[FIC] - Una buena patada soluciona todo
#1
Bug 
Ohara. West Blue.
Bosque costero. 19:37 pm
Hace 3 años


Menudo día de mierda.
El día se estaba tornando aburridísimo. Llevaba aquí una semana, el imbécil de Math podía haberse enterado mejor de donde cojones iba a anclar el barco del que me pilló un billete. En este lugar solo hay gente lista, con clase, amable, son todos amigos. Joder que puto asco, parece una guardería infantil. Yo necesitaba acción, gresca, aquí ni siquiera hay una zona pobre o algo parecido. Todos viven en armonía y felicidad con sus libritos de listillos. Y eso es lo que peor llevo, que se creen todos más listos y guays que cualquiera, porque tienen un árbol super mega grande, que tiene un laboratorio y una biblioteca enorme. Anda a la mierda, no me interesa eso, lo que necesito yo es trastos usados, viejos, que nadie utilice para poder hacer mis movidas. Pero aquí, por el momento, parece ser, que no lo hay. O al menos yo no lo he encontrado. Paso de esta peña, me piro a darme una vuelta a las afueras.

No es que los bosques, o la naturaleza en sí, sean de mi agrado, pero al menos por aquí no había gente y me sentía un poco más aliviada de no toparme con esos repipis. Me fui adentrando hacia él, y aunque no podía verlo, si se escuchaba el sonido del mar y las olas romperse con algunas rocas. Incluso podía sentir la brisita marina en mi bello y cuidado rostro. Me toqué bien el pelo para ver que no me había despeinado ni nada. A pesar de estar sola, actué como una payasa total, llevándome los dedos a mis labios sin llegar a tocarlos, y como si estuviera hablando con alguien actué - Ups, sigo siendo preciosa. Y aparte soy la polla con cebolla. ¡Iahahahaha! - Empecé a reírme como una desquiciada estando sola. Pero me sudaba todo el coño. Proseguí por el bosque un poco más hasta que vi a dos hombres a lo lejos, no pude de primeras diferenciar nada, pero desde luego eran dos hombres. Me acerqué cuál gatita cazando su ratoncito y me oculté entre los árboles hasta estar, más o menos, unos 5 metros de ellos, digo yo, no sé, no se me dan bien los cálculos ni hostias en vinagre. Asomé mis ojos entre dos hojas enormes y pude verlos mejor. Eran dos marines. DOS MARINES. Uno viejo, con barba blanca y calvo. Y el otro mucho más joven. Con barbita corta. Y guapo. Joder, pero qué guapo era. Pero se le veía muy chulo, muy creído. Estaba sentado en una roca. El viejo le estaba hablando y este pasaba de su cara. Me atrevo a decir que ni le estaba escuchando. Acerqué un poco más el oído para ver que es lo que decían:
- ¿Te ha quedado claro? -
- Aham -
- ¿Qué tipo de contestación es esa? -
- Pues una -
- Soy tu superior, no deberías ni estar mordiéndote las uñas, deberías de estar mirándome a mí -
- Ya, pero, yo que se papa, es que no me sale -
- Que ganas tengo de que un día venga otro superior que no sea yo y te pegue un guantazo en la cara -
- Bueno, si es que llega - Le guiñó el ojo con una risa muy estúpida
- En fin, no te lo repito más. Tengo que ir al árbol gigantesco del centro de la isla para hablar con una persona. Por favor, ten cuidado del saco de tesoros que les hemos robado a esos piratas - Mi primer gesto fue dar un brinco, como si fuera una coneja.
- Que si papa que lo sé que no le quite el ojo al tesoro y espere aquí y bla bla bla venga tira hasta luego -
- ¿Qué acaban de escuchar mis preciosos oídos? ¿Un puto tesoro? - Me quedé embobaba mirando al frente, pero no viendo realmente nada. UN PUTO TESORO. Era como si algo, no sé, llámalo Dios, llámalo Energía, en el cosmos me mandase una señal para empezar a divertirme en esta isla de pipiolos. Quizás con ese tesoro podría irme de aquí, a otra isla más, no sé, con más movida y gresca. Me estaba hasta poniendo un poco excitada de pensarlo. Agité la cabeza un poco y volví a centrarme. El viejo no estaba. Se había ido. Es verdad, dijo que se iba al puto árbol ese. Y este tío seguía mordiéndose las uñas. Era mi momento. Este marine de aquí enfrente no tenía dos dedos de frente, ni dos luces, ni nada de nada, ni cojones, diría yo. Así que di unos pasos hacia atrás sin armar ruido y me preparé mentalmente para mi numerito de teatro. Mi especialidad.
- ¡aah! - Grité no muy fuerte, como si de un gemido se tratase. No vi la reacción del marine come uñas, pero yo avancé hacia adelante para mostrarme. Empecé a caminar como si de algún dolor tuviese, o si estuviera herida, yo qué sé. El caso es que parecía una mariposilla frágil a la cual defender. Una princesa en apuros. Entré en el campo de visión del tío, el cual se levantó de la roca y tenía una cara de asustado. Poco marine veía yo en esa carita bonita, pero venga, que nos estamos alejando de lo importante. Fingí que estaba herida mientras me tambaleaba e iba directa a sus brazos. Llegué a su cuerpo y me dejé caer para que me sujetase - ¿¡Sé... sé... sé... Se encuentra bien!? - Dijo el tío super nervioso. Desde luego no sabía donde se había metido. Mi primer plan era hacerme la dolida, ya que se trataba de un marine, pero al ver que este tío le faltaba un agujero para que le entrase más aire, me di cuenta de que iba a ser mucho más fácil. Le miré a los ojos - Sí... ahora si lo estoy... porque me has salvado, apuesto, pero idiota marine... - le dije con un tono dulce y sensual. Y procedí a mirarle a los labios - ¿Cómo puedo pagártelo? - Le dije en el mismo tono que antes y esta vez, yo poniendo morritos. El tío estaba super rojo, se estaba muriendo de vergüenza ¡Iahahahaha! Era algo normal, no todos los días se tiene enfrente a una diosa como yo.

- ESTO. YO... NO SE... DE NADA... ES MI TRABAJO... SER... MARINE - El tío empezó a decir cosas sin sentido. Esto estaba empezando a agobiarme. Así que visto lo visto, que era más tonto que yo qué sé, procedí a terminar rápido con esto. Más que nada, porque en cualquier momento podía aparecer el viejo y joderme todo el numerito. Me solté de sus brazos y me puse delante de él, a mirarle de manera muy seria. Quería que se asustase al ver un cambio repentino en mi rostro, y funcionó, el mozo no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando, así que no dudé y aproveche.

Le pegué una patada en los cojones con todas mis fuerzas. Ni la vio venir. El tío se dobló en el suelo, completamente lleno  de dolor por haber tocado su virilidad. A su espalda, estaba el saco del 'tesoro'. Lo cogí y me lo eché a la espalda. Me agaché para estar más cerca de su cara mientras él casi estaba sin aire - Chico, es que ni siquiera me lo has puesto difícil. Sigue mordiéndote las uñas mejor. - Le dije, finalizando pasando mi dedo por sus encima de sus labios y dándole con la palma de la mano en su frente para tirarlo hacia atrás. Y para rematarlo, escupirle en los pies - ¡ZZZUUUPPP! - Tras eso, decidí salir pitando de allí con el saco, todo lo lejos que podía. Conseguí alejarme lo suficiente como para que ya no se me viera. Me senté encima de una roca dentro del bosque y procedí a mirar el interior del saco.

Lo primero que había era un poco de fruta, tendrían hambre. Un poco de dinero, y algunos cacharros metálicos. - ¡TOOOOMA YA JODER! Es mi día de suerte - Si hay algo que me gusta más que un lápiz a un tonto es la chatarra y todo lo metálico. ¿El dinero? Bueno, siempre viene bien. Qué más da. Mientras me comía aquella fruta que había dentro del saco, empecé a mirar uno a uno todos los cacharros metálicos, y había cositas interesantes - ¡YUHUUU! Con esto puedo hacerme alguna munición guapa guapa - Dije para mí sola. 

Llevaba una semana en esta isla de mierda y al menos tuve un golpe de suerte. Con esto ya iba a estar entretenida un buen tiempo. Así que no me quejaba. El día acabó bien. Bueno, si la fruta de mierda que me comí hubiera estado más dulce mejor. Pero no me quejo.

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