[Pasado] Karaoke borracho |Priv.
#1
Día 65 de Primavera | Año 16


El nombre de la taberna en la que estaba era "La sirena espumosa" y se encontraba justo en la orilla del río. Y sí, de sirena no tenía nada y mucho menos de espumosa a primera vista. Pero quien atendía el lugar tenía la fama de hacer unas buenas competencias de canto en el establecimiento mientras servía licor gratis a los participantes. Así que a lo mejor el nombre hacía referencia a dicha actividad. Yuuki no vino a descubrirlo sino hasta que entró al lugar y, mientras bebía su té de la noche, escuchó el llamado a la competencia.

Por supuesto, se unió. Más cuando supo que el premio por ganar la competencia de canto era la de trecientos berries. Una cantidad de dinero que si bien no era demasiado grande, alcanzaba para no tener que gastar nada durante una semana. Para Yuuki, que era floja como solo ella podía, no tener que buscarse la vida por siete días era demasiado como para dejarlo ir.

El interior de la taberna estaba bien iluminado, a comparación de las calles afuera en aquella parte de Samba. Había sillas y mesas de buena madera y hasta olía bien a comida y bebida. Era de los pocos lugares que podía darse el lujo de llamarse un buen sitio. Y por supuesto, fluía comida y bebida en el establecimiento. Yuuki se preguntaba de dónde sacaban tanta comida y bebida, hasta que se enteró qué pasaba con los perdedores de la competición. Debía pagar una fianza de cincuenta berries.

Y, por supuesto, casi todo el mundo entraba a la competencia, el dueño era un condenado tiburón de los negocios, a cambio de perder lo que pagaban seis participantes, ganaba muchísimo más del doble. Seguro que algo así no tendría éxito en otro lugar con gente más educada. Pero en ese lugar de Samba, los borrachos gastaban sus berries de forma inconsciente... Yuuki incluida.

Para el momento en que Yuuki estaba subida en la tarima, ya había pasado la primera tanda. Y habían sido descalificados varios de los participantes. Quedaban ella y otros siete. Y estarían ahora en una batalla de canto uno a uno. Podría decirse que estaba en los cuartos de final de la competencia.

Así pues, con una cerveza en su mano, y mirando al público marcar el ritmo contra el suelo y las mesas, ella se meció un poco, las puntas de sus dedos tamborileando sobre el vaso para llevar un compás y a la vez dejando que su cuerpo se moviera solo.

—Ciertamente... —Dijo y entonces empezó a cantar. Iría por algo sencillo. Una pequeña saloma para animar a los marineros allí en la taberna.

Canción que canta Yuuki

Y habiendo terminado de cantar su canción y de haber iniciado con un tema que dejaba a la audiencia ansiando por más, se bajó. De allí. No había empleado mucha técnica, tan solo su tono de voz amable y sus movimientos habían hecho el trabajo, incluso desafinó bastante durante el canto... pero había dado su mejor primera impresión.
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#2
Bones caminaba alegremente por aquellas fiesteras callejuelas de samba, envuelto en ese aire perpetuo de carnaval y alegría que parecía incrustado en cada rincón de la ciudad. Aquella noche, además, no era una cualquiera: se conmemoraba a un famoso músico local, motivo suficiente para que los locales permanecieran abiertos hasta las seis de la mañana, solo para volver a levantar sus puertas una hora y media después.

En medio de ese escenario vibrante avanzaba un peculiar médico brujo, tambaleándose con dignidad cuestionable tras haber visitado ya cinco tabernas. Silbaba una conocida canción de su pueblo mientras en su mano izquierda se balanceaba una botella de ron, de la que bebía sin pausa entre paso y paso. Fumaba sus característicos puros negros como alquitrán; el humo, espeso y dulzón, escapaba en volutas rojizas que parecían brillar bajo las luces nocturnas.

De pronto, Bones se detuvo. Frente a él, un letrero de neón iluminaba la fachada de un bar: una voluminosa sirena guiñaba un ojo, apenas cubierta por dos conchas marinas colocadas de forma sugerente.
Observó el cartel unos segundos, alzó una ceja y esbozó una sonrisa torcida.

—La Sirena Espumosa… heh, me gusta. Suena bastante pornográfico, así que entraré a ver unos cuantos culos.

Con varias copas de más y expectativas claramente equivocadas, empujó la puerta esperando encontrar bailarinas exóticas. En su lugar, descubrió un bar/karaoke donde la multitud cantaba a todo pulmón, completamente entregada al momento.

—Mierda, maldita publicidad falsa… —gruñó, aunque ya que estaba allí decidió aprovechar—. Una piscola, por favor…
El bartender lo miró como si le hubiese hablado en una lengua muerta.

—¿Piscola?

Bones resopló, irritado porque no le entendió.

—¡Un ron con coca, amigo, rápido!

Mientras esperaba su trago, dejó que la mirada recorriera el lugar. Entonces la vio: la chica que estaba cantando. Cabello avioletado, un parche cubriéndole un ojo y una cicatriz que, por obvias razones, permanecía oculta bajo la tela oscura mientras que su otro ojo dejaba ver esos bellos ojos azules. Interpretaba un clásico de marinos y piratas; varios clientes se sumaban al compás, coreando entre risas.
A Bones, completamente borracho, poco le importaba la música. Solo quería seguir bebiendo.

Cuando Yuuki terminó su canción, el anfitrión apareció en el escenario con energía renovada.

—¡Y ahora, un juego clásico de la "Sirena Espumante"! ¡Elegiremos a alguien del público para que participe en el torneo! ¡La luz del escenario caerá sobre cualquier cliente!

Las luces se apagaron de golpe. Un redoble de tambores tensó el ambiente mientras el reflector giraba errático sobre las cabezas expectantes… hasta detenerse bruscamente sobre Bones.
Justo en ese preciso instante él se estaba empinando el vaso, dándole un generoso trago. Al notar la luz sobre su rostro, se atragantó y tosió, dejando escapar una pequeña nube de alcohol que terminó por humillarlo aún más bajo la mirada colectiva.

—¡Pfff!

El silencio se volvió espeso. Todas las miradas estaban clavadas en él.

—H-hey, amigos… no quiero arruinar su diversión, yo solo venía para—

Un sujeto le plantó el micrófono en la mano. El sonido acoplado chirrió con un eco desagradable que pareció atravesarle el alma.

—Aaah… bueno..este… -eco-… gracias. Pues… —carraspeó— -eco-… yo no venía a participar, solo quería beber algo porque…
Las caras largas del público terminaron de convencerlo. Suspiró, resignado.

—Bien. Cantaré una canción.

El bar estalló en vítores. El anfitrión se acercó de inmediato.

—¡Qué buen deportista tenemos aquí, señores! ¿Así que usted se llama…?
Le acercó tanto el micrófono a la mejilla que se la aplastó.

—B… Bones. -eco-

—¡Entonces aquí los dejamos con Bones en el escenario!
Una melodía acudió a su mente. Habló brevemente con los músicos para cuadrar tiempos e instrumentos. Luego colocó el micrófono en el soporte.

—Hola… bueno. La canción que les canto me la enseñó un buen amigo en los pantanos de Centaurea… esto es "Do I Wanna Know".

[video=youtube]https://youtu.be/lPe5zInLju4?si=WWKuq384bPjS7SfM[/video]

La guitarra inició con ese suave y envolvente riff de rock que parecía reptar por el aire, llenando cada rincón del bar.
Y entonces ocurrió algo inesperado.

A pesar del alcohol corriendo por sus venas, el médico brujo cantó con la seguridad de alguien experimentado. Su voz, grave y controlada, encajaba perfectamente con el tono sensual de la canción. El blues de su tierra natal, Centaurea, parecía filtrarse en cada nota.

Mientras cantaba, cerrando los ojos y dejándose guiar por la música, notó una presencia frente a él.
La chica del parche.

Lo observaba fijamente.

Have you got color on your cheeks?
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#3
Luego de haber cantado ella, se subió otro sujeto. Uno que tenía un aspecto bastante interesante, llevaba un abrigo con huesos encima y hasta el sombrero. Yuuki lo observó con detenimiento un buen rato, intrigada por lo que podía llegar a hacer ese sujeto una vez en la tarima. Era entretenido de ver, no lo iba a negar, parecía un pez que habían sacado de la corriente y ahora hacía todo lo que podía para saber en qué dirección ir. Y así, empezó a cantar.

A diferencia de la canción que había cantado Yuuki, que se apoyaba en los músicos de la taberna, la canción de aquél sujeto, Bones, iba con música que estaban poniendo aparte con otros instrumentos más modernos.

Y no solo era la canción o la apariencia del sujeto. Su entonación también lo era. Estaba segura que cantaba mucho mejor que ella; aunque tampoco es que eso fuera difícil. La damita tenía una voz linda y angelical, pero no estaba entrenada para el canto y su canción anterior lo demostraba bastante.

Mientras el hombre cantaba, y la miraba a ella, la birkaniana le coqueteaba en silencio, acomodándose sobre su silla y reclinándose sobre la mesa. Acomodaba su cabello, sonreía y hasta ladeaba la cabeza para que él pudiera ver su cuello expuesto de manera sutil. Era coqueta cuando veía que alguien le ponía el ojo encima, y siempre iba a tomar la decisión de tratar de usar su belleza a su favor para conseguir tratos preferenciales, fueran los que fueran. De Bones, por ejemplo, planeaba ya sacarse al menos una bebida gratuita.

Cuando la canción terminó y era momento de que Bones bajara de la tarima, ella levantó su mano derecha y, con el índice, hizo un movimiento al hombre de ojos rojos para que fuera con ella. Sonreía de manera traviesa y era obvio que estaba en plan coqueto.

Algunos de los que estaban allí notaron las acciones de la mujer de cabellos rosa y luego miraron a Bones. Le advirtieron de manera silenciosa que no se acercara. Estaba en un bar que tenía por nombre "Sirena", Yuuki había cantado y ahora lo llamaba de manera sugestiva. Cualquiera que tuviera un poco de sentido común preferiría hacerse el que no había visto ni oído nada. Pero Yuuki era simplemente una aparición demasiado hermosa y aparentemente pura como para no mirarla. Incluso cuando todo decía que era peligro.

—Vas a venir, ¿Verdad? Ciertamente cantaste de manera interesante... ¿No tienes más canciones que yo pueda oír?

Se mojó los labios presionándolos y luego reposó su mentón sobre el dorso de su mano izquierda, que estaba apoyada con el codo en la mesa. Estaba sentada y cruzada de piernas, y había, precisamente, una silla junto a ella. En la mesa había una sola pinta, que era de la que Yuuki estaba bebiendo en ese momento.
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#4
No sabía si era la música o el alcohol el que estaba jugando con su cabeza mientras seguía el ritmo de la canción, marcándolo con los dedos sobre la mesa, viendo con nitidez únicamente a la chica que llevaba aquel parche en el ojo. Cruzaban algunas miradas mientras ella cantaba suavemente aquella canción de Blues/Rock, una melodía cargada de nostalgia y fuerza. El médico brujo seguía el compás con el pie, ya algo ebrio, observando a la misteriosa cantante que había realizado antes que él algunos gestos sutiles que no podían pasar desapercibidos para alguien tan atento a los detalles como Bones, siempre acostumbrado a leer intenciones ocultas.

Una vez terminó la canción, el médico brujo fue saludado por algunas personas en las filas más cercanas al escenario, quienes aún comentaban su improvisada interpretación. Sonrió con cortesía antes de notar cómo aquella chica le pedía que se acercara con un leve movimiento de su dedo. Bones siguió el gesto con tranquilidad, pues el alcohol en su cuerpo lo tenía más alegre y relajado que de costumbre, bajando ligeramente esa barrera de frialdad que solía mantener incluso en ambientes festivos.
—No soy el único que tiene buena voz; un canto marino sin el ritmo de la marea y el viento es un cántico bastante difícil de sostener. Además, se nota que tiene un gusto genuino por la música, y pocas cosas alegran tanto el alma como eso —dijo con aquel encanto carismático que el médico brujo había perfeccionado entre aventuras, noches bohemias y habilidades que rozaban lo sobrenatural.

Se interesó entonces por la historia detrás de aquella cicatriz en su rostro, convencido de que escondía una anécdota marcada por peligros y decisiones difíciles. Era una mujer seductora, de esas que hacen que los hombres volteen a mirar cuando cruzan la puerta de un bar pirata, imponiendo presencia sin necesidad de palabras.

—Por cierto, no he escuchado tu nombre cuando te presentaron. Como podrás ver, terminé siendo obligado a cantar algo de improviso.. y de paso botar la mitad de mi licor y la verguenza que he pasado ewa. —dijo entre risas con honestidad, aunque no negaría que le había encantado hacerlo. A pesar de que el karaoke era algo nuevo para él, le había llamado levemente la atención desde que escuchó los primeros acordes, y agradecía poder vivir aquella experiencia distinta a sus habituales noches entre cartas, rituales y apuestas.

Bones miró a los ojos a la chica mientras aún permanecía de pie y ella seguía sentada frente a él. Una sonrisa leve se dibujó en sus labios; conocía bien a aquellas mujeres de los bares de piratas, expertas en combinar misterio y encanto. Una sonrisa seductora y un guiño preciso bastaban para atrapar a quienes se dejaban hipnotizar con facilidad.
Sin embargo, había algo más en ella que captaba su atención. Se notaba que amaba la música, al menos eso había percibido cuando escuchó aquel cántico pirata que representaba claramente la isla, sus alegrías, sus penas y sus secretos mejor guardados.

—Por cierto, ¿esto del torneo es una broma, verdad? —preguntó sin terminar de creerse que se había inscrito, casi sin querer, en un torneo de canto dentro de un bar por mera casualidad, llevado más por la marea del ambiente que por una decisión consciente.
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#5
—¿Broma? Para nada. Ciertamente es un concurso legítimo y vas a cantar una canción cada ronda que sobrevivas. No te asustes, Bones, nada peor que una burla por cantar mal llega a pasar. A menos que, claro, tu quieras qie pasen más cosas.

Yuuki habló con su tono amable, mezclándolo con coqueteo y aprovechando para llevar su mirada de arriba a abajo y moviendo los labios ligeramente luego de terminar, como si juzgara al hombre por su apariencia. A su vez, se mantenía tan quieta como podia para que él también tuviera oportunidad de revisarla. Sabía que era bella. Sabía lo que los piratas buscaban en una mujer como ella en dichas tabernas como en la que se encontraban. Asi que en lugar de ir contra la corriente, ella se dejaba llevar.

Volvieron a llamar, entonces, para cantar. Justo la nombraron a ella y muchos piratas celebraron. Yuuki se puso de pie.

—Parece que me llaman. Ese es mi nombre, después de todo.

Se acomodó la cabellera para que no estorbara a sus alas y luego movió éstas un poco, dejando que unas plumas sueltas cayeran se fueran cayendo. Y entonces caminó hacia la tarima. Sus caderas se movían de un lado a otro a cada paso que daba y sus brazos se mecían al compás de su caminar de manera elegante. La espalda se mantenía recta y llevaba la frente en alto. Era hermosa y la expresión de su cuerpo al moverse dejaba a entender que sentía pena por aquellos que solo podían admirarla o envidiarla. Era mejor despertar la envidia que sentirla, en el caso de Yuuki.

Sus alas se pegaron al llegar a la tarima y tomaría después el micrófono para luego hablar fuera de este a quien organizara el evento. Daba direcciones, y cuando estuvo todo listo, ella sonrió se preparó para que la música empezara a sonar y ella así pudiera dar su show.

Los músicos iniciaron chasqueando sus dedos. Y Yuuki entró al canto, aportando la melodía al ritmo de los chasquidos. Y luego fueron entrando los instrumentos,  con un sonido de Jazz característico. El ritmo general de la canción era lento, pero Yuuki lo usaba para mecerse como una espiga al viento al son de la música. Y por supuesto, exageraba movimientos de su cadera y torso, a veces dando la impresión de ser una serpiente encantada.

Canción de Yuuki

Sus ojos viajaban entre la multitud. Guiñaba un ojo ocasionalmente y hasta enviaba algún que otro beso al vacío. Pero cuando pasaba la vista a Bones, el hombre de sombrero podia ver que ella lo llamaba de forma provocativa y usando su mano igual que antes. Incluso en las pausas breves de la canción, la forma en que miraba a Bones era directa y poco sutil.

Un sujeto entonces se acercó al médico brujo.

—Esa mujer te hará mucho daño. Si vas a jugar su juego, ten cuidado.
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#6
El médico brujo aún estaba bajo los efectos del alcohol, escuchando las palabras de aquella chica con un tono tan dulce como el canto de una sirena… tal vez demasiado parecido como para no levantar sospechas. Sin embargo, en ese momento Bones se encontraba relajado y desinhibido por todo lo que había bebido.

El moreno se quedó mirándola unos segundos.
Era, sin duda, una mujer de belleza admirable.

Cuando el público comenzó a aplaudir y Yuuki se levantó de su asiento, Bones recordó su nombre mientras observaba con calma el contoneo de sus caderas al caminar hacia el escenario. Cada paso parecía calculado para llamar la atención, y lo lograba sin el menor esfuerzo.

Sus alas tampoco pasaron desapercibidas para el médico brujo.
Aquella mujer poseía un atractivo bastante particular… llamativo incluso para alguien que había visto muchas cosas extrañas en su vida.

Justo cuando la banda comenzó a tocar aquella dulce tonada de jazz, lenta y rítmica, una voz de sentido común intentó abrirse paso entre los pensamientos de Bones. Era uno de los hombres que se había acercado a advertirle sobre la chica.
La música empezó con chasquidos de dedos.

Luego el contrabajo.

Después el piano.

Y la voz de Yuuki se deslizó por la taberna como humo espeso entre el alcohol y las conversaciones.
Bones mantuvo la mirada fija en el escenario mientras las palabras del hombre entraban por uno de sus oídos. Al parecer, la fama de la mujer llegaba al punto de que los visitantes recibían advertencias sobre ella.
Aquello no le molestaba en absoluto.

De hecho… lo divertía.

Después de todo, Bones siempre había sido tan curioso como un gato, y no tenía ningún problema en meterse en situaciones peligrosas si su curiosidad se lo pedía.
El comentario del hombre llegó claramente a sus oídos justo cuando los primeros acordes de la canción comenzaron a llenar la taberna. Sin embargo, el médico brujo no respondió de inmediato.

Su atención estaba en el escenario.

O, para ser más precisos, en la mujer que lo ocupaba.

La música de jazz se deslizaba entre el humo del lugar como un perfume denso y seductor. Los chasquidos de dedos marcaban el ritmo mientras el bajo y el piano acompañaban con suavidad.

En medio de todo eso estaba Yuuki.

Los ojos de Bones siguieron cada movimiento de sus caderas con la misma calma con la que un cirujano observa una operación delicada. No había prisa en su mirada, solo un análisis silencioso… y quizás un poco de diversión.
Entre sus dedos apareció una carta.

Nadie vio exactamente cuándo la sacó. Simplemente estaba ahí.

La carta giró lentamente entre sus dedos, pasando del índice al medio y luego al pulgar como si tuviera vida propia. Poco después apareció otra, deslizándose entre sus nudillos con la precisión elegante de un ilusionista.
El hombre que lo había advertido lo observó de reojo.
Bones ni siquiera lo miró.

Bajo su traje, el pequeño relicario colgaba contra su pecho. Su pulgar lo rozó brevemente, casi de forma inconsciente, como si verificara que seguía allí.
Entonces sonrió.

Una sonrisa tranquila… peligrosa.

Finalmente respondió al desconocido.

—Mi estimado amigo… si una mujer hermosa pudiera destruirme con una canción y una mirada, entonces mi reputación como hombre peligroso sería una terrible mentira.
La carta desapareció.

Otra apareció.

La hizo girar lentamente sobre la mesa antes de atraparla entre dos dedos. Luego inclinó levemente el sombrero mientras sus ojos regresaban al escenario.
Yuuki lo estaba mirando directamente.

Y no era una mirada tímida.

Bones apoyó el codo sobre la mesa con una elegancia casi teatral antes de hablar nuevamente, esta vez con un tono más bajo y divertido.

Giró.
Cayó.
Directo dentro de un vaso vacío sobre la mesa.

Bones ni siquiera miró el truco. Sus ojos seguían clavados en Yuuki.

Una ceja se levantó apenas.

Luego murmuró para sí mismo con calma:

—Aunque debo admitir… pocas pacientes han sabido llamar mi atención con tanta elegancia.

Tomó el vaso.

Sacó la carta.

El as de corazones.

En el escenario, la canción seguía creciendo.
Y algo en el ambiente dejaba claro que aquello ya no era solo un concurso de canto.

Era un juego.

Y Bones…

adoraba los juegos.

Una vez Yuuki dejo el escenario, Bones fue llamado a la tarima, comenzando a cantar la canción que tenia preparada junto a la banda que aun estaba en el escenario. Tambien jugando con las miradas complices de Yuuki, tentado a ver a donde le llevaba todo aquel juego.

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