[P. Absoluto][Viaje] ¡Última parada: Baterilla!
#1
36 de Verano, año 17

Las altas olas empujan violentamente la goleta mientras nos acercamos a puerto.

La tormenta que nos arrecia ahora no tiene nada que ver con la lluvia que hubo horas después de salir del Reino de Briss. Quizás era todo parte del mismo fenómeno, pero este es sin duda el punto álgido.

Dimitri está aferrado al timón y Hae-Won y yo vamos de acá para allá siguiendo sus órdenes y las de Kael mientras entre todos tratamos de mantener el barco de una pieza. En mi caso, aprovechaba mi destreza, agilidad y reflejos para ajustar cuerdas, velas y aparejos lo más rápida y eficientemente que podía.

Por suerte, aunque fue complicado, conseguimos finalmente atracar en el puerto, aún lo suficientemente vacío por faltar aún varios días hasta la gran reunión de la Marina aquí, en Baterilla. Una vez mis compañeros y los asistentes del puerto terminaron de colocar la pasarela, me deslizo por una de las cuerdas del mástil mayor, en el que había estado trabajando, y corro tras ellos.

—¡Es increíble cómo llueve! —jadeo mientras me quito la chaqueta del uniforme para ponérmela sobre la cabeza en un intento de no mojarme más… ¡Agh! ¡Qué frío, qué maaal! ¡¿Para qué puñetas me he quitado la chaqueta?! ¡Si igualmente el pelo ya no puede estar empapado! Aunque me lo cubriera ahora, ¡de todos modos chorrearía igual que mi cola al llegar!—. La verdad es que creo que muy poco le ha pasado al barco para todo lo que hemos tenido que sortear… ¡Muy bien hecho, Dimitri! —elogio a tiempo que volvía a colocarme la chaqueta de forma normal, pero cubriéndome la cabeza con las manos—. Por cierto, ¿quién se ha encargado de echar el ancla?

Como había estado tan pendiente de mis funciones, no me había dado tiempo a verlo, pero doy por hecho que está todo controlado. Por suerte, mis compañeros habían sido muy rápidos en dar nuestros datos a los empleados del puerto, así que cuando los alcancé, echamos a correr todos. ¡Qué orgullosa estoy de mi eficiente equipoooo!

Datos del viaje
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
#2
Tormenta...horrorosa y dura tempestad que acecha los mares embraveciendo las aguas, mojando los tablones de agua salada y empapando todo el uniforme de los miembros de la división 75. Duro es todo el trabajo que entre los cuatro miembros realizan en conjunto para mantener el barco a flote. Nyra se encarga de la parte que necesita mayor agilidad, mientras que Kael usa su fuerza para asegurar el ancla una vez llegan a tierra, habiendo ayudado a Dimitri a manejar el timón con fuerza para que no se le escurriese de entre las manos. Choi ayuda en todo lo que puede y ordena el de cabello azabache, y entre los cuatro finalmente consiguen que el barco atraque como debía.

Una vez llegan, se mueve con la mayor rapidez hasta poder bajar el ancla y asegurar su integridad. El barco está aún más dañado que antes, pero aún así consigue mantenerse a flote en el puerto incluso con la fuerza de las tormentas. Cuando consiga pasar toda esta tempestad, finalmente podrán hacerse cargo de él...y el capitán podrá quedarse tranquilo.

—Hay que decir que nos has mantenido a flote. Eso hay que reconocerlo.—Pero su voz se vería completamente opacada por la fuerza de la tormenta y el agua golpeando contra los tablones.

Kael no se bajaría del barco. Esperaría hasta que todos y cada uno de sus compañeros hubiesen puesto los pies en tierra para poder hacer lo suyo. Como todo buen marinero sabe, el capitán es el último que abandona el barco, y aunque eso suele aplicarse cuando este se está hundiendo, piensa llevarlo a cabo con tal de tener por seguro que sus compañeros se encuentran todos a salvo.

"Mejor que Nyra no piense en toda la ropa que tendrá que tirar o secar cuando sepa que se le está llenando toda de agua salada"

Los "armarios" en un barco tan pequeño no podrían terminar de librarse de la dura tempestad, y al asomarse hasta los camarotes para echar un vistazo rápido...sabe que va a pagar a personal del puerto para que frieguen el barco.
#3
El Tempestad rugía. Aferrado al corazón de la goleta, podía notar cada nueva muesca en su casco como una herida propia. No era mi primera tormenta en alta mar. Durante mi tiempo como el tesoro de Pulmones Negros habíamos sorteado muchas de ellas. Solo que, por aquel entonces, mis funciones se asemejaban más a las de Nyra: correr de un lado a otro, asegurando las velas y provisiones entre otras cosas.

No era mi primera vez en una tormenta, pero sí la primera en la que la vida de mis compañeros dependendían de mí. Me dediqué a gritar instrucciones. Cada ramalazo que sacudía al Tempestad se replicaba también entre mis costillas. El alma de un navegante siempre estará vinculada al navío. El problema era que mi salud, como el cascarón de aquel barco, dejaba mucho que desear.

Por fortuna, las migrañas habían remitido gracias a los medicamentos de Hae-won. Sin embargo, la incipiente humedad, junto a las ropas caladas, habían encharcado mis pulmones casi tanto como los huesos del Tempestad.

Para cuando llegamos a la costa, jadeaba sin resuello. Era consciente, por el calor que irradiaba mi piel, de que estaba sudando aunque la lluvia se llevara todo con ella. Lo siguiente sería un episodio de fiebre.

—No lo habría conseguido sin vosotros… —respondí a mis compañeros, bajo la sombra de una sonrisa debilitada.

Aquejado por un nuevo ataque de tos, rebusqué en los bolsillos de mi camisa la bolsita de hojas de menta. Fruncí el ceño al comprobar que se había echado a perder. Tenía más en el camarote, pero mi fuerza se había quedado tan mermada como el barco. Así que me quedé tumbado sobre el timón, entre toses asfixiantes, hasta que pude recuperar algo de aliento.

La lluvia aún tronaba sobre la madera. Había olvidado que tras cada tormenta, Pulmones Negros solía cargar conmigo hasta su camarote, por mi incapacidad para llegar por mi propio pie. El pensamiento me revolvió las entrañas.

—Con vuestro permiso… voy a… echarme un rato. —Voz raspada y aquejada por un silbido que no auguraba nada bueno—. Luego… os veo.

Arrastré los pies tambaleantes hacia el interior. Por una vez, esperaba llegar por mí mismo.
#4
Hace mucho tiempo, cuando aún su hermana estaba junto a ella y todo dentro de su familia parecía ser real, había escuchado muchas historias relacionadas a las tormentas. Mercaderes contaban, cuando pasaban las noches en fogatas mientras compartían las dádivas de negocios con sus padres, que las tormentas reflejaban los gritos de la diosa del mar, que lloraba por sus hijos muertos en él. 

Y es que cada sacudón dado por el barco es, en definitiva, algo que a ella le estremece desde dentro. No tendría problemas si fuera alguien más seguro o que haya logrado reparar el navío a tiempo. El asunto es que tiempo no tuvo. Dedicarle horas a la reparación será todo un tema, más que nada porque a eso debe añadirle que tiene que hacerlo perfectamente, o sino tendría que volver a hacer reparaciones minoritarias para que se mantenga entero.

Bendito el día en que eligió la carpintería. No lo cambiaría por nada.

Es al llegar que todo parece mantenerse en calma. Y es esa calma intrínseca la que le obliga a verificar que todo esté correcto. Cuando hace su típico gesto llevándose el cabello tras la oreja, ella no pierde el tiempo para comprobar el estado de la madera y ver cuánto se puede rescatar de la goleta. Tiene que ponerse a trabajar de inmediato, sabiendo que no habría otra forma de hacer que este barco funcione para futuras misiones. 

Quisiera acercarse a sus compañeros, pero el paso lento de Saint George casi le obliga a acercarse para ayudarlo. Sin embargo, algo dentro de su mente le exige que no lo haga, porque sabe del orgullo de ese muchacho y la fuerza que lo mueve para ponerse de pie. No habla; solo mira con seriedad que él camine y así evitar que se tropiece. No invadirá su espacio, y menos cuando se percata de que hay madera desprendida del navío.

Apenas ponga un pie en tierra, tendrá que ponerse a trabajar.
#5
✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI


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