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Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado]
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16-12-2025, 09:08 AM
Día 23 de otoño, año 14
Las boticas le generan sentimientos encontrados.
Le gusta entrar a ellas.
El ambiente tranquilo, los estantes ordenados, las medicinas naturales bien dispuestas sobre los anaqueles.
Es un buen sitio para pensar, estudiar y conocer nuevos remedios, algo más que importante cuando se es médico.
Si tan solo fuera eso.
Pero no.
La tranquilidad de las boticas son un arma de doble filo, pues que le parezcan un buen lugar para pensar no es necesariamente bueno, porque el silencio lo lleva a sitios desconocidos de su mente, lo hace bajar por una espiral de oscuridad que termina en un pantano eclipsado por grandes y coposos árboles que impiden el paso del sol.
No sabe porque sucede, nunca lo ha entendido, pero las boticas le brindan una familiaridad que ni siquiera consigue alcanzar en los barcos.
Estar por mucho tiempo en una le provoca una sensación similar en su pecho a la de ser aplastado por una pesada piedra. ¿Por qué? No está seguro. Nunca está seguro de nada que se relacione a emociones o sentimientos, no puede entender esos estados, no es algo que pueda estudiar y mucho menos controlar. No tener el control le molesta. Empieza a ponerlo de mal humor.
Tal como ahora.
Repasaba el listado de remedios que fue a comprar, ya tenía todo en sus manos, los había revisado al menos unas tres veces para asegurarse que llevaba todo lo necesario consigo y las tres veces se había dado cuenta que tenía todo lo que había ido a buscar, entonces ¿Por qué seguía en la botica?, ¿por qué se obligaba a soportar la pesadez en su pecho? Simple. Llovía.
No era una llovizna ligera, era un aguacero, de esos que se asemejan más a un diluvio, de esos que, cuando ves al cielo, crees que este se está cayendo, además, no solo era agua, los truenos estremecían la isla y la brisa era tan fuerte que parecía querer arrancar los árboles del suelo. Así no podía regresar a su clínica.
Un suspiro escapó de sus labios cuando se acomodó mejor en la silla que el dueño de la botica le había ofrecido con una sonrisa educada y una frase que parecía la de un padre intentando hacer que su hijo no se sintiera mal.
Hyak lo conocía, el dueño del lugar era un señor de al menos 65 años, algo bajito y delgado, cabello abundante, pero repleto de blanco y, más importante aún, siempre se le veía solo o acompañado de muy pocas personas.
Si hubiera sido unos 40 años más joven habría sido una víctima casi perfecta.
Cumplía con el perfil, alguien delicado, fácil de agradar y, sobre todo, solitario, después de todo, nunca le había conocido familia. En el tiempo que llevaban hablando nunca mencionó a un hermano, ni a esposa y mucho menos hijos. Si un día desaparecía, aunque sus clientes habituales podrían preguntar por él, seguro que nadie se tomaría el tiempo de buscarlo con fervor.
Viéndolo así era una víctima ideal, entonces… ¿Por qué el casi? Era fumador.
Ese recuerdo lo hizo arrugar la nariz sin querer. No le agradaba cuando las personas fumaban, a fin de cuentas, no solo comprometían sus pulmones, si no también otros órganos.
Volvió a suspirar, intentando dejar de lado el pensamiento en donde el amable señor se convertía en su víctima número quién sabe cual y, por un momento, se preguntó si alguien, alguna vez, habría adivinado sus verdaderas intenciones.
Lo dudaba mucho, pero sería divertido que alguien, es decir, una potencial víctima, pudiera ver a través de esa máscara de buen doctor.
—¿Café? —La voz del anciano lo sacó de su ensimismamiento, haciéndolo mirar hacia arriba y viendo la taza que el hombre le extendía con ese mismo rostro sonriente. Parecía una buena persona, demasiado bueno…así como él mismo se vendía ante el mundo. Ese solo pensamiento lo hizo estremecer ¿Qué pasaría si se convirtiera él en la víctima?, ¿qué pasaría si confiaba en alguien que luego podía apuñalarlo por la espalda? No podía darse el lujo de pensar que las personas a su alrededor eran buena gente, debía sospechar de todo y de todos.
—No, gracias, estoy en ayuno…debo hacerme unos exámenes médicos mañana —. Mintió con gracia, solo alguien experto podría ver a través de sus palabras, pues no había ningún ayuno, simplemente, aceptar comida de cualquier persona era algo que se tenía prohibido a si mismo. —¿Cree que pronto dejará de llover? —Además, cambió rápido de tema, no quería dejar espacio a preguntas inoportunas que solo alargarían su mentira.
Entonces el anciano miró hacia afuera. El cielo estaba oscuro y la lluvia seguía arremetiendo contra el Reino de Sorbet, era claro que el clima no tenía intenciones de variar, no de inmediato. El boticario lo notó y negó con la cabeza, mientras tomaba asiento en una silla que tenía fuera del mostrador, una que, el médico, había notado que ese hombre usaba para descansar.
—Eres médico ¿Cierto? —Y ahí comenzó una charla innecesaria, pero el pelirrosa no iba a hacerle el feo al viejo, no cuando lo estaba refugiando en su establecimiento, así que, solo asintió ante la pregunta. —Habría sido bueno tener un hijo que lo fuera…habría sido de ayuda aquí en la botica —. El médico lo miró sin una expresión ni alegre ni desinteresada, solo estaba ahí un rostro casi inexpresivo. Era imposible saber lo que pensaba, pero al señor esto no parecía importarle, pues su cháchara siguió. —Siempre me llamó la atención, ya sabes, la medicina…ayudar a las personas, ser como un ángel que puede salvarles la vida, pero nunca tuve el dinero suficiente para estudiarlo formalmente, así que tuve que conformarme con usar lo que sabía sobre plantas medicinales para fundar esta botica. No me quejo, no me ha ido mal, pero un hijo médico o farmaceuta habría ayudado aún más.
El hombre sonrió y se atrevió a dar un par de palmaditas sobre el hombro del pelirrosa para luego dar un sorbo a la taza de café que antes le había ofrecido a su cliente. —Pareces buen chico, tener un hijo como tu seguro habría sido una bendición —. Hyak tuvo que esconder una sonrisa de burla, al menos eso apoyaba su teoría de que, efectivamente, su apariencia servía para engañar, para darle a la gente una falsa imagen de seguridad.
—Seguramente tus padres están orgullosos de ti —. Y ahí estaba de nuevo esa pesadez en el pecho. La palabra “padres” lo hizo sentir como si de repente le faltaba el aire, tuvo que dar una gran bocanada para estabilizarse y luego morderse el labio con fuerza para evitar soltar lo primero que se le venía a la mente. Debía cuidar las apariencias.
—No lo sé, señor…No tengo padres —dijo con un tono de voz que sonó más triste de lo que planeó, aunque estaba seguro de que no era por un recuerdo borroso y casi nulo de alguna posible figura paterna o materna, si no por la rabia que sentía al saber que no podía ver más atrás en su pasado, que cualquier cosa antes de su primer recuerdo en la celda mugrienta de aquel barco, era parte de ese pantano oscuro por el que no podía avanzar por más que lo intentara.
El boticario abrió la boca, parecía tener intenciones de disculparse, pero el médico, hábil y usando esa falsa educación que tenía, se adelantó a cualquier cosa. Lo miró a la cara y le sonrió como si nada pasara.
—Por favor, no se preocupe, no puedo recordarlos, así que está bien para mi —. Una verdad a medias; es verdad que no podía recordarlos, pero no porque los hubiera perdido de muy niño, simplemente era porque no tenía conocimiento de si sus padres existían o no, lo más probable es que sí, pero que su recuerdo se hubiera perdido junto a todo lo demás.
Sabía que lo dicho podía acarrear con alguna pregunta, pero ahora no tenía miedo de responder, su mala memoria le serviría de apoyo; sin embargo, antes de que el anciano pudiera preguntar o hacer otro comentario imprudente, alguien tocó la puerta transparente del establecimiento.
Desde su lugar, a través del cristal, el médico alcanzó a ver a dos hombres que parecían querer refugiarse de la tormenta, lo normal, era tarde y estaban en una zona comercial, muchos establecimientos estarían cerrados, tal vez la luz que aún salía de la botica fue lo que llamó la atención de los desafortunados, pero, sea como sea, esto hizo que el anciano boticario se levantara de su asiento para quitarle la llave a la puerta y abrirla sin dudar. Siempre tan confiado…ni siquiera se cuestionó si esos sujetos usaban de excusa la tormenta para cometer algún crimen.
Aunque tal vez ese no era el caso, de todos modos, el médico no pudo evitar ajustarse bien sus guantes de combate, preparándose para cualquier posible peligro que pudiera avecinarse, en especial al notar los ojos claros de uno de los hombres, uno alto y de cabello negro cuya mirada le pareció tan fría como el hielo, aunque…había algo más… ¿Por qué sentía que lo conocía?
20-12-2025, 01:56 AM
Maldito fuera su día. Maldito fuera el momento en que todo se estropeó. Incluso el cigarrillo que había encendido apenas poco antes de que una tormenta lo terminara apagando. Condenado fuera el momento en que esos condenados nubarrones se aparecieron para estropearle el día. Un trato, uno que estaba siendo interesante, intenso, quizás incluso de los mejores para su clan y seguir adelante con sus planes, malditamente cancelado solo por una condenada lluvia que no solo retrasó el momento, sino también el barco que iba al puerto… Y terminó en una desgracia en alta mar. ¿Sobrevivientes? A saber, solo quedaban pedazos de madera del barco cuando llegó a puerto. Varios de sus hombres lo acompañaban, uno llegando tarde para traer un paraguas que ni servía en lo absoluto.
Cedió, mandando a los hombres a sus casas, incluyendo el que había tomado su tiempo en traer algo que ya ni le servía. Estaba furioso, y no hizo falta hablar ni gritar, todos a su alrededor lo habían dejado atrás. Craso error, ahora mismo era peor, porque además de ello, la lluvia no era el único problema, incluso los truenos resonaban. Ahora se había quedado solo, corriendo bajo la lluvia, calado hasta los huesos. Maldito fuera el día que decidió el tiempo destruirle todos los planes. Quiso sacar algún cigarrillo, saciar el mono, pero sabía de sobra que incluso si lo intentaba, todos los cigarrillos serían inutilizables, al menos los que llevaba encima. Para colmo, lo que más cerca tenía en ese momento se encontraba demasiado lejos como para poder ir hasta allí. Tenía que refugiarse, debía hacerlo cuanto antes. Cuan grande fue su sorpresa al encontrarse con uno de sus hombres, durante el camino, también empapado hasta arriba. Uno que no había invitado a propósito. Sin embargo, fingió sorpresa, inesperada, calmada. El hombre lo contempló, de arriba abajo, parpadeando con cierta confusión. ![]() —Jefe… no pensé que le vería por aquí. Pensé que se había ido de viaje con el Gran Jefe.
El “Gran Jefe”, su propio jefe, el único que estaba por encima de él. El frío no ayudaba, la situación menos y, sin embargo, siguió su paso con naturalidad. ![]() —Creo que eso no es asunto suyo. Además, alguien tiene que encargarse de todo aquí.
No quiso dar detalles, no cuando ahora mismo estaba en una posible situación sospechosa. No es que fuera del todo mentira, pero revelar cierta información podría resultar en un peligro y el descubrimiento de lo que había estado teniendo en mente. Aún así, le hizo una señal para que lo siguiera. —Claro claro, tiene razón. No lo pensé. — El hombre, con una sonrisa, lo acompañó, corriendo detrás de él. —Creo que sería buena idea refugiarnos. No parece que la lluvia vaya a parar pronto, jefe. — Ah, condenado fuera ese día. Ahora solo quería estar solo, no necesitaba que alguien le dijera lo obvio. Cerró los ojos, tratando de mantener su paz mental, la calma. —Pero es cierto, a estas horas… todo estará cerrado. Es un problema… Ahh…ja…ja…ja… — La risa nerviosa del individuo se mostraba. Claramente, un maldito charlatán que no se iba a quedar callado en mucho tiempo. Jin solo siguió adelante, sin contestar, con la mínima esperanza de que en algún momento hubiera silencio. —¡Oh! ¡Jefe, mire! ¡Allí! — El hombre señaló entonces una botica donde las luces estaban encendidas. —Quizás podamos refugiarnos hasta que la lluvia disminuya un poco. ¿No le parece? — Los ojos de Jin fueron al hombre, fríos como el puro hielo. Lo estaba matando internamente, pero hacerlo en medio de la zona civil y sin razón no era buena idea. El hombre se había acostumbrado a ella, por ello mantenía su sonrisa, de oreja a oreja, como si solo hablara con un amigo de toda la vida. Desde luego, ese joven todavía tenía que aprender modales... Y Jin no dudaría que se los iba a enseñar probablemente más pronto de lo que el joven pudiera siquiera imaginar. ![]() —Vayamos.
Jin, al fin, habló, momento en que los pasos del otro hombre se aceleraron, quien claramente era más joven que el yakuza de cabello negro. Su cabello anaranjado de todos modos llamaba demasiado la atención, ni siquiera estaba vestido como uno, sino más bien como un joven con cierta rebeldía. Demasiada inocencia en un joven con clarísima poca experiencia. Trató de abrir la puerta, siendo que ésta frenó en seco. —¿Ah? — Parecía que, por un escaso segundo, la emoción se había apagado en el joven, al menos hasta que escuchó el clic de la puerta, donde la llave del anciano había sido colocada. Ese rostro que pareció decepcionado y confuso se volvió a dibujar, cargado de alegría, viendo al hombre. —¡Fiuuuuuu! ¡Gracias viejo! No tiene ni idea de lo mucho que mi jefe y yo nos estábamos mojando allí fuera. ¡Encima estaba todo cerrado! En un día así nadie debería estar fuera, ¡por todos los mares! La aparición de Jin fue justo después de que el pelinaranja de ojos claros entrase, pasando su mano por lo que ahora era su cabello húmedo, prácticamente goteando. No se molestó, al menos no en un inicio, a contemplar a su alrededor hasta que él mismo cerró la puerta tras de sí. Se desabrochó un par de botones de su camisa de un tono azul oscuro, tan oscuro que se acercaba casi al negro, contemplando al anciano, solo con una pequeña inclinación de cabeza como agradecimiento. Retiró entonces el abrigo de su traje, dejándolo sobre el colgador más cercano, arremangándose un poco la camisa hasta por debajo de los codos. El vaho, debido al frío, salió por sus labios al dejar escapar el primer halo de aire. Se adentró, ahora sí, elevando su mirada, hasta encontrarse con algo que lo dejó parado justo donde estaba. Sus cejas se elevaron, recordando al instante al hombre con el que planeaba encontrarse unos días más tarde. ![]() —¿Hyákinthos…? ¿Qué hace usted aqu-…?
—¿Le conoce, jefe? — Ah, maldito fueran los astros que se alinearon para que ese energúmeno lo interrumpiera. Sus ojos fueron directamente al joven, ahora sí, fulminándolo con la mirada. Eso fue suficiente para que el joven retrocediera un paso. —Ah, l-lo siento jefe. — Suspiró, largamente, caminando hasta el interior, observando al anciano. —Agradezco su hospitalidad, señor. — Se veía calmado incluso cuando ahora el joven había dado la espalda a todos, temblando de absoluto terror. —Disculpe a mi acompañante, todavía es un poco inmaduro para saludarle adecuadamente. — Hizo una pausa, acomodando sus manos en los bolsillos, de nuevo lamentándose de no poder gozar de un cigarrillo en ese momento. Sin embargo, se posicionó frente al pelirrosa, estirando su mano con profesionalidad a modo de saludo. —No esperaba volver a verlo tan pronto, Hyákinthos. Qué increíble coincidencia. ![]()
05-01-2026, 03:49 AM
Tensión.
Ganarse la vida por medio de actividades de moralidad dudosa causaba tensión.
Cada paso que daba debía estar vigilado, cada persona que lo rodeara debía ser estudiada cuidadosamente, por eso, las sorpresas en tardes lluviosas, en donde borrar rastros de la existencia de una persona es demasiado fácil, no le agradan para nada.
La farmacia podía estar en un lugar público, sí, nadie le impedía a un ciudadano empapado por la lluvia entrar en ella, pero…siendo sinceros ¿Qué persona normal se atrevería a salir de su casa con semejante torrencial? No, nadie en su sano juicio…Solo aquellos que pudieran aprovechar las inclemencias del tiempo para beneficio propio.
Por eso sus dedos se cerraron con fuerza en la tela de su pantalón mientras sus ojos ambarinos, cubiertos con sus lentes transparentes, viajaban desde el viejo dueño de la botica hasta el par de recién llegados. Un par tan distinto uno del otro que era incluso extraño que estuvieran juntos.
No. No solo eso. El pelirrojo parecía una persona común y corriente, un chico despreocupado como los muchos que había en el mundo, pero era el pelinegro quien le preocupaba.
Esos ojos tan fríos como un iceberg no eran normales, creía haberlos visto antes en algún lugar, pero por más que estudiara al sujeto, su memoria no era suficiente para recordarlo. Era lo malo de su poca retentiva, por eso se obligaba a estar alerta ante cualquiera que pudiera parecerle mínimamente sospechoso, porque de ese modo podría prever cualquier ataque inesperado…algo que debía tener en sus cálculos considerando su “profesión”.
Escuchó el intercambio de palabras entre el pelirrojo y el anciano, bueno, más que intercambio fue un monólogo de un solo lado, pues el viejo solo le sonrió como si quien tuviera frente a él fuera su hijo o su nieto y, luego, dejó que entrara como si se conocieran de toda la vida. Tanta confianza en el mundo, en su gente, eso le dejaba claro al médico que el dueño de la farmacia era un buen ciudadano, ajeno a los peligros que pudieran rodearlo. No podía decir que era ingenuo, pero si tenía esa aura que solo rodea a las personas que están en paz con la vida.
Tan distinto a él.
Aunque poco tiempo le quedó para pensar en esa interacción, después de todo, de nuevo su mirada se posó en el pelinegro que ahora también lo miraba a él, aunque, lejos de la frialdad inicial que creyó leer en sus ojos, había… ¿sorpresa?
El médico alzó una ceja y se cruzó de brazos al ver su expresión y; sin embargo, la suya propia cambió cuando escuchó su nombre pronunciado de forma correcta de boca del “desconocido”. Sus manos volvieron a tensarse alrededor de sus pantalones y sus ojos se achinaron como si buscara estudiar al hombre frente a él, aunque siendo interrumpido por las palabras del pelirrojo que, con la misma jovialidad de antes, cuestionó al pelinegro, llamándolo “jefe”.
—Jmmmm…así que esa es su relación, jefe y subordinado, ya veo porque no pegan en nada —. Porque un jefe y sus trabajadores no tenían que parecerse, aunque…esas palabras no debieron ser dichas en voz alta, simplemente fueron víctimas de la mala costumbre del pelirrosa de pensar en voz alta de vez en cuando, por eso ahora su rostro se veía más pensativo que expresivo, por eso su mirada no se posó ni sobre el farmaceuta ni sobre el pelinegro, si no sobre la espada del chico que se había alejado y que ahora parecía temblar … ¿Por qué? ¿Frío? ¿Miedo? Soltó una risa que pareció más bien un bufido… ¿En serio se había dejado intimidar solo por una mirada?
El médico se levantó de su lugar e ignorando al pelinegro por un momento, apareció frente al pelirrojo, quien ahora había captado su atención por esa actitud alegre y a la vez tan sumisa...quizá si se ganaba su confianza podría divertirse con él.
—O quizá usted necesite relajarse un poco y dejar al chico vivir su vida —. Miró al pelirrojo con la curiosidad de quien estudia a una futura presa, a pesar de que sus palabras iban dirigidas al hombre de cabellos negros. —Antes de que llegaran, el anciano me contaba que le hubiera gustado tener un hijo y por la sonrisa en su cara cuando recibió a este chico —Señaló al pelirrojo frente a él. —, creo que le dio gusto que alguien lo saludara con tanta familiaridad. —En ese momento los ojos dorados del médico se posaron sobre el sujeto de camisa azul con una actitud que demostraba más confianza de la que debería tener con alguien que conocía su nombre mientras que él…pues no recordaba nada de él. —Tal vez debería dejar de ser tan estirado y relajarse un poco ¿No lo cree? Yo podría ayudarlo si lo desea...
Le dio una palmada en el hombro al muchacho de cabellos rojos y avanzó hasta apoyarse en el mostrador, mientras que el anciano se retiraba a la parte de atrás de la botica…lo conocía lo suficiente para saber que, probablemente, regresaría en unos minutos con un par de tazas de té, café o alguna otra bebida caliente para los recién llegados.
—Ahora, dígame ¿Cómo es que conoce mi nombre? —El pelirrosa miró al hombre desde su lugar, con intriga, sí, pero sin miedo, aunque los guantes de combate en sus manos estuvieran bien ajustados para responder a un golpe o cualquier otra cosa en caso de ser necesario. —¿Es razón para asustarme? —Soltó una risa que pudo sonar un poco burlona, pero que era solo para aligerar el ambiente. —No me diga que es un… ¿acosador? —Sabía que tal vez la respuesta era negativa, pero la idea le hizo gracia, lo suficiente para decirla en voz alta…luego podría asumir las consecuencias.
24-01-2026, 05:59 PM
El arqueo de ceja se volvió incluso más pronunciado cuando pareció tratar de analizar a su acompañante y a sí mismo. Algo no estaba encajando. No sabía bien qué era, pero algo no iba bien. ¿Quizás solo era otra persona y solo lo había confundido? Siempre dicen que hay alguien que puede tener tus rasgos, aunque no recordaba que se le hubiera dado semejante situación antes. ¿Cómo olvidar al Hyákinthos que le había hecho pedir parar por primera vez en...? ¿Cuánto? ¿Años? Aún con los pensamientos del hombre de la cicatriz, el joven fue quien se adelantó de nuevo, sonriendo de oreja a oreja, con una energía capaz de ser comparable con la de un cachorrito. —¡Sí, sí! ¡El señor Onizuka es mi jefe! Y de los mejores. ¡Es súper respetado! — Incluso con el miedo, parecía que en segundos había desaparecido, pese a que no era más que pensamientos del pelirrosa dichos en voz alta. Su expresión ahora se volvió de extrañeza al verlo levantarse y acercarse a él.
Y no era el único. El propio Jin pensó que se le acercaría a saludarlo, pero solo pasó de largo. Desde luego no se parecía a la persona que había visto hacía algunas noches. Desvió la mirada, el frío parecía comenzar a afectarlo, pero nada que no pudiera ignorar. Deseó entonces poder tomar algún cigarrillo. ![]() —Estoy perfectamente relajado, joven.
Respondió con calma, evitando la mirada directa hacia el pelirrosa. Una mentira que estaba bien camuflada en ese momento, debido a que la calma se había desvanecido ante la tormenta que había desbaratado por completo sus planes y el encuentro con el joven que lo interrumpió de vuelta a la base, y ya ni mencionar el simple hecho de haber quedado calado hasta los huesos. No le hizo falta mirar directamente al pelirrosa para saber qué era lo que buscaba en el joven subordinado. Solo rodó los ojos en un suspiro, rebuscando en su bolsillo con una mínima esperanza de que su cajita de metal hubiera conservado algún cigarrillo. ![]() —Haga lo que quiera.
No era reproche, sino más bien desiterés. No es que hubiera olvidado esa noche, pero claramente algo allí no encajaba, y no le estaba gustando cómo estaba viéndose aquella situación. Era imposible que lo hubiera vuelto a olvidar, y menos en un periodo de tiempo tan corto. En cambio, el de cabellos naranjas solo emitió una sonrisa, cargado de la clara inocencia de la que vivía hasta entonces, la misma que probablemente le habría podido llegar a traer más de un problema. —¡Es usted muy amable señor! — su sonrisa, de oreja a oreja prácticamente, ahora lo hacía ver más calmado pese a la tensión inicial que el propio pelinegro le había dado. De hecho lo miró de reojo por un lateral del hombro del propio Hyákinthos, esperando algún tipo de nueva mirada que no existió. Por otro lado, solo lo vio maldecir al ver que necesitaría un nuevo recubierto para evitar que sus cigarrillos no se dañaran porque, sí, estaban dañados. —Oh-oh, el jefe se quedó sin cigarrillos. — La fulminante mirada del pelinegro hizo que el pelinaranja se volviera a ocultar de frente al pelirrosa, claramente tratando de no verlo directamente a la cara. —Ehhhrr... Nada, como decía, es un placer conocerlo señor. — su atención estaba ya dedicada al máximo en el pelirrosa y estiró su mano, volviendo a su sonrisa, tratando de mantenerse tranquilo una vez más. De hecho, la presencia del hombre frente a él lo relajaba un poco más. —Soy Takano, un placer. Acosador... Un estallido de carcajadas escapó de entre los labios del propio Takano, quien tuvo que acomodar sus manos en el abdomen tratando de respirar. —¿EL JEFE? JAJAJAJA, ¿ACOSA-...? AH NO, NO PUEDO, LO SIENTO JAJAJAJA. — Elevó su mano, pasando su dedo por el ojo derecho, donde una lagrimita salía por las carcajadas que había dejado salir. Jin, en cambio, no parecía que aquello le hubiera resultado en absoluto divertido. Ahora estaba convencido de que sí era la misma persona, o no habría reconocido su propio nombre. ![]() —Cállate.
La mirada de Jin lo decía todo, una orden dada directamente hacia el joven quien ahora apretaba los labios, tratando de contener su risa, solo consiguiendo temblar y que sus labios se pegaran demasiado, dejando claro que seguía riéndose internamente. Jin no prestó atención al joven, más bien a Hyákinthos, a la vez que el anciano regresaba con una bandeja de tés. Lo observó con calma, caminando hasta él, con un corto y educado agradecimiento, ofreciéndose a ayudarlo. —Me sorprende que lo haya olvidado, Hyákinthos. — habló con calma, como si las risas contenidas del joven no existieran, quien todavía temblaba a un punto que sus mejillas se hinchaban por contenerse. —Apenas hace poco que hablamos de negocios. No me diga que ha olvidado la cita que planeamos para dentro de unos días... — no lanzaba la información directa, no delante de testigos, menos frente a un anciano que, con sus ojos cerrados pero cargados de ternura, había ofrecido aquellos tés y no tenía nada que ver con ese tipo de negocios. —No me gusta que olviden cosas tan importantes, señor Hyákinthos. ![]()
17-02-2026, 05:56 AM
(Última modificación: 19-02-2026, 02:08 AM por Hyákinthos.)
Observó la mano extendida frente a él, un simple gesto de educación que lo hizo sonreír de medio lado y extender su propia mano para estrechar la del pelirrojo, con firmeza, aunque sin buscar lastimarlo, era solo un gesto para mostrar dominancia, algo que disfrutaba marcar. —Hyákinthos, aunque sé que mi nombre es difícil de pronunciar, así que puedes llamarme Hyak o Cherry, ya sabes, por el color de mi cabello —. Al hablar, en su rostro surgió una expresión tranquila, amigable, casi angelical, mostrada con una sonrisa que parecía venir del alma, aunque no era más que una fachada pulida con los años, aunque, tal vez no habría mucho tiempo para apreciarlo.
Él mismo se movió, él mismo habló, fue su culpa que la concentración se rompiera y que al pelirrojo ni siquiera le diera tiempo de responder a su presentación, pues fueron las siguientes palabras que pronunció las que hicieron que el chico se carcajeara, aunque… ¿Por qué? No había contado un chiste, de hecho, su pregunta era completamente genuina. No podía recordar de donde conocía al pelinegro, algo que lo hacía lamentarse internamente, pues le obligaba a rebuscar en su mente detalles de encuentros pasados que solo eran siluetas borrosas…un detalle que le recordaba cuan defectuosa era su memoria.
Intentó no darle demasiadas vueltas. Sacudió su cabeza y decidió pasar de página, a fin de cuentas, si se conocían en verdad, tarde o temprano descubriría de dónde, aunque…eso podía esperar, pues lo siguiente que escuchó fue una orden de parte del hombre de la cicatriz, que lo hizo alzar una ceja.
Sus ojos se movieron del pelinegro hacia el pelirrojo y viceversa, notando la dinámica extraña que se tejía entre ellos dos. Una dominancia más allá de simples gestos parecía control total sobre el otro…pero… ¿Qué tanto?
—¿Cállate? Solo se está riendo. Es su jefe, pero no controla sus emociones, no es como que lo posea —dijo con voz más relajada mientras que se separaba del mostrador y se acercaba al hombre de cabellos negros, justo en el momento exacto en que el dueño de aquella botica salió de la habitación trasera con una bandeja de tés que le ofreció a los recién llegados, algo que, por consecuencia, lo hizo escuchar las palabras del alto hombre de traje.
El anciano sonrió y, en ese momento, sin poder evitarlo, soltó una risa baja, pero que no se engañen, no se burlaba de Jin ni mucho menos, por el contrario, entendía muy bien por lo que el hombre estaba pasando, en cambio, el pelirrosa solo atinó a mirarlo extrañado, primero al anciano, luego al hombre de la cicatriz, como si hubiera algo en el ambiente que no estuviera entendiendo del todo.
—¿Cita? —Frunció el ceño. —Yo nunca olvido mis citas, no si se trata de trabajo —. Se apartó del pelinegro para acercarse a la silla en donde estaba sentado antes de que los otros dos hombres llegaran, luego se inclinó para levantar una maleta que yacía a un lado de ese asiento y, de esta, sacó una libreta de cubierta negra que abrió justo en el sitio en donde reposaba una cinta roja, dividiendo las páginas. Leyó los días, las horas, sus anotaciones sobre cosas importantes. Solo recordaba una cita a tener en los próximos días y era de un buen negocio…un excelente negocio…entonces…
—No puede ser…
El anciano volvió a reír nuevamente, esta vez más alto y sosteniendo su estómago para luego caminar hacia el muchacho pelirrosa y darle un par de palmaditas en el hombro.
—¿Ya te diste cuenta de que quizá si lo conoces? —Un par de palmaditas más resonaron en el hombro del médico, quien se volteó para ver al anciano, aún confundido. Sí, en su libreta aparecía una cita de negocios agendada para el final de la semana, pero esperaba tener que lidiar con eso, pues…a final de semana, no tenía que molestarse por ordenar su mente ni de recordar nada importante días antes de eso. El anciano suspiró y, en ese momento, se giró para encarar al otro hombre.
—No se preocupe, joven, no es nada personal de parte de Hyak —. El anciano empezó a hablar, buscando explicar que es lo que ocurría. —Es mi cliente frecuente, viene aquí a buscar remedios naturales cada semana y, aún así, las primeras veces me miraba como si cada vez que viniera lo atendiera alguien distinto, primero creí que era un chico grosero y maleducado, luego me di cuenta de que, simplemente, no podía recordarme…ni a mí ni a nadie. Le tomó meses recordar mi rostro y un par de semanas más aprender mi nombre.
—¿Ah? Oiga, Señor Percival, no tiene porque…
—¿Dar explicaciones? Pues a mi me habría gustado recibir una cuando nos conocimos, muchacho —. Como un niño regañado, el pelirrosa frunció el ceño e hizo un puchero mientras se cruzaba de brazos y, por otro lado, Percival, movía su cabeza de lado a lado antes de hablarle de nuevo al pelinegro. —Sea como sea, joven, no sé que tipo de negocios tenga con Hyak, pero parece buen chico, seguro que también hace bien su trabajo —. Al escucharlo, el pelirrosa descruzó sus brazos y su cuerpo se relajó notablemente, nada mejor que un buen halago para subirle el ego, aunque, de paso, le recordara sus defectos.
—Jmmm, parece que la lluvia no va a parar pronto y es algo tarde. Tengo una habitación extra en el piso de arriba, pueden quedarse esta noche si lo desean y ¡Oh! Debí traerles unas toallas para secarse, no quisiera que pesquen un resfriado —. Trastabillando, el anciano volvió a desaparecer por la puerta que daba a la otra habitación del local, dejando a los más jóvenes, de nuevo, a solas.
—Bien —. El médico cerró su libreta, comprobando que, efectivamente, tenía una cita esa misma semana y que, en sus apuntes, había dejado nota de la apariencia del sujeto con quien debía encontrarse, una apariencia que coincidía del todo con quien tenía en frente en ese instante. —Como dije antes, no olvido asuntos que tengan que ver con mi trabajo, Señor Onizuka —Ahora que sabía que estaba frente a su socio, el pelirrosa tomó una actitud más seria y recatada, incluso ignoró al pelirrojo por un instante. —, pero, como dijo el Señor Percival, me costará un poco recordar su rostro y…también su nombre, aunque me aseguraré de tenerlo en mente para cuando nos encontremos en un entorno más…formal…le aseguro que, como profesional, no soy tan nefasto como lo es mi memoria —. Volvió a recostarse al mostrador y tomó una actitud pensativa.
—Aunque, tal vez debí habérselo advertido el día en que nos conocimos, pero…me parece que no hubo tiempo, estuvimos ocupados esa noche ¿No es así? —No podía recordar todo, la visión del rostro del otro hombre estaba difusa en su mente, pero recordaba que, cuando tuvo esa reunión de negocios con el sujeto con el que luego tendría una cita para que contemplara su trabajo de primera mano, no solo estuvieron hablando, hicieron mucho más…aunque las escenas se vieran entrecortadas en su memoria, aun así, sonrió al suponer lo que eso significaba. —Dígame ¿Cómo le fue al día siguiente? ¡Ah! Disculpe, tal vez prefiera no mencionarlo frente a su subordinado —. De nuevo, se dibujó una sonrisa de medio lado en su rostro, satisfecho por al menos tener luces de quien era el tipo frente a él.
21-02-2026, 01:11 AM
La sonrisa se dibujó de oreja a oreja en el joven al escucharlo fue como si el sol se iluminara directamente en su rostro, mostrando el brillo de su felicidad e inocencia. —¡Cherry es un nombre precioso! Te llamaré Cherry. ¡Cherry! — Elevó sus manos, apretando las mejillas del hombre con diversión, como un niño. —Con esa cara tan adorable es imposible que no te quede. — Apartó sus manos, la cara angelical del hombre le ganó antes de volver a separarse de él.
Jin volvió la mirada hacia Hyákinthos, observándolo fijamente ante su queja. Takano por su parte tuvo que cubrir sus labios para terminar de reírse sin emitir sonido. Su cuerpo seguía vibrando entre la contención de la risa y sus hombros se elevaban espontáneamente. Pese a verlo, fingió no hacerlo, su atención estaba clavado en el de cabello rosa. ![]() —Creo que no debería hablar sin conocer, Hyákinthos.
La risita del anciano rompió la mirada fija hacia el pelirrosa, volviéndose hacia él en un arqueo de ceja, con la misma sensación de incoherencia que en un inicio parecía sentir el contrario, terminando desconcentrado de nuevo al ver que Cherry cambiaba su posición. Desabrochó dos de sus botones, la lluvia había calado por completo su ropa, algo que le estaba comenzando a molestar al sentirla tan pegajosa por el agua. —Entonces debería revisar su agenda, señor Hyákinthos. Recuerdo bien que tomó nota en una antes de irse. — La situación le estaba comenzando a resultar surrealista, al menos hasta que comenzó, al fin, a revisar su libreta, aquella que recordaba haber visto después de aquella “noche de acción”. Las carcajadas del anciano volvieron a Jin, y ahora ya no solo eran los dos hombres quienes cuestionaban la situación que ocurría, incluso el propio Takano se veía confundido, quien ya había terminado de reírse por lo bajo. Parpadeó, viendo al anciano. —Oye viejo, ¿Qué me estoy perdiendo? — Para entonces el anciano comenzaba a hablar. De nuevo, Jin arqueó la ceja, observando al anciano, descendiendo la mirada hacia él cuando, al fin, parecía haber una explicación de lo que transcurría allí. Dada la amabilidad del anciano, intentó mostrar una sonrisa agradable, extendiendo su mano tranquilamente hasta él. ![]() —Gracias señor. Como dice, sí está bien saberlo de antemano. Le agradezco la sinceridad.
Se miró a sí mismo, ciertamente no quería agarrar un resfriado. Descendió su mano lentamente. Para colmo la amabilidad del anciano todavía llegaba al punto de darles incluso un cobijo a los tres. —Déjeme pagarle su hospitalidad de alguna forma señor... ¿Percival? — Era atento, escuchar a Cherry mencionar ese nombre y encajar la situación no era difícil, más cuando solo se encontraban ellos cuatro y el único nombre que desconocía era el del propio anciano. Sin embargo, antes de poder ofrecerle su propia ayuda, se había desvanecido en el interior. —¿Cherry tiene problemas de memoria? ¡Qué inesperado! No lo aparenta... —¿Acaso alguien con problemas de memoria tiene que verse de alguna forma? ¿Qué cara, según tú, debe tener alguien con problemas amnésicos? — La respuesta de Jin fue sin tapujos, haciendo silenciar a Takano de forma inmediata. Esta vez no por autoridad, no por su voz, sino porque supo que tenía razón. —L-lo siento Cherry. No quise ofenderte. — Los ojos de Jin regresaron al pelirrosa. Por un momento llegó a creer que aquel apodo solo era diferente y “especial” después de su encuentro, se sintió, ciertamente, decepcionado. Debería buscar en algún momento algo mejor por lo que nombrarlo, algo más íntimo si aquel acontecimiento se repetía. —Recuerdo que mencionó algo sobre su memoria, desde luego, pero no estaba advertido de semejante gravedad, Hyákinthos. — Sus brazos se cruzaron, con la mirada fija en los ojos ajenos. No se veía molesto, tampoco es que lo estuviera, mas sí decepcionado. Cerró los ojos unos segundos, colocando sus dedos pulgar e índice entre los lados de su nariz y el inicio de sus ojos, frotándolos de modo que trató de ordenar su mente. —No dudo de que el material que me trajo era de una calidad excelente, aunque ahora tengo más razones para querer ver en primera persona sus capacidades dada la nueva información. — Descruzó los brazos, acercándose al contrario. Parecía que ahora comenzaba a tener pequeños recuerdos, ni siquiera estaba seguro de que recordara realmente lo que compartieron en aquel sofá, y el toque en su propia cicatriz. ![]() —Sea como sea, lo veremos todo en la cita que tenemos acordada.
Takano solo observaba a los dos hombres, de un lado a otro, hasta la mención de Hyákinthos, sonrojándose poco después al analizar la situación. Le costaba captar las cosas de buenas a primeras, pero no significaba que, conociendo a Jin, no pudiera captar a qué se refería el pelirrosa. —Ah... no... Yo puedo ehhhrrr... Ir a ayudar al viejo. ![]() —No me molesta mencionarlo. No es algo de lo que me avergüence.
Miró a Takano de reojo, quien ahora evitó la mirada y solo caminó hasta donde había ido el anciano. Realmente no le molestaba, estaba sorprendentemente habituado. —No estuvo mal, fue algo difícil caminar, pero admito que satisfactorio. No me importaría repetirlo de nuevo. — Elevó su mano, usando su dedo índice para dar un toque suave bajo el mentón del pelirrosa, esta vez con una sonrisa algo maliciosa, o más bien pícara y divertida. ![]() —Qué decepción no ser el único que te llama Cherry.
Descendió su mano lentamente, rozando con cuidado su mentón y finalmente lo apartó. —Aunque, viendo lo que veo y sabiendo lo que sé, a saber qué tanto recuerdas de esa noche. — Su cuerpo comenzó a tiritar debido al descenso de temperatura y su ropa mojada, eso no era bueno si quiería mantenerse sano. —Por ahora, veremos qué tal hace su trabajo el día de la cita. ![]()
24-02-2026, 08:30 AM
No pudo dar un paso hacia atrás para prevenir que las manos del pelirrojo terminaran apretando sus mejillas como si se tratara de un niño, algo que hizo que el ardor en su piel no tardara en aparecer y, finalmente, para cuando el otro hombre se separó, podía sentir, sin lugar a duda, un dejo de calor provocado por la fricción del repentino movimiento. —Pero… ¿Qué…? —Sus manos subieron hasta sus mejillas y acariciaron la zona con suavidad mientras miraba, con extrañeza, al chico. No estaba enojado, para nada, simplemente, desde hace muchos años, no recibía muestras tan espontáneas de afecto, de hecho, esa impulsividad le recordó a alguien que fue su compañero de tripulación hace muchos años…alguien a quien no podía borrar de su memoria.
Pero entonces, antes de poder perderse en los recovecos oscuros de su mente, sus pensamientos fueron interrumpidos de golpe por la voz fría del pelinegro. El pelirrosa dejó de acariciar sus propias mejillas y se giró apenas para poder encarar al hombre y, ahí se encontró, de nuevo, con esa mirada cortante, una que le hizo dejar atrás su expresión de “inocencia” para dar paso a una de más seriedad, aunque no le respondió, simplemente se limitó a sostenerle la mirada por unos segundos mientras el anciano hablaba y daba toda aquella explicación sobre su memoria…una historia que le arrancó más de una reacción al pelirrosa y, por la reacción del pelinegro y la sorpresa en la cara del pelirrojo, también arrancaría un par de reacciones a ellos.
El médico suspiró y, cuando el señor Percival estuvo lejos, movió la cabeza de lado a lado… ¿Por qué tenía que contarles a dos “extraños” sobre su pequeño problema de memoria? Más aún, a un cliente…Eso podía afectar su trabajo, aunque…al analizar la reacción de los otros dos hombres, no había un rechazo latente o, al menos, él no lo percibía del todo.
—No, no me ofendes…eh…—Hace solo un momento le había dicho su nombre, pero se le escapó de la memoria como agua de las manos, así que improvisó. Miró el cabello del chico y lo sumó a la personalidad, aparentemente, juguetona que tenía…así se le ocurrió un apodo. —…Chili —. Sencillo, fácil de recordar. —Estoy acostumbrado a que me hagan preguntas cuando se enteran de mi…Jmmm…condición. Además, te entiendo, normalmente, la gente suele asociar la falta de memoria a los más viejos, supongo que es el estándar y yo…estoy fuera de este, para mal —. Se encogió de hombros, no se autocompadecía, solo aceptaba su realidad.
—Y no se preocupe, señor Inuzuka —Quizá lo había pronunciado mal, pero hacía lo que podía. —, a diferencia de los rostros, nombres y acontecimientos, mi memoria funciona bastante bien cuando se trata de medicina y botánica…pero entiendo que ahora sienta más curiosidad por querer comprobarlo, debe comer ansias porque llegue el día de la cita —. Sonrío con confianza, dejando claro que estaba más que seguro de sus habilidades. —Le puedo asegurar que no va a decepcionarse… ¿O desconfía de quien sea que me haya recomendado? —Su sonrisa se amplió un poco más, mientras que su cuerpo se relajaba ahora que la situación volvía a un nivel que era capaz de controlar.
Aunque, lo que no se esperaba de todo eso, es que el pelirrojo terminara balbuceando y sonrojándose por culpa de sus palabras y las de su propio jefe, menos aun se esperó a que se fuera de la escena, nervioso, casi tenso… ¿O era su imaginación? Sea como sea, la reacción provocó que el médico soltara una leve risita.
—¡Oh! Y parece que he asustado a Chili…una lástima, me estaba cayendo bien, parece bastante alegre, casi me recuerda a alguien que conocí hace mucho…aunque solo en actitud y…estoy seguro de que ese alguien no se habría asustado por mis palabras, se habría unido al tema —. Habló en voz alta, no es que quisiera revelar esa información al azar, pero era una manía que no podía evitar, de hecho, si se observaba bien, era fácil darse cuenta de su pequeña “introspección” en voz alta, pues sus ojos miraban el techo como si intentara encontrar ahí los secretos del universo y, solo bajaron a “tierra”, cuando la voz del pelinegro volvió a llamar su atención y los pasos de “Chili” se alejaron de la escena.
—¿Jmmm? ¿Tan bueno le pareció, Señor Inuzuka? —Dejó que sostuviera su mentón y, nuevamente, le sostuvo la mirada, pero ya no con la seriedad de antes, si no, siguiendo el juego de picardía que parecía haber empezado desde que hizo la pregunta sobre aquella noche. —Pues a mi no me molestaría hacerlo…ya sabe…para que me ayude a recordar.
Sus ojos se iluminaron con cierta malicia, una que se acrecentó con las luces blancas de la farmacia; sin embargo, sabía bien que, en ese sitio, debía medir sus acciones e, incluso, sus palabras…no quería quedar mal con una de las pocas personas que sí tenía productos de calidad en aquella zona de la ciudad, aunque…tampoco iba a rechazar el juego tan fácilmente, podían seguir mientras estuvieran solos.
—¿Ah sí? Cherry nunca ha sido un apodo exclusivo, lo tengo gracias a…un amigo… ¡Ah! Casualmente ese amigo me recuerda a Chili —. Claro, no diría que ese “amigo” terminó en Impel Down por su culpa, pues, aunque no le importó con el resto de la tripulación, con ese en específico tenía una relación más cercana…mucho más cercana. Estaba seguro de que debía odiarlo…pero ¿Qué más daba? Prefería recordar lo bueno, después de todo… ¿Qué posibilidad hay de que alguien escape de Impel Down? —, pero…usted puede ingeniárselas y buscarme otro sobrenombre si le molesta llamarme como me llama el resto.
No hizo nada para evitar que el otro hombre se apartara, de hecho, cuando lo hizo, no prestó exactamente a sus palabras, si no a su cuerpo. El médico frunció el ceño…sabía que el mojarse con la lluvia no causa resfriado, pero el enfriamiento repentino del cuerpo genera una serie de malestares difíciles de ignorar.
—¿Importa en verdad si recuerdo o no? Lo disfrutó y yo estoy dispuesto a que me ayude a recordar lo que pasó…nunca he tenido problema con eso, pero…creo que hay algo de lo que debemos ocuparnos antes de hablar de memorias o de citas del trabajo —El médico miró al hombre de arriba a abajo y lo señaló con su dedo índice antes de seguir hablando. —: De su ropa. Si sigue con esa ropa mojada va a seguir expuesto al frío. Tal vez no sea lo adecuado, pero debería quitarse la camisa y terminar la bebida caliente que trajo el señor Percival…lo ayudará más de lo que cree.
Justo en ese momento, el anciano dueño de la boticaria apareció de nuevo por la puerta, llevaba consigo una toalla bastante gruesa. No dudó en extendérsela a Jin, con ese dejo paternal con el que los había tratado desde que llegaron.
—Dejé al otro chico arriba, tomará un baño con agua tibia, además le entregué algo de ropa seca para evitar un resfrío…vamos, vamos…es su turno luego de que el salga del baño, jovencito —. Dio una palmadita en la espalda de Jin, como si con eso pudiera motivarlo a moverse hacia la habitación de atrás.
—Hyak, tu también, debes venir…puede que no estes empapado por la lluvia, pero lo estarás si regresas a tu casa con este clima —. Al escuchar al anciano, el médico, más confiado que cuando rechazó la bebida que le ofreció antes de que el par de visitantes llegara, avanzó sin vergüenza por el pasillo que lo llevaba a la habitación de atrás y, de ahí, a una escalera que se extendía a un segundo piso en el que no había estado antes.
—Parece que es su día de suerte, señor Inuzuka…si yo no hubiera estado aquí, la botica estaría cerrada y quien sabe…tal vez no habría encontrado sitio cercano en el cual refugiarse…Parece que he sido su salvador indirecto —. Hyak bromeó, mucho más relajado que antes, todo mientras subía las escaleras al segundo piso, dejando atrás el olor a farmacia de la entrada y llegando a un sitio que lucía y se sentía mucho más…acogedor.
17-03-2026, 12:48 AM
El joven Takano se quedó mudo, sus ojos abiertos de par en par ante la mención de un nuevo apodo que, claramente, le resultó total y completamente inesperado. Parpadeó otras dos veces más, con los ojos fijos a Hyákinthos, hasta terminar en una segunda carcajada inesperada, de forma espontánea y divertida. Tuvo que elevar la mirada para secarse una lágrima que caía por su ojo derecho. —¡CHILI! ¡Es la primera vez que me dicen así! ¡Es buenísimo! ¡Jajajaja! — sus manos se posicionaron en su propio estómago, retorciéndose entre sus carcajadas. —Me encanta. Llámame así, me gusta. — Respiró algunos segundos, tratando de volver a calmarse, antes de hablar directamente con el pelirrosa de nuevo. —No, tranquilo, puede pasar. No todas las personas somos iguales. Además, me caes estupendo y eres increíble. Que no te digan lo contrario, tengas o no mala memoria, me pareces un tipo excelente. Si me vuelves a olvidar, te diré que me llames Chili de nuevo, ¡será divertido!
Jin, cerró los ojos, frotándoselos al escuchar que, claramente, pronunció mal el apellido. Aparentemente el anciano tenía razón, su problema de memoria era más serio de lo que aparentaba. ¿Realmente merecía la pena el esfuerzo? ¿Siquiera recordaría realmente la cita de la que claramente parecía haberse olvidado? Tendría que darle esa oportunidad, si había conseguido tan buen producto, quizás en el trabajo sí fuera mejor... Solo cabía esperar un buen resultado. Descendió la mano, observando directamente al contrario. ![]() —Llámeme solo Jin. Será más fácil recordarlo para usted.
Y, de todos modos, al menos esa noche sí parecía recordar al menos su nombre. Pese al error, al menos de momento, no iba a corregirlo. —No está tampoco usted equivocado, ahora solo tengo más ganas de conocer mejor sus capacidades dada la nueva información. Mientras tenga buenos resultados, no tengo problema con las condiciones que usted tenga. No desconfío de las recomendaciones, pero no sería la primera decepción. — No iba a atacarlo con esas palabras, solo quería que supiera que le daba esa oportunidad y esperaba el mejor resultado y, de no ser el caso, iba a descartarlo. —Si me ofrece lo que busco, le aseguro que estará en el mejor sitio posible y conseguirá el mejor material de primera calidad. Arqueó una ceja, ahora sí, siendo golpeado por la curiosidad. Tenía problemas de memoria, pero aparentemente recordaba a alguien o, al menos Takano, parecía recordarle a alguien. —¿Qué tan severa es su condición? ¿O cuando pasa mucho tiempo con alguien comienza a recordarlo? — Quizás el patrón que mencionaba el anciano sí era algo habitual en él. Miró de reojo el lugar por el que había desaparecido el joven con nerviosismo. ![]() —Aunque no lo parezca, en temas sexuales es bastante tímido.
Una respuesta real, ya conocía mucho, de sobra posiblemente. Lo dejaría la imaginación del contrario. Lo mejor era verlo igual que en esa noche, con la misma picardía, el mismo ímpetu. ¿Cómo rechazarlo de nuevo? Era claramente imposible. Desde luego fue una noche inolvidable. —Pero con gusto te ayudaré a recordar, Cherry, pero mejor en la intimidad. Estoy seguro de que si vienes aquí, es por algo. — Tomó una pequeña distancia para así permitirle respirar, aunque aparentemente ambos estaban más que preparados para ello. —Ya pensaré otro sobrenombre en otro momento, si consigue satisfacerme con su trabajo y la relación se alarga un poco más. Se miró a sí mismo, sorprendido por el señalamiento que el pelirrosa le daba. Equivocado no estaba, desde luego, por eso solo obedeció, sorprendentemente. Se retiró la camisa, desabrochándosela poco a poco. —Muy bien, además quiero estar en buenas condiciones para nuestra cita de dentro de unos días. — En el mismo instante que se retiraba por completo su camisa, Percival aparentemente regresaba con una toalla gruesa. La aceptó con gesto amable, y su espalda entró en picor cuando sintió la palmada. —Siento las molestias, señor Pervical, y le agradezco su hospitalidad. Le garantizo que será devuelta tarde o temprano. Caminó, ahora alejándose del anciano. Le sonrió de medio lado, observándolo de reojo, con cierto halo de diversión. ![]() —Debo admitir que, efectivamente, parece haber sido mi día de suerte contigo.
Hizo una pausa, esperando ser guiado por Hyákinthos. Una vez más, ahora hablando de modo informal. Alternaba entre los negocios y su privacidad de forma clara por su forma de hablar. Se acercó a sus espaldas, divertido. —Podrías salvarme de otras formas... — Su voz sonó suave, en el oído ajeno, juguetón del mismo modo que el contrario... Y un silencio sepulcral. Takano salía con la toalla puesta de cintura para abajo, con otra sobre su cabeza, quien ahora estaba quieto, mudo. El rojo ascendió por sus mejillas de forma inmediata, todo su rostro viéndose casi similar que su propio cabello. Los señaló, como si fuera lo más nuevo del mundo. —¡J-J-J-J-JEFEE! ¿No ve que no es el lugar para...? ¿Por qué está desnudo? Jin tomó algunas distancias de Hyákinthos, acercándose ahora al joven. —Estoy vestido, no puedo andar con ropa mojada, igual que tú tampoco, Takano. — El rojo solo se mantenía, mirando a su jefe, quien ahora sonreía con picardía, colocando su mano a un lado de la pared, acorralándolo. El joven tragó saliva. —E-esto... ehhrr... — Volteó la mirada, solo para encontrarse allí a Hyákinthos. —L-lo siento, me confundí y... ![]() —¿Confundirte? Creo que los tres sabemos lo que buscas.
Ahora palpaba terreno, divertido. ¿Por qué no? Estaba seguro de que sería algo inolvidable de nuevo. La toalla, que estaba floja, comenzó a descender de entre sus piernas. Takano trató de agarrarlo al vuelo, antes de que se expusiera por completo, con el rojo ascendiendo todavía más si era posible, casi podía ver el humo sobre su cabeza. Le parecía divertido, personas así eran divertidas luego en la cama. Se apartó unos milímetros, dejándole el espacio necesario que necesitaba mientras apretaba la toalla con todas sus fuerzas. —Pero primero tengo que darme una ducha. — Observó de reojo entonces al pelirrosa, manteniendo la sonrisa un poco más. —Y, como le dije a usted, puede llamarme solo Jin. Es mejor que corregirle por cada vez que dice mal mi apellido. ![]()
17-03-2026, 04:12 AM
¿De verdad le gustaba el apodo por el que acababa de llamarlo? Fue algo improvisado, un simple mote con el que pudiera relacionarlo en un futuro si llegaban a encontrarse de nuevo, jamás esperó esa reacción, pero lejos de asustarlo, el médico solo se sintió más complacido que antes.
Sonrió y un dejo de coquetería se dejó entrever en el pelirrosa antes de que el llamativo pelirrojo saliera de escena, así que ahora volvía a lo de antes, a su privacidad con el pelinegro. Parecía que aún tenían cosas que hablar, detalles que aclarar y puntos que afinar en su relación “laboral”. En especial cuando se trataba de su nombre.
—Jin —pronunció en voz baja, casi en un susurro mientras que su ceño se fruncía y sus ojos miraban hacia el suelo, no como un niño regañado, si no como alguien que intenta memorizar algo difícil…y vaya que sería difícil, pues pasarían un par de años para recordar, como debía ser, el rostro y nombre correctos de aquel hombre…claro, esto aún no era algo que él pudiera prever. —Suena bien para mí, creo que puedo intentar memorizar un nombre tan corto, solo…no desespere, a veces puede tardar más, a veces menos…es muy relativo —aclaró mientras alzaba sus ojos y, ahora sí, miraba a los gélidos ojos del pelinegro.
—¿Ah sí? Pues ahí tenemos algo en común, me gusta creer en las recomendaciones, pero las decepciones no son algo ajeno a mi…y créame que me he tenido que encargar, por mi cuenta, de aquellos que no cumplen mis expectativas, ya sea el informante o el recomendado —soltó sus palabras de la forma más natural del mundo, seguro de sí mismo, pero con un tono relajado, como si hablara del clima. —Así que, sé de lo que habla y podría entender su inseguridad —. No sería la primera ni última vez que tenía que demostrar sus habilidades y, por supuesto, tampoco sería la única vez en la que tuviera que explicar su pequeño gran defecto.
—Jmmm…Esa es una pregunta difícil de responder. Mi condición es…variable. Puedo recordar nombres y rostros cuando en mi día a día suelo ver a la persona…Eso simplifica las cosas ¿Sabe? Hace que recordar sea más fácil, pero me cuesta más cuando solo veo a la persona de vez en cuando o una o dos veces a la semana —. Señaló al interior de la botica, queriendo poner un ejemplo vivo. —Es como con el Señor Percival…solo memoricé su rostro y nombres, hasta semanas después de seguir comprando en este lugar ¿Me explico? —Se cruzó de brazos y se recostó a uno de los mostradores para estar más cómodo.
—Pero…quiero que quede claro que dije la verdad cuando dije que, de algún modo, recuerdo con suma facilidad temas académicos, más si tienen que ver con medicina, botánica o, bien, de dinero o mi trabajo…supongo que es una amnesia selectiva. No sé que la provocó —. Se adelantó a responder eso, aunque no se lo hubieran preguntado, pues se conocía bien el libreto de curiosidad con el que muchos solían atacarlo. Lo mejor era responder todo rápido y sin rechistar.
Creyó que el interrogatorio seguiría, pero no, agradeció que el tema cambiara, que se desviara a lo ocurrido aquella noche, incluso se permitió reír cuando el pelinegro comentó la timidez del más joven en cuanto a temas sexuales…no se lo habría imaginado de esa manera en un inicio, pero…las personas solían darle sorpresas, tal vez eso es lo que hacía que no pudiera recordarlos bien. La medicina y las plantas no solían cambiar, siempre tenían cosas nuevas por descubrir, sí…pero no eran tan variables ni volubles como los humanos.
Sea como sea, después de eso agradeció que el hombre siguiera su consejo…Podía no contar con la mayor ética del mundo, claro, no era un doctor como los demás, pero no por eso limitaría su conocimiento obvio a un conocido que, al parecer, ahora también era su aliado, socio o como prefiera llamarse, de hecho, pensó en decir algo cuando lo vio quitarse su camisa, pero la llegada del dueño del local lo hizo callar y, además, era mejor avanzar.
Por las escaleras, el pelirrosa avanzó hasta llegar a la habitación que el señor Percival les había ofrecido. Entró sin dudar y miró a su alrededor. Una lámpara de mesa estaba encendida y ayudaba a que una luz amarillenta iluminara el pequeño sitio que, aunque limpio, solo tenía una cama de una plaza, una mesita de noche, un armario pequeño y dos colchonetas en el suelo… ¿Para quién habría sido pensado ese lugar si el señor Percival no tenía hijos? No era algo de su incumbencia, pero sentía curiosidad, aunque…más que curiosidad, sentía ansias por tirarse en ese cama. No dormiría en el suelo.
Claro, tuvo que esperar para eso, pues pronto el pelinegro apareció atrás de él y su voz grave resonó en su oído, haciendo que sintiera un escalofrío recorrer su columna, uno que le hizo sonreír de medio lado, incluso quiso girarse para responderle de una manera más…íntima, pero, de nuevo, sus planes fueron frustrados.
En la habitación había una puerta y esa puerta parecía ser de un baño, algo obvio cuando Chili salió de este sin mucha ropa y, por supuesto, interrumpiendo el momento creado por ambos hombres. El médico rodó los ojos, aunque, después de mirar de reojo al chico, estudiar su torso desnudo y bañado por el agua, además de esa rojez en sus mejillas y el tartamudeo tímido, compensó el malestar inicial, desvaneciéndolo en el aire, haciendo que se olvidara de ello.
—Tu jefe tiene razón, Chili. No está desnudo, solo cuida de no enfermarse, fue una simple sugerencia ¿Por qué tan nervioso? Además, si hablamos de vestimentas, tu solo llevas una toalla encima —. En ese momento aprovechó para caminar hacia la cama y sentarse sobre ella. Se habría acostado, pero lo cierto es que prefirió contemplar la buena vista que le regalaba este clima tan inoportuno.
—¿Lo sabemos, Jin? Es decir, lo que busca él…porque a mi no me queda claro. Parece que tiene miedo de lo que puede pasar —. Su voz, aunque no fue un susurro, fue más baja y grave de lo normal, mientras que, desde su lugar en la cama, recostado a la pared, miraba con interés lo que ocurría. —¿Tanto miedo le tienes a tu jefe, Chili? ¿O estas nervioso por algo más? —Por si no quedaba claro, buscaba provocarlo, bajarle esa timidez y que, de paso, se atreviera a expresar sus deseos con más claridad.
Una lástima que Jin no lo acompañaría en eso, pues notó como el pelinegro se fue al baño. No podía culparlo, el habría hecho lo mismo si estuviera empapado con la lluvia fría del otoño.
—¿Y bien, Chili? ¿Vas a responderme? No me gusta tener que sacarle las palabras de la boca a la gente…Parecías mucho más seguro de ti cuando cruzaste la puerta de entrada a esta botica —. Sin levantarse de la cama, miró al pelirrojo, que seguía intentando acomodar mejor la toalla a su cintura, evitando que se cayera. Eso le hizo gracia, después de todo, no es que al médico le importara ver un poco más, aun así, podía comprender el pudor del chico y, de hecho…ahora que lo pensaba, lo que menos deseaba era asustarlo, así que…decidió cambiar su estrategia.
—¡Ah! Lo siento, apenas y nos conocemos de hace unos minutos y mira la confianza con la que te hablo… ¿Me disculpas? Es que pareces alguien interesante —. Ahora el pelirrosa estaba más tranquilo, incluso parecía inocente, parecía ir de 0 a 100 y luego bajar de 100 a 0 en cuestión de segundos. —No tengo ninguna mala intención contigo, si es lo que parece y mucho menos algo sexual, ni siquiera sé si te gustan los hombres —. No se lo preguntaría directamente, dejaría que él le diera esa información por su cuenta.
—Además, trabajas con Jin y respetaré a todo el que trabaje con él siempre que parezca alguien importante o que se gane mi interés. Soy más respetuoso de lo que parezco, es solo que hace un tiempo que no hablo con nadie que haya captado mi atención —. Se encogió de hombros y se levantó de la cama, pero no se acercó al nervioso pelirrojo, si no que caminó hacia la puerta.
—Hazme un favor y déjame la cama a mi… ¿Sí? El señor Percival parece que les dejó ropa ahí —. Señaló a la mesita de noche. —Así que te dejo tu espacio para que puedas vestirte cómodamente…no quisiera incomodar —. Con eso dicho, salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Se quedó en el pasillo, esperando a que el pelirrojo lo hiciera pasar cuando estuviera ya vestido…Podía ser paciente para conseguir lo que quería.
![]()
17-03-2026, 07:05 AM
Jin, lejos de sentirse ofendido parecía calmado, tranquilo. Claramente estaba suficientemente satisfecho con la explicación que le había brindado el contrario. La insistencia no era algo que fuera de su agrado, a diferencia del joven pelirrojo que estaba todavía en la planta superior.
![]() —No se preocupe por eso, Hyákinthos.
Sus ojos estaban fríos, aquella mirada de hielo que tanto lo caracterizaba, mientras dejaba su camisa sobre el brazo, con calma. —Soy un hombre paciente, más de lo que pueda imaginar probablemente. Puedo esperar el tiempo que haga falta hasta que se acostumbre a mí, mis nombres y todo lo que necesite hasta recordarme. — Hizo una pequeña pausa, mirándolo de nuevo, sin apartar la mirada del contrario en ningún momento, observándolo con claro interés. —Y además, está claro que su forma de pensar es similar a la mía. Efectividad, claridad, no tolerar errores innecesarios... Me gusta quien pueda comprenderme sin palabras, sea con o sin memoria. Como bien le he puntualizado, soy alguien que prefiere verlo antes que creerlo. No dudo que, viendo sus perspectivas y la forma que tiene de negociar, no me defraudará. Pero, como bien menciono, eso se verá el día de la cita. — No le hacían falta explicaciones, pero sí sintió curiosidad. ¿Su problema de memoria era algo crónico? ¿O tal vez había un factor concreto? Una memoria selectiva, además, podría resultar ser de lo más útil también. Eso, desde luego, iba a ser algo que vería más adelante. [***]
Takano estaba nervioso, la toalla parecía descender ahora revelando parte de sus nalgas. El hombre temblaba, su propio Jefe, Jin, le conocía demasiado y ahora parecía añadírsele el factor de Hyákinthos. —N-no... yo... yo... — El hombre temblaba, la timidez lo estaba ganando, apretando con sus manos la toalla como si fuera una fuente de protección. ![]() —¿No le has oído? Quiere escucharlo alto y claro, Takano.
La voz de Jin sonaba suave, lenta, aquella voz que lo caracterizaba, haciendo temblar al joven quien ahora parecía comenzar a tener un problema. Uno serio. No supo si sentirse aliviado o más asustado cuando se vio a solas con el pelirrosa con aquel aire que solo le arrancó escalofríos desde la punta de sus cabellos hasta los dedos de los pies. Ahora la toalla parecía haberse rendido, siendo que se concentraba en un solo punto, frente a él, entre sus piernas, tragando saliva. Ni siquiera cuando la actitud del pelirrosa parecía haberse relajado parecía que hubiera funcionado en él. Respiró, sus labios se entreabrían nerviosamente. —N-no me disgustan... los hombres... — Apenas lo murmuró. Hasta entonces no había respondido a ninguna de sus palabras, ni siquiera cuando escuchaba el agua de la ducha abrirse, y Cherry parecía estar dispuesto a esperar. Solo cuando notó que se iba del dormitorio, lo respondió, momento en que sintió el alivio golpearlo al instante. Su espalda seguía en la pared y se dejó desdender lentamente hasta sentarse en el mismo suelo. Elevó sus manos, tratando de respirar, calmarse. Debía pensar en otra cosa. Solo podía recordar la belleza del propio Hyákinthos y la provocación de Jin. Se puso en pie, revisando la ropa que se le había entregado y, ahora que parecía más calmado, poder vestirse. Tardar demasiado solo podría dar problemas. Se acercó a la puerta, por donde había salido Hyákinthos, y asomó la cabeza. Su actitud activa y divertida parecía haber regresado ahora que su corazón podía latir normalmente. —¡Ya estoy listo! Y seguro que al jefe no que quedará demasiado para terminar. — Abrió por completo la puerta, momento en que, efectivamente, Jin salía del baño con la toalla sobre la cabeza, y la otra alrededor de la cintura. El cabello secándose gracias a la toalla superior, analizando la situación. —Vaya, ni siquiera habéis empezado. — Lo pronunció naturalmente, solo para darse cuenta de que aquel no podría ser el mejor lugar. —¡Jefe! Cherry quiere quedarse en la cama. ¡Yo no tengo problema! — Jin analizó la habitación con más detenimiento, observando el lugar de la cama, y las dos colchonetas. Su rostro se ensombreció, dejando escapar el aire en halo cansado. Lo peor era quedarse sin tabaco, lo estaba matando no poder relajarse después de la ducha. Sin embargo, se acercó a las ropas que también parecían haber para él, retirando sin pudor alguno la ropa que todavía cargaba, solo manteniendo la toalla superior. ![]() —Si está más cómodo, adelante.
De todas formas, su insomnio iba a hacer su trabajo, como todas las noches, podría esperar a ver si la lluvia se relajaba. Takano, como un niño, se abalanzó sobre una de las colchonetas, boca abajo. Su tensión parecía haberse desvanecido del mismo modo que aquel rojo en su rostro. Quizás porque comenzaba a tomar un poco más de confianza, quizás por creer en otra cosa. El tatuaje tras su espalda se vio ahora con más claridad. Kanjis con el apellido que él cargaba y, a su vez, el que era el nombre de su clan. No se molestó en cubrirlo, Takano conocía el tatuaje y, a diferencia de él, Takano no poseía ninguno. Se terminó de vestir, sentándose a los pies de la cama, observando fijamente a Hyákinthos. No se iba a tumbar, por el momento solo era para entablar la conversación. —Takano lo escoltará cuando llegue a la cita, espero que no le importe, Hyákinthos. ![]() |
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