05-02-2026, 04:43 AM
Día 64 de Primavera - Año 17
El bramido de las trompetas da inicio a un nuevo día dentro de las bases de Baterilla. Hae-won, como es costumbre desde que tiene uso de razón dentro de la propia marina, se levanta con pesadez de su catre y mira con hastío el reloj colgado en la pared. Las seis de la mañana. Es una de esas horas intempestivas a las que nadie se quiere someter por obvias razones y, aun así, sabe que debe cumplir con ello para que no le descuenten de su salario.
Pesadumbre es lo que siente; la desgana le abraza para no querer soltarla y ella anhela volver a perderse entre las sábanas entretejidas de confort. Recarga el peso de sus pies en el suelo; el contacto frío entre la madera y sus plantas le provoca un escalofrío terrible que la obliga a maldecir internamente. Por fuera, solo puede mostrar el rostro de un ser malhumorado que necesita desayunar ya.
Su cuerpo no alberga marcas de honor, más allá de algunos rasguños y golpes. Se detiene por unos instantes para observar sus manos, encallecidas por el trabajo con la madera. Algo indigno de una dama, tal y como le diría su progenitora. Respira varias veces mientras medita en ello, buscando alejar la intrusión de pensamientos que siempre la invade durante la mañana.
Luego de vestirse y acicalarse apropiadamente, la joven camina con el porte recto y digno hacia la sala común para desayunar. Incluso eso es una odisea, y más cuando se da cuenta de que todos los lugares en solitario están ocupados, mientras que las mesas centrales todavía albergan un sitio. Incómodo, pero real. No ve a ninguno de sus compañeros en ellas; suspira con pesadez al pensar en que debería comer sola, otra vez.
Hay algo que no puede negar: su lado cotilla. Afinar su oído para filtrar entre los murmullos diferentes chismes es divertido, desde ascensos discutibles hasta posibles chismes relacionados a romances dentro del entorno laboral. Hay gracia e incluso indignación en algunas voces, pero ella, siendo la chismosa que es, no puede evitarlas. Su memoria tampoco ayuda porque sabe que esos nombres serán recordados. Entonces, cuando vea a esa gente, seguramente no podrá evitar mirarlos de manera diferente.
Suspira y vuelve a su café y su tostada. Le espera una mañana muy larga entre tareas, reparaciones como carpintera y papeleo, papeleo y más papeleo. La energía con la que había comenzado crece de manera paulatina. Acabaría con todas las cosas que le tocaran hacer en la jornada, y volvería a su plan: pasar la tarde con mates, un buen libro y muchas ganas de flojear.
Pero no. La vida no la deja. La vida se le ríe en la cara.
*********
A veces, el deber llama.
No. El deber, en realidad, siempre llama y está a la orden del día. Depende de una sola persona si seguir el rollo y permitir que ese deber se concrete en la vida o no. Y es por eso que Choi Hae-won, la extraña criatura de la que te hablaré a continuación, sufre por esa rara y disparatada dicotomía interna: dos partes se dividen en su ser cuando tiene que realizar «tareas extras» y no quiere hacerlo.
Y por lo general no tendría que pensarlo mucho cuando se trata de deber, pero… ¿Justo ahora tiene que ser? Entiendan, si leen estas líneas: ella está acomodada en un sofá, con su bebida favorita al lado y su colección de novelas que hablan de los orígenes fantásticos del mundo. Está en su elemento, feliz y tranquila, la vida le sonríe y no tiene que lamentarse por ningún tipo de drama dentro de lo que conoce.
—Tenemos que patrullar, soldado Choi —La voz de Xandar Ratnik, uno de sus acompañantes, basta para que ella se revuelva en su lugar con pesadez—. Aquí no se está para pasar el tiempo. Se tiene que trabajar. Vamos.
—Hmmmm —El hastío es real—. ¿Habla en serio, soldado Ratnik? —La pregunta de la dama nace desde el más profundo instinto de indignación—. He cumplido con los trabajos asignados, las patrullas, y he rellenado el papeleo. Estoy al día.
—Surgió una situación de improvisto en el punto sur —Hae-won abre los ojos ligeramente, mientras se endereza poco a poco—. Uno de nuestros compañeros apareció golpeado y no sabemos si fue asaltado por uno o varios. Tenemos que investigar qué está pasando.
El caballero le extiende una Den Den Mushi, mientras espera en la puerta a que ella se levante. Choi, por su parte, mantiene el semblante serio y sostiene la mirada con frialdad hacia la pared. Quien la conoce, puede dar cuenta de los pensamientos conflictivos que invaden su mente al pensar en que pueden ser carteristas, gente enojada con la propia organización, o un ajuste de cuentas hacia su compañero.
Independientemente de lo que fuera, ella tendría que actuar en consecuencia y afrontar, de alguna manera, la verdad detrás de ese velo.
—Vamos —Su tono de voz vuelve al profesionalismo al que poca gente está acostumbrada. Ratnik parpadea un par de veces—. Veamos qué podemos hacer por nuestro compañero.
¿Qué haría Dravenia en esta situación? Es la primera pregunta que viene a su mente mientras avanza junto con su camarada.
—Cuando terminemos, te devolveré el Den Den Mushi —Es la única acotación que hace al momento de abandonar su pequeña habitación, en dirección al sur.
*********
Habían recibido órdenes del oficial a cargo de la investigación, y ellos están obligados a atender la llamada sin protestar. Sin embargo, todos los que están involucrados en el asunto tenían rostros extrañamente conmocionados. No sabían por qué, hasta que el encargado de llevar a cabo la investigación les contó lo que en verdad estaba pasando.
—Un ajuste de cuentas de un grupo de delincuentes…
Sí. Son comunes dentro del cuerpo de Marines del gobierno mundial. Es complicado, porque ella puede entender los motivos de alguna u otra manera: no solo los piratas ejercen corrupción manchada sobre el mundo en el que viven, hay compañeros, jefes, y pesos pesados del cuerpo que ejerce justicia que, lamentablemente, también están podridos hasta la médula.
Y es complicado para Choi, así como lo es para varios de sus compañeros de trabajo. Sin embargo, hay algo que todos ellos tienen en claro, quieran o no, deben hacer valer el código y emprender acciones para llevar a los responsables ante la justicia. Atacaron a uno de los reclutas más nuevos, un chico lleno de sueños como ellos, que entró para hacer el bien a la gente.
No todos caminan bajo ideales manchados. No todos tienen la amargura reptando por sus vientres. No todos desean aprovecharse del desfavorecido. Esos pensamientos son los que le permiten a la dama empezar a caminar bajo un plan de acción.
—Deberíamos dividirnos —añade la joven con un tono de voz firme—. Podríamos cubrir más terreno si nos encargamos de hacer las preguntas correspondientes a los testigos y, de allí, empezar a triangular zonas y reducir el espacio afectado.
Varios están de acuerdo con esa simple sugerencia. El oficial a cargo observa a la joven, sabiendo él que había sido instruida en Roshwan y que, si bien era alguien inteligente, nunca llegó a destacar lo suficiente como para ser considerada como la primera o segunda de su clase. En ese momento, ambos grupos caminan en diferente dirección y comienzan con su trabajo.
*********
Lo primero que hacen es reconocer el terreno.
Los dos marines caminan con pasos decididos y certeros mientras miran, de alguna manera, el ambiente enrarecido que los rodea. Los transeúntes de la isla se mantienen tranquilos, pero hay un pequeño hilo, fino, tenso e incómodo que los ata de alguna manera. Ratnik observa a la derecha. Choi agudiza su vista para buscar y anotar mentalmente los detalles por la izquierda. Sin embargo, no hay nada aparentemente peligroso.
Pasaron por un proceso largo de preguntas y entrevistas protocolarias. Varios no notaron nada extraño en el ambiente; otros, en cambio, mencionaron haber escuchado que un grupo de agitadores estaba causando estragos en las zonas más apartadas de la isla, allí donde los Marines no llegan a alcanzar por lo general. Esta es una de las islas más seguras del South Blue, pero nunca faltan los que desafían el orden natural de las cosas.
Dos horas de preguntas con respuestas vagas y ambiguas.
—Según lo que tenemos de informe, hay un grupo reducido de alborotadores que quieren causar estragos para llamar la atención de la marina —Hae-won relata con seriedad, haciendo uso de la buena memoria que tiene—. Si aunamos eso con los comentarios y algunas reacciones de los ciudadanos de a pie, podemos sacar una conclusión mínima.
Al decir esas palabras, la propia Hae-won se mantiene seria. Piensa mucho en algunos rostros, esos que reflejan el descontento, la desazón e incluso la indignación hacia ellos. Es pesado, pero real, el peso de todos los que siguen el camino azul de la ley y el orden. Ratnik también lo notó en su momento, pero no dice nada. Algunos están de acuerdo con esas prácticas, y ellos lo saben. Son pocos, pero todavía existen incluso dentro de esa isla.
Sin embargo, el Den Den Mushi de Ratnik, que porta Choi por petición del caballero, les envía una señal de alarma que la alerta en sobremanera. Es rápida la acción de ambos, que corren en dirección al punto mencionado por los dos caballeros aparentemente carentes de aliento.
Claman por refuerzos rápidos.
Están atacando a otro grupo, los más aislados del grupo en general. Y son varios, por lo que logra entender a través de gritos ininteligibles y frustración manifestada en jadeos por falta de aire. Cortan la comunicación; pueden ver a otros miembros que trabajan en esto dirigirse a la misma dirección con rapidez.
Hay que neutralizar a la amenaza, sea como sea.
*********
El enfrentamiento no fue brutal. Cuando llegaron al terreno apartado en el que sus compañeros estaban, rodeados de un grupo de hombres de a pie cubiertos con máscaras, el cuerpo de marines avanzó, junto a Hae-won, en dirección hacia el foco del conflicto.
Podrían describirse golpes, ataques e incluso insultos dirigidos al grupo de vigías de ley, pero el protocolo prima por encima de todo. Los marines que atacan de manera frontal se vuelven una fuerza de contención. No responden a los golpes a menos que sea extremadamente necesario. Empiezan a someter al grupo de locos que grita con fuerza que ellos solo son títeres de la corrupción mundial.
Hae-won, tristemente, no puede decir lo contrario. Sin embargo, sabe que parte de su trabajo es, en efecto, limpiar la imagen de la marina y levantar alas en pos de aclarar los horizontes. La marina logró poner a sus padres tras las rejas. El gobierno le dio la posibilidad de ser libre de un par de narcisistas sin pena ni gloria, y a ellos les debe una lealtad real por causa de su propia vida.
Siempre lo recuerda. Lo hace cada vez que sostiene con fuerza el relicario con la foto de su hermana, ese que lleva siempre consigo.
Es duro, doloroso y bastante cruel. Cuando ve al grupo de personas insultantes ser reducidas por sus compañeros, Hae-won no duda en acercarse a los dos emboscados para revisar su estado. Ella actuó como apoyo, por supuesto, pero su enfoque era proteger a los heridos y mantener íntegros a sus compañeros, en lugar de atacar a los responsables de tal dolor. Suspira con pesar y desgana, entretanto que revisa las heridas ajenas.
—No sirves para colocar vendas, Wonnie —La voz de uno de ellos, un viejo amigo de Roshwan que se transfirió a Baterilla hace unos meses, perfora los oídos de la dama—. Deja que los profesionales se encarguen de eso.
—¿Quieres que te ajuste con fuerza las vendas, compañero, o te ahorco con ella? —Hae-won responde con la típica acidez que ese sujeto conoce bien—. Ratnik y yo los llevaremos a la enfermería. Tienen que presentar una declaración completa acerca de todo lo que pasó y cómo fue.
Ellos lo saben. Ella también. Y ahí se da cuenta de que, en efecto, tendría mucho más papeleo que completar. Los dos suspiran con desgana ante eso, bajo la indignada mirada de un Ratnik que solo lleva la mano a la cabeza para no manifestar sus frustraciones. Hae-won acomoda el cabello detrás de su oreja derecha y emprende la caminata en dirección hacia la sede, ayudando a uno de sus compañeros.
*********
—¡Ahora sí!
Ya es casi de noche. Terminó de escribir todos los informes pertinentes antes que los demás, lo más detallado posible para no responder preguntas de ninguna índole, y se aseguró de que el grupo de alborotadores recibieran su justo encierro en la cárcel de la sede.
Ahora mismo, se recuesta en el catre con su libro y otro juguito para tomar, porque lo merece… O al menos, ese era su plan hasta que alguien golpea su puerta. Y ese alguien es Ratnik, diciéndole que debe reunirse para cenar con el grupo que trabajó el día de hoy para ver a los afectados por el ataque. Choi lo mira con frialdad mientras él dibuja una sonrisa llena de diversión, completamente satisfecho de haber arruinado, una vez más, la dispersión de su compañera de trabajo.
OFF
