Día 10 de Verano, Año 17
[i]Reino Sorbet, Muelle de cruceros[/i]
El verano en el Reino de Sorbet no había comenzado con el estallido de luz que los folletos turísticos solían prometer. En su lugar, un manto de nubes grisáceas y compactas cubría el firmamento, aunque no de forma absoluta; aquí y allá, la barrera nubosa cedía, permitiendo que finos y afilados rayos de sol se filtraran como pilares de luz, impactando contra la superficie del mar y las maderas gastadas del muelle. El viento, que durante la primavera había azotado la costa con insistencia, se encontraba ahora en una calma notoria, apenas una brisa errática que transportaba el olor a brea, salitre y pescado fresco de los mercados cercanos. Era una atmósfera de quietud suspendida, un preludio silencioso que auguraba un viaje inusualmente tranquilo a través de las rutas del South Blue.
Mizuki caminaba con paso firme, destacando entre la multitud de estibadores y viajeros por su imponente fisonomía de tiburón tigre. Su piel, de un tono ocre con las características rayas oscuras surcando sus hombros y espalda, brillaba levemente bajo la luz tamizada por las nubes. Vestía ropa cómoda, apropiada para viajar, que permitían el movimiento de su cola y no entorpecían las aletas de sus codos, pero lo que más resaltaba en su figura no era su equipo, sino el brillo metálico en sus muñecas. Allí, donde la piel se encontraba con la articulación, Mizuki portaba sus antiguos grilletes de esclava. Ahora, desprovistos de las pesadas cadenas que una vez limitaron su libertad, habían sido pulidos y adaptados como piezas de joyería rústica; un recordatorio frío y constante de su supervivencia que la acariciaba suavemente con cada balanceo de sus brazos.
A su lado, prácticamente agarrada de la mano de Mizuki, caminaba su acompañante de viaje, una chica al a que había conocido hace poco y que había pasado a buscar por la mañana pues ambas se dirigían al mismo destino. La figura de la Skypeana era masiva, superando con holgura los tres metros de altura, lo que obligaba a los transeúntes a apartarse instintivamente para cederles el paso. Las alas blancas de la mujer, características de su raza, permanecían plegadas con elegancia, aunque su sombra se proyectaba larga sobre el muelle cada vez que un rayo de sol lograba romper la cobertura nubosa. Ambas formaban un dúo singular: la fuerza compacta y marina de la gyojin flanqueada por la imponente presencia celestial de su conocida.
Frente a ellas, meciéndose con una parsimonia casi aristocrática, se encontraba el crucero que las llevaría a su próximo destino. No era un navío de transporte común, sino una embarcación de recreo de líneas refinadas y cubiertas de madera noble que contrastaban con la funcionalidad de la base de la Marina que Mizuki tanto despreciaba.
-Al parecer, el mar ha decidido darnos una tregua hoy- murmuró Mizuki para sí misma, ajustando la correa de su mochila mientras sus ojos de esclerótica negra se posaban en la pasarela de acceso. Baterilla las espera con su sol y sus bancos, pero al menos el trayecto promete ser un tedio pacífico desde el punto de vista de la gyojin.
-Mejor así. Prefiero el aburrimiento de un crucero que tener que lidiar con marejadas mientras intento mantener la fachada de civil ante tanto uniforme blanco.- pensó mientras sentía el peso reconfortante del estuche de su contrabajo a sus espaldas. Con un gesto de cabeza hacia su alta compañera, Mizuki inició el ascenso por la pasarela, dejando atrás el suelo de Sorbet y preparándose para sumergirse en la rutina de una pasajera más para variar un poco.
OFF: Tanto yo como Seraphin usaremos el servicio de cruceros por 12.000 Berries cada una para ir a la isla de Baterilla.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
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![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)