[AutoT1][P.R]Queso para las ratas
#1
38 de primavera, año 17

En el recuento de los hechos del día, podía decirse que Cill había comenzado con el pie izquierdo. Desde temprano, se encontró en una serie de eventos desafortunados donde todo lo que podía ir saliendo mal, lo hacía. Desayuno agrio, quedarse sin agua en la ducha en aquella habitación de hospedaje, haber caído en cuenta de que perdió algo de dinero en sus andanzas, se encontraba sin cigarros también… Podría decirse que no era el día más agraciado para el pelinegro que se encontraba renegando con la vida para ese mediodía. Su humor, que siempre denotaba cierto carisma, hoy era una amarga cara larga que revelaba su fastidio frente al hambre, haber perdido en el juego, en su bolsillo y no tener cigarros siquiera.

-Que aburrimiento… No puede ser que sea un día tan malo- pensaba el pirata mientras sus pasos se dirigían sin rumbo deambulando en la bahía, cerca del puerto en Samba. Se encontraba ensimismado en sus propios pensamientos mientras confiaba quizás en que la suerte se haría presente una vez más en su vida, ya había comprado sus cigarros. En su andar, a su diestra se podía ver entre sus dedos uno encendido ya, que cada tanto llevaba a su boca para satisfacer su placer por el vicio.  No tenía un rumbo fijo, estaba más bien deambulando como quien está a la expectativa de dar o encontrar con algo que le diera un giro a un día que había comenzado de la peor manera, exagerando un poco.

En sus bolsillos había algo de dinero, y la idea era clara, aprovecharse de algunos despistados en algún frívolo juego de apuestas y ganar su dinero, o quizás encontrar alguien con quien luchar, o al menos dar con algo que lo lleve a tener un día interesante, una luz en la oscuridad, como quien dice. En eso, acabó llegando a la taberna del viejo Joe… Un Gyojin robusto, gastado por los años, que había acabado allí, comenzando una carrera de trabajo portuario, para luego poder tener su propia taberna, una habitué del espadachín… Aquel antro, no era lujoso, no era vistoso, ni llamativo, era eficiente. Un lugar pensado para aquellos de paso, o en medio de jornadas de trabajo en el puerto, en los embarques, carga, descarga… Allí podrías comer rápido, barato y rico. Aunque no solo eso, para ciertos clientes, al fondo del salón se veía una puerta, con su amable cartel de “prohibido pasar”. Allí detrás, aquellos que gozaban de la confianza de Joe, eran invitados a consumir otro tipo de cosas, como apuestas a duelos, juegos, y todo tipo de negocios clandestinos, nada de mucho montaje, para no levantar sospechas ni atraer a indeseados peces gordos. El perfecto caldo de cultivo para que alguien como Cill pudiera encontrar su satisfacción.

Al llegar, el pirata fue reconocido inmediatamente por el tabernero, quien en un rápido ademán con su cabeza lo llamó a la barra, mientras se encontraba secando un tradicional jarro de cerveza. —¿Qué tal Cill? Hoy no está abierto el negocio… Hubo problemas…— comentó por lo bajó el acuático, intentando no llamar la atención del oído curioso. —Vinieron ciertos tipos de la marina a buscar su comisión para dejarme operar, pero ésta vez, pidieron el doble…— contaba mientras repasaba algunas jarras asomado ligeramente al pirata por sobre la barra —Claramente no he pagado, no puedo dejarme pasar por arriba así… Veinte mil berries…— espetó un tanto amargado en su tono —Dijeron que hasta que no estuviera el pago, podrían venir en cualquier momento y si encontraban cualquier cosa fuera de norma, clausurarían el bar y me llevarían detenido— se lamentó bajando su vista un instante para volver a incorporarse casi inmediatamente y observar a Cill. —No te preocupes, creo que ya se quienes son— comentó el Smokey mientras dejaba salir una bocanada pequeña de humo de su boca. —Tú dame quince mil berries, y déjame el resto a mí, no volverán a molestarte— continuó con una confiada sonrisa, sabiendo que era exactamente justo lo que buscaba encontrar. Ya sabía perfectamente que tenía que hacer. —¿Quince mil berries? ¿Estas seguro? Es mucho dinero…— cuestiono Joe observando al pirata un tanto dubitativo, aunque después de todo, era un fiel cliente. —Es el precio de la libertad, amigo, y ese, nunca es suficientemente caro— respondió enérgicamente con una sonrisa acercándose al viejo gyojin que no necesitó más dialogo, el joven pirata lo había convencido. Se fue a la caja un momento, abrió el cajón de dinero, y lo sacó, porque bajo este había un falso fondo con las ganancias ilícitas, puso la cantidad acordada en un pequeño saco, y se la entregó a Cill, quien con cigarro en boca y manos a los bolsillos le sonrió y salió directo en una dirección, sabía donde había cada madriguera y encontrar a las ratas solo era cosa de mostrar el queso.
—Ya sé donde bailan las ratas— pensó en voz alta mientras caminaba por el puerto fumando su cigarro. Su katana, a su izquierda como siempre, y ahora, sus pasos eran decididos, se notaba que sabía donde iba. Había un viejo almacén, donde se solían juntar las ratas después del servicio, y compartían el botín entre bebidas y comida. Seres despreciables bajo la lupa moral de Cill, quien tenía un sentido un tanto extraño de justicia, pues bueno no era, pero malo, malo tampoco… Driblando entre pasillos, iba evitando lugares, tomando atajos, esquivando cuerpos, no estaba lejos…

Estando cerca del punto clave, en un árbol, dejó escondido dentro de un cuenco natural en el tronco, el saco con el dinero de la coima de Joe, nunca fue su idea pagar tal coima… Las ratas son animales sociales, y donde una es pisada su cabeza, el resto sabe que no es buena idea ir a comer a esa casa… Y ya sabía perfectamente quienes eran aquellas dos ratas… Cill hizo el tramo final hasta llegar al lugar, por un instante pensó en infiltrarse… ¿Pero cual hubiera sido la gracia de ello? Dió una patada a la puerta, tirándola abajo y entrando a lo brusco. —¿¡¿¡Dónde están las ratas?!?!— demandó a viva voz entre risas con una sonrisa de oreja a oreja, ésto, finalmente, era lo que le gustaba. Los cuatro oficiales sentados alrededor de una mesa compartiendo bebida y jugando cartas sobre algo de comida y dinero en la mesa, miraron al unísono al pirata y se incorporaron, algunos ágilmente y otro, preso del alcohol y su ebriedad, casi cae de bruces al levantarse al salto. —¿Quién mierda te crees que eres hijo de puta somos de la mar…— bravuconeó el borracho de ellos mientras se abalanzó a Cill corriendo mientras desenvainaba su espada. Cill, en contraparte, sonrió cínicamente, la sentencia estaba hecha. Aquel ebrio cadete no llegó a completar su amenaza, puesto que un grito desgarrador fue lo que continuó de su boca… Su mano, caía muerta en seco, salpicada en sangre, aún sosteniendo la espada entre sus dedos. El pirata le había cercenado la mano sin miramiento. —Cuando levantes un arma en contra de alguien debes estar dispuesto a recibir lo que ésta es capaz de hacer a otro— dijo tranquilamente el pirata sacudiendo su katana para quitar el exceso de sangre de su filo. El ahora manco, cayó irremediablemente desmayado preso del miedo y el dolor, los otros tres, miraban atónitos lo intrépido y descarado del pirata… Quien daba lentos pasos hacia estos en un aire amenazante. —La marina no debería jugar a los piratas, menos siendo simples cadetes…— argumentó fríamente —Déjennos la piratería a los piratas— finalizó sonriendo. —Porque si los vuelvo a ver delinquiendo en vez de proteger la ley, la próxima vez que vean mi rostro estarán muertos…— finalizó severamente. Seguramente presos del miedo, además de buscar a Cill, o quizás no, puesto que no querrían incriminarse en algo ilegal al delatar al pirata, era muy probable en su totalidad, que no volverían a molestar al viejo Joe. Aquellos cadetes asintieron con miedo, como si fuera su propio superior el que les hablaba. —Si usan un uniforme, lo respetan— comentó mientras encendía un cigarro —Ustedes nos persiguen a nosotros, no al revés… Novatos.— terminó cortantemente ante el miedo de los otros, y pateó la mano cercenada del ebrio desmayado ahora. —Si se apuran a tratarlo, quizás no la pierda y se lleve una lección de regalo.— aconsejó para volver por donde entró, con la seguridad que esos novatos, no podrían siquiera animarse a intentar seguirlo. Fué, tomó el saco de dinero y volvió a recorrer pasillos, calles, callejones. El día estaba hecho, se había vuelto interesante al fín. Al llegar de Joe, siquiera entró, abrió la puerta, entró medio cuerpo, lo observaba sonriente —Ya puedes abrir sin preocupaciones nuevamente— sentenció sin más explicaciones. Cerró la puerta. Sus pasos ahora lo llevaban nuevamente sin rumbo, pero satisfecho, a encontrar satisfacción en esa tarde… Quizás algo de juego, quizás algo de comer y beber… ¿Quién sabe?

- Quince mil berries… ¿Quién lo diría? - pensaba mientras iba caminando disfrutando ahora la brisa marina mientras alzaba su rostro al cielo para recibirla mejor… - Quien hubiera dicho que Joe era tan generoso… - reflexionaba irónicamente con una sonrisa mientras sus pasos se perdían en la muchedumbre, lejos, lejos de aquella escena lectiva para esos jóvenes marines que no entendían de que lado de la ley estaban
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#2
✓
Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 15

— Berries: 10K + 3k (karmas monetarios)

STAFF DE NAKAMA NO MI
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