[Pasado] Party!
#21
Pasó la mano por su ropa, buscando quitarse los rastros de suciedad y tragó saliva, sintiendo unas enormes ganas de tomar agua, teniendo de pronto la garganta demasiado seca. Era curioso cómo el mundo se movía, seguía adelante, pero Seraphine parecía quedarse en el pasado y, al escuchar que no le haría daño, levantó un poco su mirada, mirándolo con duda, confusión y miedo. No había querido hacer sentir mal a Moja, pero su mente todavía no se acostumbraba a tanta amabilidad, un día tras otro, dejando escapar una enorme cantidad de aire, cerró sus ojos verdes y sonrió, volviendo en sí, más o menos.

Levantó su mano y, antes de dar cuenta de lo que hacía, presionó su dedo índice contra la nariz gatuna. —Bop— Hizo aquel sonido dentro de su mente, como si estuviera queriendo decir lo sé con la mirada. Una parte de ella todavía tenía ciertas dudas, pero iban por el buen camino. A veces, Seraphine debía dejar de ver demasiadas sombras cuando solo había pocas en la luz. Enderezó del todo su postura, quitándose la trenza que estaba alrededor de su cuello, y los ojos de la skypean brillaban otra vez en su usual ánimo.

Al sentir la mano en su espalda, Seraphine no pudo evitar tensarse, apartando las imágenes de múltiples manos subiendo por cada rincón de su cuerpo, y frotó su rostro contra el espacio en las orejas, su aliento y respiración impactando contra aquella zona, sin darse cuenta de estar moviendo un poco los labios; a veces, parecía olvidarse de no poder hablar. Cerró sus ojos con fuerza y estiró su mano hacia él, escribiendo en el pecho ajeno con su dedo índice.

—A veces es más divertido allí arriba.

Se mantuvo quieta, procesando todas las palabras, las neuronas de Seraphine demasiado aceleradas, y buscó alejar un poco su cabeza, dejando escapar un pequeño estornudo al apartar su rostro un poco, teniendo pelos pegados a su frente y otras partes de su piel, la mujer de cabello bicolor no pareció entender la palabra "despacio", ya que apenas tuvo oportunidad, tomó el dulce, jugando a la puntería con su boca, algo que se le daba muy bien gracias a su habilidad al arco y lo lanzó dentro de su boca, una vez hecho aquello, se apartó de Moja y intentó colocar un brazo debajo de las piernas y cargarlo.

… Lo intentó más de una vez e infló sus mejillas, así no iban a ir a ningún lado, sin aviso alguno, lo sujetó del brazo, caminando en dirección contraria a la farmacia que Moja tenía en mente, siendo el sentido de la orientación no su fuerte. —¿Hacia dónde vamos? Quiero tratarla ya y divertirme contigo— Infló sus mejillas, la paciencia tampoco lo era, negando con la cabeza dos veces cuando habló de apartarse e ir lento.

—¡Venga!— El dulce crujió algo feo, tenía la mala manera de morderlos, siendo en ese momento que se le encendió una bombilla, extrayendo otro dulce, quitando el envoltorio y lo acercó a los labios de Moja. —Gracias por tu ayuda— Sonrió.
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#22
Moja no apartó la mirada cuando ella lo observó con esa mezcla de duda y miedo que todavía no terminaba de desaparecer, y cuando su dedo presionó suavemente la punta de su nariz en aquel gesto casi infantil, sus orejas se movieron hacia adelante por puro reflejo felino, mientras una exhalación silenciosa escapaba de su pecho; no estaba acostumbrado a que lo tocaran así, sin cálculo, sin expectativa, como si su rostro fuera simplemente algo cercano y no una frontera que mantener.

La vio recomponerse, sacudirse la trenza, recuperar ese brillo en los ojos que parecía volver siempre como una marea obstinada, y por un instante pensó que aquella capacidad de regresar a la luz era más fuerte que cualquier caída cuesta abajo.

Cuando ella escribió con el dedo sobre su pecho, sintió el trazo tibio atravesar la tela hasta su piel, y bajó la vista lo suficiente para leer el gesto aunque no hubiera tinta.

*A veces es más divertido allí arriba.*

Moja pensó en eso más de lo que respondió. Pensó en alturas, en saltos sin red, en decisiones impulsivas que él jamás habría tomado; pensó en cómo él había elegido siempre el suelo firme, el camino más estable, incluso si eso significaba caminar solo. Y se preguntó, sin decirlo en voz alta, qué habría pasado si alguna vez hubiera elegido volar.

Cuando ella intentó cargarlo de improviso, el gesto fue tan inesperado que parpadeó una vez antes de comprender lo que estaba ocurriendo. La dejó intentarlo el tiempo suficiente para que ella misma entendiera que no iba a funcionar, y cuando infló las mejillas, tuvo que contener el impulso de sonreír abiertamente.

-Aprecio el intento- dijo con calma. -Pero soy más pesado de lo que parezco.-

Se dejó tomar del brazo, aunque notó enseguida que caminaban en dirección opuesta a la farmacia que había identificado horas antes. No la detuvo de inmediato; la observó unos pasos, midiendo su equilibrio, asegurándose de que el mareo no regresara.

-Es por aquí- dijo finalmente, girando con suavidad su trayecto al colocar una mano firme pero no dominante sobre su antebrazo, redirigiéndola con naturalidad. -Dos calles más abajo, junto a la tienda de redes de pesca.-

Cuando ella le ofreció el dulce, acercándolo a sus labios con esa sonrisa abierta, Moja la miró durante un segundo largo, evaluando no el gesto, sino lo que implicaba. Luego inclinó ligeramente la cabeza y aceptó, tomando el dulce directamente con los dientes para no rozar sus dedos más de lo necesario.

-Gracias- murmuró tras masticarlo, el sabor azucarado rompiendo la tensión residual en su mandíbula.

Mientras caminaban, pensó en lo extraño que resultaba todo aquello: hacía apenas unas horas estaba comiendo solo, de paso en una isla más, y ahora estaba guiando a una skypean impulsiva hacia una farmacia, preocupado por una herida leve como si fuera algo mucho mayor. No le desagradaba esa preocupación. Le resultaba… nueva. Llegaron a la pequeña farmacia sin dificultad. El local era estrecho, con frascos alineados en estanterías de madera clara y un aroma limpio a alcohol y hierbas secas. Moja se detuvo frente a la puerta y la miró.

-Espérame aquí- dijo con voz tranquila. -No tardaré.-

Entró solo. El intercambio fue breve y eficiente; pidió un antiséptico, gasas limpias y una venda ligera, pagando sin discusión ni regateo. Mientras esperaba el cambio, sus pensamientos regresaron a la imagen de ella rodando por la pendiente, al instante en que su cuerpo se tensó cuando él la tocó, y a las cicatrices que había visto de reojo sin comentarlas. No preguntes ahora, se dijo. Salió del local con la bolsa pequeña en la mano y volvió hacia ella. El cielo se estaba tiñendo de tonos más oscuros, las primeras luces del festival comenzaban a encenderse a lo lejos, y el murmullo de la gente aumentando daba al ambiente una energía expectante. Moja se colocó frente a ella, levantando ligeramente la bolsa.

-Tengo lo necesario.-

Sus ojos dorados buscaron los suyos, no para imponer, sino para pedir.

-¿Puedo ponértelo?-

La pregunta no era retórica. Había en su tono una seriedad distinta, una que dejaba claro que no daría un paso más sin su consentimiento.

-Si prefieres hacerlo tú, te explico cómo- añadió con calma. -Pero si me dejas… seré cuidadoso.-

No extendió la mano aún. Esperó. Porque esta vez, más que curar una raspadura, entendía que estaba tocando algo que requería más que desinfectante y gasas.
*Pienso*  -Hablo-  Narro
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#23
Observó su reacción interés, no era el primer mink que interactuaba, no obstante, era el primero con el que podía hablar con tanta soltura y tocar sin miedo, recordando como en el pasado solían vigilar las interacciones de los esclavos, volviéndolo casi imposible de formar amistades y haciendo un puño, recorrió donde le faltaba su dedo meñique, habiéndose convertido en un pequeño recordatorio que no debía de mostrarse amables con todos, pero aun así, Seraphine no podía parecer controlarse, siendo ahora libre, quería hacer cuantos amigos pudiese y sonrió, mirándolo directo a los ojos, tener a Moja como amigo no sonaba tan mal.

Le costó un poco apartar su mano de aquella zona; sin duda, se sentía suavecito, y miró sus dedos con interés, sintiendo algo de envidia. ¿Cómo se sentiría la piel humana para él? No pudo evitar pensar que quizás fuese algo reptiliana, escamosa o a saber, estirando su brazo, recorrió este con la yema de sus dedos, grabando la diferencia en su mente. —¿Cómo se siente mi piel para ti?— Ladeó la cabeza con interés; el moverse le dolía un poco, pero con el pasar de los minutos, se volvía más un ardor molesto y placentero al mismo tiempo le parecía curioso que, con su tacto algo menguado, fuese el pelaje de Moja lo que más podía sentir.

Le sacó la lengua.

—Serás más pesado que yo— Colocó sus manos sobre la cintura. —Pero sigo siendo la más alta.

Sonrió, casi sintiéndose como una cría al hacer aquella comparación; no obstante, algo existía en sus casi cuatro metros de los cuales se sentía orgullosa, sintiendo que era, quizás, una de sus cualidades más interesantes, por no decir casi únicas, pero mientras más se veía a sí misma en el espejo, mientras más tiempo se desarrollaba como persona, encontrándose a sí misma, estaba encontrando más lados que le gustaban de sí misma y los que no, costándole un poco el pensar que eran suyos.

Y cuando le corrigió el rumbo, la de cabellos largos no pudo evitar sonrojarse hasta las orejas, rechinando con sus dientes; sin duda, el sentido de la orientación no era su fuerza. —Recomendación para la próxima vez, ponerme correa— Pensó que debía de ser una imagen un tanto curiosa al ver una gigante siendo arrastrada por alguien más bajo; sin embargo, aquello le arrancó una pequeña risa y, por unos instantes, aquella reacción se cortó cuando sintió uno de los dientes rozarse contra su dedo y, por consecuencia, los labios.

Sonrojándose, apartó la mirada; no tuvo para nada en cuenta aquello.

Asintió y antes de darse cuenta de lo que hacía, el cuerpo de la skypean se movió sola, sin importarle que nadie más le viese, un simple paso de baile, se volvió otro, un pequeño giro por aquí para allá, manteniendo una sonrisa de pura alegría, olvidándose por completo del mundo que la rodeaba, habiéndose olvidado por completo que esa pasión por el baile fue la que le condenó, siendo la voz de Moja que la devolvió al presente de golpe, frenando con elegancia antes de impactar contra el menor y con tranquilidad, extendió su brazo hacia el pelinegro.

—¿Qué es lo primero que te gustaría hacer en el festival?
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#24
Moja la observó mientras hablaba con las manos, con los ojos, con el cuerpo entero, como si cada parte de ella se negara a quedarse quieta demasiado tiempo en un solo lugar. Había algo en esa energía que lo desconcertaba y, al mismo tiempo, lo atraía con una fuerza tranquila, como la marea que no arrastra de golpe, pero tampoco permite permanecer indiferente.

Cuando ella recorrió su propio brazo con la yema de los dedos y le preguntó cómo se sentía su piel para él, Moja bajó la mirada hacia ese gesto, estudiándolo con una atención casi científica, y luego extendió su mano con lentitud, no para tomarla, sino para apoyar apenas la punta de sus dedos sobre su antebrazo sano, con una presión tan ligera que apenas desplazaba el aire.

-Se siente… cálida- respondió tras un instante. -Más lisa de lo que imaginaba. No es escamosa.-

Hubo un leve brillo irónico en sus ojos al decirlo, como si hubiera adivinado el rumbo de sus pensamientos.

-Es distinta- añadió. -Pero no extraña.-

Retiró la mano sin dramatismo, guardando la sensación en su memoria como quien registra un detalle importante. Cuando ella proclamó con orgullo que seguía siendo más alta, Moja levantó la vista hasta encontrarse con su rostro, recorriendo la diferencia evidente entre ambos, y ladeó apenas la cabeza.

-Eso es un hecho objetivo- dijo con serenidad. -No compito en esa categoría.-

La imagen de una “correa” le arrancó una exhalación que, en otro hombre, habría sido una risa abierta. En él fue un sonido bajo, contenido, pero genuino.

-No creo que nadie pudiera arrastrarte si no quieres- comentó. -Ni con correa ni sin ella.-

Cuando ella comenzó a bailar de forma espontánea en medio de la calle, olvidándose por completo de quienes pudieran mirar, Moja se quedó quieto, observándola. No con vergüenza ajena, ni con preocupación por las miradas externas. La observó como se mira algo raro y valioso: sin interferir.

Había gracia en sus movimientos, incluso en la torpeza, una libertad que parecía surgir directamente del pecho, sin pasar por filtros ni permisos. Y mientras la veía girar bajo las primeras luces del festival que empezaban a encenderse a lo lejos, Moja sintió algo que no supo nombrar del todo; una mezcla de admiración y un deseo muy contenido de proteger esa chispa de cualquier cosa que pudiera apagarla.

Cuando ella se detuvo frente a él con el brazo extendido y le preguntó qué era lo primero que quería hacer, Moja no respondió de inmediato. Miró más allá de ella, hacia los farolillos que comenzaban a iluminar la calle principal, hacia el sonido lejano de música y voces que crecían poco a poco, y luego volvió a fijar sus ojos en los suyos.

Pensó en lo que solía hacer en lugares así: mantenerse en los bordes, observar, evaluar salidas, medir distancias. Pensó en lo que ella haría: lanzarse al centro. Y decidió.

-Primero- dijo con calma, tomando su mano extendida con firmeza tranquila -quiero caminar contigo por el festival-

Su pulgar se ajustó apenas alrededor de sus dedos, asegurándose de no apretar demasiado su brazo herido.

-Después… quiero probar algo que no haya probado antes. Y verte bailar otra vez, pero esta vez con música.-

Sus orejas se inclinaron levemente hacia adelante, atentos ya al sonido lejano de tambores.

-Y tú- añadió, con una mirada que no esquivaba la suya -no desaparezcas entre la multitud sin avisar. Prefiero saber dónde estás.-

No sonó a orden. Sonó a elección. Y, sin soltar su mano, comenzó a caminar en dirección al festival, esta vez al mismo ritmo que ella, ni más lento ni más rápido, permitiéndose, por una noche, no calcular demasiado el siguiente paso.
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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#25
Seraphine no esperó que el hombre volviera a tocarla para comprobar alguna diferencia, sin embargo, no dijo o hizo nada al respecto, en cambio, se fijó en cada detalle de su rostro, en búsqueda de alguna respuesta que la chica de largos cabellos no podía obtener a través de las palabras. —¿No reptiliana? ¿Escamosa? ¿Solo lisa?— Se dio unos golpecitos contra su mentón con el dedo índice, pensativa, sin saber muy bien qué hacer con aquella información. —Tu te sientes esponjoso, suave ¿y peludo?— Controló sus ganas de estamparse contra la pared más cercana para escribir palabras que de seguro debió de escuchar más de una vez. —Pero, también hay una firmeza que me gusta mucho, no es ese esponjoso que te hundes, si no uno que te hace sentir segura, no sé como ponerlo bien en palabras.

Y cuando dijo lo de objetivo, se cruzó de brazos, apartando la mirada con el ceño fruncido, casi pareciendo tener una rabieta allí mismo, sin embargo, pensó que una victoria era una victoria y esa palabra tenía una enorme importancia para la skypean.

—Acabas de ver que me fui a dirección contraria— Alzó su brazo, señalando, para el colmo, en dirección contraria hacia donde Serpahine intentó moverlos antes. —Si intento irme a la zona más fría de este planeta, de seguro que acabo en el infierno— Hizo una mueca. —Por la cantidad de veces que me pierdo, la correa es una opción muy segura para mí— Hace mucho que perdió la vergüenza en cuanto a bailar en medio de la calle, su respiración seguía tan rápida como unos minutos atrás, lista para seguir haciéndolo, no obstante, tampoco quería interrumpir su conversación con Moja, dejó que la energía fluyera al mover su pie como una liebre contra el suelo.

Los ojos de Seraphine brillaron mientras escuchaba la lista de lo que quería hacer, aunque las primeras palabras le hicieron alzar una ceja por lo simples que parecían, se le escapó una pequeña mueca cuando empezó con lo médico. —¿Comer como qué?— Ladeó la cabeza, ante lo siguiente, la sonrisa de Seraphine se agrandó un montón, pareciendo que Moja le hubiese pedido realizar el placer más grande su vida, ambas manos se aferraron alrededor de las muñecas de Alejandro, buscando motivarlo a hacer algunos pasos de baile con ella. —Solo si tu bailas conmigo también— Se inclinó hacia adelante, acercándose al rostro del hombre. —O no bailaré.

Le parecía justo.

—Gracias por curar mi brazo, ¿lo haces a menudo?— Puso una pequeña expresión nerviosa, moviendo sus ojos de un lado a otro. —No me pidas milagros— Quizás se pierda, quizás no, buscó acelerar un poco los pasos.
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#26
Moja leyó con atención cada palabra que ella escribía, siguiendo el movimiento del lápiz casi con la misma concentración con la que seguía el filo de una espada en combate. Cuando terminó de leer su descripción, esponjoso, suave, peludo… pero firme, su mirada descendió un instante hacia su propio brazo, como si evaluara algo que nunca antes se había planteado en esos términos. No se avergonzó. Pero tampoco estaba acostumbrado a que lo observaran así.

-La firmeza…- repitió en voz baja, meditando la palabra como si tuviera peso propio. -Es entrenamiento. Y disciplina.-

Alzó la vista hacia ella.

-Es la fuerza que necesito para defender la justicia. No es solo músculo… es decisión.-

No lo dijo con grandilocuencia, ni con orgullo exagerado. Lo dijo como quien explica un hecho estructural de su vida. Su cuerpo no era adorno, ni atractivo, ni símbolo; era herramienta. Era responsabilidad. Sin embargo, al verla escribir que esa firmeza la hacía sentirse segura, algo cambió sutilmente en su expresión. No era una emoción visible para cualquiera, pero sí un leve ajuste en la mirada, una comprensión nueva de que quizá su presencia podía significar algo más que autoridad o control.

Cuando ella habló de perderse hasta acabar en el infierno si intentaba ir al lugar más frío del planeta, Moja soltó una exhalación breve que casi fue risa.

-Entonces me aseguraré de que no camines sola hacia el infierno- respondió con calma. -No parece un destino recomendable para ir sola.-

Sus pasos se ajustaron al ritmo acelerado de ella, aunque sin permitir que la herida la forzara demasiado. Pero fue cuando ella le tomó de las muñecas y exigió que bailara también cuando el equilibrio interno de Moja tambaleó ligeramente. Se quedó rígido por un segundo, no por rechazo sino por pura vergüenza. Sus orejas descendieron apenas hacia los lados, y desvió la mirada un instante hacia la multitud que comenzaba a reunirse bajo las luces del festival, consciente de que no estaban solos, consciente de cada posible espectador.

-Yo…- comenzó, algo poco habitual en él -no se bailar.-

No era una excusa estratégica. Era una confesión real. El baile implicaba soltarse. Implicaba no medir cada movimiento. Implicaba exponerse al ridículo, al error, a la mirada ajena sin control. Y él era alguien que controlaba. Sus ojos volvieron a los de ella, que lo observaban con desafío juguetón.

-Eso no es justo- murmuró, pero la rigidez en su postura empezaba a ceder.

Miró sus manos aún sujetando sus muñecas. Miró sus pies moviéndose como una liebre impaciente. Y pensó, brevemente, que quizá no siempre debía reaccionar desde la estructura.

-Si bailo...- dijo finalmente, con un leve suspiro, -no te rías.-

Había una honestidad casi vulnerable en esa condición. Su agarre cambió entonces, soltando una muñeca para entrelazar sus dedos con los de ella de forma más natural. Sus movimientos al principio fueron torpes, contenidos, como si cada paso pasara por un filtro interno antes de ejecutarse. No levantaba demasiado los pies. No exageraba gestos. Pero estaba allí, bailando. Aunque fuera apenas.

Cuando ella agradeció que curara su brazo y preguntó si lo hacía a menudo, su expresión recuperó una parte de su seriedad habitual.

-Lo suficiente- respondió. -Mi trabajo no siempre es tranquilo.-

No añadió detalles. No era el momento de hablar de heridas más profundas que un raspón.

Mientras avanzaban hacia el corazón del festival, Moja sintió algo extraño: el calor de la multitud, la música vibrando en el suelo bajo sus botas, la mano de Seraphine en la suya, y esa ligera incomodidad dulce de estar haciendo algo fuera de su rutina. Se sentía expuesto. Y, aun así, no retrocedía. Por primera vez en mucho tiempo, no estaba actuando por deber, ni por misión, ni por estructura. Estaba allí porque quería estar. Y eso lo descolocaba más que cualquier combate.
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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#27
Creía que a nadie le pasaría desapercibido la bien definida musculatura del hombre, así que la palabra entrenamiento y disciplina no fue algo que la sorprendiera demasiado, miró sus propias manos, abriendo y cerrando sus puños, pensando en los días que Seraphine se encontró atraída por el arco, junto a las flechas, descubriendo tener un pequeño talento para ello, el cuál requería un montón de práctica, con curiosidad, colocó las manos sobre su propia cintura, pareciendo querer comprobar de alguna forma si su cuerpo también estaba en buena forma gracias al baile.

—¿Justicia?

Parpadeó al escuchar aquellas palabras y contuvo un impulso de dar un paso hacia atrás, manteniendo aquella apariencia feliz y despreocupada, no obstante, en su interior palpitaba cierta duda, con la palabra revolución rebotando más de una vez en su interior, buscando recordarle dónde se encontraba su lealtad, no obstante, en algún momento su expresión se torció, sin saber si motivarlo a seguir su justicia o tener emociones que se atoraron en su garganta, la justicia de ese mundo la llevó a ser encerrada por largos, allí no había justicia que proteger, si no destruir y cambiar, su mandíbula se tensó y sus ojos brillaron con un brillo lastimero.

Y aquella expresión desapareció tan pronto como apareció.

—¿Me quieres hacer compañía en esos malos lugares?— Estiró su mano, dándole otro toque a la nariz. —Bop— Emitió aquel pensamiento en su cabeza. —No lo recomiendo, no tenemos que condenarnos los dos, de seguro conseguirás más buenas en el mundo mortal— Lo que pasó a continuación, ocasionó que se mordiera la mejilla desde adentro buscando no reírse al recordarle un árbol que parecía descubrir la habilidad de poder inclinarse de un lado a otro por un viento bruto.

De pronto, sonrió con un leve toque sádico, una clara indicación que se estaba divirtiendo un poco a costa de él y acercó su rostro al de Alejandro, queriendo no perderse ninguna parte de sus siguientes palabras. —Es muy justo— Escribió sobre el pecho otra vez. —No es divertido si soy la única que se divierte mientras tú tomas las decisiones menos arriesgadas— Con la misma mano, atrapó la punta de la cola, enrollando alrededor de su mano. —Tendrás que acostumbrarte a la idea que te empujaré a probar cosas nuevas solo para verte sonreír y divertirte en el festival, don robot— Le sacó la lengua, no tardando demasiado en volver a enderezar su postura.

Al entrelazar los dedos, parpadeó, viendo las sutiles diferencias en las manos y uñas, mientras Moja bailaba, no tardó demasiado en buscar maneras de ayudarlo a moverse un poco más. —Por cierto, esto no cuenta— Movió un poco sus alas. —Todavía vamos a bailar un montón juntos— Alzó una ceja al percatarse que todavía estaban unidos por la mano. —¿Qué te gustaría comer primero?— Apretó la mano del mink y la movió hacia adelante y atrás, siendo en ese momento, que un ligero olor a manzana llamó su atención, sacando un pequeño estuche de su bolsillo, no tardó demasiado en colocarse sus gafas para leer los precios mientras tiraba del menor en dirección al puesto.

—¿Tu trabajo es demasiado peligroso?
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#28
Moja notó el cambio en ella. Fue apenas un segundo, una sombra que cruzó su mirada cuando pronunció la palabra justicia, una tensión breve en la mandíbula que no coincidía con el brillo despreocupado que solía llevar en los ojos. No necesitaba que ella hablara para percibirlo; había aprendido a leer silencios mucho antes de leer palabras. No dijo nada de inmediato. No retrocedió en su postura. Pero suavizó ligeramente el tono cuando volvió a hablar.

-Justicia…- repitió con calma -no siempre significa lo mismo para todos.-

Sus ojos no eran acusadores ni defensivos. Eran firmes, pero abiertos.

-Para mí significa que nadie tenga que vivir encadenado. Que nadie tenga que soportar abuso porque otros decidan que pueden hacerlo.-

No sabía su historia completa. No sabía nada concreto. Pero había visto suficientes cicatrices para entender que esa palabra podía herir. Cuando ella volvió a tocarle la nariz, Moja parpadeó apenas, resignado a que aquel gesto se estaba convirtiendo en costumbre, y dejó escapar una pequeña exhalación que ya no ocultaba del todo una sonrisa contenida.

-No planeo condenarme- respondió. -Solo caminaré por donde sea necesario.-

El apodo de don robot le hizo bajar la mirada hacia su propia postura rígida, consciente de lo evidente que resultaba su incomodidad con el baile. Cuando ella atrapó la punta de su cola y la enrolló en su mano, su espalda se tensó por puro reflejo; la cola no era un accesorio, era extensión directa de su equilibrio, de su sistema nervioso.

-Ten cuidado con eso- dijo en voz baja. -Es… sensible.-

Había un leve rubor bajo el pelaje oscuro, apenas perceptible.

Cuando ella afirmó que aquello no contaba y que todavía bailarían mucho más, Moja negó suavemente con la cabeza, pero no soltó su mano. Al contrario, ajustó ligeramente el agarre para acompañar el movimiento hacia el puesto de manzanas caramelizadas que impregnaba el aire con ese aroma dulce y tostado.

-Entonces tendré que mejorar- admitió. -No me gusta hacer las cosas a medias.-

Se dejó arrastrar con una docilidad sorprendente para alguien de su tamaño y presencia, observando cómo se colocaba las gafas con esa concentración tan suya, leyendo precios con una seriedad casi cómica en contraste con la música y las luces del festival. Cuando preguntó si su trabajo era demasiado peligroso, Moja guardó silencio unos pasos más. Miró las linternas colgando sobre sus cabezas. Escuchó la música. Sintió la presión ligera de su mano en la suya.

-A veces- respondió finalmente. -Demasiado en ocasiones.-

No dramatizó. No detalló.

-Hay días tranquilos. Y otros en los que…- su mirada se desvió brevemente hacia la multitud, como si evaluara algo invisible --no sabes si volverás al barco al final.-

No era una confesión para impresionar. Era una verdad dicha sin adornos. Luego volvió a mirarla.

-Pero no es lo único que soy.-

Sus dedos se movieron levemente, recordándole que aún seguían entrelazados.

-También soy alguien que puede aprender a bailar. Que puede comer manzanas caramelizadas aunque no sea eficiente. Y que puede quedarse un poco más en un lugar si quiere.-

Había algo diferente en su voz ahora, menos estructurado, menos marcial.

-¿Y tú?- preguntó con suavidad, desviando apenas la conversación del foco exclusivo en él. -¿Tu trabajo es peligroso?-

Mientras tanto, con la mano libre, tomó una de las manzanas caramelizadas cuando ella terminó de leer los precios, pagándola sin discutir, y la sostuvo entre ambos, el caramelo brillante reflejando las luces del festival.

-Compartimos- dijo.

No como orden sino como una invitación.
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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#29
No esperó que el hombre fuese por esa ruta, ni que ella fuese tan transparente y llevó su mano libre, a su rostro, masajeando el puente de la nariz, no pudiendo evitar lanzarse un par de maldiciones para sí misma en su interior, hoy era su décimo día siendo libre, era normal que tuviese sus nervios a flor de piel, pero no le gustaba lo que implicaba aquellas palabras, era ser vulnerable y la mujer combatía aún con aquel sentimiento, por otro lado, al escuchar sus siguientes palabras, alzó un poco el mentón, mirándolo directo a los ojos, sin saber que decir hasta ahora.

Le sonaron vacías.

No es que no creyera en la convicción del hombre, eran más por sus propios temores, incluso sus propias creencias de justicia le parecían fácil de pisotear, los recuerdos de aquellas manos apretando alrededor de su cuello todavía eran demasiado frescas, el estar ahogándose con su sangre era una sensación que le golpeaba con fuerza cuando tocaba la cicatriz en su cuello y la oscuridad de aquella celda la envolvía aquellas cerraba sus ojos, todavía le quedaba un largo camino para sanar, ni siquiera estando segura si quería hacerlo, volviéndose una enorme tentación el irse por el mal y quemar todo.

Se mordió el labio inferior quedándose más callada de lo que le gustaría y decidió no contestarle, no tenía intención de romper el ambiente festivo, al menos no aún. Y estiró su mano hacia él, colocándola en el mentón, subiendo con cuidado y suavidad hasta subir a la mejilla, dando un paso hacia adelante, decidiendo volver a ser injusta otra vez, mandando a la mierda cualquier instinto que le gritase utilizar la lógica, siendo aquellos recuerdos traumáticos que le recordaron lo mucho que quería vivir y lo hambrienta que estaba por alguna clase de conexión, que la motivó a darle un pequeño beso en la frente.

La textura era extraña, pero no le incomodó y cerró sus ojos, apartando aquellas manos invisibles que sintió reptar por su cintura. —Mejor así— Sonrió, echando para atrás, soltando la mano de Moja. —Me gustas más libre que condenado— Pensó irse de allí, con intención de ocultarse debajo de su cama por el resto de los años de vida que le quedaban, pero aquello sería dejarlo ganar, sus labios formaron un pequeño “o”, frotando con suavidad la cola entre sus dedos y la soltó. —¿Dolió?— Ladeó la cabeza, su expresión era de preocupación.

Alzó una ceja y lo señaló.

—No, no, no, no es un objetivo, no una misión, bailar es divertirse, no busques la perfección— Escribió sobre su libreta de una forma más marcada, notándose la importancia para ella de aquellas palabras. Mientras más hablaba, más fuerza hacía en su puño, aquellas palabras implican demasiado y agitaban las sospechas de Seraphine, algo militar había allí, reduciendo sus opciones de empleo. —¿Te resignaste a morir por tu trabajo?— Lo miró directo a los ojos, atenta por su reacción.

Parpadeó, no esperó que continuase a describirse así mismo. —Moja— Contó hasta diez, con cuidado, colocó sus rodillas contra el suelo, buscando quedarse un poco más cerca de él. —A mí no me tienes que demostrar nada— Le dio otro bop a su nariz. —Te habré llamado robot, pero no creo que eso es lo que eres, creo que eres una persona que representa posibilidades, estás aquí, haciendo cosas conmigo que tienen un poco… tenso, sin embargo, lo estás haciendo, deberías de estar orgulloso de eso— Estuvo a punto de reprochar respecto a la manzana. —¿Eres consciente que no va a ser muy justo para ti con los enormes mordiscos que voy a dar?— Era enorme comparado con él y colocó algunos mechones contra su oreja, inclinando un poco su cabeza, mordió la manzana.

Masticó con cuidado, ganando un poco de tiempo para ordenar sus palabras.

—A veces… Cuando bailo, algunos se van de las manos— Tragó el pedazo de la manzana, no mintió, solo ocultó información. —Aunque, no lo veo como un trabajo, es más un…

Se quedó callada, sin saber como ponerlo en palabras.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
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#30
Moja percibió el silencio antes de comprenderlo. No fue un vacío incómodo, sino una densidad distinta en el aire, como si algo invisible hubiese descendido entre ambos cuando habló de justicia y cadenas. Observó cómo ella masajeaba el puente de su nariz, cómo sus ojos, aunque firmes, se volvían más lejanos por un instante, como si estuviera mirando algo que no estaba allí, algo que solo ella podía ver. No intentó llenar ese espacio con palabras. No era su estilo.

Cuando ella levantó el mentón y lo miró directamente, él sostuvo la mirada sin desafío, sin necesidad de imponerse, simplemente presente. Y entonces, sin advertencia, sintió la mano de ella deslizarse desde su mentón hasta su mejilla, y el paso adelante que redujo la distancia entre sus cuerpos a casi nada.

El beso en su frente lo dejó inmóvil. No por rechazo sino por sorpresa absoluta. El contacto fue breve, ligero, pero la sensación se extendió como una onda tibia que recorrió su piel bajo el pelaje. Sus orejas se inclinaron apenas hacia atrás y, durante un segundo, el mundo alrededor perdió definición: las luces del festival, la música, la multitud… todo quedó amortiguado por ese gesto inesperado.

Cuando ella se apartó y dijo que lo prefería libre antes que condenado, Moja bajó la mirada hacia ella con una expresión que no era dureza ni desconcierto, sino algo más complejo, algo que luchaba entre disciplina y emoción.

-No planeo vivir condenado- dijo con voz baja, pero firme. -Y no planeo morir por rutina.-

Sus ojos se endurecieron apenas cuando ella preguntó si se había resignado a morir por su trabajo. No fue enojo. Fue convicción.

-No me resigné a morir- respondió, sosteniéndole la mirada sin titubeo. -Me resigné a que el riesgo existe. Pero no busco la muerte. Busco que otros no tengan que enfrentarse a ella sin defensa.-

Había en su tono una verdad pulida por años, no un discurso ensayado. Cuando ella se arrodilló frente a él y le dijo que no tenía que demostrarle nada, que representaba posibilidades, Moja sintió algo desarmarse en su interior. No estaba acostumbrado a que alguien viera más allá del uniforme invisible que llevaba incluso vestido de civil. No estaba acostumbrado a que alguien le señalara el simple hecho de estar allí como motivo de orgullo.

Sus dedos se movieron ligeramente cuando ella volvió a tocar su nariz.

-No sé si soy posibilidades- murmuró. -Pero estoy aquí. Y eso… es elección.-

La observó morder la manzana con esa despreocupación que contrastaba con el peso de la conversación anterior. Cuando ella advirtió que sus mordiscos no serían justos, Moja inclinó levemente la cabeza.

-Entonces tendré que adaptarme- respondió con una sombra de sonrisa. -No todo es equilibrio perfecto.-

Esperó a que terminara de masticar antes de tomar la manzana, girándola apenas para buscar un espacio libre, y dio un mordisco más contenido, más medido, pero no pequeño. El caramelo crujió bajo sus dientes, y por un instante se permitió disfrutar de algo simple, dulce y tangible, lejos de conceptos abstractos como justicia o revolución.

Cuando ella habló de que, al bailar, algunos se iban de las manos, Moja no reaccionó de inmediato. La miró con atención, no acusadora, sino analítica, como si estuviera intentando leer lo que no había sido escrito. Percibió que faltaban piezas en esa frase, que había algo detrás que no estaba siendo dicho.

-No tienes que explicarlo todo- dijo finalmente. -No esta noche, disfrutemos.-

Su voz no era evasiva, sino protectora del momento.

-Si es algo más que un trabajo… entonces es algo que eliges. Y eso lo hace distinto.-

Se quedó en silencio un segundo, escuchando la música que comenzaba a intensificarse en el centro del festival. Las luces parpadeaban sobre el rostro de Seraphine, reflejándose en sus ojos verdes con una mezcla de alegría y algo más profundo que aún no se apagaba. Moja dio un paso más cerca, no invadiendo, pero reduciendo la distancia suficiente como para que su voz no tuviera que elevarse.

-No soy perfecto bailando- admitió. -Ni soy perfecto defendiendo lo que creo. Pero no estoy aquí por obligación.-

Su mirada descendió un instante hacia la herida vendada en su brazo y luego volvió a sus ojos.

-Estoy aquí porque quiero estar contigo esta noche.-

No lo dijo con dramatismo. Lo dijo como una constatación tranquila. Luego, extendió la mano nuevamente hacia ella, no con rigidez militar, sino con una invitación más suelta.

-Enséñame cómo no buscar la perfección- añadió con un matiz casi desafiante. -Pero no prometo no intentarlo un poco.-

Y en esa mezcla de convicción, torpeza y apertura, Moja ya no parecía un robot, ni un soldado, ni un símbolo de justicia. Parecía simplemente un hombre que estaba aprendiendo, paso a paso, a soltarse.
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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