Tambores...Tambores en lo profundo [AV. T2- Presente Relativo]
#1
27 de Verano, Año 17
Reino de Briss, South Blue

El sol veraniego caía con una intensidad de justicia sobre el Reino de Briss. Los ancianos dicen que en esta joya arquitectónica del South Blue, el calor no solo se siente, se puede hasta oler. El aire transporta ese aroma denso y mineral, una mezcla de polvo de granito y el efluvio dulzón y químico del alquitrán que recubre cada rincón de la capital. Desde el aire, Briss parece una mancha de tinta oscura y brillante sobre el océano; una ciudad de edificios robustos y calles pavimentadas que brillan con un reflejo grisáceo y negruzco bajo la luz estival. Es una fortaleza de ingeniería diseñada para resistir el paso de los siglos, donde la piedra y el adoquín se fusionan en una estética monocromática que impone respeto a cualquier visitante.

Sin embargo, hoy la elegancia misteriosa de la ciudad se ve empañada por una tensión que no emana de sus cimientos, sino de sus fronteras. Al norte, donde la llanura de hierbas salvajes y rocas graníticas rompe la uniformidad urbana, el bullicio habitual de los canteros ha cambiado de ritmo. Ya no se escucha solo el repicar rítmico de los picos sobre la piedra, sino el murmullo nervioso de hombres que han visto algo capaz de cambiar sus vidas para siempre.

Incluso el propio palacio desde el cual el Rey de Briss manejaba su isla era una construcción sobria, integrada perfectamente en el paisaje de Briss. Es aquí donde, a primera hora de la mañana, la tranquilidad administrativa se rompió con la llegada de un mensajero enviado directamente por Rajuela y Compañía, la empresa que sostiene gran parte de la economía del reino.
El mensaje era urgente y carecía de los adornos diplomáticos habituales. En una de las vetas principales de la cantera norte, allí donde las gigantescas losas de granito suelen ser la única recompensa tras jornadas de trabajo agotadoras, los picos de los mineros se han enconrado con algo muy distinto, algo que ha brillado con un fulgor amarillo a la luz de los quinqués y lámparas de gas. El presidente Rajuela ha confirmado lo que muchos sospechaban pero nadie se atrevía a decir en voz alta: han hallado una veta de lo que, a falta de un análisis oficial, parece ser oro puro.

La riqueza, no obstante, ha traído consigo la paranoia. La codicia es un incendio difícil de sofocar una vez que prende en la lengua de los hombres. Rajuela, un hombre que conoce bien la naturaleza humana, no ha tardado en notar las ausencias en su plantilla. Varios trabajadores han desaparecido de sus puestos de trabajo sin previo aviso; no hace falta ser un estratega para suponer que han corrido a los puertos o a las tabernas de los barrios bajos para vender la información al mejor postor.

Los informes de los vigías de la compañía han terminado de dar la señal de alarma. En el perímetro de la mina, entre las formaciones rocosas que delimitan la llanura norte, se han avistado figuras ajenas a la explotación. Extraños que observan desde la distancia, grupos que no portan herramientas de minería sino fundas de armas bajo los ponchos de viaje. Con el puerto principal a pocas horas de camino, la noticia del descubrimiento podría atraer a lo peor del South Blue antes de que el Reino de Briss pueda reclamar legalmente el hallazgo.

Ante la posibilidad de un asalto inminente o de que la cantera se convierta en una zona de guerra entre facciones de cazarrecompensas, mercenarios o simples oportunistas, la dirección de Rajuela y Compañía ha formalizado una petición de auxilio a la casa Real de Briss. Necesitan botas sobre el terreno, hombres y mujeres que representen la ley y que sean capaces de custodiar la entrada de la mina hasta que los especialistas de la capital aseguren el perímetro y se establezca un protocolo de extracción seguro.

La situación es una bomba de relojería. El presidente Rajuela espera en la caseta de mando, visiblemente alterado, mientras sus guardias privados intentan mantener un cordón de seguridad que a todas luces parece insuficiente. El sol sigue subiendo, acortando las sombras y aumentando la visibilidad de aquellos que, escondidos entre las rocas graníticas, esperan el momento exacto para actuar.

En el muelle que ha ocupado la División 75 para reaprovisonarse tras su viaje no tarda en presentarse un joven paje, con la librea de la casa real de Briss empapada de sudor, que se cuadra en posición de firmes hace sonar una corneta, antes de mirar al cielo y exclamar en voz de grito:

DIVISIÓN 75 DE LA MARINA!! LA CASA REAL DE BRISS SOLICITA SU ASISTENCIA INMEDIATA!! TENEMOS NOTICIAS DE QUE UN ATAQUE PIRATA PUEDE ESTAR PLANEANDOSE CONTRA LA MINA DE RAJUELA Y COMPAÑÍA!! LOS DEN DEN MUSHI DE LA ZONA NORTE HAN QUEDADO EN SILENCIO Y LA MAYORIA DE LA TROPA ESTÁ PEINANDO LA COSTA, DEBEN DE SERVIRNOS COMO REFUERZO!!

Tras el obvio esfuerzo que le supuso declamar todo aquello a pleno pulmón, el paje les entregó a los marines un mapa con indicaciones de como llegar a la mina y se marcho de vuelta arrastrando los pies.

La Caja de Pandora
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#2
La estancia en el reino de Briss se presentaba breve, un viaje de reconocimiento y patrullaje por las aguas del South Blue en nuestro nuevo navío, el Tempestad, galeón honorable que con sus velas transporta a los honorables marines de la división setenta y cinco.

Todo parecía indicar que la situación estaba controlada, que los problemas de la zona no resultan tan acuciantes como para que su presencia fuese requerida de inmediato, una marea de voluntades que la Marina no ha de aplacar, sino la propia fuerza e influencia del rey y su séquito. Así pues, Kael y sus compañeros se estaban preparando a ritmo lento y sosegado para partir durante los próximos días, revisando el navío, reparando las partes dañadas por las bravas aguas -y a sus ojos, la negligencia de su navegante-, y gestionando todo el dinero para la compra de víveres y material necesario en caso de emergencia o necesidad. Que tan equivocado estuvo, pues parte de la corte real se hizo presente en el puerto, trayendo consigo un mensaje en representación de los que gobiernan esta nación.

El gestor del grupo toma consigo el mapa, tratando de memorizar en el mismo las rutas más cercanas al punto al que deben acudir: la mina Rajuela. Tras un vistazo, ofrece el mapa para que lo revise el más cercano de sus compañeros mientras atiende al paje, ofreciéndole algo de agua para tan cansado viaje que ha tomado hasta el lugar.

—Podéis estar tranquilo. Partiremos en la mayor brevedad posible. La Marina prestará su apoyo al Reino de Briss.—Con su calmado tono habitual, el de cabello azabache ofrece una rápida y escueta respuesta, priorizando la efectividad y claridad.—Nyra, ¿tendrás aprovisionamiento a punto?—Entiende que la cocinera suele ser previsora, pero la situación actual perfectamente puede haberla pillado con la guardia baja, y no tendría nada que reprocharle.—Hae-Won, ten. Necesitarás esto para tu arma, ¿cierto? Las he preparado para ti.—Lleva las manos hasta su bolsillo, buscando el momento adecuado para entregarle los casquillos cargados.—Siento no haber podido preparar más. Es un trabajo mucho más cansado fabricarlas a mano que adquirirlas en el mercado. No he tenido la oportunidad de adquirir nuevos. Lo lamento.

Por fortuna, para él no es necesario disponer de más tiempo, pues carga con todo lo que considera necesario para partir con la mayor brevedad. Guarda consigo lo necesario, y solo espera, dentro de todo, que aquellas advertencias sobre un ataque no sean tan prioritarias como para no llegar a tiempo si no salen de inmediato.

a tener en cuenta
#3
Un paje de la casa real de Briss se presenta ante nuestro imponente navío, llamándonos expresamente. ¡¡Menuda bienvenida!! Oh, no, vale, resulta que era solo más trabajo… Mis orejas alzadas y cola alegre parecen caerse hacia abajo cuando me doy cuenta de la verdad… antes de volver a transmitir pura emoción. ¡Oh! ¡Un ataque pirata! ¡¡Somos los refuerzos!!

Ay, Kael, ¡¿cómo puedes hablar tan monótono incluso en un momento como este?! ¡Hay un posible ataque, Kael! ¡Hay que proteger a la gente! ¡¡Ten algo de sangre en las venas!! Pero me cuadro y lo saludo como a un capitán cuando me nombra para saber si tengo listas las cosas.

―¡Por supuesto! Tengo preparadas desde Baterilla unas mochilas con mapas de las islas que íbamos a visitar, lápices, provisiones de comida, cuerdas, ganchos, cerillas, una vela y una navaja pequeña. Ojalá pudiera tener comida, preparada, pero no tenemos cocina. De momento sólo será necesario rellenar con agua fresca las cantimploras. ¡Voy de inmediato!

Cumplo de inmediato, y en apenas un par de minutos vuelvo a cubierta con las mochilitas pequeñas y doy una a cada uno, teniendo ya la mía puesta. Por supuesto, para entonces también me acompaña mi katana.

Acto seguido, mientras mis compañeros terminan de prepararse, miro un momento a Kael.

―Perdona, ¿me lo dejas un momento? ―solicito extendiendo la mano, ya que antes me fui a por las mochilas antes de poder verlo. Lo miro unos largos segundos y finalmente se lo devuelvo―. Listo, ya lo tengo memorizado.

Tras aquello no es difícil encontrar el camino entre varios una vez nos ponemos en marcha. Tardamos el menor tiempo posible en llegar hasta el lugar, y una vez allí me acerco a la primera persona que veo con pinta de encargado.

―División 75 presente ―saludo con un gesto militar―. ¿Dónde se nos necesita?

A tener en cuenta
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
#4
Es complejo.

El navío necesita reparaciones importantes antes de poder salir, y Hae-won es la que se encarga de ese tipo de cosas. La mirada que reflejan sus ojos intenta ser tranquila, para nada dura, pero el trabajar en el barco lleva tiempo que ellos, precisamente, no tienen. Aún así, no puede negar el llamado de auxilio. Cuando toma su arma, lo hace pensando seriamente en el deber para con su equipo, su división y su facción.

El peso de esa realidad la insta a moverse, a buscar su arma entre sus pertenencias luego de deponer su martillo y guardarlo para trabajar a futuro. Agradece con un asentimiento a la entrega de balas de Kael y la mochila de Nyra, entretanto que mantiene el semblante tranquilo. No dice nada porque no siente de hacerlo, sin embargo, hay una pequeña vocecita que le obliga a mirar a su alrededor mientras se trasladan.

Teniendo en cuenta la información que les ha llegado, un grupo de sucios piratas podría liarla en una mina en una especie de saqueo de minerales. Teniendo en cuenta el objetivo, deben ser varios individuos para cargar tales materiales pesados. Sin embargo, no se sorprendería si apareciera un Buccaneer o un Gyojin entre los adversarios. Tampoco se sorprendería si usuarios de akuma se involucraran.

La raíz de todos los males, al final, siempre será el amor al dinero.

Por eso mismo es que se mantiene en silencio luego de que Nyra habla hacia el que está a cargo. Acomoda un mechón de su cabello tras la oreja mientras observa a su alrededor. Trata de escuchar conversaciones, intenta percibir algún pequeño atisbo de anormalidad, más allá de la situación que, de base, es un despropósito en sí mismo. Suspira y mantiene el semblante, esperando órdenes que sean capaces de hacerla reaccionar o hablar.

Es complicado cuando se tiene que suspender un plan de reparaciones importantes por amor al trabajo.


Off
#5
✘
TEMA: CERRADO

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