[Pasado] Estrellas y bailes
#11
¿Estamos?

Parpadeó con curiosidad ante aquella elección de su palabra, mirando a su alrededor, en búsqueda de alguien más; no vaya a ser que por accidente Seraphine le haya golpeado a alguien más, con la sangre molestando cada vez más con el pasar de los minutos, ya que se estaba secando, volviéndose una enorme mancha de color rojo en mitad de su rostro. Ya estaba demasiado acostumbrado a ello, por eso no le preocupaba demasiado su aspecto.

En algún momento, llegaría el momento donde se limpiase o la ayudasen a limpiar, siendo en ese momento que se percató de las miradas curiosas de los demás y se mordió el labio inferior, nerviosa, colocando ambas manos sobre sus rodillas, amasando, pareciendo de pronto un enorme gato de ridículas proporciones, con intención de mostrar el ser de lo más seguro, de no tener malas intenciones, algo que parecía soler salirle muy bien, pero Seraphine prefería no confiarse demasiado.

Pareció relajarse cuando no vio a otra persona herida. —Menos mal— Sonrió, ladeando un poco la cabeza, casi creyendo que iba a derretirse allí de alivio, y tomó con cuidado las manos ajenas, viendo la diferencia de tamaños, con las suyas siendo más grandes, y pasó un dedo sobre los de Miyori, dándole una pequeña acaricia, queriendo cerciorarse de que en verdad todo estuviese bien. —¡Bien! Me sentiría la peor persona del mundo si por mi culpa se rompió— Dejó escapar una pequeña mueca, peinando unos cuantos mechones hacia atrás. ¿Era su imaginación o la música volvió a sonar? Sintió el ritmo volver a apoderarse de sus venas, animándola de golpe.

Los ojos de Seraphine se abrieron un poco, apartándose de la mano ajena, casi como si estos ardiesen; no obstante, al creer que estaba siendo injusta, volvió a apoyar con cierto nerviosismo contra los dedos de Myori, incluso llegando a olfatear con cuidado sus carnosos labios, rozándolos. Sin duda, la mano de Miyori le parecía muy suaves. —Pero no deberías de mancharte— Arrugó un poco su nariz y cerró sus ojos, dejándole hacer. La pálida piel de Seraphine se volvió algo roja cuando la limpiaron, pero era algo común al ser fácil de marcar.

—¡¿Qué sucede?!

El pánico era visible en su expresión, colocando su dedo pulgar contra el rostro de la pelirroja, buscando quitarle las lágrimas que corrían por su rostro, pareciendo haberse olvidado de que no todos los seres vivos se volvieron esclavos en algún momento, y no tardó demasiado en ponerse de pie, dudando un poco, hasta que de pronto entrelazó una mano con la de ella, otra a la altura de la cintura y mantuvo un ritmo alegre, tras asegurarse de que el lápiz y papel, estuviesen al lado del violín, dando un par de saltitos para alegrarla.
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#12
La vi ponerse en pie, y fue entonces que me di cuenta de la diferencia de alturas. Bueno, desde que me cayó encima, y cuando estábamos sentadas enfrente una a la otra, si, había diferencia de tamaños, pero ahora… Era una diferencia abismal.

Nuestras manos se entrelazaron, aunque mi mano quedaba pequeña con la suya. Me tomó de la cintura, y yo coloqué mi mano libre a toque de su medio brazo que se apoyaba en mi cadera. Y así empezamos a danzar, con un ritmo algo torpe por la falta de coordinación y proporciones, pero, después de unos minutos, seguirnos el paso fue sencillo.

No soy una buena bailarina, es más, realmente he tenido muy pocas oportunidades para la danza, así que, puede que me equivoque más de una vez, nunca he sido de pisotear a alguien, y espero no tener que pasar nunca por ese tipo de vergüenza. 

La música comenzó a ser más animada desde que se empezó a escuchar la gaita y el acordeón, la música folklórica siempre tenía eso, que sacaba el ánimo en cada una de las personas. Alimentaba el espíritu, y la diversión se volvía más dichosa. Yo estaba sonriendo, mi boca nunca había mostrado tanta alegría. Experimentar otras artes, resultaba divertido también. Pero solo nosotras estábamos en el centro de la plaza, los invitados solo observaban. 

— Vamos por las demás personas… — Sugerí, en lo que la jalaba de la mano, y fui de persona en persona, llamándolos a unirse a una cadena de danza. Esto era una fiesta, y debía cumplir con su propósito. Aliviar los corazones cansados de las personas.
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#13
Temió el estar molestando de alguna forma, desde que adquirió su libertad, la skypean temía encontrarse en autopiloto, dejándose guiar por sus impulsos ahora que no tenía que preocuparse demasiado en complacer los deseos de alguien más para sobrevivir, sintiéndose como un pomerania que descubrió por primera vez el correr, enganchando con sentir el aire correr por su pelo y tuvo que frenar, contando hasta diez con sus ojos cerrados, su rostro pasando por un montón de expresiones, siendo sus emociones un enorme mar de emociones que pudo calmar tras unos minutos.

Y el abrir sus ojos, se mostró más calmada, sin embargo, el fuego nunca abandonó su mirada, una vez tuvo la oportunidad, buscando guiarla, los pies de Seraphine acabaron debajo de los de Miyori, ofreciendo, en silencio el que la pisara, con intención de dejar que ella pudiese mover su cuerpo, hasta que la recién conocida, tuviese la suficiente seguridad de moverse por su cuenta, manteniendo aquella amplia sonrisa sobre sus labios, un pequeño empuje, queriendo enseñarle y dejar que de ahí ella siguiese, aunque en realidad, a Seraphine no le importaba demasiado tener una compañera torpe, contrastando con los movimientos más seguros de la más alta.

Lo que le importaba a Seraphine era conectar con los demás, ya sea teniendo un compañero de baile o detrás del escenario, buscando hacerlos sonreír, no recordaba exactamente por qué, los constantes golpes a su cabeza, se lo hicieron olvidar, sin embargo, aquella emoción siempre volvía a su cuerpo, como si fuese la primera vez y sonrió, mirando a la humana directo a los ojos, buscando motivar a ella también para que sintiese esas olas a punto de empujar bien lejos cualquier resistencia que se pusiera en su camino, había algo que sabía muy bien: Llevaba bailando desde niña.

Asintió, no tardando demasiado en alejarse de Miyori y se acercó a las personas, dándole un pequeño golpecito en un costado con su codo a la mujer de una pareja conectada por unos brazos entrelazados y, sin aviso alguno, los tomó de la mano, atrayéndolos a la pista con ojos brillosos y repitió lo mismo, sin el codazo, sintiendo que la gente saltaba de inmediato a la pista de baile al ver su expresión, pareciendo no dejarles escapatoria.

Y sin aviso alguno, colocó otra vez una mano sobre la cintura de Miyori, haciéndola girar, de forma rápida y le sacó la lengua, en un gesto de diversión pura al intentar marearla un poco.
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#14
Las luces y la música se entrelazaban en el aire, mientras la flauta dulce envolvía aquel momento de ensueño. Había ritmo, había deseo… y, sin duda, las estrellas también formaban parte de la compañía. Sus fulgores iluminaban cada rincón de aquella localidad festiva.

Las jarras se mecían con energía desbordante, la euforia vibraba en el pecho de todos. Gritaban al unísono, no por estruendo, sino por pura felicidad, clamando la ovación de un baile espléndido que parecía no tener fin. Que hermoso.

Mis pies no eran expertos en la danza, sin embargo, mi corazón me hizo fluir con libertad. Y libertad era lo que siempre añoraba cuando se trataba de música. La doncella de cabello rosado comprendió mi petición y, una a una, las dos transformamos aquel espacio solitario y sin gracia en un círculo vibrante, donde las personas se enlazaban por brazos y codos. Las faldas hacían su propia pieza danzárica, ondulando en movimientos constantes, como un oleaje alegre y desbordado. Aquello era divino.

Entonces, una vez más, sentí una mano posarse en mi cintura y, acto seguido, me hicieron girar con rapidez sobre mi propio eje. Mi mirada se encontró con los hermosos ojos esmeralda de mi acompañante. Me sacó la lengua en una burla teñida de travesura, era ella, Seraphine, mostrándose genuina ante mí. ¿Cómo un ángel con el ala rota puede ser tan noble?

Me reí en complicidad junto a ella, y al escuchar el aviso clave de la gaita, mi sonrisa se ensanchó con rapidez, como la de un felino invitado al juego.

Tomé las manos de Seraphine nuevamente y bailamos con mayor confianza…bailamos como si aquella noche celebramos la música, la libertad, el amor, y sobre todo, como si diéramos la bienvenida a un nuevo integrante a nuestra comunidad.
Tras la música y el baile, cuando por fin intenté tomar un respiro, me encontré sedienta, con el cuerpo aún impregnado de sudor. Con un movimiento ligero aparté la humedad de mi frente y acomodé algunos mechones de cabello detrás de mi oreja. Miré emocionante a la Skypean.

—¿Tienes hambre?, podemos comer y beber algo de la mesa festiva. — Dije sonriente, señalando la mesa del banquete.
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#15
El cuerpo de Seraphine ya estaba de lo más acostumbrado a los intensos bailes y sesiones de entrenamiento, moviéndose con soltura, sentía su pecho y subiendo, no por la actividad física, si no por parecer, por primera vez, el poder respirar por profundidad, se sentía como si pudiese contra todo, correr en dirección al muro más cercano y poder destrozarlo con solo el impacto de su cuerpo, la alegría que sentía al bailar se notaba, siendo para ella algo mucho más que respirar, sintiendo aquella simple actividad y emoción de alegría haber irrumpido la función de sus órganos vitales para sustituirlos haciéndola dependiente del movimiento de sus pies y brazos.

Y no fue para nada amable con Miyori, pareciendo haberse olvidado de la posibilidad de que la pelinaranja no estuviese acostumbrada a bailar tanto, parece retar a sacar lo mejor de ella, pudiendo cambiar el ritmo desde arrasador a tranquilo, dejándose guiar por la pirata, que ella marcase el ritmo según las cosas que veía, ayudando con sus manos a que pudiese alcanzar ciertas posiciones con facilidad, pareciendo que la torpeza la abandonó por completo.

Fue la mujer del violín que le recordó que existía la parte descanso, pero Seraphine parecía negarse a dejar de bailar, requiriendo hacer uso de abrazarse a la farola más cercana para detenerse, sintiéndose como un koala, con su respiración acelerada, calmandose, un el brillo de su mirada, negaba a desaparecerse, necesitando un par de minutos para asegurarse de que al soltarse, Seraphine no volvería a bailar, buscó distraerse con la idea de comer, escuchando su estómago gruñir y asintió, acercándose a Miyori con una enorme sonrisa, llevando una mano a su bolsillo, extrajo sus gafas para poder ver un poco mejor, sintiendo su vista algo cansada.

—¿Qué es lo que hay?

Escribió, tragando saliva, hidratando su garganta, el corazón todavía latiendo de forma animada, sin embargo, se estaba volviendo cada vez más llevadero, escuchando en ese momento, su estómago gruñir de hambre y pegço su cabeza contra los hombros, adquiriendo una ligera expresión avergonzada. —Un poco de carne no estaría mal— De pasar a una dieta vigilada, su amo no quería que su bailarina principal ganara peso y ahora que era libre, quizás exageraba un poco con la comida.
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#16
Noté como Seraphine corría hacia un poste y directamente se abrazaba del mismo, lo cuál me pareció bastante adorable y tierno. Al igual que ella, nos faltaba el aire y nuestro pecho ascendia y descendía por el cansancio y la euforia de aquel momento compartido entre las dos. Luego la miré incorporarse hacia mí, acercándose con una enorme sonrisa y confianza, adornando su rostro con unas gafas de lectura. Entonces pensé… ¿Muda?, ¿Ciega?, ¿Torturada?... ¿Qué más podrían arrebatarle y continuar luciendo como un ángel?. Era una iglesia.

—- Pues hay de todo un poco …. —- Dije, mientras mi mirada se enfocaba en la mesa del buffet y luego miraba de nuevo a Seraphine, parecía timida al desear, y yo le sonreí con suma confianza para borrar los temores.

—- ¡Pues carne será! —- Afirmé mientras la tomaba de la mano y nos dirigimos ahora a la mesa del banquete, dejando atrás aquel ambiente de música y baile, aunque realmente solo fue que salimos del área central, no nos perderíamos de nada.

En la mesa se podría encontrar de todo un poco, pescados al vapor, frito, al horno, carne de res en su punto medio, lechones al horno, pollo en salsa, guarniciones desde papas, ensaladas, zanahorias y brócoli, guisantes, aderezos variados, panes y tostadas, arroces, y entre otras delicias que las mujeres de Baquella prepararon según el gusto de sus maridos.

Le acerqué un plato a Seraphine, y junto con ella dispuse a llenar mi plato de cosas que eran de mi parecer, en mi caso un poco de pollo en salsa y ensalada, y mientras iba seleccionando las guarniciones, mi mirada de vez en cuando miraba a Sera, tenía cierta curiosidad, ¿Porque era así?, ¿Como se hizo tal heridas?, no sabía realmente si debía tocar ese tema.

— Oye Sera… —- Llamé, tomando la confianza de simplemente reducir su nombre a las primeras cuatro letras. Mis labios se apresaron entre sí, tratando de formular bien mi siguiente pregunta.

— ¿De dónde eres?.
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#17
Sintió sus pies temblorosos, por cada paso que daba hacia adelante, era como si fuese a impactar de rodillas contra el suelo, siendo la queja de su cuerpo el haber dejado de bailar y así como tener pocas energías de continuar, sin saber muy bien que había esperado, siendo su tercer día de libertad, con el montón de cosas que pasaron los dos últimos días, era de lo más seguro que Seraphine no podría seguirle el ritmo a todo, no obstante, se negaba a moverse con calma y disfrutar del momento, con tantas cosas en su cercanía, la skypean quería probar de todo, moviendo sus alas de forma exagerada, cerró sus ojos, contando hasta diez y siguió a Miyori, esta vez segura sobre sus propios pies, no obstante, prefirió no pensar demasiado al respecto, por temor de que en caso de hacerlo, su mala suerte, se activaría otra vez.

Y asintió a sus palabras, para demostrar que estaba escuchando, con una tímida sonrisa en sus labios, escuchando a su estómago gruñir de hambre, pegando su cabeza entre los hombros, nerviosa por un posible castigo, de desear algo, no obstante, no llegó nada, tragando saliva por ser tan estúpida, soltando una tanta de insultos así misma por unos cuantos segundos, odiando el hecho de no tener sus emociones controladas, sabía muy bien que ser libre por completo demoraría tiempo, pero Seraphine no quería esperar, estaba cansada de esperar y sintió la felicidad en su rostro al escuchar la carne, cómo castigo, le negaban el darle una buena cena, dándole en ocasiones, solo pan o un par de hojas de lechuga, por eso, la carne era un lujo para la más alta.

No esperó a que la tomase de la mano, pero tampoco hizo una acción de apartarse, dejándose arrastrar mientras se imaginaba diferentes recetas que incluyese aquel ingrediente, se quedó quieta durante unos minutos, pareciendo una estatua con el plato entre sus manos, hasta que, tardando un poco, miró a Miyori, copiando su acción, tomando todo lo que pudo encontrar a su alcance, sin importarle que la mezcla le dejase un mal sabor en su boca, quería probar todo y lo alejaba cada vez que alguien se acercaba mucho.

—Sorbet— Dejó con cuidado su plato en una mesa. —O eso creo… No recuerdo muy bien, tengo un par de problemas con la memoria— Se rascó el mentón, recordando la hendidura que tenía en la cabeza, por suerte, gracias a su largo cabello no era visible. —¿Tú?— Siguió escribiendo. —¿Eres de aquí? ¿Visitaste más islas?— Se relamió los labios, no comiendo aún, escuchando su estómago gruñir de hambre.
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#18
Me sorprendí a saber que Seraphine venia de otras tierras lejanas a Baquella, aunque, casi podría decirse que se notaba. Nunca había visto a alguien como ella, y tampoco había conocido a alguien con tantas características un tanto peculiares en el mal sentido, pero no por ella, si no por todo lo ocurrido que aún no sabía la historia de fondo.

— Vamos, hay una mesa desocupada por allá… — Expresé dulce para que ella tomará de nuevo su plato de comida con lo que parecía una selección increíble de sabores, sin duda no le tenía miedo a la combinación de sabores, y no tendría porqué medirse, la comida de las señoras de Baquella es sin duda una delicia culinaria. 

—- Nací en este lugar … — dije con gran sonrisa reluciente, pues amaba mi tierra natal, y no había mejor lugar que Baterilla. Al menos para mí. 

—- No he tenido la fortuna de conocer otras islas, digamos que sigo teniendo cosas por hacer en el pueblo…—- Expliqué mientras caminaba por el tramo corto a la mesa disponible, cuidando de no tropezar con las personas y tanteando mi mirada de vez en cuando hacia Seraphine en cuidado de que no volviera a caer. — Por ejemplo, ser una buena almohada anti-caídas, jejeje.

Estando en la mesa dejé mi plato sobre la misma junto con una botella de limonada rosa con fresas, los vasos los coloque apilados en la boquilla por lo que no tendría que volver por los recipientes. Esperé a que ella se acomodara a gusto en la silla frente a la mía. 

—- ¿Te gusta mucho bailar?, me parece que lo haces increíble. — Mi curiosidad era otra, pero no podía ahondar en un terreno que no sabía que tan minado estaba. Comencé a servir la limonada en los vasos limpios de cristal, primero serví el de la doncella alada, y después el mío.
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#19
Volvió a tomar su plato, no pudiendo evitar hacer una pequeña mueca al imaginarse así misma como un pequeño patito que seguía a su mamá pata, aunque, considerando que apenas tenía un par de días de libertad, tres para ser exactos, era normal que se anclarse en la primera persona que mostraba una pizca de amabilidad y asintió, manteniendo silencio, ya que con su alimento en la mano, no le era posible comunicarse ahora mismo con Miyori, algo que no le agradó demasiado al ser como sentirse vulnerable y Seraphine quería participar de manera activa en la conversación.

Y antes de colocar sus pertenencias sobre la nueva mesa, no pudo evitar pegar su cabeza entre sus hombros, dejando escapar una pequeña sonrisa que parecía decir lo siento a la hora de escuchar lo de almohada, llegando a tropezarse con sus propios pies, pero evitó impactar contra el suelo, sentándose, llevó sus manos a su largo cabello, peinandoselo hacia atrás, dejando caer sobre uno de sus hombros, pudiendo ver con facilidad los dos colores que lo componían, sentándose, enderezando su postura, sin poder quitarse aquellos modales de encima, quedando a la vista, por unos instantes, quizás, que sus modales no eran los mismos que un civil más de aquella isla, recordando las largas horas de lectura recibidas para evitar dejar a su amo en ridículo.

—¿No te estoy— Tragó el trozo que se llevó a sus labios. —impidiendo en seguir con tus responsabilidades?

Hizo una pequeña mueca; Miyori lo hizo sonar, que las cosas que tenía que hacer eran de suma importancia, sintiéndose más como una molestia que otra cosa, mirando sus manos al recordar la manera en que cayó sobre ella y sus dedos tocaron su pecho, por impulso al dudar unos instantes lo que tuvo delante de sí misma.

Cuando se tocó el tema de bailar, no pudo evitar sonreír con alegría, sus ojos brillando, y escribió, de manera rápida, debiendo bajar al ritmo, al darse cuenta de que la mitad de lo escrito apenas era legible, por lo cual debió volver a escribir. —Es mi vida— Ladeó la cabeza. —Es algo que… recuerdo hacer desde pequeña; mi vida no tendría sentido si no pudiese hacerlo— Colocó unos cuantos mechones detrás de su oreja. —¿Tú tienes algo similar?— Miró en dirección a donde estaban el resto de los músicos.
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#20
Me asombró la naturalidad con la que Seraphine se sentó a la mesa, con una elegancia casi puritana, modales que, a simple vista, la delataban como alguien que venía de una cuna de oro. No era como si yo desconociera el uso del cuchillo y el tenedor, ni la postura correcta frente a la mesa, sin embargo, existía una diferencia sutil en nuestros movimientos, en la manera en que cada una fluía dentro de ese gesto cotidiano, siendo así…. ¿Por qué ella terminó de esta manera?, herida. 

—- Tranquila, ya era momento de que tomara un respiro y comiese algo, jejeje —- Expresé con una leve sonrisa, buscando que Sera no se sintiera culpable por haberme ocupado. Además, hacía tiempo que no hablaba con alguien así, de esta manera, con una amiga. Después de todo, siempre he amado conocer nuevas personas.

Mi pregunta sobre el baile pareció encender una chispa en su mirada, la misma emoción que había percibido cuando la vi bailar… cuando bailamos juntas. A pesar de su torpeza, fue ella quien me enseñó a mover los pies, a dejar que el cuerpo siguiera el ritmo. Mientras la observaba escribir con entusiasmo sobre el papel, aproveché para probar algunos de los manjares de la fiesta, todo estaba sumamente exquisito. Cuando Sera estuviera lista para mostrarme lo que había escrito, le prestaría total atención… y así fue.

El baile era su vida, lo practicaba desde pequeña y, al parecer, si no bailaba, nada a su alrededor tenía sentido. Un sentimiento cálido nació en mi corazón al remontarme a los recuerdos de ayer, a cuando yo misma comencé en la música, con mi primer instrumento que en ese entonces era una flauta de madera.

— Claro que sí…. —- Mi mirada se desvió hacia la tarima de los músicos, donde las personas danzaban a su alrededor, unidas en un mismo son, compartiendo un instante de pura liberad expresiva. Luego volví mi mirada azulina hacia las esmeraldas hermosas de Sera —- Amo la música, tanto que podría morir con solo querer aprender nuevos estilos…. 

—- Quiero conocer todo tipo de música, los instrumentos, sus historias…. —- Descendí ahora mi mirada hacia mi plato, jugando con un garbanzo redondo en la punta de mi tenedor, en mi corazón aguardaba un sueño genuino. —-- Ser una experta por completo. —-- Y por supuesto, llevé el garbanzo a mi boca, disfrutando del exquisito sabor del mismo.

—- ¿No te parece maravilloso, Sera? —- Lo mencioné con una felicidad evidente en el rostro, acompañada de un leve rubor en mis mejillas, estaba completamente segura de que ambas compartíamos una misma pasión, aunque siguiéramos caminos distintos. —-- Tú bailarías al son de mi música, y yo tocaría guiada por tu baile, y… al final… lo que nos une es que nuestros corazones laten por el arte músical.

—-- Si algún día llegase a convertirme en una excelente músico…. —- Pause un poco, agregando suspenso a nuestra conversación, dejando que la música de la fiesta también fluyera a nuestro alrededor. —- Espero verte ahí, danzando con la misma felicidad con la que nos conocimos.
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