Pinza y Aguijón | P. Relativo | Entrenamiento
#1
25 de Primavera, año 17. 1840 horas. Cuartel de la Marina en Baterilla, zona de entrenamiento.

El cuartel de la marina ubicado en Baterilla, cómo centro neurálgico del brazo militar del Gobierno Mundial en el South Blue, disponía de instalaciones amplias, preparadas para dar instrucción, capacitación y entrenamiento a los centenares de marines que caminaban sus pasillos día a día. Desde los barracones dónde podían dormir, pasando por el gran salón comedor, las alas médicas, los archivos y las salas de comunicación. Todo lo que se necesitaba para construir a un marine hecho y derecho se podía encontrar entre sus paredes. Lo que no significaba que todos y cada uno de los marines que pasaran por allí serían “hechos y derechos”. Después de todo, ningún método es infalible y por cada Strouf Redgrave… a veces salía un Enji.

La zona de entrenamiento que compete al relato del día estaba un poco apartada del campo habitual, dónde se realizaban las rutinas físicas, prácticas de tiro y combates amistosos. Todo lo que pudiera implicar daños colaterales tenía que efectuarse lejos del edificio principal y a una distancia segura del movimiento civil, así que se internaron en el bosque que rodeaba el terreno del cuartel por detrás, atravesaron la maleza, avanzaron un par de kilómetros y, poco antes de empezar a sentir el peso de la caminata en las piernas, dieron con un claro. Líneas rectas, artificiales a todas luces, delimitaban su envergadura, formando un cuadrado de cincuenta metros por cincuenta metros. El equivalente a una manzana de terreno desmalezado y plano. En el centro, cuatro rocas se alzaban como monumentos a la mano de obra humanoide, ubicados en alineación a cada una de las esquinas. Y, en el centro más centro, había un enorme árbol, cuyas ramas podían tener el grueso de un sendero en el bosque.

Enji y Juan llegaron al lugar después de un largo trayecto a pie. El marine popularmente conocido por su tendencia al nudismo daba las últimas pitadas a su cigarrillo y, por sorprendente que pudiera parecer, estaba vestido. Llevaba puesto el uniforme marine de verano, con su chaleco blanco, pantalones cortos y gorra característico. ¿El motivo de tan extraño suceso? Hombre y cangrejo no estaban solos. Junto a ellos, en bici pero a su misma velocidad, los acompañaba un superior. Enviado estratégicamente para supervisar su entrenamiento.

—Reclutas, este terreno está preparado para los usuarios de akuma no mi. Cómo sabrán, sus poderes pueden ser muy variados, extraños y peligrosos, así que, para que puedan emplearse a fondo, esta zona existe. Estamos lejos de cualquier víctima de daños colaterales. —Detuvo la bicicleta e hizo sonar la bocina que tenía en el manubrio apretando una pelotita de goma—. Cómo compañeros de división y usuarios de akuma, nunca está de más que conozcan las capacidades del otro. A fondo. Este mismo tipo de entrenamiento deberían repetirlo con el resto de sus compañeros. Pero, por el momento, lo principal es que se conozcan entre ustedes.

Enji se adelantó hacia el campo de entrenamiento, palpó el suelo con la punta de su bota y dió unos saltos en el lugar, cortos y rápidos, rebotando en el sitio.

—No está mal, ¿eh, Juancho? —Llamó a su compañero mientras se dirigía a una zona más central, cigarrillo en boca y apretado entre sus dientes—. Aunque yo lo colocaría una lagunita en el centro. Hace un calor de mierda…

Y es que el sol pegaba fuerte pese a la hora. Estaba bajando, poco a poco, pero faltaba un rato largo para que sus rayos dejasen de iluminar la zona. Tendrían buena cantidad de luz natural hasta pasadas las ocho de la noche, y eso que todavía faltaba para llevar al apogeo de su mandato: el verano. Enji suspiraba y maldecía, muerto del asco cada vez que recordaba la inminente llegada de esa infernal época.

—La verdad, Juancho, no te voy a mentir —dijo Enji, parado a un costado de una de las grandes rocas que había en el campo de entrenamiento—. Esa coraza tuya tienta a pegarle. ¡No te ofendas! Pero no parece que nada te haga efecto, viejo. Eres un tanque con patas, shihaha…

Entre dientes el marine rio mientras se acomodaba los guantes en su lugar.

—¿Empiezas tú, Cangretortuga?

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#2
El día había sido bastante rutinario hasta el medio día, levantarse temprano, servicios de patrullaje, saludos respetuosos a los oficiales y comidas desordenadas y escandalosas con mis compañeros de división con los que ya había cogido mucha confianza. Tras la comida tenía la tarde libre hasta la hora del entrenamiento que tendría algo más adelante con Enji, por suerte el entreno no era justo después del almuerzo, así podría mitigar las horas de calor con una buena siesta, para además ir bien fresco a la sesión con mi compañero. 

Enji, un oficial y yo nos pusimos rumbo a una zona apartada, por los visto había preocupación por los daños que pudiésemos causar a las instalaciones mientras peleábamos ¿Alguna vez había roto yo algo? No que yo recuerde, al menos no cosas importantes, pero por algún motivo me miraba severamente mientras explicaba todo lo concerniente a los daños que podían causar los usuarios de Akuma —Si es que hay gente que no tiene cuidado...— Dije, apoyando a mi superior en sus declaraciones, tenía toda la razón después de todo, hay marines que no saben controlar los daños... 

Estando ya frente al campo de entrenamiento, lo primero que hice fue equiparme mis guantes favoritos y, justo después, Enji y yo tomamos nuestras posiciones, preparados para darnos de leches de la forma más amistosa y fraternal posible. Bostecé mientras levantaba mis rodillas hacia mi abdomen en lo que era un intento de estiramiento, la siesta me pasó un poco de factura pero estaba bien, un poco espeso, pero bien. Mientras Enji se dirigía a unas de las rocas me posicioné al lado de otra de las rocas mientras pasaba a mi forma híbrida, desarrollando un monstruoso caparazón y cubriendo mi coraza de escamas  —Nada mal Enji... Nada mal— El escenario era agradable para una pelea, algunas rocas para ubicarse, un gran árbol en el centro... 

—¿Quieres probar lo duro que soy? Dame tu mejor golpe compañero, aquí te espero— Debido a la falta de entrenamiento, transformarme requería de toda mi concentración y debía dar todo de mi para no volver a mi forma humana en mis primeros instantes, por lo que me pareció más prudente ganar tiempo forzándolo a venir a mi posición, esperando en posición de combate con los pies firmes y mi pinza delante de mi torso.

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—Hablo— —Pienso—
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#3
El sol estaba empezando a ponerse y ocultar sus rayos bajo el manto del horizonte, lo que tiznaba el cielo de una mezcolanza de colores cálidos. Desde el punto de caída, iniciaba con amarillo, se tornaba rojo y pasaba a rosado antes de retornar al celeste natural del domo, justo al extremo opuesto del atardecer. Enji estaba parado debajo del punto cardinal donde moría esa luz, y Juan, con su enorme figura de cangrejo, se ubicaba de espaldas a la caída del astro, proyectando su sombra hasta los pies de Enji. Los distanciaba ocho metros de terreno.

Juan empezó a transformarse, eso ya no lo sorprendía. Llevaban meses compartiendo división, habían entrenado juntos y cumplido misiones donde el gyojin había tenido que utilizar su fruta. El caparazón, las garras y las escamas fueron apareciendo, configurando la anatomía de por sí particular del cangrejo para adaptarla a un punto medio entre hombre, cangrejo y tortuga. Una quimera digna de ver, y, en palabras de Enji, “Extremadamente fachera”.

Enji sonrió y su veneno, como un sudor morado translúcido, empezó a supurar de todos y cada uno de los poros de su piel. La tela de su uniforme lo sufrió, pues, al empaparse, se empezó a destruir. A desgastarse, carcomida por el líquido corrosivo que había reemplazado a su sudor.

—¡Recluta! ¡No ganamos para todos los uniformes que destruye! Debería aprender a controlar sus secreciones, ¡sacrebleu!

El oficial hizo sonar la corneta de su bicicleta como un llamado de atención.

—¡Bueno, bocina corta, bueno! —Enji chasqueó la lengua—. ¡Hago lo que puedo! Usted lo dijo, oficial: estás frutas pueden generar mucho daño colateral. ¡No es que me guste quedarme en calzones!

Tampoco le disgustaba.

—¡Está bien, Juancho! ¡Voy con todo! —anunció con una sonrisa en el rostro—. ¡No me vengas con lloros después!

Y su cigarrillo cayó al suelo mientras flexionaba las rodillas.

Bajó el centro de gravedad, bajó hasta que su trasero estuvo a punto de tocar el suelo. Los muslos hinchados por la compresión de sus músculos, aunando fuerza, tensando las fibras de sus piernas hasta el máximo. Sus manos se movieron de forma lenta y el veneno fluyó. Brotó en su brazo izquierdo como una segunda piel, una cáscara viscosa, morada y semi translúcida que se aglomeró entorno a su puño hasta formar un apéndice largo y en punta, similar a una lanza de justa pero ligeramente curvada hacia adentro.

Después, Enji desapareció. Un pájaro silbó en el brevísimo instante que la figura del marine perdió sustancia, convertida en un borrón blanco y morado.

—¡Aguijón!

Lo próximo que se sintió fue el impacto en el brazo izquierdo de Juan y el sonido del líquido explotando y regando la zona. Enji había llegado desde un costado, volando a ras del suelo tras ejecutar un poderoso salto. ¿Desde donde? En línea recta hacia la izquierda del gyojin, al límite del terreno, se veía un pequeño pozo en el suelo dónde Enji había ejecutado su salto. En lugar de avanzar de frente, había corrido en diagonal hacia la izquierda de su compañero y luego ejecutado el desplazamiento al estar alineados.

Los nudillos de sus guantes hendieron ligeramente la gruesa coraza del cangrejo, pero eso estaba lejos de ser su principal problema. Más tendría que preocuparse del líquido venenoso y corrosivo con el que lo había bañado, aferrado a su cuerpo en forma de cruz violeta mientras emitía un ligero vapor blanco.

Tras el golpe conectado, Enji saltó sobre la roca que estaba a la derecha de Juan y se paró sobre ella. Lo observó desde arriba, sonriente.

—¿Y? ¿Qué te parece, grandulón?


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1821 + 0 = 1821
Energia: 2065 - 192 = 1873
Espiritu: 270 + 0 = 270
#4
El veneno de Enji comenzó a supurar, siempre era algo curioso de ver, daba un poco de asco pero no en el sentido ofensivo de la palabra, un asco que tiraba más bien a la curiosidad, era algo que parecía inverosímil, incluso para mí, que acababa de transformarme en una enorme tortuga humanoide. —JAJAJAJAJA— Me reí a carcajadas cuando el sargento le recriminó por el uniforme —Ese es nuestro pervertido, si señor— Esa mierda siempre lograba sacarme una risa, nunca pasaba de moda 


Antes de poder reaccionar a ello, la figura de Enji desapareció de mi vista, ese bastardo no solo era un exhibicionista tóxico, también era ridículamente rápido con sus pies. Y entonces sentí un poderoso golpe en mi brazo izquierdo —Ugghh—  acompañado por un dolor que me era familiar, una sensación de ardor que se propagaba por mi brazo similar al día en el que le conocí. El golpe sacudió todo mi ser como ningún otro lo había hecho en mucho tiempo ¿Qué tan fuerte era realmente mi compañero?
 
—¡Maldita sea recluta, espabile!— Dijo con una estruendosa voz el oficial que nos acompañaba —Milditi sii ricliti, ispibili— Pensé con retintín, si se lo decía a la cara el entrenamiento podría volverse un 2vs1 y no era buena idea, pero él no se ponía en mi lugar, era difícil joder ¿Cómo puedo evitar un golpe que ni siquiera puedo ver?

Con el brazo temblando observé a Enji, que se había colocado en lo alto de la roca y respondí con total sinceridad a su pregunta burlona —Pues… Me duele el brazo jajajaja— Mi respuesta vino acompañada por una cara de dolor y una ceja exageradamente arqueada. Con la mente más despejada di un veloz salto hacia él, apoyándome en la roca en la que él mismo se encontraba y le propiné, sin detenerme ni un segundo, un fuerte Smash en la barbilla con todas mis fuerzas. No era un golpe tan poderoso y molón como el de mi compañero, pero era lo que tenía.  


 —¡Puedo con más! Dispara con lo que tengas— Al momento de desafiarle, esperé con atención cualquier signo de que fuese a atacarme, con mi cuerpo levemente recogido y mis músculos firmes, su golpe anterior no había sido ninguna broma, y en un duelo de velocidad no tenía ninguna manera, sabía perfectamente que no era un oponente al que pudiese menospreciar y necesitaba encontrar alguna manera de llevar esto adelante pero ¿Cómo podía hacerlo, como derrotar a un oponente que pega más rápido, que pega más fuerte y que además, cuenta con apéndices venenosos que duelen como el infierno? Mi única ventaja era mis resistencia, pero necesitaba algo más.

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—Hablo— —Pienso—
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Vitalidad: 2132 - 622 = 1510
Energia: 2240 - 76 = 2164
Espiritu: 360 + 0 = 360
#5
Enji se acuclilló en la roca, elevado unos dos metros por encima del nivel del suelo gracias al tamaño del pedrolo que coronaba su figura. De esta forma, y por primera vez, Enji tenía que bajar la mirada para encarar a su compañero gyojin, a quien acostumbraba no mirar a la cara para evitarse el dolor de cuello. Así era desde que se unió a la División 93 de la marina —recientemente ascendida a División 80—, y quedó, de golpe y patada, en el rango bajo de estatura junto al Rubiales ( Akira ), gestionando el tiempo que podían mantenerse con la cabeza en alto sin sufrir terribles contracturas. Sigrid y Juan eran, sin ninguna duda, las dos torres del grupo.

Enji y Akira eran los aviones.

La pupila del marine se encogió al ver venir ese poderoso gancho al mentón. La pinza de Juan debía tener el tamaño aproximado de su torso entero, una dureza superior a tres veces sus huesos y la velocidad necesaria para conectar el golpe sin darle tiempo a defenderse. Pero no fue así. Algo andaba mal, pues Enji, de alguna manera, lo vio venir.

—Estoy… —susurró, sonriente, al percibir el movimiento de su hombro—. que ardo, grandote.

En su pecho, dos golpes secos de sus palmas enguantadas ocurrieron un segundo antes de que el gancho llegase a su mentón. En ese mismo instante, invocado por el movimiento de sus manos y sin que Juan pudiera percibirlo, los poros de su piel emitieron veneno en forma de gruesas gotas moradas. Mientras Enji recibía el golpe y su cabeza era forzada a inclinarse hacia arriba, llevando su mirada al cielo, ese veneno se disparó en dirección a Juan, rociándolo de pies a cabeza de forma similar a como lo hacía una especie de serpiente exótica con glándulas especiales. La diferencia principal radica en que Enji no necesitaba de ninguna glándula especial para disparar su toxina letal, una capaz de irritar la piel al contacto, generar un intenso dolor y, además, carcomer la tela de otro uniforme que, al deshilacharse, se sumaba a la lista de gastos producidos por la oveja negra de la generación.

Una bocina de bicicleta sonó desde lo lejos pero Enji no le prestó atención.

Desorientado por el impacto, el marine dió un rápido salto hacia atrás aprovechando la propia inercia del golpe que acababa de recibir. Voló por los aires, dió una voltereta en el cielo y acabó aterrizando sobre otra de las rocas que ocupaban los alrededores del viejo árbol del centro. Flexionó las rodillas para absorber mejor el impacto y se equilibró en la piedra.

Al cabo de un segundo, se incorporó, recto, y acarició su mentón golpeado. Estaba empezando a hincharse.

—¡Oi! ¿Qué fue eso, Juancho? —señaló al gyojin con el índice de la otra mano, acusador—. ¡Estás más lento que la vieja Clotilde del dispensario! Ese puñetazo tuyo no tendría que haberme dejado opción a nada. ¡Espabila, rojo! En una pelea real se van a cagar en tu pecho por algo así.

Enji había entrenado antes con Juan, pero nunca solos. Siempre cruzaban puños cuando el gyojin ya había tenido oportunidad de calentar los músculos. En comparación, ese primer golpe había sido mucho más lento, como si las articulaciones del cangrejo estuvieran encharcadas de tierra y oxidadas.

—¡Vamos, vamos! Te necesito más rápido, Juancho. ¡Más rápido! ¡Y no me vengas con que estás gordo!

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Vitalidad: 1821 - 233 = 1588
Energia: 1873 - 115 = 1758
Espiritu: 270 + 0 = 270
#6
Tras mecer mi cuerpo con todas mis fuerzas y afirmar bien mis piernas en el suelo, logré golpear a Enji con una certeza indiscutible, pero mi golpe fue seguido por una salpicadura que roció todo mi cuerpo y comenzó a abrasar mi piel —¡Arrggghhh! Siempre igual joderr— La siesta de la tarde me había pasado factura, siempre lo mismo ¿Quién me mandaba a empezar un combate sin calentar? Nunca aprendería, pero al menos ahora me sentía más cómodo, más ágil, veloz… ¿Estaba relacionado con mi falta de ropa actual?

  —Espera… ¿Qué mierda?— Me miré el cuerpo y, efectivamente, Mi ropa estaba hecha jirones, destrozada completamente a causa del veneno de mi camarada, lo que era la magnífica ropa de comprendía el uniforme de la Marina, ahora parecía los paños de un vagabundo —Me van a regañar también…— Me toqué la gorra, para confirmar que estuviese en buen estado, me gustaba mucho mi gorra. Todo esto fue acompañado por una bocina que hizo que un escalofrío recorriera mi caparazón, evite hacer contacto visual con el oficial, si no lo miras no está.

Enji saltó velozmente para salir de la roca y aterrizar sobre otra de las presentes en el escenario, era un hijo de puta con estilo eso estaba claro.—Estás que ardes y desnudo… ¡Tío guarro!— Le recriminé de forma jocosa en la distancia. —No me lo tengas en cuenta, voy a mi ritmo…— Había herido mi orgullo, hizo pedazos mi corazoncito de cangrejo, tenía que demostrarle que la velocidad no lo era todo, yo nunca sería tan rápido como él o Akira, así que tenía que hacer valer mis fuertes. —A ver que tal esto…— Susurré de forma que no pudiese escuchar lo que decía y me preparé para atacar.


—¡¡Allá voy!!— Le avisé de mis intenciones con la confianza de ser capaz de salir airoso en un choque directo, mi compañero no era un cobarde, así que esperaba que diese lo mejor de sí, en un estallido varonil sin precedentes.
Lo primero que hice fue saltar de la roca al suelo, para acortar la distancia entre ambos, y acompañando la inercia de la caída me introduje en mi caparazón y comencé a rodar a gran velocidad directo a la roca en la que se encontraba mi compañero, justo antes de chocar contra la roca, y mientras seguía con mi rotación, me impulsé para impactar directo contra mi compañero, no era el ataque más potente del mundo, una vez más, pero era uno que podía realizar desde el confort de mi caparazón, un lugar en el que me sentía cómodo, seguro y calentito, nada como un buen caparazón… 

Tras realizar mi ataque continué girando pero en dirección contraria, volviendo al punto en el que comencé a girar y en aquella posición, salí de mi caparazón, visiblemente mareado intenté mantener la compostura para que no se notase mucho, adoptando una posición de Guardia, con los brazos en alto, cubriéndome dentro de lo posible y mirando fijamente a mi poderoso oponente. —Una tortuga, dos tortugas, tres tortugas...— El conteo me ayudaba a mantenerme sereno mientras me durase el mareo.
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—Hablo—
—Pienso—
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1510 - 503 = 1007
Energia: 2164 - 76 = 2088
Espiritu: 360 + 0 = 360
#7
La propiedad corrosiva del veneno hizo su trabajo y en un parpadeo, con excepción de su intocable gorra, el uniforme de Juan se había descascarado. La regia tela convertida en jirones apenas se sujetaba a las placas quitinosas, transformando la marca de identidad del brazo armado del Gobierno Mundial en una suerte de taparrabos de la época antigua.

—¡Shihahaha! Te sienta bien ese estilo, Juancho —dijo, entre risas, el tóxico marine. La peculiar cualidad de su veneno sobre la ropa era una hermosa coincidencia, propia del destino, que convertía sus peleas en todo un espectáculo de nudistas. La antítesis de la seriedad, lo que se acoplaba bien a su papel de agente del caos en el campo de batalla.

Flexionó las rodillas una vez más, llevando la mano izquierda a la roca mientras tenía la diestra cerrada en un puño fuerte y la mirada puesta en su compañero.

—¿Yo? ¿No te has visto al espejo? —replicó, divertido, mientras tensionaba los músculos de sus piernas. Se le engrosaron los muslos y pantorrillas en previsión a una potente descarga de fuerza—. Ahora estamos en iguales condiciones, grandote.

Puesto a punto, como un corredor en posición de salida, Enji esperó el momento. Y ese momento llegó con el desafío de Juan. El gyojin podría haber atacado, pero quería un enfrentamiento directo y eso le daría. Con su grito como disparo de salida, las figuras volaron, una contra la otra, en un arrebato de velocidad que hendió el aire hasta hacerlo silbar.

—¡Garra! —rugió Enji al proyectar su ataque en dirección a la dura coraza de su compañero.

Chocaron en un punto medio, nudillos y guante contra caparazón. Las placas metálicas de los Jarngreiper hicieron saltar chispas contra la dura coraza del gyojin mitad tortuga. El envite, similar al choque de dos espadas o, en todo caso, de dos martillos, fue fugaz y sus cuerpos siguieron su camino después de haber intercambiado técnicas. Enji, por su parte, voló cinco metros a la espalda del gyojin, aterrizando sobre la gran roca que Juan acababa de abandonar.

—¡Shihahaha! ¡Buen golpe, grandulón! ¡Continuemos!

La carcajada de Enji precedió su avance. Saltó al suelo, traccionó en la tierra y se disparó en dirección a su compañero por la espalda. Al alcanzarlo, sin embargo, lo rodeó rápidamente y se plantó delante suyo mientras contaba tortugas.

—¡Cuatro tortugas! —dijo, continuando su secuencia al mismo tiempo que soltaba un gancho ascendente al mentón de Juan.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1588 + 0 = 1588
Energia: 1758 - 74 = 1684
Espiritu: 270 + 0 = 270
#8
Al tocar el suelo comencé a rodar con furia y con pasión, esperando un choque de lo más varonil, con mi compañero, no… Con mi amigo… Y Enji no traicionó mis expectativas, se lanzó hacia mi y cuando estaba por impactarle y con la duda de si llegaría a conectar o no, escuché de pronto su voz, que rugió con furia —¡Garra!— Y entonces nuestros ataque impactaron, las chispas saltaron y un estruendo sordo sacudió el aire, que incitó a los pájaros de la zona a abandonar el lugar. Salí indemne de la colisión tal y como esperaba, pero para mi mala fortuna, Enji también lo hizo, la fuerza de su ataque fue capaz de romper sobradamente la del mío, repeliendose mutuamente. 


Tras el impacto, Enji salió despedido a una de las rocas, y, de forma despiadada, se lanzó una vez más a por mi, antes de que me diese tiempo a recuperarme del mareo, no estaba fuera de mis cálculos, por lo que ya había adoptado una postura defensiva, listo para bloquear lo que tuviese listo para mi. Me cubrí el torso con mi pinza y el costado izquierdo con mi brazo, pero, sin que me diese tiempo a reaccionar, conectó un gancho en mi mentón, deslizándose sutilmente entre mi cuerpo y mi pinza para llegar a su objetivo, de forma certera e implacable. 


Afortunadamente el golpe apenas fue potente, era de esperar, había sido un intercambio constante y no habíamos tenido tiempo ni para respirar, más le valía al oficial estar tomando nota, Que luego el resto de altos mandos nos salían con que nos escaqueábamos y eludíamos nuestras obligaciones. 


Por puro instinto reaccioné una vez más al ataque de Enji igualando su apuesta, seguía mareado, pero si paraba de atacar mi camarada me acabaría abrumando, tenía que igualarle el ritmo hasta el final, y si caía, lo haría luchando, esto no era solo un entrenamiento, ahora era un duelo de orgullo, que sabía que iba a perder, pero eso es lo de menos. Así que, me agaché velozmente y le volví a conectar un Smash en la barbilla y al momento, mientras él miraba al cielo una vez más, salte en dirección al árbol. —Creo que… Ya estoy un poco mejor… ¿Cuántos cangrejos llevaba?—


 Y con la espalda pegada a ese magnífico ejemplar, robusto y cálido me quedé esperando la respuesta de Enji, él no era de los que recibían un golpe y se quedaba llorando en el sitio. Por lo que una vez más me introduje sutilmente en él caparazón, a la espera de su próximo movimiento.
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—Hablo—
—Pienso—
Resumen

Posicionamiento

Inventario

Atributos Personaje

Bélico

Gastos y Regeneraciones

Akuma

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1007 - 110 = 897
Energia: 2088 - 76 = 2012
Espiritu: 360 + 0 = 360
#9
En el acero de las placas metálicas que sus guantes de goma tenían incrustados retumbó un tañido seco y brutal, fruto del choque con el quitinoso rostro de Juan Sebastian. El gyojin era toda una mole, un muro, y en su forma híbrida esto solo se acentuaba. Pesaba más de media tonelada de pura armadura natural, así que no se sorprendió cuando su puñetazo, que levantaba varios metros a personas normales, ni siquiera lo movió un centímetro de dónde estaba parado. Se sentía como golpear una pared de plomo, densa y pesada. El objeto inamovible de la División 80.

Enji sonrió cuan ancha era su boca y el puñetazo le llegó al mentón una segunda vez, obligándolo a chocar los dientes. Su cuello dió un latigazo hacia atrás y vio el cielo, ahora completamente oscuro y moteado de estrellas, mientras sentía el dolor punzante de recibir un segundo uppercut dónde todavía no había logrado formarse el moretón del primero.

Pisó firme el suelo y agitó la cabeza de un lado a otro para espabilarse.

—Tch, hijo de… —masculló, frotándose la barbilla con una mano.

Esta vez no tuvo oportunidad de esquivarlo, bloquear o hacer alguna otra jugarreta con su akuma. Esta vez lo había recibido pleno y sin lugar a replicas, cosa que calmaba su rabia anterior y disparaba una nueva. Sintió como se le inflamba una vena de la frente mientras volvía a encarar al cangrejo de su división.

Lo encontró parado de espaldas al gran árbol.

—¡Más te vale no soltar la merienda! —advirtió, y una brisa nocturna decidió acompañarlos. Soplaba desde el sur, fresca, trayendo el aroma del mar. Estaba relativamente cerca de la playa—. Sí que eres duro, Juancho. ¡Una piedra dura de...! ¿O era un hueso?

Llevaban un rato largo intercambiando golpes bajo la fría mirada del oficial que los escoltó al escenario de aquel entrenamiento. El susodicho, sentado en su bicicleta, se mantenía firme, en una postura correcta y con la mano derecha entorno a la pelota de goma que activaba la bocina de su vehículo. Preparado para hacerla sonar.

Enji se secó una gota de sudor del mentón.

—¡Sigue aguantando así! —rugió.

Con los puños cerrados y los brazos abiertos a cada lado, Enji se lanzó en dirección a Juan. Saltó a toda velocidad mientras se formaba una venenosa punta sobre su puño izquierdo.

—¡Aguijón!

Cortó el aire y la distancia que los separaba en un parpadeo. Juan lo vería aparecer delante suyo, clavar el pie derecho en el suelo y rotar todo el cuerpo para impulsar su puño izquierdo, escolta de la formación venenosa que estallaría contra el costado derecho del gyojin un segundo antes de que el propio puño llegase a conectar en la armadura de placa naturales.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1588 - 178 = 1410
Energia: 1684 - 132 = 1552
Espiritu: 270 + 0 = 270
#10
Tras mi golpe anterior, estaba entre el árbol y Enji, sin un lugar hacia el que correr en caso de necesitarlo pero ¿Quién necesita algo como eso? Yo no desde luego, ese no era mi estilo, cuando las cosas se ponían difíciles lo que tocaba era hacerse bolita, apretar los dientes, y aguantar como un campeón. Todo esto literalmente además, sabiendo que la represalia de mi compañero llegaría más pronto que tarde, me introduje en mi caparazón, protegiéndome del frío de la noche que ya soplaba sin timidez desde el sur, además del ataque que anunció instantes antes de lanzarse a por mi —¿Aguijón? ¡¿Otra vez?!—  Iba a coger trauma con esa técnica...


Mis pensamientos fueron interrumpidos súbitamente por su impacto pude sentir como mi caparazón vibraba ante su ataque, si no hubiese usado mi mejor defensa habría sido un golpe devastador, ya sabía lo que era sufrir su golpe de forma directa y sinceramente no me apetecía volver a sufrirlo, mi brazo aún sentía un hormigueo de aquel impacto. Mi defensa no fue perfecta, pero el daño que recibí fue bastante tolerable, desde mi punto de vista el resultado fue más que satisfactorio, si podría soportar este golpe, ¿Qué golpe podría tumbarme? 


Al momento de recibir su ataque, salí de mi caparazón y acompañando el movimiento, le propiné un uppercut con mi pinza directo a su estómago, como si fuese realmente un animal que trata de poner distancia ante un depredador. Entonces, de la forma más rápida que pude, salté hacia arriba, y usé el tronco del árbol para pasar sobre él y dejarle entre mi posición y el árbol que marcaba el centro de la Arena.


Cuando me preparaba para hacer el siguiente movimiento, el oficial hizo sonar la bocina de su bicicleta y gritó, con un tono firme y estruendoso —¡¡ES LA HORA RECLUTAS, VOLVEMOS!!— Ante tal afirmación no me quedó más que mirar a Enji, y le pregunté, con un todo de voz notablemente elevado, pero que se sentía opacado por el demostrado por el sargento apenas un segundo antes —¿Una más compañero?—Y esperando una respuesta afirmativa, tomé una postura baja y me preparé, una vez más para un duro impacto. 
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—Hablo—
—Pienso—
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[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 897 - 103 = 794
Energia: 2012 - 105 = 1907
Espiritu: 360 + 0 = 360


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