[Pasado] Muñecas de acción |Priv.
#1
Día 30 de Invierno | Año 15


Ya era algo tarde en el día. Las cosas habían pasado con cierta monotonía para Yuuki ese día. Se había tomado su té de la mañana, se había limpiado como era debido y hasta había practicado un poco en el tiro con pistola. Los entrenadores del clan solían aplaudirla a ella y a su hermano cuando ambos practicaban. Ella tenía una puntería más que decente con las pistolas, y su hermano con el arco. Ambos eran bastante celebrados dentro del clan.

Cuando habían acabado los entrenamientos, a Yuuki le entraba la gana de irse por la isla y encontrar algo entretenido para hacer. Aunque ese día, su hermano menor se le había pegado y no quería separarse de ella. Parece que ya sospechaba de las escapadas de la pelirrosa y quería evitar que se metiera en otro problema.

Mentando su mala suerte y resignándose a la labor de niñera ese día, salió con su hermano a caminar por la isla.

Estaba algo molesta, o más bien, inquieta. Se le notaba en la cara y en la forma en que caminaba, buscando generar distancia entre ella y su hermano menor. De haber sabido que ese sería uno de los últimos días en los que lo podría ver, lo habría aprovechado más.

Como fuera, iba cruzada de brazos y andando a paso rápido, pero eso sí, elegante. Con la ropa que llevaba y la forma en que se movía, no ocultaba para nada que venía de una familia acomodada. Su hermano, atrás, solía pedirle que caminara más despacio y que lo esperara. A veces se distraía con algo que veía por el camino, pero cuando notaba que Yuuki no le prestaba atención, corría detrás de ella como un pollito detrás de su madre gallina.

El camino que ahora transitaban era por una colina. Estaban subiendo. Era un camino abierto y no había un pueblo realmente cerca. Alrededor había algunas arboledas y se podía respirar con tranquilidad bajo el cielo azul. Aunque era invierno, el ambiente en Baterilla tan solo llegaba a ser frío y lluvioso, pero ese día las lluvias no habían molestado, ni el día anterior tampoco. Por lo que además de algo de fresco, el entorno era más que perfecto para distraerse un rato.

Y su hermano sí que iba distraído. Miraba las nubes, a algún pajarillo o incluso el crecimiento del césped. Era un chico muy curioso. Y como su hermana no le estaba prestando atención, decidió que se adelantaría, cosa que Yuuki permitió.

Cuando lo perdió de vista en la cima de la colina, ella aún iba por la mitad de esta. Y fue entonces cuando escuchó un grito, era su hermano. El grito fue silenciado de inmediato. Despertando de su mal humor, Yuuki subió corriendo, solo para encontrarse a unos cuatro piratas, de los cuales uno tenía a su hermanito atado y amordazado ya.

Al notar a la birkaniana, dos de los piratas sonrieron de forma burlona y otro, que parecía ser el jefe, apuntó con su espada a la mujer, demandando que se rindiera y que mejor cooperara, o algo le podría pasar al pequeñito.

Molesta por la situación y llevando su mano atrás, donde tenía guardada la pistola, se preparó para tener que luchar. No iba a permitir que nadie se llevara a su hermano, o a ella. Su pistola era capaz de acabar con todos, tan solo tenía que generar el suficiente espacio y luego soltar un disparo sobre cada uno de ellos. Aunque era mucho más fácil planearlo que hacerlo. Estaba en el borde de la colina, y el aterrizaje sería de mayor altura que el salto mismo. Y también cabía la posibilidad de fallar los disparos. Y para rematar, ¿Quiénes eran esos? No los había visto antes.

El jefe pirata insistió en su demanda, haciendo que ella sonriera poniendo su cara de niña buena. Quería hacer tiempo. Pero no sabía ni cómo pensar.

—Ciertamente... —Dijo y dio un paso atrás. Una gota de sudor le bajó por la frente mientras trataba de mantener la apariencia de vulnerable. Aunque a decir verdad, sí que lo estaba. Necesitaba ayuda urgente... quería que todo eso pasara ya y simplemente volver a casa, beber su te de la tarde y echarse a dormir.
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#2

Mama Lani —o bueno, Lalani— suele comentar acerca de las bondades de las flores y frutas que se pueden encontrar en algunas zonas específicas de Baterilla.
Las flores de mayo, la flor de pascua y las siempre caprichosas orquídeas se convierten en el objetivo principal del día; pero, si logra encontrar al menos una camelia, lo tomará como una victoria personal de la que presumirá durante la cena, antes de intentar trasplantarlas al jardín de la amable familia que le ha abierto las puertas, al menos por una temporada.

Sea dicho de paso, y aprovechando que desde la mañana el cielo ha sido piadoso al no involucrar gota de agua alguna; Runin decide llevar su arco y carcaj de flechas, quién sabe, si un conejo o una ardilla deciden atravesarse por su camino, podrían considerarse un aperitivo para la cuantiosa familia. ¿Un jabalí? Sería mucho pedir, pero llenaría el estómago de todos y cambiaría el menú de frutas y pescados. Incluso Cardan ha decidido acompañarla —para escapar de los infantes que quieren jugar con él— pero siempre es una compañía que la mantiene tan despierta como entretenida.



—¿Habrá terminado de vender todo el pescado?

Cuestiona observando a su serpiente, esta parece entretenida siendo uno mismo con el césped. La criatura niega, cuidadoso de no hacer caer su pequeño sombrero. —Es verdad, cariño, a quién queremos engañar. Seguramente se escaqueó ni bien llegaron al puerto, fufufu. —Divertida, ríe al pensar en la escena. Si Ryota no ha sido atrapado por su padre, seguramente su madre terminará por encontrarlo tarde o temprano.

Es así como termina en una colina, después de haber recorrido la espesura de zonas boscosas y otras más llanas; de haber guardado en la mochila, dentro de fundas llenas de tierra húmeda, varias flores con raíces. ¡Incluso una hermosa orquídea mariposa! Esa la lleva en la mano: no puede juntarla con las demás. Su preservación es diferente; no tan complicada como algunos quieren hacerlo ver, pero sí disímil.

—Eh, no me mires con esa cara de cansancio, te dije que te quedaras en casa. —Frunce el entrecejo ante los pequeños ojos de huevo tibio que Cardan le regala, obviamente espera que su compañera de vida lo cargue pero ¡Está sucio por andar reptando por todas partes! —Solo no eres más molesto porque no se puede. —Los labios se tuercen en una expresión fastidiada porque sabe que la serpiente ha ganado la batalla.

Está bien, ella también desea descansar un poco, es por ello que escoge uno de los pocos árboles sobre la colina para subir y sentarse entre las ramas, ayudando en primer lugar a Cardan, a quien le ofrece algo de fruta que Lalani les ha empacado. No ha obtenido un jabalí, pero sí un conejo gordo que deja en la base del árbol. El tiempo pasa rápido cuando nota movimiento en la cercanía. ¿Invitados?



—Metidos.

Más bien. —Y ninguno es atractivo, cariño. — No presta atención, está más ocupada devorando los últimos trozos de melón con sandía embutida en jugo de mango. ¿No son demasiadas personas?

La amazona no busca esconderse, aunque lo esté. El ruido natural que tiende a proporcionar con sus movimientos solo es pasado por alto debido a que uno de los cuatro hombres empieza a cavar en la superficie de la colina. ¿Eh? ¿Es un cofre del tesoro? ¿Tan cliché? Runin ríe aunque Cardan le tapa la boca para que no haga demasiado ruido. Alguien eleva la mirada pero al no ver debido a la espesura del árbol, continúan con su labor. La fémina no escucha gran cosa, así que continúa en lo suyo, ignorando a los demás.

Al menos hasta notar al nuevo invitado: Un pequeño infante curioso que ha terminado por quedar envuelto en una situación, por lo mínimo, engorrosa. La fruta es dejada de lado, Cardan se hace cargo de ella terminando de comérsela, mientras la fémina de mirada chocolate toma su arco con la mirada fija en los objetivos. El entrecejo se frunce al igual que los labios. No ha notado cuando lo han amordazado, eso solo hace que la sangre de la morena se enerve con mayor intensidad. ¿Cómo? ¿Cómo mierda se atreven? Los dientes chirrían y la flecha es colocada en posición.

Alguien más hace acto de presencia: Una mujer de larga melena rosa. ¿Una amiga? ¿Un familiar? No le importa. Con premura la fémina apunta, cuidadosa, hacia la mano del hombre que arremete con su espada. Runin no lo piensa, no vacila, dispara con la intención de atravesar la palma del tipo, obligándolo a dejar caer su arma al suelo.



—¡DEJEN IR AL NIÑO AHORA MISMO O LA SIGUIENTE FLECHA IRÁ A SUS CABEZAS!

Los ofuscados gritos se elevan cuando la fémina se levanta sobre la rama resistente, mostrándose al fin entre las hojas de los árboles. ¿Qué? El sigilo no es lo suyo, mucho menos si se trata de salvar la vida de un infante. Es una de las pocas situaciones en las que el enfado hace mella en la fémina, tornándose completamente agresiva sin intentar primero hacer uso de sus demás capacidades. Las manos le tiemblan, pero no lo suficiente como para dejar de lado su objetivo. —Le tocan un solo cabello, y los mato. —La mirada inyectada en una mezcla de coraje y ansiedad por acabar pronto con la situación.

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#3
Justo en el peor momento, ocurre un milagro. Una flecha logra impactar la mano del líder pirata y hace que suelte la espada con la que había apuntado a Yuuki. Y luego del disparo, de entre los árboles emerge una figura que a Yuuki se le hizo tan imponente y hermosa que no tuvo otra reacción que mirar con ojos brillosos. Pero no solo Yuuki miraría a la mujer con el arco y la flecha, listos para disparar. También miraban todos los piratas y también el hermano chico de la birkaniana.

Volviendo en sí pronto y considerando que la distracción no iba a tardar mucho más, sacó rápidamente su Quicksilver y disparó en el hombro del pirata que sostenía al niño, logrando hacer que el sujeto soltara a su hermanito en el acto.

El niño, un pequeño lunarian, cayó al suelo sobre sus pies y empezó a correr directo hacia Yuuki mientras las alas empezaban a agrandarse.

—¡No hacia mi, tonto! —Gritó Yuuki mientras volvía a apuntar con el arma—. ¡Vete a casa! ¡Ahora!

El niño se impresionó al ver el arma apuntarle por un momento, se echó al suelo, derrapando hacia la izquierda del pirata que lo sostenía momentos antes; levantando algo del polvo del camino, extendió sus alas por completo, elevándose por los aires y saliendo de allí ante los ojos de los piratas mientras se quitaba las cuerdas y la mordaza en pleno vuelo.

El líder pirata, harto de que toda iniciativa les fuera arrancada, levanta su puño en el aire y usando una voz bastante fuerte y ensordecedora, dio una orden a los demás piratas.

—¡Atrápenlas a las dos! Si no vamos a tener un rehén, nos llevaremos dos esclavas. ¡A ellas! Y quiero a la morena para mi después...

—Lo único que vas a tener al final del día es un calabozo, ciertamente. —Volvió a decir Yuuki mientras disparaba una segunda ronda de su arma, dando en el muslo a uno de los piratas.

Justo cuando hizo su disparo, corrió a toda velocidad, buscando aproximarse a la mujer que les había salvado antes con su aparición súbita. Su brazo derecho sostenía aún el arma y estaba apuntando aún hacia los piratas. Quicksilver podía hacer seis disparos antes de tener que recargar, por lo que aún le quedaban cuatro disparos más por hacer. Los cuatro piratas, con tres de ellos heridos de alguna manera por las dos mujeres, ahora avanzaban furiosos para atraparlas. Lo más probable es que alguno de ellos recibiera un disparo más de una flecha si la mujer aquella decidía darles.

La birkaniana miró a la mujer a los ojo, asintió en silencio tan pronto como llegó a su lado y tomó algo de aire. Luego de haber corrido, su puntería no iba a ser la mejor, pero se preparó para hacer un nuevo disparo. Esperaba que los piratas se dieran cuenta de la inferioridad táctica al enfrentar dos enemigos armados y a distancia estando ellos sin defensa y sin enemigos al alcance.

—¡Ríndanse y tendremos piedad!
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#4
¿Aquello que se encuentra presenciando son alas? ¿El niño… vuela? La estupefacción no se instaura completamente en la morena; entiende que primero debe ayudar a la fémina de largas hebras color rosa a encargarse del presente dilema. ¡Después tendrá tiempo de sobra para cuestionar hasta lo más irrelevante! Cuando se trata de proteger a un infante, la curiosidad pasa a ser insignificante. Una nueva flecha se posa en la cuerda; el arco se tensa y su mirada se afila mientras define su siguiente objetivo. ¿Esclavas? Hay personas demasiado divertidas. ¿No es así?

—Fufufufu. ¡Te faltan mil años para lograr que una amazona se convierta en esclava, cariño! —Está a punto de soltar la flecha cuando nota la iniciativa de la alta, muy alta, mujer. La kuja cuenta mentalmente los segundos que le tomaría alcanzar su posición. La mirada que le dedica dura apenas una fracción de segundo antes de comprender que pueden hacerse cargo de ello. Después de todo, dos tiradoras a distancia pueden llegar a convertir incluso una situación desfavorable en una ventaja.

La flecha es expulsada sin contemplación hacia el tercer pirata. Busca impactar en el corazón, aunque el traicionero viento desvía el tiro hacia abajo, en algún lugar del abdomen. Runin sonríe, incapaz de evitarlo. No es exactamente lo que esperaba, aunque tampoco le resulta tan decepcionante. Nuevamente extrae otra flecha del carcaj y vuelve a tensar el arco, esta vez apuntando directamente al capitán.



—No, cariño, no la tendremos.

¿Por qué habría de existir piedad para aquellos que no la conceden? —Aquellos capaces de herir niños y esclavizar personas solo merecen la muerte. —Con el tiempo ha aprendido a aceptar el concepto del deceso como algo afín a su propia existencia. Haber vivido en carne propia la muerte de su hermano y la de su detestable madre, le enseñó una sencilla lección: no todos los pecados pueden ser indultados.

—¡Arrodíllense o la siguiente flecha irá a parar a la cabeza de su capitán! —La fémina de chocolate mirada exige con determinación. El capitán parece vacilar al reparar en la herida que se vislumbra en el abdomen de uno de sus tripulantes; ellos, por otra parte, reaccionan de manera distinta. Lejos de temer, su sed de sangre y venganza incrementa. Ignoran las heridas propias y las de sus compañeros mientras continúan avanzando, aferrándose a la vana esperanza de ser más rápidos que las balas de la pelirosa o las flechas de la azabache.

—¡El primero que logre capturarlas se convertirá en mi segundo al mando! —Brama el capitán mientras sujeta su mano herida, quitándose la flecha para cubrir su mano con un pañuelo envejecido. ¿Está a punto de lanzarse también contra ellas? No, al contrario. Retrocede torpemente a sabiendas que sus tripulantes son los que deben jugarse el pellejo: No es más que un cobarde de boca grande.

Y Runin odia a los cobardes.

Los odia tanto que el gesto se tuerce en una expresión de asco combinada con agravio.



—Ese cerdo es mío, cariño.

Avisa de una sola vez antes de sentir dolor en una de sus piernas: Ellos también tienen armas de fuego.
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#5
Yuuki soltó un suspiro de cansancio. ¿Cómo no iba a estar bien con tan solo dejarlos ir? Su hermano ya estaba a salvo y ellas aún podían aprovechar el momento para irse. No tenía sentido quedarse a luchar si no había ganancia. Eran piratas mal habidos y algún día iban a tener que recibir su merecido. Para la pelirrosa no había sentido en seguir luchando. Pero allí estaba. De pie junto a aquella extraña en una pelea que se suponía que iba a ser suya. No quería dejarla sola, pero sentía las ganas de hacerlo... hasta que luego vio al cobarde ofrecer recompensas por ellas. ¿Quién se creía?

La mujer de cabellera oscura reclama también un contrincante. Y justo después de eso, un trueno estremece el lugar. Otra pistola. Y Yuuki, que ya tenía el arma levantada, disparó con precisión al centro de gravedad del pirata que había disparado a su inesperada aliada. Y no fue uno solo. Luego siguieron otros tres disparos. Todos los disparos fueron encadenados hasta que el revólver de Yuuki se quedó vacío.

No había matado a los piratas, pero sí que les había dado en partes donde el dolor y el daño fueran suficientes como para tumbarlos. Solo quedaba el líder de los piratas de pie. Yuuki luego miró a la chica de cabellos negros de manera rápida. Aún no podía dedicarse a cuidarla, pues pese a que había derribado a los piratas, éstos aún podrían dispararle desde el suelo.

—Te lo dejaré, Ciertamente. Pero cuídate la herida por ahora.

Y con ello dicho, sacó su otra pistola. Apuntó al líder de los piratas y le habló desde la distancia.

—¡Oye tu! En el mundo hay dos clases de personas... —Preparó el arma y tenía el calón orientado hacia su pecho. Era el mejor blanco que podía tener alguien, y el más amplio—. Los que tienen un arma cargada. Y los que se cagan. Y tu eres de los que se cagan.

Sonrió de manera confiada y luego miró a todos los que estaban ahí.

—Mi nombre... es Yuuki. Y harán bien en recordarlo. Si deciden volver por aquí a buscar pleito, pueden buscarme. Pero puede que no sea tan amable después... sin embargo...

Se dirigió a la mujer morena girando un poco la cabeza pero sin quitarle los ojos a los piratas. Sabía que podía volver a disparar si alguno de ellos hacía alguna estupidez, pero solo tenía una bala en aquella pistola y no había recargado a Quicksilver aún. Así que era mejor hacer que esa bala contara, tan solo tenía que saber a quién debía ponérsela en el caso que fuera necesaria.

—Gracias por ayudarme con mi hermanito. ¿Estás bien? Te apuesto cien berries a que esa herida no es suficiente para arruinarte el día... ¿Qué harás con ellos? ¿Todavía quieres ajusticiarlos? ¿No prefieres que vivan para contar lo mal que se puede llegar a tenerlo si dañan niños?
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