[Presente/Absoluto] Un poquito de madera por aquí y otro poquito por allá
#1
Día 32 de Verano, Año 17

El sol del South Blue caía como plomo sobre los hombros del marine, agotado por las largas horas de entrenamiento que había pasado en el dojo del Hasshoken junto a la maestra Matcha, pero el verdadero peso ahora mismo no era el calor ni el cansancio, sino el sonido. Para cualquier otro navegante, el crujir de este bote sería solo ruido ambiental, para uno que además era carpintero, era el grito de agonía de un anciano en su lecho de muerte... Y eso solo significaba una cosa: peligro.

La isla del Karate ya no era más que una mancha borrosa en el horizonte, un recuerdo de tierra firme que se desvanecía mientras el azul reclamaba a su marinerito. Pero no podía disfrutar del viaje de vuelta como había disfrutado del viaje de ida... Las manos de Akira, curtidas por el roce constante de las cuerdas, la madera y el martillo, se aferraban a los remos con una mezcla entre agarre firme y miedo. Cada vez que una ola golpeaba los laterales del bote, sentía la vibración recorrer la madera resquebrajada hasta sus propios huesos. Era como si el botecito también hubiera estado entrenando con Sira Matcha, sintiendo las vibraciones, pero sin llegar a resistirlas.

El agua ya cubría al marine por los tobillos. Había intentado taponar los huecos por donde se colaba el agua juntando trozos de su propia ropa y algo de resina de los árboles que rascó de los troncos antes de salir a flote... Pero la presión del mar era demasiado.

—No te atrevas a romperte ahora... Venga que ya llevamos más de un día, que queda poco... —susurraba Akira entre dientes, lanzando miradas asesinas a la madera del bote, que amenazaba con astillarse cada vez más.

El bote estaba destrozado, era un hecho. Un impacto más contra algún arrecife oculto supondría el final. Debió haberlo pensado antes de ponerse a perseguir sendas de corales de colores y tortugas marinas cuando estaba a punto de llegar a puerto de Karate... Al llegar a la isla había dejado una cicatriz profunda en la quilla de su pequeñito medio de transporte marine. Aunque como carpintero, y a sabiendas de que un solo golpe seco más y este cascarón se convertiría en leña flotante, sabía como manejarse para alcanzar de nuevo las costas de Baterilla, o al menos, acercarse lo suficiente como para poder llegar a nado.

Si el carpintero sufría, el navegante tomaba el mando. Y al revés. No podía permitirse el lujo de una trayectoria fallida y de quedarse en alta mar esperando ayuda de a saber quién y a saber cuando. Los ojos de Akira recorrían la superficie del agua, buscando cambios de color que delataran corrientes ascendentes, y el cielo, donde las nubes le podían advertir de un cambio en la presión atmosférica. Y salió bien, utilizó la una corriente que parecía una serpiente de agua cálida para ahorrar energías. No remaba contra el mar, remaba con él, aprovechando el siseo de las crestas para deslizar el bote sin forzarlo. Sabía que si mantenía un buen ángulo respecto al viento, la deriva le depositaría exactamente en las calas del norte de Baterilla, algo lejos del puerto, pero lo suficientemente cerca para llegar a tierra.

De repente, un crujido seco, como un disparo, resonó en el silencio del mar, y el banco donde estaba sentado cedió unos centímetros—. ¡Me cago en todo! —y soltó un remo un segundo para golpear con el puño la madera rebelde—. ¡Te construyeron para flotar, así que flota! —otro puñetazo a la madera.

Se sacó el guante para intentar transmitir mejor su energía a la madera rota, y en un movimiento fluido nacido de años de entrenamiento, clavó un dedo directamente en el soporte entre las maderas del lateral, el banco donde se sentaba y el suelo del bote, estabilizando el remo justo antes de que una ola lo pusiera de costado. Fue una reparación curiosa para alguien que carecía de las herramientas necesarias, una chapuza que haría llorar a cualquier carpintero de verdad, había sido capaz de identificar la raíz de la grieta y taponarla con el dedo... Y es que en mitad del South Blue, eso era ingeniería de vanguardia.

El esfuerzo físico de remar con una sola mano, casi dando círculos si no fuera por la corriente, era lo de menos comparado con el estrés mental de mantener a flote este ataúd flotante. Las manos de Akira, llenas de callos por el remo, le ardían con cada brazada. Y de repente, entre la bruma del salitre: la inconfundible silueta de Baterilla. No era momento de relajarse. Un navegante sabe que los arrecifes cerca de la costa son los que hunden a los confiados, y un carpintero sabe que un golpe más en este bote terminaría haciendo que nadara junto con los pececitos que tanto le gustaba perseguir.

Redobló el ritmo, ignorando el dolor en los hombros y fijando la vista en las costas de su hogar. Un barco es más que madera y clavos, es la voluntad de quien lo guía... La voluntad de Akira era no hundirse. Y con un último esfuerzo, consiguió guiar la proa hacia una ruta pesquera—. Un barco roto bajo el mando de un buen navegante llega más lejos que un acorazado guiado por alguien que no tiene ni puta idea de lo que hace... ¡Vamos barquito, hemos engañado al fondo del mar!



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
#2
Resultado del viaje:

Zona:
- South Blue: 4

Navegante:
- Navegante II: -3

Barco:
- Bote de remos: 0

Riesgo total: 1
- Bote de remos es destruido
(Guía de navegación)


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