01-03-2026, 10:27 PM
NOTA DE INTERÉS
MUSIQUITA
Narrador / María Merlot
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Dia 87 de Invierno.
Año 16.
Algún lugar de la costa/ Little Garden.
Año 16.
Algún lugar de la costa/ Little Garden.
El gigante la alzo, y la llevo en su hombro. ¿Hacía dónde? Sencillo, el barco del cual era el navegante, y dueño. María dejo atrás, en aquella recamara llenada de piedras y acertijos, esa rara aventura, y al peculiar Howard. Un hombrecillo que le causo repulsión, con su diatriba constante por tesoros y tesoros, tanto así que la joven ignoro las monedas de oro, y se acurruco contra el cuello de Kelvín — No ha sido divertido, por suerte ya dejamos ese desagradable lugar atrás, Gigantón — le comento con la voz un poco apagada, sin embargo, cuando el manto nocturno se posó sobre ellos, y las hermosas estrellas la recibieron parpadeantes, su alegría habitual resurgio como un ave fénix — ¡Woooooooooooow! ¡Míralas! Sabes que mi gigante dice que con ellas se guía por las noches… ¿también sabes guiarte leyendo las estrellas, amigote? — le pregunto con curiosidad casi pueril, ella era parlanchina y curiosa por naturaleza, casi tanto como su innegable belleza.
María continuaba perdida, y aunque llamo por Den Den Mushi a sus nakamas, aun no estaban nada cerca. Por esa razón se mantuvo con Kelvin, quien le estaba ofreciendo una especie de protección y el mejor regalo de todos: Reencontrarse con el Principe Einarr. Así que, a diferencia de ella, él si sabia ubicarse… llevándolos al navío. Lo primero que llamo la atención de la chica, es que definitivamente se parecía al gigante, y al birkaniano, porque ambos, por lo visto hasta ahora, vestían de negro… y ese barco era tan negro como una noche sin luna — … el Flush Royal tiene a Cara Melo como mascaron… — comento a la nada la chica mirando el dragón y las fauces abiertas, un curioso… y algo terrorífico barco, si le preguntaban; pero, algo positivo tenía: Una Aventura de Descubrimiento.
El gigante como buen anfitrión la dejo en la cubierta, y en ese movimiento algo salto de él, y corrió hacia algún lugar. María solo alcanzo a ver un manchón blanco tirando a dorado. ¿Acaso el pelinegro tenia pulgas? La idea no termino de formarse, cuando la cosita salió de su escondite, con algo en la boca, yendo hasta ella y tirándoselo a los pies.
María continuaba perdida, y aunque llamo por Den Den Mushi a sus nakamas, aun no estaban nada cerca. Por esa razón se mantuvo con Kelvin, quien le estaba ofreciendo una especie de protección y el mejor regalo de todos: Reencontrarse con el Principe Einarr. Así que, a diferencia de ella, él si sabia ubicarse… llevándolos al navío. Lo primero que llamo la atención de la chica, es que definitivamente se parecía al gigante, y al birkaniano, porque ambos, por lo visto hasta ahora, vestían de negro… y ese barco era tan negro como una noche sin luna — … el Flush Royal tiene a Cara Melo como mascaron… — comento a la nada la chica mirando el dragón y las fauces abiertas, un curioso… y algo terrorífico barco, si le preguntaban; pero, algo positivo tenía: Una Aventura de Descubrimiento.
El gigante como buen anfitrión la dejo en la cubierta, y en ese movimiento algo salto de él, y corrió hacia algún lugar. María solo alcanzo a ver un manchón blanco tirando a dorado. ¿Acaso el pelinegro tenia pulgas? La idea no termino de formarse, cuando la cosita salió de su escondite, con algo en la boca, yendo hasta ella y tirándoselo a los pies.
Los ojos de María se abrieron.
No era una pulga.
Era una mascota.
Una peluda.
Abrazable.
No era una pulga.
Era una mascota.
Una peluda.
Abrazable.
Dejando de lado el dolor de su brazo, se inclinó y tomo el juguete entre sus manos — ¿Qué es este peluchito tan lindo? — le hablo con dulzura levantando el juguete para que el animal intentara agarrarlo ¿Es lo que quería, no? Ella no lo retuvo por mucho tiempo, dejo que lo capturara con su boca — ¿Es tuyo? ¿Puedo tocarlo? ¿Va a morderme si lo hago? ¿Cómo se llama? — giro la cabeza, sin levantarse, para interrogar a Kelvin. Ya no le habla entre gritos en su idea del idioma “gigantez”, se había topado con él ya tres veces, no era un extraño, aunque no sabía si eran amigos, lo que si sabia con certeza, es que si él era amigo de Einarr entonces ella lo querría y trataría como un amigo más.
Cuando el animalito volvió a tirarle el juguete ella lo sujeto entre brazos, mimándolo, totalmente encantada. A la mestiza le gustaban las mascotas… extrañaba muchísimo a Cara Melo, le gustaría ver de nuevo a Rasmussen, y sin contar la gallina gigante de su Unnie, o el halcón del capitán uva.
El gigante, en su hospitalidad, también le ayudo con la herida en su brazo, o más bien le dio los implementos para los primeros auxilios, y la guio en vendarse mejor, aunque ninguno fuera médico. María nunca dejo de hablarle de esto y aquello, con su suave voz sirenezca, aunque ciertamente, divagaba un montón pero no por malicia, ella era así. Iban a pasar la noche en el barco, y a la mañana siguiente irían a la selva por Einarr mientras los Nakamas de la pelirrosada venían a buscarla. Para no dormir en cubierta, y considerando que era la amiga de Einarr, Kelvin le señalo una puerta que daba a la habitación del ángel.
María aun con Fenek en los brazos, se acercó lo más que pudo al gigante, inclinando su cabeza para verlo hacia arriba, eran casi 18 metros de altura — Gracias, Kelvin-sama… por protegerme de ese enano loco, por cuidarme, por traerme a tu barco, por alimentarme y porque mañana me llevaras a ver al Principe Einarr. Tu corazón es más grande que tú, en eso me recuerdas a Thrym-sama. Los gigantes son asombrosos, y ustedes dos en particular maravillosos — le sonrió con su alegría rebosante y la sinceridad de alguien que acaba de descubrir algo que valorar: La amistad con un gigante pelinegro. Ya no le decía ni gigantón, ni amigote, ni ningún mote que hiciera alusión a su tamaño, al igual que con el pelirrojo Thrym, se refería a él con respeto agregando el "sama" a su nombre. Algo que la mestiza pocas veces hacía, porque solía ponerles apodos a todos… aunque había alguien a quien aún no le había puesto uno, un alguien muy pelirrojo.
Cuando el animalito volvió a tirarle el juguete ella lo sujeto entre brazos, mimándolo, totalmente encantada. A la mestiza le gustaban las mascotas… extrañaba muchísimo a Cara Melo, le gustaría ver de nuevo a Rasmussen, y sin contar la gallina gigante de su Unnie, o el halcón del capitán uva.
El gigante, en su hospitalidad, también le ayudo con la herida en su brazo, o más bien le dio los implementos para los primeros auxilios, y la guio en vendarse mejor, aunque ninguno fuera médico. María nunca dejo de hablarle de esto y aquello, con su suave voz sirenezca, aunque ciertamente, divagaba un montón pero no por malicia, ella era así. Iban a pasar la noche en el barco, y a la mañana siguiente irían a la selva por Einarr mientras los Nakamas de la pelirrosada venían a buscarla. Para no dormir en cubierta, y considerando que era la amiga de Einarr, Kelvin le señalo una puerta que daba a la habitación del ángel.
María aun con Fenek en los brazos, se acercó lo más que pudo al gigante, inclinando su cabeza para verlo hacia arriba, eran casi 18 metros de altura — Gracias, Kelvin-sama… por protegerme de ese enano loco, por cuidarme, por traerme a tu barco, por alimentarme y porque mañana me llevaras a ver al Principe Einarr. Tu corazón es más grande que tú, en eso me recuerdas a Thrym-sama. Los gigantes son asombrosos, y ustedes dos en particular maravillosos — le sonrió con su alegría rebosante y la sinceridad de alguien que acaba de descubrir algo que valorar: La amistad con un gigante pelinegro. Ya no le decía ni gigantón, ni amigote, ni ningún mote que hiciera alusión a su tamaño, al igual que con el pelirrojo Thrym, se refería a él con respeto agregando el "sama" a su nombre. Algo que la mestiza pocas veces hacía, porque solía ponerles apodos a todos… aunque había alguien a quien aún no le había puesto uno, un alguien muy pelirrojo.
![[Imagen: Imagen3.jpg]](https://i.postimg.cc/xTt4fp4m/Imagen3.jpg)
Al traspasar la puerta de la habitación de Einarr, y cerrarla tras de sí, algo quedo muy claro. Si era su recamara, no porque lo hubiese dudado, sino porque podía verlo en cada rincón, en especial por las plumas aquí y allá. Dejando en el suelo a Fenek (la mascota de Kelvín), procedió a recoger una pluma blanca, y la sonrisa cálida que le generaba su amigo alado se formó en sus labios. Esperaba verlo pronto para contarle todo lo que había visto, para saber cómo ha estado, para puramente llenarse con su dulzura angelical. María como la buena cotilla que era, se paseo por toda la habitación, muy bien arreglada y que ella se encargo de desordenar, porque su amigo necesitaba caos en su vida. Vio los dibujos en las paredes, vio una pequeña cama dónde el peludito se sentó… aunque algo le decía que, si alguien dormía ahí, seguramente sería la Piruleta Hato. Luego de un rato se sentó en el escritorio, mas bien en la silla. Ahí leyó los apuntes de las exploraciones del joven pelinegro. Siendo fiel a sí misma, tomo la pluma y la lleno de tinta, seguía pensando que todo era muy ordenado…
“Querido Principe Einarr, no sé si aun estaré cerca cuando leas estas líneas que de breve no tendrán nada. ¿Imaginaste que estaría en tu habitación alguna vez? La verdad es que yo no pero ahora que lo estoy, solo puedo decirte que me alegra ser tu amiga, eres igual en el exterior y en el interior: único, adorable y especial. Si te preguntas quien desordeno la habitación, me declaro culpable. No puedes vivir en tanto orden…”
La pelirrosada se detuvo un momento, acariciando con la pluma su barbilla mientras su mirada se perdía a través de la escotilla. ¿Qué detuvo su escritura? Un destello pelirrojo, porque algo le decía que la habitación de él seguro estaba ordenada mucho más que esta, con regla milimétrica… sería tan divertido desordenársela también, aunque eso nunca iba a ocurrir, ellos no se volverían a encontrar jamás. Lo de Whisky Peak fue una casualidad, y las casualidades no se repiten… menos cuando dos caminos son tan opuestos.
“…te imagino ahora, bajo las estrellas escribiendo en tu libreta cada increíble descubrimiento. También he empezado a llevar una libreta, para no olvidarme de las cosas importantes: Geografía, Nombres, Gente Peligrosa… y cosas así, aunque a veces me distraigo y termino dibujando algún garabato, pero oye, funciona y me hace recordar, aunque pareciera que ya lo he olvidado. Además, Algodón de Azúcar me regalo muchos libros, los he estado estudiando, son sobre comercio… ¿Crees que algún día pueda ser una comerciante tan buena como lo eres tu en exploración? Si encuentras objetos valiosos en tus aventuras, prometo venderlos por ti y sacarle mucho dinero, puedes contar conmigo para hacerte un poco más rico cada día…”
Y así escribió cinco hojas para que fueran leídas por su alado compañero cuando él regresará a ese lugar. Luego, María procedió a limpiarse, odiaba estar sucia. Descarto su ropa, dejando solo sus botas negras, y se puso una camisa de Einarr que le serviría como Pijama. Él era más alto que ella, así que le quedaba holgada, a diferencia de la ropa de cierto pelirrojo que seguro le quedaría un poco más ajustada. La chica negó con la cabeza, tontos pensamientos estaban teniendo, unos que nunca se harían realidad. Acostándose en la cama, busco dormir, el pequeño Fenek la acompaño hasta que sus ojos se cerraron…
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Dia 88 de Invierno.
Año 16.
En algún lugar / Little Garden.
Año 16.
En algún lugar / Little Garden.
El sol anunciaba el día, colandose por la mirilla. Haciendo que la mestiza se despertara. La mascota de Kelvín ya no estaba, así que la chica solo salió de la habitación y se lanzo al mar. Como si fuese sonámbula. Necesitaba quitarse el sueño, y por supuesto bañarse para comenzar la aventura de la búsqueda. Luego regreso a la habitación, y sacando la ropa del birkaniano sin orden del closet, y dejandola tiradas por todos lados intento vestirse con algo que le ajustara, lo que era complicado: Él era hombre, él era mas alto… a él no parecía gustarle el color. Así que termino con un suéter negro overside, que arremango, un pantalón de mezclilla que corto para que le quedara como un short, se puso sus botas negras, una especie de pulsera de cuero que encontró entre las cosas del hombre, y se peino con dos chunguitos.
Cuando salió de la habitación, estaba lista para ir por su amigo — Kelvin-sama, buenos días temprano por la mañana, Yeehei — le saludo con su habitual alegría, eso ultimo se le escapo… lo había aprendido de su papá cangrejo, el que murió hacia ya casi 6 largos años. Despejando cualquier pensamiento triste de su cabeza, fue directo a la borda y se sentó en la baranda — ¿Lograste comunicarte con el Príncipe Einarr? ¿Sabes dónde ubicarlo? Si tenemos que rastrear cada árbol de esta islita lo haré, lo haremos… — le decía moviendo los pies de adelante hacia atrás — ¿Te digo un secreto? Desorganice su habitación, necesita caos en su vida, un caos distinto al de explorar. También cambie los dibujos de posición, y le dibuje algunas caritas a su ropa… ¿Por qué hay tanto negro entre ustedes? ¿Es una nueva moda? O sea, no me queda mal, pero me gusta más el blanco y los colores — mientras hablaba vio su nueva ropa, el negro combinaba con su cabellera rosada.
María se quedo ahí, compartiendo con el gigante pelinegro hasta que él decidiera que ya era hora de internarse a la selva…
Cuando salió de la habitación, estaba lista para ir por su amigo — Kelvin-sama, buenos días temprano por la mañana, Yeehei — le saludo con su habitual alegría, eso ultimo se le escapo… lo había aprendido de su papá cangrejo, el que murió hacia ya casi 6 largos años. Despejando cualquier pensamiento triste de su cabeza, fue directo a la borda y se sentó en la baranda — ¿Lograste comunicarte con el Príncipe Einarr? ¿Sabes dónde ubicarlo? Si tenemos que rastrear cada árbol de esta islita lo haré, lo haremos… — le decía moviendo los pies de adelante hacia atrás — ¿Te digo un secreto? Desorganice su habitación, necesita caos en su vida, un caos distinto al de explorar. También cambie los dibujos de posición, y le dibuje algunas caritas a su ropa… ¿Por qué hay tanto negro entre ustedes? ¿Es una nueva moda? O sea, no me queda mal, pero me gusta más el blanco y los colores — mientras hablaba vio su nueva ropa, el negro combinaba con su cabellera rosada.
María se quedo ahí, compartiendo con el gigante pelinegro hasta que él decidiera que ya era hora de internarse a la selva…
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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