[Pasado] [+18] Yo no fui |Priv.
#11
El golpe contra el colchón la hizo soltar un quejido sonoro. Logró acomodar sus alas justo a tiempo para que éstas no estorbaran o no se lastimaran ante el abrupto cambio. Vaya bruto que era ese Tezca. ¿No sabía manejar a una dama? Aunque mentiría si dijera que no le había gustado lo que veía. Y es que estaba serio. Bastante. Y lo que decía no hacía sino alimentar el ego de Yuuki, quien ahora sonreía de manera confiada ante la seriedad del hombre de cabellos dorados. Y más porque sentía el corset cediendo y siendo desatado, dándole también mayor libertad de movimiento a su espalda. Y podía simplemente quedarse allí, pero las palabras del contrario ahora provocaban que ella quisiera que dijera otra cosa.

—Eres todo un hijo de puta, ciertamente. Aunque digas que no lo estás siendo. —Dijo ella mientras terminaba de quitarse el corset y extendía sus alas un poco más para acomodarse mejor en la cama—. Si eso fuera lo que me desagradara de ti, no estaríamos en esto. Lo que no me agrada es que eres tan hipócrita como para negar lo que quieres hacer cuando con tus actos me lo dejas más que claro.

Soltó los pocos botones de su camisa y dejó ésta abierta, permitiendo que Tezca viera la prenda con la que cubría realmente sus pechos, siendo no más que un ligero sostén.

Después de ello, ella misma llevó sus manos al pecho del contrario, y fue soltando su camisa con bastante rapidez, colando luego sus manos por dentro y finalmente tocando la piel del torso masculino. Yuuki soltaría un suspiro y sonreiría sintiéndose algo satisfecha con lo que tocaba. Incluso sus dedos tamborileaban sobre la piel de la espalda de Tezca conforme ella extendía el tacto sobre él en lo que ahora parecía un abrazo. Y ahora tenía también el rostro contrario muy cerca una vez más.

—Puede que no me conozcas y pienses lo que quieras. Pero te puedo asegurar, Señor Importante, que no me arrojo a los brazos de cualquiera. Tu no eres cualquiera. Aunque eso ya lo sabes... ¿No?

Respiraba de manera profunda y se relamía los labios con deseo. Cuando se dio cuenta, estaba quitando la camisa del contrario y revelando el cuerpo hermoso que ya había sentido y tocado antes. Y ahora que lo veía, se emocionaba aún más. Gimió con la boca cerrada y se arrojó a besarlo en los labios de manera apasionada, envolviendo también los brazos alrededor del cuello y evitando no molestarle el cabello... al menos no demasiado. Luego separó sus labios de él y lo miró a los ojos.

—Entré a este lugar buscando llevarme algo. Y no me iré hasta no haberlo hecho. Y si ese algo que me puedo llevar es un momento contigo, pues me lo llevaré entonces. ¿Qué tengo que hacer? ¿Pedírtelo? Dámelo entonces, Tezca. Se el desgraciado bastardo que eres y tómame.

Estaba sonrojada. Completamente. Y también lucía seria igual que él, aunque a diferencia del hombre rubio, ella se notaba mucho más entusiasmada con la idea de poder estar con él. Ahora incluso había acomodado sus piernas para que él pudiera estar completamente cómodo sobre ella.
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#12
Una sonrisa arrogante se plantó en mi rostro ante sus palabras mientras mi miraba bajaba descaradamente a la piel expuesta de su escote. No era la primera vez que lo hacía con una desconocida, ni mucho menos en una habitación del hostal, pero ya sea por la forma en la que había entrado o la honesta agresividad de sus oraciones, pero a diferencia de otras veces no me veía tan tentado a... “hacerme del rogar.” ¿Podría negar la hipocresía en mi? Tampoco tenía nada que probarle, ni me interesaba hacerlo. Sus manos contra mi torso eran mucho más llamativas, deslizándose por este y terminando por retirar aquella camisa.
 
Sería un tonto si no correspondía a aquel beso, suspirando sobre sus labios antes de volver a conectarlos en entusiasmo, tomándola por la mejilla hasta que ella decidió separarse: Sentía aquella electricidad recorrer mi columna y maldita sea, la forma en la que lo pedía ¿Cómo un hombre como yo podría tan siquiera resistirse? Mi mano acarició la base de su cuello, bajando poco a poco hasta su escote para comenzar a retirar lenta y tortuosamente aquella blusa que me estorbaba. —Un desgraciado bastardo… Si, tal vez esas eran las palabras que faltaban en mi descripción: Por suerte para ti, eso no me hace mejor o peor amante ¿me entiendes? — Mi voz bajó un octavo, admirando aquel elegante cuerpo y no me detuve, no podía hacerlo, colando mi mano por debajo de su espalda para buscar el broche de aquel sostén, poco a poco bajándolo por sus brazos hasta notar aquellos firmes y llamativos senos. Tragué saliva, intentando que no notara lo verdadera distraído que estaba, acomodándome sobre ella para bajar a atacar su cuello con algunos besos que rápidamente se tornaron en mordidas, mordidas que aseguraban dejar una notaría y duradera marca.
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#13
—Sobre si eres mejor o peor, dejémoslo a tu desempeño, cariño. Ciertamente, puedo hacer que me consideres la experiencia.

Sintió su sostén ser aflojado y ayudó con un movimiento fluido de sus manos a retirarlo, dejando que sus pechos se mostraran desnudos frente a él. Se podía ver que su pecho se hinchaba y se encogía a un paso acelerado debido a la respiración agitada de la pelirrosa. Tezca podría ver los rosáceos pezones y la forma en punta que éstos tenían. No eran exactamente grandes, pero tampoco eran pequeños y Yuuki aprovecharía para apretar sus brazos a los costados para que así pudiera juntar sus senos y juguetear un poco para Tezca. El rubor en la cara de Yuuki no se podía negar y la sonrisa que tenía era imposible de borrar aunque ella lo quisiera.

Con su espalda contra la cama, llevó ambas manos a la cadera del hombre y luego, con un poco de jugueteo y usando sus dedos, le fue quitando el pantalón junto con la ropa interior, queriendo sacarle toda la ropa de una sola vez y deseando ver, con ansia, lo que podía tener Tezca para ella. Y al verlo, no se decepcionó para nada. A decir verdad lucía bastante conforme con lo que podía ver. Incluso bajó un poco de saliva que se había formado casi que por reflejo solo de pensar en ello.

—¿Si no hubiera soltado tu tridente, aún tendrías esa lanza lista, campeón? —Dijo con un tono juguetón mientras echaba mano a la pieza hermosa y bien formada que era aquél mástil que cargaba el rubio entre sus piernas.

Estiró los dedos tanto como pudo para medir mejor y con la boca entreabierta, parecía repetir el movimiento de sus dedos en su propio paladar. Cuando notó que había una clara diferencia de longitudes, se rio para adentro y se vio cómo sus ojos se iluminaban con una lujuria que opacaba todo el jugueteo de antes.

—Déjame manejarte un momento, ¿Sí? Quiero... probar... algo...

Soltó a Tezca de sus partes nobles y con la otra mano lo fue empujando gentilmente para que se acostara sobre la cama, lo quería completamente tendido. Y una vez lo logró, se retiró ella misma lo que le quedara de ropa y dejó que él la pudiera observar. Su piel era bien cuidada, clara y tenía algo de brillo que le otorgaba también la luz que entraba por la ventana. Sus caderas, a diferencia de sus pechos, sí eran prominentes, un tanto más anchas en proporción que el pecho, y que junto a su delgada cintura, aprovechaba para abusar de su figura con aquellos a quienes le gustaba engatuzar. Y podría decirse que con Tezca hacía lo mismo, aunque la verdad era más ella siendo una fácil con el rubio que otra cosa.

Como fuera, luego de quitarse toda indumentaria, ágilmente se posó por encima del hombre dorado, poniendo su cadera sobre el pecho de éste e inclinándose para poder tener su rostro frente al miembro erecto que la había hecho salivar antes. No hacía falta que dijera nada, pero aún así usó su mano derecha para tocarse a sí misma y darse un poco de placer mientras le ofrecía a Tezca sus pliegues, ahora abiertos con ayuda de las puntas de sus dedos.

Por otro lado, y con la mano contraria, estaría acariciando y masajeando toda la longitud del varón, poniendo luego la punta de éste sobre sus labios previamente humedecidos, dando tímidos besos y roces para buscar tenerlo tan duro como el granito. Y no esperaba menos de él. Respiraba de manera pesada y profunda, y abría la boca lentamente para luego introducir el miembro dentro, engulléndolo a tramos y sacándolo para tomar aire.

Con la lengua, pasaría y saborearía desde la base. Y luego de aclarar su garganta, abriría la boca, pondría la lengua fuera y esta vez pondría todo el largo dentro de su boca, pasando hasta su garganta. Tendría los ojos cerrados, buscando controlar el reflejo que le causaba ser invadida de esa manera. Pero no se quedaría allí, buscaría presionar con la lengua y hasta con la garganta misma, pulsando en intervalos irregulares, queriendo complacer al extraño que ahora la ponía loca.
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#14
El hermoso cuerpo de la pelirrosa no solo era un delirio pero la misma perdición: No pude hacer más que concentrarme en sus curvas, soltando un respiro entrecortado a la par que mis manos se acercaban a sus senos, acariciando la aureola alrededor con la suavidad que merecía, aunque parecía que los papeles se invertirían no pude hacer más que sonreír mientras la chica tomaba el control: Esto no era un común, pero sin duda parecía ser más divertido que en otras ocasiones, aún en la desnudez, dejándola manejarme por completo y admirar tanto como quisiera ¿Es que yo no había hecho lo mismo? —Soy todo tuyo, princesa, pero si me desesperas espero sepas entender… No sé contenerme ¿me entiendes? — dije en voz baja, peligrosamente mientras fui empujado contra la cama.
 
Mantener la cordura comenzaba complicarse ante la figura frente a mi, estirando el brazo para posar mi mano derecha contra el costado de su torso, observándola con lujuria, hipnotizante, simplemente un maldito ángel.
 
La visión de la que ahora gozaba era mucho más provocadora, tomando la cadera de la desconocida entre algunos quejidos que pretendí callar al morder mi labio inferior, sentía mi intimidad comenzaba a endurecerse ante su tacto. Pero sabía que no podía dejarlo así, por supuesto que no. —Tendré que moverte un poco, espera. — La levanté lo suficiente para poder atraerla a mi rostro, esperando que se sentara en este, envolviendo su cadera con mis brazos para que se sintiera más segura.
 
Intenté retirar su mano, intercambiándola por mi lengua, apretando su vientre en un abrazo para presionar su intimidad contra mis labios, palpando con mi lengua su clítoris para estimularlo con dedicación, colando dos índices para lograr acariciar sus labios exteriores con suavidad, cerrando los ojos para lograr concentrarme, era una posición compleja, pero no podía pensar tanto, enfocándome en ella mientras mi mano libre se colaba, soltando el abrazo para masajear uno de sus glúteos.
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#15
Miraba con concentración aquello que ahora se estaba convirtiendo en su objeto de adoración del día. Su lengua se movía de manera serpenteante alrededor de aquello y lo masajeaba con ganas, con pasión. Se encantaba con la textura y con el sabor, se entretenía también presionando sus labios alrededor y haciendo que su boca tomara la forma de aquella masculinidad que estaba saboreando. Y aunque lo estaba haciendo con un completo desconocido, se sentía como siempre ella; viviendo su vida siempre como le gustaba y disfrutando de todo lo que podía encontrarse en su camino.

Su cabeza se movía de arriba a abajo, metiendo y sacando de su boca la pieza de Tezca que ahora estaba tan dura y a la vez tan suave que la volvía loca. Llevaba toda la longitud hasta el fondo, y lo hacía a paso lento pero constante, sintiendo cómo pasaba por su paladar y llegaba hasta su garganta, hasta que ella no lograba respirar como tal. Y esa sensación en sí le causaba un reflejo con el que se pondría a juguetear, abriendo aún más su boca por instinto como si quisiera tomar más aire.

Y mientras esto sucedía, Tezca a hora la tomaba de la cintura y la abrazaba para luego poner su lengua sobre el cuerpo de la pelirrosa. Y dio rápidamente con la forma adecuada de moverse para que ella inmediatamente sacara el miembro de Tezca de su boca para soltar un gemido que quiso cortar de inmediato al cerrar la boca y casi morderse los labios. Y es que no era solo la lengua del rubio, eran también sus dedos, que movían los pliegues de su entrepierna de forma que toda su flor estuviera abierta para él y así disfrutarla. Tezca podría ver que aquella entrada de la mujer parecía invitarlo más a que la atendiera, incluso las piernas de Yuuki parecían estar temblando ligeramente.

Manteniendo ahora los ojos cerrados, la birkaniana volvería a abrir la boca, aunque esta vez sería para hablar.

—Puedes hacer lo que quieras con lo que veas. Ciertamente, eso espero...

Acercó luego su boca a la entrepierna del rubio y fue dando besos sobre aquella hermosa piel y por sobre la masculinidad del contrario. Lo trataba con cariño al usar su boca mientras que las manos ahora pasaban a tomar más actividad, masajeando con las puntas de los dedos el glande y luego jugueteando con su palma para apretar el miembro de forma gentil pero firme, y a la vez que hacía esto, también movía la muñeca a lo largo de toda la figura para que el hombre pudiera estar más cómodo, asegurándose de que pudiera estar dándole placer en todo momento.

Esto, por supuesto, lo iba haciendo con una sola mano, pues la otra pasaba ahora a acomodar sus pecho sobre él para así sentirse más cómoda ella también. Iba a ser más activa con ello luego, pero por ahora iba a dejar que el rubio le diera un poco más de cariño mientras estaban en esa posición.
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