[Social] Perdidos en la noche [Presente Relativo]
#1
24 de invierno/ año 16
Reino de Samba


Ya hacia unos tres meses desde que había llegado a esta isla y era cierto que se me estaba quedando pequeña, la fiesta era constante, alcohol había para aburrir pero… La gente, la música y los sabores ya me parecían todos iguales. No obstante aún no podía irme, Trece, mi hermanastro, llevaba desaparecido bastante tiempo y estaba preocupado de que le hubiese pasado algo.

Aun así trataba de ahogar mis penas con la misma petaca de siempre, sentado en un tejado de un edificio colonial de cinco plantas que justo daba de cara a una de las plazas principales, el sonido de los tambores y las trompetas ensordecían prácticamente cualquier pensamiento negativo que uno pudiese tener y alrededor de esta una marabunta de personas, bailando, entrando y saliendo de los locales que habían bajo los soportales se arremolinaban alrededor de una estatua de un guerrero con armadura colonial, hecha de mármol, desgastada y vieja, pues a saber cuántos años llevaba custodiando aquel lugar. 

Observaba con detenimiento, mirando la vida de los demás fluir ante mis ojos, una tipa dando una paliza a uno porque le había pillado con su amante, dos trabajadores de las plantaciones de cáñamo emborrachando a su jefe para que les suba el sueldo y un sesentón con traje acercándose a cualquier señorita joven que se pusiera en su camino. Todo se veía bien allí abajo, pero hoy no me apetecía montar un espectáculo hoy solo quería beber tranquilo y que llegara mañana con un plan de cómo salir de esta isla.

En esos vistazos fugaces alguien llamó mi atención, una chica, rubia y pálida bastante mona, su maquillaje era un poco estrafalario pero igual merecía la pena bajar y conocerla. Parecía que también estaba sola así que sería una buena excusa para hablarle. Me levanté de golpe y Travis, el cual tenía sentado a mi lado se subió a mi cabeza, acto que ya venía haciendo de forma repetitiva durante mucho tiempo. Di una palmada y ante mi apareció una galleta gigante, me senté en ella con las piernas cruzadas y bajé flotando lentamente en esta.

Traté de pasar desapercibido pero si era cierto que mi poder llamaba lo suficiente la atención para que todos los presentes torcieran sus cabezas para ver que era lo que bajaba desde las alturas. Pero por mi arte yo solo bajé al lado de la chica y con una sonrisa en mi rostro solté. -Eh, paliducha, ¿Quieres? -Le dije extendiéndole mi petaca, agitándola un poco. -Te juro que no lleva nada, es ron del bueno, y si miento que me pique mi águila. 

Al oír esto, mi pájaro comenzó a picarme en la cabeza a la altura de mi bandana. -Vale, vale… No es alcohol bueno, sabe a matarratas pero pega más que mi padre cuando me equivocaba y no le compraba la marca de cerveza que él quería. -Al decir esto mi mascota dejó de atacarme volviendo a acomodarse en mi coronilla, utilizándola como si fuera un nido. No obstante la oferta seguía en pie, mi mano seguía extendida ofreciéndole un trago de mi bebida. 

Karmas

Aclaraciones
#2
¿Cuando fue la última vez que puse un pie fuera de este palacio, o templo, o iglesia, o lo que sea que es esto? Sinceramente, no tengo la menor idea de qué es este lugar.  Sigo atorada pensando en lo mismo de siempre: ¿cómo diablos llegué hasta este palacio? ¿Será real todo esto? ¿En qué momento exacto fue que me perdí en mi propia isla? Mmmm… no recuerdo qué estaba haciendo antes de llegar.

Los días, si es que han pasado días, (han pasado años), se han vuelto difusos en mi cabeza, pero lo único que logra relajarme es entrar al inmenso salón de baño de esta iglesia en medio de la noche, justo cuando ya no hay nadie, cuando las monjas desaparecen a hacer sus fiestas en los jardines junto con otros monjes. Suelen invitarme a ir, son amables, pero he sentido mi corazón roto últimamente, sin saber muy bien por qué, así que preferí no ir con ellos, como varias veces les he rechazado.

Atravieso las cortinas transparentes que cuelgan en la entrada del salón de baño y camino lentamente sobre la piedra lisa del piso, dejando caer al suelo la toalla suave que me prestaron las monjas. Me quedo un momento de pie, inmóvil y completamente desnuda en el borde de la piscina, observando el agua cristalina que brilla bajo el reflejo de las estrellas de la noche que entran por la gran ventana del techo. Metí delicadamente un pie y luego todo el cuerpo, sintiendo como el calorcito del agua recorre mi piel como un escalofrío. Su temperatura es perfecta, justo como me gusta.

Avancé directo a la parte honda de la piscina, dejando que el agua me tragara por completo. Me hundí y me hundí hasta que sentí el piso con los dedos de los pies. Me quedé ahí abajo, aguantando la respiración y con el cabello rubio moviéndose al rededor de mi cara. No pasó tanto tiempo para que mis pulmones me pidieran volver a respirar, así que di un empujón suave con las piernas y me elevé hasta sacar la cabeza a la superficie, pasando mis manos por la cara y tirando todo ese pelo mojado hacia atrás para poder ver.

Nadé marcha atrás, sentí la orilla fría de la piscina chocar con mi espalda y allí saqué mis brazos del agua para apoyarlos mientras me quedaba mirando el cielo. Estaba relajada y comencé a pensar en el tiempo que he pasado aquí a causa de la comodidad que me dan estas hermosas monjas, tanto que ni siquiera he salido a buscar a mi amado para contarle que por fin encontré humanos en mi isla, le va a encantar saberlo, así él podrá quedarse conmigo aquí sin problemas. Además, me muero por ir a restregarle en la cara a mis vecinos con cara de animal y de pez que su miedo por los humanos es una estupidez. Estoy segura de que ni ellos sabían que existían otros humanos… ¿O si? ¿Y si me estaban ocultando? Joder…

Suspiré, recuperando el aire y luego me di vuelta para salir de una vez. Sentí el frío del salón en cuanto salí del agua, caminé con mis pies mojados para acercarme a una toalla con la que usé para secarme rápido. Me planté frente al espejo que está pegado a la pared y al lado tenía mis cosas, un bikini negro y mis condones. Sin apresurarme agarré un lápiz para marcar mis ojos, me vestí, ajusté los lazos del bikini y me puse los condones en ambas manos. Me miré al espejo por última vez, con los ojos oscuros y las manos protegidas gracias a mi amado, ya estaba lista para salir de la iglesia para ir a buscarlo y cerrarle la boca a mis vecinos.

Crucé el pasillo dejando atrás el baño y al pasar cerca de los jardines vi bailar a las monjas y monjes con lugareños, emocionados, felices y la música de la fiesta un escándalo, haciéndome preguntar cómo era posible que, siendo tan ruidosos, nunca los hubiera escuchado antes desde mi casa de la isla, bueno, supongo que con lo escandalosos que son mis vecinos con cara de animal, puede que tapaban toda esta extraña música, eso tiene sentido. Antes de salir, tomé prestado unas monedas birllantes que saqué de una caja que decía “donaciones”. No se muy bien qué significa eso, pero tengo la impresión de que me servirá de algo.

Ya estaba cerca de la salida, me acerqué ansiosa a la luz que se veía al final, pensando que en cuanto saliera me encontraría con las plantas de la selva y el camino a mi casa. Pero al salir, antes de que pudiera entender dónde estaba, la realidad me golpeó como una muralla de personas. Al chocar con ellas, las monedas se me escaparon de las manos, cayendo al suelo y perdiéndose al más allá. Quise agacharme a buscarlas, pero eso fue imposible, las personas me arrastraron como una corriente y me llevaron a no se dónde. 

Este lugar no era mi isla, entonces ¿dónde estaba? Me moví a un lado por puro instinto, logrando zafarme del grupo y me quedé al lado de una muralla, viendo los colores llamativos de la ropa de las personas y sus movimientos al bailar, hasta la naturaleza es distinta a las que hay en mi isla.

* * *

En medio todo este lío de la gente bailando y gritando o haciendo todo tipo de cosas, fue cuando lo ví a él, este tipo volaba o algo así, encima de una galleta, sí, una galleta. Por un momento pensé que era mi imaginación o era el hambre, pero no, el tipo venia sentando sobre una galleta gigante y junto a él lo acompañaba un pájaro, no se que clase de pájaro, pero ojala que no fuese un pájaro pulgoso. El loquito aterrizó cerca de mi y me dijo paliducha ¿Paliducha? No le quité la mirada encima, lo vi agitar el frasco y juró que era ron del bueno, pero en cuanto terminó de hablar, el pájaro empezó a picotearle la cabeza como si quisiera comerle los sesos. Solté una risa, el momento me descolocó, no hablaba como las monjas ni tenía el color moreno de los lugareños que veo alrededor. Me quedé mirando su mano extendida con la petaca.

—Jisjisjis. Miau, mierda ¿quienes son ustedes? Yo soy Lana… ¿Debería preocuparme por tu pajarraco que le gusta comer sesos?… ¿Es ron, whisky…? ¿Qué es eso? No importa el sabor que tenga, me gustaría probarlo… Oye creo que estoy perdida… ¿por casualidad sabes dónde carajos estamos? Desde aquí no veo el mar, ¿conoces el mar? Es como un meado azul gigante—

Le pregunté extendiendo mi mano para que me pasara la petaca y junté mis labios para enviarle un dulce beso por los aires.

—Muack—.


Aclaración
#3
Es beso fue directo a mi corazón, me agarré el pecho con fuerza y caí de espaldas fingiendo morir tras un poderoso disparo, soltando mi petaca en el proceso dejándola en sus manos. Lo primero que me di cuenta de la chica era de lo mucho que hablaba, sus preguntas parecían salir de su boca como una metralleta. 

Al haberme tumbado bruscamente, mi mascota decidió saltar desde mi cabeza al borde del dulce. Me fui reincorporando poco a poco, riendo levemente. -De todas las preguntas que has hecho me sorprende que no te hayas cuestionado el hecho de por qué estoy montado en una galleta gigante. Pero pareces estar loca y eso me gusta. Solo por eso no te cobraré tarifa por responder a tus preguntas. -Mi tono era confiado y juguetón, como si quisiera hacerme el interesante. Tras comentar aquello di un aplauso y una segunda galleta apareció justo al lado de aquella chica joven y rubia, con maquillaje extravagante. Le hice un gesto para que se subiera y tras ello comencé a hablar.

-Me llamo Iggy, mi colega plumífero se llama Travis, es mi mascota. -Al señalarle con ambas manos el ave inclinó la cabeza, como si supiera que le estaba presentando. -Y no es la primera vez que intenta abrirme la cabeza con su pico, suele hacerlo cada vez que no le presto atención, o no le doy de comer marisco. 

Agarré al ave con ambas manos y lo volví a colocar en mi cabeza, donde acomodó su cuerpo alrededor de mi pelo, quedándose sereno sobre esta. -Y la petaca lo que lleva es Ron, aquí en samba es el licor que más encontrarás, está de locos pero echo de menos un buen whisky. -Hice un gesto con las manos para que se animara a probarlo. -No seas tímida tu bebe. Si se termina podemos ir a robarle la cartera a ese tío de ahí. -Señalé a un hombre de unos cincuenta años  con un excesivo problema de sobrepeso, pelo entre rubio y cano, entradas bastante pronunciadas y un estilo que denotaba lujo y pasta. Se hallaba dando palmadas al son de la música, con su mirada fija en el culo de las bailarinas. 

-Y por si no lo sabías… Estamos en SAMBA.  -Grité casi al son de la música, animado por el compás de ella, elevando mis brazos al aire con entusiasmo. -En este lugar hay todo lo que puedes necesitar para ser feliz, fiesta, alcohol y mujeres, aunque ninguna  tan preciosa como tu. -Al terminar esta frase guiñé el ojo a la chica, sonriendo de forma descarada. -¿Qué más da si no recuerdas de dónde vienes? ¿No ves que esto es el paraíso?  Si quieres puedo enseñarte las maravillas que te puede ofrecer esta isla. 

Si este era su primera noche, estaba dispuesto a hacer que fuera inolvidable para ella. O tal vez no, dependiendo si el alcohol le iba a hacer no recordar absolutamente nada. 

Off

Karmas
#4
La petaca terminó en mis manos y por un segundo la inspeccioné tal como si fuera cualquier cosa sin importancia, un objeto más, uno que se puede encontrar en cualquier lado, eso era lo que pensaba… Y de repente me distraje al ver la reacción del chico de cabello de nido tras el beso que lancé, ahí fue cuando, por tener mis manos húmedas, sudorosas por el intenso calor, la petaca empezó a resbalarse entre mis dedos. Woaaa. La vi tambalearse de forma absurda, mis manos intentaron todo lo posible de atraparla antes de que esta saltara al suelo y se golpeara, no podía dejar que eso pasara, no quería deberle nada a nadie, mucho menos a un desconocido, porque yo no tenía dinero y al no tener dinero signifacab robarle a otros… o matar a otro. Con todos mis intentos conseguí agarrarla con ambas manos. En cuanto la tenía bien sujeta, Uff, solté un suspiro, nunca había sido tan torpe, o quizás sí, pero nunca tanto como ahora.

Fue recien entonces que volví la vista al chico desconocido, quien no solo era raro por aparecer de la nada, del cielo, sino porque literalmente había bajado del cielo en una Galleta gigante. ¿Desde dónde estaba que bajó? ¿Del techo? Pero de todas las preguntas que le hice, me comentó de su Galleta y me puse nerviosa que quisiera que le hablara justamente de su galleta, porque… Admito que al principio, como fue todo muy rápido,  pensé que se trataba de un extraño y pobre animal con problemas físicos, sin pelo, con la piel morena como la de los lugareños y tiene una forma muy rara, por lo que no quise hablar nada sobre su animal hasta que fue un alivio que confirmara que se trataba de una galleta.

Uff que alivio, aun asi eso no quita el hecho de que me provoque una extraña sensación su extraña criatura. No la detestaba, para nada. La observé de arriba para abajo y volví a mirar al chico del pelinido. —Es que… Bueno… yo— Balbuceé ¿qué le podía decir? Su galleta me daba nervios, hasta que solté con falsa modestia —Tu Galleta es bonita. Jisjisjis. Miau. Oye, Iggy y ¿de dónde la sacaste? Me vendría bien una que me lleve a todas partes— Le pregunté intentando procesar el cómo se podía mover una galleta, ¿él chico era una clase de fienfifico? Si me decía dónde conseguir una, quizá podría acostumbrarme a su apariencia.  Pero al menos solo se trataba de una galleta, la sola idea de que fuese un animal real me daba escalofríos.

Para olvidarme del tema llevé la petaca hacia mi boca y doy un largo trago, dejando que el alcohol llenara mi boca por completo, inflando los cachetes antes de tragar, porque antes de tragarlo, lo contuve mientras mis ojos se desviaban hacia el hombre que el chico estaba señalando, ese al que quería que lo acompañara a robar o algo así, quién sabe qué más, y sinceramente me parecía una buena propuesta, los lugareños de aqui son muy fácil de robar, provocar y molestar. Cuando por fin tragué al seco, sentí de golpe el liquido arder en mi interior y bajar de una sola vez. Sí, sabía raro, se notaba que no era alcohol del bueno, pero era un sabor tolerante, mas prefería el efecto.

Asi que esto es Samba, pensé… pero ¿qué es samba? Observé el lugar con más atención, escuchaba la música, las risas, veía los demás bailando, peleando, otros tomando y dejando caer sus bebidas, los perros jodiendo gatos y meando… Fiesta, alcohol, mujeres… todo lo que él decía lo veía presente aquí, y sonaba tentador, demasiado tentador, tanto porque a mi esas cosas me gustaban. Ya había conocido el lado tranquilo con las monjas, son calmadas, me cuidan constantemente, adoro sus hermosas sonrisas, ah… que bellas, pero esto era distinto, era peligroso, ruido y exceso, y no sé cual sería el problema de no buscar el mar y probar.

—Gracias, Iggy— le dije al devolverla la petaca —¿Acaso hay más maravillas aparte de las mujeres? Me estas convenciendo, ¿a dónde me quieres llevar? Miau— Le pregunté con una sonrisa picarona. Me acomodé un poco el cabello húmedo detrás de mi oreja, esperando que el calor del ambiente me lo pudiese secar pronto. Su invitación me podría ayudar a no pensar demasiado, solo a dejarme llevar por lo que pasaría en el momento… y es que no me sentía comprometía con nadie o simplemente no me acordaba de algunas personas. Volví a mirarlo a él, y a su circo ambulante, —Oye chico galleta, miau ¿ya me habías dicho cuánto tiempo llevas aquí? ¿O también se te pierden los días como a mi?— Me acerqué un poco más, lo suficiente para invadir su espacio personal sin tocarlo, con una sonrisa torcida, no como esas sonrisas de mujeres hermosas y amigables.
#5
Su pregunta me dejó pensando un rato. ¿De dónde venían mis galletas? Ni puta idea, yo solo las imaginaba, aplaudía y aparecían de la nada. Sabía que seguramente fuera por la fruta extraña conformada por pequeñas porciones de este dulce. Así que sin una respuesta clara me limité a soltar. -MAGIA… -Alargué la palabra más de la cuenta dándole dramatismo mientras mis manos trazaban un arco desde mi cabeza hasta mi cintura. 

-Soy un mago proveniente de tierras lejanas que tras toda mi vida entrenando mi cuerpo y alma  he desarrollado poderes sobrenaturales. -Traté de sonar interesante, pues esta parecía estar impresionada con mis habilidades y me halagaba la atención que recibía al mostrarlos. Me alegré en cuanto la rubia se llevó la petaca a la boca, bebiendo una cuantiosa cantidad del ron que contenía, manteniéndolo en su boca hinchando los mofletes. El pensamiento de apretarlos y hacerle escupir el licor se me pasó por la mente, pero el alcohol no debía desperdiciarse. 

Una vez me devolvió el ultimo recuerdo de mi padre lo guardé en un bolsillo interior de mi chaleco rojo de piel. Debía reconocer que la chica se veía bastante bonita, pero misteriosa. Su ropa y cabello estaban húmedos, por lo que sobreentendí que no venía a la fiesta a propósito, pues a diferencia de ella el resto de personas iban bien arregladas y pulcras. ¿De dónde venía? ¿Por qué hacía tantas preguntas? Mi naturaleza cotilla quería conocer todos y cada uno de los secretos que la mujer que se hallaba delante de mí. 

En cuanto subió a mi galleta sobre la cual permanecía sentado, acortando de más el espacio entre nosotros mi corazón se aceleró. Le sonreí de vuelta, pues la cercanía me gustaba, daba a entender que había confianza. -Si quisieras te podría enseñar muchas cosas… -Solté con un tono juguetón en mis palabras, cambiando de posición, pasando de estar sentado a hincar una rodilla sobre el dulce. -Dime a dónde quieras ir y mi galleta te llevará.

Una de mis manos se movió a su mejilla acariciándola con suavidad, a la vez que incliné mi cabeza hacia ella, dando la sensación de estar a punto de robarle un beso. No obstante esa no era mi intención, no al menos por ahora. En cuánto nuestros labios estaban tan solo a unos centímetros, aquellas caricias se tornaron en un agarre, sosteniendo ambos mofletes con una sola mano y forzándole a girar levemente su cuello, le dejé expuesta a lo que realmente quería hacer. 

Mi lengua recorrió el lateral su rostro de abajo a arriba lentamente, y tras ello la solté. Me quedé pensativo, en silencio por un leve momento el cual se hizo eterno, hasta que una única palabra salió de mi boca. -¡Salado! -Ahora no había duda, venía del mar pero… ¿Por qué darse un baño en el mar a estas horas? ¿Y por qué con ropa? Además su última frase… Se le perdían los días. Ladeé mi cabeza con curiosidad, a la vez que tomaba su mano y le atraía hacia mi, forzándole a acercarse más sin ningún tipo de vergüenza, quedando los dos de rodillas justo en el centro de la galleta. -No te lo voy a negar, me pareces rara de cojones. No sé una mierda de tu historia o de lo qué haces aquí. Pero… ¿Me dejarías descubrirlo tras unas copas y unos bailes? -¿La propuesta fue algo descarada? Tal vez, pero por ahora no deshice el dulce que nos elevaba a unos pocos centímetros del suelo, esperando la respuesta de la chica, viendo si prefería quedarse aquí, o tenía algún otro plan en mente.

Cosos
#6
El desconocido Iggy, con su pajarito, me había dado el nombre de donde estábamos, pero eso era imposible, ¿qué lugar era Salsita (Samba)?, el sonido del nombre me hacía ruido en la cabeza, como si lo hubiese escuchado antes en algún lado, en la iglesia tal vez, o lo leí en alguno de los libros que me hacían leer. No lograba engancharlo a ningun recuerdo concreto, tampoco creí lo que decía de la “magia” hasta que… mierda, allí tenía la prueba, frente a mis narices y él tampoco sabe de donde vienen, pero las hace él, y comencé a creer que se lo pedía a su abuelita. Comencé a pensar que esto era tan solo un extraño sueño, uno de esos sueños vividos donde todo parece lógico hasta que te detienes a ver que todos es muy extraño, un sueño en el que quizás me quedé dormida mientras estaba nadando en la piscina, con el agua tibia que me relaja. También puede ser que me ahogué en ella y ahora estoy muerta. ¿Después de la muerte existe Salsita? La idea no me desagradaba, no venía para nada mal, entendía entonces el por qué puede ser que es tan caótico y lleno de ruido este extraño lugar.

Sin embargo, lo que no sabía es que era un lugar que ya había vivido por mucho tiempo, por eso el nombre me suena, pero ahora estaba sufriendo una de esas crisis en la que olvidaba cual es la realidad. Mi respuesta a la suya fue confusión, una confusión torpe —¿”Nagia”? Eso… ¿existe? Tú un mago woow esto es… fantastico— pregunté emocionada, intentando recordar si de las tantas cosas que las monjas me habían obligado a estudiar —A ver… las monjas me dijeron que la nagia no existe— Aunque ahora ni yo misma sonaba convencida, porque las monjas dicen muchas cosas que luego el mundo se encarga de desmentir y mis ojos volvieron a recorrer el borde del dulce flotante con una presencia absurda —si la nagia existe, ¿será posible que yo también pueda conseguirla si entreno como lo has hecho tú?— dudaba.

Estar en este sueño no estaba nada mal, esa fue la conclusión que me vino de golpe, con una claridad que me hacía dudar de mi ¿será este sueño hecho por mi frustración? ¿Es mi frustración que me está hablando?, ¿si habla de mujeres es que quiero cojerme a mujeres? Con pensarlo me causa hambre, esas preguntas nacian porque las monjas habían dijo que los sueños reflejan cosas del interior, deseos, miedos, cosas no dichas, pero se que no todo puede ser así, o al menos eso me gusta creer.

Cuando me subí con cuidado a su galleta, pasé cerca de él, el hombre dueño de la galleta y de pelo en forma de nido para su pequeño animal alado. Casi no lo rocé con mi piel que seguía húmeda por el baño y el sudor, una humedad mezclada con el calor, pero con ese calor también me estaba secando, incluso el ambiente aumentaba mientras estaba cerca del hombre, mi cuerpo se calentaba solo como si hubiese tomado todo el alcohol que guardaban en la iglesia, ese calor que sube e inhiba.

Y mientras seguía siendo u sueño (segun lo que creía), no me hacía pensar en consecuencias, podía sentirme más libre de hacer lo que creía que fuese mejor para mi. Mientras pensaba en aquello, fue entonces que el desconocido Iggy me habló con una voz que solo me dio por quedarme mirándolo, sin interrumpirlo, sin bromear, porque sus palabras aunque sonaban a peligro, era algo serio. Resonaban en mi mente “enseñar muchas cosas”, esa frase se quedó dando vueltas, revolvía como un cosquilleo simpático en mi interior, mas bien curioso.

Su mano llegó a mi mejilla, la sentí cálida, no tan suave, pero era comoda, me recordaba mucho a un hombre que conocí una vez, sin embargo, las manos del que conocí eran más pequeñas y delicadas, diferente a este de mi sueño. Ahora no quería pensar en él, estaba pensando ahora en este momento exacto —Tienes la mano caliente— dije, y luego la sorpresiva y húmeda cercanía de él fue lo que me hizo sacar una sonrisa, una risa corta, tonta, más por el gesto inesperado y su comentario, me sorprendió, porque fue un gesto muy parecido a lo que suelen hacer las monjas —¿Salado? ¿Rara? Mierda… si quieres llévame a donde no haya nadie, asi como…— dejé la frase colgando, mordiéndome el labio sin darme cuenta, mientras comenzaba a acercarme a él sobre la galleta, gateando, hasta sentarme entre sus piernas, sintiendo la cercanía de su cuerpo y añadí —Así como el cielo, donde están las nubes. Después de esto… voy a despertar del sueño— No había que pedir permiso en un sueño.
#7
✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)