[Pasado] Brillante futuro
#1
Fecha: Día 02 Primavera 16

Llevó una mano a su rostro, colocando algunos mechones detrás de su oreja, y dejó escapar un suspiro. Se sentía tan raro, tan muerta como viva al mismo tiempo; su almohada se encontraba mojada de lágrimas de alegría por volver a ser libre y se pasó la mitad de la noche con sus ojos en la puerta, temiendo que volvieran a por ella, hasta que, por el cansancio, Seraphine se durmió un par de horas.

¿Cuántas?

Quizás tres, quizás una, no lo sabía; casi se le cae el corazón al suelo cuando vio su pálido reflejo en el espejo del baño, tomándose un largo baño de agua caliente para quitarse el estrés de encima, casi quedándose dormida otra vez por culpa del agua caliente y, mientras más frotaba con la esponja, más esperaba tornar el agua de color negro. Se limpió hasta dejarse la piel roja, apoyando su cabeza en el borde de la bañera, con el vapor tapando su visión, y dudó de qué productos siquiera utilizar; tenía tantas opciones y temía que cada elección acabase impactando de manera negativa su futuro, recordando las palabras de Kazan, habiendo advertido el miedo que sentiría.

—Yo puedo hacerlo— Un par de mechones cubrieron su frente, su campo de visión. —Yo puedo hacerlo.

Repitió, esperando que fuese alguna clase de encantamiento para hacer aquel proceso llevadero, costándole salir del agua calentita al sentirse como un abrazo. Decidió volver a la misma playa que conoció antes, al ser un camino que conocía y esperaba no encontrar ninguna mala sorpresa, siendo su forma de comenzar su brillante futuro de una manera calmada, con cuidado; dio unos cuantos saltitos, buscando no resbalarse sobre las rocas húmedas, sin importarle que algunas gotas de las olas y espumas salpicasen su ropa.

—Pececitos— Sonrió, ladeando la cabeza y se sentó sobre sus rodillas. —Brillan.
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#2
Anoche tomé unas cuantas copas en medio de las calles, como si por un momento hubiese querido saber cuánto aguantaba, y no era la primera vez que me excedía, pero tampoco era una tragedia, porque cuando tomo sigo estando algo consciente, por otro lado, hoy ya era otro día y eso no me iba a ayudar a recordar lo que pasó o lo que hice ayer.

Desperté en la playa, acostada cerca de las plantas y árboles que nacen donde empieza la selva y la arena. Estaba derramada en su sobra, acostada en la arena blanca. Al menos había elegido bien el lugar antes de dejarme caer por el sueño y así el sol no me castigaba la piel. Pero mis ojos estaban hinchados y se abrieron despacio, con ojeras marcadas y los párpados pegados. A mi lado, estaba la botella, todavía con la mitad de su contenido, ¿cuantas había tomado? ¿Solo una? La observé un segundo y la dejé allí.

El olor salado mezclado con el del alcohol me recordó que tenía que asearme antes de volver a la iglesia. La rutina que me enseñaron tenía un orden y tenía que bañarme. Me senté en la arena, llevando mis manos al cuello hasta tocar un objeto frío aferrado a la tela. Para quitarme la túnica de monja debía abrir el pequeño candado que aseguraba el cuello. Las voluntarias siempre lo abrían por mi, porque era parte del sistema de cuidado para chicas locas como yo.

Pero no me resultaba incomodo.

Intenté abrir el candado con mis manos, los dedos resbalaban torpes, tras un par de intentos fallidos, una piedra en la arena se cruzó en mi mirada, la sostuve con firmeza y golpee el metal, golpee una, otra, hasta que al tercer golpe el candado cedió y se abrió. Resolviendo lo que necesitaba hacer.

Me levanté y comencé a caminar por la arena caliente, mientras que la túnica cayó a mis pies, dejándola ahí tirada, sin cuidarla. Avancé desnuda hasta la orilla del mar y la arena ya estaba fresca, húmeda, hundí ligeramente los pies en el agua, disfrutando el vaivén de las pequeñas olas. Seguí hasta que el agua me cubrió las rodillas, hasta los muslos, luego el abdomen. Sin avanzar más por miedo a que me llevase la corriente, me sumergí de una vez y volví a ascender. El cabello lo llevé hacia atrás con las manos para despejar la vista.

Nadé hacia otro lado, alejándome de donde había dejado mi túnica y más allá habían unas rocas, en las que distinguí una figura encima de ellas. Me quedé quieta, pero luego decidí salir del mar. Salí desnuda y caminé hacia las rocas, sin decir ninguna palabra, subí y caminé con cuidado hacia donde estaba la figura que al final… tenía alas ¿qué era eso? Volví a quedarme quieta, pero tenía curiosidad —Miau. ¿Qué eres?— pregunté suave con los brazos cruzados y el cabello tapando los pechos, la observé de arriba y abajo, no me acerqué más, no sabía si me iba a escuchar o si me iba a entender.

Estaba acostumbrada a andar así frente a las mujeres, ya que dormía con muchas en un mismo sitio, no sentía culpa ni vergüenza.
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#3
De haber podido, Seraphine habría pegado un grito al ver a la figura salir del agua y desnuda. La mujer de cabellos bicolores casi se va para atrás del susto, acabando al final sentada sobre su trasero, sin saber si sentirse decepcionada o no, ya que por unos instantes esperó ver una sirena.

Por educación buscó apartar su mirada, pero por alguna razón le resultó difícil, así que al final buscó quitarse el abrigo que llevaba encima, teniendo dos agujeros alrededor de su espalda para que sus alas pudiesen pasar y se lo colocó a Lana, con una clara expresión que decía estar preocupada por ella.

Y se armó toda una película de lo que había podido pasar.
¿La habrán asaltado, robado o a saber?

La miró de los pies a la cabeza en busca de alguna herida más reciente, relajándose al no ver ninguna, todo bien, todo en orden, o al menos eso creía ella, haciendo memoria, habló con un miau, los ojos de Seraphine brillaron. ¿Estaría delante de una híbrida de mink? No veía nada que indicase un origen mixto e infló sus mejillas; quizás, de tanto interactuar con Kazan, pensó que encontraría más razas extrañas.

Fue en ese momento que se acordó de su pregunta y llevó las manos a su ropa, sacando su libreta y lápiz.

—Skypean— Sonrió, mirándola directo a los ojos; los colores que Lana poseía le resultaban ser muy hermosos, ya ella tenía una curiosa combinación de ojos y pelo, sentía que la humana la superaba. —¿Estás bien? ¿No te asaltaron ni nada?— El corazón de la chica palpitó un poco al pensar en la charla que tuvo ayer y se preguntó si de pronto intercambiaría los papeles que tuvo en ese entonces, ella ofreciéndole ayuda a otra persona.

Ese pensamiento le hizo hacer puños con fuerza.
¿Podría estar a la altura de aquella misión, ayudarla?
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
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#4
Que curiosidad me daba, ¿qué estaba haciendo la mujer? ¿Se le habrá perdido algo?
Es gigante.

Una sorpresa genuina y divertida es lo que causa ver que una mujer más alta que yo intentara no ver mi cuestionablemente debilucho cuerpo de humana común y corriente, con los cabellos rubios tapando aun mis pechos y sentía la brisa rosar mi trasero, ayudaba a secar mi cuerpo, de pies a cabeza. Nunca he creído que ser vista por otra… criatura, persona… lo que fuese que fueran las personas extrañas que he estado conociendo… tuviese algo de malo, si las dos tenemos un cuerpo parecido, aunque ella llevaba la suerte de tener un par de alitas. Lo que tenía conmigo eran mis… o vaya, por ahora no llevaba nada, lo dejé todo tirado en la arena, y ese todo es la túnica, la botella, la roca, nada más que eso.

Observé a la mujer gigante acercarse con un abrigo para colocármelo encima, pero lo hacia sin decir ninguna palabra, y tuve paciencia en atender sus movimientos, inspeccionar con detalle su cabello rosa, brillante, y su altura, como también lo hice al mirar más abajo, sus piernas, largas, bonitas… Si ella me miraba, también podía hacerlo. ¿Pero qué quería? 

Su gesto de inflar las mejillas me pareció adorable, tanto que se lo copié, infle mis mejillas en el momento después de que ella lo hiciera. Luego, quería revisar el abrigo que me cubría, me lo quité de encima para secarme el cuerpo, pasé su tela sobre mi piel desnuda y me detuve en cuanto vi lo que ella tenía escrito, pero sinceramente no comprendí qué es “Skypean”, le negué con la cabeza cuando lo leí, y después le contesté a sus preguntas —Creo que estoy bien. Miau ¿Asaltar? Eso lo hice ayer. ¿Cómo estas tú? ¿No te molesta si me quedo un rato contigo?— le saqué la lengua y alcé mis manos hasta ella con el abrigo que me había prestado, se lo estaba devolviendo.
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#5
Parpadeó al que inflaba sus mejillas y ladeó la cabeza, instalándose un enorme signo de interrogación sobre Seraphine, preguntándose si la hizo enfadar o molestar de alguna forma, siendo esas emociones las cuales le solía atribuir cuando alguien inflaba o ella misma las mejillas, pero no dijo nada al respecto, esperando que Lana fuese la siguiente en hacerlo. Si había vivido alguna experiencia traumática, no creía que era buena idea atiborrarla con demasiadas preguntas.

Y cuando la vio utilizar el abrigo para secarse, dejó escapar un pequeño respingo, no dijo nada al considerarlo justo, secarse, aunque una parte de Seraphine tenía ahora varias ganas de limpiar su abrigo, pero tuvo que controlarse, contando hasta diez, con sus ojos cerrados, debiendo de recordarse así misma que ya no se encontraba en aquella celda, que prestarse ropa, no la haría acabar siendo inspeccionada por el médico, los esclavos con los que se encontró, a veces no poseían buena higiene o salud.

Su respuesta a lo escrito le produjo un pequeño cortocircuito a sus neuronas, haciendo un enorme repaso mental de lo que dijo, debiendo retroceder un poco unas cuantas veces a sus primeras palabras al enfocarse demasiado en ese tic verbal y rodar hacia adelante para seguir con el resto, imaginando a sí misma sobre una enorme rueda.

—¿Asaltaste a alguien?

Preguntó, para asegurarse de haber escuchado bien. ¿La gente confesaba sus delitos, así nomás? Sentía que desde la última vez que pisó tierra que no fuese de aquella enorme mansión, estaba de lo más desconectada del mundo; negó con las manos. —Mientras no me asaltes a mí, todo bien— Cuando vio que le iba a devolver el abrigo, suspiró, tomándolo entre sus manos y volvió a colocarlo sobre los hombros. —Mejor así, no te resfriarás; ya me lo puedes devolver luego— Sonrió, enseñando su dedo pulgar. —Seraphine, ¿y tú?— Una parte de ella quería retroceder un poco, por si resultaba estar ante una criminal y ella pronto su víctima, pero tampoco era su intención juzgar a los demás tan pronto.
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#6
Tengo las mejillas infladas, las sostengo así como si estuviese adquiriendo una nueva habilidad y observo a la mujer de pelo de color extraño mientras tanto con cierta atención, veía su expresión, pero no me alcanzaba la cabeza para descifrarla. Me gustaba este idea de inflarlas, era un juego muy divertido. Luego dejo salir el aire despacio, sintiendo como se me escapa enter mis labios y me cosquillea un poco la boca.

Dejo de pasar el abrigo por mis brazos, abdomen y todo mi cuerpo húmedo, cubierto de pequeñas gotitas de mar, y antes de pasársela de vuelta, acerco la tela un poco a mi nariz, inhalando, sentí ese olor del mar y también el de ella. Sonrio, no huele nada mal.

—Miau… ¿Asalté a alguien? La verdad… no estoy segura, no me acuerdo, estaba muuuy mareada por tanto tomar y tal vez aun siga— La miro de reojo cuando habla del tema del asalto y me encojo de hombros con ligereza. Si no lo recuerdo bien, puede que no haya pasado. Entonces me inclino un poco hacia un lado, analizándola de pies a cabeza con mis ojos claros.

—¿Que no te asalte? Mmm… ¿por qué una mujer tan grande le asustaría eso?— le sonreí devolviéndole la broma. Me detengo en sus largas piernas y en sus alas, se veía fuerte, no sabía si podía hacerla añicos y tampoco parecía que llevara algo tan importante como para robarle.

Me quedo quieta cuando vuelve a colocar el abrigo sobre mi cuerpo desnudo y esta vez no lo aparto, acepto su cuidado. Incluso si la tela me cubre y el calor se acumula. En ese entonces recuerdo que siento sed, una punzada seca en la garganta, pero la botella que había dejado atrás no tenía nada. Alzó la mirada hacia ella cuando se presenta —Lana. No es tan largo y bonito como el tuyo— una sonrisa me curva los labios y le saco la lengua.

Mantengo mi distancia con ella, la brisa está moviendo mi cabello y el abrigo que la mujer me había pasado, pero lástima que después lo quería de vuelta. Dicho las rodillas y me siento, haciéndome más pequeña frente a la enorme mujer, me apoyo con las manos detrás, dirigiendo mi mirada hacia el horizonte, donde el océano se extiende. —Me encantaría irme de aquí e ir más allá… mucho más allá. Miau— Aunque no tenga ningun destino ni sueños.
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#7
No supo qué hacer al ver como olió su abrigo, sin saber que estaba oliendo el mar, en cambio, parecía que estaba oliendola a ella, sintiendo un pequeño escalofrío por su espalda ya que aquello le traía malos recuerdos de aquel noble que la mantuvo en cautiverio, dando un paso hacia atrás al ver como las facciones de la mujer mutaban en las de aquel hombre, dejando caer su lápiz y libreta contra las rocas, dándose cuenta demasiado tarde de hacia dónde se dirigía, el suelo desapareciendo debajo de sus pies y de pronto, Seraphine se encontró sumergida hasta la cabeza dentro del agua, con este entrando por orificios que no debería, impidiendole el respirar, debiendo de patear para volver a la superficie y toser aquel agua salada fuera de su cuerpo.

Parpadeando más de una vez, pasó sus manos por los ojos, sintiendo que le ardían, necesitando más de un intento en salir del mar, sacudiendo todo su cuerpo y parecía haberse recuperado del susto, más o menos, tragando saliva, pasó las manos por su rostro, dejando escapar un estornudo y comenzó a estrujar su ropa, buscando alejarse lo más posible de su libreta para evitar mojarla, prestando atención a las palabras de Lana mientras su corazón palpitaba de forma demasiado abrupta para su gusto, ¿era normal que reaccionara así, no? Era su segundo día de libertad y las emociones estaban a flor de piel; se lo repetía varias veces, para no sentirse mal consigo misma de que cada pequeña cosa, por más insignificante que fuese, la mandase de forma tan abrupta al pasado y le diese un ataque de pánico.

Forma un pequeño "o" con sus labios al escuchar que estaba saliendo de una borrachera y no pudo evitar rechinar un poco con sus dientes; buscó no juzgarla con tanta rapidez, pero mientras más escucha sus palabras, le resultaba difícil no hacerse una imagen de la mujer rubia, mientras no le hiciera nada malo a Seraphine, todo debería de estar bien, ¿no? 

—¿Te robaron la ropa?— Escribió, rascándose el mentón. —Pues, las personas pueden llegar a no ser lo que aparentan ser, puedes ser más pequeña que yo, pero quizás seas más fuerte, las peleas no son lo mejor que se me da y recién te conozco— Se rascó el mentón, encogiéndose de hombros y estrujó su largo cabello, sintiendo algo de frío mientras la ropa se pegaba a su pálida piel. —¿Necesitas algo para el dolor de cabeza o…?— Suponía que Lana tendría sed o algo por culpa de la borrachera. —¿Estás bien?— Sus palabras le hacían sonar como si quisiera cometer suicidio.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
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