[Pasado] Litmus Test | [Social] [Priv. Tezca]
#11
No... La mente de Jin se llenó de absoluto terror. “Cliente” no era la palabra que debió elegir, él lo sabía. Sintió un nudo en la garganta, el terror invadiéndolo, la imagen en su mente que se formaba de un disparo inevitable, la sangre corriendo frente a su rostro, el cuerpo del rubio cayendo en el suelo. Abrió la boca, buscando cualquier excusa, palabra... No obstante, era consciente de que interrumpir ese momento solo empeoraría las cosas. Tenía que calmarse, si era como creía que era, quizás, solo quizás...

Pero la probabilidad era tan baja siendo Raigo...

El mayor de los tres apretaba más el arma, con la mirada fija en Tezca. No había vacilación, temor, para él Tezca no era más que otro peón más. Los ojos se volvieron a Jin por un momento y luego a Tezca. La seguridad que emanaba ese hombre era alarmante. —Está claro que los negocios son algo a lo que está acostumbrado. — La pistola bailoteaba bajo su mentón, ahora descendiendo por su cuello, descendiendo hasta la nuez del hombre. El recorrido lo seguía con la mirada, para luego elevar su mirada, acercando su rostro peligrosamente al contrario. —Me pregunto si esa seguridad también existe dentro de una cama, o entre las piernas de otra persona.  

Descendió el arma, pero esta vez la acomodó a un lateral de la frente del hombre de largo cabello. —Un hombre menos me importa poco y nada. Yo puedo conseguirle personas a Jin con mejores capacidades, experiencia. ¿qué tienes tú que valga la pena? Si no estás dispuesto a verlo como nada más que un mero “cliente”, ¿cómo esperas que gane tu confianza? Creo que no entiendes cómo funcionan las cosas aquí. 

El dedo de Raigo comenzó a apretar el gatillo. Jin se acercó, sus manos en los bolsillos, aunque estas estaban comenzando a temblar violentamente. ¿Cómo podía frenar ese momento? ¿Cómo evitar el disparo? ¿Siquiera sería lo suficientemente rápido? Se le pasó por la mente adelantar sus planes, estropearlo todo, sacar su katana y degollar a ese hombre... Si no fuera porque la fuerza y velocidad eran mayores. El dedo de Raigo se apretó todavía más, hasta que...

CLIC

El ruido del seguro cerrándose de nuevo. No porque hubiera reculado, desde luego que no, el disparo había sido perfectamente efectuado desde el lado del cráneo, donde sabía que sería una muerte instantánea. No. Era la falta de balas. El cargador, aparentemente, estaba vacío por lo que, al disparar, no existió amenaza, no existió bala. Nada más que aire.

El alivio cayó en Jin. La probabilidad que había creído había resultado ser cierta. La duda lo había desbordado por un momento, creyendo que aquello no era otra prueba más. En cambio, el mayor solo rió. —Tiene agallas, Norova, no puedo pasar eso por alto. — El arma se levantó, apartándose del cuerpo de Tezca, volviendo su mirada hacia Jin, quien ahora se encontraba justo a su lado. 

—No contrato a cualquiera, viejo.

Raigo elevó la mirada para encontrarse con la de Jin. Su risa llenaba la habitación en forma de burla. —Cierto. Hakes parece que estaba equivocado contigo. — El cuerpo retrocedió, acomodando la espalda en el asiento. —Igualmente, sigo creyendo que necesita algo más para demostrarlo. Averigüe quién pudo dar el chivatazo, si es que hay alguien, y tráigamelo. Luego quiero ver cómo le rebanas la cabeza delante de mí. Si es capaz de eso, podré darle el voto de confianza que necesita, Norova. — Elevó su arma, ahora apuntando directamente hacia el abdomen de Jin, en la zona superior de su pelvis. —Por ahora probemos un juego más. ¿Qué cree que pasará si vuelvo a apretar el gatillo con él? — No esperó, volvió a quitar el seguro del arma. Jin descendió la mirada.

Mierda...

Eso no lo había calculado. El resultado, por suerte o desgracia, él lo conocía. Miró a Tezca, quedándose quieto, ahora siendo ambos hombres quienes lo observaban. No hubo pausa dramática, no hubo respiro, solo... apretó el gatillo sin esperar una respuesta, queriendo ver una nueva reacción y, esta vez, lo que sonó era un...

¡BANG!

Si no se movía, Jin recibiría el balazo y la sangre caería por su traje...
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#12
BANG!

Eso fue lo que se escuchó y por reacción interpuse el brazo lo más rápido que pude, si me descubría ni siquiera era importante: Tenía cosas que aclarar con el hombre y no iba a permitir que esta situación se convirtiera en un puto drama o en una distracción. Había calculado, estaba seguro de que la bala no alcanzaría a tocar al mayor y eso era satisfactorio para mí. Suspiré, levantándome de la silla para mirar al molesto rubio con irritación, esta situación era improbable: Comenzaba a pensar que no lidiaba con una bestia pero con un niño pequeño extremadamente caprichoso. — No, no parece que la situación sea comprensible pero déjame poner las cartas sobre la mesa: Entiendo que tiene un trabajo para mi ¿No es así? Sin embargo, usted es el que me lo está pidiendo así que el trato sería con usted, usted sería mi cliente por lo que como su empleador ¿me entiendes? Tenemos que tener una relación laboral. Repito: no soy su esclavo, solo le estoy prestando mis servicios y por lo tanto, quiero mi pago y quiero respeto. No trato con nadie que me falte al respeto: Mi seguridad existe dentro de una cama, entre las piernas de cualquier y frente a cualquier cliente ¿Tenemos un trato? Si ese es el caso, podemos proceder a hablar de mi pago y de lo que necesitaré para cumplir con el trabajo asignado.— Le extendí la mano que no estaba protegiendo al mayor, mirando al hombre con seguridad.

¿Había sido demasiado? Tal vez, tal vez le estaba fallando al mayor pero estaba cansado ¿Es que este hombre no sabía lidiar normalmente con las personas ¿Qué quería? ¿Qué le jurara lealtad eterna rezándole como a un dios? ¿Había perdido la cabeza o todos los yakuza de mierda eran así? Sentía que me hervía el rostro, mis respiración estaba más agitada pero me controlaba. No quería ver a nadie más ese día, solo quería que se acabara para ir a descansar, solo un poco más, esperaba.

Por el momento, miré de reojo al mayor, estando atento por si pretendía dispararle una segunda vez, metería el cuerpo completo y lo sacaría a la fuerza si las cosas se ponían peor. Sentía que mi cuerpo comenzaba a temblar, ah, maldita sea viejo, me dijiste que nunca debía dejar que algo me afectara pero en este momento podría derrumbarme si no fuera por la rabia que me corroía el interior.
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#13
Jin apretó los puños dentro del pantalón de su traje cuando vio el humo salir de la mano de Tezca. Sus ojos descendieron lentamente hasta el arma, como si no fuera más que un simple dedo índice, pese a que el humo seguía saliendo de la misma. Se mantuvo calmado, cerrando los ojos por unos segundos. 

—¿Era necesario usarme de cebo?

—Oh, desde luego que sí. — Los ojos de Raigo se elevaron, apartando el arma y, esta vez sí, reacomodándola en el bolsillo interior de su abrigo, del mismo lugar del que lo había retirado. —Tenía que comprobarlo todo, ¿o acaso tú no lo has hecho ya? — Jin volteó la mirada, ahora alejándose del lado de Raigo, posicionándose detrás de Tezca. 

—Si no lo hubiera hecho, el señor Norova no estaría aquí ahora mismo. 

Se quedó quieto, manteniendo su propia presencia al momento que el rubio de cabello largo comenzaba a hablar. Raigo, con sus ojos dorados, siendo fácilmente confundidos por su cabello, lo contemplaba seriamente, prestando clara atención a Tezca y no pudo hacer más que mantener su sonrisa de oreja a oreja, llena de satisfacción. 

—Bien, veo que no es un idiota cualquiera, sabe bien dónde está, en qué se mete y cómo poner en su lugar sin faltar al respeto. — Hizo una pausa, retirando un paquete de tabaco del bolsillo exterior de su abrigo, abriéndolo, haciendo una veloz sacudida y atrapando uno de los cigarrillos con sus propios labios. 

—Tiene mis respetos, Norova.

Elevó la mirada, buscando la de Jin, quien chasqueó la lengua para retirar del bolsillo de su pantalón el mechero y lanzándolo hacia el hombre. La comprensión sin palabras era palpable entre ellos dos. —Admito que le he estado poniendo a prueba desde que ha entrado aquí. También escuché estupideces de que debilitaba a Jin, y es algo que no tolero, pero está claro que no hay más de lo que se ve. — El mechero iluminó el rostro del hombre al hablar con una calma imperturbable, ahora elevando la mirada hacia Tezca. —Lo trataré no como un empleado más, sino como a un cliente. Con eso será más que suficiente. Y créame, no trato mal a mis clientes del mismo modo que usted no lo hace.

Jin podía sentirlo, posiblemente incluso Raigo, la ira, el nerviosismo de Tezca. Retiró su otra mano, colocando ambas sobre los hombros del que tenía frente a él, cuidando de no tirar accidentalmente de ninguno de sus cabellos. Apretó el toque, en un intento de hacerle ver que estaba allí sin palabras y, quizás, también para calmarse él mismo, aunque el alivio ya comenzaba a ganar terreno en Jin. —Como ves, viejo, no es malo. Su trabajo también es excelente. Perder a alguien como él sería un desperdicio. 

Raigo se puso en pie, con los ojos fijos en el de cabellos largos. —Cierto, no sé cómo se conocieron, pero es listo. — Los pasos de Raigo ahora fueron hasta su escritorio, de vuelta al asiento donde se encontraba inicialmente. —Bienvenido a la familia Onizuka, querido Norova. Si quiero sus servicios, pagaré el precio que sea necesario. No bromeaba respecto a encontrar ese estúpido topo. Iniciaremos con dos millones. Si lo trae con vida, claro y le saca toda la información, podré sumárselo cuando cumpla el matarlo. Quiero ver qué tanta sangre fría tiene, o si solo sabe hablar e imponerse. 

Las manos de Jin se mantuvieron en él apretando sus hombros, con cuidado y seguridad. —Buen trabajo a los dos. Cuando ponga el precio que quiere, joven Norova, puede irse con Jin... Después de una pequeña conversación privada. — Los ojos dorados de Raigo ahora fueron a Jin, quien estaba igual de calmado, apartando, ahora sí, las manos de los hombros de Tezca, despacio. 

—¿Qué quieres esta vez?

No hubo palabras, solo miradas entre los dos hombres. Suspiró largamente, cerrando los ojos, comprendiendo que si era privado, sería algo más allá de lo que podía conversar. —Debo admitir igualmente que me parece decepcionante que me hayas tomado por un débil. 

—Hakes habló de una relación amorosa. — La mandíbula de Jin se apretó, observando a su jefe fijamente. —Si hubiera sido cierto, sabes bien que nada de esto habría terminado de esta forma. Claro que, después de defenderlo de ese modo en vez de alejarse, pudo ponerte en riesgo.

—No puedo dejar morir a alguien que tiene tan buenas capacidades, sería un desperdicio, Norova te lo ha demostrado de sobra. Por eso fui a ayudarlo. — Los ojos fueron al de cabellos largos, dejando caer los hombros con desgana. —No puedo negar encuentros en la cama, sería mentirte, pero todo tiene un precio, viejo. 

—No me sorprende con semejante bellezón. Es raro que te molestes en rescatar a alguien, tenía que verificarlo antes de sacar conclusiones. Te eduqué, entrené, enseñé todo lo que sabes a día de hoy, no puedo permitir que un pequeño amorío lo eche todo a perder. — Ahora la mirada fue dirigida hacia Tezca, el humo del tabaco de Raigo cubriendo parte de su rostro. —No solo es duro usted, Norova, también elegante. Me gustará probarlo alguna vez. — Rebuscó en un cajón algo, no mencionó el qué, solo lo observó unos segundos y lo volvió a cerrar, volviendo la mirada a Tezca. —Lo dicho, ¿acepta el trabajo, Norova? Ponga el precio, le doy el adelanto ahora mismo. Encuentre al topo, hágalo hablar y tráigamelo. Si es necesario que Jin esté con usted, el precio será inferior, como comprenderá. Lo que quiero son sus servicios, no los de alguien que ya conozco bien cómo trabaja.
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#14
Mi buen humor regresó, tal vez el hombre no era tan animal como lo demostraba ser o tal vez era mucho peor. Mi dormida se relajó, al igual que todo mi cuerpo excepto el puño que sostenía la bala y el que pasé atrás de mi, a mi espalda, con esperanza de que el rubio ni siquiera lo notara. Al escucharlo hablar de negocios volví a sentarme sin ligereza, acomodándome los lentes con la mano que tenía desocupada. Escuché su conversación en silencio y aunque el tono no parecía haber cambiado mucho, podría esconder con mejores trucos aquella incomodad que me corrompía la sonrisa.

Sus respetos y su bienvenida me importaba una mierda, pero si Jin estaba mejor de esta forma entonces… Jugaría de la mano de la suerte esperando que volviera a premiarme, como lo acababa de hacer. No, esta vez no había sido la suerte pero el filo de la lengua, una bendición que tenía, construida por tanto tiempo hasta la perfección.

Al final simplemente eran negocios y como tal he de reaccionar.

El humo del tabaco me llegó a la nariz y lo ignoré, inclinándome ligeramente al hombre con una sonrisa ¿Tal vez me vería más cercano? ¿Más complaciente? Al final del día, había cumplido con lo que parecía pedirle: un trato respetuoso. — Me temo que mis servicios, lord Onizuka, no incluyen relaciones sexuales.— Solté entrecerrando ligeramente los ojos, explicando como quien pone los términos en un contrato. —Acepto el trabajo, lo haré en individual y le enviaré reportes semanales de lo que vaya surgiendo ¿me entiendes? La suma será de… 4 millones. Puede pagarme cuando el trabajo esté terminado.— Me levanté una vez más de la silla, evitando en todo este tiempo mirar a Jin. —Comienza a hacerse tarde, si no hay nada más de lo que discutir. Al menos un servidor debería retirarse.— Usé la voz más suave que conocía, aquella para intentar no solo convencer si no propiciar a un resultado favorable. Quería irme. No quería dejar al mayor pero no sabía como levantar sospechas. — Deberíamos retirarnos, en realidad. No puedo dejar que el señor Jin se encuentre sin guardia, usted entenderá.— Ahí estaba, la oportunidad.
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#15
El hombre elevó la mirada, viendo a Tezca directamente a los ojos, manteniendo su media sonrisa. —Vaya, qué lástima. Jin es muy afortunado de poder disfrutarle entonces. — Descruzó sus manos, descendiendo una de ellas bajo el escritorio, retirando una tarjeta de presentación que estiró sobre la mesa, empujándola hasta el final de la mesa hasta donde estaba el rubio menor. —Aquí tiene mi contacto. Estaré atento a su trabajo. Estoy seguro de que hará algo excelente, señor Norova. Es un placer contar con sus servicios. — Retrocedió su espalda hasta alcanzar su sillón, mirando fijamente a Tezca un poco más, descendiendo la mirada, y volviendo a ascenderla lentamente. —Puede retirarse pero... En cuanto a Jin... — Sus ojos se volvieron al pelinegro, quien no se había movido de la posición. —Tendrá que dejarlo aquí un momento. Hay algo que tenemos que atender en privado. — Se puso en pie, caminando ahora hasta Tezca, elevando su mano hasta el mentón. La altura del hombre, añadiendo su musculatura, lo hacían claramente mucho más grande de lo previsto. Perfectamente podría alcanzar los dos metros, incluso un poco más. Su dedo índice se posicionó en el mentón de Tezca con una sonrisa maliciosa. —Si cambia de opinión, me encantará verlo en alguna cama.

Lo soltó, despacio, elevando ahora la mirada en Jin, quien no había cambiado de expresión, aunque en sus espaldas los puños se apretaban con firmeza, tensando los músculos que no se apreciaban gracias al traje con el que estaba vestido. —Ahora, retírese, solo será un momento.

Y, sin embargo, la negativa lo tomó por sorpresa. Arqueó una ceja, observando al joven. Miró a Jin de reojo, quien se mantuvo silencioso antes de regresar la mirada a Tezca. Le estaba comenzando a molestar su desobediencia. —Viejo. — La mano de Raigo había frenado apenas segundos de encontrarse estrangulando a Tezca, solo a milímetros de él. —Creo que Norova tiene razón. Él es mi guardian, soy su jefe y prefiero mantener la conversación cuando... no haya testigos. — La mano de Raigo descendió lentamente, observando su ventana. Ciertamente era tarde. —Además, estoy seguro de que no querrá que la mujer escape.

Raigo inhaló el aire en sus pulmones y exhaló, caminando hasta la ventana con calma. —Está bien, los dos podéis iros. Ya hablaremos más adelante, Jin. 

—Claro.

Miró a Tezca, acercándose a él y le hizo una señal con una sacudida con su cabeza para que lo siguiera antes de dar la orden. —Vámonos, Norova. — Salir de allí también era un desafío como ninguno. Miradas fijas sobre ellos, la sensación de que, incluso después de despedirse de Raigo, todavía tenían las miradas sobre ellos. El estado de alerta de Jin estaba por las nubes. Ni siquiera el tabaco, que había vuelto a encender, parecía calmarlo. Lo bueno es que todo salió mejor de lo que esperaba, Tezca había soportado bien la presión... Solo quería regresar, descansar... Y de hecho no lo miró, no le habló en ningún momento mientras regresaban a la casa que previamente habían abandonado. Situación tan tensa no la había padecido nunca. Normalmente sabía controlarse mejor, y más delante de Raigo, también estaba molesto por la humillación de ser golpeado frente al hombre que tanto apreciaba... Pero mejor él que Tezca, sin duda. 

[***]

Al fin, hogar dulce hogar. Hasta que la llave no hizo el giro y no sonó el “clic” de la puerta tras cerrarse, asegurándola de nuevo con llave y cadena, no pudo sentir el alivio inundarlo. Elevó su mano sobre su cabeza, habiendo dejado entrar primero a tezca. El sudor de la tensión, la adrenalina, el estrés, de repente ahora parecía todo caerle encima.

—Al fin...

Se sentía agotado mentalmente. Su espalda estaba apoyada en la puerta principal, sus manos temblando por toda la situación que le había dado hasta entonces. Estaba tratando de aclarar sus pensamientos. Ni siquiera podía moverse, su cuerpo completo ahora temblaba por todo lo que había tenido que soportar por dentro y, sin embargo, incluso bajo esa tensión de adrenalina, buscó la mirada de Tezca, sin saber si estaba mejor, si se había adelantado o solo lo observaba. Por encima de él, ahora, por increíble que pareciera, su preocupación fue dirigida al rubio frente a él.

—¿Estás bien, Tezca?
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#16
El camino de regreso fue tortuoso. Aunque podía llamar a esta situación un triunfo la verdad es que se sentía como una molesta más. Los pies me pesaban y no mencionaba palabra alguna: el hombre tenía una forma de lograr ponerme de mal humor tan rápido como podría atrapar las balas que disparara, finalmente al estar lo suficientes lejos solté la bala, mirando la arcilla rota en la mano y limpiando mis palmas una contra la otra. Una mierda, así podría describir el preciso momento y entonces apuré ligeramente el paso ¿Qué más podrías pasar hoy?


Al entrar a la casa solo suspiré, dejando los lentes a un costado y caminando directo a la cocina, sirviéndome un vaso de agua con pereza y dándole sorbos rápidos. Había hablado tanto que se me había secado la garganta y mientras me apoyaba contra la mesa escuché de forma obstruida las palabras ajenas, terminando por asomarme por la puerta para mirarlo. —Estoy bien, he tenido clientes difíciles antes. Es tonto que cuando intentas hacer negocios con alguien te comportes de forma hostil ¿me entiendes? Esto tenía dos salidas y todos estamos aquí así que final bueno. Ahí queda. Tengo que trabajar.— Mi tono de voz se fue amargando, apretando el vaso de agua en la mano; llamarlo tal era absurdo. El hombre me molestaba en demasía y me parecía poco práctica si actitud ¿Quién mierda se creía? ¿Quién mierda de creía para pensar que tan siquiera podía tocarme? ¿Ponerme a prueba? Yo lo iba a poner a prueba al muy hijo de…

El vaso se rompió en mi mano y solo pude ver los vidrios en mi mano por algunos segundos antes de comenzar a recogerlos con neutralidad, sin hablar, esperando que por algún milagro no se hubiera dado cuenta. Pasé la mano por la mesa, solo para asegurarme que no quedara ningún vidrio con el que el mayor se pudiera cortar, tirándolo al bote de basura. Probablemente necesitaría unos momentos para desahogarme. —¿Te molesta si esta noche duermo en mi hostal? Siendo honesto si escucho algo con referencia a ese hombre voy a tomar mi lanza y se la voy a clavar en el… en la cabeza ¿me entiendes?— Salí de la cocina por completo para tomar mis lentes, acercándome a Jin para mirarlo con cierto cansancio.
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#17
Solo cuando volvió a escucharlo se percató de que el rubio se había adelantado. Dejó escapar otro suspiro, cerrando los ojos. La tensión ahora hacía que la corbata le apretara el cuello. Elevó su mano, aflojándola en un nuevo intento de liberar estrés, dejando escapar un suspiro de cansancio.

—Sabía que iba a ser duro... Espero que-...

Se interrumpió, viendo cómo la mano apretaba con tanta firmeza el vaso de agua que tenía entre sus manos. Retiró su mano de la corbata, ahora algo más aflojada. Seguía con algunos temblores, ahora viendo mejor el estado de su amado y qué tanto se había estado conteniendo hasta entonces. Lo sabía; Tezca no estaba bien, para nada. Dejó caer sus hombros, si él mismo no se calmaba, dudaba que consiguiera calmar al rubio. Pudo ver qué tanto se había esforzado, soportado y aguantado solo para salir de esa, cuando perfectamente pudo echarlo todo a perder. El vaso se rompió poco después y él se acercó, manteniendo sus zapatos que inicialmente iba a retirar en su entrada. Evitaría así los cristales.

Se acercó a él, queriendo ayudar. No acostumbraba a tomar una escoba y recogedor, pero allí se encontraba, tratando de ayudarlo hasta que lo escuchó. Elevó su mirada hasta el rubio, seguía conteniéndose, lo veía, lo sabía. Lo vio acercarse, no le agradaba la idea de tener que separarse después de una situación así, pero tampoco era quién para atarlo a su lado. Cerró los ojos, tratando de respirar y elevó la diestra, paseando con un cuidado único la mano por la mejilla del contrario en forma de caricia. Quizás pudiera sentir sus temblores, quizás no. Si el rubio observaba con detenimiento, en el cuello del pelinegro comenzaron a apreciarse unas marcas rojizas, probablemente que iban a mantenerse por algunos días. Marcas que el propio Raigo había provocado al estrangularlo, solo haciéndose más visible la fuerza que poseía y el poco cuidado que había tenido con él. A Jin le importaba entre nada y menos, dado que claramente el que tenía delante era quien más afectado estaba. Deseó poder ofrecer su abrazo, su beso pero... ¿siquiera buscaba realmente ese tacto en un momento así? ¿Cómo podía actuar ahora? Era demasiado complicado, sentimientos que normalmente calculaba, sabía qué hacer, pero delante de Tezca se quedaban en el aire. ¿Qué era lo mejor?

—Me gustaría que te quedaras...

Sus palabras sonaron suaves, buscando su mirada detrás de sus gafas, apartando suavemente la mano, deslizándola con cuidado. Después de lo ocurrido, quizás ni siquiera quisiera que lo tocara, por eso terminó apartando su mano. Pese a recordar las palabras que dijo él mismo, superarlo juntos, no sentía que pudiera cumplirlo. —Pero tampoco voy a obligarte. Si quieres estar en el hostal, puedes ir pero, si prefieres quedarte o volver, sabes que eres más que bienvenido. — Descendió su mirada, inhalando el aire en sus pulmones. Incluso de ese modo podía sentir sus propios temblores. —Si quieres descargar algo conmigo, solo hazlo. Ahora que él no está... 

La idea regresó como una bofetada, el pensamiento que lo había atormentado apenas el hacía poco tras la discusión. Acaso... 

—¿Crees que soy igual que él...?

Buscó su mirada, ahora dando un paso hacia atrás, ahora peleando consigo mismo. Apretó sus labios, desviando la mirada en otra dirección, percatándose del arrepentimiento de semejante pregunta. —No... No importa. No hace falta que respondas. — Era mejor no saberlo porque, si resultaba una respuesta afirmativa, solo demostraría que él también era tan inadecuado como cualquiera para permanecer a su lado. Le dio la espalda, buscando las llaves en su bolsillo. —Si al final decides irte, al menos... ¿Me dejarás acompañarte? — No se atrevió a mirarlo directamente, tampoco sabía qué decir. Sentía que cada vez que Raigo estaba presente, desde que hizo acto de su presencia, la tensión solo pasaba de mejor a peor, como una montaña rusa interminable en la que, cuando él no estaba, todo iba bien pero, cuando se encontraban con él, solo empeoraba.
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#18
Era un fastidio la forma en la que me dolía el pecho cuando escuchaba que el hombre quería que me quedara y solo pude suspirar, desviando la mirada en cansancio. Me sentía asqueado, tenso, la parte trasera de mi cuello dolía y parecería que los músculos eran los siguientes ¿por qué descargaría algo en su contra? Sus palabras no eran del todo justas, al final del día el también había tenido que soportar lo mismo que yo. Era terrible, aquel día estaba solo para terminarse y de cierta forma moverme hasta el hostal me parecía exhaustivo.
 
Entonces escuché su pregunta y no pude evitar fruncir el ceño, estaba a punto de responder pero él mismo había dicho que no por lo que terminé por cerrar los labios entreabiertos, volviendo a bajar la cabeza. —Si, claro ¿Por qué no? Venga, vamos… Ah, espera. — Un escalofrío me recorrió la espalda y el suceso una vez más se hizo presente, poniéndome de peor humor. —No. Regresarías solo y esa mierda, con esta reunión tan presente puede causar más problemas… Mejor me quedo, de todas formas prefiero no salir a esta hora ¿me entiendes? —
 
 
Me acomodé el cabello detrás de la oreja, como si eso pudiera medir mis palabras, pero no, siempre había sido igual de impulsivo, igual de cabrón. — Tu eres el que decide si ser igual a él o no, Jin, no sé porque mierda me preguntas algo cuando solo tu puedes saber la respuesta ¿Qué importa lo que pienses? Yo no le pregunto a nadie si me parezco a mi jodido padre o no ¡Soy Tezca Norova! ¡Soy como soy y punto! Así que, por el profundo mar, hazme un favor y no vuelvas a compararte con la asquerosa bestia rabiosa que es tu jefe. — Eso había sido mucho mejor.
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#19
La decepción llenó su interior cuando parecía aceptar el acompañamiento, siendo sinónimo el volver a quedarse solo allí. Como había mencionado, no era quién para obligarlo, más en una situación como esa, sensación que duró verdaderamente poco, sustituyéndolo un halo de alivio. No es que el humor de ambos fuera a aliviarse por la compañía, pero sentía que al menos así era mejor. —Claro, comprendo. — Ahora al menos sentía una mayor seguridad.

—Entonces, estoy un poco más tranquilo quedándote.

Pese a solicitar ausencia de respuestas y no ser dada de forma directa, sí le llegó de forma indirecta. Sintió, por un momento, miedo. Miedo de que aquello que llevaba unos días atormentándolo fuera real, miedo de no saber cómo gestionar aquello. Una media sonrisa, cansada, asomó de entre sus labios, ahora con el alivio inundándolo como nunca pensó antes. Cerró sus ojos, ¿cómo había estado tan ciego? “¡Soy Tezca Norova!” Una palabra que había dado más pie a una aclaración de sus pensamientos.

—Tienes razón. Solo soy Jin.

Nombre inicial, nombre con el que se había presentado, sin el adorno importante de su clan, sin el apellido que se le había ofrecido. Dejó sus manos libres, ahora acercándose al contrario, dejando caer su rostro sobre el hombro contrario. Ahora solo quería su cercanía, lejos de la atracción, lejos de sus besos, ahora solo quería sentir su cercanía, nada más, nada menos. —No planeo ser como él... Aunque me haya enseñado todo lo que sé.

Elevó su mano, buscando el tacto de la suya. Si la rechazaba, no iba a hacer un mundo de ello, comprendía si lo que buscaba era un poco más de espacio, más después de la situación. Solo, un poco más, quería su olor, su cercanía, su... confianza. Comprender cómo reconfortarlo, cómo aliviarlo. Elevó su mano, buscando la suya, deslizando sus dedos con cuidado. Estaban lejos de la entrada principal y sentía su corazón apretarse como nunca antes. Era imposible no sentir el alivio en su pecho cada vez que estaba cerca de él. Se convertía en una silenciosa fortaleza, una confianza que no había ofrecido nunca a nadie.

—Nunca te llegué a hablar más de mí... — Separó su rostro, despacio, sin alejar del todo su mano. Si al final no era aceptada, la apartaría. —Creo... que estoy preparado. Te lo debo. — Su pasado, su historia, sus temores, sus objetivos... todo. Quería contárselo todo, que lo supiera. Odiaba normalmente hacer mención al tema pero, por alguna extraña razón, con Tezca sentía que no se vería juzgado. ¿Sería cierto? 

—Pero creo que... necesitas descansar. Debes estar todavía con sueño.

Le divirtió recordar el momento que estaban en la cama, tratando de levantarse y vestirse, reencontrarlo dormido una vez más cuando salió de la ducha. Elevó su mano, paseándola por su cabello, con cuidado. —Te lo contaré cuando estés mejor, creo que ahora no es el momento. — Porque no estaba de buen humor, y probablemente hablar más de Raigo solo iba a empeorar más la situación. —Ve a dormir... — Hizo una pausa, mirando el pasillo por el que habían dormido. —Quizás hoy me toque a mí prepararte algo de cenar. Puedes descansar si quieres mientras tanto.
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