23-02-2026, 10:12 PM (Última modificación: 23-02-2026, 10:47 PM por Nyra Kuroshiro.
Razón: Añadir en el spoiler el Den Den Mushi que le da Kael en su post.
)
18 de Verano, Año 17
(16:00 pm)
Dios mío… Al fin… Al fin… Al fin…
Ha llegado el día…
¡¡¡TENEMOS NUESTRO PROPIO BARCO!!!
—¡AAAAAAAAAAAAAAAH!
Corro con los brazos en alto, gritando a todo pulmón hasta que se me acaba el aire y tengo que ralentizar el paso para poder recuperar el aire y reírme al mismo tiempo.
¡Es TAN guay! ¡Es TAN bonito! ¡Y sobre todo es TAN nuestro!
Lo tenía todo más que listo: ya había hablado con Ritsu al respecto y había resuelto ir a visitar a Sandy y a su renacuajo y quedarse con ellos el tiempo que yo estuviera fuera (incluso le dije a Dimitri dónde estaba para que pudiera hablar con él si quería y darle o decirle algo para ella. ¡Se alegraría tanto de saber sobre él!). Además, había arrastrado hasta aquí tooooooodas mis maletas con ropa y tenía a unos magníficos guardianes cuidando de ellas.
—¡Matías! ¡Eugenioo! ¡Muchísimas gracias por cuidar de mis cosas! ¡Soy tan feliz! ¡Aaaah! —exclamo al lanzarme para abrazar a ambos, ante lo que el muchacho de unos diecisiete años rió.
—No ha sido nada, Nyra, no te preocupes. Gracias a ti por lo de antes.
—¡Aaaw! ¡Eres un amooor~! ¿Y seguro que está bien que estés aquí, Eugenio? ¿No tendrías que estar faenando?
—¡Bah! Ya te dije que mi patrona es mi hija, ¡puedo hacer lo que me dé la gana! ¡Jua, jua, jua! —se jacta el anciano pescador—. Además, alguien tenía que ayudar al zagal para que no se quedase solo en esa cosa que inventamos.
—¡Cierto, hablando sobre eso! Espera un momento, Nyra.
El joven se acerca a la balsa llena de arena que habían montado cerca de donde estaba atracado nuestro barco. ¡Les había dado tiempo a colocarlo todo mientras yo traía mis bártulos! Matías cogió entonces varios pinchos con pescados junto al fuego que ya estaban cocinados y los guardó en cajas de cartón del tamaño apropiado. Cuatro, ni más ni menos.
—Toma, al contrario que los que cocinaste antes, estos están calientes —dice al entregármelas antes de acercarse un poco más a mí y susurrarme casi al oído—. Coge tú la de abajo. ¡He puesto más!
—Ay, ¡muchísimas gracias a los dos, de verdad! ¡¡Chicooos!! —exclamo entonces mirando hacia mi grupo—. ¡¡Mirad lo que nos han regalado unos amigooos!! ¡Son…! —me detengo un segundo, dubitativa, antes de mirar al joven—. ¿Cómo los has llamado?
—Espetos.
—¡Jua, jua, jua! ¡¿No podías ser menos original?!
—Bueno, ¡así la gente sabrá lo que es cuando lo escuche!
—¡Espetos! ¡Me encanta! Muchísimas graciaaas~.
Tras unos abrazos y palabras más de despedida, camino hacia Kael.
—Kaeeeeeeeel, ¿te importa llevarme las bolsas de roooopa, por favoooor? —suplico con una sonrisa mientras mi cola se movía alegremente, refiriéndome a las diez mochilas y bolsas que había acumulado ante el barco a lo largo de la mañana con varios viajes—. Yo tengo las manos ocupadas… ¡Y esta es la última vez que tendrás que subirme algo al barco! ¡Muchas graciaaaaas~!
Y sin esperar respuesta, me apresuro a subir a cubierta felizmente para colocar nuestro regalito en la coc… co… En… la primera mesa que encontré… antes de volver a cubierta y asomarme por la baranda hacia el grupo y gritar escandalizada.
—¡Kael! ¡¡Se les ha olvidado ponernos la cocina!! ¡¿Cómo vamos a vivir sin cocina?! —Entonces, una idea aún peor cruza mi cabeza con profundo horror—. ¡¿Y dónde vamos a dormir?! ¡Habrá habitaciones! ¡Y armarios! ¡¿No?! ¡¡¿¿NO??!!
Finalmente llegó el día, aquel en el que, tras varias gestiones, papeleo, negociaciones, y sobre todo, mucho, MUCHO esfuerzo y ahorro por parte de todos y cada uno de los miembros de su grupo, han conseguido tener su propio barco en la Marina.
El Tempestad, la goleta que los acompañaría en los viajes por los mares del sur es su nuevo navío, su nuevo compañero de viajes que traería la justicia allá por donde viajasen, y sobre todo, la que los salvaría de continuar esperando a barcos comerciales para poder moverse hacia los diferentes lugares. Ahora podrían llegar más lejos, moverse hasta islas y reinos sin rutas comerciales directas con otros para, de esa forma, cumplir con el sueño por el que se fundó esta división: ayudar a todo aquel que lo necesitase.
Camina en dirección a la tablilla que les permite adentrarse en su navío cuando, desde la parte baja, escucha una voz que poco a poco se le empieza a hacer familiar llamándolo.
—Oh, sí, no te preocupes. Yo me encargo. —Por suerte, para Kael cargar con todas esas bolsas no era un problema de esfuerzo ni de espacio, pues puede llevarlas todas a la vez gracias a su capacidad interna, y dado que serían apenas unos metros hasta la bodega del barco, no conseguiría cansarse con facilidad. Aún así, diez mochilas que, por la textura de lo que seguramente haya en el interior, la mayor parte del equipaje era, por supuesto, ropa de la Humink que, a cada día que pasaba junto a ella, entendía que era una fan empedernida de la moda y verse bonita.
Apenas un par de segundos después, como si un escándalo armado se cerniese sobre nosotros, un grito al cielo por parte de la misma rubia alertó ligeramente a Kael.
—Nyra, lo más importante es que podamos navegar por los mares. El dinero no nos permitía tener nada más, pero tenemos lo indispensable para poder viajar, y ya he hablado con astilleros locales para saber si nos costaría más añadirle la cocina más adelante. No te preocupes que en cuanto tengamos el dinero, pondremos una cocina al barco. —Por supuesto, omitiría por completo la idea de camarotes individuales. El barco no es lo suficientemente grande como para permitir una estructura tan dividida, y el de cabello azabache prefiere hacer lo posible por no arrebatar la ilusión a su compañera.
Con apenas esfuerzo, dejaría todas y cada una de las maletas, tanto suyas como de su compañera en la bodega, volviendo a acercarse a ella, revisando la deliciosa comida que había dejado sobre la mesa.
—Eso de ahí tiene buen aspecto. ¿Puedo coger uno?—Parecía que había de sobra, e incluso aquel que no puede apenas apreciar la comida, por falta de gusto y olfato, sabe apreciar con los ojos aquel platillo con pinta tan exquisita.—Te lo cambio por este Den Den Mushi, para que podamos estar en contacto siempre.
Sus compañeros, el resto de ellos solamente tienen que llegar finalmente hasta el barco para que pudiese entregarles sus respectivos animales de comunicación, y Dimitri en particular, quién dice saber cómo comandar el navío me ha pedido que le compre una brújula para poder tomar el timón adecuadamente, y nos pondría en dirección a nuestro nuevo destino, un reino que hasta la fecha no tuvimos la oportunidad de visitar, y que, sin lugar a dudas, tendríamos mucho trabajo por hacer.
—Dimitri, ten. La brújula para el barco como nuestro navegante es tuya. Cuídala y sé responsable. Por si acaso, ten también este Den Den Mushi
importante
Kael entrega a Choi Hae-Won, Dimitri St. George y Nyra Kuroshiro un Den Den Mushi de su inventario a cada uno. Además de esto, le entrega a Dimitri St. George la brújula, puesto que es el navegante.
inventario
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Brújula
Navegación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 2000
Descripción: Instrumento de navegación que se usa a bordo para determinar los puntos cardinales y poder ubicarse. Solamente funciona en los Blues.
—Hmmm… Agradezco el ofrecimiento, pero me lo guardaré para después —La sonrisa de Hae-won ante la amabilidad de la gente oculta un pequeño pesar interno que parece carcomerla, aunque no desee hablarlo—. No tengo hambre ahora mismo.
Por supuesto que no. No está para nada feliz, pero tampoco tiene mucho que decir al respecto. El suspiro nace con algo de pesar al entender que no todas las relaciones son eternas, más allá de que muchas veces así se quiera. Y es que Hae-won, aún en su pesar y dolor, tuvo que despedir a Dravenia antes de marcharse a otros lugares porque, por el bien de las carreras de ambas, los caminos debían separarse. Y es ese pesar el que le duele, el que le carcome y el que, a fin de cuentas, le resigna. Al no querer pensar, llevar el cabello detrás de una de sus orejas es su punto de anclaje a esa nueva realidad.
—Por cierto, Kael. Gracias por el Den Den —La sonrisa es más tranquila, más dulce—. No sabes cuánto necesito esta cosa.
Puede ver a sus compañeros con una sonrisa; ellos, por lo menos, parecen felices. Y no hay que negarlo, el barco en el que ahora están ha sido un esfuerzo conjunto de todos los que forman parte de la gloriosa división setenta y cinco. Es el hijo de todos. El pequeño bebé que les ayudaría a navegar por los mares impensados, esos que siempre admiró en las lejanías de libros de historia y muchas otras leyendas.
—Lo bueno de todo esto es que, al menos, tenemos un medio de transporte para poder movernos, uno que podemos llamar nuestro.
El pesar en su mirada se desvanece, aunque sea un poco, ante esa idea. Habían ido a Baterilla con el fin de adquirir un navío prestado de la marina, pero Tempestad apareció ante ellos, paliando esa gran necesidad. Y está contenta por eso. Está feliz por tener un barco al que pueden llamar propio. Está feliz de que, al menos, los que se han quedado dentro de la tripulación son personas de confianza.
Hay que entender que, cuando se despide a una vieja amiga, hay una amargura intrínseca en el paladar que cuesta sacar, incluso con caramelos de menta.
—... ¿Cuál es el siguiente destino? Debo preparar las herramientas necesarias para reparar el barco en caso de que sea extremadamente necesario. Ya subí lo más importante, así que tocará hacer un inventario para ello.
Y sabe que lo será. Lo bueno de tener un oficio que demanda concentración es que uno puede evadirse en ello, justamente, para no pensar en nada más.
Importante
Choi Hae-won recibe el Den Den Mushi de parte de su compañero, Kael. Parte junto con todos ellos a su siguiente destino: el reino de Briss.
Habría rodado los ojos si no estuviera ocupado aparentando una inmensa sonrisa.
Por supuesto que no me hacía ninguna ilusión. Irónico, ¿verdad? Nunca me había importado no ver mundo, no anhelaba una vida fuera de Baterilla, ascensos laborales ni nada más allá de tener los bolsillos llenos —objetivo robado por ese dichoso barco— y una vida tranquila. Hubo un tiempo en el que creí que la Marina me aportaría eso. Una cosa es cierta y es que el uniforme inspira respeto. El problema es que cuando te ascienden de División, el trabajo se intensifica. En resumen, que la parte de llevar una vida tranquila se va directa por la borda.
Ver a Nyra correr hacia el interior entre gritos de júbilos, alegría y horror, me arrancó un único pensamiento: «Menuda trampa ilusoria me tendiste, bastarda».
St. George dejó escapar una leve risita, aceptó el espero que la muchacha nos ofrecía y se echó el cabello hacia atrás con ese encanto del que era absolutamente consciente. La brisa otorgó a la escena ese toque de confort propio de las novelas de aventuras en las que todo parece perfecto y bucólico. La sentí helada sobre las mejillas. Busqué a Omuyaga con el asomo de una sonrisa zorruna en los labios.
—Dicen que el paso previo para conquistar a una dama es llevar sus compras —reí, al tiempo que le dedicaba un codazo amistoso—. Gracias por las compras, por cierto. —La brújula y el Den Den Mushi serían de gran utilidad—. Espero que no estés intentando conquistarme también a mí —bromeé.
No permití que respondiera ni me quedé para ver su reacción. Tras un guiño cómplice, crucé la pasarela mientras le daba el primer mordisco al espeto.
—¡Oye, esto está delicioso! —Mal no estaba, eso era cierto. Sin embargo, puede que exagerarse un poco junto a Hae-won—. Deberías probarlo, Ángel. —Sacudí el palo como si de una varita mágica se tratara, antes de darle otro mordisco—. Si se enfría no sabrá igual.
«Es evidente que algo te pasa» le habría dicho de no estar tan rodeados.
En su lugar, apoyé la espalda contra la barandilla y alcé la vista al cielo. La idea de que tanto el navío como la vida de mis compañeros dependiera de mí resultaba abrumadora. Gustándome tan poco la mar, cualquiera se preguntaría por qué demonios escogí un oficio como el de navegante. La verdad, sin embargo, resultaba estúpidamente sencilla: tener el control. Todo radicaba, siempre, en tener el control.
Le dediqué un empujoncito amigable a Hae-won antes de tirar el palito consumido por la borda y sacudirme las manos.
—Bueno, veamos cómo domar a esta bestia.
Importante
Dimitri acepta la brújula y el Den den Mushi de Kael
Buenas División 75! Me paso un segundo por aquí para comentaros un par de errores a la hora de Navegar:
El primero y más importante. El Navegante Dimitri todavía no tenía asignado su nuevo oficio, con lo cual, a la hora de escribir el post, no podría navegar y se debería de cancelar. Entiendo que la petición estaba enviada, pero hay que esperar los resultados de moderación, porque si por lo que fuera quedará la petición denegada, se iría todo a pique.
Lo segundo es que nadie ha asignado el item de Barco con el que navegais. Es menos importante, pero también necesario para justificar con que navío estáis viajando
Hoy pasaremos por alto esto, ya que si mi memoria digital no falla, es la primera vez que navegais de esta forma. Pero por favor, tenedlo en cuenta para futuros viajes.
Un fuerte saludo, futuros héroes. Que el viento os sea favorable!