado, acompañando el ritmo con el que caminábamos. El camino no era corto, entendía perfectamente la necesidad de bordear la ciudad para evitar altercados que involucrasen a los civiles, pero cruzar la selva teniendo que escoltar a alguien no debía ser sencillo.
Una vez frente a la selva, nos detuvimos un segundo que aproveché para colocarme mis nuevos guantes —¿Molan eee? Marca Juan Sebastián— Dije con orgullo, me habían quedado muy bien y estaba ilusionado ante la idea de poder lucirlos por fin. Una vez asegurado todo el equipo expliqué la formación que había pensado por el camino —Una vez en la selva perderemos visibilidad, por lo que debemos estar más alerta. Había pensado en usar una formación para el trayecto, Enji en el centro controlando al prisionero, los otros tres formaríamos un triángulo a su alrededor, por la parte trasera Sigrid y Akira para proporcionar apoyo de ser necesario y tener un ojo en la retaguardia, y yo delante asegurándome de recibir cualquier posible trampa que nos pongan en la vanguardia. No debería de ser necesario, pero mejor prevenir ¿Os parece bien?— El haber improvisado contra Diosdado nos había dado problemas a Akira y a mi, así que quería asegurarme de tener una buena planificación antes de entrar en una zona complicada. Una vez todos estuvimos de acuerdo nos adentramos en la selva.
OFF
Resumen
Recogemos al prisionero y nos ponemos rumbo a la selva. Antes de entrar me coloco mis guantes y sugiero una formación por lo que pueda pasar
inventario
Tsukamizaki
Creaciones propias
1
Especificaciones
Requisitos: 7 Fuerza
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 Fuerza
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 9999999
Descripción: Guantes de Juan Sebastián. Forjados principalmente en hierro, el guante izquierdo adopta la forma de gruesas garras, mientras que el derecho se adapta a la estructura de una pinza robusta. Ambos han sido diseñados para integrarse con naturalidad a sus extremidades, reforzando su estilo de combate y su peculiar anatomía.
tsukamizaki001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Brújula
Navegación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 2000
Descripción: Instrumento de navegación que se usa a bordo para determinar los puntos cardinales y poder ubicarse. Solamente funciona en los Blues.
brujula001
Estadísticas
Atributos Personaje
Estadísticas de Juan Sebastián :
93 FUE
106 RES
29 DES
83 PRE
98 AGI
87 REF
35 INT
103 VOL
0 CH
64 CA
—Eh, mucho “Enji, deja de estar en pelotas”, “Que hay niños, Enji”, pero ninguno tiene idea de dónde quedaron mis pantalones, ¿no? Así cualquiera se queja.
Después de rodar los ojos de manera larga y exagerada, Enji se paró firme, manos en la cadera y brazos en jarra, frente al navío. La brisa salada del mar removía sus largos mechones, resecos y dañados por el excesivo uso de química para mantener ese tono blanco nieve.
La información revelada por Juan dió un condimento extra al encargo. Un ex marine, rebelde y poderoso, de quién se hablaba con temor. Todas las precauciones parecían ser pocas cuando vio el buque atracado y las ordenadas filas de marines haciendo pasillo para la llegada del susodicho. La estrella del momento.
Douglas.
Enji se guardó las manos bajo el elástico de sus boxers a falta de bolsillos reales.
—No se nos va a escapar. Míralo, está atado de pierna a cabeza —dijo, y, aunque sonó convencido, algo en su interior dudó.
Había una sensación en el aire, un miedo y un cansancio que salpicaba las miradas de la tripulación a la que tomaban el relevo. Sin saber nada del preso, se habían esmerado en mantener todas las condiciones de seguridad. Estaban desgastados por la responsabilidad y, aún así, ninguno pareció aliviado de soltar esa carga. Quizá porque sabían que la estaban entregando a alguien más y no arrojándola al mar. Desligados de su existencia, pero desdichadamente conscientes de ella.
Enji no dudaba de su capacidad de mantenerlo esposado. Estaba peligrosamente seguro de que no sería tan fácil.
Después de realizada la ceremonia de entrega, Juan se acercó para entregarle las cadenas que sostenían al prisionero y Enji las asió con fuerza.
—¿Qué? ¿Me viste cara de buen carcelero, Juancho? —Se encogió de hombros. No le intimidaba la responsabilidad—. ¡Nos vimos, boys! Vuelvan a casa por la sombra.
Un firme tirón de las tiendas pondría al prisionero de pie. Enji lo miró.
—Vamos, cabeza de puerro. Tenemos un laaargo trecho por delante y no se me da bien cargar bebés —advirtió mientras la procesión empezaba.
Los acribillaron a miradas en el pueblo. Normal, pensó, al darse cuenta de que quien llevaba al hombre encadenado era el hombre en ropa interior. Madres cubrían los ojos de sus hijos cuando el grupo se acercaba. Se llevó de gratis alguna mirada de asco, pero otras muchas de respeto. El colmo, claro, pero llevaba ya varios meses en la isla. La gente empezaba a conocerlo, para bien y para mal.
Enji escupió al suelo cuando se mencionó a la Cipher Pol mientras se rascaba el cuello con la mano libre.
—Fuck los CP, son solo un montón de cobardes caprichosos —dijo, con marcado asco impreso en sus palabras—. Oi, baby, ¿estás más tranquila? Esto está siendo pan comido.
Y siguió siendo así hasta que llegaron a la selva. Se detuvieron frente a ella, conscientes, los cuatro, de que a partir de allí empezaba otro camino. Otro episodio dentro de la misión, dónde cualquier cosa podía pasar.
—Nada mal, Juancho. Tendré que pedirte un día que le des una revisada a mis guantes —comentó mientras se colocaban en posición—. Mantengan una buena distancia, unos cinco metros. Quiero tener espacio si necesito reaccionar, y si nos cae una bomba, se la comerá uno solo. Lo siento por quien le toque —dijo, obviando la idea de que probablemente fuera él por llevar al prisionero al lado—. ¡Siganme los…! Ah, carajo, me mordí la lengua.
Off
resumen
Enji recibe al prisionero de mano de Juan y lo lleva consigo de camino a la selva, junto al grupo. En todo momento sostiene la cadena con una mano. Cuando llegan a la entrada del bosque, asume la formación recomendada por Juan mientras mantiene al prisionero a su derecha.
Posicionamiento
Enji se posiciona en el centro de la formación triangular y recomienda a sus compañeros mantener una distancia de cinco metros respecto a él.
Atributos Personaje
Estadísticas de Enji:
100 FUE
100 RES
30 DES
30 PRE
130 AGI
76 REF
36 INT
83 VOL
0 CH
180 CA
Vitalidad: 794 / 1784
Energía: 842 / 2037
Espirítu: 249 / 249
Nivel: 10
Inventario
Járngreipr
Creaciones propias
4
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE
Resistencia: 2000
Daño: 80
Escalado: 0,4 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 999999999
Descripción: Dos guantes que cubren desde el antebrazo hasta la mitad de la primera falange de los dedos. Fueron fabricados en goma y caucho para ser flexibles y ligeras, con incrustaciones de acero que otorgan protección, además de un agregado en la dureza de los golpes.
jarngreipr001
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Brújula
Navegación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 2000
Descripción: Instrumento de navegación que se usa a bordo para determinar los puntos cardinales y poder ubicarse. Solamente funciona en los Blues.
El grupo de marines “experimentados”, o al menos más experimentados que la reciente división 93, formaban un cordón de seguridad alrededor de aquel hombre delgaducho. Según la carta, alguien peligroso, según su apariencia, alguien con mucha hambre y pocas ganas de vivir. Akira se mantuvo sereno, ni siquiera tensó sus músculos al verlo bajar a pesar de que aquellos compañeros armados les costaba hasta tragar saliva. Le tenían miedo, y no se molestaban ni siquiera en ocultarlo—. ¿Qué habrá hecho que les genera tanta ansiedad? —pensó mientras miraba más al escuadrón que les pasaba el relevo de aquel tipo que al propio detenido. Aunque una cosa tenía clara, las apariencias engañan, y esa actitud calmada y alejada de querer montar un alboroto, podía transformarse en cuestión de segundos. No iban a darles sino esa advertencia por nada.
Observó como Juan le entregaba a Enji las cadenas que ataban Douglas Maracai Bo, y por intentar romper un poco el hielo le habló de manera directa. No esperaba que le contestara, ya que no había intercambiado una sola palabra desde que le habían podido diferenciar en el buque—. Curiosa melena amigo, aunque tienes las greñas peor cuidadas que Enji, pero te crece el pelo en picos como a mí… Igual algún día me lo dejo largo, no queda nada mal, aunque bien limpito y cuidado mucho mejor —si le mediaba palabra y les dejaba escuchar su voz sería todo un logro, aunque estaba casi seguro al 100% que aquello no iba a pasar.
—¡Juan, yo también quiero que mejores mis guantes! Encima te encajan en la pinza, que locura, ¿cuánto te ha llevado hacerlos? Bien callado te lo tenías eh… Querías sorprendernos —respondió con orgullo a su amigo, sin duda se había convertido en un pilar fundamental, tener a alguien capaz de mejorar sus atuendos o armas para hacerles más resistentes o ganar daño en combate podía marcar la diferencia.
Una vez en marcha en dirección a la selva, ya con una estrategia y una formación que seguramente les duraría entre cero y nada, se adentraron en la naturaleza con Juan encabezando la marcha, Enji en el centro, llevando al prisionero como si estuviera paseando al perro, y en la retaguardia, Akira compartía espacio con Sigrid. Era una formación en triángulo perfecto, pero Akira siendo de la isla y conociéndose la selva mejor que ninguno de sus otros tres compañeros sentía que podía aportar mucho más.
—Oye Sigrid, yo creo que si me subes a hombros podemos tener una visión más periférica —le propuso a su compañera con una sonrisa mientras se frotaba las manos, o mejor dicho, los guantes. Era alta, muy alta en comparación con Akira, y el rubio sabía dónde mirar. Los distintos caminos salvajes que él mismo había inventado para atajar a las playas más remotas de la isla, playas vírgenes sin gente, le habían dado una confianza en la selva que rodeaba al volcán que le hacían sentirse en casa. Y no solo eran los caminos saltando entre raíces, sino que trepaba a las palmeras y se colgaba de ellas como si fuera un mono—. ¿Qué me dices? Puedo subirme también de pie, mantengo muy bien el equilibrio, incluso mirando hacia atrás creo que es hasta mejor idea, y así nos cubrimos las espaldas, yo me encargo, confía en mi.
—¡Oíd chicos, yo me conozco la selva y hay bastantes animales, algunos del tamaño de Sigrid y otros más pequeños que yo y ojo, su veneno es peor que el de Enji! ¡Tened cuidado! ¡Ah y la gente! Aunque Baterilla sea una ciudad moderna, hay alguna tribu por ahí que igual nos intenta atacar con una cerbatana y seguramente no lo vais a ver venir, si aparecen yo me encargo que a alguno lo conozco. Ah y también hay gente muy gruñona que ha decidido construir su casa perdida entre la laurisilva, a esos si que no les digáis nada, no se puede razonar ya lo he intentado —les intentó advertir de los posibles peligros que podían cruzarse en la selva, tal vez por eso la carta expresaba tan bien el que el prisionero debía llegar sin un solo rasguño, su misión, más que el traslado, era protegerlo. Ahora, la pregunta era: ¿de qué o quién?
—¿No podrían haber rodeado la isla en barco y entregar a este hombre a los del cipher pol directamente? ¿A qué clase de prueba nos están sometiendo? —pensó en voz alta, esta vez esperando escuchar ya no solo las opiniones de sus compañeros, sino también las del exsargento Maracai Bo.
Info.
Resumen
Hace caso a Juan y se coloca en la retaguardia de la formación, proponiéndole a Sigrid una ligera variación de sus posiciones y que le suba a hombros. También advierte a sus compañeros de los posibles peligros de la selva, Akira es de Baterilla y se conoce la zona porque se pierde y la investiga desde niño.
Posicionamiento
Akira se encuentra en la retaguardia, en el vértice del lado derecho del triángulo.
Karmas
Positivos:
• Belleza
Negativos:
• Honesto
• Charlatán
• Oloroso
• Valor sentimental
Inventario
Pendientes Solaris
Creaciones propias
1
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: 500
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 999999999
Descripción: Son unos pendientes que se conforman a partir de unas esferas lisas y brillantes de color dorado, que cuelgan de un gancho con broche metálico. La superficie pulida de las esferas atrapa la luz, dándoles una apariencia luminosa.
[Karma: Valor Sentimental]
solaris001
Guantes
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en los nudillos de las manos para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
guantes001
Punteras
Objetos bélicos
1
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 RES
Resistencia: 500
Daño: 20
Escalado: 0,2 FUE
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 5000
Descripción: Un tipo de arma que se coloca en las piernas para aumentar la potencia de los golpes. Hechos de metal, cuero u otros materiales resistentes.
La entrega del prisionero a la división de la vikinga no tuvo nada de teatral ni de solemne; al contrario, fue un trámite seco, casi tenso, como si el ambiente mismo pesara más de lo normal. A Sigrid le dio la impresión de que en aquel buque de la Marina nadie había dormido en días, y no por el balanceo del mar, sino por un miedo contenido que se reflejaba en los semblantes cansados, en las miradas esquivas y en la rigidez con la que cada soldado cumplía su función. El soldado Karaunt realizó la entrega oficial con una formalidad casi excesiva, pasando la custodia del prisionero a Juan Sebastián, quien a su vez, siguiendo la cadena de mando, lo entregó al sargento pervertido Enji, el mismo al que Sigrid ya había aprendido a mirar con una mezcla de cautela y resignación silenciosa. Todo ocurrió sin palabras de más, sin discursos, sin heroicidades; solo órdenes, firmas y pasos medidos.
Cuando Juan finalmente dio la orden de ponerse en marcha, Sigrid tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no soltar una carcajada. No porque la situación fuera graciosa, sino porque la seriedad forzada de su compañero, tan distinta a lo que ella ya intuía de su carácter, le resultó casi antinatural. Apretó los labios, infló un poco el pecho y mantuvo la compostura, recordándose a sí misma que estaban rodeados de marines del buque y que los estándares debían mantenerse, le gustara o no. Con la alabarda bien apoyada y la mirada al frente, Sigrid avanzó junto a la División 93, consciente de que aquel prisionero no era un encargo cualquiera y de que, aunque el inicio hubiera sido silencioso y tenso, el verdadero peso de la misión apenas estaba comenzando.
—Yo creo que ellos no son agentes de la justicia, Juanchi— comentó Sigrid con una media sonrisa ladeada, bajando un poco la voz pero sin molestarse en ocultar la burla— Más bien parecen verdugos mal pagados de los Dragones Celestiales— añadió con total honestidad, cruzándose de brazos mientras soltaba una breve risa nasal. El comentario le salió natural, casi inevitable, en cuanto Juan mencionó lo mucho que a los Cipher Pol les gustaban los secretismos, para ella, tanta sombra y tanto silencio no tenían nada que ver con la justicia que defendía. Sigrid prefería las cosas de frente, con nombres claros y responsabilidades visibles, no juegos de cartas escondidas ni órdenes susurradas, y si aquello la hacía sonar irreverente, bueno, también era parte de ser una vikinga demasiado grande para creer en disfraces elegantes.
Cuando Akira mencionó la idea de subirse a los hombros de la vikinga, Sigrid no solo no se negó, sino que reaccionó con total naturalidad, como si aquella propuesta fuera lo más lógico del mundo. Con cuidado, al menos el cuidado que alguien de su tamaño podía ofrecer, pasó sus enormes manos por la cintura del soldado y lo alzó sin esfuerzo alguno, acomodándolo con firmeza sobre sus hombros hasta asegurarse de que quedara bien sujeto y con una vista despejada del entorno. Para ella, la ventaja era evidente: si Akira conocía la flora y la fauna de la isla, tenerlo en lo alto significaba ojos expertos vigilando el camino por todos ellos, una ayuda clara para toda la División 93. —Confío en tu conocimiento de la isla, Aki-chan— comentó finalmente Sigrid con una sonrisa enorme y sincera, orgullosa de poder usar su fuerza no solo para golpear, sino también para proteger y apoyar a sus compañeros mientras avanzaban juntos hacia lo que fuera que aquella misión aún les tuviera preparado.
—Ero-Gunso— soltó Sigrid, girando apenas la cabeza para clavarle una mirada seria a Enji, muy distinta a su sonrisa habitual —Si por casualidad tu ropa interior también se deshace, creo que voy a partirte la espalda en dos— añadió con una calma peligrosa, como quien no está bromeando en lo más mínimo. No levantó la voz ni hizo aspavientos; la amenaza salió directa, honesta y absolutamente coherente con su forma de entender el respeto. —No me gustaria que tengan que asignarnos a otro Sargentos, ya me caes bien. — Luego volvió la vista al frente, como si el asunto ya estuviera zanjado, dejando claro que podía ser la más alegre del grupo pero también la última persona a la que alguien querría provocar.