[Pasado] Opening Hearts | [Social] [Priv. Tezca] | [+18]
#1
Aquella noche había sido más tranquila de lo que creía. Un silencio, donde compartía ahora la cama con el rubio que tenía al lado. No había habido, hasta entonces, el humor suficiente para hacer cualquier cosa. No es que lo buscara tampoco, solo quería estar a su lado un rato, solo un poco. Solo deseó sentir su cercanía, estar acompañado de quien más necesitaba en ese momento. Escucharlo respirar, verlo con los ojos cerrados, velar por su descanso y su sueño. Al final no habían cenado, tampoco es que con el humor que habían regresado hubieran podido comer en condiciones.

Hubo una sola cosa que esa noche le rondó la cabeza, dificultándole el sueño. Las palabras que había pronunciado, la promesa silenciosa que había dado. No mentía, planeaba hacerlo, pero no significaba que no tuviera temores. ¿Qué pensaría de él? ¿Qué haría? ¿Quizás no lo vería de la misma forma? Quiso darle esa confianza, aquella que le había prometido en silencio. Cerró los ojos, abrazándose más a él, pudiendo sentir su olor, su presencia, cosas que extrañamente lo calmaban. Curioso que estuviera usando sus propios productos de limpieza pero su esencia se mantuviera intacta. Le gustaba aquello. Cubrió sus cuerpos con las sábanas, su brazo se estiraba por debajo de la cabeza del contrario. Su mirada era lejana, pero solo llenándose del pensamiento de su acompañante, su amado. Hasta entonces no había pensado en el "amor" como algo real, sino una simple fantasía que él desconocía. Todo era nuevo para él desde el momento que lo conoció. Cierto era que al inicio no había mucho que mencionar, no había sentimiento, solo las cosas se dieron, él lo aprovechó y ahora... ¿Quién le iba a decir que iba a terminar así? 

Acercó con cuidado el rostro ajeno contra su pecho de forma protectora, reposando su mentón sobre la cabeza ajena, plantando un beso que duró más de lo previsto. Necesitaba que ese hombre estuviera a salvo, a costa de lo que fuera, incluso si se veía obligado a alejarse un tiempo para alcanzar sus metas. Cuidó su cabello, deslizándolo detrás de su oreja, solo queriendo ver por un tiempo más su rostro, solo un poco más antes de...

[***]

Parpadeó, la luz del sol dándole directamente a la cara por los cristales de la ventana. Se revolcó un poco en la cama, solo para que su subconsciente le hiciera recordar que no estaba solo en la cama. Un momento, ¿cuándo se había dormido? Sintió su brazo adormecido por la postura y el peso de la cabeza ajena, a quien vio todavía descansando, sus ojos cerrados. La mirada regresó de la misma forma que la noche anterior, con un cariño silencioso antes de, después de besar el lateral de su cabeza, por encima de su oído para no despertarlo, comenzar a moverse, con el máximo cuidado posible. Seguía con sus pantalones puestos, el pecho al descubierto. Miró de reojo una vez más a Tezca, paseando con cuidado la mano sobre su cabeza para acariciarlo con el mismo cuidado inicial. No pudo evitar una pequeña sonrisa, parecía que siempre que lo veía dormir... lo adoraba. Cada vez más convencido de que se veía adorable dormido. Tomó su cajita de metal, retirando uno de sus cigarrillos y, una vez más, mentalizándose por lo que se venía. El sonido del mechero fue su único acompañante, el humo, el tono anaranjado entre sus labios y sus propios pensamientos. Las marcas de su cuello solo habían empeorado, volviéndose todavía más visibles que en el momento del ataque de su propio jefe.


No hubo palabras, solo una mirada de reojo antes de ponerse en pie, cubriendo el cuerpo de Tezca una vez más con las sábanas y caminó, descalzo, hasta la cocina. El cigarrillo lo acompañaba, dejando un camino de humo a medida que sus pasos se adentraban al lugar y, una vez allí, se vio confundido. Hacía demasiado que no cocinaba algo para él, mucho menos lo había hecho para otra persona. Rascó su nuca, ahora tratando de recordar lo básico. ¿Siquiera le quedaba algo más en la nevera? Tuvo que revisarlo mientras el café sí se hacía. La fortuna de que era de lo más básico era algo. Terminó con algo sencillo, como huevos, eso era sencillo, además el bacon también era algo fácil de visualizar y saber si estaba muy hecho o poco. Por primera vez se planteó la idea de reaprender a cocinar una vez más. No le había prestado tanta atención hasta entonces. Se cocinaba cosas básicas, o dejaba que alguna criada lo hiciera, incluso solo recurriendo a veces a restaurantes. Frotó sus ojos con cansancio, viendo la sartén frente a él. No podía estar haciendo tanto el ridículo. La yema estaba destrozada, ya ni sabía romper bien un huevo sin dejarlo destruido, al menos podía dar la excusa de que solo era "huevo revuelto", con eso quizás salvara el día. En primer lugar, ¿por qué diantres cocinaba para alguien que no era él? Apagó en cigarrillo, dejando salir el último halo de humo que quedaba antes de, después de reacomodar todo, regresar al dormitorio. ¿Habría despertado ya? 

Solo pudo emitir una leve risita al verlo todavía en la cama. Comenzaba a comprender que el sueño era algo que parecía apreciar. Mejor así, debía de estar cansado después de aquellos días tan agotadores. Se acercó a sus espaldas, sentándose de nuevo en la cama, poniéndose de lado para acariciar el rostro del rubio. —Tezca. — Su voz sonó suave, lenta, su rostro descendiendo hasta que un beso se posicionó sobre su cabeza. —Es algo tarde, tienes el desayuno listo. No me obligues a despertarte a la fuerza. — Podría volver a recurrir a la misma "amenaza" que utilizó la primera vez, pero ahora que ambos tenían un poco más de tiempo libre, obviamente no iba a hacerlo, porque terminaría cumpliéndolo y ya ni era una amenaza, era un hecho. Por ahora, deseaba que el rubio renovara sus fuerzas, mismas que había perdido probablemente en esos días. Volvió a besarlo. 

 
—Además, me gustaría poder desayunar juntos.

Esperó a ver su reacción, esperaba no insistirle demasiado, le daba un poco de dolor tener que despertarlo y romper ese descanso que tanto se había merecido. Quizás lo dejara dormir más tarde, pero sus palabras eran reales.

[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#2
Había dormido como pocas veces; la cama del hombre y el hombre mismo eran muy cómodos. En la noche podía percibir cómo me movía, casi por instinto, para acercarme a su pecho, buscando su tacto como un necesitado que no sabe pedir pero sí aferrarse. Mi cuerpo parecía decidir antes que mi orgullo, deslizándose apenas bajo las mantas hasta encontrar el calor que irradiaba de él. Al menos estaba dormido y el mayor no podía notarlo… o al menos eso quería creer.
 
Su respiración era profunda, constante, un vaivén que marcaba el ritmo de la madrugada. Me acomodé siguiendo ese compás, como si mi descanso dependiera de sincronizarme con él. No recordaba la última vez que me había permitido tal cercanía sin tensarme, sin mantener un ojo abierto, preparado para marcharme al primer indicio de incomodidad. Pero allí no hubo sobresaltos, ni ruidos ajenos, ni el crujir incómodo de colchones desconocidos.
 
Era diferente a los hostales; diferente a cualquier refugio improvisado. No era solo la suavidad de las sábanas ni el aroma tenue que impregnaba la habitación, una mezcla de jabón y algo más personal, más suyo. Era la sensación extraña y reconfortante de pertenencia. Como si ese espacio, reducido y silencioso, me aceptara sin condiciones. Como si, por unas horas, no estuviera de paso.
 
Entre sueños, recuerdo haber apoyado la frente contra su pecho, escuchando el latido firme bajo la piel. No había urgencia, no había deseo desbordado, solo una necesidad tranquila de cercanía. Y en ese gesto sencillo encontré algo inesperado: descanso verdadero. Como si, por primera vez en mucho tiempo, no estuviera huyendo de nada.
 
Y entonces una voz me despertó. ¿En qué sueño tan profundo había caído que ni siquiera percibí que el hombre se había movido? Normalmente cualquier cambio en el colchón bastaba para arrancarme del descanso, pero aquella mañana mi cuerpo parecía anclado a un letargo pesado y tibio, como si la noche me hubiese abrazado con demasiada fuerza.
 
Parpadeé varias veces antes de enfocar su silueta. La luz que se filtraba por la ventana delineaba su figura con un resplandor pálido, casi irreal. Esta vez no reaccioné con molestia; no hubo gruñidos ni quejas. Me incorporé poco a poco sobre el colchón, el cabello cayéndome sobre el rostro mientras lo miraba con pereza, aún atrapado entre el sueño y la pereza. —¿Es realmente tan tarde? ¿Cuánto dormí? —murmuré, estirándome con cuidado, procurando no darle un golpe accidental mientras procesaba sus palabras.
 
Sentí cómo mis músculos protestaban suavemente por el movimiento, aunque no era dolor; era más bien la resistencia placentera de quien ha descansado de verdad. Entonces entendí lo que decía y abrí un poco más los ojos. —Carajo… ¿hiciste el desayuno? —alcé una ceja, una sonrisa ladeada formándose sin permiso. —Ja, cosechas lo que siembras, ¿me entiendes? —
 
Mi tono llevaba una ligereza que pocas veces permitía. Me aparté las sábanas y apoyé los pies en el suelo, desperezándome una vez más antes de ponerme de pie. El aire fresco de la mañana me terminó de despejar, pero la calidez residual de la cama seguía pegada a mi piel. —¿Qué esperas? ¡Vamos! — añadí, ahora más despierto, aguardándolo con una energía renovada que contrastaba con la pereza inicial. Si había desayuno esperándonos, pensaba aprovecharlo… y también ese extraño bienestar que aún no terminaba de desvanecerse.
  Responder
#3
La mano se paseó por su cabello cuando se estiraba, apartándolo de su rostro. Se veía más descansado, algo que, pese a lo ocurrido, le aliviaba de sobremanera. Sintió la calma llenar su interior al punto de que sus propios hombros se relajaron.

—Dormiste bastante, eso es bueno.

Le hacía falta descansar después de tanto estrés, cansancio y emociones fuertes en tan pocos días. En el momento que se apartó, él también hizo lo mismo, poniéndose en pie y caminando calmadamente hasta la cocina. 

—Sí, hice el desayuno...

¿Por qué ahora se sentía tímido? No es que pudiera verlo ahora directamente, pero sus orejas estaban encendidas en el rojo de su rubor. Carraspeó, fingiendo completa ignorancia. —No estás equivocado, uno cosecha lo que siembra, pero al menos hice para dos personas. — Un pequeño detalle divertido, recordando el momento que el rubio había sido quien hizo primero algo de comer para ellos. Caminó con calma, la mesa estaba puesta solo con dos tazas de café. —Siéntate donde te veas más cómodo. — Pronunció señalando la mesa, donde había ahora dos sillas una a cada lado de la misma, dándole la opción a elegir lo que quisiera. 

Tomó los dos platos, no es que se vieran lo más elegantes precisamente, la clara de dos huevos estaba destruida al intentar romperlos, pero el corte del bacon estaba impecable. No sabía manejar katanas por casualidad y era mejor no ver la pelea interna que le había supuesto conseguir uno de esos huevos en condiciones, el mismo que dejó frente a Tezca y, por su parte, quedándose el que estaba destrozado. 

Se sentó, con la taza de café aun lado, la cajita de tabaco cerrada sobre la misma mesa, al lado opuesto. Tenía el mono, desde luego, pero no le urgía tanto. Solo quiso ver la reacción de Tezca, ¿lo habría hecho bien? ¿Se reiría quizás? ¿Por qué diantres se preguntaba cosas tan... básicas? Elevó su mano, dejando escapar un suspiro, acariciando involuntariamente la cicatriz de su frente cuando se la frotó en un intento de calmar sus nervios. 

Sus ojos descendieron hacia el plato, con el huevo destruido y el bacon perfectamente cocinado. Comenzó a saborearlo con su diestra, en un corto silencio, hasta que descendió su zurda, elevando la mirada hacia el contrario. Al menos sabía bien. —Tezca... ¿Recuerdas lo que te dije?— Hizo una pausa, elevando su mirada hacia el contrario, buscando su mirada calmadamente. 

—Sobre... que te contaría sobre mí si te lo ganabas.

Su mirada estaba perdida, volviendo a descenderla hacia la comida. Sus ojos saltaron de vuelta a la cajita de tabaco, siendo que el mono no hizo más que incrementar. Sus nervios no estaban siendo los mejores en ese momento, no sabía tampoco cómo gestionarlos. —Creo que te lo has ganado de sobra. — Su voz sonaba en una mezcla de seguridad y temor. Tomó la cajita de metal, abriéndola, retirando un cigarrillo y colocándolo en sus labios para encenderlo. 

—La cicatriz, mi pasado... Pregunta todo lo que quieras saber sobre mí.

Dejó salir el humo, estirando su otra mano, buscando el tacto ajeno, con la mirada calmada. —Sé que tienes más curiosidad por la cicatriz, y te conté algo vagamente, pero empezaré siendo más claro con eso. — Cerró sus ojos, ahora apartando su mano de forma insegura, más por evitar que percibiera el temblor y el sudor en las mismas que por rechazo. —No nací huérfano. Típico de familia desestructurada; padre alcohólico, madre que dio a luz sin querer un hijo, lo típico, supongo. — ¿Lo era? Había conocido demasiado en ese trabajo, y el patrón solía ser habitual en los criminales. —Palizas, culpas... cosas así. Mi vieja un día solo buscó culparme de estar atada a mi padre después de una de esas locuras, quién sabe si por estrés o por intentar culparme de haber nacido. Era algo que me había dejado muy claro; de no haberlo hecho, ella ya habría huido. Quizás fuera cierto, quizás no. — Conocía casos en que sus madres dejaban atrás a sus hijos también y hacían su propia vida sin preguntar sobre aquellos a quienes dieron luz primero. —Se volvió loca, aprovechó una de las botellas de mi padre y bueno, el resto es historia. Sé que poco después de que yo naciera cayó en la drogadicción. Puede que su arrebato fuera también por eso, quién sabe. — Señaló su cicatriz. —Solo recuerdo sus ojos, su pelo, los dos desnutridos prácticamente, ella descargando su rabia, cosas así. Cuando pasó era un renacuajo, no te sé decir qué edad tendría entonces. ¿Cinco? ¿Ocho años quizás? A saber. Sé que veía sangre, la escuchaba gritarme y nadie ayudaba. Creo que eso me hizo darme cuenta de que, a la larga, no importas a nadie, y solo puedes ayudarte tú mismo. — Descendió su mano, expulsando el humo de sus pulmones, acercando un cenicero de un mueble. —No es algo agradable de recordar. El resto solo fue negro, desperté en el mismo dormitorio con la cabeza vendada. Éramos pobres, así que solo agarraron un médico de por allí que paró la hemorragia, pero nunca terminó de sanar bien. Ir a un médico era prácticamente imposible con el poco dinero que teníamos. — por ello cuando lo golpeaban en esa zona, sabía que era un punto débil. Fingía no ser el caso. Se sentó de nuevo, colocando el cenicero sobre la mesa, dejando caer la ceniza de su cigarrillo. —Eres el primero al que le cuento esto, y que sabe qué pasó además de mí y los que lo provocaron. — Aunque nunca supo cuál fue el “médico” que lo llegó a tratar en aquella época. No es que saliera demasiado ni le permitieran hacerlo.
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#4
Me senté frente a él, tomando furtivamente una de las tazas de café para darle un sorbo. El calor amargo me recorrió la garganta y solté un suspiro bajo, casi satisfecho, mientras lo observaba moverse al otro lado de la mesa. Había algo curiosamente hipnótico en la forma en que se desenvolvía, en esos gestos cotidianos que parecían hechos sin pensar.
 
Fue entonces cuando noté el pequeño accidente: el huevo roto.
 
Mi mirada se detuvo en él por un instante más de lo necesario, siguiendo la forma en que la yema simplemente se había rendido e Incliné ligeramente la cabeza, apoyando el codo sobre la mesa mientras daba otro sorbo al café, sin apartar del todo la vista. —Oye ¿Por qué me das el impecable y te quedas con el huevo roto? — Me quejé frunciendo el ceño, aprovechando un pequeño momento para cambiar los platos con brusquedad y sentarme satisfecho una vez más en la silla.
 
Mis ojos siguieron desde la cajita hasta sus labios, entrecerrando ligeramente los ojos con molestía pero reconociendo que no podía decirle nada en contra y claro que me merecía esa información, aunque en este momento no estaba tan seguro de anhelarla como antes, es decir ¿realmente importaba el pasado? Aún así no detuve al hombre, dándole una mordida al bacon. Me mantuve en silencio mientras lo contaba, mirándolo con atención, era peor de lo que imaginaba, bastante denso y solo pude evitar mis reacciones desviando ligeramente la mirada. —Y aun con eso eres la persona que eres hoy ¿me entiendes? — Para bien o para mal, era lo único que realmente podía decirle sin mentir. Dejé de comer, cruzándome de brazos ciertamente pensativo y lo miré, solo eso, lo miré, terminando estirar el brazo para intentar alcanzar el suyo. —Pues a la mierda quien lo sabe y a la mierda quien no. A la mierda todos… Esas son cosas por las que no debería pasar un niño. —mascullé, retirando mi brazo para contar el huevo y darle un mordisco. Estaba delicioso, por supuesto y aunque no fuera el caso me convencería de ello. —No voy a preguntar, solo habla de lo que quieras hablar y ya… No te obligaré. —
  Responder
#5
Elevó sus cejas con cierta confusión. ¿Por qué prefería un huevo destruido y sin cuidado al que le acababa de ofrecer? Si no pudo quejarse o frenarlo fue especialmente porque el cigarrillo ahora le impedía apartarlo. Sí, era ambidiestro, pero tampoco quería una discusión estúpida por algo tan banal. Solo volteó la mirada, expulsando el humo de sus pulmones despreocupadamente.

—Porque eres Tezca Norova.

Siempre lo repetía, pero parecía que a veces tenía que recordarle que, a diferencia de otros hombres o mujeres con las que hubiera compartido su tiempo, no había ninguno como él. De hecho nunca recordó haber cocinado siquiera para nadie, ni para un simple café. —La próxima vez, solo acéptalo, o los rompo los dos. 

El cigarrillo que se encontraba entre los dedos ahora se acercaba al cenicero, utilizando su pulgar para dar una leve sacudida al objeto y dejar caer el exceso de ceniza. En un principio, sin observar al contrario. La inseguridad lo volvía a atormentar, dado que, claramente, no lo había conocido como nadie más que el tipo que era hoy. Cierto, su tipo de trabajo no era el más legal, no es que el suyo tampoco lo fuera realmente. Sus palabras lo calmaron, haciendo que sus ojos regresaran al contrario. Aparentemente, Tezca parecía, sin duda, ser diferente, como ya se suponía que lo sabía bien. Hasta entonces no se percató de la tensión hasta que sus hombros decayeron lentamente. 

Extrañamente, pese a que nunca buscó las palabras que ahora le entregaba el rubio, su pecho se sintió aliviado, como si lo hubiera estado esperando toda su vida. La extraña sensación de comodidad lo envolvió como un silencioso abrazo. Sus ojos descendieron, sintiendo el alivio con el tacto del hombre. Tomó la mano que le extendía, dejando atrás el cigarrillo que solo humeaba, ahora, sobre el cenicero, después de que lo apoyara. Elevó la mano, besándola con un cuidado único. Elevó la mirada, con su rostro ahora aliviado, dejándolo ir si así lo deseaba, aunque deseaba mantener ese tacto un poco más.

—Como te dije, es cosa del pasado.

La atención se volcó en el café, tomando su primer sorbo, ahora rebosando mayor tranquilidad, sus ojos descendiendo hacia la taza, en un corto silencio en cuanto, una vez más, le habló. Respiró hondo una vez más, si no lo había juzgado en ese inicio, menos lo iba a hacer con otras cosas, y más cuando sabía a qué se dedicaba.

—Si fuera obligado, no te hablado de mi cicatriz.

Dio un nuevo sorbo al café en una pequeña pausa, cruzándose de piernas, elevando su mano sobre el lateral de su mentón y observándolo fijamente. 

—Y tampoco te lo habría propuesto si no quisiera.

Dejó lentamente la taza sobre la mesa, respirando más tranquilo. Tomó de vuelta el cigarrillo que había apoyado en el cenicero para no perderlo, para dar una nueva calada en él. —Te propongo una cosa. A ver qué te parece esto. — Elevó su mirada, buscando de nuevo la mirada del contrario tras una corta pausa, extendiendo su brazo para ofrecerle el cigarrillo si deseaba dar un par de caladas. —Puedes contarme algo sobre ti también... si quieres. — Ya fuera que lo aceptara o no, sus ojos se fijarían en el contrario. —Dudo ser el único con una infancia de mierda y, por el estado de esa casa, parece que hay más de lo que parece. — Como había dicho, eso sería solo si el contrario quería. No lo iba a forzar bajo ninguna circunstancia. —Y si no quieres, solo pregunta qué quieres saber sobre mí, y te contestaré con la máxima honestidad, Tezca. Solo a ti.
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#6
Cuando escuché mi nombre en sus labios no pude evitar reír, claro, todo era porque “yo era Tezca Norova” ¿ahora usaba mis palabras en contra? Me apoyé en la mesa dándole un sorbo al café, ladeando la cabeza mientras lo escuchaba. — pues vas a tener que romper los dos ¿me entiendes? Porque no soy una princesita para que me des el bueno en sacrificio.— Mascullé, mirando al cigarrillo con los ojos entrecerrados ¿Podría seguir estresado? realmente fumaba como chimenea el idiota… pero ¿cómo podía enojarme con el cuando tomaba mi mano de esa forma? ¿Cuando la besaba de esa forma? Cuando confiaba en mí de esa forma.


Cuando preguntó por mi vida solo le di otro sorbo a la taza, ni estaba muy seguro sobre querer hablar de ese tema, menso ahora cuando la situación estaba tan calma. Me quedé en silencio unos segundos, pensando en si preguntarle algo más, en que decir. Pero la verdad es que no quería más tensión, ni siquiera quería pensar en esto.


Así que hice lo que sé hacer mejor y cambié el tema.


Me levanté de la silla, acercándome a él por el costado de la mesa para tomar aquel cigarro y mirarlo. — Deja de fumar tanto…— murmuré, esperando que no se diera cuenta  del cambio, intentando que no pensara en el pasado o tal vez era yo, quien intentaba no pensar en este. —¿Sabías que el cigarro causa disfunción eréctil?— Pregunté con el tono más inocente que podía simular, sentándome en su regazo. — Lo cual debo decir, sería una pena de hombre.— Quería provocarlo, por supuesto, pero si era demasiado agresivo podía darse cuenta de lo que intentaba hacer. Así que solo me robé un sorbo de su café, pasando mi mano por su hombro. Si, definitivamente no quería hablar de eso.
  Responder
#7
Por algún extraño motivo verlo reír y usar sus palabras le divertía en cierto modo. Su sonrisa se dibujaba en su rostro. Tenía, desde luego, un don para sacarle aquella sonrisa que pocos eran capaces de dejar salir de una forma más sincera.

—Habrá que sacrificar los dos entonces.

El silencio que los embriagó a continuación le dejó las cosas claras a Jin: No quería hablar del tema. Cierto era que quería conocer más del hombre, quería saber sobre ese Aleksei quien parecía haber tenido una relación antes de ellos dos, la casa que parecía guardar más secretos de los que parecían. Se mantuvo en silencio, decidiendo no indagar. Como bien había mencionado, no planeaba insistirle ni obligarle. Igual que él lo hizo, esperaría a que estuviera preparado, si es que algún día lo estaba siquiera.

—Dudo que esa disfunción me llegue tan pronto. — murmuró en un tono divertido. Sabía qué trataba de hacer él o, mínimo, lo intuía; olvidar. Sus ojos siguieron los pasos de Tezca hasta que lo vio a su lado, apagando el cigarrillo en el cenicero pese a no haberlo terminado. —Además, tú también fumas.

No pudo perder detalle del varón que ahora se sentaba sobre su regazo. Sus ojos descendían cuando lo escuchaba hablar, la zurda posicionándose sobre el muslo ajeno y la mirada clavada en la camisa que le iba un poco más grande, no demasiado, claro, pero sí suficiente para que tuviera que doblar las mangas si quería dejar descubiertas sus manos completamente. Elevó su diestra, acomodándose por el interior de la camisa, la cual ahora olía a una mezcla de sí mismo y la esencia que tanto amaba de Tezca. Su rostro se acercó a él, hasta que se encontró en su pecho, cerrando los ojos, en aire divertido.

—También sería una pena si te pasara a ti... O no disfrutar de ti.

Las manos desnudas apretaban la espalda ajena, empujándolo hacia sí mismo en aquel extraño abrazo. Si quería olvidarlo, lo haría. Elevó su mirada, su mentón sobre su hombro, buscando los ojos de Tezca. —También dijiste que darías un nuevo significado a mi cicatriz, ¿Recuerdas? — El olor a café, que hasta entonces había llenado la cocina, parecía desaparecer de su sentido olfativo, solo intoxicándose con gusto del rubio. 

—O puedo demostrarte qué tan activo sigo siendo incluso fumando.

Esta vez su sonrisa estaba cargada de picardía y diversión, buscando sus labios, los dedos todavía acariciando la espalda, la zona central, descendiendo desde la zona inferior de su cuello hasta la cintura en una especie de circuito silenciosa. Maldición, no podía cansarse de él, fuera como fuere. Era tan único como especial y, por eso mismo, era Tezca Norova. Tuvo ganas de lanzar todo lo de la mesa contra el suelo y atraparlo, morder sus labios, poseerlo, abrazarlo... Pero solo elevó la mano ajena sobre su propia cicatriz, conociendo la atención que siempre le ofrecía. —¿Qué me dices?
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#8
Me noté ofensivo cuando comentó que también fumaba, si, tenía razón pero no era una chimenea como el mayor por mucho. Al menos a mí las cajetillas me duraban más de un día. — A comparación  tuya soy un puritano, por mucho ¿me entiendes?— solté una carcajada, cerrando los ojos al sentir sus manos por debajo de la camisa robada, disfrutando de su tacto mientras me acomodaba contra el, pero no lo miré, solo me relajé con una sonrisa en el rostro mientras escuchaba sus palabras.

¿Cómo podía olvidarlo? Solo asentí, acomodando mi cabello detrás de las orejas para aunque sea mirarlo ligeramente de reojo antes de volver a cerrarlos ¿Quería hablar de su cicatriz ahora? ¿Es que quería  alguna especie de seguridad en mis palabras? No creía aquello, probablemente solo quería mantenerse cerca mío. — Nunca dije que hoy… o pronto, solo dije que fumar causa eso, pero si haces hincapié en ello debe preocuparte.— murmuré sobre sus labios, girándome para poder besarlo profundamente, sintiendo mis labios moverse sobre los suyos antes de separarme con apenas unos segundos: bajando a su cuello para dejar un par de suaves besos sobre este, abrazándolo para sentirlo aún más cerca, intentando omitir la incómoda posición en la que estaba.

Acaricié su cicatriz como el mayor deseaba, abandonando su cuello para intentar guiar su cabeza hacia abajo para darle un pequeño beso sobre en la frente, en la cicatriz antes de alejarme un poco para poder mirarlo a los ojos. —Si, bueno… debo admitir que el sabor a tabaco en muy adictivo.— Era verdad, tan verdad que solo pude volver a besarlo, pasando mis manos por su nuca para acariciar su cabello, intentando incitarlo solo un poco más, terminando el segundo beso con una sonrisa ladina en el rostro, el corazón me latía toda velocidad y mis mejillas estaban ciertamente sonrosadas pero prefería admirar al contrario
  Responder
#9
Dejó escapar una risita a sus palabras. Quizás más que reírse debía ofenderse y, sin embargo, ¿cómo hacerlo? La persona que se lo decía era quien más le llegaba al corazón y, además, también estaba riendo. Que no lo rechazara ya era algo que de por sí lo hacía más reconfortante. Por su parte, olvidando por completo que su cuello todavía estaba marcado con la firmeza de las manos de Raigo, quien no había tenido cuidado alguno.

—Quizás tengas razón, bajaré un poco la cantidad.

No bromeaba, sabía que, como bien fue resaltado, él tenía razón. Su mano seguía acariciando aquella hermosa piel. Los labios que comenzaron a brindarle el profundo beso lo volvió más adictivo. Su zurda ahora comenzaba a desabrochar un botón de la camisa, la cual pese a que era propia, ahora parecía ser más difícil poder quitárselo. Los ojos se mantrenían en su rostro, esperaba que haberle preguntado no le hubiera afectado demasiado. Sentía curiosidad de saber, de no ser el único que podía abrir su corazón pero, de nuevo no quería insistirle. En parte, por temor a que se repitiera el evento cuando comenzó a hablar de Aleksei, donde descubrió que el hombre era poseedor de Akuma y, por otro, porque lo respetaba. 

La pasión del beso ya no solo despertó su curiosidad, también aparentemente el pequeño amigo que había bajo sus piernas. Maldición, se suponía que estaban desayunando. ¿Dónde estaba ahora esa disfunción eréctil? Entreabrió lentamente los ojos cuando se apartó, elevando la cabeza cuando las manos contrarias lo guiaban a ello y los volvió a cerrar cuando sus labios brindaban aquel cariño, una vez más, a la marca eterna de su frente. Adoraba la atención que le daba, como si en vez de repulsivo o molesto fuera algo hermoso, tanto como lo era el propio Tezca para él.

Sus dedos comenzaron a desabrochar con más rapidez los botones del contrario, observándolo, respirando, solo llegando a la mitad, revelando su pecho y una pequeña parte de su abdomen. Su pecho apretaba, los latidos de su corazón parecían incluso sentirse en sus oídos, como si él mismo pudiera escucharlos. ¿Qué demonios lograba ese hombre? No era dolor, pero el pecho lo oprimía en una felicidad inexplicable. 

—Entonces... Vuélvete adicto cuando me besas.

Su maldito pantalón, que de por sí era más holgado, sentía que le oprimía su erección ahora. No podía dejar de admirar la obra de arte frente a él, besarlo con la misma pasión. Nunca tenía suficiente de él, no sabía cómo, no sabía por qué. La delicadeza de sus manos tras su nuca era legendaria. Sus mejillas tomaban un tono rojizo, apagando su palidez y dándole un pequeño toque de vida.

—Te amo, Tezca...

Las palabras salieron por sí solas ante su presencia. No supo por qué tuvo aquella necesidad, pero sintió que tenía que decirlo. Sin avisar, lo tomó en brazos, elevándolo de su regazo, siendo él ahora quien buscaba sus labios, sosteniéndolo frente a él desde los glúteos, buscando que cruzara sus piernas detrás de él para que se acomodara. No podía más, maldición, tenía que controlarse, estaban... ¿Acaso tenía que frenarse? Olvidó que tenían el desayuno sobre la mesa, solo abriendo sus labios, respirando frente a los ajenos, moviéndolos con una pasión única, cerrando sus ojos, moviendo su boca, usando su propia lengua para lamer los labios que lo volvían adictivo. Lo deseaba, lo ansiaba, lo quería solo para él y, más importante; lo amaba con todo su corazón, como nunca nadie le había hecho comprender antes. Separó un poco sus labios, buscando respirar, mirando primero sus labios, luego sus ojos. El rojo parecía mantenerse, insistiendo en quedarse como nuevo acompañante, ascendiendo incluso hasta sus propias orejas. —Maldita sea, nunca pensé que amaría así a nadie... 
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#10
Entre los besos solo pude continuar besándolo, mis labios se movían con cierta desesperación sobre los suyos, omitiendo casi por completo la mano que se colaba a la camisa robada para abrirla, resaltando el frio aire contra mi pecho, contra el medallón que se ataba a mi como si fuera una extensión más. Mi respiración aumentaba y al separarme del hombre solo pude morder mi propio labio inferior al sentir la erección debajo mío y en igualdad, como mi propia erección comenzaba a crecer en consecuencia a la lujuria.
 
Entonces llegaron esas palabras a mis oídos, haciendo que me ruborizara y desviara la mirada. Maldita sea ¿por qué tenía que ser tan cursi en este momento? El hombre me acomodaba sobre su regazo casi como si me leyera la mente, aferrándome a su nuca mientras comenzaba a mover la cadera en un tortuoso roce contra su intimidad. Mucha cursilería por una mañana, cursilería a la que no me terminaba de acostumbrar: Cursilería que no quería pensar en este preciso momento. Lo amaba, por supuesto que lo hacía, lo quería demasiado, pero las palabras solo son eso: palabras. Si iba a amarlo, lo amaría de la forma en la que tenía experiencia. La forma en la que sabía que me comprendería mejor.
 
—…Si, lo sé— murmuré bastante distraído, callándolo con un nuevo mientras mi mano bajaba hasta para acariciar su abdomen, bajando los besos una vez más al cuello esperando provocarlo. El recuerdo de lo anteriormente pasado todavía no se iba, al menos no del todo. Aquel amargor que pretendía continuar en mi ser y la maldita colonia del hombre continuaba torturándome ¿Por cuánto más? Esperaba que el mayor de verdad no notara lo distraido que me encontraba pero incluso el mejor actor podía fallar alguna vez ¿verdad?
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)