[Presente Relativo] [Priv] A Tavern's Swing
#1
En aquella isla donde había encallado había mucho lugar para explorar. El Reino de Samba tenía muchos sitios y muy distintos entre ellos debido a su polaridad económica. Lamentablemente — para quienes la veían de afuera, más no para ella misma porque la verdad vive sin enterarse — Dolly decidió que irse a las zonas más cercanas al río era la mejor idea. Caminaba por allí con mucho afán, con movimientos ligeramente exagerados que recordaban a una caricatura donde las articulaciones son casi opcionales. La gente que trabajaba por allí la esquivaba, sus rostros de cansancio, las gotas de sudor cayendo por sus frentes debido a la alta humedad del ambiente. Ella era absolutamente externa a todo lo que se veía pasando allí. En su cabeza lo único que pasaba era todo aquello que expresaba en voz alta, porque con una persona tan parlanchina como ella era complicado que todo se quede en su cabeza.

Hace un sonido de duda en buen volumen — Veamos… ¿¡Qué hARÍA un pirata en mi situaciÓN!? ¡aYE Aye! — se detiene en sus pasos y se rasca su redondeada barbilla con la mano enguantada. Sus ojos se ponen a analizar todo a su alrededor. Una tienda de zapatos, tentadora. Un pequeño orfanato destartalado que daba de todo menos pinta a tener algún tesoro dentro… Todavía más tentador. Sin embargo, cualquier pensamiento de destrucción se borra de su cabeza en cuanto ve un pequeño cartel de madera colgado de una cadena, mientras a la otra le falta un eslabón. Sus ojos se iluminan, su cerebro hace una costosa pero lógica conexión neuronal. “Taberna”, un bar de mala muerte.

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— ¡RON! ¡LoS PIRATAS beben rON! —

No dudó ni un segundo, sus pasos brutos se apresuraron hacia aquella puerta. Abrió la descuidada puerta, que había visto más de un golpe y algún manchón con alguna botella de licor. En cuestión de segundos, sus ojos se tuvieron que acostumbrar a una abrupta oscuridad, solo iluminada por algunas velas tenues casi que ubicadas solo en las esquinas. Los rostros que allí se veían no parecía ninguno agradable. Varias mesas redondas con enormes y peludas espaldas, algunos de ellos se giran y juzgan a la niña sonriente que acababa de entrar. No por ser una niña, sino por sus kilométricos brazos y su extraño aspecto general. Su sonrisa de oreja a oreja de puntiagudos dientes se dirigen directo hacia la barra, dirigiendo algunas miradas y alguna que otra cómplice guiñada de ojo a los mismos criminales que había allí. Como si con esa guiñada confirmaran una amistad de altamar que dictaba que en algún punto ella podría ser la capitana de cualquiera de ellos. Pero no, no era ni remotamente similar a ese sentimiento. Solo confundía a todos los que estaban allí.

Cuando llega finalmente a la parte más cercana al bartender, da un salto ayudándose del borde de la barra. Girando sin querer en aquella butaca — ¡WoW! — amaga a caerse y su brazo largo empuja una jarra ajena al suelo. Una mirada de molestia se dirige directamente hacia ella, a la que le dirige otra guiñada de ojo — ¡Lo siENTO, mAloliente CamARADA! ¡Ya podrás TomAR otra en cuanto me distRAIGA! ¡Nye-HEHeHE! — No se daba cuenta que quizás eso fuese a generarle un problema dentro de nada. Encara directo hacia el bartender — ¡Y hablando soBRE ESO! ¡Te PIDO un BUEn RON! ¡El mejor que TENGAS! — Nunca había probado el ron, no tenía idea de a qué sabía. Pero, además, el bartender se mostró reacio con un ceño fruncido. No se sabía todavía si por el hecho de que se lo esté pidiendo una niña o por la situación con el otro cliente.
꩜ HabLA ꩜ Piensa (Más bien poco) ꩜ Narra ꩜


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#2



En esos momentos, Bonez se encontraba fumando y bebiendo en la barra de la taberna, minutos antes de que Dolly irrumpiera en el lugar. Aquel ambiente sombrío y decadente era perfecto para ahogar sus males en alcohol. Aunque no se trataba exactamente de pena o tristeza, sino más bien de una profunda decepción por no haber logrado alcanzar a Tensui después de que a este le cortaran la pierna y su tripulación partiera rumbo a Baquella.

Una vez más, había quedado varado en aquella isla de Samba, sin posibilidad inmediata de continuar su camino. Tendría que comenzar desde cero si deseaba salir cuanto antes de ese lugar.

La tonada que sonaba en la rocola era lenta y melancólica, lo que empujaba a Bonez a beber vaso tras vaso mientras soltaba suspiros cargados de resignación por lo ocurrido.

Bones en aquellos momentos en el bar.


Fue en medio de aquella sesión de whisky y esa pasajera depresión que afectaba al médico brujo cuando sintió la puerta abrirse de golpe, dando paso a una chica tan particular como extraña. A simple vista, parecía conocer a algunos de los presentes, pues lanzaba guiños poco sutiles a diestra y siniestra. Sin embargo, tanto Bonez como el resto de los clientes observaban la escena con una expresión compartida de “¿qué demonios está pasando?”.
De pronto, la joven comenzó a girar sobre uno de los taburetes hasta terminar derribando la jarra de cerveza de uno de los hombres del lugar. El líquido se esparció por la madera, y fue entonces cuando Bonez fijó su mirada en ella, notando que ahora se encontraba sentada peligrosamente cerca.

Cuando la chica terminó de sembrar el caos a su alrededor, se giró hacia el barman y pidió su “mejor ron”. No era mucho decir en un sitio como aquel, donde la calidad importaba poco; lo esencial para los presentes era borrar sus malas memorias, aunque fuera por unos segundos, ahogándolas en alcohol.

El gesto de incomodidad del cantinero habría provocado una carcajada inmediata en Bonez de no haber contenido la risa. En su lugar, intervino con calma.

—Ya la oíste… dale de ese ron verde importado de ahí —dijo, señalando con el mentón una botella que, en realidad, no era más que una mezcla sin alcohol de lima y tónica dulce—.

Aquella bebida podía sacarlo de apuros: tenía un leve amargor que simulaba el alcohol sin traer sus consecuencias.
—No te preocupes, esta ronda invito yo —añadió, dirigiéndose a la peculiar chica que, incluso en medio de su apatía, había logrado captar su atención.

El barman entendió de inmediato la intención de Bonez y asintió en silencio, sirviendo la bebida en una jarra antes de deslizarla hacia la joven.

Bonez volvió a tomar la palabra, observándola con curiosidad, analizando cada detalle de su apariencia, desde sus largos brazos hasta su sombrero de copa.

—En todo el tiempo que he estado en Samba, recordaría haber visto a alguien como tú… ¿Acaso llegaste hace poco a la isla?
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#3
Finalmente, caras amables a una creación malévola y deforme. Un poco de compañerismo entre alcohólicos en el hueco que había dejado el espectacular show de poco control corporal que acababa de cometer Dolly. Lo mira fijamente en lo que comienza a tomar la palabra aquel hombre de tez trigueña. Todo lo que sale de aquella boca es literalmente lo que la niña había entendido, más allá de creerse completamente la mentira que estaban cocinando entre él y el bartender. Ve aquel vaso verdoso acercarse directamente al borde de la barra, esta vez de su lado. Los brazos de Dolly no pueden cruzarse en aquella madera como hacían todos aquellos hombres malhumorados pues, a fin de cuentas, estos medían el doble que los de cualquiera de ellos. Estos mismos cuelgan a ambos lados de su asiento, se doblan en su codo — casi a la altura de sus pies — y vuelven a subir para que sus dos manos enguantadas agarren el brebaje. Envía aquella jarra directo a sus labios, inclinándose ligeramente hacia atrás en lo que bebía apuradamente, sin miedo a atragantarse.

Deja casi que caer con sus manos la jarra de vuelta hacia esa tosca madera. Suspira y su rostro imita una cara de amargor. Como si hubiese tomado realmente un trago muy fuerte y muy profundo, como si fuese un pirata que acaba de probar un litro de agua de mar. Que parece desagradarle, pero que en realidad no ha sido para tanto. Lo hace por la imagen que dar al resto y porque ella, en definitiva, se creyó que realmente era un ron bueno — ¡BUF! ¡PoDRÍA aCostumbrARME A esto! ¡AYe, aYE! — exclama, casi a los gritos. Encara directo hacia Bones esta vez — ¡MucHAS gracias, sombrero zarrapastrOSO! ¡uN hombre que usa un sombrero, por feo que sea, siempre serÁ MÁS SABIO que nadie! — exclama, para luego pegarse una palmada en la rodilla.


— ¡NyE-HEheHEhe! — se ríe de su propio chiste. Nadie más se ríe sobre eso, sino que más bien la miran extrañados.

Cuando termina de reírse es que escucha finalmente las palabras de aquel hombre tatuado y con elegante presencia. Así como huele el cigarrillo que está fumando. Ahora sí, apoya su codo directo sobre la barra, ocupando casi la totalidad de su grosor y casi pudiendo rozar al bartender con él, para encarar la conversación — Ya sabes como somos las PIRATAS de verdad, no podemos quedarnos quietas en un sitio ¡AyE, AYE! — no era oficialmente una pirata. No tenía barco. No había subido nunca a uno del que ella tuviera memoria. Tampoco había robado a nadie más que a sus captores y sobraba decir que apenas si había llegado en cuatro trozos de chatarra flotantes. Pero esas cosas no tienen por qué contarse, la imagen de cara a hombres que pudieran ser en un futuro tripulantes enemigos era importante. Así lo veía ella, al menos.

— ¡Puedes decirme DOLLY, media copa! — una forma bastante difamante de llamar a un sombrero que no era extraordinariamente largo como el suyo propio. Le pega una palmada en el hombro con el dorso de la mano, como incitando a que él se presente ahora — ¿Y tú, bribón? ¡EstOY SEGURA de que de haber visto un sombrero eneMIGO por ahÍ me hubiese parado a enfrentARLO! ¡AyE, AYE! — insultar a la gente era parte de la personalidad de Dolly, así como no se sabe siempre a ciencia cierta si está diciendo la verdad o mintiendo. Por lo mismo, con ese enfrentamiento del que habla, aunque se escapa entre sus dientes algún pequeño sonido de risa, hay algo de su relato que no parecía tan mentira. Como si realmente pudiera estar dispuesta a luchar a muerte con alguien por la presencia de un sombrero.
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#4
El rostro del médico brujo lo decía todo; aquella broma no le había gustado en lo más mínimo. Sobre todo porque recién conocía a esa pequeña entrometida y ya se había tomado la libertad de meterse con su sombrero. El impulso que recorrió todo su cuerpo fue inmediato: patear el banquillo en el que se encontraba sentada aquella chica solo para verla caer de cara contra los tablones de madera del suelo. La imagen era tentadora, casi satisfactoria de imaginar.
Sin embargo, Bones sabía muy bien cómo terminaría aquello. Solo lograría ganarse una mala reputación por meterse con una chica menor, y no estaba dispuesto a cargar con ese tipo de tonterías por un arranque de orgullo.
Así que hizo lo único que su autocontrol le permitió en ese momento.

Se tragó el orgullo.

No dijo nada al principio, pero su expresión lo decía todo. Sus ojos se clavaron en la chica con una mirada asesina, una de esas miradas frías que parecían prometer problemas si alguien insistía demasiado. Mientras tanto, el tipo detrás de la barra apenas lograba contener la risa. Su rostro enrojecido y los pequeños temblores en sus hombros dejaban claro que estaba disfrutando demasiado ver al médico brujo enfadarse ante las palabras atrevidas de aquella muchacha.

Finalmente Bones habló.

—Si vas a ser una pirata, creo que es mejor que te vaya dando un consejo. Si vas a aceptar un trago en un bar de mala muerte, más te vale cuidar tu boca. Nunca se sabe cuándo alguien puede azotar tu cabeza contra la barra del bar… y termines con ese vaso en el fondo de tu tráquea, brazos largos.

Su tono era hostil, seco, cargado con una irritación que llevaba acumulada desde antes de que la chica siquiera apareciera. Ya estaba de mal humor, y lo último que necesitaba era convertirse en el blanco de las bromas de una chica tan extraña como esa.

Sin embargo, antes de que la muchacha pudiera responderle, algo ocurrió.

Bones escuchó una voz.

No una voz cualquiera.

Era una voz familiar, susurrante… casi de ultratumba.

Un escalofrío recorrió su espalda desde la base de la nuca hasta la columna. Aquella sensación era imposible de confundir. Nadie más en el bar podía escucharla.

—Es ella… es el destino hacia las nuevas tierras.

El susurro femenino resonó en su mente como una corriente fría atravesando sus pensamientos.
Bones quedó completamente shockeado.

Desde que había abandonado Centaurea no había vuelto a escuchar las voces de los espíritus guiándolo como lo hacían antes. Durante semanas había caminado prácticamente a ciegas, esperando alguna señal, alguna palabra que indicara hacia dónde debía dirigirse. Y ahora, de repente, aquella voz regresaba en el momento menos esperado.
Su mente quedó suspendida por un instante.

Mientras la chica seguía hablando frente a él, Bones observaba sus labios moverse, pero no escuchaba nada de lo que decía. Su mente estaba demasiado ocupada intentando comprender lo que acababa de escuchar.
Cuando finalmente logró volver en sí, regresando a la realidad de la conversación, permaneció en silencio durante unos segundos.

Luego habló con calma.

—Discúlpame… debo ir al baño.

Se levantó de su asiento con cierta prisa, caminando hacia una puerta al fondo del local donde colgaba un cartel que decía “Baños masculinos”. Entró, cerró con llave detrás de sí y, apenas estuvo solo, se quitó el sombrero.
Acto seguido abrió el grifo y se arrojó un buen puñado de agua en el rostro.

Respiró hondo.

Intentaba calmarse.

Aunque en realidad lo único que sentía era la agitación creciendo dentro de su pecho al notar aquella conexión espiritual formarse nuevamente.

—Debes estar bromeando…

Su voz resonó en el pequeño baño.

—Todo este tiempo he estado esperando una palabra que me guíe, esperando una señal de dónde tengo que ir… ¿y me dices que es ella con quien tengo que embarcarme?

Su tono era furioso mientras se sostenía del lavamanos.

La voz volvió a manifestarse.

—Los hilos del destino están enlaza—

Pero Bones la interrumpió de inmediato, levantando una mano como si estuviera cortando la frase en el aire como si ya la hubiera escuchado miles de veces cuando le preguntaba algo a las voces del más allá.

—Sí, sí, ya lo sé.

Suspiró con irritación.

—“Los hilos del destino están enlazados con fibras inquebrantables”.

Sacudió la cabeza con fastidio.

—Siempre repites la misma consigna.

Había escuchado esa frase tantas veces que ya parecía grabada en su mente. Cada vez que dudaba de aquellas voces, la respuesta era exactamente la misma.

—¿Así que quieres decir que mi destino está enlazado con ella?

Soltó un quejido irritado mientras se frotaba el entrecejo con los dedos, como alguien que está a punto de perder la paciencia, aunque ya por lo menos le alegraba un poco que pudiera salir de esa isla de una buena vez.

—Entonces qué… ¿es parte de una tripulación? Espero que el resto de esos tipos no estén tan mal de la cabeza como ella.

La situación ya era bastante mala de por sí, pero al menos esperaba que algo bueno saliera de todo aquello.
Entonces llegó la respuesta.

—Ella… será tu capitana.

El silencio que siguió duró apenas una fracción de segundo.

Y luego explotó.

—¡¿QUÉ MIERDA DIJISTE?!

Su voz resonó por todo el bar, atravesando las paredes del baño.

—¡¡NO!!… ¡¡NO!! ¡JÓDETE, JÓDETE TÚ Y TODAS LAS ALMAS DEL CAUDAL DE LOS MUERTOS! ¡ESO NO VA A PASAR!

Era un grito nacido desde lo más profundo del alma.

Simplemente no podía entender cómo una chica tan extraña, excéntrica y descarada podía terminar ocupando semejante lugar en su destino.

La voz intentó hablar nuevamente.

—Los hilos del—

—Agh… ya cállate de una vez.

Bones se colocó nuevamente el sombrero y abrió la puerta del baño de una patada, saliendo con un malhumor pocas veces visto incluso en él.

En ese momento, el tipo al que Dolly le había derribado la cerveza se levantó de su asiento, claramente decidido a confrontarlo para que pagara por el trago perdido.

Pero no alcanzó a terminar su reclamo.

Bones sacó una carta con un movimiento rápido de los dedos y la lanzó con precisión quirúrgica.
La carta pasó como una cuchilla.

Dos dedos cayeron al suelo.

El hombre soltó un grito desgarrador mientras caía de rodillas, sujetándose la mano mutilada mientras la sangre comenzaba a manchar el suelo del bar.

Bones simplemente caminó hasta la barra y volvió a sentarse

Su expresión era la de alguien que no tenía paciencia para nada.

Permaneció en silencio durante unos segundos antes de llevar su mano izquierda a la frente, masajeando lentamente mientras su brazo descansaba sobre la barra. Una fuerte jaqueca comenzaba a acumularse detrás de sus ojos.
Finalmente habló.

—Me dicen Dr. Bones.

Respondió de manera seca a la pregunta que la chica de los brazos largos le había hecho antes de marcharse.

—…Y más te vale decirme que al menos tienes un barco. Ya no le importaba si la pregunta tendria sentido o no, pero a decir verdad no tenia ya paciencia alguna.
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