Kazan
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Día 17 de Verano, Año 17
El sol de verano sobre Baquella aplastaba sin cesar.
Las tablas del muelle crujían bajo un peso que no habían conocido igual, aunque ya muchas veces se habia paseado por dicho muelle. Diez metros de piel cerúlea y quince toneladas de peso de puro musculo y cicatrices. Kazan llevaba sentado desde el amanecer en el extremo norte del pequeño puerto, piernas cruzadas sobre los tablones, a unos tres metros del borde del agua y aproximadamente doce metros de las primeras casas blancas del pueblo, no molestaba a nadie. Frente a él, el océano abría toda su inmensidad sin pedir nada a cambio. A su izquierda, sobre el acantilado, el faro naranja de Baquella vigilaba el horizonte con la paciencia que solamente las costrucciones sabian dar. El kanaboo descansaba horizontal a su derecha, apoyado sobre dos tablones. La pipa humeaba entre los dedos de su mano izquierda y un caracteristico hilo de humo blanco que el viento tropical doblaba antes de disolverlo salía de la misma. "Dieciséis días de verano y el mar sigue siendo el mismo mar. Es casi como yo"
Con el índice de la mano derecha tocó la base del cuerno derecho, pensando en todo lo que habia pasado en aquella isla y como las heridas de su combate pasado aun estaban curando. Baquella era el tipo de pueblo que era tranquilo y silencioso a partes iguales. Kazan entendía esa clase de silencio, era el silencio de los trabajadores. Desde su posición contaba a seis pescadores trabajando en distintos puntos del muelle, a distancias de entre quince y treinta metros. Ninguno se había acercado a preguntarle nada. Los pueblos de pescadores tenían esa virtud.
Calada larga y el humo salió entre los dientes. -Por las profundidades que paz...- No iba dirigido a nadie.
Habia pasado muchos dias desde que vio a Seraphine, pero habian prometido verse y afianzar todo. Habían acordado este puerto, esta fecha, sin solemnidades innecesarias. Los vínculos que valían la pena no necesitaban ceremonia ninguna. "Dirá que llegó a tiempo aunque llegue tarde. Ga-ha-ha-ha-ha." La risa retumbó hacia el agua y tres gaviotas levantaron vuelo desde los pilones de golpe. Un pescador a unos veinte metros alzó la vista, evaluó la situación, y volvió a sus redes con la sabiduría práctica de quien ha aprendido que los gigantes azules no deben ser molestados. Kazan hundió los ojos en el horizonte. Seraphine había mencionado una amiga. No había preguntado más. Las personas llegaban con su historia a cuestas y era de mala educación exigirles que la soltaran antes de estar listas para ello. El collar de cuentas rozó su pecho cuando inclinó el torso hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas.
-Escucha bien, mar...- murmuró, la voz casi tragada por el sonido de las olas. -Voy a crear una corriente libre.-
La pipa seguía humeando. El faro seguía mirando.
Seraphine Soyer
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C. de Akuma
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Cerró sus ojos y con los brazos cómodos alrededor de su cuerpo, estiró un poco su cuello en dirección al sol, sintiendo el calor de este, tomandose sus tiempos en sentir su calor, habiendose una costumbre el disfrutar de unos minutos de silencio durante el día, sintiendo los elementos de la naturaleza, ya sea calor o frío, convirtiéndose en un recordatorio constante por lo que estaba peleando, para sacar a cuanta gente fuese posible de aquellas celdas para tener aquella simple experiencia que estaba teniendo ahora mismo, sabiendo muy bien lo deprimente y desolador que era el quedarse encerrado.
Llevó la mano a su rostro, peinándose varios mechones hacia atrás mientras soltaba un suspiro, abriendo con cuidado sus ojos, debiendo de parpadear varias veces para no quedarse cegada por unos instantes, al menos esta vez no se había perdido a la hora de llegar al muelle gracias a Mizuki. —¿... 377 días siendo libre?— Ante aquella realización, dudando un poco si el número era correcto, Seraphine casi se va hacia atrás, perdiendo la fuerza en sus piernas, temblando y cubrió una mano con sus labios, de pronto el mundo le daba vueltas, dando náuseas. —Un año, cuatro estaciones y el ciclo está empezando otra vez— De pronto, no sabía qué hacer o esperar, aparte de sonreír como una boba, no estaba ni de cerca de recuperar sus ocho años de libertad, sin embargo, era un buen comienzo y al fin podía hacer todas las cosas que quería,
Empezando con una pequeña pijamada.
Ni le dio oportunidad a Mizuki de escapar o parecido apenas tocaron la isla, sujetando un montón de comida, bebidas y demás, con una energía que de seguro le habría pegado un susto a la rubia por la patada que le dio a su puerta en un intento de entrar, sus ojos brillando y queriendo pasar tiempo con ella desde lo profundo de su corazón, teniendo tanta hambre por contacto social y amistades que estaba siendo peor que la enorme bola que persigue al protagonista en las películas.
Dejó escapar un suspiro y hizo algo de presión con sus manos contra la espalda, haciendo un poco de presión, girando su cabeza para ver que la gyojin le estaba siguiendo para encontrarse con Kazan, el hombre siendo visible desde lejos y su impulso fue más rápido que la mente de Seraphine, echando a correr con los brazos abiertos, queriendo darle un abrazo a la extremidad más cerca que tuviese, estrechando con fuerza.
![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)
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Mizuki
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Mizuki estaba de muy buen humor en aquellos momentos, el viaje hasta Baquella había sido divertido en buena medida gracias a la encantadora compañía de Seraphine con toda esa energía desbordante que la skypean solía tener, especialmente porque parecía estar emocionada por encontrarse con Kazan, un hombre del cual la mujer tiburón había leído ya varias veces por parte de su compañera de pijamada durante la última noche, finalmente pudo verlo desde lejos lo sabía grande, un adjetivo muy importante viniendo de parte de la Skypean que tenía varias cabezas más que Mizuki.
La mujer tiburón se tomó de buena forma precavida el momento en que su compañera de cabello rosado y claro empezó a correr rumbo al gigante de azul ver, en buena parte por la preocupación de que de alguna forma se perdiera de nuevo, pero al verla llegar la gyojin se pudo relajar -Sha Sha Sha- se hecho a reír en voz alta mientras comenzaba a correr detrás de Seraphine, con claras diferencias por supuesto.
A simple vista era entendible que la Skypean corría para encontrarse y abrazar o saludar al Wotan, pero por otra parte la Mizuki corría como un luchador preparándose para embestir un gigante, la mujer de cabello rubio, ojos de esclerosa negra e iris azules corría con fuerza y musculatura evidentes preparando las respiraciones tanto por su boca llena de colmillos de tiburón como por su nariz mientras corría bajo la luz del sol que hacia resaltar el patrón atigrado en sus hombros y cola antes de que saltara ella rumbo al enorme wotan para abrazar uno de sus hombros -Hola guapetón-
Era una extraña forma de presentarse o saludar a una persona que veía por primera vez, especialmente para un hombre que no era de su tipo favorito pero claramente era grande y fuerte así que la joven se sentía segura de que era digno de aquel saludo -Seraphine me hablo mucho de ti, encantada de conocerte... Puedes llamarme Mizuki.- declaró antes de soltarse del hombro para caer al suelo junto al enorme nuevo conocido mientras acomodaba los grilletes en sin cadenas que traía en las muñecas.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código: [b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
Kazan
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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El primer signo fue la sombra que se movió en el rabillo del ojo derecho, rápido y grácil. Kazan abrió los ojos despacio, sin sobresalto sabia que era aquello ya que había tenido esa sensación antes. Ademas, llevaba suficiente tiempo meditando para saber distinguir una amenaza de una marea que regresa, de una amiga. La figura de cabello rosa-azulado era visible desde cuarenta metros, recortada contra el blanco cegador de las paredes de Baquella. "Llegó."
No tuvo tiempo de añadir más porque Seraphine ya corría con los brazos abiertos y la velocidad que tiene la gente cuando el cuerpo va por delante de cualquier pensamiento razonable, ademas a ojos de Kazan notaba como aquella torpe alada se habia vuelto mas agil. Kazan bajó la mano derecha del cuerno y giró el torso hacia ella quedando mirando hacia ella para sin levantarse. Los brazos de Seraphine rodearon su antebrazo izquierdo. Lo abrazaron con toda la fuerza que cuatro metros de skypean podían reunir algo que notó en su brazo.
-Ga-ha-ha-ha-ha.- La risa brotó feliz y armoniosa. Bajó la mirada hacia ella y alli la vio los grilletes en las muñecas, la postura, los ojos que miraban hacia arriba con esa mezcla de desbordamiento y hambre social que Kazan reconocía porque lo había visto en gente que sale del agua después de demasiado tiempo sin respirar, era ella Seraphine. -Por las profundidades... pensé que llegarías tarde.- La voz salió grave -Me alegra comprobar que me equivocaba, has cambiado no te has perdido- Calada a la pipa
Oyó los pasos antes de verla. Ritmo diferente al de Seraphine, más pesado y con la cadencia particular de alguien que corre midiendo distancias. Giró la cabeza hacia ese ruido y vio cuando la mujer rubia dejaba el suelo. Esclerótica negra, iris azul, colmillos que el sol de verano iluminaba sin misericordia antes de que sus brazos rodearan el hombro derecho de Kazan con una convicción completamente desproporcionada para alguien que lo veía por primera vez, muchas confianzas.
-Hola guapetón.-
Kazan permaneció inmóvil bajo el impacto aunque pudo notar fuerza en el, mas que la propia. Parpadeó una vez. Luego bajó los ojos hacia ella mientras se soltaba y caía junto a él, acomodando con naturalidad los grilletes sin cadenas en las muñecas. "Grilletes. Sin cadenas."
La observó durante exactamente el tiempo necesario para leer lo que había que leer, el músculo, la postura, la forma en que el patrón atigrado en los hombros captaba el sol de una manera que no era decorativa, la manera en que había saltado sin calcular miedo porque la ecuación no le generaba miedo. -Escucha bien, Mizuki...- dijo, tocando una vez la base del cuerno derecho con el índice antes de exhalar humo lentamente hacia el lado opuesto a ellas. -Cualquier persona que Seraphine trae a mi hombro ya tiene la mitad de mi confianza ganada antes de abrir la boca. La otra mitad...- Pausa larga. La pipa humeó intimidante -...la ganó el saludo. Ga-ha-ha-ha-ha.- La risa sacudió el aire del muelle como un golpe de viento corto y caliente. A su derecha, el kanaboo seguía apoyado sobre los tablones.
Kazan acomodó levemente el peso sobre las piernas cruzadas, bajando la pipa hacia la rodilla, y les dedicó a las dos la mirada entera con sus ojos pequeños, entrecerrados, que raramente estaban del todo cerrados cuando había algo que valía la pena ver. -Por las profundidades, han traído hambre con ellas. Lo huelo desde aquí.- No era una pregunta. -Hay un sitio en el pueblo donde los pescadores venden lo que sobra de la mañana. Hoy tocaba atún.-
Seraphine Soyer
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Parpadeó al ver a Mizuki acercarse de aquella forma y tragó saliva, temiendo que de pronto fuese a intentar comparar fuerzas, pero no fue así, respirando otra vez con calma, peinado algunos mechones detrás de su oreja mientras sentía el viento sobre su cuerpo, siendo en ese momento que las palabras de la gyojin, llamaron su atención, parpadeando, se inclinó un poco hacia adelante, mirando a Kazan directo al rostro, ¿era guapo? Lo observó con atención, fijándose en cada pequeño detalle, cada pequeño rasgo y no pudo evitar sonrojarse, apartando la vida, sintiéndose algo estúpida al estar recién notando aquello, bailando más en el detalle de conocer amigos que enfocarse en la belleza de los demás.
Y Seraphine, le había enseñado su cuerpo, desnuda, para mostrarle todas las cicatrices y el sonrojo aumentó un poco más, ocasionando que se desliza un poco lejos, pareciendo un robot, sintiéndose estúpida y de pronto quiso saber lo que Kazan había pensado ese día.
Con curiosidad, se inclinó hacia un lado, mirando a Mizuki, ella también era bonita y no supo de quién sentir envidia primero, cuando el mayor habló acerca de no perderse, le tembló una ceja, cruzándose de brazos y infló sus mejillas, vale, que ya había captado que era un desastre, gruñó, cerrando sus ojos y contó hasta diez, buscando calmar sus emociones.
—Mizuki me ayudó— Escribió, recordando todas las veces que iba tomada de la mano con la rubia, de seguro que debió de ser una imagen de lo más extraña. —Y creo que debí de molestarla un poco con mi insistencia de llegar tan temprano— Se rascó la mejilla mientras intentaba ver si tenía puesta la pulsera o no. —Quería volver a verte— Lo miró con cariño, Kazan había sido después de todo su primer amigo y colocó su mano sobre el brazo, sin poder dejar de sonreír, por otro lado, se mantuvo en silencio, dejándolos hablar lo que tuvieran que hablar y los ojos de Seraphine brillaron, escuchando su estómago gruñir con fuerza ante la mención de comida.
—¿Podemos comer ahora?— Sonrió, pegando su cabeza entre los hombros. —De seguro tendremos mucho que contarnos— En su mente, danzó todavía alrededor de la palabra guapetón, apretando sus labios entre sí, sintiendo un montón de vergüenza por las cosas que hizo a lo largo de su tiempo libre.
![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
Mizuki
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La enorme figura del hombre de piel azul e imponentes cuernos no se molestó con Mizuki ni intentó quitársela de encima ni esquivo el abalanzamiento de la Gyojin dejandola bajar a su ritmo, cosa que ella agradecía escuchando atentamente las palabras que el Wotan le dedicaba a la mujer tiburón que al escuchar reír al fumador no pudo evitar ella misma echarse a reír tambien -¡Sha sha sha! Me alegró de haber cumplido la expectativa.- agrego mientras terminaba de reír y miraba de reojo el enorme Kanabo.
Por un momento en la mente de la ojiazul se cruzó un nefasto pensamiento, la idea de recibir un golpe de directo con aquella arma de lado siendo arrojada al agua, algo genial que podría ocurrir en la mitad de un combate pero la rubia se abstuvo de buscar conflicto innecesario para enfocarse una vez más en lo que decía el pelinegro -Se nota que aquí hay buena pesca, así que incluso lo que sobra del día seguramente sea delicioso- comento imaginando el atún.
Por un momento los ojos de fondo negro se enfocaron de nuevo en la enorme mujer que había dejado de observar por enfocarse mucho en su compañero de "sangre marina", pero la vista en la Skypean era interesante pues estaba sonrojada de forma visible por algún motivo por razones que en ese momento la mujer tiburón tigre se había perdido, algo que la gyojin lamentaba un poco pues hubiera sido divertido tener algo con lo cual meterse con la Skypean para verla sonrojarse y sonsacarle la información del porqué de aquello, sin embargo la oportunidad parecía haberse perdido.
La "angelita" había ya puesto sus notas a mano para expresarse de forma concreta y correcta -Meh, no te preocupes por lo de salir temprano, preocúpate por la parte de equivocarte de habitación en la posada, eso pudo haber terminado mal.- dijo la mujer de piel ocre mientras contenía la carcajada de una anécdota no contada, preservando la buena imagen de Seraphine al menos por el momento.
-Estoy de acuerdo con la idea de ir a comer, aunque no tengan miedo en mandarme a mirar el clima si me meto entre medio de alguna conversación que quiera tener en privado donde la doncella encandilada pueda estar a solas con su encantador caballero.- bromeo sin seriedad algún la mujer más de dos metros que pequeña se veía en comparación a sus camaradas de platica.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código: [b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
Kazan
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Resistencia
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C. de Haki
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02-03-2026, 09:38 AM
(Última modificación: 02-03-2026, 09:38 AM por Kazan.)
Kazan procesó las palabras de Mizuki primero porque llegaron con la velocidad de quien no filtra, o no quiere filtrar. Doncella encandilada. Encantador caballero. Bajó los ojos hacia Seraphine. La skypean tenía las mejillas de un color que no era el habitual, aunque en su cabeza se imaginaba que había rondado por su mente, miraba en tres direcciones distintas sin decidirse por ninguna, y se había deslizado lateralmente con la rigidez mecánica de alguien intentando ser invisible a diez centímetros de distancia, algo realmente imposible. Kazan observó el proceso completo con paciencia y gracia. "Ga-ha-ha-ha-ha." La risa soltó algunas bocanadas de humo. Dio una nueva calada larga a la pipa.
-Por las profundidades...- empezó, mirando ahora el horizonte con una expresión absolutamente inofensiva, -no recuerdo haber hecho nada que merezca ese título. Escudero, quizás. Caballero tiene demasiadas connotaciones de castillo y caballo blanco y yo nunca he montado nada que no fuera una corriente marina. Y dudo mucho que un caballo pudiera con mi peso, incluso con el vuestro.- Tocó el cuerno derecho una vez. Brevemente. "No abrir ese tema. Tiene suficiente con el sonrojo. Se de muchas chicas que no hablan de su peso"
Seraphine puso la mano sobre su brazo y dijo que había querido volver a verlo. La frase era simple y no necesitaba adornos. Kazan la recibió como recibía las cosas que valían, sin apartar la mirada, sin minimizarla. -Yo también.- Dos palabras. El peso que tenían era asunto de quien las escuchara. Luego el estómago de Seraphine habló más alto que cualquiera de los dos y Kazan descargó la pipa contra la palma, golpeando suavemente para apagar el tabaco sobrante, y comenzó el proceso de ponerse de pie. Las tablas del muelle protestaron en tres tonos distintos, el agua bajo el muelle se agitó con las ondas del desplazamiento de quince toneladas reorganizándose verticalmente, y dos gaviotas que habían decidido posarse a unos ocho metros al norte reconsideraron su elección de vida y se marcharon.
-Mizuki.- La miró desde arriba con la misma ecuanimidad con que había recibido su salto al hombro. -Escucha bien: vomo dije, te has ganado mi cariño por traer a Seraphine de una pieza, asi que estas dentro de esto que quiero contar- Pausa. La pipa volvió entre sus dedos, sin encender aún. -pero vayamos a hablarlo a un sitio donde podamos comer-
Dio un paso hacia el sur, orientándose hacia el pueblo. -Seguidme y contadme vuestras aventuras, asi como yo contaré como me hice algunas heridas- Comentaria a sabiendas que iba a ser reñido No añadió más y empezaria a guiar a las dos hacia el pueblo.
Seraphine Soyer
Fuerza
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Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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02-03-2026, 10:51 AM
(Última modificación: 02-03-2026, 10:52 AM por Seraphine Soyer.)
Hizo un puño con su mano izquierda y lo llevó a su pecho, sonriendo al ver la interacción de ambos, debiendo de admitir que una parte de ella había tenido algo de miedo ante la posibilidad de que el dúo no se llevasen bien, imaginándose varias explosiones que mandaban a volar su largo cabello a saber en qué dirección, no obstante, salió mejor de lo pensado, cosa que le encantaba, ya que significaría que su grupo de amistades se agrandaría más y ya quería hacer todo tipo de cosas con ellos.
Inclinó un poco su cabeza, cerrando sus ojos, buscando apartar de su mente lo que ocurrió con Moja y las imágenes fueron reemplazadas por el trío divirtiéndose en su tiempo libre, entrenando con Kazan, nadando con Mizuki y contarse los tres historias de terror al calor de la fogata, sin darse cuenta de ello, pegó un pequeño brinco, moviendo sus alas de forma animada, pero al mismo tiempo no se atrevió a decir nada, peleando un poco con la sensación que ella sobraba ahí al no ser una criatura del mar, ¿quizás le cortaría un poco el rollo?
—No…
Cerró sus ojos, sacudiendo su cabeza. —Son tus inseguridades hablando otra vez— No pudo evitar odiar ese aspecto de su personalidad y llevó las manos a sus mejillas, tirando hacia atrás todo lo que pudo, un pequeño castigo por pensar esas estupideces, aunque esa emoción no se iba. —Mizuki— Busco llamar la atención de la rubia con lo escrito. —Yo también quiero— Estiró sus brazos hacia ella, también quería un abrazo, eso sí, lo de a continuación ocasionó que inflase sus mejillas, sonrojada de la vergüenza por ser delatada de esa forma, buscando apartar de su memoria el haberse peleado por cinco minutos con la puerta equivocada antes de darse cuenta que la suya estaba atrás.
Y a continuación, se atragantó con su saliva, tosiendo un montón, mirando a Mizuki con una ceja alzada, preocupada que se hubiese notado el estar mirando a ambos como si fuesen un pedazo de carne, las dos almas marinas resultaban muy agradables a la vista, no pudiendo evitar sonrojarse más aún, mirando al suelo, enterrando sus uñas en las palmas, recordando las palabras de cierto mink que le dijo que no estaba rota, que no era su amo, que estaba bien en considerar la gente atractiva.
Aunque, ante lo siguiente no pudo evitar agarrar una pequeña roca, que sabía que no le haría daño a Kazan, lanzándosela. —También eres caballero, al menos para mí lo eres— Sonrió. —Por haberme ayudado un montón el primer día que fui libre— Aquellas palabras salieron de su corazón, sin ninguna pizca de vergüenza, sin embargo, ante lo del peso, le lanzó otra roquita, con el ceño fruncido, al saber que él también quería verla, los ojos de Seraphine brillaron, sonriendo feliz y abrazo de Kazan lo que más cerca tenía.
—¿Heridas?
Los siguió haciendo un pequeño mohín, cada paso que daba el otro, producía un pequeño temblor en Seraphine por culpa de las vibraciones que producía el mayor, al que intentó llamar la atención, tirando de lo que más cerca estuviera. —Te estás olvidando de algo— Hizo señales al suelo para que se agachase. —¿Dónde está mi abrazo? Me debes dos ya.
El estómago de Seraphine gruñó de hambre otra vez.
![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
Mizuki
Fuerza
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Escuchar la gran risa de Kazan era algo reconfortante para la mujer tiburón, era bueno ver que había gente incluso más ruidosa que ella misma, por no mencionar que era una sonrisa contagiosa, mientras sus oídos disfrutaban de la plática sus ojos se enfocaban en la nada pequeña skypean que tenía una miríada de reacciones interesantes a lo largo de la plática incluso el estómago de la encantadora jovencita parecía tener algo que aportar a la conversación pues rugía con bravura una vez más al mencionarse la comida.
-Ya lo entendimos señor estómago, toca ir a comer y tener algo más de privacidad.- dijo en voz alta la gyojin antes de ir a tomar una de las manos de Seraphine para acompañarla y que no se escapara o fuera corriendo a ningún lugar de forma inesperada -Por cierto, he estado aprendiendo lenguaje de señas con Seraphine, una maestra encantadora ¿Te interesa aprender de ella también Kazan?- preguntó de forma natural mientas andaba.
La musculosa mujer de piel ocre no era tan buena leyendo a la gente, pero sabía que Seraphine estaría muy feliz de que el grandote azul fuera a aprender con ella el lenguaje de señas si es que aceptaba, después de todo había estado dispuesta a enseñarle a una cabeza de calamar como Mizuki, así que probablemente sería más fácil con el Wotan al cual parecía apreciar mucho por la relación que tenían desde un pasado del cual aún la mujer tiburón no terminaba de enterarse del todo.
En otro momento o contexto hubiera empezado a gritar o tratar de llevar ella misma la conversación, sin embargo en lugar de eso Mizuki se dedicó a silenciosamente disfrutar de la voz del hombre cornamentado y ver las reacciones de la skypean mientras que su piel sentía el clima veraniego del pueblo de Baquella, no podía evitarlo, una parte de ella quería pasar desapercibida y solo cotillear con lo que tuvieran para decirse entre ellos sus compañeros de platica y caminata en ese momento más que interceder ella misma.
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código: [b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
Kazan
Fuerza
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La primera piedra le dio en la mejilla izquierda con la solemnidad de una gota de agua cayendo sobre una roca. Kazan se detuvo en mitad del paso, bajó los ojos hacia el suelo para localizar el proyectil, los subió despacio hacia Seraphine, y durante un instante completo no hizo absolutamente nada, sosteniendo la mirada de la skypean con la misma paciencia de siempre. La segunda piedra llegó antes de que ese instante terminara y lo alcanzó en el puente de la nariz con una puntería que, en otras circunstancias y contra otro objetivo, habría sido motivo de cierto problema. -Ga-ha-ha-ha-ha.- La risa salió desde el fondo del pecho. Kazan dejó que la risa se apagara sola, sin prisa, y cuando terminó giró el kanaboo sobre el hombro con un movimiento lento y deliberado, sopesando la palabra que Seraphine acababa de defender con dos rocas y una expresión que no tenía ni un gramo de ironía en ella.
-Caballero.- La repitió como si la estuviera midiendo, rodándola en la boca para ver qué peso tenía. -Por las profundidades... si el título lo otorga quien recibe la ayuda y no quien la da, supongo que no tengo argumento válido en contra. Me has dejado sin defensa con dos piedras de nada, cosa que muy poca gente puede decir.- No desarrolló más el tema. Seraphine había dicho lo que dijo con el corazón por delante de cualquier cálculo y ese tipo de frases no necesitan que nadie les construya un marco alrededor porque ya traen el suyo.
Cuando ella tiró de lo más cercano que encontró en su radio de alcance y señaló el suelo con el ceño fruncido reclamando dos abrazos que aparentemente llevaban tiempo en deuda, Kazan la miró para saber que estaba reclamando no una cualidad retorica si no algo serio. Tocó una vez la base del cuerno derecho con el índice, exhaló despacio, y se agachó. El muelle protestó en cuatro puntos simultáneos, las tablas bajo sus rodillas cedieron varios centímetros antes de decidir aguantar, y cuando su torso quedó aproximadamente a la altura de Seraphine, extendió el brazo izquierdo con precacuion, el tipo que se aprende después de años de calcular que la fuerza que uno tiene y la fragilidad de lo que uno aprecia son dos magnitudes que no se pueden ignorar mutuamente.
-Uno.- dijo en voz baj. -El segundo lo cobras cuando terminemos de comer. Los abrazos con hambre no cuentan, eso lo sé desde hace mucho tiempo.-
Guardó la pipa en el fajón rojo antes de levantarse, sin encenderla, dejando que el momento tuviera el silencio que merecía.
Cuando el grupo comenzó a moverse hacia el pueblo y Mizuki tomó la mano de Seraphine con la naturalidad de quien ha establecido un protocolo antiextravíos que funciona mejor que cualquier mapa, la pregunta sobre el lenguaje de señas llegó mientras andaban por el camino de piedra que conectaba el puerto con las primeras casas blancas de Baquella. Kazan procesó la pregunta durante tres pasos completos, sus pisadas levantando pequeñas nubes de polvo, el sol de mediodía aplastando todo con potencia. -Sí.- Una palabra. Sin adorno, sin preámbulo. -Debí haberlo aprendido antes, y eso es algo que no tiene excusa que valga.- Hizo una pausa breve, orientando levemente el torso hacia Mizuki sin dejar de caminar. -Escucha bien: una persona que no puede hablar en voz alta no debería tener que adaptar su idioma al de quien sí puede. Eso funciona al revés, siempre ha funcionado al revés, y la única razón por la que no lo aprendí antes es que nadie me lo enseñó de esa manera y no tuve la inteligencia de deducirlo solo.- Miró de reojo a Seraphine mientras terminaba la frase. Solo un instante, sin señalar que iba dirigido a ella, dejando que lo cogiera si quería cogerlo.
El puesto del pescador se anunciaba a sí mismo por el olfato mucho antes que por cualquier otra señal: olor a brasa, a sal, a atún abriéndose sobre hierro caliente, una cadena de información sensorial que llegaba desde unos cuarenta metros y no dejaba espacio a la ambigüedad. Kazan se detuvo frente a la terraza techada con vigas de madera gruesa, evaluó la estructura con la mirada práctica de quien ha aprendido carpintería suficiente para saber qué aguanta qué, y se sentó en el suelo cruzando las piernas con el cuidado deliberado que ponía en todos los movimientos cuando había superficies de piedra y arquitectura local implicada. El techo de palma le llegaba a la altura del pecho, dejando los hombros, los cuernos y la cabeza a cielo abierto bajo el sol directo, lo cual era, objetivamente, la mejor solución disponible. El kanaboo fue al suelo a su derecha. Sacó la pipa, la encendió, y el primer humo del día le cruzó los pulmones con la satisfacción densa y familiar de una deuda saldada.
-Por las profundidades...- exhaló despacio, con los ojos entrecerrados de alivio genuino, dejando que el humo se disolviera en el aire brillante sobre el tejado. -Tengo algo que proponeros a las dos. Pero primero pedimos el atún, porque lo que voy a decir merece que nadie tenga hambre mientras lo escucha.-
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