Los puños que marcarán el futuro [P.R]
#1
Día 60 de Primavera, Año 17


Frío, demasiado frío. Kiyoshi no tiene forma de medir la temperatura, pero debe ser una que hasta entumece sus dedos. Por mucho que todos hayan compartido el caldo de pollo bien calentito que hizo Uker para el almuerzo, luego de tanta caminata para encontrar este lugar, la tibieza que quedó tanto en el paladar como la garganta ya ha desaparecido. — Tontos, debimos… cof cof… buscar un sitio… cof cof… más cercano. — Alrededor de hora y media les ha tomado llegar a esta zona. Para el ejercicio que harán, entre todos llegaron a la conclusión de que lo óptimo es un lugar alejado de la sociedad en donde nadie pueda molestarlos, ni ellos incomodar a alguien.

— Recuerden, no se emocionen demasiado. Si terminamos muy mal, no seré capaz de curar a nadie, tampoco a mí. Así que si veo que alguien se deja llevar y trata de matar… cof cof… le dispararé en el trasero. — Al terminar sus palabras, los cuatro han llegado a una zona que parece perfectamente planteada para lo que buscan: un combate. Además, funciona como una especie de cueva dentro de esta gran montaña. Para ingresar, ya sea Uker o Eros debieron utilizar su fuerza para romper picos de hielo que bloqueaban el camino.

Aunque la temperatura en este lugar semicerrado es un poco mayor al exterior, todos deben seguir sintiendo los huesos helados. No hay fogata, no hay calefacción, no hay nada Kiyoshi se frota las manos enguantadas una y otra vez, y de su boca se escapa un vapor producto de los efectos provocados por el clima. Hoy han quedado en evidencia más que nunca sus problemas de salud, pues el toser está siendo el pan de cada día tras cada metro que avanzan. Para contrarrestar esto durante un tiempo, de un pequeño bolso que carga saca un inhalador el cual utiliza para ayudar a su respiración, además de tomarse unas pastillas para el resfrío. Nada le ayudará a sanar por completo, pero aquel síntoma no puede incomodarle en lo que se viene.

El terreno es campo abierto, un cuadrado con todas sus aristas de 40 metros. Por mucho que haya techo que ayude, no es del toso seguro. Nieve se cuela por todas partes, por lo que cada minuto que pase, sus pies deberán adaptarse más y más a ese material que les concede la naturaleza desde los cielos. Desde la entrada también, ayudado por el viento, ingresa nieve. Básicamente, este efecto climático no estará ajeno durante la sesión de entrenamiento.

— Lo repetiré por si no ha quedado claro, tontos. — Se asegura de que sus rifles estén en orden, manteniendo el común en su espalda, y en las manos aquel tan especial para él. — Lucharemos Uker y yo contra Varo y el tonto de Eros. Si bien tres de nosotros ya hemos peleado varias veces juntos para sobrevivir, esto servirá para que Uker se acostumbre y adecúe a nuestros estilos. Ya vimos el peligro en Little Garden, nadie dice que el propio Drum o las islas que siguen no vayan a ser más complicadas. Debemos ser fuertes, así que anímense. — Se siente raro al ser él quien diga algo así, pero es parte de sentirse más comprometido con la banda. Sin duda Uker es el que más chocado debe estar al ver a un Kiyoshi que dista mucho al que vio cuando estuvo en su barco.

Y es porque incluso un tipo cerca de los 30 años puede seguir creciendo y madurando. Kiyoshi es la prueba viva de eso.

Camina hasta posicionarse en una distancia segura para todos. 15 metros lo separan tanto de Eros como de Varo, teniendo a su espalda un total de 12 metros y medio que lo separan del inicio de la cueva. Por su parte, el dúo rival también tiene esos metros en la retaguardia, estando ellos dándole la espalda al fin de la cueva. En cuanto a altura, la cueva solo posee 20 metros. En cuanto a los costados, al estar todos en el centro, hay 20 metros a cada lado de los peleadores.

— Al ser Uker el nuevo y quien necesita obtener información nuestra, pueden tomarse la libertad se centrar sus ataques en él. No me sentiré envidioso. — Curiosamente pareciera que lo está vendiendo ante el resto, o bien puede ser parte de una estrategia. A fin de cuentas, de los dos, Kiyoshi es quien conoce más a Eros y Varo. Algo debe tener dentro de la cabeza para batirse con ellos cuando, en más de una ocasión, se ha declarado el más débil de los tres, mas no tiene en mente el dejarse ganar así como así. Jamás les será útil si no se vuelve más fuerte, y eso empieza con confiar más en su propia capacidad.

Kiyoshi ya tiene su rifle en alto, mano zurda cerca del cañón e índice derecho en el gatillo, apuntando directamente a los dos contrincantes, estando el arma a la altura de su hombro.

La pelea está a punto de comenzar y la misma no puede ser eterna, o todos quedarán atrapados en la nieve. ¿El miedo azotará la mente de alguno?

OFF ROL
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#2
- Pienso lo mismo, pero no se me ocurre donde más tendríamos libertad para poder luchar sin molestias -. Esa fue su respuesta a las palabras cortadas y adoloridas del medico de la tripulación, un hombre que ya conocía hace más tiempo del que habían compartido en ese nuevo barco, pero que siempre encontraba formas de sorprenderlo. - Te recuerdo que puedo cargarte en la vuelta si lo necesitas -. Sus palabras podían sonar a una burla, pero la seriedad en su voz y en su rostro solo mostraban que era una preocupación genuina por la salud del otro.

Las reglas fueron puestas, esta cueva sería su campo de batalla, la nieve que cubría el suelo era una molestia, se desarmaba bajo sus pies y no le permitía moverse con comodidad, por lo que el cocinero se puso a dar saltos alzando sus rodillas. Intentaba lograr que sus piernas y su cabeza se acostumbren al entorno, algo que iba a ser mucho más difícil de lograr que que un movimiento tan simple como ese. El frío también era un problema, entumecía sus músculos y no le dejaba actuar con todo lo que quería, pero desde que llegó a esta isla estuvo agradeciendo no tener que sufrir el calor insoportable que se sentía en Little Garden. - Bien, aunque no creo poder hacerles tanto daño -. Decía eso, pero un espadachín era capaz de causar cortes peligrosos incluso con poco movimiento.

Se estaba subestimando a sí mismo, así que este entrenamiento también sería una muestra de fuerza para él, aunque no quiera verlo.

Kiyoshi animando al grupo en un entrenamiento, nunca hubiera imaginado que ese hombre podría siquiera querer realizar algo como eso. El mundo los cambió, a todos, así como había hablado con Eros. Para Uker, no fue solo Little Garden, fueron los Cabos Gemelos, su incapacidad, esa herida en su pecho que ahora quedó marcada como una cicatriz más. Llevó su mano a ese lugar, a su pectoral izquierdo, casi debajo del hombro, a veces podía sentir el dolor de esa noche reflejado en su cuerpo. Sakana estaba muerto y aún lograba atormentar su mente, eso era verdadera fuerza.

Suspiró, los equipos fueron nuevamente aclarados, la mirada del pelinegro se centró en los que en esa ocasión serían sus contrincantes. - Estaré contento de que intenten golpearme -. Confiaba en sus reflejos, en su velocidad, por mucho que esa nieve no lo dejara moverse. No podría repetir la misma jugada que contra el gyojin, pero había estado practicando mucho desde la aparición de Sohem en Little Garden. Un nuevo estilo, algo más calmado.

Ya había visto luchar a Eros, centrado en ataques muy cercanos y daño no continuo pero aterrador, le daba miedo entablar golpes a mano limpia con alguien así, pero no por eso iba a huir del combate. De quien no tenía información era de Varo, habían compartido palabras y comidas durante el viaje a y en la isla, pero poco sabía sobre sus capacidades. Eso era interesante, podría aprender, aprender y mejorar en consecuencia.

Al otro lado, de su parte, Kiyoshi. Ya conocía al médico también, mucho más que Eros, pero su cambio de actitud tal vez vino con un cambio en fuerza que el del mechón blanco desconoce. - Si debes disparar en mi dirección, hazlo -. El mismo Maeda había dicho que nada de ir a matar, así que eso le daba la confianza suficiente para dejarlo pelear sin problemas, así podrían entenderse mejor y combinar ataques en el futuro. - Úsame de cebo, creo que puedo evitar tus ataques también -. Exacto, no estaba seguro para nada de esa casi afirmación.

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#3
Eros estaba exultante de alegría ¿Por qué? Porque podría hacer las dos cosas que más disfrutaba al mismo tiempo: Pasar tiempo con su tripulación, y compartir una buena pelea. El que no hubiese riesgo de muerte para ninguno de los implicados era un buen punto que le permitiría jugar sin preocuparse, aunque debía hallar un punto de moderación en pos de no dejarse llevar. Cómo había hablado previamente con el subcapitan, esto sería una buena forma para que todos se pudiesen conocer mejor, sus habilidades, pulir su trabajo en equipo y, desde la perspectiva de Eros, era una buena bienvenida para Uker. — Pues ese caldito sí que estaba rico, casi que no siento el frío —Observó sus manos temblorosas, no podía dejarlas quietas. Quizás había en cierto punto subestimado cuan friolento podía ser, pero no podía permitir que eso fuese un impedimento para darlo todo ¿O acaso no sentiría frío cuando luchase de verdad contra la muerte en esa isla? Entendía a la perfección cuan inclemente podía ser la Grand Line, el recuerdo de Rosse, Mercedes y Giyuu aún lo acompañaba.

Eros se sacó la gran mochila en la que cargaba todo lo necesario para poder acampar, así como sus herramientas dejándola en un punto cercano a la entrada de la cueva. — He entrenado hasta encontrar una técnica nueva que estoy ansioso por probar —Exclamaría alegre el capitán, aunque por supuesto su rostro y tono no mostraban emoción alguna más que un decoro moderado. Entregó una mirada a cada uno de sus compañeros, sorprendido por las vueltas de la vida que lo habían traído ahí cuando, hace un año, aun estaba encerrado en los sepulcros de Baterilla cumpliendo sus funciones sin siquiera ver la luz del sol por días ¿Y dónde estaría en un año?

Su movimiento lo posicionó frente a Uker, calzándose los guantes a la par que observaba tanto la postura del espadachín cómo la posición del tirador. Conocía las burbujas de Kiyoshi, sus disparos y los movimientos de espada de Uker aunque algo le decía que ahora ambos eran mucho más poderosos desde la última vez que se encontraron. A diez metros del espadachín comenzó a calentar los músculos preparándose para el enfrentamiento, elongando cada extremidad y lanzando golpes al aire antes de tomar un caramelo que lanzó en dirección a Uker. Un regalo. — Lanza una moneda Kiyoshi, cuando caiga al suelo podemos comenzar —Su cuerpo se volvió pequeño, diminuto. El capitán estaba en forma completa, listo para luchar.


Ataud
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#4
Levanté el cuello de mi chaqueta y subí la cremallera hasta que no daba más de sí. El relleno de borrego solo sirvió para apaciguar en parte el terrible frío que hacía. Si bien era primavera, todo a nuestro alrededor estaba cubierto de nieve. Tal era así, que mis botas se hundían un palmo a cada paso. No se trataba de un temporal. Estábamos en una de esas islas de invierno, en las que no se podía hacer otra cosa más que abrigarte todo lo que pudieses, y aun así, pasar frío.

 
Habíamos caminado un largo rato, hasta encontrar un sitio adecuado para aquello que íbamos a hacer. Todos éramos conscientes de que nos encontrábamos en un mundo duro, salvaje, en el cual los débiles perecían. Debíamos volvernos más fuertes. Además, teníamos un nuevo integrante. Alguien con quien no habíamos luchado aún codo con codo. Sabíamos de la importancia que tiene la cooperación en una batalla, de la fuerza que se podía alcanzar si todos nos movíamos en sintonía. Sobre todo yo. Debía ser capaz de aprender a usar mi akuma de una manera más precisa, una que me permitiese herir a los rivales sin hacerlo a mis aliados. Ahora eran todos los que tenía, y no quería ser el culpable de perderlos.

Es por eso mismo, que la idea de enfrentarnos en un combate no terminaba de convencerme. Sabía que debíamos volvernos más fuertes, pero tan solo pensar el golpear, herir o enfermar a mis amigos me desconcertaba. Revisé el terreno, un perfecto cuadrilátero, similar a los que presencian los combates de boxeo. Solo que de unas dimensiones mucho mayores y cubierto por completo por nieve.

—Yo también tengo alguna técnica nueva que probar —dije revisando uno a uno a mis compañeros—, pero preferiría emplearla contra nuestros enemigos. No sé si...

Me estuve. Podía ver la determinación en sus ojos y yo no quería seguir siendo un lastre. Me había prometido dejar a un lado el cobarde que había sido siempre. Iba a ser más fuerte y si para ello debía librar una batalla contra mis compañeros, así sería. Además, estaba seguro de que ninguno de ellos iría demasiado lejos. También podría enfrentarme a un espadachín, un tipo de rival contra el que nunca había combatido. Tenían razón; había una infinidad de guerreros poderosos. Si queríamos seguir con vida para conseguir nuestros sueños, debíamos ser capaces de enfrentarnos a cualquier cosa.

—Bien. Veo que estáis decididos. Siendo así, que os parece si animamos un poco las cosas. Me apuesto 10000 berries a qué el capitán y yo salimos vencedores.
Confiaba plenamente en Eros. Desde nuestra conversación en Little Garden me sentía mucho más seguro a su lado. Sabía que daría todo por mi y yo quería demostrarle que mientras yo estuviese en pie, sus espaldas estarían seguras. Revisé mí rifle y cargué un cartucho. Amartillé el arma, mi mano izquierda en la guarda, la derecha en la empuñadura. Flexioné ligeramente mis piernas y tensé mis músculos. Avancé uno de mis pies, listo para cuando comenzase el espectáculo.

—Estoy listo. Discúlpenme si les hago daño. Comencemos con nuestro entrenamiento!





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#5
Tranquilidad, eso es lo que intenta aparentar. Sus ojos no expresan nada más que concentración, enfoque. Sin embargo, dentro suyo, el nerviosismo y la inseguridad que sigue latente en su alma bombean una y otra vez. Por mucho que intente fortalecerse, el motivo por el que los sigue es porque admira la fuerza que poseen. Por lo mismo, batirse en duelo con ellos le supone una presión extra. ¿Realmente demostrará merecer compartir aventura con estos tres? Ese es el pensamiento que se le cruza una y otra vez por la cabeza.

Nuevas técnicas, emoción, alegría, confianza, eso es lo que ve en todos ellos. Pero ¿será tan así? Tal vez, al igual que él, buscan ocultar ese nerviosismo como parte de una estrategia de combate. — ¿De qué hablan, tontos? — Ni moneda ni apuesta, un francotirador cuando tiene el blanco en la mira no puede tardar. Este tipo de tirador, que tiene en la mira a un blanco que puede desaparecer en cualquier momento, no tiene permitido dudar.

La pelea comienza, dejando de lado cualquier propuesta hecha por parte de la otra dupla. El primer movimiento es dado por el más lento del grupo, Kiyoshi. Da un salto en retroceso trazando una diagonal hacia su costado derecho. — No podemos estar juntos frente a Varo. — Eso pasa por su cabeza, pero lo que su boca expresa es una instrucción específica a su compañero, cuyas palabras son lanzadas apenas inicia su retroceso. — ¡Ve directo hacia Eros! — El movimiento que hace Kiyoshi tiene una longitud de casi 11 metros, recorriendo los primeros 9 del salto antes mencionado, y los últimos dos solo moviendo los pies dándole la espalda a la cueva, pero el frente a sus rivales.

En esta nueva ubicación, lo separan 26 metros tanto de Eros como de Varo, creyendo que puede ser una distancia prudente. Al ser un movimiento en diagonal, el cual consistiría en 10 hacia atrás y 8 hacia el costado —de ahí es que se calculó la diagonal de 11—, estando la pared que delimita el terreno 4 metros y medio detrás suyo.

Pero no nos adelantemos, pues ese fue solo el camino trazado por Kiyoshi para separarse de Uker y tomar distancia de los enemigos cuyo poder letal conoce de sobra.

Regresemos momentáneamente en el tiempo, o más bien, expliquemos todo lo que sucedió en el instante en que Kiyoshi decidió darle inicio a la pelea. Cuando sus pies lo impulsaron y abandonaron momentáneamente el suelo —apenas un metro de altura—, aprovechando que siempre se mantuvo apuntando hacia sus enemigos, tachó inmediatamente al topo como su objetivo. Jalar el gatillo fue casi instantáneo, pues tuvo el dedo bien colocado desde el comienzo. La bala, una nueva adquisición entregada por cierto maldito de por ahí, combinada con una de sus limpias burbujas, se impacta directamente en el costado izquierdo del torso de Eros. Habitualmente, apunta a ojos o rodillas, pero con su capitán no tomaría una decisión tan peligrosa al apuntar.

Para cuando Kiyoshi ya ha detenido su movimiento, el disparo ya tuvo lugar. Sus ojos, firmes, fríos, se mantienen fijos en la dupla rival. Para más, mantiene el rifle en alto, siempre apuntando, siempre el dedo puesto en el gatillo. Apoyar a Uker desde la distancia es su labor, y realizar el mayor daño posible es un complemento importante que debe aportar.

El entrenamiento ha comenzado.

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#6
- ¿Una apuesta? Interesante… -. Eso dijo a las palabras del mink, mientras que todos comenzaban a adoptar sus posiciones y posturas para el combate. - Pero debo rechazarlo, Eros podría barrer el suelo conmigo -. Sonrió, con una confianza extraña si se combinaba con sus palabras, pero para él era mucho más divertido probarse con gente fuerte y poder mejorar sus propios errores. - No sería inteligente apostar si se que perderé -. Aunque eso estaría por verse.

Un luchador cuerpo a cuerpo, junto a un tirador, ambos equipos estaban igualados en cuanto a roles, pero algo le decía que el combate no sería aburrido. Atrapó el caramelo lanzado hacia él aún en el aire, guardándolo inmediatamente en su bolsillo. No lo rechazaba, pero comer algo mientras peleaban solo podría llevar a que terminara ahogándose y recibiendo un insulto de Kiyoshi, aunque todos sabemos que eso va a llegar de igual manera.

Sus piernas se tensaron ante las palabras del capitán, pidiendo lanzar una moneda. Eso no existía en un combate normal, no había un tiempo de gracia antes de atacar.

El sonido del disparo fue suficiente para que su cuerpo se lanzara contra el ahora topo, sin siquiera esperar a saber si el ataque había impactado. Al menos podía saber que fue Kiyoshi quien disparo por la procedencia del ruido, pero solo bastó 1 segundo para que su salto lo llevara justo frente a Eros. - Entiendo… -. Una respuesta hacia Kiyoshi, quien no podría entenderlo, pues toda su atención estaba centrada en su objetivo, mientras que su brazo se levantaba, llevando consigo su katana… ¿Aún en la vaina?

Podría haber atacado sin la necesidad de eso, pero solo se trataba de un entrenamiento. Su mente no le permitiría ir con todo si peleaba con el filo al descubierto, y lo más importante ahora era ver las capacidades de todos.

Aún más rápido que el salto que lo llevó a esa posición, su brazo descendió con fuerza contra el animal, buscando golpear directamente en su cabeza. Sabía el aguante que tenía ese hombre, de lo peligroso que era luchar con él, por eso sabía que algo así no lo mataría, aún si atacaba con toda su fuerza. - Uno más… -. No se detuvo tras el golpe, sus piernas se movilizaron solo un par de metros hacia adelante, dejando atrás al Focalor, ahora centrando su vista en el enemigo restante.

Se detuvo, solo para impulsarse de un salto nuevamente, ahora hacia el lado, apenas elevándose a medio metro del suelo, mientras que su mano quitaba la espada de su vaina por fin. - Jarret -. Un tirador podría verlo venir, pero la distancia entre ellos era aún menor que la que antes existía entre el cocinero y Eros. Podría dispararle, iba casi de frente a él, aterrizó a 1 metro de Varo, doblando sus rodillas para detenerse, agachándose en el mismo movimiento y moviendo su arma. Un corte bien dirigido a la pierna del contrario, justo al lado derecho del muslo en la pierna de ese lado. No planeaba cortarle la pierna, para nada, pero si podía detener un poco el movimiento del contrario sería una cosa muy buena para su bando.

Tras el ataque, se distanció un poco, moviéndose hacia su derecha y quedando en el centro de la cueva. Estar atento a ambos enemigos era una cosa difícil, por lo que decidió mantener una distancia si era posible.

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#7
El entrenamiento empezó y no necesariamente con calma, pues el primer movimiento del combate vino de parte del germofóbico favorito de todos que no tardaría en volver a posicionarse tras emitir un disparo de su rifle. Ese disparo fue todo lo que Eros pudo oír antes de que una bala perforara en su estómago ¿Con que así se sentían los enemigos que habían enfrentado hasta ahora? El calor de la adrenalina comenzó a inundar su cuerpo y una sonrisa de lado a lado se dibujó en el rostro del pequeño topo que mostraba sus hileras de dientes, el dolor era todo lo que necesitaba para sentirse vivo ¿Y quizás hacerlos sentir también un poco del mismo? Despues de todo era un juego, estaban divirtiéndose y buscando entrenar sus habilidades… Hoy podía pegarles.

La dupla de Uker y Kiyoshi no parecía irse con chiquitas avanzando el espadachín para realizar un golpe descendente en el topo. Aguantó con firmeza el empuje del mismo para no quedar clavado en la nieve, y si bien sintió el golpe éste no sería suficiente para que Eros se distrajera del fervor de la batalla. Los golpes en martillo a ambos lados de Cassius eran tan potentes que el mundo giraba y todo tu cuerpo se electrizaba, en éste caso podía sentir como Uker se limitaba para no dañarlo yendo por el camino de luchar con el arma enfundada ¿Error, o una gran idea?

Todo parecía indicar que iba a seguir atacando a Varo, pues con sus sentidos aumentados del Olfato y el Tacto podía tener una noción del movimiento sobre la nieve, y la posición de sus tres compañeros.

Si bien su idea inicial era atacar a Kiyoshi, apenas sintió como Uker se aproximaba hacia Varo su sangre ardió. No iba permitir que nadie tocase a sus compañeros, tampoco sus compañeros así tuviese que herir a sus compañeros… Era difícil de explicar, y difícil de entender, pero el topo prefería ser quien recibiese todo el embate físico de aquella pelea después de todo.

Aunque la mirada de Eros estaba orientada hacia Kiyoshi, era ciego, por lo que usando su olfato cómo guía giró en un movimiento veloz de sus patas traseras y dio un salto vertiginoso usando cada músculo de sus patas cual explosivos resortes apenas Uker se estaba disponiendo a saltar el topo avanzó con un salto en diagonal a 2,6 metros de altura en perspectiva de intercepción del cocinero para colocarse con gran agilidad sobre la cabeza del mismo apenas éste se dispuso a saltar hacia Varo.

La garra delantera derecha del topo golpeó la cabeza del cocinero con un movimiento descendente por la perspectiva de caída que tenía al estar aterrizando sobre el mismo. El objetivo era simple, detener el avance del guerrero y proteger a Varo. Eros cayó entonces junto con Uker aterrizando sobre la cabeza del mismo para aprovechar su tamaño de forma que pudiese apenas iba a hacer contacto mover la izquierda como un cañón tensando los músculos de la muñeca, brazo y espalda que se alinearon gracias a la rotación del movimiento finalmente pudiendo liberar un poderoso impacto contra el recién llegado.

Definitivamente, una buena bienvenida.

Tras su segundo impacto descendente y una vez completado su movimiento en caída, Eros usó al espadachín para impulsarse con otro brinco hacia la nieve hundiendo su cuerpo en ella para comer a cavar para salir del foco de visión de sus tres compañeros aprovechando la blanca nieve como un camuflaje a la par que sus habilidades fosoriales le permitían moverse al margen de la persecución de sus aliados…


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#8
Llevaba meses concentrado en ser más veloz, el más rápido, pero en una batalla, todo fluye mucho más deprisa de lo que podría imaginarse. El doctor rechazó mi apuesta y la propuesta de Eros, pues su manera de dar comienzo al entrenamiento no fue otra que un disparo. Pero no un disparo al aire como los que marcan el inicio de una carrera. No, lo suyo fue un disparo buscando un objetivo. El estallido sonó mientras su rifle apuntaba a nuestro capitán. Él era un gran tirador, y sabía que su objetivo debía ser decantar la balanza a favor de su luchador cuerpo a cuerpo. Sin embargo, eso es algo que yo también tenía en mente. Tan pronto como supe que la contienda había comenzado, dejé fluir la electricidad por mi cuerpo. Mis piernas se tensaron a la vez que mi cuerpo se veía rodeado por rayos. Pero todo seguía sucediendo rápido a mi alrededor. Eros había recibido el disparo del doctor y Uker ya se encontraba frente a él. La espada cayó y golpeó a Eros. El nuevo de los nuestros rápido viró con la intención de atacarme. Levanté mi rifle dispuesto a atacar, pero el capitán fue más rápido y lo golpeó de vuelta deteniendo así su avance. 

El carpintero estaba cumpliendo aquello que había prometido y yo no estaba dispuesto a dejarlo en la estacada. Quería demostrarle que era un guerrero hábil, que podía confiar en mi. Debía demostrarlo, dentro y fuera del campo de batalla. Aproveché el instante de confusión creado por el ataque del capitán para disparar mi rifle. No pretendía ser letal, tampoco quería ser inocuo. Dejé correr la electricidad por mi arma. Disparé a su brazo, el mismo que sujetaba el arma de Uker. Mi disparo alcanzó su objetivo y entonces dejé fluir la energía de mi akuma no mi. Debía producir una ventaja para Eros.

—Maldición Lamia

Mi enfermedad se dirigió hacia el brazo que sujetaba el arma. Mi objetivo era claro; un espadachín sin su arma estaría en clara desventaja en un combate cuerpo a cuerpo contra el capitán. Tan pronto como afecté a mi enemigo con mi técnica, puse rumbo a conseguir mi siguiente objetivo. Salté en dirección a Kiyoshi. Sabía que mi salto no sería suficiente para alcanzarlo, pero quería recortar la distancia que nos separaba. En cuanto mis pies, aún cubiertos por los rayos del electro de mi raza, tocaron el suelo, comencé a correr. La nieve entorpecía mi paso, el cuál no podía darse a la velocidad que me hubiese gustado. Aún así, pronto pude rodear la posición en la que se encontraba el médico de la tripulación, encontrándome así a su espalda. Esperaba que la ventaja que había conseguido para Eros fuera suficiente. Mi idea era decantar la balanza en esta otra zona también.

—¡Vamos, Kiyoshi! —grité con intenciones retadoras—. ¿Qué tal un duelo de tiradores?

Sabía que en esa faceta era muy inferior al doctor, pero si quería aprender a utilizar mejor mis armas debía aprender de los mejores.



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#9
Kiyoshi llega hasta su ubicación y nada ha ocurrido, al menos para él. Uker, valiente, confiado, estoico, siguió su indicación sin chistar y atacó a Eros. No solo a él, sino que también quiso demostrar que no tiene favoritismos con nadie, yendo luego hacia Vari. Sin embargo, ni corto ni perezoso, el alma protectora del capitán se hace presente. Para Kiyoshi, quien ha practicado bastante en Little Garden, sigue siendo difícil seguir el ritmo de la pelea a esta velocidad, pero se mantiene intacto con su rifle apuntando como si no hubiese un mañana. — Son unos monstruos.

Varo, tranquilo, alegre, confiable, a veces cobarde, enseña esa capacidad elemental que, cada vez que Kiyoshi la ve, le provoca un entumecimiento innato en el cuerpo producto del miedo y admiración que le provoca. Por si fuese poco, a una velocidad que Kiyoshi casi no puede seguir, se muestra prácticamente al frente suyo, a un metro y medio de distancia. El médico traga saliva, desearía ser él quien tenga esa capacidad física tan imponente.

— De acuerdo, es una buena idea, Tontovaro. — Es evidente que, al responder, el agarre a su rifle se afloja un poco, dando a entender que no tiene intenciones hostiles en este momento. — Debemos decidir quién actualmente es el tirador más hábil de la tripulación. Será un uno contra uno. — Alza la voz lo suficientemente alto como para que los otros dos implicados en la práctica, queriendo así que no interfieran. Desconoce qué tanta autoridad tendrán sus palabras, pero con un topo peligroso bajo tierra, lo mejor es lograr que él mismo decida no ir a por él.

Pobre Uker, nuevamente lo mandan con aquel de superfuerza. Aun así, esto no ocurre porque desee mandarlo a una muerte segura, sino que, como su antiguo capitán, confía en su capacidad tanto como en la de Eros. Aunque actualmente se diga que el espadachín se encuentre por debajo de Kiyoshi en la jerarquía de la Sepultura, el médico sigue teniendo respeto hacia él.

Un pequeño salto es el que da hacia atrás, de dos metros y medio, provocando que su espalda esté casi pegada a la pared de la cueva. Ya sus pies se resienten de la pesadez que causa la nieve al pisar, y la incomodidad de la misma. Con una nueva distancia entre tiradores de cuatro metros, Kiyoshi deposita su rifle de forma vertical, apoyando el cañón en el suelo justo frente a sus piernas, y el resto de la extensión del arma se apoya en la propia figura de Kiyoshi. — Disculpa que me tome mi tiempo, este es una tonta arma nueva que debo probar, aunque no es tan limpia como la mía.

Aquel rifle entregado por el yakuza en forma de pago, conseguido quién sabe de qué fraudulenta forma, ahora se encuentra en las manos de Kiyoshi. No apunta inmediatamente a Varo, a pesar de que la mano derecha esté cerca del gatillo con el índice en el mismo, y la mano zurda cerca del cañón, para así tenerla bien sujeta. El apuntado actual es en diagonal hacia abajo.

— Imítame. Cuando aquella bola de nieve caiga y toque el piso, será la señal para apuntar y disparar. Como las historias de vaqueros, ¿estás de acuerdo? — Con solo estirar levemente el cuello, ambos se percatan de aquella inocente bola de nieve que está al caer.

Por supuesto, Varo es libre de aceptar o no esta propuesta, siendo Kiyoshi quien peor la pase en caso de una negativa. ¿Pero acaso no ha sido el mismo Mink quien sugirió el duelo de tiradores? Esta es la forma más concreta de ponerse a prueba.

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#10
¿Qué sucedió? Había puesto sus ojos en Varo y todo se había puesto negro antes de perder por un segundo su sentido. El dolor en su brazo fue lo que lo “despertó”, sintiendo el disparo atravesar su carne sin aún entender que es lo que estaba pasando, y todavía faltaba recibir un par de golpes. Su arma terminó volando hacia atrás, recorriendo los metros que los separaban a Eros y a él de la pared de la cueva, para luego recibir otro ataque directamente en la cabeza.

No pudo hacer nada, su barbilla chocó contra la nieve, más dura de lo que cualquiera podría esperar si intentaba caminar en esta. La cabeza le daba vueltas, intentar respirar llevó a que tosiera sangre y escupiera un poco de esta misma en la nieve, mientras que sus brazos se temblaban para intentar levantarlo del suelo. Su cabeza odio eso, le pidió simplemente quedarse tirado ahí con más y más dolor, pero debía ponerse de pie.

¿Cuánto tiempo había pasado? En cuanto pudo reincorporarse, ese fue su pensamiento principal. Kiyoshi gritó algo sobre tiradores y habilidad, al levantar la vista pudo ver lo que sucedía, no debía interferir. ¿Dónde estaba el capitán? Entre toda esa nieve debería ser fácil ver una mancha negra que se mueve, pero su mirada casi borrosa y las vueltas de su cabeza volvían imposible hasta la tarea más básica. - Lo siento… -.

Suspiró, mientras que su mano derecha cruzaba al otro lado de su cuerpo y sacaba su otra espada de la vaina. No había visto donde terminó la primera, tampoco había tiempo para buscarla. - Fue un error no darlo todo desde el inicio -. Se limitó pensando en no herir a sus compañeros, pero ese no era el camino que debían adoptar. Debían poder confiar, saber que el otro era lo suficientemente fuerte como para luchar a su lado y no ser una carga. - Déjame devolverte un poco de esa confianza -. Sonrió, a la vez que su mano derecha agarraba con fuerza la katana, su cuerpo se preparaba para actuar y sus ojos danzaban en todas las direcciones que podía.

No iba a entrometerse en ese combate de tiradores si Varo lo aceptaba, por lo que le tocaba luchar contra el enemigo restante. De dónde saldría, ese era el misterio mayor, uno al que no tenía una respuesta clara. Un topo puede cavar, uno que pueda atravesar un cráneo como vio que hacía Focalor mucho más, esa fuerza era inhumana, lograble solo con esmero, o con una pequeña ayuda de ciertas frutas.

Empezaba a odiar cada vez más la idea de consumir una.

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