Carroñeros [Aventura T1] [P.Relativo] [Dimitri/Choi Hae-Won]
#1
Dia 76 de Primavera, Año 17
A pesar de faltar apenas quince días para la llegada del verano, aproximadamente al medio día, cuando el sol debería estar en su punto álgido, no se ven sino las nubes recubriendo el cielo de ese nublado día en la isla de Baterilla. Por las corrientes de viento que fuerzan a las personas a mantenerse en el interior de sus casas y mantener las calles casi al mínimo de salidas, se espera que pronto comiencen las lluvias que preceden al buen tiempo. Ese día, para desgracia de los dos marines de la División Setenta y cinco, no sería un día de descanso y de trabajos sencillos.

Hace apenas unos días se ha informado sobre un combate entre diferentes grupos de piratas en las inmediaciones de las faldas del volcán de la isla, a varios kilómetros del lugar. Las calles se han visto reforzadas ligeramente con vigilancias más exhaustivas por parte de miembros de la marina, preocupados en asegurar la zona y mantener la seguridad de los ciudadanos del pueblo de Baquella. Hoy, casi una semana después del ataque, y sin ningún nuevo indicio de esa presencia pirata superviviente en la contienda, se ha decidido mandar un pequeño grupo de exploración a la zona del volcán. Quizás se pueda considerar que aquella decisión tan tardía es una negligencia por parte de la administración o incluso de los altos cargos de la isla, pero lo cierto es que la prioridad de salvaguardar la zona ha sido centenar de veces mayor que la búsqueda de piratas que, seguramente, de poseer Akumas entre sus filas no tendrían la capacidad de afrontar en combate sin pedir refuerzos a las otras islas, o incluso del Nuevo Mundo. Una vergüenza como esa es algo por lo que no están dispuestos a pasar.

Así pues, cuatro grupos de marines formados por parejas se dividieron por los cuatro "lados" del volcán para explorar la zona y buscar indicios de los restos de este grupo pirata. La zona considerada como la más peligrosa con la poca información que poseía, fue designada para aquellos marines que formaban parte de la división de mayor rango, la setenta y cinco. Así pues, Choi Hae-Won y Dimitri St-George, serían enviados a la zona oeste, donde se encuentran los cadáveres que habían quedado de aquel combate.

La zona se encuentra prácticamente baldía. Un terreno rocoso de roca magmática sin vegetación alguna hasta un par de kilómetros donde se conformaba el bosque de palmeras era todo lo que se podría observar a simple vista. El desnivel de este lugar tampoco hacía toda la labor de reconocimiento precisamente sencilla. Muchas de estas zonas eran algo peligrosas si no caminas con cuidado, y otras tantas había que subir con precaución, e incluso, para las zonas más altas, podría incluso ser necesario escalar aunque fuese un par de metros con tal de tener una mejor vista de todo a vuestro alrededor. 
 
Estáis a menos de un cuarto de kilómetro de la zona que, según los informes, se encuentran los cadáveres piratas, pero a simple vista no parecen estar aún precisamente cerca. Debéis andar con ojo; no parece haber ninguna persona o criatura viva que amenace vuestro camino, pero el terreno, aunque calmo durante centenares o incluso miles de años sigue sin ser precisamente un paseo por el prado. 

Lo importante ahora es decidir que haréis a continuación...y cómo decidiréis proceder si encontráis los cuerpos de las víctimas criminales.

Off
#2
—Hmmm...

Piratas. Ese tipo de criaturas suelen ser caóticas en extremo sentido. Si Hae-won tuviera que contar con los dedos las muchas veces que tuvo que lidiar con problemas relacionados a ellos, tendría una lista larguísima y llena de nombres poco conocidos. Bastardos sin gloria, les dicen algunos. Para ella, son solo escoria sin valor aparente.

—Según los informes, debemos hacer un rastrillaje completo de toda la zona que nos asignaron para saber qué más pudo haber pasado aquí.

No es que los aborrezca de manera tajante y perpetua, en realidad. Muchos de ellos buscan afrontar sus propias desavenencias con esa clase de vida —algo que ella reprueba grandemente— porque no tienen otras opciones. Tampoco puede negar que el bando de la Marina en sí tiene muchos claroscuros que parecen eclipsar, de alguna manera, los esfuerzos de aquellos que sí andan por el camino correcto de la historia. Suspira al pensar en ello; la larga caminata le sirve para entregar esos pensamientos a su conciencia, y allí meditarlos.

Sin embargo, sabe que no puede evadirse de la realidad. Cada paso dado es custodiado de manera directa. No deja de mirar todo su alrededor con detalle porque está en medio de una misión: revisar cuerpos de personas que fueron víctimas de una trifulca. Piratas, tal y como ella dijo anteriormente. Guarda la frustración de interrumpir su día de descanso en un suspiro silente que trata de disimular como puede mientras lleva ambas manos a la espalda.

—Dimitri, tú que conoces mejor que yo este territorio... ¿Hay alguna cosa que debamos tener en cuenta? Además del sendero natural, que parece ser un tanto complejo debido al relieve.

Destaca lo árido del ambiente. Rocas que tal vez no se han movido fuera de la mano de la naturaleza, territorios accidentados e incluso alguna que otra pendiente pronunciada. Agradece el haber tenido la lucidez para llevar calzado deportivo acorde a las condiciones en las que están, a pesar de que no se pudo desprender del uniforme reglamentario. Acomoda su cabello tras la oreja, el pequeño mechón que dejó libre aún cuando su cabello va sujeto a una coleta alta por motivos de practicidad. 

Es imperioso destacar que se mueven por el territorio que más seguro se ve; los desniveles pueden ser... Complicados de sortear.

—¿Te parece que empecemos a buscar pistas a nuestros alrededores una vez avancemos un poco más? —Le dirige la mirada a su compañero, mientras le sonríe de lado—. ¿O quieres comprobar si hay pistas a nuestros alrededores? Podríamos reconstruir, de alguna manera, un poco de lo que haya podido pasar por esta zona.

¡Ser miembro de la división setenta y cinco tiene sus desventajas! Y es que, quieran o no, ese tipo de ascenso es el que hace que a uno se le asignen las misiones más complejas o los lugares más difíciles de acceder. Hae-won no lo piensa demasiado; se aferra al tacto del relicario sobre su pecho, entretanto que mira a sus alrededores para buscar pistas, sin detenerse.

—Por cierto, me alegra tener mi primera misión en la zona contigo. Tenía que decirlo. No me escondo.

resumen


Inventario

Karmas
#3
No me apetecía estar allí. Claro que, por lo general, no me apetecía estar en la inmensa mayoría de los encargos que me eran asignados. En especial, cuando la cabeza me mataba. Prefería la tranquilidad del papeleo o tareas de patrullaje sencillas. Aquella era la verdad tras la seriedad de mi semblante, que solía camuflarse bajo el manto de la responsabilidad y el deber. John solía decirme que parecía sorprendentemente profesional en el ámbito laboral. Lo que estaba, en realidad, era profundamente hastiado.

—Por cierto, me alegra tener mi primera misión en la zona contigo. Tenía que decirlo. No me escondo.

La voz de Hae-won rompió el trance en el que me hallaba. Mi atención se centró en ella, de pronto desorientado. Creo que mi mente todavía trataba de encajar su presencia en mi nueva vida, como si continuamente tuviera que recordarme que nada de lo ocurrido hace diez noches había sido solo un sueño; que ella era la única pieza restante de una vida pasada.

—Sí… —murmuré, más débil de lo que habría deseado, aunque pronto sentí sobre las comisuras el atisbo de una sonrisa real—, yo también.

Paseé la vista sobre el terreno árido, aún más apagado por las sombras que proyectaban las nubes y el aura que me llenaba el campo periférico. Contuve las ganas de chascar la lengua. Por inercia, cerré los ojos y me puncé el puente de la nariz. Agradecía que aquel territorio nos ofreciera la ventaja de evitar cualquier tipo de emboscada, ya que no había prácticamente ningún punto bajo el que alguien pudiera resguardarse. Eso me confería cierta tranquilidad. Algo que no podía garantizar de la zona de palmeras que se encontraba a unos metros.

—Si queda algún pirata guarecido, lo más probable es que se encuentre en esa zona de allí. —Señalé hacia el palmeral. Lo cierto es que rezaba para que no quedara un alma en pie—. Lo mismo si nos hubieran visto y decidieran tendernos una emboscada. Dado que tanto tú como yo somos más diestros en la distancia, deberíamos buscar un modo de asegurar la zona antes de adentrarnos allí.

No dije, por supuesto, que no estaba en mi mejor día para disparar.
La única razón por la que había aceptado esta misión sin solicitar el descanso médico, era Hae-won, pero esto también me lo guardé para mí.

Cada pocos metros le hacía un gesto a mi compañera para que hiciéramos una parada técnica en busca de pistas. En alguna ocasión, me agaché con la intención de encontrar alguna irregularidad en la zona: manchas de sangre, rastro de pólvoras, muescas de armas sobre la tierra o incluso alguna marca de botas.

—Permanece atenta por si hubiera algún rastro anómalo que pudiera indicar la presencia de una Akuma.

Tomé entre mis dedos restos de la gravilla del lugar, en un proceso que repetiría en varias zonas durante nuestro avance. Después, otee el horizonte para garantizar que no hubiera riesgo aéreo y localicé un pequeño montículo más elevado que los demás. Lo señalé con la cabeza.

—Podría subir hasta allí para hacer un barrido algo más rápido y general de la zona, en busca de cuerpos. —Me sobrevino un nuevo mareo y me vi obligado a apretar los párpados con fuerza—. O... hacerlo tú. Si te parece bien, claro.

Estaba deseando acabar. Para mi desgracia, apenas empezábamos. Miré a Hae-won mientras me calaba la gorra del uniforme. Los días nublados eran los peores.

—¿Tienes alguna idea o procedimiento que quieras que llevemos a cabo?

Resumen



Karma


Estado


Inventario
#4
La visión del terreno no es la más sencilla, el camino es disparejo, y cualquier despiste puede terminar en un tropiezo poco fortuito para los dos Marines. Dimitri ha vivido muchos años en aquella isla, y ese terreno no le resulta del todo desconocido. Las distintas patrullas y actividades le mantienen la memoria despierta, pero su actual condición le justifica la poca concentración que puede poner por el terreno, y es por eso que a pesar de lo que debería ser tan solo un paseo de trámite hasta los cuerpos o cualquier pista hacia los alrededores, termina siendo un viaje tortuoso en el que, para desgracia de ambos, no obtenéis ningún indicio sobre el paradero de los piratas que tiempo atrás abandonaron estos lares.

Aún así, tras unos cuantos minutos avanzando, finalmente conseguís visualizar los primeros restos del campo de batalla. Pólvora usada esparcida por el viento y un sombrero pirata totalmente destrozado y agujereado son las primeras pistas que encontráis hasta, finalmente, encontrar los cadáveres cercanos los unos de los otros. A simple vista sois capaces de observar cinco de ellos, cuatro de los cuáles, por la distancia en la que se encuentran entre los mismos, consideráis que son de la misma banda, a pesar de la falta de un símbolo que los identifique como tal. Dos están prácticamente al lado el uno del otro, mientras que el tercero mantiene una distancia de cuatro metros a la derecha de estos, y el cuarto, de tres un poco más adelantado al resto, con una espada algo mellada justo a su lado.

El quinto cadáver, por otro lado, se encuentra a unos siete metros del más adelantado, con un arma de fuego en mano parecida a la del joven con migrañas, y varios agujeros de bala que atraviesan su vestimenta. Si os habéis fijado con atención, podéis percataros que, a excepción de la espada y el arma de este último cuerpo, no hay ni un solo arma entre las pertenencias de los sujetos. Desconocéis si se han llevado las pertenencias de los cuerpos, pero está claro que no se han tomado la molestia de enterrar a su compañero en caso de ser este uno de ellos. 

El sonido del viento no os alerta con ninguna presencia indeseada. No hay animales salvajes por la zona, y todo el terreno está completamente en calma. Podéis observar perfectamente que a varios metros a vuestro alrededor no debería haber ni un solo alma, pero la altura a la que os encontráis actualmente tampoco es la más adecuada para confirmarlo por encima de los cien metros a la redonda. Ahora solo os queda decidir que paso queréis tomar a continuación. 

Por ahora estáis a salvo, pero quién sabe si eso podría no terminar sucediendo si no tenéis el suficiente cuidado.

Off
#5
—...

Es de sabios entender gestos.

Hae-won nunca fue una persona de grandes emociones. Su memoria ha tenido un enorme peso en la forma de comprender a las personas, en el modo de caer en la realidad de que no es capaz de olvidar o desentenderse de ciertos aspectos que muchas personas desearían borrar de sus mentes. Y no puede culparse, tampoco es que haya pedido ese don, pero también duele todo lo duro que ha visto durante gran parte de su vida.

Entiende de razones cuando estas forman parte de sus vivencias; comparte las grandes presencias de la vida y, aunque no quiera admitirlo, puede percatarse de comportamientos anómalos.

No dice nada. Simplemente lo observa al darse cuenta de que no está bien. Y si bien quisiera saber qué carajos le ocurre, no quiere importunar en absoluto lo que verdaderamente está pasando dentro de su cabeza. Solo puede quedarse callada en esos momentos porque están dentro de una misión, pero las paradas técnicas no solo sirven para que ellos pudiesen buscar pistas. También sirve para que ella pueda percatarse de los punzares en la nariz, la mirada descolocada y el cerrar de ojos con algo de presión.

¿Tanto así lo habían dañado? ¿A ese punto tuvo que llegar?

Si bien adoraría maldecir a ese pirata de mierda, ella solo puede enfocarse en la misión. El trabajo es importante, sin embargo, no puede evitar sentirse culpable al entender que tal vez lo ha forzado a algo en su estado de salud que podría ponerlo en peligro potencial.

No puede decir mucho, sin embargo, tampoco va a negar que hay algo determinante en su mirada cuando lo contempla entre descansos: va a protegerlo, y hará todo lo que esté en su mano para darle el alivio que necesita con el fin de hacerle entender que, no importa cuánto le cueste, ella seguiría siendo ese ángel de la guarda que logró sacarlo de las sombras y la negrura.

—Allí...

Cuando se percata, luego de otear el horizonte con su compañero, puede ver una escena compleja, pero no desconocida. El reguero de evidencia que hay a su alrededor: entre casquillos, gotas de sangre y un sombrero pirata perforado por balas, el ambiente sigue siendo difícil de respirar. Sigue mirando hacia adelante, contando la cantidad de cuerpos y lo extrañamente distribuidos que están.

—Acerquémonos a mirar —La dama dirige su atención al caballero con seriedad, sin perder la gentileza natural—. Trataremos de acercarnos despacio. Te pediré que seas mis ojos en las alturas para ver lo que haya, y de paso, alertarme de de cualquier cosilla que veas en la lejanía —No quiere que se agache bajo ningún concepto para tratar de que el malestar, sea el que sea, no le aqueje con tanta fuerza—. Yo miraré al suelo y buscaré pistas. Dame unos minutos para ir juntando la evidencia que está por aquí, hasta que lleguemos al centro del conflicto.

Se coloca los guantes con rapidez mientras toma las bolsas en donde guardaría los restos del asalto. Mira con atención; sostiene con delicadeza los casquillos de bala. Analiza con el tacto la pólvora y el líquido carmesí. Agarra con cuidado el sombrero pirata, no sin antes mirarlo con algo de desdén, mientras lo guarda en otra bolsa separada del resto de la evidencia.

La mirada de la joven se vuelve más inquisitiva en busca de percatarse de sus alrededores. Su oído y su vista están en alerta mientras camina con paso seguro, pero medido, hacia los cuerpos. Observa un par de cosas interesantes en la escena planteada.

—Hmmm... El arma que está sobre el cuerpo del que parece enfrentar al resto —Su tono de voz se vuelve más suave, más monótono—... Fue dejada allí a propósito. Esta persona no ha sido la que ha disparado, o al menos eso es lo que yo creo teniendo en cuenta la posición del arma y el estado del propio cuerpo: no la está empuñando.

Trataría de mirar desniveles e intentaría localizar huellas en sus alrededores, en busca de rastros anómalos de sangre: ya sea de alguien arrastrando alguna extremidad por causa de haber sido herido o, en todo caso, alguna hemorragia causada por enfrentamientos.

—¿Cuántos años les das a los cuerpos? ¿Qué puedes ver de anormal en ellos? Si vas a tocarlos, no olvides ponerte los guantes para no alterar la escena del crimen.

Escena triste y patética, a sus ojos. Suspira con algo de desgana y pesadez al entender que, en efecto, tiene mucho que pensar al respecto.

Resumen


Inventario

Karmas
#6
Junto al siguiente mareo que me sobrevino tuve un mal presentimiento. Dejé que Hae-won se asegurará de recolectar la mayor cantidad de pruebas posibles mientras me limitaba a vigilar el terreno: una depresión elíptica de paredes escarpadas que nos colocaba en una posición poco aventajada.

—Debían estar buscando algo concreto —afirmé, mientras me encaramaba sobre uno de los montículos que sobresalían para obtener una visión más completa—. Este no es un lugar común para un enfrentamiento pirata casu… —Trastabillé. La gravilla se desprendió bajo mis botas, a la vez que apretaba los dientes y afianzaba el agarre con sendas manos hasta recuperar la posición— casual.

Tomé una amplia bocanada de aire y clavé bien las punteras para tomar impulso. No volví a relajarme hasta que arrastré tumbado boca abajo sobre la cima del montículo desde la que podía observar mejor aquellos puntos que antes nos quedaban vetados por las sombras e irregularidades. Tampoco me atreví a alzar la voz. Puede que la escaramuza hubiera ocurrido hacía ya una semana, pero estaba acostumbrado a convivir con el aliento de la Parca en la nuca. Lo último que deseaba era invocarla.

Intenté aprovechar mi posición para localizar rutas de escapes que hubieran podido utilizar los supervivientes, porque resultaba evidente que los había. Quizás la presencia de algún otro cuerpo caído en otro punto. Me cubrí la nariz con el antebrazo cuando una nueva bofetada de viento arrastró consigo polvo y arenisca, que apunto estuvieron de irritarme la garganta. De forma inconsciente, mi vista buscó a Hae-won.

Por lo general, trabajar en el estado que me encontraba era un incordio, mas no una inquietud. Ese día, sin embargo, los nervios me mordían la piel. No por lo que pudiera ocurrirme sino por ella. Necesitaba estar a la altura para cubrirla de cualquier amenaza. Además, me irritaba la sensación constante de que se me escapaban los detalles; el dolor de cabeza no me permitía concentrarme con plenitud.

Quedaban demasiadas piezas sin encajar: las razones por las que dos bandos enfrentados elegirían un lugar como este, la posición de los cuerpos, la ausencia de otras armas y la incertidumbre tras el hecho de que la Marina no hubiera enviado a ninguna División mientras el altercado se producía. Ese último hecho carecía de sentido. Para empezar, ¿dónde habían atracado los barcos enemigos?, ¿se habían tomado medidas para evitar que los supervivientes escaparan en aquella semana?

No me lo parecía.
La sensación de que habíamos sido enviados a una trampa no hizo más que acrecentarse. Intenté localizar con la vista al resto de nuestros compañeros que exploraban la zona.

Resumen


Off


Inventario


Estado
#7
Tras trastabillar por las paredes escarpadas de aquel terreno rocoso, Dimitri, haces lo posible por intentar no caerte tras notar como bajo tus pies el terreno árido no es tan estable al bajar como creíste al llegar hasta ese punto. No solo este es peligroso, sino que parece que hay varias rocas en la parte más baja que, desde tu altura, si cayeses de mala forma, podrían terminar haciendo un daño que claramente no te sería precisamente leve.

Oteando el horizonte en busca de mejores vistas, a simple vista tan solo consigues ver las frondosas palmeras que cubren absolutamente todo el alrededor del volcán a unos quinientos metros de distancia desde donde estáis. Por suerte, tú conoces bien estas zonas, has vivido aquí durante muchos años, y tu concentración en buscar pistas te lleva a divisar un camino de palmeras que han sido cortadas por algún tipo de filo, adentrándose en el interior no muy lejos de donde estáis. Es dificil saber si es pura coincidencia, o si han avanzado los piratas restantes por ese lugar, pero desde luego, esa pista no es algo que consigas pasar por alto.

Choi, por tu parte, al observar detenidamente los cuerpos de aquellos que ya no se encuentran en el mundo de los vivos, compruebas que el cuerpo de aquel que guardaba su arma como si estuviera en una posición de reposo, posee la misma sin bala alguna en su interior. Si revisas los bolsillos y pertenencias, comprobarías que incluso con ello, este lobo de mar ha sido desvalijado de todas sus pertenencias menos aquella simple pistola que seguramente reconozcas como suya sin mayor atisbo de duda. No obstante, observándola muy detenidamente, compruebas que muy cerca del gatillo hay un pequeño relieve, una textura ligeramente rugosa que no concuerda con la del resto del arma. Incluso a través de la tela de los guantes, puedes examinar con detenimiento que esa zona en particular tenía un símbolo que tanto pareces detestar. Haces memoria, intentando recordar si aquello tenía alguna similitud con algo conocido, y tu memoria te revela un recuerdo, una forma extremadamente parecida al de una bandera pirata: los Búsanos Púrpura, una banda de piratas que buscan asaltar las rutas comerciales existentes entre el Reino de Samba y Baterilla desde hace ya algunos meses, y que se informó a los miembros de la marina de esta isla sobre mantener la precaución por si esta bandera aparecía en el horizonte.

Conoces además que esta banda estaba conformada por al menos siete miembros, dejando en claro que, si este pertenece hombre era uno de ellos, los mares del south blue han sido liberados de una peligrosa alimaña menos que perturbe esas aguas de formas poco peligrosas.

Dimitri, debido a tu gran concentración y tu sentido de la alerta, te mantienes atento a cualquier enemigo o peligro que pueda llegar a amenazar vuestras vidas: piratas, animales salvajes, trampas, desprendimientos...tanto así que llegas a olvidar que, para tu desgracia, el mayor peligro que hay en ese lugar para tu propia vida, no eres sino tú mismo.

Tus migrañas se vuelven extremadamente dolorosas y punzantes durante un breve instante, lo suficiente como para que no consigas reaccionar ante el desprendimiento del punto de apoyo que sujetaba tus pies y, para tu desgracia, no consigas mantener la fuerza suficiente como para no caer de aquella colina rodando no como una croqueta, sino sobre ti mismo como una rueda de una forma que milagrosamente, incluso con todo el dolor que sientes durante el proceso, consigue no romper ni un solo hueso de tu espalda. Tu caída hasta escasos metros de tu compañera es menos fortuita si cabe, pues la razón de tu repentino detenimiento para dejar de seguir rodando metros más allá, no es sino un saliente de roca lo suficientemente alto como para golpearte en la pelvis y la boca del estómago, ofreciendo a tu cuerpo unas nauseas que te dejan solo unos segundos para reaccionar antes de devolverle a la tierra todo lo que has ingerido en el desayuno.

Tu cuerpo está lleno de arañazos, tu castidad se ha visto gravemente dañada, y tu cuerpo desgraciadamente se ha visto muy resentido tanto por la caída como por el abrupto golpe en tu zona más noble. Lo único a lo que podemos llamar suerte es que, por lo menos, ninguna de aquellas heridas parece que tendrá un efecto permanente ni duradero en ti.

Desglose
[Imagen: jGxJg3p.png]
#8
El dolor de cabeza se convirtió en la última de mis preocupaciones, cuando un nuevo traspié me hizo perder el aliento. Había comenzado a descender de mi posición tras vislumbrar una posible ruta de fuga por parte del enemigo, pero antes de informar a mi compañera el vértigo me sobrecogió. Ni siquiera tuve tiempo de pensar o gritar. La gravilla se desprendió bajo mis botas, perdí el apoyo y mis dedos arañaron la roca sin éxito alguno.

Ese segundo en el que todo parece a punto de terminar para siempre, lo conocía bien. Mi mente no formuló palabra alguna, pero justo antes de que las yemas de mis dedos se resbalaran por completo, yo ya había visualizado con claridad todo lo que se avecinaba. Una ráfaga de imágenes. Ese fue el modo que tuvo mi mente de advertir lo que se avecinaba. Es curioso la lucidez que uno adquiere en momentos así, junto a un punto de rendición. 

«Protégete la cabeza».

Deseché todo intento por evitar la caída, para optar por cubrir nunca y cabeza con los brazos y las manos. El peor momento no fue durante la caída. Ahí, la adrenalina todavía cumplía su función de anestesiar todo el dolor que después se convertiría en una tortura agónica. No. Lo peor siempre viene después, cuando todo pasa. Ni siquiera puedo decir cuál fue el punto exacto en el que todo se estuvo. No lo recuerdo. Todo lo que sé es que perdí por completo el aire, que los pulmones volvieron a fallarme y me hallé de nuevo con los ojos anegados en lágrimas por la imposibilidad de respirar. El cuerpo me pesaba demasiado para intentar moverme. Estaba aturdido. La lucha por recuperar el oxígeno fue tal, que ni siquiera se comparaba a las náuseas o al ardor que aquejaba mi cuerpo magullado.

A día de hoy, cuando pienso en ese momento, me abruma la rabia y la impotencia por un accidente tan estúpido. Efecto, supongo, de llevar continuamente el cuerpo al límite cuando, a todas luces, resultaba evidente que debería haber solicitado un permiso médico para ausentarme. Para cuando pude recomponerme, me hallé a mí mismo con la diestra aferrada con fuerza al pecho de la camisa. Seguía encogido sobre mí mismo en el suelo. Tosí. Nunca antes había agradecido tanto la tos ni el sonido sibilino que emitía mi garganta cuando por fin el oxígeno comenzaba a pasar por ella. Y con él llegaron los primeros hilos de pensamiento: la misión, las palmeras, los piratas. La misión, las palmeras, los piratas. Las palmeras. Los piratas. Choi.

Traté de enfocar la vista para buscarla, aunque una parte de mí temía la reacción que pudiera encontrar y ardía de vergüenza. La otra, no obstante, estaba demasiado ocupada regulando la respiración.

—Las… palmeras… —jadeé, con la voz raspada por la tráquea inflamada y las náuseas—. Hay… un rastro…

Si hubiera tenido fuerzas para incorporarme, ya me habría sacudido la mugre del uniforme. En su lugar, el cansancio tiraba de mí con la fuerza suficiente para que mantener los ojos abiertos ya fuera todo un logro.

Resumen


Off


Inventario


Estado
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 318 - 200 = 118
Energia: 304 + 0 = 304
Espiritu: 162 + 0 = 162
#9
Indagar entre los ropajes de la gente muerta no es algo que sea de su total agrado. La realidad de aquello la golpea cuando siente el aroma casi nauseabundo de cuerpos en descomposición. Trata de no pensar demasiado en ello al buscar signos de pertenencias que puedan darle una señal a sus enemigos. El peso de la realidad al entender que no hay demasiado allí, le arranca un suspiro de resignación.

Al menos, hasta que revisa con cuidado el arma que está sobre el cadáver que parece enfrentar al resto.

—Hmmm…

La examina con detenimiento. El relieve grabado en ella trae consigo una imagen nítida y clara que le permite identificar a los dueños del arma homicida: los Búsanos Púrpura. Su mirada se crispa con desdén y la maldición parece querer emerger de sus labios. La contiene, porque toda señorita de bien debe entender que no puede decir groserías con otras personas delante. Toma el arma con cuidado, guardándola en una bolsa aparte para un posterior análisis.

Si hubiera podido, habría revisado el resto de los cuerpos con el cuidado debido, sin embargo, el ruido sordo de algo cayendo rompe su concentración de manera automática y directa.

—¡Dimitri!

El que haya caído relativamente cerca de ella le permite acortar las distancias con rapidez, sin embargo, no logra amortiguar gran parte de la caída tal y como ella lo hubiese querido. En su rostro se refleja la aflicción de una situación que le parece extremadamente bizarra y dolorosa al mismo tiempo. Se acerca el muchacho y se arrodilla a su lado, tratando de limpiar la tierra de su uniforme para que no la aspire, con la preocupación reflejada en su rostro.

—Respira conmigo —Su mirada se vuelve seria, trata de no mostrar preocupación en su rostro, con poco éxito—. Tranquilízate. Inhala. Exhala.

Es ella la que debe tranquilizarse y lo sabe muy bien.

Estaba segura de que él había tomado esa misión con ella estando enfermo. El peso de esa realidad la entristece de varias maneras: ella se había prometido cuidarlo, y ahora está en esta situación justamente por haber aceptado acompañarla. Suspira con bastante pesar al entender que él no está para este tipo de trabajos, o al menos, no siempre. Mantiene la tranquilidad otorgada por el protocolo, entretanto que lo ayuda a sentarse para que pueda respirar mejor.

No lo llevaría de misión nuevamente sin asegurarse de que ese día está en condiciones para hacerlo.

—Volveremos a la base para que puedas descansar y que te atienda. El terreno es bastante accidentado y tal vez no trajiste los zapatos adecuados para caminar en él —No solo se trata de eso, y lo sabe—. Por ahora, déjame ver si puedo localizar a algún grupo de los que nos acompañaron para que continúen con el rastrillaje desde aquí. No te muevas con brusquedad y respira.

Choi está nerviosa, pero guarda esos sentimientos bajo la alfombra para tomar el control de la situación. Observa con detenimiento a la dirección que su compañero le había indicado entre los dolores por la caída, y trata de observar a sus alrededores con el fin de ver si encontraba a algún grupo de sus compañeros a la vista.

De hallarlos en la cercanía, alzaría ambas manos para indicarles que se acerquen. Lamentablemente, no tenía un Den Den Mushi a la mano para comunicarse de manera fluida, pues se olvidó en su habitación el que le habían prestado.

—Trata de levantarte, tienes que ponerte bien —Se da media vuelta y lo observa con severidad—. Una vez volvamos a la base… Tenemos que hablar.

En caso de que no hubiera nadie en las cercanías, ella tomaría a su compañero y lo ayudaría a levantarse para volver y reportar todo lo que habían visto con lujo de detalles.


Resumen

Inventario

Karmas

[/quote]
#10
El dolor punzante es suficiente en una zona tan delicada es suficiente para mantener al compañero casi sin aire. Levantarse es una tarea titánica por la dificultad de mantener la fuerza en las piernas, y claramente, necesitaría al menos un momento para conseguir volverse en pie. Cuando su compañera se acerca hasta él, tratando de acompañarlo en lo posible para saber en que puede asistirlo, y es entonces cuando el cielo, hasta ahora en silencio, reclama su territorio selvático en presencia de víctimas fallecidas.

Aves carroñeras de una apariencia similar a buitres graznan en el cielo con júbilo al encontrar a aquellos tripulantes del mal yaciendo muertos a plena vista, aterrizando cerca de los más alejados de vosotros para comprobar su estado, mirándolos con excesivo interés. Parece que no os han visto ni detectado. Dimitri, tú conoces la fauna local, y esas criaturas sabes que han venido por los cuerpos, pero a diferencia de unos buitres normales, estos pueden llegar a ser agresivos en presencia agresiva de vida, por lo que no consideras común que alcen el vuelo asustados si llegaseis a acercaros demasiado. No os cortan el paso ni retrocediendo así cómo tampoco para avanzar, por lo que en principio podrías marcharos de ese lugar sin mayores inconvenientes pero, ¿qué pasa con los cuerpos entonces? ¿Dejaréis que se queden ahí, siendo devorados?

Choi intenta, dentro de sus posibilidades, averiguar la localización de miembros marines por la zona, pero dada la geografía de la zona no es difícil intuir que, si estuviesen lo suficiente cerca como para ser vistos, se encuentran en un lugar con demasiadas pendientes y pequeñas colinas que impiden entregarte esa información que con ahínco tratas de buscar. Una parte de ti, incluso, podría llegar a pensar que en realidad ni siquiera están ahí, y que el tamaño del volcán es suficiente como para hacerte entender que no podrías contactar con ellos sin el Den Den Mushi que has dejado en tu habitación.

Con algo de paciencia y cuidado, su compañera conseguiría levantar al joven malherido del suelo. Con algo de cuidado, podríais poneros rumbo a la base, tomando ese camino que, en un principio habéis decidido tomar para atender las heridas de St.George. Os espera un camino largo de vuelta, pero con suerte, si volvéis por vuestros pasos, quizás consigáis encontrar a vuestros compañeros situados en la zona sur del volcán, y entre todos podáis terminar volviendo a salvo a la base sin ningún incidente más que lamentar. De una forma u otra, está claro que este día, sería uno que os sería difícil de olvidar, pero que quizás, con el tiempo, seáis capaces de recordar como un momento incómodo entre risas.

desglose


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)