[Pasado] [+18] Tiros al aire | Priv.
#1
Día 69 de Primavera | Año 17



Baterilla. Otra vez. Hacía un año que se había ido de ese lugar. Y lo había hecho huyendo con la cola entre las patas. Mucho había ocurrido desde entonces. Pero Yuuki había notado que era más bien poco lo que había cambiado. Pues seguía pensando exactamente igual que cuando salió de allí. Darse cuenta de esto no fue precisamente emocionante. Más bien deprimente.

¿Y qué hacer cuando se está deprimido? Yuuki tiene dos opciones: O juega a las cartas, o le dispara a algo. Y como a las cartas no había jugado en un buen buen rato, pues a eso se fue. Conocía el lugar perfecto para eso y era mejor no tardarse demasiado.

Entró en la taberna en la cual estuvo hacía un año, en un pequeño puesto comercial alejado de Baquella. Había allí una taberna, una oficina postal, un puesto de pescadores y un muelle con espacio para tres navíos de tamaño chico. No era precisamente un lugar rico, como lo era toda Baterilla. Pero era un lugar al que los marineros y pescadores solían asistir cuando solo querían echar un juego, tomar algo de alcohol, o simplemente divertirse con lo que fuera que ocurriera en la taberna.

Seguía estando el lugar con la misma decoración de la vez anterior que estuvo allí. Con unos ligeros cambios. Pero era exactamente lo mismo: Una gran galería dividida en dos plantas, con la segunda planta ocupando la mitad del espacio que la primera. Abajo seguían estando las mesas pequeñas y medianas para sentarse a comer, beber o charlar, y arriba estaban las mesas más grandes para aquellos fanáticos del juego y la bebida. Por supuesto, Yuuki fue al segundo piso.

Notó que la disposición de las mesas había cambiado y ya no iban a lo largo junto con el largo de la planta como tal, sino que estaban perpendiculares, creando una especie de "pasillo" en el centro, donde estarían las cabeceras de las mesas, y donde se sentarían los que servían las cartas. Oh, ahora había quién sirviera las cartas. Yuuki se preguntaba si el sitio iba a convertirse en un casino a ese paso.

Pidió para ella una pinta y se sentó en una de las mesas, esperando a que el juego terminara. Observó de manera detenida a todos los que serían sus rivales y guardó silencio por completo, dejando solo que su sonrisa coqueta y tranquila hablara por ella.

Las cosas parecían estar yendo bien, hasta que un sujeto más entró en la taberna, corriendo y abriendo las puertas de par en par.

—¡Marines! —Dijo con terror. Y luego se largó de allí.

Yuuki chasqueó con la lengua y miró cómo varios de los que estaban ahí se largaban como almas que lleva el diablo. Esto casi la hace reír. ¿Era posible que los reconocieran? Debían de ser gente fuerte, aunque no tanto... por suerte para ella, no era nadie a quien estuvieran buscando. O eso quería creer. Así que se quedó en su lugar y esperó a que se presentaran los desgraciados Marines.

Recordó aquella situación que presenció en Samba y sintió cómo le hirvió la sangre. Tan solo de pensar en los uniformes aquellos la hacía sentir incómoda y ansiosa.
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#2
Se un marine, dijeron, ganarás un gran sueldo por trabajar poco, dijeron, y sin embargo ahí estaba, siendo llevado del brazo por un pequeño escuadrón de uniformados en lo que se suponía sería su día libre, porque lo normal suele ser darle descanso a los reclutas que vas a utilizar para una misión importante como la que tendría la mañana siguiente.

Aún así, el albino ya se había acostumbrado a este tipo de imprevistos, no por nada fue criado bajo el yugo de dos clanes respetados en el Reino de Sorbet, formadores de marines ejemplares, pues claro que nadie le prometió dinero al orgullo de los Hasegawa para entrar a la fuerza, es sólo una excusa que refunfuña cuando lo obligan a trabajar horas que no estaban previamente pactadas.

¿El caso? Un pirata medio pelo que supuestamente tenía información sobre un navío ilegal que atravesaría aguas de Baterilla a ciertas horas muy puntuales, alguien dio el soplo y la orden inmediata fue capturarlo. Por la zona se levantó el rumor de que Shin poseía una fruta del diablo bastante poderosa, y de ese modo lo terminaron involucrando a la fuerza en el operativo, pues el foco no estaba sobre Baquella directamente, sino, en una cantina a las afueras.

El último recuerdo del albino antes de ser arrastrado a la vil y cruenta jornada laboral, era el sabor a su juguito de fresa mientras bebía a la sombra de un restaurante caro.

Oh, bellas memorias de primavera.

Cuando llegaron, alguien se les había adelantado y dio una alarma que prácticamente agitó el avispero, los marines no tardaron en entrar, con un Shin llegando casi al último. Ni siquiera portaba el uniforme característico, aspecto inusual para quienes están de servicio y lo que definía que sacaron a un buen hombre de su día libre, pero el albino no tardó en demostrar el motivo por el cual fue convocado y arrancado de sus paseos en Baquella.

Se le veía vistiendo una camiseta negra y una chaqueta del mismo color, con capucha, y de tela más bien pobre en calidad, la había comprado en un sitio parecido al que estaban invadiendo, alejado de lugares donde los comerciantes resultaban más ostentosos. En completo silencio, el marine calculó los diversos movimientos en los alrededores, no fueron demasiados quienes intentaban huir y eso facilitó lo que haría a continuación.

Todo inició con un destello dorado, y pronto, fogonazos de luz bajo el mismo tono que aparecían en los lugares desde donde las personas trataban de huir. Uno a uno fueron cayendo, sin oportunidad alguna de descubrir qué es lo que estaba pasando, no importaba cuánta distancia existía entre cada sospechoso, porque bajo la vista de ojos poco entrenados, todos eran noqueados al mismo tiempo. La situación siguió el mismo camino con el piso de arriba, y cuando nadie más intentaba correr, ya sea porque no tenían nada que ocultar o ante los pocos, escasos segundos de reacción, desistieron de la posibilidad de escapar, Shin se paró sobre la barandilla que protegía a las personas de caer hacia la planta baja, bastante firme para su suerte, envuelto en una luminosidad dorada prominente, con los ojos en un principio cerúleos brillando en el tono de su poder con muchísima fuerza. La mirada solemne del marine parecía juzgar todo lo que observaba hacia abajo, con una calma aterradora.

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—Mi culpa, debí dejarles algunos segundos de ventaja.

No grita, ni tan siquiera lo exclama en tono alto, pero el silencio de la cantina es suficiente para que todos los presentes lo escuchen, y tras sus palabras el ambiente fúnebre se mantendría, con los cuerpos noqueados adornando el suelo, al menos hasta que algo comenzó a sentirse demasiado ligero en el torso del marine albino, y cuando bajó la vista... se dio cuenta de que de su chaqueta negra, sólo quedaba el cuello sobre su cuerpo, pues lo demás se había desintegrado gracias a la extrema velocidad que alcanzó en movimiento.

—No puede ser... —susurró, llevándose la mano diestra al rostro y bajando de la barandilla —¡La había comprado ayer! En fin, por esto odio trabajar en días libres. —fue entonces que se volteó, por fin haciendo contacto visual con una de las pocas personas que no se habían movido de su lugar, y vaya que era una mujer llamativa. Al momento de observarla, aún se veía envuelto en los trazos dorados alrededor del torso y rostro, iris incluidas, pero cuando se fue acercando aquel fulgor se desvanecía, aprovechando para arrancarse los pocos hilos de chaqueta que tenía encima de un tirón, manteniendo su camiseta de mangas cortas ajustada color negra y arrojando los restos a un costado.

—¿Eres tú a quien buscamos? Tienes pinta de final boss pirata. —dijo, tan tranquilo y ladeando la cabeza —Anda, dime que no. Un rostro como el tuyo no se vería bien detrás de las rejas, estorban a la hora de apreciar la belleza. —se encoge de hombros mientras se acerca lo suficiente para quedar... casi que cara a cara. Es entonces que aparece su sonrisa soberbia, el tono fanfarrón y los dejes de aquel carisma excéntrico, típico de alguien que se sabe, o se cree superior al resto.

Y como acababa de mostrar, al menos Shin tenía unos pocos motivos para creérselo.

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#3
Yuuki esperaba algo de desorden y una excusa para luego hacer algo de desorden. ¿Pedía mucho? Para nada. Solo era una chica aburrida y le entretenía hacer algo de desorden por ahí. Pero no. No hubo nada de desorden. Mientras los idiotas que decidieron ponerse de pie y huir de ahí, entraba un sujeto en la taberna. Y vaya entrada. Yuuki se cruzó de piernas y miró el show en su privilegiado asiento de primera fila... tampoco es que pudiera hacer nada más. No tenía deseos suicidas ni ganas de quedar en una prisión. Ella debía ser libre. Libre como ningún otro ser que haya existido jamás.

Los piratas no duraron ni un respiro y ahora la atención de aquel sujeto estaba en ella. Yuuki miró la chaqueta destruida y giró su cabeza a la izquierda mientras lo veía acercarse a ella y lo escuchaba hablarle. ¿Estaba coqueteando? ¿O qué estaba haciendo?

Normalmente habría rechazado cualquier avance así. Era ridículo. Patético...oh, no. Patético. Y además... esa Aura dorada. ¿Porqué ahora sentía que quería esconderse? ¿Y porque sentía el estómago extraño? Y la sonrisa tonta que tenía en la cara. La cara de princesita rescatada no se le borraba, aquél hombre era como si alguien hubiese tomado una lectura de todo lo que a ella le encantaba y lo hubiera hecho persona: Era un ridículo en dorado.

—¿Yo? ¿Pirata? —Miente mejor, idiota— Para nada. No soy capaz... yo solo soy una chica... ciertamente. —Mejor.

Extendió su mano a él y pareció pedir ayuda para que se pudiera poner de pie. Había dicho que no era una pirata. Pero todo en las ropas que llevaba gritaba a los cuatro vientos que había estado en un barco. Hasta tenía olor a sal.

—Me llamo Yuuki. Gracias por ocuparse de estos delincuentes. Pero, ¿Eres acaso tu de los Marines de los que ellos querían huir? No lo pareces. Te ves mucho más... ahm... ¿Cómo decirlo?

Se echó una risita, tratando de no soltar su risa tan característica, fallando completamente en el intento y riéndose a carcajada suelta. Y mientras se reía, bromcoaspiraba. Hasta parecía un chancho riéndose.

JRAH JRAH JRAH

Se tapó la boca con ambas manos y se forzó a callarse, poniéndose completamente roja y sentándose de vuelta en la silla, apretando las rodillas y queriendo que el mundo se la tratara. Incluso su tic de tapar con las puntas de sus dedos se pudo ver al tapar una mano sobre la otra.

Ugh... —Se sentía tan idiota. Y todo porque el idiota aquél le había hablado de esa manera. Si se hubiera quedado callado, capaz que le jugaba a ser la seductora y se zafada de la situación. Pero no. Tenía que hablarle y hacer que la.boba princesita que llevaba dentro se pusiera a emocionarse mas de la cuenta no más de pensar en que tenía la atención del tonto más tonto de la Marina. Y eso le encantaba.
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#4
La cercanía era su núcleo de control, invadir e incomodar al resto para producir reacciones inesperadas se terminaba convirtiendo en una tarea obligatoria y no únicamente porque le divirtiera, ocasionaba que los menos preparados para el contacto visual resintieran de sus defensas sociales y luciesen como verdaderamente son. A veces es repelido con violencia, otras intentan evadirlos con virulentos planes mentales ajetreados o rellenos de misterio, y en sus ocasiones favoritas, como esa, su víctima caía redondita en el juego, con nervios y risas que hacen escapar de entre tan llamativos labios algunas palabras que lucían mejor sin pronunciarse.

—Ajá... eso puedo confirmar. —se cruza de brazos y asiente repetidas veces ante la confirmación de que es una chica, de otra manera no podría haberlo supuesto, ¡es una alegría encontrarse a sospechosos tan cooperativos hoy en día! Le alivian el trabajo a un cansado trabajador como lo es Hasegawa Shin.

El albino no se quedó conforme con esa respuesta, pero también es cierto que sin pruebas todo en sus teorías conspiranoicas no pasaba de dicho concepto, y no podía apresarla considerando que ante la alarma de alerta se quedó quietecita en su lugar. Luego le extendió la mano, y Shin captó perfectamente lo que estaba dándole a entender, cooperando para que se ponga de pie. El contacto con su extremidad fue sutil, suave, y bastante caballeroso, la mezcla idílica que el propio marine considera para mostrarle a chicas guapas como la que tiene delante, en breves contoneos de seguridad y alarde.

Nota de inmediato que es alta, pocos centímetros más que él, y debe observarla ligeramente hacia arriba, lo cual no rebaja ni un poco su extrema soberbia y fanfarronería. Esa sonrisa de desgraciado se mantiene presente en sus labios mientras se sigue desarrollando la interacción, hasta la consiguiente explosión de timidez que vino acompañada de su pregunta retórica, al no saber encontrar la palabra precisa para describirlo, o conocerla pero decidir que era mejor no decirlo, lo suficientemente tarde como para tener que contener su risotada.

Se sienta, se tapa la boca, muy ruborizada, y cierra las rodillas, un acto que no pasa desapercibido ante los ojos cerúleos del marine. Poses como esa resaltan los muslos, y es sabido en su propia lista de debilidades que aquello le pega demasiado fuerte. Traga saliva antes de seguir, y vuelve a recortar distancias con la mujer, ahora sentada.

—¿Mucho más... qué? Anda, termina tu frase, no me gustaría tener que arrancártela de los labios. —no sonó a amenaza, todo lo contrario. Shin usó su tono grave más profundo, con un timbre dulce muy particular, de esas voces que según quien escuche, suenan adictivas a más no poder, lo cual invierte el significado habitual de una frase tan... agresiva, volviéndola juguetona, un juego de tira y afloja de los que termina con ciertos resultados imprevistos.

O muy bien calculados.

Hasegawa desvía la mirada, su rostro quedando de perfil a la pelirrosa, todo con el fin de confirmar que sus compañeros estaban asegurando el perímetro, capturando a los sospechosos y guiándolos hacia las afueras del recinto con tal de interrogarlos y obtener mejor información de la persona a la cual buscaban. Eran días sensibles en los puertos, se necesitaba toda la seguridad marítima posible, de lo contrario... misiones como la que tenía al otro día peligraban. Una vez obtenido el panorama de la situación, eligió la silla que tenía pintas de estar más limpia y la colocó frente a su nueva compañera de habladurías, sólo que el respaldo apuntaba en dirección a ella, por lo que el albino se sentó al revés, apoyando ambos brazos sobre la madera donde usualmente va la espalda, y ejerciendo otro fuerte contacto visual.

En esos ojos azules hay una mezcla de varias intenciones, oscilan entre la sospecha, el deseo y claro, la intriga, esa pobre mujer podría estar sintiendo en esos momentos que están mirándole hasta el color de su alma, pero claro, Shin todavía no tiene esas capacidades, ni tan siquiera sabe que existen.

—Respondiendo a tu duda, sí, soy marine. De hecho, voy a ser el mejor marine que el mundo haya visto, así que aprovecha este rato conmigo, porque estás compartiendo espacio con quien está destinado a ser el más fuerte. —se encoge de hombros al decirlo, totalmente en serio, y como si aquellas palabras fuesen equivalentes a confesar lo que desayunó esa mañana.

—¿Eso te incomoda, hm? —entonces ladea la cabeza hacia un lateral —¿O te emociona? —luego hacia el otro, su sonrisa comienza a lucir sádica, incluso. —La vida me enseñó a sospechar de las personas que no hablan con seguridad, y si tuviese que apostar, con ese parche, la hermosa cicatriz en tu rostro, el aroma a sal... no me lo pones fácil. Y realmente es una lástima, porque a pesar de todo pareces encantadora, en otras circunstancias te llevaría a lugares más privados sin dudarlo dos veces. —nuevamente se encoge de hombros cerrando los ojos.

El pequeño detalle, es que cuando vuelve a abrirlos, leves destellos dorados vuelven a aparecer, indicando la activación de su fruta del diablo.

—Te daré una oportunidad de decirme la verdad, princesa. No me falles, ¿sí? —y vuelve a apoyar las manos en el respaldo de la silla, dedicándole la sonrisa más inocente y tierna que jamás haya visto, lo cual volvía la escena más aterradora para ella si cabía, considerando la amenaza discreta que vivía entre sus palabras seductoras y sugerentemente directas.
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#5
No, Yuuki, ¿Dónde te metiste? Otra vez en problemas. Y esta vez no había hecho absolutamente nada para merecer trato de una criminal. Y sí, quizás iba a causar uno que otro problema. Pero no podían juzgarla por un crimen que no había hecho... aún. Y por más que aquél marine sospechara, no había una sola prueba -que ella supiera- que pudiera ser utilizada en su contra. Era inocente hasta que se comprobara lo contrario. Y para que él pudiera bajar la guardia, ella no tuvo otra opción que seguirle el juego.

Bueno. También es que se sentía emocionante coquetearle al peligro. Y aunque detestaba a los marines, que no cargara el uniforme blanco ayudaba mucho a que no lo hiciera a un lado inmediatamente.

—Ciertamente... no he cometido ningún crimen del que se me pueda acusar. ¿Y no te parece una falta de respeto de parte de un marine prometedor como tú el no decir siquiera su nombre ante una dama?

Se quitó el parche de la cara, dejando ver sus dos ojos y parpadeó de manera sugestiva ante él, incluso moviendo su cuerpo frente a él y acomodando su cabello y el plumaje de sus pequeñas alas, realmente luciendo como si fuera un ángel disfrazado de viajera. Sus dedo tamborileaban sobre el parche dejando sonar un ritmo ascendente que luego se calmó.

Dio unos pasos atrás y luego se giró sobre sus tobillos, meneando un poco las caderas y dejando ver su lado más hermoso y seductor y además confiándole la espalda a aquél marine. Pero no se contonearía mucho, pues de hacerlo dejaría ver las dos pistolas que cargaba ocultas. Así que se giró nuevamente simplemente para dar con aquellos ojos dorados.

En lugar de miedo, el marine vería que ella estaba más que emocionada. Incluso una sonrisa de placer se asomó en la cara de Yuuki. Estaba siendo completamente en su expresión corporal, que por fortuna no tenía que decir si era pirata o no. Solo le faltaba con decir que estaba más que embobada con aquél encuentro.

—¿Quieres que te diga la verdad, soldado? No he cometido ningún crimen aquí ni estoy asociada con ninguno de estos maleantes. Puedes fulminarme aquí mismo y seguirás recibiendo la misma respuesta. ¿Podrías dejar de ser tan serio conmigo?

Se mordió los labios y luego miró hacia atrás en la posada. No iba a perder aquella oportunidad.

—Pero si quieres, puedes llevarme allí atrás y... revisarme... a fondo... —Se pasó las manos por encima de su propio cuerpo mientras decía esas palabras y luego caminó por cuenta propia, llamándolo con un movimiento de sus manos.

El marine escucharía la puerta abrirse y vería a Yuuki volver a llamarlo, soltando una risita tonta
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#6
Raudos pensamientos atraviesan la mente del marine mientras la examina, no deja escapar ningún detalle a medida que la escucha hablar y observa sus movimientos sugestivos, aunque no podía negar que ese resultado lo ocasionó él mismo comportándose de esa manera. A veces olvida que más allá de ser una broma compleja y uniforme, tenía el don de generar ciertos estímulos bajo una sumatoria muy concreta de factores, y esta vez parecían haber sido más que efectivos.

—Shin Hasegawa. —contestó, mucho más seco que antes, como si comenzase a entender que dilatar el juego podría ocasionar resultados reales, ya no una mera fantasía con la cual hacer su típica gracia.

Cuando ella se puso de pie y retrocedió, el albino hizo lo propio, aunque quedándose en el lugar, no necesitaba inercia de ningún tipo para atraparla si pretendía escapar súbitamente, lo curioso es que no parecía el caso, de hecho, gradualmente lo guiaría a un escenario donde en realidad, quedarían atrapados y solos, pero no hacía falta adelantarse a los hechos.

La veía emocionada, sonriente, sensual con su propio cuerpo mientras lo exponía y lucía. Shin tampoco era de piedra, apreciaba la belleza, el contoneo erótico que jugaba con su imaginación, casi que obligado a vaciar de ropa los rincones cubiertos por la mencionada en su agraciada figura, unas curvas de infarto y un rostro que perfilaba ambas iris sanas en su dirección, con cada vez más anhelo. Y ese detalle le resultó sorpresivo, pocas veces conocía personas que usasen parches sólo como decoración, aunque se mantenía bastante entretenido en la estrategia de la sospechosa, dejándola jugar, tentar y proponer, hasta el punto de guiarlo con la mano a ese sitio más privado.

Observó a sus laterales cuando la puerta se abrió, cerciorándose de que sus camaradas tenían todo asegurado, y entonces decidió seguirla, como si una especie de magnetismo mucho más fuerte que él tirara de sus intenciones hasta acercarlo al cuerpo de la pelirrosa. Los pasos se suman con fuerza y determinación, no tarda en cruzar el umbral y cerrar la entrada a sus espaldas una vez estuvo dentro, girándose a la mujer con una energía voraz que no se le había visto previamente.

Casi que colérico al ser provocado en ese terreno, el sexual, la sujetó del mentón, acercándola a su propio rostro mientras su mano libre, la izquierda, la sujetaba por su cintura. —¿A qué estás jugando? —no aplica toda la fuerza que podría emplear en el agarre, y el contener aquel impulso termina enalteciendo las venas de su antebrazo. Su inspiración no es la violencia, sino, el sentirse provocado, como si no fuese capaz de desnudarla allí mismo hasta demostrarle que se metió con la persona equivocada.

—No deberías molestar de esta forma a alguien que está de servicio. Lo sabes, ¿verdad? —su voz se aproxima a un rugido, el tono grave masculino que sólo permite un tipo de declaración, tensionando la escena hasta su punto más frágil. —Podría arrestarte por eso, con una persona tan descarada como tú, no tendría problemas en volverme un poco corrupto... —sin soltarla del mentón realmente, baja un poco hasta el inicio de su cuello, acercando sus labios al oído ajeno. —...Yuuki. —sentenció, pronunciando su nombre, con el tono más dulce y adictivo que se podría haber imaginado.

Claro que exageraba con la corrupción, alguien de su moral era prácticamente incuestionable a la hora de mantener sus ideales, pero eso volvía excitante a sus palabras, jugar con lo prohibido e improbable, tantear un mundo lleno de pecados donde sólo la imaginación podía llegar.

Así es como se hacían divertidas las fantasías.
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#7
Asustada. Excitada. Emocionada. Confundida. No se decidía cómo debía sentirse, y todo porque, en su estupidez, se puso a provocar al Marine. Quizás esperaba que él la iba a dejar si ella se ponía a juguetearle. Esperaba ver a un oficial que se ceñía completamente al reglamento y que no iba a seguirle el juego facilón al primer par de piernas que se le cruzara. Pero quizás había jugado demasiado sus cartas y ahora tenía a aquél hombre en esa habitación. Y sí, estaba él con suficiente gana y energía como para tomarla allí mismo. Siendo honesta consigo misma, había metido la pata. Y bien grave. ¿Ella y un Marine? Pero era irresistible, ahora que lo pensaba.

Mantuvo el mentón levantado en todo momento y se quedó completamente quita mientras él le hablaba. Pero sintió el escalofrío recorrer su cuerpo cuando él le habló al oído. Incluso soltó un suspiro que casi dejar ir un gemido de su parte. Hasta los ojos se le blanquearon por un momento en un reflejo que se disparó al sentir aquella corriente eléctrica recorrerla desde la nuca hasta la parte baja de su espalda y luego a sus piernas, perdiéndose luego de sus rodillas.

—Es que soy así de mala, oficial... —Dijo ella recuperando el aliento con esfuerzo y apartándose de él a la vez que tomaba el camino a la cama y se quedaba de pie junto a esta.

Lo primero que hizo fue desaflojar su corset, y luego, tirando de las cuerdas de este, lo terminó de retirar. Aprovechó para hacer un rápido juego de manos y quitarse las pistolas y enrollarlas con el corset. Era una pieza de cuero bastante gruesa y fuerte, y en cuanto se lo retiró, Shin pudo ver que la camisa de Yuuki, que era ya bastante reveladora, ahora le quedaba floja y dejaba más bien poco a la imaginación.

—Antes de que me lleve, ¿Porqué no viene y me revisa bien? Estoy dispuesta a... cooperar... —Estaba definitivamente excitada. La forma en que se masajeó a sí misma al decir aquellas palabras, pasando sus manos por su torso y luego apretando sus pechos ante él la hacía sentirse emocionada.

Se sentó sobre la cama y se quitó las botas, poniéndolas a un lado, donde antes había dejado caer el corset. Luego se retiró el pañuelo grande de color rojo que usaba y también el cinturón, quedando entonces acostada sobre la cama solo con la camisa y el pantalón.

Sus piernas estaban cerradas, casi cruzadas, pero tenía una pierna levantada y esto hacía que lo que el Marine pudiera ver únicamente sus trasero, muslos, canillas y pies. No se reía, pues no quería arruinar el momento con su risa, pero sí que canturreaba algo con su voz, que mezclado a su tono natural de voz y a su aire angelical, no daba una mala impresión en lo absoluto.

Canción que tararea Yuuki

Conforme recuerda la tonada e improvisa un poco, ella estiraría sus alas bajo su espalda, de modo que pudiera estar más cómoda. Luego, con un movimiento delicado de sus manos, las pasaría por debajo de su cabeza y llevaría su cabello hacia afuera también, extendiéndolo sobre la cama y alrededor suyo, de forma que, si Shin se acercaba a ella, iba a encontrarla completamente dispuesta para él, aunque aún vestida. Estaba completamente roja y sus ojos parecían mostrar una vulnerabilidad que no había enseñado antes. Y esto era en sí algo que no podía ocultar. Pues ante aquél Marine, ella no estaba teniendo otra opción más que seguir por el camino que ella misma había zanjado.

—N-no te vayas a q-quedar, t-tonto... ven a mí, ¿S-si?

Se mordió los labios ligeramente y cerró los ojos. Luego echó la cara para un lado y aguardó a la llegada del hombre de cabellos blancos. No era la primera vez que estaba con alguien. Y tampoco era tan joven como para realmente lucir inocente. Pero era bella en su propia forma de ser y tierna también, aunque antes se había mostrado más bien dominante y seductiva, ahora mostraba una faceta más bien sumisa y tímida. A lo mejor también esto era debido a que se encontraba completamente bajo el encanto de Shin. Y prefería ser honesta en momentos como ese a engañarse y jugar a ser algo que no era.
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#8
Era experto en los típicos juegos de 'tira y afloja' surgidos cuando la química aflora entre dos personas, acostumbrado a leer los momentos donde resulta necesario frenar, y aún más atento a las pistas que indican una seguridad total al momento de seguir avanzando. Por ello, no dudó con el movimiento de Yuuki, pues si era su intención detener aquella interacción, no se habría alejado en dirección a la cama, ni tampoco se hubiese girado a verle, desatando el corset y dejándolo caer con toda la lentitud que le permitió la gravedad.

En ese punto, mentirse sería inaudito. Iba a tomarla, caer sobre sus labios, entrar en lo más íntimo, ya lo había decidido, y es que observar una perspectiva suelta de su camisa, el modo en que vuelve a dibujarse su figura cuando se sienta en el borde de la cama, aquel trasero apuntando en su dirección, lo llevaban al límite del auto-control, suspirando el anhelo, siendo consumido gradualmente por una expectativa que empezaba a parecer eterna.

—Creo que podría llevarte de todas formas. —insinuó, iniciando el lento acercamiento hacia la cama, cada paso tornándose una cruenta tortura. —Para mi entretenimiento personal. —un tenue susurro, audible para Yuuki, en el mismo tono de voz que empleó al momento de pronunciar su nombre. Hasegawa se relame, quitándose el calzado con sutileza, deleitado con el canto como si hubiese caído preso nuevamente en las garras de una sirena. La voz femenina guardaba encantos capaces de enloquecer hasta a las voluntades más férreas.

Su sumisión llegó envuelta en timidez, recostándose y esperando la llegada del albino. Automáticamente decidió que tenía demasiada ropa, ambos, en realidad, y no tardó en resolver su propia situación, bajando desde el pliegue superior los propios pantalones hasta el punto en que cayeron solos, escapándose sendos pies de la tela con tan sólo caminar. Aún sin sumergirse en aquel colchón, estiró los brazos, apreciando las vistas y también, la forma en que giró su rostro aún con los ojos cerrados, y así apoyó la primera rodilla en la cama, hundiéndose en la suavidad de dicha superficie. Luego, la segunda, y junto a ella un contacto firme sobre la cintura de la pelirrosa.

Sujetó el inicio de sus pantalones, desajustándolos, y le acomodó las piernas hacia arriba con una guía suave, pero sólida, retirándolos con un anhelo cuasi cautivador. Se moja los labios relamiéndolos, pero contrario a lo que podría imaginarse una vez los arroja hacia algún sitio que no llegó a observar, no pierde demasiado tiempo deleitándose con las vistas.

En el momento en que las piernas ajenas volvieron a estar extendidas en la cama, Shin colocó una rodilla a cada lado de la extremidad inferior derecha contraria, y así empezó a avanzar hasta quedar sobre Yuuki, su rostro a la altura del de ella, observando fijamente sus facciones, sintiendo la respiración agitada, suspirando sobre la nívea piel expuesta. Entonces, apoyándose en el colchón con su mano diestra, utilizó la que le quedó libre para iniciar un infernal descenso a la locura.

Los dedos del albino palparon con sutileza la tela de su ropa interior, roces eléctricos, pequeñas señales del poder que ella le estaba regalando. —¿Esta es tu estrategia para escaparte? —susurró, un tono de voz hipnótico —Es eficaz... —súbitamente cambió el foco de atención, dirigiendo el agarre de su mano a uno de los muslos de la mujer, aferrándose con ganas, casi que a punto de clavar las uñas. —Pero mírame. No me quiero perder un sólo detalle. —si obedecía, sería recompensada.

Al momento en que hicieron contacto visual, Shin se dejó caer con una velocidad digna de quien se siente en completo control. Yuuki a penas tendría tiempo de reaccionar, o siquiera de inhalar una bocanada de aire, pues el albino reclamó sus labios, besándola con una intensidad digna de quien quería romper la seguridad que le había mostrado, reduciéndola a una pasividad excitante. Borrarle la sonrisa de la cara hasta convertir su expresión en un arte que mezclara confusión y ternura. Aceptación y deseo.

Antes incluso de agigantar la intensidad del roce entre labios, o de probarla con su lengua, la mano libre del marine invadió el rincón más privado de quien en principio fue una sospechosa, buscando el estímulo debajo de la ropa interior, reclamando su derecho a poseerla, a tocarla, a obligarla a gemir. Comenzó con movimientos circulares, a un ritmo suave, tenso, transformando el beso en esa misma secuencia a algo superior, menos dulce. Probó la saliva de Yuuki, invadiéndola con su lengua, incrementando el ritmo al que se movían sus dedos, y como punto más alto de su tortura física, su oda a la expectación, introduciéndolos sin pedir permiso.

Fue en ese instante que rompió el beso, con la única intención de observarla a los ojos mientras la seguía estimulando, apoyando con suavidad la derecha en sus alas, regalándole caricias tan medidas que no tenían nada que ver con el modo en que la estaba tocando. —¿Esta fue tu idea desde el principio? —cuestionó, con una sonrisa soberbia, aún saboreando el cruce de labios.

—Cuidado con lo que deseas. —advirtió, mirándola fijamente, dispuesto a que pierda la cabeza.
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#9
La presión en el colchón la hacía sentirse nerviosa, no lo podía negar. Mantuvo los ojos cerrados y la cara hacia un lado mientras lo escuchó hablarle y se mantuvo quieta para que él pudiera quitarle el pantalón, dejándola en sus panties. La sensación de vulnerabilidad la invadía constantemente y su cara se ponía más y más roja. Podía sentir el aroma del hombre sobre ella y también había una especie de ambiente propio alrededor de él. Como si fuera un sol en su propia persona e hiciera que todo girara alrededor de él con tal solo existir en ese lugar y en ese momento. Los dedos de sus pies se movían con inquietud y la respiración de la birkaniana era un tanto irregular.

La canción que estaba tarareando ya se había cortado parcialmente cuando él se acomodó sobre ella. Pero definitivamente dejó de emitir sonidos cuando sintió las caricias por encima de la tela de su ropa interior. Y se habría quedado allí si no fuera por lo que pasó después. Sintió cómo aquellos dedos entraron en ella como si ella le perteneciera. Y después empezaron a moverse. La cara de incomodidad de Yuuki parecía hacerse aún más fuerte, pero no era exactamente eso lo que sentía, sino que más bien lo contrario. Incluso tuvo que llevarse una mano a la boca y morder su dedo índice.

Podría quedarse así todo el tiempo. Lo disfrutaba. Pero ahora él quería que lo mirara. Y ella asintió sin decir más nada y abrió los ojos y movió su rostro de vuelta para que él pudiera verla de frente.

La mano se retiró de su boca y llevó ambos brazos por encima de los hombros de Shin. Abrió la boca y recibió el beso que él le daba, e incluso lo respondió usando también su lengua y entregándole toda la pasión que podía al estar siendo tocada y estimulada al máximo por su mano. Mientras los besos continuaban, ella dejaba salir gemidos que se ahogaban con su respiración y con el beso mismo. Incluso Shin podía sentir que las caderas de ella se sacudían de forma elegante hacia arriba y hacia abajo al mismo ritmo en el que él movía sus dedos dentro de ella.

—Lo que yo deseo no más, ¿Verdad? —Dijo finalmente, separándose del beso y llevando la cabeza atrás mientras dejaba ir un gemido más fuerte—. Ciertamente me has concedido bastante.

Con el brazo izquierdo, abrazó con cierta fuerza al hombre de cabellos blancos y con la mano derecha, empezó a quitarle todo lo que pudiera encontrarle de ropa. No era exactamente diestra debido a la emoción y a que aún se estaba entregando a las manos de Shin; pero pronto lo tenía completamente desnudo para ella. No fue mucho lo que tuvo que retirar, pues él ya se había quitado algunas de las prendas más grandes. Y esto le ayudó a que su mano derecha pudiera asir de forma completa lo que ahora deseaba sentir más.

—Deseo esto, Shin... —Sus dedos tamborilearon sobre aquella estructura. Tap, tap, tap. Y luego masajeaba toda la longitud con suavidad, rotando su muñeca delicadamente para también poder tocar el saco debajo, estirando sus dedos por completo y haciendo que luego se recogieran y tomaran toda la masculinidad de aquél marine.

Lentamente, la cara de Yuuki fue recuperando la malicia de antes y hasta la sonrisa del principio se iba haciendo más evidente una vez más. En su cabeza, lo estaba deseando y no hacía otra cosa que pensar en él llegando al límite del placer. Y que ella sería quien se lo daría. La emoción se tomaba el control de ella cada vez más.

Acercó su boca nuevamente a la de Shin y lo besó. Lo besó con tanta dulzura y pasión que incluso ella cerraría los ojos y, cuando tuvo que respirar, pasó los besos a la comisura de los labios del contrario y de allí a su cuello. Sus labios se posaban sobre la piel masculina con cuidado, quería adorarlo y agradarlo. Sin embargo, también abría su boca un poco más y mordía a Shin con suavidad, tirando de su piel de forma juguetona.

Su mano izquierda masajeaba la espalda del albino y su mano derecha ahora se concentraba en la parte más sensible de aquél tesoro que había tocado antes. En la punta, Yuuki acariciaba y tocaba con sus dedos con el único objetivo de hacer que el tamaño llegara a su máxima expresión. Y para rematar, no dejaba de moverse ella también, buscando abrir sus piernas un poco más para querer envolverlo con ellas y tirarlo hacia su propio cuerpo y tenerlo por completo para sí misma.
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
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#10
Resultaba fascinante, quizás los únicos destellos vinculados a conectar con las personas que no podía quitarse de la cabeza. La feminidad, los movimientos sutiles y al mismo tiempo gráciles, el tono de voz suave, tirando hacia lo dulce, y claro, las cinturas dibujando curvas que se cerraban a la altura de los muslos, aquella zona que tan loco lo volvía. Incluso aunque su corazón se cerró, seguía cayendo presa del deseo, de poseer a mujeres como Yuuki, quienes parecían resistirse desde lo mental más no de lo físico, cayendo en la tentación, dándole las señales correctas y precisas para entender que sus avances estaban permitidos, especialmente cuando empezó a moverse al ritmo de sus dedos.

Los ojos no mienten, y al fin podía verlos.

Se dejó envolver por el abrazo de la pelirrosa, notando el caer de sus propias prendas, permitiendo que lo desnude por completo e incluso ayudándola. Fue en ese vaivén que se acomodó entre las piernas contrarias a medida que seguía estimulándola, ahora mucho más cómodo que antes para dominarla como mejor creía.

—Esto recién empieza, no digas tonterías. —su mano libre se apoyó en el mentón de Yuuki cuando confirmó que le había concedido bastante, apretando con fuerza. Un llamado al silencio, dominante, que contenía un fuego particular emergente desde los propios orbes cerúleos del marine, marcándose las venas en su antebrazo cuando los dedos de la diestra se hundían en la piel de su rostro.

El torso desnudo de Hasegawa resultaba prominente, no tan ancho como para catalogarlo en un cuerpo pesado, pero sí mostraba señales claras de un entrenamiento que lo dejaba en un porcentaje de grasa casi nulo, y muchísima masa muscular. Con cada movimiento, esos mismos músculos se contraían y desplegaban, regalando vistas privilegiadas a quien fue sospechosa durante un pequeño instante, aunque eso de momento no parecía importar demasiado.

Quizás por creer que su marcada acción la dejaría quieta fue levemente sorprendido cuando Yuuki avanzó, sujetando su intimidad y palpando más allá, iniciando movimientos que le devolvían el favor ejercido sobre ella misma. Apreciar la sonrisa que retornaba a sus expresiones resultó agradable, aunque también convertía toda la situación en un reto, porque parecía creer que podía retomar el control si es que alguna vez lo tuvo realmente. Entonces los labios de la pelirrosa volvieron a buscarlo, empleando todavía más pasión que antes si cabía la posibilidad, descendiendo entre jadeos a su cuello, mordiendo, y haciéndole creer que buscaría dejarle alguna marca.

Fue en ese instante que Hasegawa subió con fuerza la camisa blanca de la mujer, llevándose consigo el sostén también si llevaba uno puesto, dejando sus pechos al descubierto y comenzando a masajearlos, jugando con los pezones, estirándolos levemente con toda la intención de no perder aquel juego de estímulos. Se tomó un rato antes de aumentar la intensidad del encuentro, minutos donde la dejó hacer lo que quisiera con su piel mientras las manos del albino se concentraban en el cuerpo de Yuuki, hasta que finalmente se apoyó en sus rodillas y levantó el torso, rompiendo cualquier contacto.

Claro que no iba a detenerse, tenía un objetivo muy claro, y no tardaría en desvelarse cuando ambas manos del marine se colocaron en los pliegues de la ropa interior contraria, levantando las piernas de la mujer una vez más y retirándola. —Hm, creo que estás libre de pecado. Por esta vez te salvaste. —siguiendo la misma línea de inspeccionarla, el juego que inició aquello, por fin sentenció una opinión en favor de Yuuki, con sus debidos matices, obviamente.

—Aunque eso no significa que no vaya a divertirme contigo. —señaló, y así decidió su nueva tortura, pues sosteniendo con la diestra su propia intimidad, apoyó el largo sobre la zona más privada de la pelirrosa, sin entrar en ella, sólo... creando fricción, un roce que satisfacía el instinto más primitivo que seguramente emergía en ambos. Shin se sometía a la misma sensación con la diferencia de que no se notaba agonía en su rostro, todo lo contrario, mantenía su característica sonrisa soberbia a medida que las embestidas empezaban a ser más notorias, inclusive moviendo el cuerpo de la mujer.

En aquel acto y para crear una sensación más placentera, aún con el torso erguido, cerró las piernas de Yuuki sobre su falo, apoyándolas en su propio cuerpo y dejándola en una clara posición de 'L' acostada. Desde allí, las vistas se presentaban adictivas, hipnóticas, y no dejaba de acariciarle los muslos considerando que la altura de ella la dotaba de unas piernas realmente impresionantes. No podía negarse que cayó preso de una muy buena tentación.
[Imagen: vEBNZb3.png]
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